Capítulo 16

Vida


El profesor Li se había entretenido aquella tarde en la dirección, conversando con la consejera escolar Mihara, a quien había podido endulzar el oído, y utilizando una vez más la excusa de estar preocupado con sus resultados académicos de sus alumnos (y como estos podían tener un motivo en su entorno social y familiar), finalmente había conseguido que la mujer le prestase los expedientes de Kinomoto Sakura, y Daidouji Tomoyo.

Se había igualmente entretenido un rato en la sala de juntas, leyendo varias de aquellas hojas, con lo que pudo comprobar que, tal como había dicho Daidouji la primera vez que se había entrevistado con ella con la excusa de darle clases extracurriculares, efectivamente las dos muchachas estaban emparentadas.

Amamiya. Aquel era el apellido de soltera que compartían sus madres. Muy probablemente fuesen hermanas o primas, lo que volvería a Sakura y Tomoyo en primas o primas segundas. Aquel apellido era el que buscaba. El Clan que necesitaba. La única duda que quedaba ahora era quién de las dos chicas era la indicada, según los sueños proféticos de su madre. Debía idear un plan para poder acercarse a ellas y revelar su identidad, así como sus intenciones.

Empezando a organizar sus pensamientos, probabilidades y estadísticas de contar con ayuda o una negativa, el profesor Li se apuró a guardar todo en su maletín, y salir de la sala de profesores.

Había salido a la misma hora que el resto del alumnado salía de sus clubes extracurriculares. Fue por ello que se encontró con un mar de estudiantes que salían del colegio, y se dirigían a sus casas. Se despidió de un par de caras conocidas, hasta que, al continuar avanzando porlas calles del centro de la ciudad, y los grupos de alumnos empezaron a perderse en calles aledañas, se fijó en aquellas dos cabelleras inconfundibles, acompañadas por un chico de cabello negro azulado. Acelerando un poco el paso, se apuró a darles alcance.

-Buenas tardes, Daidouji, Kinomoto -saludó el profesor, con lo que las dos alumnas se giraron para mirarlo, y saludarlo del mismo modo. Eriol, quien las acompañaba aquella tarde, se giró también-. Li Syaoran -se presentó el profesor sustituto.

-Hiragizawa Eriol -fue la pronta respuesta del muchacho, con lo que ambos varones se apuraron a dirigirse una cordial reverencia.

- ¿Van a casa? -preguntó Syaoran.

El trío se apuró a negar.

-Primero pasaremos a la veterinaria de mi hermano -explicó Sakura, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no sonrojarse, cuando se vieron caminando a la par del profesor Li, quien, curiosamente, había quedado junto a ella-. Hoy es su cumpleaños.

-¿29 de febrero? -preguntó Syaoran, recordando la fecha-. Un nacimiento sumamente especial, ¿no es así? -las dos muchachas asintieron-. Esperar cuatro años para celebrarlo, ha de ser una fiesta sumamente esperada.

-Touya no es mucho de fiestas -dijo Tomoyo, pensativa-. Además, el profesor Fujitaka no está en la ciudad, así que solo seremos nosotros cuatro.

-¡Y Yukito! -dijo una sonriente Sakura.

-A Touya nunca le ha gustado mucho el jaleo -continuó Eriol-. Será inclusive difícil convencerlo de comer pastel…

-Pero, Yukito lo llevará, ¿no es así? -preguntó Tomoyo.

-Pensé que habían dicho que el doctor Kinomoto no gustaba de pasteles -se preguntó Syaoran, mientras continuaban caminando, esta vez por el parque pingüino.

-Es cierto -respondió Sakura-, pero a Yukito le encanta, y él se encargará de que mínimo lo pruebe.

Syaoran no pudo evitar preguntarse qué clase de poder de convencimiento tendría el tal Yukito, cuando sus pensamientos fueron interrumpidos por la mujer que, corriendo en dirección contraria, lo golpeó en el hombro. Miró a la mujer seguir corriendo a trompicones (no se giró ni detuvo para disculparse), y como un par de pasos más adelante, gritaba:

-¡Los bomberos! ¡Que alguien llame a los bomberos!

-¡Oh por dios, mira! -exclamó Tomoyo a nadie en realidad, con lo que el profesor Li volvió a mirar al frente, y finalmente entendió porque aquella mujer corría: una enorme columna de humo se alzaba en el cielo. Si su sentido de la ubicación no le fallaba…

-Sakura, ¿no es esa la dirección del consultorio de…?

-¡Touya! -exclamó la joven, con lo que emprendió la carrera.

Tomoyo, Eriol y Syaoran no tardaron en seguirla, y así, cruzando la calle a toda velocidad (un par de autos les pitaron, y la mayoría se detuvo por completo al ver aquella enorme columna de humo), finalmente se vieron detenidos una calle antes, por el cerco de seguridad que la policía había instalado.

-¡Déjenme pasar! -chilló Sakura -mi hermano está allí dentro.

-Haremos todo lo posible por extraer al mayor número de sobrevivientes, señorita -le informó un oficial, impidiéndole el cruzar la cinta de seguridad-. Por favor, espere detrás de la cinta.

-¡El mayor número de sobrevivientes, nada! -gritó Eriol de vuelta-. Tienen que sacarlos a todos de allí. ¡Son familias enteras! ¡Con niños y ancianos!

Pero el muchacho sabía, como todos los oficiales, y los vecinos chismosos que se habían reunido, que aquello sería casi imposible. Las llamas tenían una altura de casi cuatro metros, y cubrían el edificio por completo. Los bomberos finalmente habían llegado, y mientras unos intentaban encontrar una manera de subir a los pisos superiores, otros más se distribuían ingresando en los locales, buscando víctimas que hubiesen quedado atrapadas.

-¡Touya! -exclamó Sakura una vez más, cuando vio a un par de bomberos detenerse frente a las puertas del consultorio veterinario, y finalmente abrirlas.

Y sin poderse contener, dio la vuelta al oficial que se encontraba ahora distraído, se deslizó por debajo de la cinta de seguridad, y corriendo a toda velocidad, llegó al pie del edificio, donde el calor sofocante, así como aquel crujido que indicaba que el edificio poco a poco se estaba debilitando, y no tardaría en colapsar, le impidió avanzar más.

-¡Touya! -volvió a gritar desesperada-. ¡Por favor, por favor! -se dijo a sí misma, mientras las lágrimas recorrían su rostro-. ¡Que no se muera! ¡Hoy es su cumpleaños! ¡Touya no puede morir! ¡Viene Yukito, y trae el pastel! ¡Por favor, Touya, no mueras!

Una llamarada se alzó delante de ella, y el crujido del edificio finalmente cediendo, provocó que gritase con todas sus fuerzas, al tiempo que un par de bomberos la jalaban, casi a rastras, para protegerla de la humareda de escombro que se había alzado. Sofocándose en aquella nube de ceniza, se debatió en la completa oscuridad durante un par de minutos. Mientras ella intentaba volver a acercarse al edificio (gritando su mantra), los bomberos intentaban aun contenerla, mientras peleaban por colocarle una máscara de oxígeno, para permitirle respirar aire limpio.

-¡Esta vivo! –se escuchó un grito proveniente del edificio-. ¡Necesitamos oxígeno!

-Estoy bien –dijo aquella voz, con lo que Sakura finalmente se quedó quieta, escuchando atentamente-. Atiendan primero a los heridos.

-¡Touya!

La joven volvió a jalonearse, y finalmente tras dar un par de codazos, se soltó de los bomberos, corriendo a dejarse caer junto a su hermano, quien se encontraba tirado en el suelo. Sin pensarlo, le colocó su propia máscara de oxígeno sobre la nariz y boca.

-¿Te encuentras bien? –preguntó apresuradamente, mientras veía como tenía un par de golpes en el rostro, los bordes de la bata chamuscada, y un corte en la pierna derecha, la cual empapaba su roto pantalón.

-Nada que no sane –fue la respuesta del veterinario. Sin embargo, antes de poder siquiera dejarse colocar bien la máscara de oxígeno, perdió el conocimiento.

-¡Touya! –volvió a gritar Sakura, y antes de que siquiera pudiese sujetarlo de los hombros, los paramédicos se apuraron a intervenir.

Una camilla, y finalmente una nueva máscara de oxígeno colocada en su lugar, se apuraron a subirlo a una ambulancia.

-¡Soy su hermana! –fue todo lo que Sakura tuvo que decir para que la dejasen subir.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Tomoyo, al bombero que lo había sacado del edificio, mientras descansaba en la banqueta, intentando recuperar el aire.

-La losa le cayó encima, sobre la pierna –fue la respuesta del hombre, mientras tomaba agua-. Pero creo que igualmente sufrió daño en las costillas.

No dijo nada más. Se limitó estrujar la botella ya vacía y dársela a la chica, con lo que se puso de pie, y asegurándose de que llevaba todo, se apuró a volver a entrar al edificio. Después de todo, no sabían quién más podría estar atrapado debajo de aquella pila de escombros.

-¿A qué hospital están llevando a los heridos? –preguntó Tomoyo al conductor de una nueva ambulancia que acaba de llegar.

-A la clínica Tsukimine.

No necesitó decir nada más. La chica asintió en agradecimiento, y sin perder un segundo, regresó junto a su profesor sustituto de matemáticas.

-Tengo que irme –dijo la joven-. Sakura se ha ido con Touya. Y estoy segura de que no ha avisado al profesor Fujitaka. Tendré que hacer un par de llamadas durante el trayecto.

-Te acompañaré -dijo Eriol prontamente.

Syaoran se limitó a asentir, mientras su mirada seguía desviándose al edificio, y como parecía ser que sería casi imposible para los bomberos el entrar a buscar más heridos.

-¿Estará bien si lo dejamos solo, profesor? –preguntó Tomoyo-. Digo, acaba de perder su casa…

-Estaré bien. Ve con Kinomoto. Ellos los necesitan más.

Tomoyo asintió, Eriol hizo lo mismo, y sin perder un segundo más, los dos muchachos se alejaron de allí a toda velocidad. Tendrían que caminar un par de cuadras antes de poder encontrar un taxi, por lo que apuraron el paso, casi corriendo, mientras Syaoran continuaba con la mirada en el edificio, que aun ardía.

La mitad se había desplomado ya. Era cierto, su departamento se había perdido por completo. Ubicado un par de pisos arriba de la clínica veterinaria, lo único que quedaba de aquella parte del edificio era vil escombro humeante.

Se preguntó si Fye, Kurogane y Meilin ya se habían enterado por las noticias, o sería mejor llamarles, para ponerlos al tanto antes de que regresaran a casa. Pero entonces, se percató de dos cosas.

Uno, a esa hora, Meilin ya debería estar en casa. O como había acostumbrado los últimos días, trabajando de medio tiempo en la veterinaria. ¿Por qué, entonces, los bomberos solo habían encontrado al doctor Kinomoto?

Y lo segundo, fue ver aquel par de sombras que se movieron velozmente, desde la cima de la pila de escombros, hasta un tejado cercano. No había duda: aquel cabello rubio y aquella cabellera pelinegra no podían ser más que Fye y Kurogane. Pero, ¿no se suponía que debían estar en el trabajo? A diferencia de él y Meilin, ellos sí solían regresar tarde a casa. ¿Por qué se encontraban allí, y peor aún, con lo que parecía ser prisa por marcharse?

Estuvo tentado a dirigirse allí corriendo. ¡Podía haber sido un atentado de los Reed, quienes finalmente los habían encontrado! Fye y Kurogane deberían de tener información que sería de vital importancia compartirla inmediatamente. Y, sin embargo, cuando no había dado ni dos pasos, pudo ver la triste mirada de Fye clavarse en sus ojos.

El par de segundos que se quedaron mirándose el uno al otro, Syaoran pudo comprobar que tanto Fye como Kurogane, portaban sus armas.

Aquello le dio mala espina.

Algo pasaba.

No, algo había pasado.

Kurogane se limitó a fruncir el entrecejo, y sin más, ambos volvieron a dar un gran brinco, y desaparecieron de la vista.

¿Habían sido ellos los culpables de aquel incendio?

¿Huían porque sabían que el departamento no tenía salvación?

¿Habían sido traicionados?

Y entonces, abrumado aún por la realidad, Syaoran no pudo evitar gritar:

-¡Meilin!

Tenían que sacarla con vida de allí.


Tengan bonito inicio de semana :p

Yo voy al rato al dentista, así que deséenme suerte (?

Ribo~