Capítulo 8

Red de espionaje


Después de pensarlo durante varios días, analizando pros y contras, así como estadísticas y probabilidades en sus cálculos, Syaoran llegó a la conclusión de que la mejor de sus opciones era involucrar a Kurogane, Fye, y hasta Meilin, en la búsqueda de aquella persona se suponía los ayudaría a salvar al Clan Lee. Y todo gracias al hecho de que los trabajos que habían obtenido a lo largo de la ciudad, les ofrecían bastantes posibilidades de realizar investigaciones sin levantar sospechas. Sin embargo, se guardó gran parte de la información para sí mismo, dispuesto a no facilitar más detalles de los necesarios (y sin poner todos los huevos en la misma canasta, dando instrucciones limitadas a cada uno de ellos, y sin informar lo que tenían que hacer los demás) para reducir las posibilidades de que la información llegase a manos y oídos enemigos.

Gracias a que los miembros de los antiguos Clanes se distinguían por sus habilidades especiales, magia para las mujeres, y expertos en combate para los hombres, era fácil realizar una estrategia de búsqueda para cada género, y era una actividad que podía encomendarse a cada miembro de su guardia (quienes eran la excepción a la norma, y pese a ser varones podían controlar los elementos básicos de la magia). Fye, quien poseía poderes de control de agua, podía sentir la magia fluir dentro de las féminas, ya que la composición y presencia de dichas habilidades en el cuerpo, era muy similar a la de dicho líquido. No por nada se decía que la magia fluye. Kurogane, por su parte, pese a tener control del fuego, era mucho mejor en combates cuerpo a cuerpo, y se encargaría de buscar hombres que demostrasen habilidades especiales en peleas clandestinas y demás círculos del bajo mundo.

La tarea de Meilin, por su parte, pese a ser relativamente sencilla, era un poco más especial.

-¿Cómo es que tienes la seguridad de que la persona que buscas está aquí, en Tomoeda? –había preguntado Meilin una tarde, mientras ella y su primo emprendían el camino de regreso a casa. El par hablaban en susurros, temerosos de que alguien los escuchara, por lo que tenían las cabezas muy juntas, fingiendo se protegían del frío.

Caminaban con calma, no tenían prisa de llegar a ningún sitio. A pesar de que en el departamento aún no se encontraban ni Fye ni Kurogane, preferían conversar en el parque. La universitaria finalmente había renunciado a su trabajo de medio tiempo hacía un par de días, más que nada para poder tener las tardes libres y ayudar a su primo en su misión encomendada.

-Sabes que no quedan muchos Clanes vivos en estos tiempos -fue la respuesta de Syaoran-. Apenas tres. Pero igual sabes que hace cientos de años tampoco eran muchos, la cuenta nunca ha pasado de cincuenta. Y la manera de distinguir dónde un clan reinaba, era gracias a que siempre erigían templos…

-¡Japón está lleno de templos! –bufó Meilin, con lo que aquel vaho salió de sus labios-. ¿Qué tiene de especial el Templo de Tomoeda? Porque mira que yo he ido en varias ocasiones a disfrutar de los festivales, y nunca he notado nada remotamente extraño y aunque es cierto que hay competencias de tiro con arco, eso no significa…

-Los templos de los Clanes siempre se marcan con el símbolo del Clan al cual sirven –respondió Syaoran, callando el discurso de su prima-. Desconozco los símbolos de todos los Clanes que han reinado en Japón, pero si algo es seguro, es que siempre consisten en símbolos sospechosos que parecen no pertenecer al contexto. A simple vista son símbolos que no significan nada, pero cuando se les mira con detenimiento las cosas empiezan a no cuadrar…

-¿Así que quieres vaya al Templo Tsukimine a revisarlo de pies a cabeza, tomado fotos de cuánto símbolo me encuentre, para que tú puedas revisar si es lo suficientemente extraño o no? –preguntó Meilin, pensando cuántos días tomaría una tarea como aquella, y agradeciendo mentalmente haber renunciado a su trabajo en la librería, pues definitivamente no podría con todo al mismo tiempo.

-Básicamente –fue la respuesta de su primo-. La búsqueda será más fácil si eres consciente el Templo Tsukimine, como su nombre lo indica, venera a la luna. Aún recuerdas su significado, ¿verdad? El sol significa el día, el nacimiento. La luna es la noche, el ocaso de la vida, en otras palabras, la muerte. En el momento en que encuentres algo te indique no se venere a este astro y su significado, puedes decir encontraste algo sospechoso.


Meilin se dedicó a ello durante aquel fin de semana. Para el domingo en la noche, mientras hablaban en susurros al tiempo que lavaban los platos de la cena, le pasó a Syaoran su celular de manera discreta, donde una fotografía reveló que había encontrado lo que buscaban.

En definitiva, era un símbolo sospechoso. Era cierto que hacía honor al nombre del templo, pues tenía una luna, pero había algo extraño… El astro se encontraba en un extremo de aquel círculo, y era de menor tamaño que el sol, que ocupaba el centro, como si quisieran restarle importancia. Casi como si lo quisieran quitar de en medio.

-Sé que aún tiene a la luna, pero me pareció no tiene lógica que la luna sea tan pequeña si el templo hace referencia a ésta… -dijo Meilin en un puchero. Syaoran no pudo evitar sonreírle. Recordando las clases de magia que había recibido gracias a Fye, hacía varios años, respondió:

-Es entendible que un templo que venera la luna en ocasiones también incluya al sol, para compensar el equilibrio del ying y el yang, pero en este caso, el sol es más grande, y la luna es desplazada, con lo que el balance prácticamente se pierde, especialmente cuando parece ser el sol está delante de la luna… Creo que podemos suponer el nombre y motivo del templo eran solo una coartada para ocultar la verdadera naturaleza del Clan al que sirve –concluyó finalmente.

-Ok… -musitó Meilin, aun procesando toda aquella información que Syaoran había podido extraer de una simple fotografía-. La presencia de un símbolo extraño en el templo local confirma que aquí en Tomoeda existió un Clan, y que la persona a la que estamos buscando sigue aquí, además de que muy probablemente use magia o maneje un arma o conozca algún tipo de defensa personal, y… venere al sol, osease a la vida –la joven se tomó un par de segundos para tallar un vaso, pero prontamente continuó-. ¿Cuál es el siguiente paso para reducir las posibilidades?

-Revisar los registros del Templo –finalizó Syaoran-. Los Clanes siempre han compartido constantes a lo largo de la historia: tienen influencias y grandes cantidades de dinero. Teniendo a su disposición sus habilidades mágicas, y un repertorio de hombres entrenados para la lucha, comúnmente un Clan se encarga de proteger a la comunidad en la que residen. El Clan de Tomoeda deber haberse ganado igualmente el respeto de la comunidad, y por lo tanto debe tratarse de una familia famosa que de un modo u otro haya trabajado con el Templo para conseguir meter aquel símbolo en sus instalaciones. Considerando son familias ancestrales, como la nuestra, estoy seguro que las generaciones no han parado. Muy probablemente los hijos de los hijos aún estén en edad escolar.


Así era como Syaoran se había decidido a organizar aquellas clases extracurriculares, bajo la excusa de sumar puntos para volverse profesor titular, cuando en realidad buscaba poco a poco involucrarse con sus alumnos, para encontrar cualquier cosa sospechosa. Le hubiese gustado poder hacer aquello con sus setenta y seis alumnos, pero no disponía de tanto tiempo libre como para poder enfocarse en cada uno de ellos, así que tentando a la suerte (y las probabilidades matemáticas), seleccionó al mejor y peor promedio de cada uno de sus cursos.

El motivo era bastante simple: siempre alguna anomalía en el seno familiar producía hijos extremadamente listos (padres exigentes que querían solamente excelencia proveniente de su descendencia), o considerablemente rebeldes y desobligados, producto de una falta de atención en casa, que les producía algún problema para socializar, o mejorar sus habilidades escolares. El ochenta por ciento restante pertenecían a un promedio que fácilmente podían ser eliminados de la ecuación sin alterar la campana de gauss.

Sin embargo, mientras se encontraba revisando las tareas del tercer grado, encontró una que llamó su atención, al ser una variable completamente diferente a lo que dictaban las leyes de la estadística.

Daidouji Tomoyo.

Sus procedimientos y razonamiento lógico demostraban que la joven tenía habilidad de pensar diferente, anticipándose al problema a resolver. Su conocimiento demostraba que estaba inclusive a un nivel más alto que los del grupo A, excepto porque… siempre se equivocaba al final.

Equivocaciones que no tenían lógica alguna.

No era un error en alguna operación, la aplicación de una fórmula errónea, o un cálculo equivocado. Era como si a la joven Daidouji se le antojase simplemente colocar un resultado incorrecto, y seguir con su vida como si nada. ¿Lo curioso? Según sus registros académicos (desde primero de primaria, y proporcionados por la consejera Mihara al expresar Syaoran su preocupación por su alumna) demostraron que la joven siempre había tenido la misma calificación, en todas sus materias, sin variar ni una décima. Un registro perfecto de ocho. Por un instante se preguntó si…

Pero no, no tenía duda. A pesar de acercarse al problema desde diferentes ángulos, siempre llegaba al mismo resultado: Daidouji estaba saboteándose a sí misma, a propósito. Mezclarse con el promedio, siempre formando parte de la perfecta media, no siendo nunca detectada como algo excepcional.

Y así, la pregunta había evolucionado a un porqué.

Fue de este modo como había terminado incluyéndola en la lista del tercer grado, y ahora, sentado frente a ella, intentaba pensar en la mejor manera de aproximarse a aquella misteriosa muchacha de ojos violeta y cabello grisáceo.

Tomoyo lo miró de vuelta, con una expresión en blanco, incapaz de ser leída. Hermética, como nunca antes había visto el joven. Y aquello era mucho decir, considerando que su propia madre, Lee Yeng Lang, era la maestra en ocultar sus intenciones, pensamientos y emociones, detrás de un rostro inexpresivo.

Procedió a actuar con cautela. Tal como había hecho con Kinomoto, hacía menos de dos minutos. Colocó la tarea de la joven (un ocho adornaba la esquina superior derecha) y la miró. Ella se limitó a observar el papel.

-Estuve revisando tus procedimientos, y llamó mi atención la facilidad con la que puedes aplicarlos. Eres una chica inteligente.

-Hago lo que puedo –fue la respuesta. Un poco inseguro, continuó tanteando el terreno en el que se encontraba.

-Si el método educativo lo permitiese, y se te pudiese calificar, así fuese un porcentaje, en base a tu procedimiento y lógica, tendrías una nota superior.

-Lastimosamente no es así –dijo la joven de ojos violeta, aún sin mirar a su profesor.

Syaoran se preguntó si no sería mejor simplemente decir las cosas sin rodeos.

-Tienes razón. El modelo de enseñanza actual considera únicamente el resultado obtenido. No importando el método. Es por eso que puedes realizar estas operaciones avanzadas…

Tomoyo alzó la vista, y por primera vez, algo parecido al miedo se reflejó en sus ojos. ¿En verdad había revisado su tarea con tanto detenimiento? Ningún profesor nunca…

-Y milagrosamente, errar en el resultado final.

-Creo soy propensa a errores –dijo intentando que su voz no temblase.

-Sí, cualquiera que hojease esto –y dio un leve toque a las hojas con el dedo índice-, diría lo mismo. Pero alguien que revisase y se tomase la molestia de seguir tus pasos…

El rostro de Tomoyo intentaba disfrazar el ataque de pánico que estaba por darle.

-Es curioso. Revisando el primer problema pensé que tendrías dislexia, pero al comprobar tus demás errores, pude descubrir que el patrón con el que fueron realizados, es predeterminado. A decir verdad, usas varios.

-No estoy…

-Sí. Sí estás –dijo firme, pero no severamente. Tomoyo no pudo evitar pensar que era como escuchar a un padre descubriendo la travesura de su hijo, pero sin estar disgustado-. Estás fallando a propósito. Lo que me gustaría es saber por qué.

La joven no contestó, lo que provocó que el profesor Li frunciese levemente el entrecejo.

-Solo puedo pensar que no deseas destacar académicamente, lo cual significaría ser promovida al grupo A. ¿Estoy en lo correcto?

-Yo no…

Syaoran sonrío para sí. Eliminando las opciones que le daba la estadística, no tardaría mucho en dar con la respuesta.

-Eso, o simplemente hay un apego en el grupo B el cual no quieres dejar –y tratando de pensar como una adolescente (considerablemente bonita, por cierto), dijo intentando crear una nueva hipótesis-. ¿Se trata de un chico con el que quieres estar en la misma clase?

-Tengo novio –respondió velozmente, lo cual provocó que su profesor volviese a fruncir el entrecejo, pensando un nuevo razonamiento-. Que asiste, por cierto, al grupo A.

-¿Estás entonces intentando bajar tus notas para no acceder a una buena universidad?

-He decidido que iré a la Universidad de Tokio.

Aquello no tenía lógica. Hasta que una bombilla se encendió en su cabeza, y las piezas empezaron a cuadrar.

-Eres… ¿Eres la mejor amiga de Kinomoto, Sakura, correcto?

Tomoyo tragó nerviosa, y Syaoran se felicitó mentalmente. Tomó aire para formular una nueva hipótesis, pero antes de poder decir nada, sabiéndose acorralada, Tomoyo procedió a confesarse.

-Tengo que protegerla. Es demasiado noble y confía en todo el mundo. Le han hecho daño y ella sigue viendo solo el bien de las personas, por más crueles que sean… Cuando estábamos en jardín de niños… -su voz vaciló por un momento, bajó la mirada para observar su calificación, pero al volver a levantar la vista, clavó sus ojos en los de su profesor, y habló con voz segura-. Cuando estábamos en jardín de niños un grupo de compañeras comenzaron a molestarla. Primero fueron simples palabras. Ofensas, burlas. Por su apariencia, por su familia. Yo le decía a Sakura que tenía que contarlo a un profesor, y ella me decía que no había maldad en el corazón de unas nenas de cinco años y que seguro todo era un malentendido. ¡¿Cómo no va a haber maldad en un ser que se burla de otra persona, solamente porque su madre ha fallecido?! ¡¿Qué clase de psicópata considera aquello un motivo de burla?!

Tomó un instante para tomar aire, y continuó.

-Las palabras se volvieron más hirientes durante los meses siguientes, hasta que finalmente, la primavera antes de entrar a la primaria… la empujaron y golpearon. ¿El motivo? ¡Esas niñas querían la flor de cerezo que yo le había regalado esa mañana, por motivo de su cumpleaños! Regresó llorando conmigo, pidiendo disculpas por haber tenido que regalarla a alguien que la quería más. ¡¿Puede creer eso?! –agregó, alterada, provocando que Syaoran la mirase con la boca abierta-. ¡Acababan de golpearla, tenía un moretón en el rostro, la mitad de la falda llena de barro, acababan de arrebatarle una estúpida flor, y ella seguía defendiéndolos! –bufó y en un arranque de furia, tomó su tarea, la hizo una pelota, y la aventó al otro lado de la sala de profesores-. Sakura es mi familia, pero, aunque no nos uniese la sangre, ha sido mi mejor amiga desde que tengo memoria. Así que, si tengo que mentir para estar a su lado en el salón de clases, y si tengo que demostrar mis habilidades para entrar a la misma universidad que ella… -hizo pausa un segundo para tomar aire-. Lo haré.


Hola a todos! Espero estén teniendo un bonito inicio de semana~~

En este capi andamos retomando un poquito el tema de los clanes; Syaoran menciona que hay tres: los Reed, los Lee, y un tercero que la vdd no importa, porque no va aparecer (?. La verdad es que solo mencioné 3 para no decir que es una guerra Reed vs. Lee, sino para indicar que es una masacre Reed vs. todos (? Para dar un poco de contexto (que no quise meter allá arriba, pero capaz y lo edito más adelante) el motivo por el cual la cuenta ha caído tan drásticamente (ya ven que menciona antes había 50) es por las constantes guerras en que estos clanes han siempre vivido. Como igualmente menciona Syaoran, los clanes tiene magia, son guerreros, y tienen money. Pueden pensar en ellos como una mafia que controla ciudades, quizá países enteros. Entonces entre ellos mismos se han peleado para gobernar más territorio y ser más poderosos, y por ello se han ido extinguiendo, cuando otro clan los aniquila. Ejemplos de esto el clan de Fye y el de Kuro. Ambos eran de los más poderosos (por ello es que ellos pese a ser hombres sí pueden usar magia), por eso era importante eliminarlos, pues su existencia era una amenaza enorme. Pero sí, básicamente los Reed son quienes han aniquilado más~

Si recuerdan en los primeros capis, Ye Lang mencionaba que la ayuda no iba a provenir de un clan, sino de una persona. Esto es porque (tal como en el caso de Meilin) hay miembros -clanes enteros- que prefirieron rendirse antes de pelear y ver morir a los suyos. Esto es un spoiler, btw. El siguiente capítulo será un flashback que les dará mucho contexto con respecto a esta situación.

Había otro detalle sobre los Reed que quería compartirles, pero lo dejaré para el siguiente capi, ya que este comentario a pie se ha alargado mucho (?. En fin, aquí sigo al pendiente de leer sus reviews, y como siempre, les agradezco los follow y favorite. Un abrazo, nos seguimos leyendo.

Ribo~