Capítulo 14
Ubicación
ADVERTENCIA: [El siguiente capítulo puede contener escenas que algunos lectores encuentren perturbadoras. Se aconseja discreción.]
-¿Faine? ¿Te encuentras bien?
La mujer dio un leve respingo, y se apuró a sonreírle a la otra dama que le hacía compañía.
-No pasa nada –mintió a toda velocidad.
-Estás algo distraída.
-De verdad, no es nada. Entonces –añadió como quien no quiere la cosa, mientras se ajustaba el bolso, que amenazaba con resbalar de su hombro-. ¿Nos vemos mañana en el trabajo?
Su amiga le sonrió.
-Quizá esté bajo mucho estrés. Por favor, solo descansa –y, sin embargo, de sus labios salió lo siguiente-. Nos vemos mañana, Faine.
Lee Fuu Tie le sonrió del mismo modo, y tras despedirse de su amiga (la vio cruzar la calle, subir a su auto, y perderse en la distancia), la mayor de los Lee se apuró a abrir su bolso, sacar su llave, abrir la puerta, y encerrarse dentro de su departamento.
Los escuchaba, mucho más cerca de lo que le gustaría. Aquellos susurros dentro de su cabeza la estaban volviendo loca. Tenía que hacer algo antes de que se le acabase el tiempo, y la encontrasen, pero lo único que se le ocurría era que debía regresar. Estaba ignorando los deseos y el plan formulado por su madre cuando la subió a aquel vuelo que la había dejado en Melbourne, al sur de Australia, pero no podía ver ninguna otra solución.
Aun sin estar segura de que estuviese haciendo lo correcto, arrojó su bolso al sillón, y se apuró a tomar la laptop. Una rápida búsqueda en internet era todo lo que necesitaba para comprar un boleto de avión, de regreso a China.
Un golpe en la puerta de la casa hizo que ahogase un grito. No sabía quiénes eran, pero sabía que venían por ella. No se trataba de un retén para atraparla y pedir rescate a sus hermanas, a Xiao Lang o a su madre. Venían a matarla.
Se levantó de la silla en la que se encontraba sentada comiendo el almuerzo, y se apuró a correr a la cocina, donde sí se apuraba, podría huir por la puerta que llevaba al patio posterior, y desde donde podría perderse en las siempre abarrotadas calles de Alejandría. No le dio tiempo de ponerse los zapatos, o de tomar sus falsas credenciales que la identificaban como Li Femi. No dio tiempo ni de gritar, pues apenas había entrado a la cocina, un golpe en la puerta trasera le indicó que estaba rodeada. Y entonces, antes de que pudiese dar siquiera la vuelta, escuchó como la puerta principal finalmente cedía, y en menos de dos segundos, alguien la aprisionó contra la pared.
-Lee Fei Mei –respiró aquel hombre en su cuello-. ¿Algunas últimas palabras?
No podía ver a la persona que la tenía atrapada contra la pared, pero sí podía ver de reojo aquella enorme burbuja de agua que crecía poco a poco, un claro indicio de que estaban por ahogarla.
-Sí –fue lo único que pudo decir al costarle trabajo el respirar-. Déjame ir.
-¿Qué? –bufó aquel hombre-. ¿Por qué habría de hacer eso?
-Porque… -dijo jadeando debido a la opresión en su pecho-. Porque es lo que tú quieres hacer.
Un nuevo bufido.
-Vamos –insistió, tratando de sonar juguetona-. Sabes que quieres dejarme libre.
Y entonces, como por arte de magia, la burbuja disminuyó su tamaño, hasta desaparecer, y la opresión finalmente cedió. Apurándose a poner ambas manos en la pared, Fei Mei respiró profundamente, intentando recuperar el oxígeno que aquel hombre le había negado, hacía unos instantes.
-¿Por qué? –repitió el desconocido.
Fei Mei se giró lentamente, y finalmente pudo verlo. Un hombre alto, delgado, de piel pálida, cabello rubio y ojos azules.
¿Era posible…? ¡Pero se suponía que Fye era parte de la guardia de su madre! Y peor aún, ¿no debería estar en aquellos momentos cuidando de Xiao Lang? ¿Era esto una traición? ¿Le había pasado algo a su hermano? ¿A su madre? ¡Sus hermanas! Incapaz de pensar, y con sus poderes lentamente perdiendo control sobre la voluntad del guardián, no pudo hacer más que empujarlo a un lado. Sin embargo, no contaba con aquella arma que ocultaba debajo de la manga.
El cuchillo salió disparado, y gracias a que la mujer se giró para verle el rostro una vez más, el filo simplemente le rozó el hombro. Un grito de dolor salió de sus labios, con lo que supo que no le quedaba de otra, y así, sujetándose el brazo para impedir la sangre corriese, salió de la casa, y emprendió la carrera por los callejones de aquella ciudad costera ubicada al norte de Egipto. Las lágrimas empañaban su visión, y el sudor comenzaba a correrle por el rosto, por lo que mientras corría a trompicones, no podía evitar preguntarse: ¿qué estaba pasando? ¿Cómo era posible que hubiesen sido traicionados?
-Debí haber añadido que me dejase marchar, sin sufrir ningún daño –se regañó mentalmente a sí misma, al tiempo que no podía dejar de pensar que sus poderes para doblegar la voluntad no durarían mucho.
Fye no tardaría en encontrar su rastro, y seguirlo nuevamente. Y ahora, herida, y sin papeles, se le acababan las salidas.
Emitió un quejido ahogado cuando su cuerpo chocó contra la puerta. Desesperada, forcejeó solo para darse cuenta de que estaba firmemente cerrada, y no podía abrirla. Con un par de lágrimas corriendo por sus mejillas, no pudo hacer más que arrojarse al llanto y la desesperación.
Y entonces escuchó sus pasos.
Se dejó caer, derrotada. No importaba si se ponía en pie, había llegado a un callejón sin salida, y con aquella puerta firmemente cerrada que le impedía salir de aquella abandonada fábrica, simplemente era cuestión de esperar hasta que la encontrasen, y se deshiciesen de ella. En un lugar tan remoto como aquel, nadie lo notaría.
-Así que aquí estás –dijo una voz masculina, de manera burlona.
Su cuerpo no pudo evitar estremecerse al escuchar sus pasos. Cómo caminaba lentamente hacia ella, y así, después de dos tortuosos minutos, finalmente pudo ver como se detenía a escasos centímetros. Sus botas estilo militar fue lo único que pudo ver, al negarse a alzar el rostro.
Una nueva risa de aquel hombre le indicó que seguramente estaba mostrando un perfil lastimero y penoso.
-Lee Xie Fang. ¿O prefieres Li Sheila?
Arrojó delante de él aquellas identificaciones falsas en las cuales se veía el sonriente rostro que parecía ya nunca más podría mostrar. Un nuevo par de lágrimas recorrieron sus mejillas.
-No toleramos inmigrantes que entran a nuestro país de manera ilegal –dijo el hombre.
Si tuviese un poco más de fuerzas, hubiese sido Xie Fang la que hubiese reído en esta ocasión. Era cierto que Estados Unidos era estricto respecto a la inmigración ilegal, en especial una ciudad fronteriza como era San Diego, California, pero sabía que la falsificación de sus papeles era una simple excusa para acorralarla de aquel modo.
En definitiva, aquel hombre no era más que un mercenario a las órdenes de los Reed, un infiltrado en la policía fronteriza que se había dedicado a cazarla desde el primer momento en que ella había puesto un pie en Estados Unidos. Un verdadero oficial se hubiese limitado a arrestarla, y entregarla a las autoridades, quienes la hubiesen recluido en una fría celda, y buscado el primer vuelo para regresarla a su país.
Pero aquel hombre parecía no tener prisa por apresarla, y llevarla a ningún lado. Tras aventar sus identificaciones falsas delante de su presa, se limitó a hincarse para estar a su altura. Con su respiración a escasos centímetros de su rostro, Xie Fang hizo lo mejor que pudo para continuar ignorándolo, y no cruzar miradas con él. Fue especialmente difícil cuando el falso oficial sujetó su barbilla y la obligó a alzar el rostro.
Y entonces lo sintió. No pudo hacer más que emitir un quejido ahogado. Sintió la filosa navaja perforar su piel, y cómo atravesaba su brazo de lado a lado. El hombre emitió un bufido burlón al tiempo que retiraba la navaja, y miraba como la sangre comenzaba a brotar del brazo de Xie Fang.
-Vamos –dijo burlón –, hazlo.
Sabía que la iba a torturar. Que lo mejor que podía hacer era no hacer nada, y dejarse matar. Pero su subconsciente la traicionó cuando el dolor comenzó a redimir, y la herida a cerrarse, hasta finalmente no sentir nada más que aquella impotencia… y un nuevo corte, esta vez en su pierna.
Bufó pesadamente. El dolor era insoportable, en especial cuando aquel hombre giró la navaja dentro de su pierna, abriendo la herida aún más.
Sin embargo, cuando la navaja finalmente salió de su cuerpo, la herida comenzó a cerrarse lentamente, tal cual había ocurrido hacía unos instantes en su brazo.
Se limitó a gruñir y morderse los labios cuando aquella navaja volvió a clavarse, esta vez en su estómago. No iba a suplicar piedad. Si dejarse torturar de aquel modo iba a ser el precio a pagar para darle algo de tiempo a su madre, sus hermanas, y a Xiao Lang, estaba dispuesta a sacrificarse.
Eso, hasta que el hombre emitió un suspiro cansado.
-¿Se ha vuelto aburrido, no crees? –dijo mientras miraba su arma, y como había quedado cubierta de sangre aún fresca-. ¿Prefieres que terminemos de una vez?
No esperó a que Xie Lang respondiera. Usando toda su fuerza, volvió a clavar la navaja en su caja torácica, y deslizándose entre dos de sus costillas, golpeó su corazón. Entonces, el hombre sacó la navaja, y sin perder un segundo, introdujo sus desnudas manos dentro de la herida, y ejerciendo presión con sus dedos, se aferró de aquellas dos costillas, y al tiempo que tronaban, las obligó a separarse.
Así, con la herida lo suficientemente grande, no tuvo dificultad en meter su mano, y extraer aquel herido corazón. Lo dejó palpitar en su palma un par de segundos, antes de arrojarlo al piso, lejos de ambos.
-¿Esta herida ya no va a sanar, no es así?
Y con esto, procedió a incorporarse. Dando una patada a aquel corazón, se limitó a reírse de la mujer, mientras se apoyaba contra el muro, y fingía que limpiaba su navaja, al tiempo que esperaba a que su víctima emitiese su último aliento, y su trabajo se viese concluido.
No tardó mucho para que los ojos de Lee Xie Fang no pudiesen ver nada más.
En el centro comercial de Kuusamo, un diminuto pueblo al norte de Finlandia, bastó un disparo para que todo el lugar entrase en pánico. Por instinto, hombres, mujeres y niños, soltaron lo que llevaban en las manos, y se arrojaron al piso. Un segundo disparo provocó gritos, y llantos. Lee Fang Leng sabía que no podía quedarse allí, pues corría el riesgo de poner en peligro a ciudadanos inocentes. Así, con la furia reflejada en sus ojos, se levantó del piso, y emprendió la carrera al final del pasillo donde se encontraba. Un tercer disparo, proveniente del lado sur de la tienda, la obligó a agacharse, al tiempo que le confirmaba sus sospechas: eran más de uno.
Sintió como el proyectil se acercaba a toda velocidad, y sin necesidad de mirarlo siquiera, comandó a la bala a cambiar su trayectoria, con lo que la munición se impactó en una lata de refresco, a un par de metros a su derecha.
Un nuevo disparo provocó más gritos, al tiempo que ella llegaba al final del pasillo y giraba para salir de allí, mientras nuevamente la bala se desviaba, y esta vez golpeaba una luminaria en el techo, la cual explotó casi al instante.
Fang Leng miró a aquel hombre al final de pasillo alzar el brazo y apuntar su arma contra ella. Se escuchó la detonación, y al tiempo que volvía a desviar aquella bala que habían dirigido contra su cabeza (la cual impactó uno de los refrigeradores, rompiendo la puerta de vidrio, y desparramando cristales en el suelo), volvió a cambiar de dirección, escondiéndose en otro de los pasillos.
Sin embargo, no había avanzado ni un par de metros, cuando otro hombre la interceptó, y tacleándola, la aprisionó contra el suelo.
Su grito de dolor quedó ahogado por el grito de terror de aquella mujer que la miró caer.
-Fuera –dijo el hombre, con lo que la desconocida no se lo pensó dos veces, y se apuró a correr lejos de allí.
-Muy bien –dijo otro de los hombres, a quien Fang Leng no pudo mirarle el rostro, pues se encontraba detrás de ella-. Hagámoslo rápido.
Apuntó su arma contra ella, y dirigiéndola contra su nuca, jaló el gatillo.
La detonación les confirmó que la bala había sido disparada, y, sin embargo, el proyectil se impactó contra la loseta del piso, a escasos centímetros de su blanco.
-¡Maldita zorra! –gritó el hombre, con lo que se apuró a agacharse, y con su compañero aun clavando su rodilla contra la espalda y sujetando las manos de su rehén, procedió a jalarla de los cabellos. Fang Leng no tuvo de otra más que mirarlo de vuelta-. ¿Te crees muy graciosa?
Como respuesta, ella le escupió en la cara.
Entonces, el arma del hombre salió disparada de su mano, y cayó lejos de los tres. Por si aquello no hubiese sido suficiente, las municiones no tardaron en salir del cargador, y se desparramaron debajo de un anaquel, ahora completamente inalcanzables.
-De acuerdo, Fafner –dijo el hombre, soltándola, pero, aun así, visiblemente disgustado-. Se hará como tú quieras.
Le dirigió una mirada a su compañero, y así, fue esta vez el otro hombre quien procedió a jalarle el cabello, obligándola a ponerse de pie. Un brazo se enroscó alrededor de su cuello, y comenzó a presionarla. Fang Leng no tuvo de otra más que sujetarse con ambas manos de aquel brazo, intentando pelear por conseguir el respirar. Sin embargo, sabía que era imposible. Podía controlar objetos a su antojo, pero el cuerpo humano estaba fuera de su mando.
-Hazlo rápido –dijo el hombre, mientras se limpiaba la escupida que había recibido en pleno rostro.
Emitiendo un gruñido por respuesta, su compañero alzó a Fang Leng, impidiéndole tocar el suelo, y con un veloz movimiento, provocó el cuello de la mujer emitiese un mortal crujido.
Y entonces, liberando aquella opresión, soltó a la fémina, con lo que el cuerpo inerte de Lee Fang Leng, cayó al suelo emitiendo un ruido sordo, donde prontamente se vio rodeado por aquel mar de sangre.
Es mi primer intento de gore, espero no haya quedado tan soft (?
Los siguientes capítulos igual contendrán un poco de este tipo de contenido, pues las cosas empezarán a moverse ya a pasos agigantados (?
Gracias por la paciencia (?
Ribo~
