Capítulo 11
Amiga
-¡Buenos días!
-Sakura, desperaste temprano.
La joven le dedicó una cálida sonrisa a su padre, el cual le regresó el gesto.
-Le dije a Touya que pasaría a su consultorio antes de la escuela, para ver a Kero. Buenos días mamá -dijo la joven, al tiempo que se sentaba a la mesa.
Tras servir el desayuno, su padre igualmente se sentó, y así, un par de minutos después, los dos se encontraban agradeciendo sus alimentos, listos para empezar a comer.
-Ha pasado ya una semana y Touya dice que ya está lo suficientemente como para poder recibir visitas, así que me daré una vuelta –dijo la joven quince minutos más tarde al levantarse de la mesa, y tras colocar sus platos en la tarja, salió de la cocina rumbo al recibidor, con su padre detrás de ella.
-Manda mis saludos a Touya –dijo Fujitaka, mientras le daba el almuerzo a su hija-, y también al pequeño Kero. Y no olvides el chocolate.
-Claro, ¡nos vemos en la noche! –respondió la muchacha, y tras terminar de ponerse los zapatos, tomó ambos paquetes, y se apuró a emprender el camino rumbo a la veterinaria.
Era cierto que Touya abría el negocio temprano (considerando que vivía justo arriba del local, se había dado el lujo de añadir en sus servicios la atención a emergencias 24/7), pero no había considerado que tendría que abrir diario a las seis de la mañana para que su hermana menor pasase a ver a su gato. En definitiva, el haberle regalado aquel felino había sido una mala idea. Así, medio dormido, se vistió, colocó su bata de médico, y tras prepararse un cargado café, bajó a la planta baja, para abrir el local.
-Buenos días, Touya –saludo Sakura, cuando el veterinario apenas hubo encendido las luces del lugar-. ¿Cómo está Kero?
Touya respondió con un gruñido, y le indicó con un asentimiento de cabeza que podía pasar a ver al animal. Así, Sakura se apuró a dirigirse a la parte posterior del local, donde ella misma encendió las luces, y tras dejar sus cosas en la mesa de exploración, se agazapó contra la incubadora, mirando al gatito, el cual se encontraba despierto.
Sakura no pudo evitar sonreírle.
-Buenos días, Kero.
-Dale el desayuno –dijo Touya, quien se había detenido detrás de su hermana, y le extendía una paqueña mamila con leche de fórmula.
Sakura se apuró a abrir la incubadora, y tomando con delicadeza al minino, sujetó la mamila que su hermano le extendía, y se la ofreció a Kero. El gatito la sujetó al instante, y también casi al momento, comenzó a succionar la leche. La joven no pudo evitar reír por lo bajo al ver que comía con tanta enjundia, que inclusive se había manchado los bigotes.
-¿Lo cuidarás por mí, verdad Touya?
-Aunque no fueses mi hermana tendría que hacerlo. Ética profesional –fue la respuesta del veterinario, quien se apuró a regresar al frente del local, y a prestar su total atención a su café. Sakura no pudo evitar sonreírle.
Diez minutos después, sujetando su mochila, almuerzo y bolsa con chocolates, se detuvo frente al mostrador (donde Touya continuaba bebiendo de su taza, al tiempo que confirmaba las consultas que tenía programadas para aquel día, en la computadora) y le extendió un paquete con pequeñas galletas cubiertas con chocolate, en forma de corazón.
-Papá te manda saludos, y yo te deseo feliz San Valentín, hermano.
Touya, aun con la mirada fija en la pantalla de la computadora, se limitó a abrir el paquete, y comer un par de galletas.
-Necesitas una recepcionista, ¿sabes? Es imposible que te hagas cargo tú solo de todo esto.
-Me las arreglo –fue la respuesta de su hermano. Sakura frunció el entrecejo.
-Está decidido entonces –dijo al tiempo que se acercaba a la puerta-. Volveré después de clases para ayudarte.
-¿Ayudarme con qué?
-A ser la recepcionista de tu negocio.
-Claro que no. Tienes que hacer la tarea.
-La puedo hacer aquí –fue la respuesta de la joven, mientras le sonreía a su hermano, siendo ahora él quien fruncía el entrecejo-. Tienes una mesa amplia y una computadora con conexión a internet. Así que, regreso a las dos. ¡Nos vemos, no quiero llegar tarde!
No dio oportunidad a que Touya dijese nada más, y se apuró a salir del local.
Meilin le dio un pisotón a Syaoran, al tiempo que sonreía de oreja a oreja. ¡No podía creer su suerte! Había estado pensando en cómo convencer a su primo de que la acercara a su alumna del tercer grado, ahí estaba ella, saliendo de la veterinaria aquel lunes por la mañana.
-¡Ay! –gimió Syaoran, completamente ajeno al plan que acababa de formarse en menos de cinco segundos en la cabeza de su prima.
-Es tu alumna –susurró Meilin-. Salúdala.
-¿Por qué? ¡Ay! –un nuevo pisotón le indicó que era mejor no discutir, y viendo como la joven estaba por cruzar delante de ellos dos, finalmente el profesor sustituto de matemáticas dijo intentando no sonar culpable-. ¡Ki… Kinomoto! Buenos días.
-¡Pr-profesor Li! Buenos días –respondió la joven, ofreciéndoles una corta pero respetuosa reverencia, a la cual ambos jóvenes respondieron del mismo modo.
-¡Hola! –dijo alegremente Meilin, tirando toda la formalidad por la borda-. Soy la prima de tu profesor, Li Meilin, ¡mucho gusto!
-Pri… -Sakura no tuvo ni oportunidad de asimilar lo que aquello significaba, cuando la universitaria bajó la vista, y clavó sus ojos en aquella bolsa que llevaba sujeta-. ¡Que veo! ¿Chocolates de San Valentín? Parece ser que llevas muchos –y con un guiño y sonrisa pícara, añadió-. ¿Muchos pretendientes?
Sakura se sonrojó hasta el cuello, y algo acalorada, comenzó a balbucear, hasta finalmente lograr decir:
-¡No! Suelo llevar para todos mis amigos. También le di a mi padre y hermano, y… -aún sonrojada, se apuró a tomar un par de bolsitas, y ofreció una a cada uno-. Tomen.
Meilin tomó la suya sin rechistar, y agradeció del mismo modo. Sakura no pudo evitar contener la respiración al ver como el profesor Li también tomaba la suya, y le sonreía cálidamente. El rojo de su rostro aumentó de intensidad.
-Vaya, eso significa que deberemos regalarte algo el día blanco. Vas a tener que pensártelo muy bien Syaoran –y Meilin soltó una carcajada, al tiempo que tomaba del brazo a Sakura, y sin avisar a nadie, procedió a iniciar la caminata junto a ella. Syaoran se apuró a seguirlas, colocándose (debido a la fulminante mirada que le dirigió Meilin) al otro lado de su alumna-. Me supongo que te diriges a la escuela, ¿no es así?
-¡Sí! –dijo una nerviosa Sakura, y es que si iban a caminar con ella todo el trayecto, eso significaba que su profesor caminaría a su lado alrededor de diez minutos, y eso era más de lo que nunca se hubiese atrevido siquiera a soñar. Por si las dudas, se pellizcó el brazo.
-Pero, tu no vives en este edificio, ¿no es así Kinomoto? –preguntó Syaoran, mientras Sakura negaba a toda velocidad.
-No, pero mi hermano mayor sí. Es el veterinario del lugar, el doctor Kinomoto –dijo orgullosa.
Syaoran miró de reojo a Meilin. Si estaba esperando el momento adecuado para obtener toda la información respecto "al guapísimo doctor Kinomoto" (como lo había llamado todo el fin de semana), aquel era el momento.
Pero Meilin no dijo nada. Sí, era una buena oportunidad, pero no le parecía correcto hostigar a la joven cuando se acaban de presentar. Si quería hacer las cosas bien, tenía que tomárselo con calma.
Así que siguieron conversando de cosas sin sentido (más bien era Meilin quien hablaba y dirigía toda la conversación), hasta que llegaron al parque pingüino.
-Bueno, los dejo –dijo la joven-. Yo me voy por acá –y apuntó hacia la izquierda.
-Suerte en tus clases de hoy, Meilin –dijo Syaoran.
-¡Suerte en el examen de coreano! –agregó una sonriente Sakura.
-Suerte ustedes dos también –sonrió la universitaria, y con esto, se alejó rumbo a la universidad, mientras Sakura y Syaoran caminaban rumbo a la preparatoria, al tiempo que la joven de cabello castaño no podía evitar preguntarse: ¿acaso era este el mejor día de su vida?
-¡Entiendes lo que te digo! –dijo Sakura emocionada a la hora del almuerzo, el cual se encontraban comiéndolo dentro del salón B del tercer grado-. ¡No son novios! ¡Son primos!
-Li Meilin –dijo Eriol, mientras Tomoyo se entretenía comiendo de su arroz-. Cuando la vimos en el parque pingüino me di cuenta de que era guapa.
-¿Disculpa? –dijo Tomoyo, mientras fingía atragantarse.
-Claro que tú eres la más guapa de todas, Tomoyo –se apuró a corregirse su novio, dándole un besito en la mejilla, y para desviar el tema a toda velocidad, se apuró a preguntarle a Sakura-. ¿Así que también les diste galletas con chocolate a ambos?
La joven asintió, sonrojándose.
-Quien lo diría –se burló el joven-. Y con forma de corazón. Además de un romántico paseo matutino rumbo al colegio, como si fuesen ya novios… A este paso no tardará mucho en caer a tus pies.
-¡Eriol! –dijo una escandalizada Sakura.
-No le des alas, Eriol –musitó Tomoyo-. Es cierto que descubrimos que es su prima, pero, ¿cómo sabes que no tiene novia en alguna otra parte? Y, además, no olvides no solo de que es demasiado mayor, también es nuestro profesor. Eso en definitiva no es nada ético.
-Uno nunca sabe los fetiches de los demás –dijo el joven de gafas redondas-. Quien sabe, a lo mejor muy en el fondo le gustan las colegialas y…
-¡Eriol! –esta vez fue el turno de Tomoyo de escandalizarse, provocando que su novio se limitase a encogerse de hombros, y procediese a seguir comiendo su almuerzo. Intentando regresar la conversación a un plano más neutral, Tomoyo se apuró a preguntar-. Dijiste que hoy no tienes clases extracurriculares, ¿no es así, Sakura?
La joven asintió.
-El profesor Li dijo que muy probablemente yo estaría muy ocupada… -Eriol bufó por lo bajo y Tomoyo se apuró a darle un pisotón por debajo de la mesa.
-Entonces, ¿quieres acompañarnos al centro comercial? Llevaré a Eriol a mostrarle la lista de cosas que quiero a cambio de todo el chocolate que le acabo de dar, cuando llegue el día blanco.
Eriol no pudo evitar poner los ojos en blanco.
-No puedo –se disculpó Sakura, algo triste-. Kero tuvo una recaída y lleva una semana en el consultorio de Touya. Hoy finalmente me ha dado permiso de visitarlo, pero aún debe quedarse más tiempo. Sé que no me cobrará ni un centavo, pero planeo devolverle el favor ayudándolo como su recepcionista. Al menos hasta la fecha del examen de admisión –y no pudo evitar tragar nerviosa.
Tomoyo le sonrió cálidamente. La sonrisa de Eriol fue más bien maliciosa.
-En ese caso –dijo el muchacho-. Podrías darte una vuelta por la sala de profesores, o esperar en la puerta, y fingir que te topas con el profesor Li, y como ambos se dirigen al mismo lugar, podrían inclusive caminar juntos una vez más, y como ya te quedan sólo dos semanas para el examen, puedes fingir que estás realmente aterrada y solicitar aún más clases particulares…
-Eso en definitiva es tentar demasiado la suerte –interrumpió Tomoyo-. Y tal como dije, ¿ética profesional? ¿Les suena de algo a ustedes dos?
Sakura también lo pensó. Sin embargo, lo único que pudo rescatar de todo aquel discurso fue el tiempo: dos semanas. Era todo lo que le quedaba para realizar el examen que definiría su futuro.
Lo de solicitar clases extra sonaba tentador, pero como ya había acordado con el profesor Li en su última sesión que redoblarían las clases a dos por semana, no le pareció coherente el insistir. Y así, algo abatida, aquella tarde al finalizar las clases, se apuró a sujetar con firmeza su mochila, y emprender la caminata rumbo al consultorio de su hermano. Le había prometido que estaría allí a las dos, y más le valía no llegar ni un minuto tarde.
Se encontraba esperando a Syaoran en el parque pingüino (era viernes, y los viernes, así como los lunes, le ayudaba a comprar el mandado), cuando la vio acercarse. La bolsa de chocolates que llevaba en la mañana ya no se veía por ningún lado, lo que a Meilin le hizo suponer que había entregado ya todas sus galletas.
-¡Hola Sakura! –dijo la universitaria cuando tuvo a la adolescente lo suficientemente cerca.
-¡Meilin-san, buenas tardes! –saludó Sakura-. ¿Cómo fue el examen de coreano?
La joven se limitó a sonreír de oreja a oreja y levantar ambos pulgares.
-Pan comido –dijo finalmente-. ¿Vas ya a casa? –la joven negó con la cabeza.
-Voy al consultorio de mi hermano –fue la respuesta de Sakura-. Mi gatito está internado, y como pago le ayudaré a atender el local.
-¿Sabes de veterinaria? –preguntó una sorprendida Meilin, a lo que Sakura se apuró a negar una vez más.
-Touya solo me enseñó lo básico de primeros auxilios, pero nada más. No, le ayudaré a administrar. Seré su recepcionista, al menos hasta que llegue la fecha del examen de admisión a la Universidad.
Ignorando completamente que se suponía aún tenía que esperar a Syaoran, Meilin nuevamente se colgó del brazo de Sakura, y así, ambas muchachas iniciaron la caminata.
-No tengo mascotas, así que nunca me he parado dentro, ni delante, del consultorio de tu hermano, pero ahora que lo dices, es cierto. Nunca he visto a nadie ayudarlo a atender a los clientes.
-Touya dice que él puede hacerlo todo –bufó Sakura, lo que provocó que Meilin sonriese. Un nuevo plan de cinco segundos se formaba en su mente.
Dispuesta a no mostrar sus cartas tan rápido, la universitaria se apuró a preguntar:
-¿Nerviosa por el examen?
Una vez más, Sakura sintió la garganta seca.
Les juro que no planee esto de escribir/publicar sobre San Valentín en el fic, al mismo tiempo que es San Valentín para nosotros xdxd
Pero aprovechando que estamos en eso, tengan un bonito día, y espero les hayan regalado mucho chocolate/dulces, y el que ustedes hayan regalado igualmente haya sido bien recibido.
Si bien ya superamos el malentendido que Sakura se sacó de la manga sobre Syaoran x Meilin, eso no significa que le vaya a tirar los perros directamente a su profesor porque, como dice Tomoyo, sería algo muy turbio (?
Dicho esto, les mando un abrazo y un beso, y los veo por aquí el jueves. Sigan bellos~
Ribo~
