Capítulo 13

Anomalía


-¡Bienvenido a casa!

-Ya llegué –respondió Syaoran, mientras cerraba la puerta y procedía a quitarse los zapatos.

-Tenemos visitas –anunció Meilin, con lo que el joven se apuró a mirar.

Allí, sentadas en el sillón de la sala, había dos cabelleras femeninas, fácilmente identificables. Una era corta, de color castaño claro. La otra era bastante larga, de un color negro grisáceo… No pudo evitar mirar a Meilin, ¿qué estaba planeando?

-Buenas tardes, profesor Li, lamentamos la intromisión.

-Bu-buenas tardes.

-Daidouji, Kinomoto –dijo el profesor, y esperando no sonar irrespetuoso, preguntó-: ¿Qué las trae por acá?

-La señorita Li nos ha invitado a cenar.

Meilin no pudo evitar bufar.

-Te dije que me llames por mi nombre…

-¿Lo sabe ya Fye?

Meilin bufó de nuevo.

-Creo que es quien va a estar más emocionado de todos nosotros. En especial si consideramos que su competencia es Kurogane.

Sakura y Tomoyo no pudieron evitar mirarse. Habían escuchado varias veces el nombre de Fye, y habían llegado a la conclusión de que era el padre ya fuese de Meilin o de Syaoran. Pero la presencia de otro nombre masculino, Kurogane, hizo que las dos muchachas se preguntaran qué vínculo sanguíneo existía entre ellos cuatro. ¿Eran Fye y Kurogane una pareja gay? ¿Eran los padres de Meilin o de Syaoran? ¿O es que acaso estaban confundiendo todo, y en realidad Fye y Kurogane eran hermanos que vivían juntos, y por eso aquel par de primos vivían juntos también? Y si aquella última hipótesis fuese correcta, ¿qué había pasado con sus madres?

Ninguna de las dos se atrevía a preguntar.

-Ayudaremos si es necesario –se excusó Tomoyo, a lo que Sakura agregó (intentando no tartamudear):

-Podemos ayudar cocinando, o a poner la mesa. Tampoco tenemos problemas en limpiar los platos después.

Sus mejillas se colorearon cuando su profesor sustituto de matemáticas le dirigió una sonrisa, y tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no sonrojarse hasta el cuello cuando lo miró caminar dentro del departamento, y sentarse en una de las sillas del comedor, a escasos tres pasos de donde se encontraba ella.

-No es necesario, Kinomoto –dijo Syaoran, mientras colocaba su maletín sobre la mesa, y se disponía a desparramar las tareas que debía revisar-. Si Meilin las ha invitado, significa que nosotros debemos tratarlas como sus anfitriones.


Subió por el elevador al tiempo que silbaba una tonada infantil. Hoy había sido un día productivo. Era cierto que había trabajado como lavaplatos durante toda la jornada, pero al final del día se le había permitido apoyar con la preparación de unos platillos, y ahora, Fye estaba dispuesto a no dejar pasar aquella oportunidad de ser ascendido.

Estaba ya dejando volar la imaginación, pensando en los cambios que podría hacer al menú, cuando sus pensamientos prontamente se vieron opacados por aquella extraña sensación que surgió de la punta de sus dedos, y comenzó a recorrer todo su cuerpo.

Se quedó allí, con la mano extendida. Había estado a punto de tomar el pomo de la puerta de su departamento, para girarlo y entrar, cuando lo sintió.

Magia.

Una estela de magia había pasado por allí, hacía no mucho. Fluida como el agua, había avanzado por aquel pasillo, se había arremolinado en aquella puerta, y ahora se encontraba allí, al otro lado. Esperando por él, o quizá, sin ser consiente de dónde se había metido.

Tragó saliva, y dando lo mejor de sí para serenarse, finalmente sujetó el pomo, y lo giró.

-¡Fye! –saludó Meilin cuando su rubia cabellera entró al departamento-. ¡Te estábamos esperando!

-Estoy en casa –dijo con su alegre y cantarina voz-. ¿Por qué tanta insistencia?

Fue entonces cuando las vio. Tenían visitas. Dos jóvenes de aproximadamente dieciséis o diecisiete años, sentadas en la sala, conversando con Meilin. ¿Serían alumnas de Syaoran? No lograba entender porque si el profesor sustituto de matemáticas finalmente había traído a sus alumnas a estudiar en su departamento, ambas jóvenes se encontraban sentadas con Meilin, mirando la televisión, mientras él se encontraba sentado a la mesa del comedor, revisando tareas.

-Meilin ha traído visitas-. Explicó Syaoran, sin levantar la vista de los trabajos de sus alumnos-. Vienen a cenar.

-Disculpe la molestia –dijeron ambas muchachas, y como si fuesen gemelas, ambas se levantaron, y le dedicaron una reverencia que pareciera haberse reflejado en un espejo.

Fye cerró la puerta detrás de él, al tiempo que, manteniendo su sonrisa, se cambiaba los zapatos.

-En ese caso, espero les guste el okonomiyaki.


-Ya llegué.

-Bienvenido a casa, Kurogane-. Syaoran fue el primero en contestar. Después de todo, mientras él se encontraba recogiendo todas sus cosas para dejar libre la mesa del comedor, Meilin, Daidouji y Kinomoto se encontraban en la cocina, ayudando a Fye a servir los platos.

-¡Bienvenido! –dijeron a coro Fye y Meilin, mientras ellos y sus invitadas se acercaban a la mesa del comedor, y se disponían a acomodar todos los platos.

Kurogane miró a aquel par de extrañas. Adolescentes, lo suficientemente jóvenes como para ser alumnas de Syaoran, o quizá alumnas novatas en la universidad de Meilin, que habían resultado ser sus nuevas amigas. Sea cual fuere la identidad de aquel par de jóvenes, era algo que a aquel hombre no le preocupaba en absoluto, y así, apenas se hubo cambiado los zapatos, se sentó en su lugar a la mesa, y esperó a que los demás le hiciesen compañía.


-Las acompañaré a casa.

-N-no hace falta –musitó Sakura, nerviosa.

Habían terminado de cenar, y pese a la insistencia de sus anfitriones, ambas muchachas habían ayudado a limpiar la mesa, y lavar los platos. Y ahora, con aquella visita social concluida, Sakura y Tomoyo debían retirarse para llegar a casa de los Kinomoto.

-No me parece correcto que vayan solas de noche –insistió Syaoran, mientras se ponía los zapatos, y el par de chicas continuaba negándose.

-Tomen –dijo un sonriente Fye, al tiempo que les daba un paquete con okonomiyaki para llevar-. Ha sido un gusto conocerlas, a ambas –y se apuró a estrechar sus manos.

Sintió un cosquilleo, algo parecido a una diminuta descarga eléctrica recorrió sus dedos en una fracción de segundo. Tomoyo no pudo evitar mirar a Fye, confundida, y por un momento se preguntó si no se lo había imaginado, o si se trataba solo de electricidad estática que se hubiese descargado al tocarse.

-Podemos pedir a Touya que nos lleve, si tanta es la preocupación. De todos modos, tenemos que pasar al consultorio para recoger a Kero… –las palabras de Sakura, y la negativa casi instantánea de Syaoran fueron suficientes para traer a la pelinegra de regreso a la realidad.

-Podemos pasar por el gato, pero es tarde, y no creo que sea correcto distraerlo de lo que sea que esté haciendo para que las lleve hasta su casa. Además, ya estamos aquí –y sin esperar respuesta, abrió la puerta del departamento, y les indicó a ambas muchachas que saliesen.

Ellas no tuvieron de otra más que obedecer, y así, una vez Syaoran hubiese avisado que no tardaría en regresar, el profesor cerró la puerta detrás de sí, e iniciaron la caminata rumbo al elevador.


-Termina la tarea, Meilin –fueron las palabras de Fye, mientras sujetaba a la universitaria de los hombros, y le impedía levantarse de la mesa-. Ya es tarde, y no has avanzado mucho.

Meilin hizo un puchero, el cual fue ignorado por Fye, y así, mientras el rubio se dirigía a la cocina para terminar de secar los platos, la joven no tuvo de otra más que quedarse sentada a la mesa, con sus cuadernos esparcidos delante de ella.

Lo intentó, de verdad que sí, pero una vocecita dentro de su cabeza le dijo que se concentraría mejor si iba a la cocina a tomar un poco de jugo, por lo que, de puntitas, como si estuviese haciendo una travesura, se levantó de su silla y se dirigió a la cocina.

-¿Magia? –la voz de Kurogane la detuvo en seco.

-Sí, lo sentí. Aquí en la casa.

-¿Cuál de las dos es la poseedora de aquel poder? –preguntó el moreno.

Desde donde Meilin estaba, no podía ver el rostro de ninguno de los dos, pero estaba segura de que las expresiones de ambos eran de intriga.

-Eso es lo curioso –fue la respuesta de Fye-. Sentí magia en ambas. ¿Debemos decirle a Syaoran? –preguntó el rubio, al tiempo que se mordía la comisura del labio-. En estos momentos no sabemos si son aliados o enemigos…

-Estás actuando de manera paranoica –respondió Kurogane-. Son simples adolescentes. Además, son alumnas de Syaoran, ¿no es así? Si quisiesen atacar ya lo hubiesen hecho. Si quisieran ayudarle también.

Kurogane dio media vuelta, listo para salir de la cocina y dirigirse a su habitación a descansar, con lo que Meilin no tuvo de otra más que apurarse a regresar a la mesa, y fingir que, durante todo ese tiempo, había estado demasiado concentrada en la tarea de tailandés, como para prestar atención a la conversación que sus roomies acababan de tener.

Sin embargo, cuando veinte minutos más tarde la joven guardó sus cosas en la mochila, una cosa estaba clara: había que informar a Syaoran.


Bueno gentecita bonita, como les comenté en el capi anterior, sigo pensando en cambiar las fechas de las ups. Por el momento, la siguiente semana aún será de martes y jueves, aunque voy a tener que omitir los sábados, ya que estaré ocupada con otros proyectos.

Espero el capi de hoy les de suficiente material para organizar teorías, en lo que resta de fin de semana.

Un abrazo, nos seguimos leyendo~

Ribo~