CAPÍTULO 21

CASTILLO DE ARENA

—¡¿Esta es tu casa?! – preguntó Haru emocionada viendo el enorme jardín de estilo europeo con fuentes y caminitos que le daban la bienvenida.

Cada flor, árbol e incluso el pasto lucía en perfectas condiciones formando una visión de colores vivos que se extendía hasta la entrada.

—Sí y ahora también es tu casa. Puedes jugar en cualquier parte que quieras – afirmó Junta quien llevaba a Takato en brazos hacia la entrada seguidos de: Haru, Sasaki, Ramiro y Chihiro.

—¿En serio también es mía? – preguntó la de ojos ámbar expectante.

—Sí es tuya y de tu mami. – respondió el otro mostrando una sonrisa genuina, pues desde que habían salido del hospital y durante el camino, la pequeña había permanecido en silencio dejándose guiar por los adultos. Una actitud por demás impropia de ella; así que verla nuevamente animada y hablando con naturalidad era lo único que pedía.

—Chunta… puedo caminar – susurró Takato con tono nervioso. El que lo llevaran cargado cual princesa ante la vista de todos hacía que el rubor subiera a sus mejillas y fuera incapaz de mirar a los demás.

Siendo doblemente vergonzoso por el hecho de que seguramente para los presentes era más que claro que entre él y Junta había algo más, claro, sin contar a Haru.

—¡De ninguna manera! el doctor dijo "reposo absoluto" y así será – Habló Chunta con voz decidida. — Además, me encanta tenerte entre mis brazos. - Eso último dicho en un susurro muy cerca del oído del ojiazul.

Ante las palabras de Junta, este decidió no discutir, pues siendo honesto, Takato se sentía igual de bien al ser tratado como alguien sumamente valioso. Aunado al hecho de que su corazón se aceleraba y un calor extraño subía por su cuerpo con el simple hecho de ver a Junta.

Así, nuevamente las comparaciones no se hicieron esperar. Su vida había dado un giro de 360°. Desde el momento que Chunta estuvo con él en el hospital, el mayor se había desvivido en atenciones y mimos para con Takato y Haru. No se había despegado de su lado y se mantenía alerta ante cualquier cosa que tanto él como su hija pidieran. Un trato que jamás había recibido de Himura; pues si bien el Yakuza lo llenaba de cosas materiales, el trato indigno siempre estaba presente.

En cuanto el nombre se le vino a la cabeza, inconscientemente llevó su mano hacia donde la ya inexistente marca se suponía que se encontraba. El solo pensar en aquel sujeto hacía que un miedo paralizante lo controlara; entonces, recordó lo que Junta le había dicho: "Himura se encuentra en la cárcel por todos los delitos que cometió, entre los clanes lo entregamos. No volverá a hacerte daño jamás, ni a ti ni a Haru."

Aún había muchas cosas qué aclarar, pero esa oración le había quitado un enorme peso de encima, uno que al no estar ya presente le hacía sentir extraño, como cuando se ha vivido en la oscuridad y al salir y mirar por primera vez, los rayos del sol te encandilan, pero pasando aquello comienzas a apreciar los colores y formas, dándote cuenta que había toda un mundo fuera.

Acostumbrarse a vivir sin miedo, sin tener que pretender ante su hija que los huesos no le dolían o mostrar una sonrisa al causante de su agonía, sería algo completamente nuevo y que salía del molde en el que por tantos años había estado inmerso.

Era abrumador; aun así, poder estar sin esa horrible sombra a su lado llamada Himura lo valía con creces pues al fin podía saborear la libertad que por tanto tiempo había anhelado y que ahora era posible gracias a Junta.

Inmerso en sus pensamientos, Takato no notó que un enorme gato blanco con un moño azul brillante corrió frente a ellos sacándolos de balance hasta posarse en los brazos de la pequeña de ojos dorados, quien en cuanto lo vio saltó sobreexcitada.

—¡COPITO! – gritó al tiempo que abrazaba con fuerza a su chiflado amiguito. —¡Ese moño se te ve muy bonito! ¿tienes hambre?, ¿quieres que te dé atún? – preguntó la nena recibiendo un "miauuu" desesperado como respuesta.

—Je-fe… A-zu-ma-ya… disculpe, se me escapó de las manos – dijo apenado uno de los subordinados del clan que había corrido como loco para poder alcanzar al gato y que ahora colocaba la mano en su pecho para controlar su respiración.

—No te preocupes, el gato solo quería estar con su dueña.

—¿Eso es un gato? – preguntó Ayagi quitándose los lentes. ¡Pero si parece un puerquito! – exclamó sorprendido al ver su tamaño.

—JAJAJA, es que la patroncita le da mucho de comer – explicó Ramiro.

—¡¿Dijo que le va a dar atún…?! Ese gato trae como 20 atunes en la panza – replicó el castaño. A lo que Ramiro y Sasaki solo rieron.

—Déjalo ser, rechoncho se ve más pechocho. Te empezaré a dar atún a ti también – dijo el moreno con tono juguetón al tiempo que pellizcaba las mejillas hundidas de Chihiro.

—Si vuelves a insinuar que estoy muy delgado olvídate de tus carnitas asadas de "El metate." – Amenazó.

Como resultado, Ramiro cerró la boca.

—¿Cómo es que…

—Me moví rápido para que el gato estuviera con Haru – dijo Junta leyendo lo que Takato quería preguntar. A lo que este solo asintió y sonrió, pues estaba encantado con la expresión de su niña; ya que su rostro (aunque lastimado) irradiaba esa alegría tan característica de su rayo de sol. Y al verla así, no podía evitar agradecer en su corazón a Chunta por cómo los estaba tratando.

Mientras tanto, Junta estaba el doble de complacido, pues ver tanto a Takato como Haru felices, era todo lo que podía pedir. Y Sasaki, que no perdía detalle de cómo se desarrollaban las cosas, solo rogaba por el bienestar de todos y que nada los separara.

—¡Listo, llegamos!, ¡Bienvenidos a casa Takato y Haru! – pronunció emocionado Junta en cuanto las puertas de la mansión se abrieron dejando ver espacios enormes, iluminados y exquisitamente decorados, acompañados de una dulce fragancia que se colaba en la nariz.

—¡Woow! ¡Que linda! – exclamó Haru en cuanto puso un pie dentro, expresión que Takato arremedó, pero con la diferencia de que su voz apenas si fue audible; sin embargo Junta, que se mantenía atento a sus reacciones pudo escuchar perfectamente.

Este último, había pedido que toda la casa estuviera iluminada y con flores en cada rincón. Quería mostrarles solo cosas bellas a ambos y que en verdad sintieran libertad de ser y andar donde quisieran.

Al percatarse de la presencia de los recién llegados, de inmediato los sirvientes y miembros del clan que no quisieron abandonarlo aún después de saber que este se desintegraría, se aproximaron para rendir sus respetos a los nuevos inquilinos.

Junta los miró a todos y dijo:

—Como ya saben, a partir de hoy Saijo-san y Haru-chan vivirán con nosotros. Quiero que estén bien atendidos todo el tiempo, ambos serán sus nuevos amos y no toleraré ni una sola falta de respeto. ¿Entendieron? – sentenció con voz amenazante. A lo que de inmediato todos asintieron.

—Bue-buenas tardes. Me llamo Saijo Takato y ella es mi hija Saijo Haru. A partir de hoy estaremos a su cuidado, por favor sean amables con nosotros. – Dijo el azabache inclinando la cabeza.

Haru, que estaba un poco sorprendida al escuchar que la habían presentado con otro apellido, imitó la acción de su mami sin decir una palabra, pues en su pequeña cabecita pensó que por ahora seguro él tampoco quería decir el nombre de su papá.

—Es un gusto poder conocerlos. Estaremos encantados de servirles. – Habló la mujer que parecía ser la encargada de que todo en la mansión funcionara. —La comida ya está servida, pueden pasar al comedor en cuanto lo deseen.

Ninguna de las personas presentes miró con malos ojos a los recién llegados ni hicieron gestos por como lucían, ni cualquier otra cosa que denotara rechazo. Habían sido tan amables que Takato sintió como su pecho se calentaba.

Tan diferente… - pensó.

La comida había transcurrido con normalidad, pláticas banales y un desfile de platillos pasaron por sus narices. Todo el menú había sido de primera y se notaba que para este se habían escogido ingredientes que eran completamente del gusto de Takato y Haru. Pero lo mejor fue cuando el postre llegó, pues ambos abrieron los ojos como platos en cuanto las rebanadas de un pastel de chocolate que llenaba tanto la vista como el paladar fue puesto frente a ellos.

—¿Cuándo había sido la última vez que había disfrutado una comida así de relajada, deliciosa, agradable y en compañía de otras personas? - Fue la pregunta que Takato se hizo mientras recogían el último plato sobre la mesa.

No, ni siquiera la pregunta había sido correcta, pues no había un punto de referencia con qué compararlo, aunque sus comidas con su hija siempre las había disfrutado, esas eran punto y aparte. Porque convivir con otros sin miedo a decir algo de más o temer por una paliza si mostraba su sonrisa, era algo que nunca antes había experimentado.

Fue entonces que se preguntó: —¿Hasta qué punto permití que esa persona controlara mi vida?

Darse cuenta de que: hablar, caminar, incluso hacia dónde y que ver eran parte de ese control, le dolió. No fue hasta que Junta le llamó, que los malos pensamientos volaron.

—Mi amor, ¿te gustó? – preguntó curioso Junta asegurándose de que la pequeña no escuchara la forma cariñosa con la que llamaba a Takato.

—Sí, todo estuvo delicioso – sonrió el azabache. —Gracias.

—No tienes nada qué agradecer – dijo tomando su mano bajo el mantel. Recibiendo un apretón en esta como recompensa. Justo ahora se encontraba disfrutando el mejor sueño de su vida.

Posteriormente, los cinco adultos cambiaron de escenario. Ahora, era la sala la que los recibía. Era momento de hablar de cosas serías, pero la presencia de Haru se los impedía; aun así, pedirle que se retirara cuando apenas conocía el lugar era cruel y grosero.

Además, la pequeña parecía querer estar todo el tiempo junto a Takato; por lo que junta optó por mandar traer el Ipad que le tenía como regalo y unos audífonos blancos personalizados con orejas de gatito.

De esa manera la pequeña permaneció junto a su mami, pero sin enterarse de cosas que no necesitaba saber.

—Seré breve, acabas de salir del hospital y necesitas reposar. Así que te resumiré las cosas – dijo Ayagi con su voz usual. —Si algo no entiendes, ya le podrás preguntar a Azumaya.

Takato asintió.

—No sé si tú lo sabías, pero Himura tenía semanas siendo vigilado por la policía debido a los negocios ilegales que manejaba. Al verse presionado hizo un plan para salir del país contigo y la niña. Me llamó y pidió que le guardara dinero y por si no te has enterado, ahora mismo él se encuentra detenido y sin posibilidad de salir, por lo que esos millones te pertenecen y más vale que los tomes porque es lo único que queda de todo el imperio que creó ya que la policía congeló sus cuentas y embargó sus propiedades. Por eso, antes de que digas que no quieres ese dinero sucio o cualquier otra cosa que tu mente…

—Lo aceptaré – dijo Takato con calma interrumpiendo a Ayagi y dejando a todos con los ojos de plato. —Puede que yo no quiera nada que venga de ese sujeto, de hecho, no lo quiero, pero no puedo mantener a mi hija solo con mi orgullo. No terminé mis estudios, desconozco muchas cosas, no tengo un trabajo y justo ahora vivimos de la buena voluntad de Azumaya san; Sin embargo, al tener esa cantidad podemos dejar de ser dependientes y así aseguro una vida cómoda sin carencias para mi hija y eso es lo único que me importa.

—No digas eso de "buena voluntad". Para mí es un privilegio tenerlos conmigo. Solo recuerda que no estarás solo, todo lo mío es tuyo ahora y puedes disponer de ello cuanto gustes y cuando quieras – recalcó Junta tomando su mano, a lo que el azabache con discreción palmeó pero que terminó retirando para que Haru no lo viera.

—Ya veo que no eres tonto. – Dijo al tiempo que veía como alejaba la mano del otro.

—¡Chihiro! – llamó Ramiro. Obteniendo un "¡qué!" por parte del alfa.

—Como te decía: hoy mismo haré que mis hombres te lo traigan; sin embargo, tengo una condición.

—¡¿Qué dijiste?! – gritaron al unísono: Ramiro, Sasaki y Junta.

—¡Ese dinero no te pertenece es de Takato! No puedes poner condiciones. – Sentenció el ojiverde.

—Chihiro, basta. – Pidió Ramiro sin entender qué rayos pasaba ahora por la cabeza de su flaco.

—¿Cuál es? – preguntó el azabache ignorando la indignación de los demás.

—Quiero que le des una parte a Ramiro por sus años de fiel servicio, es lo menos que puedes hacer por él.

—¡NO LO NECESITO! – Gritó el moreno. – No hables por mí, por favor. – Pidió más tranquilo al notar que nuevamente le estaba levantando la voz al castaño.

—Entonces tenemos un trato Ayagi san. Sé muy bien que Ramiro merece eso y mucho más. Es mi familia y no tengo ningún problema en darle una parte. —Dijo Takato mirando a Ramiro. —Por favor acéptalo, aunque Ayagi san no lo hubiera dicho yo lo habría hecho también, estoy muy agradecido contigo y al menos de esta manera podré mostrarte un poco mi gratitud.

Ramiro con un nudo en la garganta hizo una reverencia.

—Yo soy el que está muy agradecido con usted, patrón.

—Ahora me caes mucho mejor Saijo san – dijo Ayagi tomando la mano de Ramiro.

—Y tú a mí también, mientras hagas feliz a Ramiro. – Dijo mostrando la sonrisa más brillante del mundo. A lo que el moreno respondió de la misma manera.

—Con él estoy muy feliz – dijo aceptando el toque del delgado depositando un beso en la mano.

—Entonces, asunto arreglado. Creo el señor Saijo necesita descansar, pero antes debemos mostrarles la casa. Aquí tengo una silla de ruedas para que se sienta más cómodo. – Indicó Sasaki levantándose por ella.

—Llévatela, es innecesaria, yo lo cargaré. – Dijo Junta al tiempo que se ponía de pie tomando a Takato entre sus brazos.

—Pero qué meloso resultaste Azumaya. – Exclamó Ayagi. —A los jefes les encantaría verte actuando así.

—No tanto como tú que no dejas de tocar y meter en cada media palabra a tu Ramiro – Dijo con tono burlón. Provocando un rojo furioso en la cara del otro.

Apenas iban a hacerse de palabras cuando una vocecita infantil los interrumpió.

—Tío, el video no se quiere ver.

Haru, que seguía inmersa en su mundo, no se percató del movimiento a su alrededor: se puso de pie y caminó hacia Chihiro quien la miró sorprendido cuando la pequeña se refirió a él como "Tío."

—¿Acaba de decirme tío, verdad? – preguntó el castaño a Ramiro, quien asintió con una sonrisa boba en la cara. A lo que el otro, dispuesto a ganarse el afecto de la niña para que el moreno lo quisiera más, se dispuso a resolver su pequeño problema técnico. Ganándose un "gracias, eres muy inteligente" por parte de su nueva admiradora.

Takato, que miraba la naturalidad con la que su hija se desenvolvía frente a los demás, hizo que se sintiera tranquilo y con esperanza en que pronto todo se acomodaría y podrían continuar su vida de manera feliz y placentera.

Fue entonces que al girar su cabeza notó en una de las mesas el retrato de un hombre que le resultó familiar.

—¡No puede ser! – exclamó llevando sus manos hasta su boca para ahogar su gemido.

—¿Qué pasa cariño?, ¿te duele algo? – preguntó preocupado Chunta que no lo perdía de vista.

—¿Quién es él? – dijo señalando la foto.

—Oh, eso. Él es mi padre – soltó con tono melancólico. —Todos dicen que nos parecemos un montón.

—Sí… no sé como no me di cuenta…

—¿De qué? – preguntó curioso Junta.

—Chunta, yo conocí a tu papá.

Sasaki, que se había alejado de Ramiro, Haru y Ayagi. Se quedó congelado cuando escuchó al azabache decir aquello.

Junta por su parte sintió un escalofrío. Amaba a su padre, pero no quería que eso atrajera la atención de Ayagi y este pudiera hablar sobre su muerte y a manos de quién fue.

—Tal vez lo estás confundiendo cari…

—No, jamás olvidaría su rostro. Él… fue realmente bueno conmigo… -Agregó Takato mirando a Junta —Cuando mi abuelo falleció yo estaba llorando en la sala de espera del hospital. Estaba desesperado porque me encontraba solo y no me querían entregar su cuerpo, primero por ser menor de edad y segundo porque no tenía dinero para cubrir los gastos de la ambulancia ni de la atención que le dieron. Me habían contado que cuando eran casos como el mío, dejaban al difunto como material de estudio. Es decir, jamás podría tener un descanso.

—Debió ser realmente duro – susurró Junta al tiempo que frotaba su cara con la mejilla de Takato intentando consolarlo.

—Sí, lo fue… entonces un hombre se acercó hasta donde yo estaba, me extendió un pañuelo y sin ver lo tome. Fue hasta que el preguntó qué me pasaba, que levanté la vista y me di cuenta de que tras de él había cuatro sujetos cuidándolo y pensé que seguramente era algún actor o político. Estaba tan desesperado que le conté todo, me escuchó con paciencia y cuando terminé él se puso de pie y caminó hacia una de las ventanillas. Regresó pronto y me dijo: "Saijo-kun, no te preocupes. Te van a entregar a tu abuelito, ya me hice cargo de todo."

—Suena como algo que mi papá haría – dijo Junta sintiendo una punzada en su pecho.

—Me dejó un fajo de billetes y dijo que los usara para el funeral de mi abuelo. En ese momento estaba tan sorprendido y agradecido que solo atiné a decirle gracias una y otra vez. Después de eso se despidió y nunca más lo volví a ver… gracias a él, mi abuelo pudo tener un funeral digno y un lugar en el panteón. Por siempre estaré agradecido y ahora que sé quien es, entiendo perfectamente por qué tú eres tan bueno. Eres como tu papá: brillante y bondadoso. Siento como si él nos hubiera unido. – Dijo Takato recargando su cabeza sobre el pecho del castaño. —En serio lamento que ya no este, me habría encantado agradecerle apropiadamente.

Junta, por su parte, pudo sentir como el nudo en su estómago se retorcía. En definitiva, su padre había sido el motivo por el cual se conocieron, pero para nada era como Takato lo imaginaba.

—No puedo creer que ahora su hijo sea quien se está haciendo cargo de mí. El mundo es realmente pequeño.

—Demasiado… - respondió Junta. Nuevamente la culpa lo estaba asechando; así que antes de que lo carcomiera por dentro comenzó a caminar —Cariño, voy a mostrarte todo, estoy seguro de que te encantará.

Sasaki, que había escuchado cada palabra, miró la foto del fallecido y susurró: Señor, por favor ayúdelos a que sean muy felices.

TRES SEMANAS DESPUÉS.

—¡Buenos días! – saludó animado Junta en cuanto entró a la cocina donde Takato y Haru comían su desayuno. —Te ves preciosa con tu uniforme Haru-chan – dijo el ojiverde besando la cabeza de la nena quien llevaba una tostada a su boca.

—Todos los días me dices eso Chunta-san- respondió risueña viendo cómo el alto imitaba la acción, pero ahora con Takato. Esa rutina se había vuelto tan normal para ella que no lo veía como algo inapropiado, porque tenía la idea de que los amigos también se podían dar besitos, o al menos eso le había dicho el ojiverde.

—Digo eso, porque es cierto, ¡Haru-chan es la niña más hermosa del mundo!

—Yaaa… - dijo escondiendo la cara tras el vaso con leche.

—¿Podrías dejar de acosar a mi hija? – pidió Takato un tanto divertido por la escena.

—¿Entonces te puedo acosar a ti? – susurró en su oído al tiempo que tomaba asiento justo a un lado del azabache.

—Deja de jugar y come por favor. – Ordenó el de ojos azules tomando su jugo vaciándolo en un instante.

Pronto se haría hora de que la pequeña fuera al colegio. Ya las marcas de los golpes que ambos habían recibido quedaban en el olvido. Los dos estaban recuperados físicamente y las incontables atenciones de Junta solo los hacía sentir mejor cada día.

El pesar en el corazón, la depresión por perder al bebé, así como la imposibilidad de tener otro en el futuro; eran heridas que seguían presentes pero que con el pasar de los días habían comenzado a formar costras, mismas que al final terminarían por caerse dejando debajo solo cicatrices que le recordarían su pérdida, pero en las que el dolor ya no estaría latente.

TRES SEMANAS ATRÁS

Junta resultaba mágico y sanador, era como si en el momento en el que él entraba en el mismo espacio toda la habitación cambiara, su cuerpo se relajara y flotara en nubes de algodón olvidando todo pesar o dudas.

El primer día que pisaron la casa, en cuanto: Ramiro, Chihiro y Sasaki se fueron. El mayor se encargó de mostrarles hasta el último rincón y hacerlos sentir bienvenidos y a gusto.

La habitación designada para Haru era absolutamente hermosa. Junta se había asegurado de llenarla de peluches, juguetes, ropa, accesorios y muebles dignos de una princesa, en el que por supuesto no podían faltar los detalles en color púrpura (su favorito), así como Delfín san y la corona que le habían comprado en su visita al acuario. Esta, quedó enamorada de su espacio, ¡tanto!, que en ningún momento mencionó algo sobre su otra casa o su padre.

Por otro lado, la habitación de Takato no se quedaba atrás: las flores adornando cada rincón, el espacio, la iluminación, la hermosa vista hacia el jardín trasero y la alberca, la cama enorme y mullida, los colores suaves y el aroma fresco eran absolutamente reconfortantes.

Junta se había acercado a su oído diciéndole que si por él fuera lo habría llevado a su habitación, pero no quería presionarlo, sino darle su espacio. Aunque lo cierto era que estar separado de él y saber que su destinado dormiría bajo su techo, más no en sus brazos era una tortura.

Por eso, se repetía una y otra vez que todo llegaría a su tiempo, esperando que el "a su tiempo" fuera pronto.

Takato, sintiéndose adormilado por la comida y las hormonas que seguían jugándole malas pasadas (aunque ya no hubiese un bebé), había caído en el país de los sueños un par de horas.

Tiempo que Junta había aprovechado para jugar con la niña, repitiéndole en reiteradas ocasiones que los quería mucho y que quitara el "san" cuando le hablara. Cosa que la pequeña no pudo hacer.

El día pasó, y Haru, pese a estar fascinada con su cuarto, terminaba siempre dormida junto a Takato, teniendo de vez en cuando accidentes nocturnos que implicaban cambio seguido de colchones. En cuyas ocasiones siempre se le reconfortaba, pues aquella condición respondía al trauma que lo experimentado le había traído, por lo que Junta había hablado con Takato para que la pequeña fuera atendida por un profesional; sin embargo, a la semana de llegar a la mansión y retomar su rutina escolar. El incidente se había detenido.

Ayagi había llevado el dinero a Takato como había prometido, mismo que Junta había sabido bien cómo lavarlo para que fuera depositado en una cuenta bajo el nombre de su amado y la otra parte a nombre de Ayagi, debido a que Ramiro aún no estaba de manera legal en japón, situación que estaba siendo arreglada por el alfa.

Por otro lado, el tema de Himura no se había vuelto a tocar, pues después de que el azabache, en una noche de insomnio viera las noticias, (confirmando así lo que todos habían dicho) decidió que era momento de cerrar ese capítulo en su vida, ya no quería detalles, ni nada que le hiciera tener aquel nombre en su boca.

Además, se sintió aliviado de que en ningún momento su nombre o el de su hija hubiera sido tocado, era como si alguien se hubiera encargado de desvincularlos por completo del Yakuza.

Lo único que le preocupaba era que su nena le llegara a preguntar sobre su padre o porqué seguían en casa de Junta, pero ya se ocuparía de ello cuando el momento llegara. ¿Cómo?, no sabía. Aun así, tarde o temprano debería afrontarlo y esperaba que el impacto no fuera devastador.

PRESENTE

—Mami ya acabé – pronunció Haru lamiendo sus bigotes de leche.

—Ahora ve a lavarte los dientes y te traes la mochila. Te esperaré en la sala – Indicó Takato al tiempo que tomaba el plato de la niña para llevarlo al fregadero.

—Amor, no tienes que hacer eso. Hay gente encargada de la limpieza, por favor siéntate, termina tu desayuno con calma y deléitame con tu preciosa presencia – dijo Junta tomándolo de la mano hasta llevarlo de vuelta a su asiento.

—Solo no quiero sentir que no hago nada.

Ante sus palabras, Junta dejó los cubiertos de lado y miró al azabache a los ojos.

—Crees que no sé que tú preparaste este delicioso almuerzo o que desde hace una semana atrás que comenzaste a moverte con mayor agilidad acomodas en el vestidor lo que usaré para el trabajo, que revisas que no falte nada en la nevera, que platicas con todos los trabajadores, que ayudas a Haru con la tarea, que le preparas obento y que la acompañas hasta la escuela. – Enumeró mirándolo con amor.

Takato desvió la mirada apenado. —Creí que estaba siendo discreto.

—Mi amor, eres libre de hacer lo que quieras no te reprimas, a lo que me refiero es que haces demasiado y estoy muy, muy agradecido de que me alimentes y vistas. Me siento súper amado. – Agregó sellando sus palabras con un beso en la mejilla.

—Es lo menos que puedo hacer, te debo mucho – dijo el otro dejándose besar.

En cuanto esas palabras salieron de la boca de Takato, Junta sintió un pinchazo de consciencia. Y, pese a que todo estaba en calma, sabía que la bomba de la verdad podía estallar en cualquier momento, sobre todo ahora que Arisu procuraba mucho al azabache.

Junta había acordado con Ayagi padre y Usaka, que por favor mantuvieran en secreto el hecho de que él era un Enigma; pero sabido era que el viejo Ayagi hablaba de más cuando estaba en confianza y Usaka no le ocultaba nada a su marido. Además que este último lo había felicitado por cómo había planeado todo, exponiéndolo aún más.

Pues, cuando el castigo a Himura terminó y Usaka se acercó a él, en confianza Chunta le había contado que estaba enamorado de Takato y que aunque al principio sus intenciones no fueron puras, lo amaba y quería atesorarlo.

Con aquello en mente, la idea de irse lo más pronto posible de Japón seguía constante en su cabeza y ahora que Takato se había recuperado y su cumpleaños estaba cerca, era el momento preciso de sacar sus cartas y jugársela.

—No, yo soy el que te debo todo, por eso…

—¿Sí? – preguntó curioso al ver como el otro dudaba.

—¡Mami estoy lista! – se escuchó a lo lejos la voz de la pequeña interrumpiendo su momento.

—Chunta, debo irme. – Dijo poniéndose de pie sin perder de vista el rostro serio de Junta.

Este, al percatarse de que estaba actuando extraño, esbozó una enorme sonrisa volviendo a su rostro habitual.

—¡Claro!, ¿puedo acompañarlos? – preguntó animado. Recibiendo un asentimiento del otro.

El camino hacia el colegio fue rápido, Kiyomi esperaba en la entrada a la pequeña y la escoltaba hasta su salón.

—Es un niño adorable. Siempre está cuidando de Haru. – Dijo Takato observando a su niña hasta que esta escapó de su rango de visión.

—Sí, pero aún le falta mucho para ser digno de ella. – Comentó el ojiverde como todo padre orgulloso.

—JAJA, suenas como un suegro del demonio.

—¡Porque lo seré!, no le entregaré mi hija a nadie.

El comentario que salió natural de la boca de Junta, hizo sentir extraño a Takato. Algo que no pasó desapercibido para él.

—Perdón si te incomodé, pero te lo dije antes y te lo repito. Te amo Takato y amo a Haru. Quiero que estén conmigo para siempre, los atesoraré y protegeré toda la vida.

—Lo sé Junta, no tienes que decirlo. Cada cosa que haces por nosotros es una muestra de lo mucho que nos quieres.

—Y no dejaré de demostrarlo. Por otro lado… cariño… - Pronunció Junta nervioso. Cosa que puso en alerta a Takato.

—¿Qué pasa?, hace rato cuando estábamos en la cocina querías decirme algo, ¿no?

—Sí… verás… Es algo serio, pero que debemos hablar.

—Junta, dilo ya, me estás poniendo nervioso – habló Takato frunciendo el ceño y tomando las manos del ojiverde entre las suyas.

—Tranquilo cielo… lo que pasa es que aún quedan personas fieles al Clan Himura que los ven a ti y a Haru como traidores, para esos idiotas cualquier excusa es buena para hacerles daño, si nos quedamos aquí sería peligroso; además, te dije que en cuanto tú fueras libre dejaría también el Clan y ya tengo todo listo, pienso cederle a Hasegawa todo, así puedo ofrecerles a Haru y a ti la vida tranquila y normal que siempre has querido. Tengo mi propia empresa, no dependo de los ingresos de alguien más, no les faltaría nunca nada, el aspecto económico está cubierto por completo… por eso… sabiendo esto… ¿te gustaría ir a vivir conmigo a Europa? – preguntó tomando con mayor fuerza ambas manos del ojiazul. —Sé que pido demasiado, que sería un cambio muy importante, pero me aseguraría de que fuera lo más llevadero posible. Mis abuelos estarán encantados con ustedes, de hecho les he hablado tanto de Haru y de ti que sueñan con conocerlos…

—Junta. – llamó con voz ahogada, pero el otro seguía hablando. —¡JUNTA PARA! – gritó aturdido sintiendo como sus manos se humedecían por el sudor.

—Takato… - otra punzada se hundió en su pecho. Las mentiras se acumulaban, si bien era cierto que un peligro como ese fuera posible, los clanes de Usaka y Ayagi habían jurado que velarían por el bienestar del hijo de su querido amigo, por lo que si bien, llegara a haber problemas en el futuro, tendrían la protección de los clanes. Pero Junta no podía decirle eso o se arriesgaría a que este no aceptara irse.

—Perdón, fue demasiado, me pasé. – Pronunció afligido el castaño.

—Solo… solo déjame procesar todo sí... no tenía idea de que fuéramos el objetivo del clan. ¡¿Por qué me lo dices hasta ahora?! ¡acabo de dejar a Haru en la escuela y así han sido las últimas semanas!, ¡cómo puedo tener la seguridad de que estará bien!, ¡SEÑOR, REGRESE AL COLEGIO AHORA! – ordenó al chofer.

—Jefe…

—Haz lo que te ha dicho mi pareja – ordenó Junta con molestia al ver que no hacía caso a Takato.

—Disculpe jefe, ya lo hago.

Chunta volvió la vista hacia Takato notando su nerviosismo.

—Cariño, tranquilo. Perdón que no te lo dijera antes, pero no quería preocuparte. Mira cómo te has puesto – señaló al tiempo que abrazaba a Takato. —Respira amor, el colegio es el lugar más seguro, además tengo a cinco hombres vigilando la entrada.

—¿En serio? – preguntó ya menos alterado.

—Sí, cariño. Pero si tu así lo decides, podemos llevar a Haru a casa.

Takato que había comenzado a relajarse, soltó un largo suspiro y movió la cabeza en negación.

—No… si tú dices que estará bien, entonces te creo. Además, no quiero asustarla ahora que está mejor. Sabía que las cosas no se darían fácilmente, pero esto me aterra. Lo único que quiero es que Haru crezca sana y tranquila lejos del mundo Yakuza. Tampoco es como que piense mal de todos ellos: Arisu, su esposo, así como Ayagi Chihiro han sido buenos conmigo, de hecho los únicos que han sido horribles son los del Clan Himura.

Junta mirando el estado vulnerable en el que Takato se encontraba, hizo de tripas corazón y aunque se tratara de una manipulación descarada, no podía dejar escapar la oportunidad.

—Entonces lo mejor sería irnos de aquí. En primer lugar por el riesgo, en segundo porque de quedarnos la Yakuza siempre estaría presente en nuestras vidas y tercera… Haru podría enterarse de quién era en realidad su padre y dónde se encuentra, incluso antes de que tú mismo pudieras explicárselo.

Takato, que escuchaba con atención a Junta, no pudo controlar el horrible temblor que le vino cuando los recuerdos de su último encuentro y el llanto abrumador de su niña golpearon sus sentidos.

Takato recargó su cabeza en el pecho del castaño buscando consuelo. Necesitaba seguridad y este no había dejado de dársela. Pensó en lo bien que los había tratado, sus cuidados, sus palabras amables y sobre todo el amor que desbordaba hacia ellos en cada frase y acciones. No lo había forzado en ningún momento a hacer algo que no quisiera, ni humillado ni presionado a seguir lo que él dijera. Aunado a ello, le estaba hablando con la verdad, los peligros que corrían y al mismo tiempo ofreciendo una salida.

Él realmente me ama – pensó Takato acomodando su cabeza entre el hombro y cuello de Junta. Inhaló su perfume y con labios temblorosos habló. —¿Sabes? no quiero tener más arrepentimientos, ni ser un cobarde, dije que sentía mucho el no haberme ido contigo, así que no pienso cometer ese error dos veces. Por eso, Chunta… acepto.

—¡¿Qué?! – soltó Junta sorprendido separándolo para ver su cara.

—Dije que acepto. Nos iremos contigo a Europa, tal vez estoy siendo impulsivo o muy emocional, pero confío en que será lo mejor para nosotros, porque para poder comenzar de nuevo se necesita primero aceptar y asimilar que las cosas fueron como fueron, y que no las podemos cambiar. Una vez entendido aquello es momento de dejarlo ir y no mirar atrás. Y he aprendido de la forma más dura esa verdad y siento que a tu lado, puedo empezar de nuevo.

—Takato…

—Me encargaré de explicárselo a Haru, por ahora se lo manejaré como unas vacaciones largas. Aún no le diré sobre la relación que hay entre tú y yo… por eso, se paciente por favor.

—¡Claro que sí mi amor! No tengo problema alguno con eso. Cuando tú estés listo.

—También, tengo una petición…

—Lo que quieras. – Dijo con voz emocionada.

—Antes de irnos me gustaría hablar con Ramiro… quisiera se fuera con nosotros, pero él también tiene una vida y no quiero que por mi culpa no la viva, merece ser feliz y así parece serlo con Ayagi san.

—Pero por supuesto que puedes hablar con él. De hecho yo pensaba ofrecerle trabajo como tu guardaespaldas personal y de Haru.

—No, por favor no lo hagas, si se lo dices se sentirá comprometido a aceptarlo y en verdad quiero que haga lo que él quiera.

—De acuerdo, ¿qué más necesitas bebé? – dijo Junta subiéndolo a sus piernas.

—También me gustaría visitar la tumba de mi abuelo y mi antiguo trabajo. Nunca tuve permitido hacerlo… - pronunció con un suspiro melancólico.

—Entonces desde hoy y hasta el día que nos vayamos de japón iremos a visitarlo. Me encantaría rendirle mis respetos y decirle que crío a un hermoso ser humano.

—Chunta, ¡gracias!

—No, Takato. Gracias a ti por aceptar una vida conmigo. – Dijo uniendo sus bocas en un beso necesitado.

Junta no pudo evitar sonreír al haber logrado su propósito. Era como un sueño hecho realidad, sus miedos estaban dejando de asfixiarlo y su hermoso castillo a la orilla del mar estaba siendo construido, pero como todo castillo de arena, por más majestuoso o grande que sea, cuando las olas llegan… lo derriban.