Capítulo 12

Compromiso


-En casa somos solo dos –iba explicando Sakura, mientras cruzaban la calle que las llevaría al edificio de departamentos al cual se dirigían las dos muchachas-. Mamá murió cuando yo era pequeña, y Touya se mudó hace un mes y medio, así que solo quedamos papá y yo. Papá es profesor en la Universidad, aunque muy probablemente no te de clases porque trabaja en el departamento de Historia. A parte de dar clases es investigador, y en ocasiones sale de excursión con sus alumnos de posgrado, ya que también es arqueólogo.

-Y tu hermano es veterinario –dijo una pensativa Meilin-. Carreras nada parecidas, ¿no crees? Así que no tengo ni la más mínima idea de qué planeas estudiar tú, Sakura.

-Bueno… lo mío tampoco se relaciona con nada de lo que ellos hayan estudiado –se confesó la joven-. Quiero se profesora de infantes.

Meilin no pudo evitar sonreír al imaginarse a la chica con un delantal, con manchas de pintura, y cuidando un puñado de bebés de apenas cuatro años. Sin duda, una imagen adorable.

-Espero que las clases extracurriculares que te está dando Syaoran te ayuden entonces, Sakura –dijo Meilin de todo corazón, al tiempo que se detenían frente a la veterinaria de Touya-. La Universidad de Tokio es muy peleada. Yo fui rechazada –añadió como quien no quiere la cosa-, pero estoy segura de que tú podrás lograrlo. En especial si Syaoran te está ayudando tanto.

-Muchas gracias Meilin-san –sonrió Sakura, intentando no sonrojarse ante la mención de su profesor sustituto de matemáticas-. Bueno, debo irme. Touya necesita ayuda, y si no hay muchos clientes, yo podré avanzar con mi tarea, y estudiar un poco más.

-¿Te molesta si te hago compañía? –pidió Meilin, con un gesto tan inocente que inclusive Sakura se sorprendió-. No hay nadie en casa a esta hora, y sé que si me quedo sola me pondré a ver la televisión en vez de hacer la tarea. Pero si tengo compañía, así tú estés haciendo algo diferente, me ayudará mucho.

-No creo que a Touya le moleste – sonrió Sakura, y así ambas muchachas entraron a la veterinaria.


-Es tarde, deben irse ya –dijo Touya, al tiempo que salía del consultorio, y miraba a Sakura y Meilin.

-Pero aún falta una hora para que cierres la veterinaria –dijo su hermana, haciendo un puchero.

-Yo puedo quedarme –se ofreció Meilin a toda velocidad-. Fye no llegará hasta dentro de dos horas más, así que no me espera nadie en el departamento…

-Hoy cerraré temprano –musitó Touya, provocando que las dos muchachas lo miraran, sorprendidas. ¿Dónde había quedado la disponibilidad 24/7?

-¿Te sientes bien? –preguntó Sakura. Y es que el único motivo por el cual se le ocurría que su hermano quisiese cerrar temprano, era porque se sentía indispuesto.

-Me siento perfecto –fue la respuesta del hombre, mientras se quitaba la bata y la dejaba colgada en un perchero colocado detrás del mostrador, donde las dos jóvenes se encontraban conversando, una vez que hubieron terminado la tarea-. Tengo un compromiso.

Las dos muchachas llegaron a la misma conclusión instantáneamente, y no pudieron evitar mirarse: ¡una cita! Sin embargo, mientras Sakura pensaba en ello como algo maravilloso (¡finalmente Touya se había conseguido una novia!), Meilin se sentía abatida (¿cómo era posible que acabase de encontrar la manera de acercarse al sexy veterinario que acababa de mudarse a su edificio de departamentos, y resultase que ya tenía pareja?).

Sin embargo, ninguna de las dos pudo poner objeción a la solicitud de retirarse, y así, cinco minutos después, cuando se hubieron colgado las mochilas al hombro, y Touya abrió la puerta para indicarles que salieran, lo hicieron sin decir nada.

Y, aun así, se quedaron allí, mirando como Touya apagaba las luces, programaba la alarma, y cerraba la puerta con candado.

-Ve a casa Li –le dijo a Meilin, con lo que la joven no tuvo de otra más que despedirse de ambos Kinomoto, y caminar rumbo a la entrada de los departamentos, con el semblante abatido-. A ti te llevaré a casa –le dijo a su hermana menor.

-¿Estás seguro? –preguntó la muchacha, sin embargo, Touya ya se había puesto en movimiento, y ella, para no quedarse atrás, tuvo que correr un poco para alcanzarlo.

-Me queda de pasada –fue la respuesta del veterinario.

Sabiendo que estaba por cometer una imprudencia (pero es que su curiosidad la estaba matando), Sakura se apuró a preguntarle a su hermano mayor:

-¿La conozco?

-¿A quién?

-A tu cita.

-No tengo una cita –bufó Touya.

-Pero dijiste…

-Dije un compromiso –fue su respuesta. Sakura frunció el entrecejo, y así, Touya no tuvo otra más que agregar-. Voy a casa de Yukito.

-¡Ah! –fue todo lo que pudo decir la menor de los Kinomoto.

Yukito era el mejor amigo de Touya. Se habían conocido en la preparatoria, y se habían vuelto prácticamente inseparables. Durante aquellos días de escuela, al menos una vez a la semana, Yukito se solía quedar en su casa para estudiar, o hacer la tarea juntos. Y cuando Touya trabajaba de medio tiempo, el 80% de las veces Yukito le hacía compañía. Era cierto que los dos habían estudiado ramas de la salud en la universidad, pero mientras que Touya había escogido ser médico zootecnista, Yukito había optado por la carrera de dentista. La exigencia de sus carreras había provocado que no se frecuentaran tanto como antes, aunque eso no había enfriado para nada su amistad.

Debido a que ambos habían abierto sus consultorios apenas se hubieron graduado, era lógico que llevasen quizá hasta años en que no se ponían al día. Así Sakura no podía reprocharle que por una vez la veterinaria cerrase temprano sus puertas, y Touya se dirigiese a casa de su mejor amigo, a platicar sobre todo lo que no habían tenido oportunidad de contarse.

-Salúdalo de mi parte –dijo la joven, cuando hubieron llegado a la antigua casa de Touya.

Su hermano aseguró que así lo haría, y tras insistirle que cerrara y no abriese a extraños, el veterinario continuó su camino rumbo a casa de su mejor amigo.


-¿Cómo está Kero? –preguntó Tomoyo aquella tarde, cuando ambas muchachas esperaban en la puerta del colegio a que Eriol terminase con su club de académicos, y así los tres pudiesen caminar juntos rumbo al parque pingüino.

-Mucho mejor –respondió Sakura, alegre. Venía de una clase intensiva con el profesor Li, y había mejorado ya bastante en trigonometría que la había felicitado regalándole una paleta de caramelo, la cual guardaba en la mochila y juraba que nunca en toda su vida la comería-. La incubadora le ha ayudado mucho. Lleva ya dos semanas, y ya casi duplica su peso. Aunque aún se cae cuando intenta correr. Por cierto…

-¿Pasa algo? –preguntó la perspectiva joven de largo cabello negro. Y es que no le había pasado por alto como la voz de Sakura sonaba algo nerviosa.

-Nada malo… Es solo que… papá sale hoy a una excursión con sus alumnos de posgrado. Estará allí toda la semana, y…

-¿Necesitas que me quede en tu casa?

Sakura se abrazó de su mejor amiga, intentando contener las lágrimas.

-¡Por favor! –dijo desesperada.

Era la primera vez que iba a estar sola en casa. Después de todo, era la primera vez que su padre se iba de excursión desde que Touya no vivía con ellos, y eso significaba que efectivamente se quedaría completamente sola. No sabía por qué, pero la simple idea la aterraba.

Tomoyo no pudo evitar sonreír ante su adorable solicitud.

-De acuerdo –dijo al tiempo que Eriol gritaba sus nombres, y se acercaba a ellas, corriendo a toda velocidad por el patio principal de la escuela-. No creo que mi madre tenga problema.

Los tres caminaron como siempre, hasta el parque pingüino. Eriol les ofreció detenerse a comprar y comer unas crepas, pero como Sakura tenía que ir a la veterinaria, y Tomoyo la acompañaría, no se entretuvieron demasiado, y se despidieron del muchacho apenas cinco minutos después, prometiendo verse al día siguiente en el colegio.

-Papá regresa de excursión el viernes, justo a tiempo para el cumpleaños de Touya. Por cierto, ¿te gustaría acompañarme mañana a buscar algo para él? –preguntó Sakura, al tiempo que abría la puerta de la veterinaria, para que ella y Tomoyo pudiesen pasar.

Y no pudieron evitar sorprenderse al escuchar un alegre saludo femenino.

-¡Hola! –sonrió Meilin a los recién llegados, y al comprobar que no eran clientes, sino más bien Sakura acompañada de una chica que no conocía, se apuró a presentarse-. Li Meilin, ¡un gusto!

-Daidouji Tomoyo –dijo la pelinegra, al tiempo que ofrecía una respetuosa reverencia.

-¿Qué haces aquí? –preguntó Sakura, visiblemente sorprendida.

Era cierto que de vez en cuando, Meilin baja de su departamento y se ofrecía a hacerle compañía a Sakura, pero nunca había ocurrido que, al llegar a la veterinaria, la universitaria se encontrase ya allí.

-Bueno, como te queda una semana para presentar el examen, pensé que sería buena idea el pedirle a Touya me dejase trabajar aquí a medio tiempo, cuando tú te marches –dijo orgullosa, como si acabase de anunciar que la habían electo presidenta de Japón, y ahorrándose el detalle de que había renunciado a su empleo de medio tiempo en la librería para poder estar allí-. Syaoran, Fye y Kurogane tienen todos un empleo a tiempo completo, y yo también quiero sentirme útil.

-Estudiar es lo suficientemente útil, Meilin-san.

-Lo mismo dijo tu hermano –bufó la pelinegra-. Así que le dije que, si no me daba el empleo, buscaría en otro lado. Al final accedió ya que es mejor que esté aquí cerca de la casa, por si algo se llegase a ocurrir.

Ni Sakura ni Tomoyo supieron que decir con aquello, y así, cuando Meilin barrió de la mitad del mostrador sus cosas, ambas muchachas se limitaron a acercarse para sentarse frente a ella.

-Entonces –continuó la universitaria, como si nada-. ¿Hablaban de un cumpleaños?

-Ah, pues… -inició Tomoyo, no muy segura de si debía contarlo todo-. Sí. El cumpleaños de Touya es el viernes, y Sakura aún no sabe que comprarle.

-Le pedía asesoría a Tomoyo ya que ella siempre sabe que es perfecto –añadió Sakura-. Me ha ayudado mucho en sus cumpleaños anteriores.

Los celos llenaron el pecho de Meilin, pero intentó no hacerlos obvios.

-¿Y por qué no le preguntas a su novia?

-¿Novia? –repitió una sorprendida Tomoyo.

-Sí –continuó Meilin-. Hace un par de semanas nos sorprendió anunciando que tenía una cita. Entonces, ¿cómo le fue?

-No era una cita –Sakura se apuró a aclarar el malentendido, al tiempo que hacía un puchero-. Solo tenía una reunión con Yukito, un viejo amigo de la preparatoria.

Meilin no pudo evitar sonreír de oreja a oreja. ¡No había novia! El doctor Kinomoto seguía estando disponible. Tomoyo, por su parte, tuvo que contener la risa. ¿Qué tan ingenua podía ser Sakura como para no entender que su hermano tenía fuertes sentimientos por Yukito? Y para rematar, se trataba de sentimientos que efectivamente eran correspondidos. Si tan solo Touya y Yukito se atreviesen a hacer pública su relación…

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando nuevamente con el semblante alegre, Meilin procedió a preguntarles:

-¿Qué las trae por acá? Dejaste de venir un par de días Sakura. Podría decir que me sorprende, pero Syaoran me ha explicado que han aumentado las sesiones de estudio a tres veces por semana. ¡Eso demuestra tu empeño por aprobar el examen! Sé que lo harás de maravilla. Pero hoy veo que vienes acompañada. ¿A acaso tu amiga tiene un animalito que trae a consulta?

-Ah, no –negó Sakura, algo aturdida por el monólogo de la universitaria-. Tomoyo va a quedarse en mi casa esta noche –dijo sonriente-. Mi padre ha salido a hacer una excavación con sus alumnos de posgrado, y estará afuera unos días.

-¡Una pijamada! –exclamó una alegre Meilin-. Suena divertido.

Tomoyo no pudo evitar sonreírle. Era cierto que Meilin parecía ser algo excéntrica para su edad, pero en el fondo, no le daba mala espina su personalidad tan relajada, y en cierto modo, varias de sus actitudes le recordaban a la simplicidad e inocencia con la que Sakura miraba al mundo.

-Sakura quería pasar primero a ver a Kero –agregó Tomoyo, mientras su mejor amiga asentía-. Touya le comentó ayer que hoy ya podía llevárselo. Aunque supongo que nos podemos quedar a hacerte compañía mientras terminamos la tarea, y después iremos a comprar lo necesario para la cena.

-¡Oh! –dijo una emocionada Meilin-. ¿Cocinarán todo ustedes solas? –y esperando no sonar grosera añadió-. ¿Saben cocinar? Pregunto porque yo aún no se ni freír un huevo…

Las dos adolescentes tuvieron que contener la risa.

-Tomoyo es muy buena haciendo postres –contestó Sakura, a lo que su mejor amiga se apresuró a añadir.

-Tú también eres muy buena en la repostería, Sakura.

Meilin se mordió el labio, celosa. ¿Cómo era posible que tuviese en casa a un excelente repostero, y nunca se le hubiese ocurrido pedirle a Fye que le enseñara a hacer algo? Así fuesen unas simples galletas de chocolate…

Y una idea brillante le vino a la mente.

-¿Qué les parece si mejor cenan en mi casa?

-¿Eh? –fue todo lo que las muchachas pudieron decir.

-¡Será divertido! Fye es excelente cocinando, le encanta tanto cocinar para los demás que estoy segura no le molestará preparar un poco más para alimentar dos bocas más… ¡O tres, si invitamos a tu hermano!

-No queremos ser una molestia… -musitó Tomoyo, sin embargo, nada la hubiese preparado para el pisotón que Sakura le propinó en ese momento.

Completamente sorprendida, no pudo evitar mirar a su prima segunda, mientras Meilin se levantaba de su silla y se apuraba a avisar al doctor Kinomoto que estaba cordialmente invitado a pasar a cenar a la residencia Li aquella noche.

-¿Qué te pasa? –susurró Tomoyo por lo bajo, aun siendo incapaz de reponerse de la sorpresa que había sido el pisotón que acaba de recibir.

-¿Sabes lo que significa eso? –susurró Sakura de vuelta-. Cenar en casa del profesor Li…

Fue allí que todo cobró sentido para Daidouji.


Este capi es un poco de relleno, pues es transición para lo que se viene.

Aprovecho el corte comercial para comentarles que muy probablemente la siguiente semana no haga up el fin de semana. Quizá inclusive cambie los días de regreso a lunes, miércoles y viernes. Todo depende de lo pesada que se ponga mi agenda. Sea como sea, intentaré avisarles con tiempo.

Y eso esto, nos leemos~~

Ribo~