Capítulo 15

Estela


Era de mañana. Se dirigían como cada mañana rumbo a la escuela, y mientras caminaban por las calles de Tomoeda, la universitaria ponía al profesor al tanto de lo que había ocurrido la noche anterior.

-¿Las dos? –preguntó el joven, mientras caminaban por el parque pingüino-. ¿Segura que escuchaste bien a Fye? –Meilin asintió-. Recuerdo que Daidouji mencionó que eran familia… Lo investigaré por la tarde. Si hago las preguntas correctas, estoy seguro de que la consejera escolar me permitirá revisar sus expedientes.

Se despidieron un par de minutos después. Aquella vez no regresarían juntos a casa, pues Meilin regresaría a la veterinaria a continuar con su trabajo de medio tiempo, y Syaoran haría lo posible por recolectar aquella información sobre sus alumnas, por lo que prometieron verse para la cena, y así, discutir lo encontrado con Fye y Kurogane. De ese modo, mientras Meilin se dirigía a la universidad, el profesor Li emprendió la caminata rumbo a la preparatoria Seijo, donde al estar a un par de cuadras, varios alumnos lo saludaron, al tiempo todos se dirigían al colegio.


-¡Fye! –exclamó el chef.

-Dis… disculpe –fue la respuesta del rubio.

El plato había caído al piso, y tras haberse roto, todos los cannolis golpearon el suelo, partiéndose y derramando su relleno cremoso-. Yo lo limpio…

No esperó a que nadie se acercase, y tampoco esperó que nadie ayudase. Sabía que era su culpa, y por tanto él debía de limpiar todo, con la consecuencia de que lo desperdiciado se descontaría de su paga. Y aun así… el mirarse las manos una vez más hizo que no pudiera concentrarse.

Ahí estaba, o más bien, ya no se encontraba aquella estela de magia que había almacenado dentro de su cuerpo. Bastaba únicamente un contacto con la piel de aquellas féminas para guardar dentro de sí un poco de aquella magia que fluía como agua. Y ahora, aquel par de rastros de agua pertenecientes a las gemelas Lee habían desaparecido, dándole la sensación de haberse secado por dentro.

No había otra explicación. Si su magia se había visto evaporada, solo podía concluir que sus vidas habían llegado a su fin.

Aquello había ocurrido mucho más pronto de lo que había siquiera imaginado.

El tiempo se acababa.

Ignorando los cannolis que seguían en el piso, Fye se quitó el delantal, y tras dejar sus cosas en una encimera cercana, salió de la pastelería, incapaz de creer que ya era la hora de poner todo en movimiento.


Lo miró salir de entre la multitud, y cuando estuvo seguro de que el alto y fornido hombre lo miraba también, el rubio se limitó a guardar el celular en el bolsillo del pantalón, e iniciar la caminata en sentido contario. Kurogane no tardó en seguirlo.

No dijo nada, sino que se limitó a apurar el paso para quedar a la par, y así, él y Fye procedieron a alejarse de la central de abastos, rumbo al centro de la ciudad.

-¿Qué ocurrió? –preguntó el moreno, al tiempo que caminaban con paso veloz.

-No estoy seguro –fue la repuesta del rubio-. Fue apenas cuestión de minutos, cuando sus rastros de magia simplemente desaparecieron. Xie Fang y Fang Leng han sido borradas del medio. No se suponía que fuese así…

Kurogane no contestó, y continuaron caminando hasta llegar al parque pingüino, donde finalmente, el hombre preguntó:

-¿Qué es lo que quieres que se haga?

-Yo… -Fye estaba por contestar, cuando aquel ardor volvió a inmovilizarle las manos, y de paso, todo el cuerpo. Dándose cuenta de que no había obtenido respuesta a su pregunta, y se encontraba solo, Kurogane se detuvo, se giró y clavó su mirada en el rubio, mientras Fye no podía hacer nada más que mirarse las manos, asustado.

No necesitaba ser un genio para saber qué había ocurrido.

-¿Quién fue? –preguntó Kurogane.

-Fei… Fei Mei –fue la respuesta de Fye.

-Queda solo una –dijo el hombre, y sin dar oportunidad de que Fye o él mismo pudiesen asimilar lo que acaba de ocurrir, emprendió de nueva cuenta la caminata rumbo al departamento. Fye no tuvo de otra más que seguirlo.

-¿Qué haremos con Xiao Lang?

-No podrá hacer mucho si no encuentra a la persona que debe ayudar al clan.

-Pero, ¿no la habíamos encontrado ya? -susurró el rubio.

-Hasta el momento, no sabemos cuál de las dos es la elegida. Y olvidas un detalle: son simples estudiantes de preparatoria –interrumpió Kurogane, subiendo por las escaleras de emergencia, incapaz de ser lo suficientemente paciente como para esperar por el elevador-, ¿qué te hace creer que ellas sabrán qué hacer? Aún mejor, ¿crees que estarán dispuestas a ayudar?

-Kuro…

Pero el alto y fornido hombre continuó hablando, ignorando a Fye.

-Ya cayeron tres miembros del clan. Xie Fang, Fang Leng y Fei Mei. ¿Cuánto tiempo pasó entre cada una?

-Un par de horas, a lo mucho.

-¿Y qué te hace suponer que no las estaban siguiendo? El que las hayan encontrado casi al mismo tiempo me lleva a suponer que solo es cuestión de tiempo para que Fuu Tie sea la siguiente. Y si nosotros estamos con Xiao Lang, eso significa que los cinco hijos de Hien Lang

Se detuvo frente a la puerta del departamento, y sin esperar a que Fye respondiese, se apuró a abrir. Aun pegado a sus talones, el rubio lo siguió hasta la habitación que compartían, y miró como Kurogane sacaba la maleta de su acompañante, de debajo de la cama, donde tras abrir el doble forro de la misma, le mostró aquel par de dagas que el último miembro del clan D. Flourite había introducido al país de contrabando. Sus armas.

-Te pregunto una vez más –dijo el moreno, al tiempo que de debajo de su cama procedía a extraer una katana que había comprado hacía un par de semanas-. ¿Qué es lo que quieres que se haga?

Fye clavó su mirada en aquel par de dagas, incapaz de responder. Se le había prometido tanto… Los recuerdos de aquella lluviosa noche, cuando había visto a sus padres ser asesinados a sangre fría, regresaron a él. Aquel frío que le caló hasta los huesos, la lluvia torrencial que cayó sobre su débil cuerpo de apenas cinco años, el pie que empujó su cara contra el suelo. La petición…

-Harás todo lo que yo te diga, si quieres vivir.

-¡No me importa! –espetó con toda la rabia que su pequeño cuerpo le había permitido.

Y era verdad. No le importaba vivir. Sin embargo…

-Entonces, harás todo lo que yo te diga, si quieres que él siga vivo.

-¡Fye!

Aquel otro diminuto cuerpo de cinco años, cabello rubio y ojos azules como los suyos fue arrojado contra el suelo, donde se limitó a lloriquear, asustado.

-¡Yuuki! ¡No le hagan daño!

-Entonces, harás todo lo que yo te diga –repitió el hombre.

Y fue así como su vida cambió por completo.

-¿Fye?

-Lo sé –dijo el aludido, mientras hacía un esfuerzo sobrehumano para no llorar, y para evitar que Kurogane viese su rostro, se apuró a tomar aquel par de dagas-. Será mejor terminar ya.


-¡Buenas tardes! –saludó Meilin como cada tarde. Había un par de personas esperando ser atendidas por el doctor, sujetando un cachorrito, que le regresaron alegremente el saludo.

Como la puerta del consultorio se encontraba cerrada, Meilin sabía que Touya se encontraba en plena consulta, por lo que indicó a la pareja que esperaran, y dentro de poco serían llamados.

Apenas cinco minutos después, Touya y un hombre bajito, sujetando una jaula que llevaba dentro un periquito, salieron del consultorio.

-Muchas gracias, doctor –dijo el hombre, y tras despedirse de Meilin, salió de la veterinaria con una sonrisa.

-Haz llegado temprano –dijo Touya, al ver a Meilin, sentada detrás del mostrador. La universitaria se limitó a encogerse de hombros.

-Solo tuve examen de chino. Se suponía que vería a mi asesor de tesis, pero me indicaron en administrativo que se encuentra incapacitado hasta la siguiente semana… Así que decidí mejor venir a trabajar aquí.

Touya no respondió, sino que se limitó a asentir, y mirar a las personas que se encontraban en espera.

-Adelante –les dijo Touya, con lo que la pareja sujetó a su cachorrito, y los tres entraron al consultorio.

Meilin se dedicó a revisar la bitácora de aquel día. Touya había atendido, además del periquito, a un par de gatos, dos perros, dos hurones, un conejo, y una tortuga. Al parecer había sido una mañana algo movida, y cuando aquello ocurría, Touya no tenía tiempo para terminar de rellenar la información de las consultas que había dado. Fue por ello que Meilin procedió a revisar los expedientes, y a terminar de rellenar aquella información que se encontraba aun incompleta, incluyendo datos de las mascotas, sus dueños, y los medicamentos e indicaciones que les habían sido asignados a los pacientes.

No tuvo tiempo para sacar sus apuntes de filipino, cuando Touya y aquella pareja, salieron del consultorio.

-Muchas gracias, Doctor Kinomoto –dijo la mujer.

El cachorro, en brazos del hombre, dio un lengüetazo a la mano de Touya, quien se limitó a sonreírle.

-No olviden volver a traerlo dentro de dos semanas para su siguiente desparasitación.

-De acuerdo –asintió el hombre-, ¿cuánto le debo?

-Una vacuna contra la rabia y un desparasitante, Meilin –indicó el doctor a la muchacha, quien se apuró a asentir, y buscar la tabla de costos entre sus archivos anclados en el escritorio de la computadora-. Ella se encargará de cobrarles –indicó Touya.

No tardó mucho. Un par de minutos después, con la tarjeta ingresada en la terminal, el importe cobrado, y el ticket entregado, Meilin se despidió de la pareja (recibió ella también un lengüetazo por parte del perrito), y así, se despidió de los clientes, con una sonrisa.

Estaba guardando aquel ticket, y registrando la consulta en la bitácora del día, cuando Touya se detuvo frente a ella, mirando la hora en su reloj.

-Es algo temprano, pero, en vista de que he terminado con los pacientes programados del día, ¿te parece ir a almorzar algo?

-¿Juntos? –fue la respuesta de Meilin, incapaz de creer que aquello estuviese pasando.

-Sí, juntos –dijo Touya, sin entender el efecto que aquellas palabras habían provocado en la universitaria.

-¡C-claro! –dijo algo nerviosa-. ¿Está bien si subo un instante a mi departamento para dejar mi mochila? ¡No tardaré!

-Descuida –fue la respuesta de Touya, mientras miraba a la joven bajar del banquillo, y apresurarse a dar la vuelta al mostrador-. Te espero. Aún tengo que cerrar y poner la alarma.

Meilin no esperó a que se lo dijesen dos veces, y se apuró a salir de la veterinaria. Con una sonrisa de oreja a oreja, corrió al recibidor del edificio de departamentos, y entró al elevador. Mientras subía, no pudo evitar balancearse en sus puntas y talones, ansiosa. ¡Era la primera vez que iría a comer con el doctor Kinomoto! ¡E irían solos! ¿Era aquello una cita?

Se le colorearon las mejillas, y continuó así, mientras se dejaba llevar por sus ensoñaciones, cuando salió del elevador, y procedió a volar por el pasillo. Se detuvo frente a la puerta del departamento, y fue allí, cuando regresó lentamente a la tierra. Que extraño. La puerta estaba entreabierta. No se suponía que hubiese nadie en casa en aquel momento. Syaoran, Fye y Kurogane, los tres se encontraban trabajando a esas horas…

No supo por qué, pero, en vez de retirarse, procedió a abrir la puerta, y entrar. Dejó entreabierto, mientras asomaba el cuerpo lentamente, mirando el comedor, la sala… Escuchó un par de voces en las habitaciones, y apenas había dado un par de pasos dentro del departamento, cuando una enorme llamarada de fuego se abalanzó sobre ella, empujándola contra la puerta, donde chocó provocando un ruido sordo, y resbaló hasta el piso, apenas consciente.

La llamarada de fuego creció y se expandió, cubriendo todo el departamento. Meilin hizo lo posible por cubrirse el rostro, sintiendo como aquel fuego le quemaba la ropa y la piel. Se le quemaba la garganta, le era imposible respirar, y podía sentir ya como se le nublaba la mente. Tenía solo que arrastrase un par de pasos atrás, para poder abrir la puerta (la cual se había cerrado de un portazo cuando había chocado contra ella), y salir de allí, pero su cuerpo se negaba a moverse.

No podía gritar, pues apenas y podía respirar. Allí, en aquel sofocante lugar, no podía ni llorar para expresar lo mucho que dolía la piel, poco a poco achicharrándose.

Necesitaba ayuda, y rápido. Caso contrario, moriría.


Parte 2 de las cosas acelerándose. El próximo capi será un poco menos movido, pero no por ello menos revelador (?

Tengan un bonito fin de semana ^^