CAP DEDICADO A:
LightGioga y Sissi1789
¡GRACIAS POR SUS COMENTARIOS!
NO TIENEN IDEA DE CUAN FELIZ SOY DE LEERLOS Y VER QUE MI HISTORIA LES GUSTA.
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CAPÍTULO 26
PRIMERA OLA
La puerta rumbo al jardín fue cerrada con cuidado, dejando a dos personas en el medio de este siendo bañadas por la luz de la luna. Uno con la cabeza agachada y el otro con una expresión de oscilaba entre el desconcierto y la tristeza.
Con un nudo en la garganta, Takato se animó a hablar.
—¿Qué pasó?, habíamos quedado en algo, ¿recuerdas? - demandó saber con voz temblorosa cuando Junta en ningún momento tocó el tema que ambos habían estado preparando al tiempo que recordaba la serie de sucesos acontecidos esa noche, cada uno más desconcertante que el otro.
En cuanto llegaron al restaurante todo había sido de ensueño, Chunta se movía como pez en el agua y con una sonrisa en el rostro platicaba sobre su día, les preguntaba qué habían hecho ellos y cómo se sentían, además de explicarles cada cosa del menú en cuanto el mesero se retiró para darles tiempo de ordenar.
Takato se sentía inquieto, lo que iba a hablar con Haru esa noche, no era cualquier tema ni algo fácil de digerir, pero sí era necesario si lo que deseaban era tener una vida nueva para finalmente convertirse en familia.
Las manos le sudaban y mientras la velada transcurría esperaba la señal de Junta para que el tan esperado evento ocurriera, pero incluso antes de que les sirvieran los aperitivos, llegó la primera interrupción. De la nada un hombre corpulento de apariencia un tanto arrogante entró a escena abriendo los ojos como platos y dejándose ir como toro desbocado en cuanto posó la vista en ellos, especialmente en el castaño.
Este hombre, que al parecer se llamaba Antonio, había ignorado por completo la presencia de su hija y él, soltando una verborrea tan rápida que era muy difícil de comprender, pero que, de forma casi milagrosa palabras como: alfa, amigo, tonto, Japón, llegar y venganza, fueron las únicas que su oído pudo captar y que antes de que siguiera, Junta se había puesto de pie alejando al hombre sin presentárselos.
La actitud de Junta le había parecido extraña, pero… "quizás era alguien que no le agradaba" pensó Takato, seguido de "aunque no abrazas a alguien que no te cae bien, ni le llamas amigo."
Dejándolos un tanto desconcertados a él y a su hija que solo miraban la situación sin entender nada, para después contemplar a lo lejos cómo el sujeto se retiraba del lugar. Dando como consecuencia lógica que Junta regresara con ellos agregando un "es un viejo amigo, pero iba camino a una cita y se tenía que ir pronto."
¿Eso le había parecido convincente a Takato?, no, pero en aquel momento había estado tan nervioso que decidió ignorar esa pequeña alarma que sonó débil en su interior.
La segunda interrupción, fue cuando de la nada el ojiazul recibió un mensaje de Arisu en el que le platicaba que no podía dormir para nada y que quería saber cómo les iba a él y a Haru, además de mandarle saludos a la nena, de parte de Kiyomi.
Ante aquello, Junta no había reaccionado tan contento al respecto, sino que había hecho una cara de sorpresa y el color se le había ido un poco del rostro. dejando salir la pregunta: "¿por qué hablas con él?, ¿qué no se supone que querías dejar todo eso atrás?, deberías eliminarlo de tus contactos."
La verdad es que Takato no entendía por qué Chunta había reaccionado así, sorprendiéndose el doble al escuchar que este prácticamente le estaba prohibiendo tener contacto con su amigo; por lo que la alarma subió de volumen para casi al instante apagarse por decisión del oyente; pues de inmediato, recordó lo que él mismo había dicho sobre dejar el mundo yakuza y lo que le rodeaba, entendiendo o más bien, intentando justificar las palabras del castaño. Pero Arisu y Kiyomi habían sido realmente buenos con ellos, por lo que aún después de mudarse, él no había perdido el contacto con el otro omega.
Se había formado un ambiente un tanto extraño y para dotarlo de más incomodidad, justo en ese momento recordó cómo el castaño se mostraba nervioso cada que él hablaba sobre volver a japón o platicar con gente de allá, cerrando con broche de oro cuando Junta le pidió que por favor guardara su celular para disfrutar de su velada. Cosa que no del todo convencido hizo en cuanto Haru se lo devolvió después de ver la foto que Arisu había mandado de un niño durmiente.
Esto para nada le pareció bien, algo en su interior se removía, pero realmente no quería ponerse a debatir sobre ello cuando ante la mesa estaba una situación más complicada a tratar. Pero claro era que su Junta de siempre, no estaba ahí presente.
Los minutos, así como los platillos, transcurrían sin llegar al meollo del asunto. Despertando su impaciencia ante la notable pasividad de Junta, dando paso a la sorpresa, seguida de incertidumbre y decepción cuando al final de la cena, se retiraron del lugar sin más.
De vuelta en el jardín y ante la falta de respuesta de Junta, dentro de la mente de Takato comenzaban a gestarse teorías que no le gustaban para nada. —¿Y si no lo hizo porque… no quiere estar con nosotros?, ¿por eso no quiso presentarnos con su amigo? o ¿es por mí?, ¿le da pena presentar a un omega enlazado como su pareja? – eran unas de las muchas cosas que se preguntaba, pues reflexionando en lo que había ocurrido en el avión, cuando por un momento olvidaron dónde se encontraban dando rienda suelta a la pasión, Chunta no lo había vuelto a tocar, más que para darle besos tiernos y tomadas de brazos y hombros sin ninguna insinuación sexual en esto.
Aunque emocionalmente había una conexión innegable entre ellos, innegable también era que el hombre estaba tomando su distancia. Provocando así el nerviosismo en él, aumentando gracias a la falta de palabras del otro.
—¡DIME, HABLA, ¿QUÉ PASA?, ¿POR QUÉ NO DICES NADA?! – La desesperación en su voz era notable y al parecer lo suficiente para hacer que Junta al fin lo mirara a los ojos, pero su respuesta solo lo hizo sentir aún más decepcionado.
—Takato, yo… no creo que aún sea el momento para platicar con Haru, deberíamos darle más tiempo, todo ha sido muy rápido… - Pronunció Junta apretando los puños cuando quiso alcanzar al omega que giraba el rostro para mirar hacia otro lado evadiendo su toque.
Ante el acto, retrajo su brazo sintiéndose como escoria y sin el derecho de siquiera tocarle un solo cabello, pues sabía que sus palabras lo habían lastimado; ya que, para él, era por demás conocido que Takato había reunido todo su valor para seguirlo y más aún para establecer el momento de decirle a su hija sus propios sentimientos con respecto a Junta, y ahora, él arruinaba todo diciéndole que era demasiado pronto.
Abrazándose a sí mismo, Takato soltó un jadeo reprimido dirigiendo su vista hacia los árboles de naranjas, juzgándose como la persona más imprudente y miserable del planeta. Al parecer él era el que estaba presionando la situación y Junta se lo estaba haciendo ver. —Ya veo… así que… eso es lo que piensas – susurró apretando su ropa con un tono de voz lamentable que hizo sentir escalofríos a Junta, quien frunció el ceño dolido por lo que estaba provocando. —Sabes, si eso creías, debiste habérmelo dicho cuando discutimos sobre esto, así me habrías evitado estar tan nervioso todo el día y sobre todo no me habría hecho expectativas…
—Takato…
—No, - interrumpió — seguro tú también tienes muchas cosas en las qué pensar… digo, vienes de una familia tan importante y de pronto llegar con un omega sin estudios, marcado y aparte con una hija, tal vez es demasiado para ti. – En su voz se podía notar a la perfección la molestia y a su vez la inseguridad y tristeza rompiéndole su corazón.
Sorprendido por las amargas palabras, Chunta levantó las cejas en una mueca de sorpresa y terror, pues nuevamente él estaba provocando más enredos y dolor a quien menos quería lastimar.
—¡Takato! No hables así, yo te amo y amo a Haru, mi familia no tiene nada que ver y tú no estás marc… - calló ante sus propias palabras antes de que soltara una verdad que seguía oculta entre toda su maraña. Miró el rostro triste de Takato sintiendo una punzada horrible de culpabilidad en su pecho, por lo que solo atinó a extender sus brazos y arropar la delgada figura del omega entre ellos. Así, con voz suave de seda habló en su oído. — Tu marca no me importa en absoluto, ni que tengas una hija, son demasiado buenos para alguien como yo y aún así deseo que por favor se queden conmigo. – Afirmó besando la coronilla del azabache al tiempo que sus manos sobaban con ternura la espalda que temblaba. —Perdóname por aplazar nuestra charla con Haru, tú no eres el problema… soy yo… tenemos primero que hablar de otras cosas.
Hundido en el pecho de Chunta, Takato abrió los ojos. — ¿Otras… cosas? – preguntó dudoso intentando descifrar a qué cosas se refería. Volvió a cerrar los ojos incapaz de ver al hombre. — Por favor se claro, justo ahora siento que podría desmayarme – agregó temblando con mayor fuerza.
Sus feromonas gritaban que necesitaba ser consolado y las de Junta luchaban por no salir a presión en su rescate. Muy lentamente el alfa comenzó a soltar las feromonas con las que antes había envuelto a Haru y Takato en el aeropuerto, atrayendo al omega hacia la parte de su cuello que las emanaba.
—Mi hermoso Takato, mi precioso omega… créeme cuando te digo que te amo. En serio tenemos cosas que hablar, pero tengo muchísimo miedo de que al hacerlo me odies y no quieras seguir más conmigo… soy tan egoísta, que en serio no quiero perderte.
Poco a poco las feromonas de Junta comenzaron a hacer efecto en Takato al punto de irlo adormeciendo.
Con voz somnolienta Takato barría las palabras. —pero ¿qué dices?, yo… yo jamás te odiaría Chu-Chunta…
—Sí… sí lo harías, porque lo que he hecho es horrible…
—Ch…chun…ta… yo…
—Te he engañado, todo este tiempo… - soltó el alfa en sollozo.
La conversación había terminado, Takato había caído dormido envuelto en feromonas que lo desarmaron.
Junta, por su parte, no sabía qué tanto el omega había sido capaz de escuchar antes de caer inconsciente, pero lo cierto era que el tiempo corría y el ultimátum de su abuelo lo presionaba contra las cuerdas.
Con cuidado cargó a Takato como si fuera lo más valioso del planeta y lo llevó hasta su habitación. Lo acomodó suavemente en la cama, quitando prenda por prenda tatuando en sus ojos, mente y corazón cada milímetro de su cuerpo, pues tal vez sería la última vez que podría contemplarlo.
Takato lucía desnudo e indefenso sobre las sábanas, siendo iluminado por la luz de la luna que se colaba por la ventana resaltando su pálido color. La piel expuesta lucía suave, antojable y perfecta, sobre todo para Junta quien todo el tiempo se había controlado para no lanzársele encima como su lobo interior se lo pedía.
Sin embargo, aprovechando la oportunidad, pasó las yemas de sus dedos sobre la piel de marfil, sintiendo su contrastante calidez. Comenzó por el bello rostro, rozando su frente, cejas y pestañas pasando por el puente de su fina nariz hasta aterrizar en los labios delgados que entreabiertos lo tentaban para que los besara.
El recorrido siguió por su cuello, clavícula y pecho, presionando suavemente con sus pulgares los botones rozados que sobresalían inocentes. Por un momento se sintió atraído para succionarlos, por lo que inclinó su cabeza hasta rozar con su nariz el pecho que subía y bajaba con ritmo pausado.
En cuanto su nariz hizo contacto con la suave superficie, el aroma que antes había percibido fue inhalado hasta el fondo despertando sus caninos haciéndolo salivar.
Tener a Takato así estaba volviéndolo loco, por lo que haciendo su mayor esfuerzo y para evitar seguir descendiendo por el camino de la felicidad, se despegó del omega sintiendo como su miembro palpitaba y su mandíbula se apretaba.
Con rapidez cubrió el cuerpo con las cobijas, arropándolo amorosamente, para finalmente depositar un beso casto en cada mejilla.
Junta lo contempló por última vez desde la puerta y susurró: —Mañana, mañana te lo diré todo… por favor, perdóname.
¿Se iba a arrepentir de hacerlo?, seguramente, pero más se lamentaría si por azares del destino Takato se enterara por boca de terceros de la verdad que tanto se esforzaba por ocultar. Cuando escuchó que mantenía contacto con Arisu fue más que suficiente para sentir cómo la sangre se le iba al suelo, pero fue peor cuando recordó que le había sugerido no volver a hablar con el omega. Golpeándose mentalmente pues estaba haciendo exactamente lo que la bestia de Himura le había hecho por años, sintiéndose una escoria por prohibirle algo cuando no tenía ningún derecho para hacerlo, aunado a las palabras de su abuelo y ver el rostro triste y angustiado de Takato al creer que seguía marcado o que su condición de omega sin estudios y con una hija podían ser el motivo por lo que él dudaba, habían sido el punto sin retorno. Mañana sería un día realmente largo.
Mientras tanto en Japón, se estaba dando un encuentro inesperado y peligroso a las afueras de Tokyo.
El aire fresco matinal revolvió el cabello crecido del hombre que se encontraba sentado en el tronco caído de un árbol. Se notaba incómodo removiéndose cada tanto tiempo cambiando de postura, pero pronto la mirada que parecía había perdido todo rastro de vida, resplandeció cuando la hermosa mujer bajó el vidrio de la vagoneta negra que la transportaba.
—Kurokawa san, al fin nos volvemos a encontrar.
—Hashiba… para nada luces como el hombre que recuerdo – expresó Yurie acomodando sus lentes de sol, y tenía razón.
Hashiba, el hombre que siempre portaba traje y se mantenía pulcro de principio a fin, ahora parecía la sombra de lo que un día fue. Su ropa era vieja y estaba sucia, los zapatos apenas servibles, el cabello largo y el rostro lleno de barba desprolija. A su boca le faltaban varios dientes, producto de las palizas que había recibido a manos de los hombres de Ayagi y su espalda, ni qué decir de ella, actualmente era una masa amorfa llena de cicatrices abultadas y mal atendidas.
La dignidad se había perdido, el orgullo, destruido, pero aquello solo había alimentado su sed de venganza, la cual ardía como llamas del infierno en su interior.
Después de que Ayagi lo tuviera confinado como un animal, se había perdido en un agujero negro, no sabía qué día era, si estaba vivo o muerto, ni qué ocurría allá afuera, de no ser porque de vez en cuando algunos hombres del clan iban y se paraban cerca de su prisión habría seguido totalmente ignorante. De esa manera fue que supo que su amado jefe había caído y que lo habían dejado como un torso viviente. Lo que los sujetos contaban era horrible y seguro estaba que solo fantaseaban. No fue hasta hace una semana que de la nada Ayagi Chihiro había mandado que lo liberaran. Las palabras de este habían sido: "No tengo nada que ver contigo, lárgate." Lleno de incredulidad salió de su confinamiento pensando que seguro era una trampa y que Ramiro lo esperaba para matarlo, pero eso no pasó, ni nadie impidió que se fuera.
Sin nada en sus bolsillos salió a enfrentar a la vida y fue así, como leyendo periódicos viejos se enteró de principio a fin la investigación que se había hecho sobre Himura y sobre el estado en que lo habían encontrado y cómo al haber perdido las piernas, las manos y la lengua, en vez de estar en la prisión de máxima seguridad, lo habían llevado a un sanatorio donde pasaría el resto de sus días.
La noticia le había caído como balde de agua fría y pese a que Himura lo había entregado a Chihiro, ese hecho lo había salvado de tener el mismo destino que él, por lo que en vez de seguirse sintiendo traicionado, el sentimiento fue sustituido por un agradecimiento y devoción enfermiza, como toda la vida la había tenido. Jurando entonces que lo vengaría.
Con todo aquello, aún había datos que le faltaban, como todo lo que los clanes habían confabulado. Fue en ese momento que, después de muchos esfuerzos por sobrevivir había contactado a la única persona, además de él, que moriría por Himura y de la cual recordaba a la perfección su número, ella sin duda lo ayudaría.
—Sí, tiene razón, pero que mi apariencia no la engañe, por dentro sigo siendo la misma persona de siempre – aseguró Hashiba poniéndose de pie para acercarse un poco más al auto.
—Tengo la información que me pediste… visité a Kenichi, esos malditos lo dejaron como un muerto viviente, no se parece en nada al hombre que recuerdo y eso me duele, me agradeció que lo visitara, me fue imposible no llorar… postrado en una silla de ruedas, tan delgado y demacrado.
Con cada palabra que la mujer decía, Hashiba apretaba sus puños y mandíbula. Para él le era imposible acercarse al Yakuza, así que de solo imaginar lo que la mujer le describía era más que suficiente para revolver su estómago y avivar el fuego de su rencor.
Limpiando con su fino pañuelo unas cuantas lágrimas que escapaban de sus ojos, Yurie continuó: —Pudo comunicarse conmigo con ayuda de una computadora y así me lo contó todo. ¡Sufrió tanto! ¡y todo por culpa de Junta Azumaya y Takato Saijo! ese maldito omega, solo llegó a su vida para destruirlo.
—Lo sabía, sabía que esos dos tenían algo. – Rugió Hashiba apretando los dientes. —No cabe duda de que ese gato callejero solo llegó para arruinar la vida de mi Señor.
—Ese omega es un idiota, pero qué se puede esperar de gente inferior, me enteré que dejó el país con ese tipo y eso no es todo, Azumaya es un Alfa Enigma y fue quien planeó la caída de Himura porque se enteró de lo que le hicieron a su padre. A mi la verdad no me interesa eso. Solo quiero ver sufrir a esos dos, que sientan como es que te arranquen cada miembro del cuerpo y humillen hasta desear morir.
Hashiba cerró los ojos y suspiró. —Así será.
—¡Odio a ese omega, lo odio! El imbécil piensa que será feliz, jaja pobre idiota, Kenichi me dijo que Azumaya solo lo utilizó para sacarle información como amante y así provocarlo para que le hiciera las cosas difíciles a Kenichi, y es cierto. Tengo pruebas de eso, mira, - dijo extendiendo un sobre. —Estas fotos las tomé al seguirlo porque sospechaba que algo tenía con el maldito omega y así fue, los vi besándose y de inmediato se las quise llevar a Kenichi tú ya no estabas con él, en fin… no fue hasta hace poco que las volví a ver y ahí sale, ese Azumaya mira directamente hacia la cámara, como si supiera que yo estaba ahí y no me detuvo… él sabía que lo seguía, sabía que le daría las fotos a Kenichi, que eso lo provocaría… ¿lo puedes ver? Él usó al omega y me usó a mi también, me pregunto qué mierda de cara haría ese omega de quinta si supiera que no es más que un juguete.
Hashiba escuchaba con atención cada palabra, ahora sí, el mapa se revelaba con todos los caminos y seguro estaba que esta mujer apoyaría todo lo que le propusiera pues estaba tan llena como él de rencor y odio hacia el Alfa y el omega.
Ambos siguieron conversando y cada palabra dicha le confirmaba a Hashiba el cómo y porqué de un momento a otro el Clan se había ido a la mierda. De solo imaginar a lo que había sido reducido su amo, era más que suficiente para que sus venas se reventaran de coraje. Pero no era momento de llorar ni lamentarse, era el de actuar y ya sabía qué haría primero.
—Kurokawa san, como puede ver, me encuentro en calidad de indigente, pero si me da algo de dinero, antes del mediodía tendremos el primer movimiento de nuestra venganza.
—¿Qué piensas hacer y cuánto necesitas? – preguntó un tanto molesta por tener que dar su dinero al hombre, pero las ganas de humillar a Takato y demostrarle a Kenichi que ella siempre debió ser su primera opción era el aliciente que la movía.
—Primero necesito comprarme ropa e ir a un hotel para poder asearme, después, haré una visita a la escuela.
—¿Escuela?, ¿qué escuela? y ¿eso de qué servirá? – dudosa detuvo su mano de tomar la tarjeta de crédito.
—Kurokawa san, yo no soy tanto de explicar las cosas, soy más del tipo que da resultados, confíe. No hay nadie más interesado en vengar a mi señor, ni nadie más leal que yo.
Pronto, la mañana llegó para Takato quien pensaba que su rutina se repetiría, esta consistía en: despertar, bañarse, levantar a Haru, arreglarla, bajar a desayunar con Chunta y sus abuelos, esperar a Ramiro y al profesor, entre otras cosas. Sin embargo, la increíble cantidad de llamadas y mensajes en su celular rompieron su esquema por completo.
Ramiro había estado marcándole hasta la madrugada, pero como puso el móvil en silencio para que su "velada mágica" no fuera interrumpida, no escuchó ni un solo timbre. De inmediato intentó devolverla, pero marcaba fuera del área de servicio; entonces, al leer los mensajes, ¡sorpresa! Ramiro se disculpaba y explicaba de todo lo que se enteró con respecto a la noche que decidió terminar con Chihiro, así como lo arrepentido que estaba, lo desesperado y urgido que se sentía por arreglar las cosas, para finalizar con un: —Regresaré a Japón, por favor perdóneme por dejarlos a Haru y usted de esta manera, no sé si podré volver pronto o siquiera si volveré, pero me consuela saber que queda al cuidado de la familia de Azumaya san y de él. No tengo duda de que lo ama.
Ante la noticia, Takato sintió un vacío en su pecho, pero como antes había dicho, no sería egoísta ni haría nada por retener a Ramiro a su lado, él debía ser libre de hacer con su vida lo que quisiera. Con aquel pensamiento se dispuso a escribir un mensaje rápido en el que lo consolaba y deseaba que todo saliera bien, después de todo, no importaba en dónde estuvieran, siempre serían familia.
Triste por la partida de su amigo continuó con su rutina, pero las sorpresas solo se fueron acrecentando, pues en cuanto bajaron para tomar el desayuno la ausencia de Chunta en la mesa era más que notoria. En cuanto tomó asiento, la discusión que tuvo con él en el jardín y el hecho de no haber llegado realmente a nada, seguido de su incapacidad por mantenerse despierto, lo abrumaron de un segundo a otro haciendo surgir todas sus inseguridades y miedos.
Casi al instante Celestin habló.
—Junta me pidió que lo disculpara, pero tuvo que salir temprano a la empresa, al parecer ayer olvidó firmar unos documentos y eso detuvo todo el proceso. Estará aquí para la cena. – Comentó con la misma sonrisa amable de siempre. Sin embargo, para Takato no pasó desapercibido de que durante todo el desayuno y su plática matutina, en ningún momento Celestino o Yachio insinuaron algo sobre la noche anterior, siendo que ambos se mostraban entusiasmados, por lo que pensó que sin duda alguna Junta se había encargado de decirles lo que había sucedido.
Aquello lo hacía sentir peor, en el corto tiempo de convivencia se había encariñado de los abuelos de Chunta, pero aún así, era incómodo que ellos estuvieran enterados de hasta el último detalle de su vida, así como lo que hacía o dejaba de hacer. Para él era como caminar desnudo sin nada que pudiera cubrirlo.
No sabía si esos pensamientos y sentimientos se debían a que estaba algo deprimido por la noche anterior o porque realmente había algo más que el ignoraba, pero de algo estaba seguro, necesitaba aire fresco y una larga caminata para despejar el estupor de ideas autodestructivas.
Al ver que todo estaba en perfecto orden, mientras Haru recibía sus clases, salió del estudio no sin antes pedirle a Malena que acompañara a su hija durante el resto de la sesión. No se concentraba y su cabeza era todo un lío.
Dispuesto todo para salir, caminó por los pasillos de la mansión hasta detenerse en la oficina de Junta como si sus pies y corazón lo hubieran guiado hasta ahí. Era increíble para él cómo a pesar de sentirse herido y molesto con Junta, al mismo tiempo lo necesitaba y extrañaba tanto.
Acarició la puerta de madera pasando las yemas de sus dedos hasta dirigirla a la perilla para girarla y abrirla. De inmediato un aroma a bosque fresco entró por sus fosas nasales estremeciéndolo hasta la médula, bailando por su cuerpo y sumergiéndose en cada poro de su piel. Sus piernas fallaban y de un momento a otro ya se encontraba sentado en el suelo con la espalda recargada en la puerta.
La sorpresa e incredulidad bailaban en sus ojos. Lo sabía, conocía esa sensación, sus efectos, eran feromonas de Alfa pero aumentadas a niveles que jamás pensó experimentar. La bomba estaba cargada de una deliciosa fragancia que de inmediato despertó sus instintos más bajos, una que antes había olido pero que no recordaba.
En ocasiones anteriores había ingresado a la oficina de Junta, pero jamás había percibido nada como esto. Pero ahora, estaba bañado y ahogándose en la fuerte esencia de forma agonizantemente placentera.
Cubriendo su boca intentó acallar los jadeos que de un momento a otro comenzó a emitir seguido de copiosas lágrimas. Se estaba excitando, su pequeño miembro fue hinchándose hasta convertirse en un bulto doloroso presionando su pantalón.
Reuniendo toda su fuerza e intentado controlar los temblores de su cuerpo caminó hasta la ventana cerca del escritorio, pues entre la poca consciencia que le quedaba, estaba claro que no podía salir de ahí con una erección y llorando a mares por el deseo de ser acariciado.
Como pudo llegó hasta su objetivo, con manos resbaladizas por el sudor quitó el seguro aventando la hoja hacia afuera inhalando profundamente el aire fresco que entraba con fuerza.
Aún así, la excitación seguía presente, incapaz de pensar en algo más, sollozó cuando su mano fría entró en contacto con su miembro humedecido.
—AAH, no… no debo hacerlo… estas feromonas… de quién… Junta, Junta se sentiría mal si supiera que me excité por alguien más… - balbuceó intentando detenerse, pero no podía, se estaba quemando por dentro en una reacción escandalosa. Llorando de deseo envolvió el falo caliente, mientras que su otra mano avanzó hacia su entrada que para ese momento se encontraba empapada.
Con movimientos suaves brindó atención a las zonas que rogaban desahogarse.
—Ah, ah… mmm – Los gemidos iban aumentando por lo que en un impulso por controlarlos mordió su labio inferior hasta hacerlo sangrar.
Sus atenciones continuaron con movimientos más rápidos y necesitados, su mano izquierda bombeaba su polla, mientras que los dedos de su derecha se introducían en su cavidad.
—No, no alcanzo… - lloró al no poder siquiera rozar el punto que lo sumía en placer.
Aun así y pese a la frustración de no lograr al cien por ciento sus deseos, el climax llegó.
—¡AAAAH, nghh… Chu-chunta! – gritó desplomándose en el suelo nuevamente, sintiendo como su pecho subía y bajaba acelerado por las intensas sensaciones. Su cuerpo se estremecía, su ropa era un desastre al igual que su rostro y manos, mientras que sus ojos se enfocaban en la nada nublados aún por el placer.
Exhausto, poco a poco fue recuperando el aliento. El intenso aroma que lo había derribado fue drenándose, eliminando todo rastro de la fuerte presencia.
De nuevo consciente, se levantó de un salto asustado por lo que había hecho. Miró su aspecto y comenzó a llorar sintiendo que había traicionado a Junta. —¿Por qué… por qué lo hice? – se reprendió apretando su camisa.
Pronto, más lágrimas comenzaron a caer, pero ahora de desesperación al sentirse como un sucio omega; entonces, mientras las gotas de agua resbalaban por sus mejillas, cayó en la cuenta de que lo que acababa de pasar era algo absolutamente imposible.
—¡¿Cómo… ¿cómo es posible que haya percibido estas feromonas?, yo… ¡yo estoy marcado! – de un momento a otro, las lágrimas se detuvieron de golpe por el impacto del hecho ante sus ojos. Esto no tenía sentido alguno para él.
Nervioso llevó su mano en donde la marca debería estar, y para su sorpresa no fue capaz de sentirla. El espacio donde yacía era terso, incorrupto —¡Es imposible!, ¿Qué está pasando? – susurró poniéndose de pie de un salto acomodando su ropa tan rápido como podía, quería salir de la oficina y correr hacia el espejo más cercano, necesitaba ver si la marca seguía en su sitio y así poder encontrar una explicación lógica a lo que acababa de sucederle.
Si bien había sido él quien le pidiera a Junta terminar con el tema de Himura, el hecho de haber podido oler las feromonas de otro alfa solo podían indicar una sola cosa, que el Yakuza estaba muerto, pero de ser así, sabido era que perder el vínculo era algo realmente doloroso y él no había sentido nada.
Todo era realmente confuso y llegaba en el peor momento para él.
Notando que sus manos seguían mojadas con sus propios fluidos avanzó hasta el escritorio tomando unos pañuelos, entonces sus ojos se enfocaron en una carpeta que decía: "INVESTIGACIÓN DEL CLAN HIMURA."
—¿Qué es esto?... – con nerviosismo extendió su brazo para tomar la carpeta y comenzar a hojearla. —Clan Himura, líder Himura Kenichi 36 años Alfa dominante, casado con el Omega Saijo Takato 22 años. Tienen una hija llamada Himura Haru 5 años. – siguió pasando las hojas encontrando en estas fotografías del clan, de Himura, de sus negocios, amantes y demás cosas que de las que no tenía idea. —¿Por qué… por qué Chunta tiene esto? – preguntó desconcertado al aire.
Más y más información surgía, algunas eran meramente financieras y otras sobre contactos y movimientos clandestinos con detalles escabrosos que le provocaron nauseas; sin embargo, algo llamó aún más su atención. En la hoja final una fotografía de él y su hija aparecía anexada con un clip. En esta se veía a Takato con Haru en brazos caminando hacia el carro en el que solían moverse, el rostro de ambos se podía apreciar por completo y él recordaba perfectamente ese día.
Aquella ocasión Takato había conseguido el permiso a base de sumisión completa hacia Himura, para poder llevar a Haru a un café de gatos. El cuerpo le dolía y su entrada había sido lastimada, aun así, sonrió todo el camino y su hija amó tanto el lugar que pasó toda esa semana hablando sobre su experiencia. Esto había ocurrido exactamente dos semanas antes del cumpleaños del Yakuza.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal cuando al levantar la fotografía vio otra de él y su abuelo, así como todo un informe de su vida hasta los 17 años, edad en la que Himura lo había tomado como de su propiedad.
Paralizado dejó caer el expediente cuando su cerebro dejó de funcionar por el shock, llevando sus manos hacia su boca sintiendo como si su corazón fuera a salirse en cualquier momento. Su estomago estaba revuelto y su mente intentaba formular una explicación lógica para todo, pero no la encontraba.
Solo dudas y más dudas surgían y las lagunas de información que tenía le impedían atar los hilos que salían de la tela cortada.
Atinando a preguntarse una y otra vez con incredulidad y deseando que no fuera así, dos cosas.
—¿Chunta sabía quién era cuando nos conocimos?, ¿sabía de Himura, de mi hija, de mi?, él me dijo que su padre lo había tratado… que eran aliados, entonces por qué investigarlo, porqué investigarnos a nosotros… pero Chunta era nuevo en esto… él no lo conocía, eso me dijo, quiere decir que por eso pidió esta información, pero cuando nos conocimos parecía no saber nada de mi… entonces… yo… ¡No entiendo nada! – gritó desesperado agarrando sus cabellos.
Suficientemente desconcertante había sido lo de ayer y su reacción a las feromonas como para agregar una cosa más. Era demasiado para digerir, pero no podía seguir permaneciendo en ese espacio y las voces de algunos sirvientes le hicieron notarlo aún más.
Rápido recogió la carpeta del suelo y la abrazó. La conservaría hasta estar más tranquilo y así pensar bien las cosas, pues las dudas solo iban creciendo y se acumulaban en su corazón.
De algo estaba completamente seguro, y eso era que Junta debía darle una gran explicación sobre la investigación, porque si realmente al momento de encontrarse por primera vez, él ya sabía quién era; todo el coqueteo, interés y atenciones, habrían sido no más que una mera actuación. Y honestamente, no estaba listo para que lo fuera.
—Por favor, que no lo sea, que no sea así… – sollozó asustado y angustiado, porque de ser un sí, nuevamente se había equivocado, pero a diferencia de antes, ahora se encontraba realmente lejos de casa, con su pequeña de por medio y sin alguien en quien apoyarse.
El miedo del porvenir lo paralizó y casi creyó que había dejado de respirar. El tun tun acelerado de su corazón, el castañeo nervioso de sus dientes y el sudor en las palmas de sus manos gritaban que podría colapsar en cualquier momento.
—Takato contrólate, no puedes seguir así, no permitas que Haru te vea así – se dijo a sí mismo intentando inyectarse valor y así recuperar un poco de control.
Tomó más pañuelos y limpió su rostro, respiró varias veces soltando el aire por su boca hasta que se sintió lo suficientemente recuperado para irse. Entonces, cuando estaba por abrir la puerta, esta se abrió de repente.
— ¿Saijo san?, ¿qué hace aquí? – preguntó Sasaki con rostro sorprendido al tiempo que acomodaba sus lentes.
Takato lo miró con la misma expresión sintiéndose como ladrón atrapado en el acto. Miró nervioso a Sasaki sin saber qué decir. —Yo, yo extrañaba a Chunta… - dijo. Si bien esa había sido la razón por la que sus pies lo llevaron hasta ahí, ahora mismo no lo extrañaba ni quería verlo.
De inmediato Sasaki recuperó la compostura sonriendo ampliamente, complacido por la respuesta. —Entiendo, él salió temprano, me comentó que no había podido despedirse de usted, créame cuando le digo que él lo extraña más. – Agregó aún con la sonrisa en el rostro, sin embargo, su expresión cambió de inmediato cuando bajó la mirada y vio entre los brazos del azabache la carpeta por la que había sido enviado a la mansión.
Junta había quemado todo lo que tuviera que ver con el Clan Azumaya y Himura en japón, pero aquel expediente que Sasaki le había entregado, viajó hasta España por accidente; sin embargo, ahora que estaba decidido a contarle todo a Takato, Junta sacó aquella carpeta para mostrársela y ser cien por ciento honesto. Pero ahora, y sin querer, la había olvidado en un lugar indiscretamente visible, por lo que en cuanto lo recordó mandó a su amigo fiel por ello.
—Takato san, esa carpeta… ¿podría entregármela? – pidió nervioso, extendiendo su mano, notando como el ojiazul la apretaba más contra su pecho.
El azabache entrecerró los ojos. —¿Por qué?, ¿acaso tiene algo que no debería ver? – dijo Takato sorprendiéndose a sí mismo por la manera en que lo había dicho. Desafiante.
Sasaki soltó un suspiro enorme, se quitó los lentes y frotó sus ojos, para él era más que obvio que había llegado tarde y Takato ya la había revisado; por lo que, intentando salvar la situación hizo una reverencia profunda sorprendiéndolo.
—¡Saijo san, por favor perdóneme! – gritó con voz afligida descomponiendo la postura agresiva y desconfiada del omega.
—¡Sasaki san! ¡por favor no haga eso! – habló sacudiendo su mano intentando que el hombre volviera a su posición natural.
—No Saijo san… yo me siento realmente apenado. Ciertamente usted no debía verla, pero permítame explicarle. Cuando Azumaya san tomó el lugar de su padre, yo quería saber qué clase de persona era Himura y todo lo que le rodeaba y ese sentimiento se intensificó cuando usted comenzó a salir con él. Yo tenía qué asegurarme de quién se estaba enamorando mi amigo y jefe, así que hice esa investigación por mi cuenta, pero jamás se la mostré a Azumaya san, ayer la dejé en su escritorio… pensaba decirle lo que había hecho, pero ni siquiera entró aquí. Por eso volví por ella, para enseñársela. Ahora entiendo que investigarlo fue un gran error, usted es la mejor persona con la que he tenido el gusto de tratar y con la que mi amigo podría estar, para él usted es su vida. – Terminó de confesar sintiendo como espesas gotas de sudor se formaban en su frente, esperando que Takato creyera su justificación que mezclaba mentiras con verdades.
Takato lo miraba con la boca abierta, Sasaki había hablado demasiado para lo que estaba acostumbrado a escucharle y aunque en parte sintiera alivio de que alguien barriera los horribles sentimientos que se habían adueñado de su cabeza y corazón en cuanto leyó aquel documento, no estaba del todo convencido; pues había un detalle que permitía que la semilla de la duda germinara en su interior, y esta era la foto de él y su hija, pues si todo era justo como Sasaki decía, primero: la fotografía era innecesaria pues ya se habían visto en persona, y segundo: la imagen utilizada era de dos semanas antes de haberse encontrado por primera vez con Junta y él.
El omega apretó por última vez el expediente y haciendo lo que mejor se le daba después de un lustro de práctica, mostró su impecable "pokerface", aquella que dedicaba a todos sus verdugos para que estos no pudieran leer sus verdaderos sentimientos ni pudieran ver su desesperación y sueños de fuga que habitaban esperanzados en su interior.
—Aquí tiene Sasaki san… realmente me tomó por sorpresa verla, pero ya que me lo ha explicado todo, tiene sentido. Por favor enderécese y pierda cuidado. – dijo extendiendo la carpeta.
Sasaki la aceptó de inmediato con una sonrisa. —Gracias Saijo san. Disculpe que no pueda quedarme más tiempo, pero aún tenemos mucho trabajo. Con permiso, salude a Haru chan de mi parte y de Nana. Mi hija me ha rogado poder jugar con ella, pero siempre tengo cosas que hacer.
Con una sensación extraña en su interior, el omega asintió despidiéndose del hombre que pronto le dio la espalda para salir disparado del lugar.
Takato había pecado de inocente en el pasado y muy seguramente también en el presente, pero no era tonto y esas incongruencias en la historia de Sasaki solo aumentaron su ansiedad. Ahora, no le quedaba duda alguna que en definitiva algo le estaban ocultando y no sabía si su marca también tenía que ver con eso. Por lo que, aunque la realidad no le gustara y como había escuchado por ahí "el saber es mejor que tener dudas y despertar es mejor que seguir dormido", para él, el momento de saber y abrir los ojos estaba más cerca que nunca.
