CAPÍTULO 23

SIN MIRAR ATRÁS

Viendo la figura del moreno salir del baño, Ayagi rápidamente lo bombardeó con la pregunta que venía haciéndole hace días.

—¿Cómo te fue en tu labor de atormentar maestras y niños?

—Creo que el que lloren y entren corriendo a sus casas, significa que he cumplido mi misión. – Respondió orgulloso de sí mismo.

Desde aquel triste día en el que Haru se había enterado de la verdad y después de que Ramiro platicara con Takato sobre la conversación que había tenido este último con las mujeres, decidió que las cosas no se quedarían en simples palabras.

Tomando a unos cuantos hombres del Clan Ayagi tuvo la iniciativa de seguir a los niños que habían molestado a su "patroncita", así como a la directora y exmaestra de la pequeña.

Así, metido en su papel de yakuza, llevó a cabo su rutina de acoso que incluía perseguirlos hasta en el supermercado, añadiendo a su actuación: gestos grotescos y amenazantes, provocando que en varias ocasiones las mujeres dejaran olvidadas en las cajas de cobro sus compras y que los niños comenzaran a llorar. En pocas palabras les había dado el susto de sus vidas y lo había disfrutado cada segundo; sin embargo, la misión del terror no podía durar para siempre y hoy había sido su último día.

Ayagi, que escuchó la respuesta del moreno solo rio al imaginar la cara de todas esas desafortunadas personas. —Se lo tienen merecido. – Agregó cual juez para rápidamente pasar a otro tema.

—Entonces, todo ha quedado listo. ¿Es un hecho que se van este domingo? – Preguntó viendo como el moreno secaba bien su cabello antes de meterse a la cama.

—Sí, anoche hablé con el patrón y me dijo que la patroncita había tomado bien el irse de Japón. Supongo que lo que pasó en el colegio hace una semana influyó bastante en que lo aceptara con relativa facilidad. Incluso el Jefe Azumaya estuvo mostrándole fotos de dónde vivirían, así como de su familia. Ella habla más español que el patrón, así que al menos en el idioma, no sentirá tan brusco el cambio y podrá defenderse… igual siento que es muy radical el mudarse, pero si creen que es lo mejor, no me queda más que apoyarlos.

—Pobre niña, aún es muy pequeña como para darse cuenta de la magnitud de las cosas… Por eso mis hermanos saben perfectamente cual es el negocio de la familia, así no reciben sorpresas, pero bueno, por lo que he visto Saijo san está muy al pendiente de ella. Espero les vaya bien. – Dijo sin mayor emoción en el rostro revisando las últimas notificaciones en su celular.

—¿Mis hermanos? – ante la declaración, Ramiro giró la cabeza para ver al delgado, pues pocas veces escuchaba ese tono familiar en el castaño, aunque poco le duró el asombro, pues rápidamente se distrajo al notar las largas piernas que desnudas sobresalían de entre las cobijas invitándolo a tocarlas, invitación imaginaria que no ignoró.

Soltando un suspiro cansado dijo: —Sí, hay uno que es agregado, pero al final de cuentas también es mi her… ¡OYE! – reclamó Ayagi al sentir las manos del moreno frotando sus muslos.

Mientras tanto el otro, quitado de la pena, lo miró inocente. —Es tu culpa por andar enseñando tus piernas de pollo.

—¡¿MIS QUÉ?!

—Ñam ñam, deliciosas - Agregó al tiempo que mordisqueaba peligrosamente la entrepierna del castaño.

—¡No, no, no! ¡RA-RAMIRO!... ME… JAJAJA, ME HACES COSQUILLAS.

—Te haré más que cosquillas bebé – susurró al tiempo que tiraba de los calzoncillos de Ayagi para tener mejor acceso a su área de juego favorita.

—No tienes llenadera… mmhh – gimió el castaño cuando Ramiro lamió la punta de su miembro, que ante las caricias del moreno despertó buscando mayor atención.

Pronto, el cuarto se llenó de respiraciones agitadas, golpeteos y sonidos lascivos hasta que tras varias corridas y rodadas en la cama, los dos cuerpos que habían intercambiado pasión quedaron exhaustos.

—Te odio… sabes que mañana tengo que hacer un trabajo para mi padre. -Reclamó Ayagi desvanecido en la cama y con la cabeza enterrada en la almohada esponjosa mientras que Ramiro limpiaba su cuerpo con una toalla húmeda.

Este, sintiéndose un poco culpable por las tremendas embestidas que le había dado al cuerpo delgado, solo atinó a decir: —Perdón flaquito, pero estás más bueno que el menudo después de amanecer crudo.

Frustrado por las palabras del otro, Ayagi enterró la cabeza entre las colchas. —No te entiendo nada… te odio x2.

—Jaja. Ya, solo dije que eres irresistible y delicioso. Perdón por agotarte – Inclinó la cabeza hasta depositar besos por toda la espalda de Ayagi, partiendo de sus hombros hasta bajar por su columna deteniéndose en cada parte donde esta sobresalía.

—¡Basta! Tú también debes dormirte, pasarás todo el día con el omega y la niña, ¿no? le compré a Saijo un regalo de cumpleaños y a ella uno de despedida. Están en el armario, no olvides llevarlos.

—Eres tan lindo mi flaquito. - Dijo el moreno llenándolo de besos. Este era el lado que sólo él conocía de Ayagi, aunque se mostrara que nada ni nadie le importaba, era una fachada bien construida para ocultar el lado dulce y protector que tenía. Y desde que aceptó que tanto Takato como Haru eran importantes para él, se había comportado amable y cálido con ellos, por supuesto pretendiendo que no era así.

—¿Cómo no amarte? – Exclamó Ramiro en un susurró, acompañando sus palabras con dulces mimos.

—¿Dijiste algo? –Preguntó Chihiro más dormido que despierto. Su energía se había agotado.

— En serio no puedes ir, ¿ni un ratito? La fiesta durará bastante. -Indicó el moreno.

—No, tal vez me tome todo el día, igual podemos ir hasta el aeropuerto el domingo y despedirlos. – Contestó con voz somnolienta. A lo que Ramiro no insistió más.

Después de arropar apropiadamente al castaño, cerró las amplias cortinas ocultando el paisaje que el penthouse del castaño ofrecía. Apagó las luces y se acomodó entre las cobijas atrayendo el cuerpo delgado hacia él, sellando su "buenas noches" con un te amo en el oído.

La mañana llegó pronto, y más cuando solo habían podido dormir cinco horas. Ambos se prepararon siguiendo su rutina como cada día, la cual consistía en: comer lo primero que encontraran en el refrigerador y por supuesto beber una taza de café para poder despertar por completo y así afrontar el día de buen humor.

Ramiro observaba con desagrado la humeante taza de café negro sobre la barra de la cocina, siguiendo el trayecto de esta cuando Ayagi la tomaba entre sus manos llevándola hasta su boca y finalizando con un buen trago de la amarga bebida.

—No entiendo cómo puedes tomar esa cosa. – Seguida de una mueca.

—Y yo no entiendo cómo es que le agregas leche, destruyes por completo el sabor de un buen café. -Argumentó ignorando las muecas que el otro hacía.

—Mmm, la leche es buena para el crecimiento, por eso te la doy cada noche flaquito. – Exclamó con tono burlón que luego se convirtió en carcajada cuando Ayagi escupió el líquido oscuro manchando su propia bata.

Tras unos minutos de sana pelea matutina, ambos se despidieron prometiendo mensajearse durante el día y quedando de verse en casa a las 12 tal y como cenicienta lo haría.

La vida no podía ser más perfecta, pensó Ramiro viendo como la alta y espigada figura de Chihiro avanzaba hacia la puerta.

El hombre había llegado a su vida de la manera más inesperada y sin ser invitado, pero ahora, su existencia era tan indispensable como el aire que respiraba. Acarició su pecho donde el nombre de su antiguo amor estaba y cerrando los ojos, dijo en paz:

—Raúl, ya no estoy triste todo el tiempo. Él me hace realmente feliz, mi niño ¿podrás perdonarme?

Por supuesto, la respuesta a su pregunta nunca llegó, pero a diferencia de otras ocasiones esta vez sentía paz en su corazón y eso se lo debía al Alfa.

Después de meditar por unos minutos y dando un último sorbido a su café, decidió que ya era hora de ponerse en marcha.

En cuanto llegó a la mansión Azumaya, Ramiro fue sorprendido por Haru que se lanzó a sus brazos haciéndole perder un poco el equilibrio, dejándolo al mismo tiempo boquiabierto.

La pequeña lucía un hermoso vestido de seda con pliegues color verde esmeralda que era adornado por un cintillo dorado que simulaban hojas de olivo. Su cabello azabache se movía libre teniendo como único detalle un par de broches con el mismo diseño del cinto.

—¡AY, PERO QUE COSA MÁS PRECIOSA ME CAYÓ DEL CIELO! – Exclamó Ramiro depositando un besito en la mejilla redondita.

—Me haces cosquillas, jeje – dijo moviendo sus manitas para alejar la cara del moreno. Pronto recordó lo que quería decirle. —¡Ramiro, es la fiesta de mami!, ¡todo se ve muy bonito!, ¡Chunta san me dejó escoger el pastel y el regalo! – habló emocionada la nena.

—¿En serio?, entonces ya quiero comer ese pastel, déjame adivinar… ¿es de chocolate? – conociendo a la perfección que este era el sabor favorito tanto de Takato como de Haru.

—¡WOOOW! ¿Cómo lo supiste? – preguntó impactada.

—Oh, es que soy rebueno adivinando.

Minutos después dos empleadas corrían hacia el moreno y la nena, seguidos de un gato gordo que caminaba sabiéndose el verdadero dueño de la casa. Al parecer, habían perdido por un momento de vista a Haru, momento que la niña aprovechó para salir despavorida.

—Señorita, por favor no desaparezca de repente – habló preocupada una de las mujeres.

—Es que vino mi tío. – Replicó bajando la cabeza.

Ramiro hizo una seña a las mujeres de que todo estaba en orden y caminó con Haru en brazos hasta la sala.

—¿Y el patrón dónde está? – preguntó Ramiro al no encontrárselo.

—Mami se está cambiando. Ramiro, ¿qué tienes en la mano? – preguntó curiosa llevando un dedito a su boca al notar las bolsas de regalo.

—Ah, el tío Chihiro mandó un regalo para el patrón y otro para ti. Y los otros dos los traje yo.

—¡En serio!, ¿puedo abrirlo ya?

Ante la respuesta positiva de Ramiro la pequeña arrasó con las envolturas brincando de alegría cuando de la bolsa sacó peluches en miniatura de todos los personajes de su caricatura favorita. Ante aquello, el moreno no pudo evitar sonreír como bobo enamorado, pues tal parecía que Ayagi sí le había prestado atención a la niña cuando le platicaba sobre el programa que más le gustaba; además, las figuras como esas no estaban a la venta, por lo que sin duda había sido un pedido especial.

Ahora era el castaño quien podía ostentar el premio al mejor tío del año.

Mientras Haru gritaba emocionada con cada peluche, Takato y Junta llegaron a su encuentro, el primero con un rostro sospechosamente rojo y el segundo con una sonrisa de oreja a oreja. Ante aquello Ramiro rápidamente aplicó el dicho popular: "Al buen entendedor, pocas palabras"

Pero Haru, que no sabía mucho sobre leer ambientes, rápidamente habló.

—¡Mami! ¡te ves muy bonito! – cosa que solo aumentó el sonrojo en el otro.

Y Haru no se equivocaba, pues, aunque su estilo fuera en apariencia sencillo, el traje azul de cuadros pequeños se ajustaba perfectamente a su cuerpo resaltando su pequeña cintura y puntos fuertes.

—Gracias Haru, tú te ves aún más preciosa. – Halagó el azabache incapaz de resistirse a la hermosa visión de su bebé.

En cuanto los cuatro estuvieron en el mismo espacio, Ramiro no hizo esperar sus felicitaciones, de paso entregando los regalos que tanto él como Ayagi habían comprado. Mismos que Takato recibió con gusto abriéndolos en el momento.

—Gracias Ramiro. Dile a Ayagi san que me ha encantado. ¿Vendrá después? – Su rostro animado y expectante enamoraron aún más a Junta, quien casi le roba un beso frente a todos.

—No, su padre le encomendó una tarea y al parecer le tomará todo el día, me dijo que lo disculpara, pero si no les importa, podemos acompañarlos el domingo al aeropuerto como compensación. Eso me dijo.

—Claro que nos encantará que nos acompañen. – Exclamó Junta amablemente, para pasar a un tono más serio. —Vaya por Chihiro san, que mal día para hacer encargos, pero al menos podrás reclamarle al viejo Ayagi en la noche que lo veamos.

—¿En la noche? – preguntó Ramiro un tanto desconcertado.

—Sí, verás… yo solo quería ir a comer con ustedes en mi cumpleaños, pero Junta creyó prudente que, ya que nos iremos de aquí, no estaría mal tener una pequeña fiesta solo con las personas más allegadas. Usaka san y Ayagi san vendrán con sus familias, el patio ha sido adornado y pues… espero la pasemos bien todos. – Sonrió un poco apenado de ser el centro de atención.

—Takato, si esto es poco a lo que te mereces. – Dijo el ojiverde controlándose por segunda ocasión para no tirársele encima.

—Así es patrón, nombre, si aquí son re-tranquilos cuando se trata de fiestas, en México es peda de todo el día y le seguimos con la torna. —Comentó Ramiro recordando buenos tiempos.

—No lo dudo – dijeron al mismo tiempo la feliz pareja.

Entre pláticas los cuatro se encaminaron hacia su primer destino con un excelente ambiente y humor, haciendo ver los días pasados y tristes, como meros recuerdos borrosos que cada vez se difuminaban más.

Las horas corrieron con prisa entre: comida, pláticas de su nueva vida y práctica intensiva del español; esto último, dejando agotados a Takato y Haru, siendo la nena la ganadora, pues tal parecía que las pláticas de Ramiro habían dado resultados tras 5 largos años.

Así, para cuando menos lo imaginaron, el sol ya se había ocultado y el hermoso jardín de la mansión brillaba con luces que asemejaban luciérnagas sobre las decoraciones preparadas exclusivamente para la feliz celebración. Creando un ambiente de cuento de hadas romántico que llenaba de calidez los corazones.

Poco a poco los invitados fueron llegando cargados de regalos y buenos deseos para el cumpleañero. Takato los recibía con una sonrisa acompañada de una reverencia.

Mientras observaba alrededor le fue imposible comparar con los años anteriores, y seguramente sería algo que se repetiría con frecuencia, pues lo que Junta se desvivía por darle, eran cosas que jamás había experimentado en su terrorífica relación.

Ser la causa del festejo, estar lleno de atenciones, disfrutar de agradable compañía y moverse sin miedo hasta de respirar, era el mejor regalo que podría recibir en la vida.

Ramiro, que lo observó parado un tanto alejado de todos, rápidamente se acercó a él.

—No ha dejado de sonreír, patrón. – pronunció con tono satisfecho.

—Ay Ramiro, siento como si caminara sobre nubes. Todo es tan… perfecto, que tengo miedo de que se habrá un hoyo en mi cielo y me haga caer sin paracaídas hasta el suelo.

Su rostro afligido se contraía en una mueca, como si el solo hecho de pensar en el golpe le causara una herida real; por consiguiente, Ramiro intervino de inmediato. Hoy era una día para estar feliz y él se lo recordaría.

—Pero qué dice, eso no pasará, usted sígale pisando las nubes que Azumaya se encargará de tapizar el suelo con ellas. Disfrute, mire nomás que chulo quedó el jardín, la comida, hasta los yakuzas que están refeos se ven bien. La patroncita anda feliz con el Kiyomi y el copito nomás anda viendo que las sirvientas descuiden el pastel para tirarse sobre él.

Takato comenzó a reír en cuanto puso sus ojos sobre el gato gordo, quien efectivamente, estaba en busca de la más mínima oportunidad. Después, contempló a su pequeña y por último al hombre que platicaba con Usaka y que de vez en vez miraba hacia él con ojos que gritaban amor.

Tras esto, soltó un gran suspiro decidido a sacudirse los malos pensamientos.

—Tienes razón, debo dejar de ser tan pesimista.

—Claro, por eso…

—¡Felicidades Saijo san!, que bueno verte tan recuperado.

Ayagi padre había llegado con Mari san, Aren y Ryo interrumpiendo la plática de los dos amigos.

—Bienvenidos, gracias por estar aquí – respondió de inmediato el azabache recibiendo los regalos que Aren le extendía.

—Era obvio que vendríamos. ¿Dónde está Chihiro?, no lo veo por ningún lado.

Preguntó el Jefe mirando alrededor, acción que toda su gente imitó. Ante esto, Ramiro frunció el ceño y bufó molesto.

—Pero qué cosas dice Jefe Ayagi, si por andar haciendo trabajos suyos es que él no pudo venir. – El reclamo era evidente en su tono. El viejo Ayagi frotó su barbilla mirando pensativo al moreno que lo había confrontado.

—Pero, yo no le he pedido hacer nada a ese niño, todo lo que teníamos que trabajar ya fue hecho hace una semana, hasta el próximo mes estamos libres. – Replicó de inmediato en su defensa dejando confundidos al cumpleañero y su mejor amigo.

En ese momento Ramiro sintió como si un balde de agua fría hubiera caído sobre él, acaso sería que Chihiro realmente no quería venir y para no quedar en mal con él se inventó aquello o ¿será que ocultaba algo más?

Takato miró rápido a Ramiro quien sacó su celular para revisar el último mensaje que tenía del castaño. Por lo que entendiendo el ambiente guio a los invitados hacia la mesa donde los otros estaban, no sin antes hacerle una seña de que se tranquilizara.

El mensaje era claro.

"Sigo muy ocupado con esto de papá, como te dije en la mañana, no creo desocuparme. Nos vemos en la noche"

En ese momento, el rostro de Ramiro se endureció, Ayagi le estaba mintiendo y no tenía idea de por qué. Sin perder más el tiempo, se alejó para llamarle al castaño y saber de una vez por todas por qué demonios le había mentido tan descaradamente.

Se sentía impaciente y molesto, pero sobre todo preocupado. Todo había estado en perfecto orden en su relación y estaba seguro de que dejar la toalla de manos echa bola en vez de colocarla en el colgador, no eran motivo suficiente para desatar la ira de alguien al grado de mentirle y querer mantenerse alejado de él.

Varios timbres se dejaron escuchar, pero el castaño nunca respondió, incrementando la ansiedad de Ramiro quien en ese momento deseaba salir disparado a su encuentro; sin embargo, sus intenciones se vieron frustradas, pues Takato se acercó a él nuevamente y con voz tranquila le pidió que se relajara.

—Seguramente este tipo de ambientes tan familiares no es lo suyo y no quiso herir tus sentimientos ni los míos al no presentarse y por eso dijo lo del trabajo.

—No me contesta – agregó Ramiro con los labios apretados.

—Obvio no lo hará, seguro debe pensar que ya te enteraste y solo quiere evitar una discusión, anda ven a sentarte y come algo, luego puedes volver a marcarle.

—Pero...

—Ramiro, ¿no confías en Ayagi san?

—Claro que confío en él, podrá ser una persona chiflada y voluntariosa, pero siempre ha sido honesto conmigo y me ama.

—Entonces con mayor razón deberías estar tranquilo. Como ya te dije, puedes hablarle después, despeja todo mal pensamiento y ven a tomar una cerveza, hay de tu favorita.

Ramiro sonrió de lado y chasqueando la lengua se dejó llevar por Takato, igual su corazón no podía tranquilizarse, pero decidió darle un voto de confianza a Ayagi. Ya luego arreglarían este asunto.

Ayagi revisó su celular en cuanto este comenzó a sonar, dio un vistazo rápido y volvió a meterlo en el bolsillo de su pantalón sin responder. Lamentándose por no poder hacerlo, pero estaba muy ocupado y temía que, de contestar, su sorpresa se fuera al carajo. Suspirando volvió hacia el hombre que con cuidado le abría la puerta del lugar.

—Como puede ver, pese a estar en el corazón de Ginza, las dimensiones son grandes, cumple con todos los requerimientos de seguridad y salidas de emergencia en caso de alguna contingencia. Se pude dividir en dos áreas, la de bar-restaurante y antro, la música es controlada desde aquella tarima y si no le parece este concepto, puede utilizar la plataforma para noches de karaoke o conciertos.

Ayagi observaba cada rincón del lugar con ojos escrutadores siguiendo los puntos que el otro sujeto le iba indicando. Sin duda el local tenía potencial, entonces… ¿por qué el dueño deseaba venderlo?

—Entonces, ¿qué dice Ayagi san, lo compra? – Este último caminó detrás de la barra revisando las bebidas bajo la atenta mirada de los trabajadores. Después de cerrar algunas gavetas, respondió a la pregunta con tono monótono.

—Me gustaría observar el flujo nocturno, es fin de semana, lo que significa que podré ver bien la cantidad de gente que se puede albergar, las ventas y cómo trabajan los empleados.

El hombre entendió y de inmediato pidió que lo siguiera. —Pase por aquí Ayagi san, iremos a mi oficina, desde ahí se tiene vista panorámica del local, le compartiré el libro contable y los documentos que garantizan que el local está en regla. Pronto serán las 8 pm y comenzaremos a recibir a los clientes.

Ayagi lo siguió, esperando que realmente todo estuviera en regla, pues la ubicación era la mejor que podría encontrar.

Desde la mañana, tras salir de casa, fue a encontrarse con un arquitecto para discutir sobre la reconstrucción de un restaurante bar que le estaban ofreciendo y del cual haría a Ramiro el dueño. Este era un proyecto completamente ajeno a la Yakuza y que tenía como propósito que el moreno pudiera desarrollar otras habilidades que no implicaran manejo de armas y el constante temor de perder la vida, aunque la adrenalina fuera algo que el del tatuaje disfrutaba, no podía pasar los días así y había externado al castaño que quería hacer algo más con su vida, estar ocupado y sentirse útil; además de aprovechar eficientemente el dinero que amablemente Takato le había regalado.

Aquellas fueron las palabras mágicas para poner a Ayagi en acción, quien poniendo manos a la obra no descansaría hasta proporcionarle a su amor lo que deseaba, incluso si eso significaba sacrificar el cumpleaños de alguien más.

Así mismo y anticipando que su pareja no aceptaría que él gastara dinero en cosas para el moreno, hábilmente haría uso de la cuenta personal de este para costear los gastos de compra, así cuando pusiera en marcha la remodelación, no podría decirle nada porque el gasto mayor ya se había hecho.

Imaginando la cara de felicidad que Ramiro tendría, se sentía confiado en que este no rechazaría su propuesta.

La noche siguió su curso, el bar cada vez se llenaba más y más, a lo que Ayagi prefirió bajar a la barra y probar algunos de los tragos que manejaban para evaluar el servicio y su sabor, aprovechando de paso conocer las preferencias de los clientes y sondear el ambiente.

Después de la llamada de Ramiro, pensó seriamente en regresar a casa, pero al pasar el tiempo y ver que la acción no se repetía decidió continuar con su labor, seguramente no era nada urgente.

Sentado frente a la barra, Ayagi comía de una botana insípida a su parecer y de una bebida demasiado cargada que quemaba en cada trago, ahora entendía porqué las ventas no iban tan bien, el problema no era del lugar, sino de la falta de capacidad del dueño para entrenar a su personal y estar al pendiente de lo que se sirve. En apariencia, el local solo había sobrevivido gracias al antro.

Mientras hacía notas mentales de todo lo que cambiaría, varios hombres y mujeres se acercaban con claras intenciones de ir a un lugar más íntimo, pero para su desgracia, coquetearle no tenía ni la más mínima reacción de su parte. Para Ayagi, no eran más que moscas molestas revoloteando a su alrededor, quienes al ver que su objetivo no caía, volaban desanimadas.

Pronto una voz conocida le hizo girar la cabeza.

—Vaya, que maldita suerte la mía de tener que encontrarme contigo después de tanto tiempo. – Bufando, el omega se sentó a su lado.

—Pero si es mi amigo Ritsu, ¿te cansaste de ser rechazado y por eso vienes a nuevos territorios? – El tono burlón de su voz, más la sonrisa socarrona hicieron que el pequeño omega temblara de coraje, pero, sabiéndose controlar respiró unas cuantas veces antes de hablar.

—Ayagi san, ¿por qué me odias?, que yo recuerde no te he hecho nada. – La voz lastimera acompañada de un puchero triste no conmovieron en absoluto el corazón de Ayagi, sino todo lo contrario, pues de inmediato escenas del tiempo miserablemente invertido en él cruzaron por su cabeza. Este pequeño omega era todo menos inocente.

Mirándolo con fastidio, el Alfa se cruzó de brazos viéndolo por encima del hombro. —Dices que no me has hecho nada, bueno… deja te refresco esa memoria de teflón que tienes. La noche que tuvimos… sexo, si es que se le puede decir así a la cosa lamentable que ofreciste. Apenas entramos a la habitación te pusiste a gritar como loco fingiendo excitación, soltaste feromonas a lo idiota, todo el tiempo estuviste contando la crónica de la follada y por último me robaste el efectivo que tenía en mi billetera como si te lo debiera. Deberías estar agradecido que no te busqué para cobrártelo o ya tendrías una deuda con el Clan por el 200% Entiende, no te odio, tu existencia es insignificante, pero no me agradas y lo que no me agrada lo deshecho.

Ristu escuchó atento lo que Ayagi le dijo, volvió a suspirar, cerró los ojos y volvió a abrirlos para mirar al Alfa.

—De acuerdo, lo acepto… cometí un error y en serio lo lamento, pero debes admitir que te pasaste cuando me humillaste ante todas aquellas personas y en especial frente a aquel extranjero, el moreno sexy.

—Alto ahí, sí es sexy, pero no tienes permitido decirlo. Él es mío, está marcado, tachado, apartado y comprometido hasta el día de su muerte.

—¡Wow! ¿Acaso sales con él?

Ayagi sonrió triunfante. —Así es y solo porque estoy de buen humor haré borrón y cuenta nueva contigo.

Ritsu lo miró como si no entendiera qué clase de hechizo había caído sobre el Alfa para que este luciera como un idiota enamorado. Miró al barman e indicándole con la mano que les sirviera dos bebidas, agregó: —Entonces hay que formalizar lo que dijiste, toma, es el trago de la paz, desde hoy, tú no me molestarás ni yo me atravesaré en tu camino nuevamente. ¿Estás de acuerdo?

—Hasta el fondo. – Dijo Ayagi con entusiasmo.

Después de brindar, ambas partes sonrieron tomando hasta la última gota de la bebida, que a diferencia de la primera que había tomado Ayagi, esta era más suave y con un sabor seco que le encantó, a lo cual no pudo evitar pedir otro más. Ritsu, por su parte, emprendió la retirada, el trato había quedado sellado y una sonrisa satisfecha surcó su rostro.

Ramiro entró al departamento encontrándolo en penumbras, tal parecía que Ayagi no había llegado aún, pues este tenía la costumbre de dejar una lámpara encendida en la sala por si en la madrugada alguno de los dos se levantaba a tomar agua.

Caminó hasta su habitación nada sorprendido al encontrar la cama vacía. Despeinó su cabello y con impaciencia miró el reloj, él había cumplido la promesa de encontrarse en casa a las 12, pero su hombre no.

Había dejado de llamarle haciendo caso a los consejos de Takato, pero para este punto ya se encontraba más preocupado que molesto, en especial al recordar que en primer lugar, no había tenido ningún encargo y que por su cuenta había decidido no asistir a la fiesta.

Había dos cosas que más odiaba en la vida, las mentiras y la infidelidad en cualquiera de sus presentaciones. Ser sincero y leal era lo más importante para él y ahora Ayagi había cometido una de esas faltas.

Intentó llamar de nuevo, pero el resultado fue el mismo, solo el buzón contestaba. Se sentó en el borde de la cama en la completa oscuridad debatiéndose si debía esperar un poco más o salir a buscarlo. Moviendo la pierna con impaciencia miró de nuevo la hora.

—A la chingada, ahorita veo dónde andas.

De inmediato se puso a revisar si de casualidad el Castaño tenía activada su ubicación y así fue. Sin embargo, el lugar que le indicaba que era el último sitio registrado, no era para nada de su agrado, borrando en un segundo el sentimiento de victoria que le había embargado.

Ayagi se removió entre las cobijas, sintiendo como un fuerte brazo lo aprisionaba acercándolo hacia su pecho desnudo, la respiración caliente del otro cuerpo rebotaba en la coronilla de su cabeza, poco a poco intentó darse la vuelta para quedar frente a su amado, sin abrir los ojos inhaló profundamente para bañarse en el aroma que el cuerpo del moreno desprendía por el sudor. Sin embargo, cuando feromonas desconocidas impregnaron sus fosas, un escalofrío recorrió todo su cuerpo haciéndole abrir los ojos de golpe, encontrándose de frente con un sujeto que en la vida había visto y que de pronto le hablaba.

— Tu reputación te precede, Ayagi san, eres increíble en la cama – susurró con voz sensual el Alfa mostrando la hilera de dientes perfectos, pasando su lengua por los caninos que sobresalían —De haber sabido que también dabas tu trasero, hace mucho que te hubiera buscado.

En cuanto Ayagi lo escuchó, hizo un movimiento brusco intentando alejarse. Siendo hasta ese justo momento, consciente del dolor en su cadera.

Se estremeció con violencia, y en un completo estado de Shock el castaño intentó recordar ¡qué demonios había pasado!, pero su mente estaba en blanco, la cabeza le dolía y su trasero palpitaba. Quería ponerse de pie, vestirse y largarse, simplemente no podía creer lo que había hecho.

Con piernas temblorosas se puso de pie sin perder de vista al arrogante hombre que seguía todos sus movimientos con mirada lujuriosa. Y fue en ese momento en que otro golpe de realidad cayó sobre él al sentir como el líquido que su compañero de almohada había vaciado en él se escurría de su adolorida entrada.

—Oye, me has encantado, ¿por qué la prisa? Ven y sigamos jugando. – Indicó palmeando el colchón.

El Alfa no deseado tomó la delgada muñeca de Ayagi jalándolo nuevamente hacia la cama. Por la falta de fuerza en sus piernas, el castaño no pudo ejercer resistencia, siendo apresado por el otro que sin perder el tiempo se posicionó sobre él separándole las piernas.

En ese instante la puerta de la habitación se abrió con un golpe estruendoso.

—¡SEÑOR NO PUEDE ENTRAR! ¡LLAMARÉ A LA POLICÍA!

El gerente del hotel y personal del servicio habían intentado impedir que el sujeto irrumpiera en la habitación del cliente, pero por más esfuerzos que hicieron, ninguno pudo contra el moreno que parecía estar poseído por una bestia indomable y furiosa.

—¡Llame hasta al pinche emperador si quiere! - Rugió Ramiro sintiendo como la sangre le hervía. Pero lo que vio terminó por hacer estallar el volcán que se había generado en su pecho.

Frente a él había dos hombres desnudos compartiendo la cama, uno con las piernas del otro bien agarradas listo para hacer su entrada triunfal y el otro recostado e inmóvil.

De inmediato el Alfa se giró para ver al invasor de su habitación sin soltar las delgadas piernas que no dejaban de temblar presas del pánico de escuchar la voz de Ramiro resonar en el espacio.

—¡¿Quién diablos eres tú?!, ¡¿esta es nuestra habitación, lárgate?!...

¡BAM!

El sonido contundente de un puño inhumano se estrelló de lleno en la mejilla arrogante del sujeto, quien cayó de la cama en una escandalosa y descompuesta pose ante la mirada de todos los presentes.

—¡¿Quién demonios te crees?! – gritó el caído sosteniendo su nariz que había comenzado a sangrar.

—¡EL ES MÍO! – rugió Ramiro pasando sus ojos del sujeto indeseable a Ayagi quien permanecía en estado de shock incapaz de cubrir su propia desnudez. Al verlo de más cerca fue capaz de apreciar las incontables marcas rojizas de besos en todo su cuerpo, marcas que él no había dejado porque al castaño no le gustaban y para seguir sumando desgracias al admirar esa entrada que escurría restos, que tampoco le pertenecían, hizo que su estómago se revolviera.

Toda la visión le desgarraba el corazón; pero lo peor, fue ver que este último adoptaba una actitud de culpabilidad, agachando la cabeza como si se sintiera avergonzado de la situación, en vez de solicitar su ayuda. Entonces, para él, todo fue tan claro como el día.

Limpiándose la sangre que escurría sin parar, el Alfa gritó: —¡Él me dijo que era soltero!, si tienes que arreglar algo, hazlo con él y a mí déjenme fuera de sus asuntos.

Dicho aquello, el hombre tomó su ropa, pero como todo alfa digno, no podía irse del lugar sin dar un golpe, por lo que al pasar cerca de Ramiro abrió la boca soltando su lengua venenosa.

—Ja, puedo entender porqué lo peleas tanto, su culo es exquisito, pero amigo mío, decir que eres su pareja, por favor, no me hagas reír. Todos sabemos que Ayagi Chihiro no tiene pareja y ama el sexo con libertad. No te sientas tan especial, BETA. Su cuerpo está más recorrido que la carretera nacional, por lo que no puede serle fiel ¡a nadie!

Ramiro quiso propinarle otro golpe, pero su cuerpo estaba paralizado. La declaración del otro lo había dejado desarmado por completo.

La risa del Alfa se escuchó hasta que de un portazo lo único que pudo oírse era la respiración de las únicas dos personas que habían quedado en la habitación.

Ayagi como pudo cubrió su cuerpo con la sábana rogando para no solo ocultar su desnudez, sino también su vergüenza.

El silencio incómodo se extendía y hasta respirar era complicado. Quería decir algo, pero no tenía idea de por donde empezar, todo seguía demasiado confuso y enfrentar la mirada dolida de Ramiro era una que no quería enfrentar.

Ramiro no se movió de su lugar y tras la falta de iniciativa del castaño, decidió que ya había sido suficiente de esta mierda.

—¿Por qué lo hiciste?

Fue lo único que su cerebro pudo formular y lo que su corazón acribillado quería comprender.

Sin dejar de perforarlo con los ojos, apretó los puños para controlar la rabia y el dolor que lo estaba asfixiando. Decepción era incalculable.

Ayagi, al escucharlo, tembló… ni siquiera él sabía la respuesta. Por lo que haciendo un esfuerzo por explicarse deshizo con arrojo cada nudo en su garganta que le impedía hablar.

—No… no lo sé… - susurró apretando los ojos intentando recordar las últimas horas, pero de nuevo, el vacío se hacía presente. Por lo que su respuesta no era incorrecta, realmente no sabía qué demonios había ocurrido, pero para Ramiro que no tenía idea de la falta de información en la cabeza de su amante, la respuesta se sintió como un puñal de vil traición.

—Ja, te creía más creativo Chihiro… pero un "no lo sé" es peor que una burla – escupió Ramiro con dolo.

Ante esto Ayagi se sacudió y reflexionando en sus propias palabras levantó la cabeza. —No, no es lo que piensas… en verdad… no…

—¡¿QUE NO ES LO QUE PIENSO?!, ¡¿YA TE VISTE?! Ni siquiera se trata de lo que pienso, es lo que vi y lo que sigo viendo. Te revolcaste con ese Alfa, lo tenías todo planeado, por eso mentiste cuando dijiste que tu padre te había dado trabajo, solo era una excusa para encontrarte con él ¿no es así?

—¿Cómo…? – Ayagi no sabía a qué responder y menos ahora que el moreno había descubierto la mentira blanca.

—Que cómo se que me mentiste, fácil, tu padre fue a la fiesta de Takato y me lo dijo, ¡esperabas que no me diera cuenta para así poder seguir viéndome la cara de pendejo!

—¡Espera, no, no! ¡NO ES ASÍ, PUEDO EXPLICARLO! – gritó Ayagi con rostro desencajado, todo se había vuelto en su contra y el engrudo se estaba espesando al punto de no poder manipularlo.

—¡EXPLICAR QUÉ! ¿Que no me amas?, que jugar a la casita conmigo te aburría, que no era suficiente para ti, que querías tu vida libertina de vuelta.

Ramiro ya no se medía, estaba dolido y a las pruebas se remitía.

La habitación echa un lío, el Alfa que había salido, la pose en la que los había encontrado, la actitud de Ayagi, todo gritaba que él era el mayor imbécil del planeta.

—¡RAMIRO, BASTA! – como pudo, Ayagi se puso de pie para caminar frente a Ramiro, las piernas le temblaban y ese hecho no pasó desapercibido para el moreno, que con dolor golpeó la pared.

—¡PUTA MADRE! ¡¿TANTO COGISTE QUE NI SIQUIERA PUEDES MANTENERTE DE PIE?!

Mortificado, Ayagi cayó al piso a escasos centímetros de Ramiro, lo miró hacia arriba y casi como si suplicara tomó las piernas del moreno para obligarle a agacharse, pero eso no pasó. Ramiro se mantuvo de pie, firme, y pronto, gotas espesas comenzaron a caer en el rostro de Ayagi, quien contempló con el alma en un hilo el llanto silencioso de su amor.

—Ramiro, en verdad no lo sé, yo estaba bebiendo y no quise mentirte, estaba ocupado con cosas, tenía planes para ti, para los dos… pero en ningún momento quise acostarme con alguien más, no tengo idea de cómo terminé aquí, de verdad. Yo solo te amo a ti, por favor, por favor, tienes que creerme.

Incapaz de mantener la compostura, Ayagi comenzó a llorar a grito abierto.

Al ver el estado vulnerable de Chihiro, Ramiro quiso reconfortarlo, pero los hechos estaban frente a sus ojos y las palabras del Alfa hicieron eco en su mente y corazón, endureciéndolo.

Pronto su mirada se oscureció, sintiéndose fría y sin emociones. Se agachó para quedar a la altura del castaño. Lo tomó por los hombros y contempló el bonito rostro que ahora estaba arruinado por el llanto.

—No llores, ya deja de actuar. Me mentiste, te acostaste con alguien más y dejaste a propósito tu ubicación activada, querías que lo descubriera, solo jugaste conmigo hasta que te cansaste. Te dije mis secretos, mis miedos, te presenté mis tesoros y te entregué un corazón que había vuelto a latir y para qué… para que lo apuñalaras. Yo no quería enamorarme de ti, sabía de tu fama, pero fuiste tan convincente que caí como pendejo a tus pies solo para que pisotearas mi amor y la relación que creí para siempre. Al final no has cambiado para nada, solo eres un puto fácil que se acuesta con el primero que encuentra. Yo podía perdonarte lo que sea, pero no una infidelidad, porque cuando me entrego, lo hago por completo y por ello espero lo mismo. Sin confianza y fidelidad, no hay nada.

Ayagi tenía los ojos abiertos como platos, jamás por la cabeza le pasó que Ramiro lo despreciaría de esa manera soltando en su cara y sin filtro los pensamientos que guardaba sobre él. Llamándolo puto y tratándolo como si de un ramero se tratara.

Un quejido ahogado salió de su boca al ver que en los ojos que lo habían visto con ternura, ahora solo reflejaba una profunda decepción y desprecio que se le clavaba como dagas heladas en todo su cuerpo. Entonces, se dio cuenta de que nada de lo que pudiera decirle ahora importaba, Ramiro no lo escucharía y su cuerpo desnudo y marcado, así como su falta de argumentos, eran lo suficientemente condenatorios para siquiera presentar un alegato.

—Ja… ja… estás, ¿estás… terminando… conmigo?

Apenas y las palabras pudieron salir, Ramiro soltó los delgados hombros que temblaban conteniendo el llanto. Se puso nuevamente de pie y caminó hacia la puerta sin mirar atrás.

—¿Qué esperabas?, al final la que pensaba era mi pareja siempre le perteneció al pueblo.

Ahí estaba, otro golpe más a su orgullo y persona. Lo estaba aniquilando solo con sus palabras, partiéndolo en pedazos hasta formar polvo.

Apretando los puños y en un intento desesperado por retener al amor de su vida, Ayagi suplicó con voz quebrada.

—Ramiro, por favor… por favor no lo hagas, no me dejes, no puedo negar que me acosté con ese tipo, quisiera que jamás hubiera ocurrido, pero yo te amo, te amo con todo mi ser y debe haber una explicación para esto, solo dame tiempo de aclarar mi mente, porque yo jamás…

—Sí, la explicación es que eres un cualquiera. – Interrumpió el moreno con voz mordaz. — Así que deja de humillarte a ti mismo y enfrenta la consecuencia de tus hechos.

¡PUM!

Cada palabra agria de Ramiro era un metrallazo a su fatigada alma y cuerpo, sentía que en cualquier momento desfallecería por la maraña de sentimientos que fluctuaban en su interior. La humillación, el dolor, la angustia, desasosiego, culpabilidad, desesperación, miedo y decepción no le daban tregua haciéndolo sentir aún más miserable.

Aún así, tenía que hacer algo, jamás había amado a alguien como amaba al moreno, ni nunca se había entregado como se entregó y menos a un Beta. Aún sin un vínculo, había experimentado la plenitud de tener a alguien que lo complementaba y ahora toda esa hermosa fantasía se disolvía con las palabras y acciones mordaces de su siempre amado. —¡No, esto no puede terminar así! – pensó. Desesperado y poniendo todas sus esperanzas en ello, tomó un último aliento. —¡RAMIRO! Si cruzas esa puerta… si tú cruzas esa puerta… realmente habremos terminado, dejaremos de ser una pareja, si tú decides…

—Yo solo tengo una pareja, se llama Raúl y nunca podría encontrar a alguien mejor. Adiós Ayagi, en vida no quiero volver a verte.

Con el corazón destrozado y el rostro mojado, ante la inminente derrota Ayagi juntó de entre los restos el poco orgullo y dignidad que le quedaba, y haciendo un último esfuerzo gritó: —¡RAMIRO! ¡RECUERDA TUS PALABRAS… ¡RECUÉRDALAS, PORQUE CUANDO ME BUSQUES NO ESTARÉ PARA TI!

—Jamás te buscaré. – Respondió cortante sin dedicarle una sola mirada, siguiendo su camino.

Con el pecho agitado y el corazón latiéndole a mil por hora, Ayagi se tiró derrotado en el suelo sin creer en lo que acababa de pasar. Haciéndose un ovillo, atrajo sus rodillas a su pecho para confortarse, pensando cómo era posible que su amor no hubiera llegado a Ramiro en todo este tiempo, que este no hubiera sido suficiente y que bastaba con un error para que toda la confianza se fuera a la mierda sin darle la oportunidad de defenderse.

¿Acaso había estado perdiendo el tiempo en una relación que estaba destinada al fracaso?, ¿cómo podía ser que los labios que lo habían besado tantas veces y susurrado palabras de amor, ahora solo hubieran sido usados para repudiarlo? Y que los ojos bañados en miel, ahora ejercieran un juicio despiadado sobre él.

Simplemente no podía creerlo.

Pronto cayó en un estado de depresión angustiante, el pecho no dejaba de dolerle, las lágrimas seguían cayendo y el terrible sentimiento de querer desaparecer estaba tan presente que lo asustaba.

Una y otra vez repitió "no me dejes", hasta que su garganta se secó y el cansancio fue tal, que sus ojos terminaron por rendirse hasta sumirse en un profundo sueño, uno que le volvió a mostrar que aquel que tanto amaba se había marchado sin mirar atrás.