CAPÍTULO 27
TSUNAMI
En cuanto volvió a estar solo, Takato corrió hacia su habitación. Tomó el espejo del tocador y entró al baño cerrando la puerta con seguro. Sus manos temblaban al igual que sus piernas y barbilla, tenía miedo. Miedo de que al remover su cabello se viera sin la marca, pues si bien era algo con lo que siempre había fantaseado, ahora solo le provocaba angustia debido a la serie de eventos que se habían suscitado.
Tomando valor de donde podía y fuerza de donde no había, envolvió su larga cabellera para anudarla en moño dejando su cuello descubierto. Una vez con el camino despejado, se giró para darle la espalda al enorme espejo del baño.
Los espasmos musculares eran cada vez más agresivos, pero tenía que hacerlo, porque solo así podría encontrar las respuestas a sus preguntas.
Respirando hondo tomó el espejo de mano y fue levantándolo poco a poco. Pronto, su rostro sin color y ojos rojos se reflejaron en la superficie. Con movimientos lentos y dudosos fue acomodándolo hasta quedar alineado. De pronto, el cuello esbelto y largo se reflejó en todo su esplendor limpio de aquella marca que por años lo había condenado, luciendo tan liso y hermoso como el día antes de que su destino cambiara.
¡CRASH!
Por la tremenda impresión, Takato soltó el espejo que de inmediato se estrelló en el piso esparciendo pedazos de vidrio por todo el suelo.
—¡No puede ser!, ¡no puede ser! – repitió Takato antes de volverse al inodoro y vaciar todo lo que su estómago tenía. Las arcadas eran violentas y no se detuvieron hasta que líquido biliar y espuma viajaron por su esófago para terminar arrastrados por la presión del agua.
Su frente sudaba frío y la boca de su estómago le dolía. Exhausto se sentó en el piso sintiendo como algunos fragmentos de vidrio que habían llegado hasta allá, cortaban sus manos.
No tenía fuerzas para emitir sonido alguno o ponerse de pie. No sabía qué hacer o cómo actuar, quería que alguien lo bañara, arropara y dijera que todo estaría bien, pero no era posible. Quería respuestas, pero no sabía a quién pedírselas o más bien, cómo pedirlas.
Se sentía abrumado y sobrepasado por todo, el baño daba vueltas a su alrededor. No supo cuánto tiempo estuvo en el suelo, pero al menos lo suficiente para que su cuerpo se enfriara. Estaba perdido, en blanco, luciendo como si su alma hubiese abandonado su cuerpo.
No fue hasta que escuchó varios toques en la puerta de su cuarto, que pudo regresar al inexplicable presente.
—Señor Saijo, señor Saijo, ¿se encuentra aquí? – preguntó la mujer entrando a la habitación, que, por su respiración agitada, seguro lo había estado buscando por toda la casa.
Takato parpadeo varias veces y con voz rasposa, por el esfuerzo de haber vomitado, respondió. —Sí, aquí yo.
La mujer caminó hasta quedar frente al baño. —Mi señor, el maestro me pidió que le llamara porque las clases de español ya van a comenzar. – Anunció la mujer esperando Takato la entendiera.
Del otro lado Takato intentaba ponerse de pie apoyando los antebrazos en el inodoro pues sus palmas habían sido dañadas por los vidrios sueltos.
—Voy, estoy ocupado. Gracias. – atinó a decir esperando que su respuesta fuera suficiente para que la persona al otro lado entendiera y se retirara. Y así fue.
Mirando su reflejo demacrado en el espejo, como si de la noche a la mañana hubieran pasado mil años, decidió tomar un baño para deshacerse de su apariencia lamentable, no podía presentarse ante Haru con la ropa hecha girones, los calzoncillos sucios por sus fluidos y las manos cortadas; por lo que, recordando su responsabilidad para con su hija, tomó todos sus sentimientos, emociones e inseguridades para envolverlas en una tela de olvido para finalmente encerrarlas en el baúl interior que muchas veces había utilizado para depositar toda la basura y esta no lo carcomiera. Pues jamás le volvería a mostrar a su pequeña su "yo lamentable". Ella y nadie más que ella, era su mejor razón y motor para seguir levantándose aun y cuando sintiera que sus fuerzas lo habían abandonado.
Mientras cepillaba su largo cabello, le fue inevitable no pasar su mano por el lugar donde debía estar la marca. Haciendo que en automático su estómago volviera a revolverse.
En consecuencia, llevó las manos hacia su boca intentando controlar las ganas de vomitar.
—Respira, respira.
Se repetía a sí mismo. En ese momento su celular comenzó a sonar, seguramente era Chunta y a decir verdad, no se sentía con ánimo de hablar con nadie y menos con él por todas las cosas que habían pasado.
Echó un vistazo para ver quien era, entonces leyó el número que aparecía en la pantalla.
—Es… lada de Japón. ¿Será Ramiro? – se preguntó pensando en quién más podría llamarle, pues muy pocas personas tenían su número y su lista de contactos registrados se limitaba a siete personas: Chunta, Ramiro, Celestin, Arisu y sus tres excompañeros de la universidad.
Curioso por saber de quién se trataba decidió responder.
—¿Hola?, Saijo al habla.
—Hola, soy Kurokawa san. Y tengo algo muy importante que decirte… - dijo la mujer con tono decaído, por supuesto uno falso.
Sorprendido abrió los ojos como plato, no esperaba para nada cruzar palabra con aquella mujer que había sido la amante de Himura y que en su momento había ofendido al amor de su vida, su hija.
Recuperándose de la sorpresa, apretó el celular y con voz filosa habló: —No sé cómo fue que obtuvo mi número, pero yo no tengo nada que hablar con usted – enunció Takato listo para colgarle, sin embargo, la mujer hizo su movimiento.
—¡¿ACASO NO QUIERES SABER LA CLASE DE PERSONA CON LA QUE ESTÁS?!, ¡CREES QUE AZUMAYA ES QUIEN PARECE SER?, ¡¿TAMPOCO QUIERES SABER QUIÉN TE QUITÓ LA MARCA?!, PORQUE, ¡POR SI NO LO SABÍAS, YA NO LA TIENES!, ¡MÍRATE EN UN ESPEJO Y VERÁS QUE NO TE MIENTO! – Gritó la mujer en un intento para que no le colgara, apenas había comenzado y estaba lejos de sentirse satisfecha.
En ese momento Takato se congeló, él apenas se había enterado de lo de su marca, en cambio la mujer que le hablaba parecía saberlo a la perfección e incluso se atrevía a hablar sobre Chunta, cuestionando quién era.
Estaba confundido, pero a la vez intrigado, quería respuestas, pero jamás imaginó que estas llegaran de la mano de esa detestable mujer.
Yurie, notando su silencio y que este no le había colgado, comenzó a hablar.
—Te diré todo lo que sé, así que no me vayas a interrumpir. – Indicó acomodándose en su sofá. — Azumaya Junta llegó a japón tras la muerte de su padre para vengarse de quien lo asesinó. Su plan era hacerse pasar como su aliado, conocer todos sus movimientos y así irle cerrando todos sus caminos, quería verlo destruido, humillado y para lograrlo hizo de todo, incluido el enamorar a quien fuera la pareja de su enemigo y meterse también en el corazón de la hija. Azumaya lo tenía todo calculado. Entiéndelo omega, ¡él solo se acercó a ti para utilizarte y también para usar a tu hija en contra de Kenichi!
Takato temblaba incapaz de reaccionar, recordando el expediente que había encontrado con sus datos, aunque no quisiera creer las palabras de la mujer que descaradamente le había declarado su desprecio, las pruebas gritaban por sí mismas, y para este punto, él no podía ignorarlas.
— El día que fuiste a la excursión escolar, yo lo estaba siguiendo, porque ¡él me lo pidió!, yo sospechaba de su relación contigo y te odiaba porque Kenichi te había elegido, no tengo por qué ocultarlo. Un día Azumaya vino a mí y me dijo que lo siguiera y que si lo ayudaba, Kenichi sería mío. – Mintió disfrutando cada palabra, segura de que estas estaban taladrando el corazón de Takato. — Yo de idiota le creí. Me dijo que les tomara unas fotos y que se las mostrara a Kenichi y con eso lograría que ustedes se separaran. Justo ahora te las estoy mandando. Míralas y podrás darte cuenta de que no te miento, Azumaya siempre estuvo consciente de mi presencia y de que había tomado una foto de ustedes besándose, y justo después te mordió… ¿sabes por qué no me detuvo?, ¿sabes por qué te mordió?, ¿sabes por qué te dejó ir aquel día?
Para ese momento, Takato había olvidado cómo respirar. —No, no puede ser… - intentó autoconvencerse de eso para que el dolor no lo matara. Recordó cómo ese día había rechazado la propuesta de Junta de irse con él y cómo aquella decisión la sintió en el alma, pero ahora, solo pensaba si aquello también había sido parte del juego. —Acaso, ¿Junta era tan cruel como para ofrecerme salvación sabiendo que igual me enviaría como borrego al matadero?, ¿por qué lo haría?, ¿qué ganaba?, ¿por qué me mordió?... yo, yo necesito saberlo… pero tengo miedo.
Yurie continuó.
—Él te mordió porque eso completaría su venganza, ¿sabes lo que le dijo a Kenichi antes de arrancarle la lengua? – Takato tragó saliva. —Él le dijo "Sí, me acerqué a él para así quitarte todo lo que quieres y funcionó. Él me llamará con amor y tu hija me dirá papá." Eso fue lo que le dijo. Nunca te amó ni te ha amado, ni quiere a tu hija, solo te utilizó para su venganza, ¡nos utilizó!, desde el principio solo nos ha movido como piezas de ajedrez, y si te mordió, fue solo para borrar la marca de Kenichi, para que él lo notara, para provocarlo y así su rabia aumentara, para que tu hija viera cómo su amoroso padre perdía la compostura. – Esto último lo había dicho con veneno, sabía que Junta no tenía la capacidad de manipular hasta tal punto a una persona y hacer que Kenichi fuera y golpeara a Takato frente a la niña, pero sí era culpable en haber dejado que el rio siguiera su curso sabiendo que las aguas eran por demás turbulentas. Él, solo se sentó a mirar cómo se estrellaban contra las rocas.
Mientras tanto, Takato miraba las fotos de aquel fatídico día, el día en que Himura le había metido la paliza de su vida frente a su pequeña, paliza que provocó perdiera a su bebé. El día que había sido mordido por Junta. Recordó cómo los dientes de Chunta lo habían atravesado y como Himura le había gritado cuando lo notó, pero sus recuerdos eran borrosos, solo venía a su mente el dolor y el rostro ensangrentado de su bebé que lloraba desconsolada en el suelo.
Ya no podía pensar en nada más, ni podía emitir sonido alguno, era como si hubiera muerto y sus ojos sin vida se clavaban en las orbes verdes que miraban directo hacia la lente.
Yurie observó su celular para ver si el azabache seguía en línea y sonrió con satisfacción cuando pudo escuchar la débil respiración del otro lado. —Sabes que un alfa no toleraría que otro se metiera con su pareja, y Azumaya lo sabía. Y seguro te preguntarás: ¿cómo pudo quitarme la marca si es un beta?, pues… ¡sorpresa!, ¡no es un BETA!, él es un Enigma, por eso pudo hacerlo. Como puedes ver siempre te ha estado mintiendo, desde el primer día que se encontraron. Todos los movimientos que Azumaya hizo fueron calculados desde el principio para solo causar daño y dolor, y si piensas que serás feliz con él, estás muy equivocado. Solo te llevó a ti y a tu hija para que su venganza fuera completada. Puede que les muestre afecto, como ahora lo sabes, es un excelente actor. Pero, ¿qué rayos te hace pensar que él puede llegar a amar a la hija del asesino de su padre y a quien fuera su omega?, ¡ABRE LOS OJOS!, mira quién es el verdadero monstruo. Yo no gano nada con decirte esto, al contrario, te hago un favor. Al final él no me cumplió, porque torturó a Kenichi hasta dejarlo al borde de la muerte. Un hombre tan manipulador y mentiroso como él solo te acarreará desgracias, si amas a tu hija, deberías alejarla del hombre que odia a su padre, pues, si odia al padre, odia todo lo que tenga que ver con él, con su sangre, con su legado. Piénsalo, omega. Eso es todo lo que quería decirte.
Pip. La llamada había terminado.
Takato respiraba agitado en completo silencio. Aunque este no duró por mucho, pues unos segundos después, sollozos ahogados comenzaron a salir de sus labios apretados.
Temblaba de la cabeza a los pies en un tremendo esfuerzo por no soltar un llanto a grito abierto. La conversación con Yurie había sido más de lo que podía digerir y copiosas lágrimas caían de sus ojos.
—No es cierto, Junta no haría eso, él no es un Enigma… no puede serlo. Es un beta, no tiene feromonas. Me quiere, quiere a Haru, nos prometió un futuro feliz a su lado… – Susurró sintiendo la humedad en sus mejillas —Él no nos utilizaría de esa manera… y las feromonas que olí, no son de él… ¿verdad?, no son de él… ugh… hic, hic…
Lentamente fue convirtiéndose en un ovillo junto a la cama. Apretaba los ojos, los puños y los dientes en un intento desesperado por controlar los temblores y el terror que estaba sintiendo.
Estaba solo, completamente solo y su capacidad de resiliencia estaba llegando a los límites de su fuerza.
Tirado en el suelo solo se repitió una y otra vez que no debía derrumbarse, que seguro habría una explicación para todo y que lo que Yurie le había dicho no eran nada más que inventos para lastimarlo, porque lo odiaba. Eran simples coincidencias, pero mientras más lo repetía, más irreal se escuchaba en sus oídos. No había manera de que ella conociera tantos detalles.
Takato se resistía a aceptar: lo que su cuerpo había sentido, su nariz olido, lo que sus ojos habían visto y oídos escuchado; porque de hacerlo, todo en lo que había creído, toda la esperanza que albergaba y la felicidad que tanto anhelaba, se convertirían en nada más que humo y espejismos.
Mientras tanto en Japón, Ramiro machacaba al Alfa que se había atrevido a tocar a Chihiro. La sangre salpicaba por todos lados, algunos dientes habían salido volando y el omega que presenciaba todo con rostro horrorizado, intentaba desatarse para huir del destino que le esperaba y que estaba pronto a alcanzarlo.
El moreno tenía un rostro desencajado poseído por la rabia. Con cada puñetazo recordaba la expresión triste de su pareja y eso solo avivaba el coraje que sentía consigo mismo, encontrando en el castigo hacia el sujeto frente a él, un desahogo para su alma afligida. Aunque por más que golpeaba, su furia y dolor no aminoraban.
Estaba frustrado, molesto, dolido, desesperado. . .
En cuanto pisó suelo japonés, lo primero que hizo fue dirigirse al departamento del castaño, pero tras muchos intentos la puerta jamás abrió. Decidido a verlo, esperó sentado en la puerta, una hora, dos horas, hasta que el vigilante subió hasta el piso donde se encontraba, reconociéndolo al instante. Apenado le informó que hacía una semana Ayagi san se había mudado y actualmente el departamento estaba en venta.
La noticia le cayó como bomba. Desesperado se había puesto de pie suplicándole al hombre que le dijera a dónde se había ido su vida, pero el sujeto no tenía la respuesta.
Presa del pánico salió corriendo del lugar para ir con Hasegawa, seguro de que él sabría del paradero del Yakuza, y por supuesto no dejaría pasar el castigo de las sabandijas que el de lentes había capturado para él. Prometiendo que los haría pagar por el daño que le habían hecho a su hombre.
—¡PENDEJO HIJO DE LA CHINGADA!, ¡EN TU PUTA VIDA VOLVERÁS A TOCARLO! – Gritaba el beta fuera de sus casillas con los ojos inyectados de sangre.
La masacre continuó hasta que no hubo más partes que golpear. El rostro atractivo del alfa ahora era una masa amorfa llena de sangre.
Los nudillos de Ramiro estaban al rojo vivo, despellejados, ensangrentados y ardiendo. Su respiración agitada hacia que su pecho se inflara escandalosamente soltando el aire con resoplidos parecidos a la de una bestia.
Ritsu no dejaba de llorar, asustado de su destino. Muy seguramente estaría suplicando por su vida, pero la mordaza le impedía hablar. Sus pantalones eran un desastre maloliente. Se había orinado en cuanto había visto a Ramiro patear en el rostro al Alfa.
En su vida, Ramiro había lastimado a un omega, el recuerdo de su Raúl le había echo ser una persona sumamente amable con ellos, pero Ristu era la excepción, quería destruirlo, reducirlo al polvo. Apretar su cara de mosca muerta hasta borrar sus rasgos.
El recordar lo que este había dicho, presa de un ataque de pánico, solo lo hizo enfadar más. "Ayagi Chihiro se lo ganó, alguien debía enseñarle a ese puto de mierda, cualquiera que se tira lo primero que encuentra, que no puede ir por la vida humillando a la gente."
Aquello era lo que el pequeño omega había gritado, y gracias a su imprudencia, se había hecho merecedor de un puñetazo por parte del moreno que le había partido el labio.
Eventualmente, Ramiro mismo quería recibir un puñetazo al recordar que "puto" y "cualquiera" eran palabras que también había usado para denigrar a Chihiro cuando lo abandonó.
El omega, tras ver que Ramiro se acercaba a él después de dejar medio muerto al Alfa, comenzó a berrear. Su llanto no era normal, era uno desesperado y aterrado.
Por un segundo Ramiro sintió lástima, pero la imagen mental del omega entregando a Chihiro en las garras del alfa, fue suficiente para borrar su compasión.
—¿Terminaste? – preguntó Hasegawa al tiempo que ingresaba a la habitación dando un vistazo a los dos cuerpos que yacían en el suelo hechos papilla.
—Quiero matarlos… - susurró ocultando su rostro entre sus manos.
—Mmm, si los matas me crearás un problema. Déjalo así, estoy seguro de que han aprendido la lección. Si en el futuro osan siquiera intentar algo en contra de Ayagi kun, entonces sí mátalos.
Ramiro gruñó como si la idea no le pareciera, él deseaba eliminarlos ¡ahora!, pero el hecho de que él hubiera caído en la trampa como idiota, le impedía descargar toda su ira, pues él se sentía igual de responsable.
—Gracias por dejármelos, Hasegawa san. Me retiraré ahora, debo buscar a Chihiro.
—Suerte, no pude contactarme con él. Si lo encuentras, dile que ayudé con estas escorias. Como dije, no fue un acto completamente puro de mi parte. – Dijo el ahora Oyabun de su propio clan, fusión de el de Himura y Azumaya. —Favor con favor se paga.
Ramiro asintió poniéndose de pie tomando su maleta del suelo. Con lentitud caminó hacia la salida, sintiéndose tan perdido y destrozado como el primer día que pisó suelo Japón hace casi seis años atrás.
—Mi amor… ¿a dónde te fuiste? – susurró levantando la cabeza, intentando encontrar entre las nubes del cielo la respuesta.
Por otro lado, Takato subía el elevador que lo llevaría hasta la oficina de Junta.
En cuanto pudo controlarse un poco, se puso de pie y caminó fuera de la casa sin que nadie lo viera. Tirado en el suelo, lamentándose y con mil pensamientos en la cabeza no arreglaría nada. Tenía que moverse y así lo hizo.
Cuando estuvo fuera llamó a Joaquín, el chofer que le habían asignado, y con su limitado español pidió que lo llevara al trabajo de Junta. Debían hablar, aunque realmente no lo quisiera. Tenía miedo, miedo de que todo fuera verdad, miedo de haber sido usado, miedo de haberse enamorado, miedo de haber seguido a un hombre que le prometió la luna y las estrellas, pero que no lo amaba, miedo de haber expuesto a su hija.
La conversación con Yurie solo lo había puesto más nervioso y estresado.
En cuanto el elevador se abrió, caminó siguiendo las instrucciones que le habían dado en la recepción. Al principio no lo habían querido dejar pasara, pero mostró una foto de Junta y él, además de explicar que era su "novio", palabras que apenas si pudo pronunciar por la extraña sensación que ahora le producía.
En cuanto la chica lo escuchó, decidió dejarlo pasar después de teclear su nombre en la computadora y comprobar que era una persona que estaba marcada con paso libre. Apenada le dijo que ingresara.
Pronto, la puerta que le habían indicado que era la del ojiverde, apareció ante él. luciendo más amplia e imponente de lo que imaginaba, no sabía si así era realmente o solo era producto de su nerviosismo.
Las piernas le temblaban y sus manos no dejaban de sudar, caminó con pasos lentos e inseguros y cuando al fin estuvo pegado a la puerta, se detuvo de golpe al notar que se encontraba entreabierta. Pronto la voz de Junta, Sasaki y Celestin llegó a sus oídos.
—¡¿Qué le dijiste?! – demandó saber Junta.
—¡Pues qué podía decirle!, le inventé que esa carpeta fue hecha por mí, porque quería saber que tipo de persona era… aunque, no sé… creo no se lo creyó del todo. – Respondió preocupado.
—¡Claro que no se lo iba a creer!, no es tonto y ahí había fotos tomadas antes de conocernos. – dijo Junta jalando sus cabellos. —¿qué más pasó?, dímelo todo.
—Solo eso, me regresó la carpeta y dijo que entendía.
—Esto no está bien, ¿ahora con qué cara lo veré?
Harto de la conversación, el de cabello blanco intervino. —Hijo, esta es una oportunidad de que le digas la verdad.
—¿La verdad? – repitió Takato en su cabeza, sintiendo como todos sus músculos se tensaban.
—Ja, la verdad… y ¿qué esperas que le diga abuelo?, oye Takato sabes… Himura mató a mi padre y por eso planee vengarme de él, te conozco desde antes porque te mandé investigar y decidí usarte. Ah y además soy un Enigma y quité tu marca, te saqué de Japón porque tenía miedo de que en algún momento te enteraras de todo. Desde que te conocí no he hecho más que mentirte. – Exclamó sarcásticamente estirando sus cabellos.
Celestino lo miró con el ceño fruncido. —Así no es como…
¡Pum! La puerta se azotó con fuerza, los tres hombres miraron hacia esta con rostros desencajados cuando la delgada figura de Takato apareció de pie mirándolos con profunda decepción.
—Así que… era cierto… ella decía la verdad, tú solo me has estado mintiendo, nunca me has amado… solo nos has visto a mi hija y a mí como tus herramientas para tu venganza y como enemigos. - Takato resopló dejando salir todo el aire de sus pulmones. Se agarró el pecho para intentar respirar aun impresionado lo que había escuchado de la propia boca de Junta. Sollozando, se cubrió la cara con sus manos. —¿Por qué?, ¿por qué nos hiciste esto?
De inmediato los tres hombres corrieron hacia él, pero Takato los rechazó levantando la cabeza, mirándolos con un infinito desprecio y dolor. Todos lo sabían y solo se burlaban de él a sus espaldas, o eso era lo que pensaba.
Celestino lo miró compungido al tiempo que retrajo sus manos cuando intentó levantarlo, sabiendo que si tocaba al omega solo le provocaría más daño.
Sasaki alternaba la vista entre Junta y el azabache, preocupado e incapaz de hacer algo al respecto.
Junta tragó saliva frunciendo el ceño con desesperación, Takato había escuchado todo, y lo peor era que había escuchado la versión incompleta, la incorrecta; la que no decía cuán enamorado Junta estaba de él, de lo arrepentido que se sentía, de lo devastado que se sintió cuando por su sed de venganza salió herido. Ni la que decía que él era su pareja destinada, su alma gemela y que por el resto de su vida viviría intentando resarcir todo el mal que le había hecho, que lo haría feliz, a él y a su hija.
—Sasaki, abuelo… por favor déjenme a solas con Takato. – Pidió Junta haciendo uso de la poca compostura que le quedaba, sentía que se moría de dolor por dentro al ver a Takato tan devastado e indefenso, herido por su culpa. Como su pareja destinada, el sentimiento que experimentaba era como si desgarraran su alma, pero seguro estaba que para nada podía compararse con lo que ahora Takato estaba experimentando.
Los aludidos salieron de inmediato, pero antes de cerrar la puerta, el anciano miró a Takato dirigiéndole unas palabras. —Hijo… lo siento tanto, esta no era la manera en que…
—Por favor no me hable, señor – lo interrumpió Takato haciendo un esfuerzo por no faltarle al respeto a las canas de Celestin.
El alfa llevó la mano a su pecho sintiendo el terrible rechazo de Takato. Le dio una última mirada a su nieto y salió susurrando un "por favor, perdónanos."
Takato lucía tan abatido que verlo resultaba incómodo a la vista.
Junta caminó hacia él hasta posicionarse a veinte centímetros de distancia, agachándose para estar a la misma altura que el omega.
—Takato…
—¡NO ME HABLES!, ¡NO QUIERO OIRTE, NO QUIERO VERTE! – gritó convirtiéndose en un ovillo.
—Takato, por favor… no estés en el suelo, déjame levan…
¡PAFF! Un golpe seco se escuchó cuando la palma de Takato golpeó con fuerza la mano de Junta que intentaba sujetarlo para ponerlo de pie. —¡No te atrevas a tocarme! – Sentenció con voz fría mirándolo con desdén.
Junta tragó duro sintiendo que moriría por el desprecio reflejado en las pupilas de su destinado. Ahora él era el que se encontraba congelado incapaz de moverse, pensar o hablar.
Poco a poco Takato fue incorporándose, apoyándose en el suelo, luego en la puerta. Su fuerza se había desvanecido y su cuerpo se había convertido en un cascarón sin alma.
La tristeza, estaba siendo peligrosamente remplazada por coraje y resentimiento.
De pronto se giró tomando la manija para salir despavorido del lugar, había escuchado todo lo que necesitaba saber, ni más ni menos. La bruja de Yurie no le había mentido, le había dolido, lo había desconcertado, pero cuando las mismas palabras salieron de la boca de Junta, el castaño y nadie más que él había sido quien accionó el gatillo para darle el tiro de gracia.
Con brusquedad abrió la puerta dispuesto a largarse de ahí, pero esta fue cerrada de golpe por el brazo de Junta.
—¡Por favor no!, ¡no te vayas! – suplicó Junta manteniendo a Takato aprisionado entre la puerta y su propio cuerpo.
—¡QUÍTATE DE MI CAMINO! – ordenó Takato sintiendo como todo su cuerpo temblaba de rabia y dolor, el olor de Junta estaba llegando a su nariz y eso lo hizo enfadar aún más. —¡BASTA!, ¡Deja de usar tus malditas feromonas para controlarme! – gruñó apretando los dientes.
—¡Takato por favor!, por favor, no te vayas, déjame explicarte todo. Esto es un malentendido. – Rogó el Alfa enigma desesperado por ser escuchado.
—Ja, ¿explicar?... – dijo Takato girándose para quedar cara a cara. —¿Sabes cuándo debiste explicar?, ¡desde que pusiste tu maldito número de celular en mis manos!, ese era el momento para explicar, ¡así nada de esto habría sucedido! - gritó con el rostro rojo y desencajado. De nuevo las lágrimas se agolpaban en sus ojos, por lo que solo atinó a bajar la cabeza. —No tenías que mentir, si me hubieras dicho la verdad desde el principio yo te habría apoyado, te habría ayudado en todo lo que estuviera en mis manos. Yo quería huir de ese hombre, lo odiaba, lo odiaba tanto… no tenías que jugar a enamorarme, ni besarme ni tocarme... no tenía que haber involucrado a mi hija, ¡mi tesoro!, eso fue tan bajo de tu parte… hic.
—Takato por favor perdóname, créeme, por favor, créeme que jamás fue mi intención lastimarte. En aquel entonces yo estaba cegado por el dolor y el odio… no sabía si podía confiar en ti, veía a todos como mis enemigos. Y sí, es verdad… al principio pensé en usarte, pero luego… cuando me contaste cómo habías conocido a esa bestia y la vida que tenías a su lado, mi visión cambió. Y me fui enamorando de ti perdidamente y de Haru, pero para ese entonces ya estaba tan avanzado mi montaje, que decirte la verdad era muy difícil, no quería que me odiaras y menos cuando supe que eras mi destinado. – Habló intentando tocar el rostro del omega.
—¡¿Cómo te atreves?!, - gritó golpeando nuevamente las manos del alfa. — No nombres a mi hija con tanta confianza. Cómo puedes recurrir a más mentiras. ¡Ya basta!, con qué facilidad dices que soy tu destinado. Si lo fuera jamás me habrías lastimado como lo has hecho… - Exclamó colérico al tiempo que tomaba de nueva cuenta la manija para intentar salir, pero Junta se aferraba con fuerza impidiéndole escapar.
—Takato espera, sé que todo fue muy repentino, se cómo te sientes…
El azabache se giró pegando su espalda por completo contra la puerta. —Pues eso lo dudo, porque si supieras cómo me siento cerrarías la boca, darías la vuelta y desaparecerías de mi vista. ahora quita tus brazos de la puerta, no quiero ver tu cara, no quiero oírte, no quiero nada que tenga que ver contigo.
—No me digas eso por favor, no puedo dejarte ir, no puedo, no quiero, ¡TE AMO TAKATO! – gritó Junta desesperado porque sus palabras llegaran al corazón de su destinado. Pero este no le dedicaba ni una mirada, seguía con la cabeza tirada hacia un lado, evitándolo.
—Lo planeaste todo, desde el principio… jugaste con mis sentimientos. Yo te conté todo de mí, te permití leerme como a un libro. Juraste que me ayudarías, dijiste que todo lo que hacías era por mi bien y el de mi hija, que sería libre… sabías lo que me podría pasar si Himura descubría lo nuestro y no te importó, me quitaste la marca y dejaste que Yurie Kurokawa le entregara las fotos donde salíamos besándonos. Tú solo me has hecho daño…
—¡Eso no es cierto!, yo no sabía que él te golpearía, menos que lastimaría a Haru. Me deshice de ese maldito animal.
—Solo lo hiciste por ti, desde el principio. Te deshiciste de él porque ese era tu cometido, jamás fue por nuestro bien, solo buscabas tu propio beneficio y satisfacción.
—¡Tú también te beneficiaste! ¡Ya no está en su vida!, yo cumplí mi palabra.
—¿Qué dices?, ¿Cumpliste?, y ¡¿a qué precio?!, usándome, usando a mi hija, ¡perdí un bebé Junta, lo perdí!
—¡UN BEBÉ QUE NO QUERÍAS!, ¡tú mismo me lo dijiste! - Gritó Junta sin pensar en sus palabras y el impacto de estas.
Un silencio incómodo invadió la oficina y fue entonces que el ojiverde se dio cuenta de lo que había dicho.
Takato lo miró horrorizado. — ¿Te estás escuchando?, me estás diciendo que ¿me hiciste un favor? – preguntó con tono indignado tocando su pecho.
—Takato no, perdón… maldición no es lo que quise decir. – Respondió tallando su rostro. Junta ya no sabía ni qué soltaba por la boca, estaba tan frustrado, desesperado y asustado que había dejado de tener control de sí mismo.
—¡Himura me dio una paliza, Haru vio todo, mató a mi bebé, él casi se lleva también mi vida. Estuve en el maldito hospital convaleciente, lastimó a mi hija física y emocionalmente; aún tiene pesadillas de ese día, yo las tengo y aunque al principio no quería al bebé, seguía siendo mío, – llevó sus manos ahora a su vientre abrazándolo. Las lágrimas no dejaban de caer. — Era mío, mío y solo yo podía decidir si lo quería o no, y lo quería, quería tenerlo, quería darle una oportunidad de vivir, y ahora ¡ya no podré!, jamás podré tener otro.
Incapaz de contenerse, Junta lo tomó entre sus brazos, quería reconfortarlo, vivir de rodillas para mostrarle cuan arrepentido estaba, llenarlo de besos y aliviar su dolor. Takato se removía intentando alejarse, Junta no podía usar sus feromonas a menos que quisiera ganarse más odio de su omega. No sabía qué hacer ni qué decir, Takato no quería escucharlo, no quería creerle y verlo tan lastimado hacía que su corazón le doliera más y más al punto de querer morir.
—¡Suéltame!, te dije que no me tocaras. – Gritó exhausto removiéndose entre sus brazos fuertes.
Junta lo apretó aún más apoyando su barbilla sobre la cabeza del azabache.
—No puedo, no quiero. Si te suelto de irás. Te amo, Takato, te amo, eres mi destinado, eres mi rayo de sol. Por favor hablemos tranquilamente, te contaré todo, desde el principio, cómo realmente pasaron las cosas, pero por favor no te vayas, escúchame… mi amor ya no llores, por favor no llores. – suplicó sintiendo lágrimas bañar sus propias mejillas.
Takato tampoco podía controlarse, por un lado, sentía un amor desbordante hacia Junta, así como una atracción incontrolable, pero por otro lado lo aborrecía. Su corazón le dolía y no había curita ni medicina que pudiera aliviarlo.
Intentó empujar al alto, pero no podía moverlo ni un centímetro. Podía sentir el latir desbocado del corazón de Junta y la calidez de su pecho y eso solo lo hacía sentir peor porque algo en su interior le decía que se dejara confortar por el alto.
Resignado apoyó su cabeza en aquel pecho que en momentos de ansiedad lo había abrigado.
Con tono apenas audible habló. — ¿Dices que me amas? sí, tanto me amas que jugaste conmigo, me utilizaste. Eres mucho peor que Himura, - soltó sintiendo como el otro temblaba y aflojaba su agarre. —Debió ser realmente gracioso para ti cuando te conté mi historia, ¿verdad?, dijiste con una voz tan dulce que querías conocer más de mí, ¡pero tú ya lo sabías todo! —Dijo caminando hacia el escritorio donde estaba la carpeta que había visto horas atrás. Lo tomó sin cuidado alguno para finalmente aventarla a la cara de Junta.
Todos los papeles cayeron al suelo revueltos, mostrándose nuevamente las fotos que le habían tomado y su mente voló.
—Mi nombre es Azumaya Junta y soy el nuevo líder del Clan Azumaya. Es un placer conocerlo…
—¿Deberíamos besarnos para romper la tensión?
—Toma – dijo colocando un tarjeta en su mano —es mi teléfono particular, puedes hablarme cuando quieras. Estaré esperando tu llamada…
—No tengas miedo, sé las consecuencias de encontrarme contigo, pero créeme que jamás te pondría en riesgo, a ti o a Haru chan. Te prometo que no volveré a emboscarte de esta manera si me pides que no lo haga. Haré lo que tú me digas, cuando quieras y cuando puedas. Te estaré esperando. Me gustas, ¡me gustas mucho!, te quiero.
—Sé que soy un beta, pero cuando te conocí, supe sin duda alguna en mi corazón que tú eras el hombre de mi vida, pero si consideras que todo lo que acabo de decirte no es suficiente para gustar de ti, entonces aprovechemos este momento para conocernos mejor.
—Júrame que lo que dices es real, júrame que no hay motivos ocultos o engaño en tus palabras, júrame que serás bueno conmigo y con mi hija. Solo si me lo juras te diré que sí.
—Mírame Takato san. LO JURO, no te arrepentirás.
Takato emitió un grito ahogado al recordar sus promesas. Limpió su rostro con la manga de su camisa mirando hacia el suelo con la vista perdida.
—Sí, eres peor, porque no solo me usaste a tu antojo; me ilusionaste, me enamoraste, me dijiste todo lo que tanto quería escuchar. Me diste esperanza, la que había perdido por completo, te ganaste a mi hija al punto que te adora, ¡maldita sea! dijiste que eras mi destinado, ¿cuán desgraciado, sin vergüenza y manipulador puedes ser? – dijo aventándolo, aprovechando que Junta se había desmoronado ante sus palabras cargadas de dolor.
—¡Takato no miento!, eres mi destinado, sé que puedes sentirlo también. Yo… sé que hice mal, sé que oculté muchas cosas, pero no volveré a hacerlo.
—¡Ya basta Junta!, ¡cómo voy a creer en un mentiroso!, cómo es posible que incluso te hayas aliado con la amante de Himura para destrozarme y después presentarte como mi salvador. ¿Acaso no tienes corazón?, ¿por qué?, no era necesaria tanta crueldad.
—¿Aliarme con esa mujer?, ¡¿De dónde sacaste eso?!
—Ella me lo contó, tú le dijiste que nos tomara fotos y se las mostrara a Himura, todo el tiempo estuviste tú manipulando todo.
—¡TAKATO ESO NO ES CIERTO! – gritó desesperado. Tomó con fuerza los brazos del azabache sacudiéndolo. Presionó su frente contra la de Takato, respirando con dificultad. Las lágrimas seguían cayendo de sus ojos sin poder detenerlas. Feromonas agitadas salían de él y sus caninos se asomaban peligrosos entre sus labios. No sabía cómo controlar la situación o qué decir en su defensa. Deseaba con todas sus fuerzas hacerle entender que aunque era culpable de muchas cosas, eso de aliarse con Yurie no era una de ellas. Pero para Takato no había palabra que le llegara. Estaba bloqueado y todo lo que él le dijera no haría eco alguno en su corazón y su mente.
—Me… me estás lastimando. – susurró Takato. A lo que de inmediato Junta lo soltó, dándole espacio.
—Lo siento, no quería…
Takato estaba devastado, las verdades lo habían golpeado una tras otra sin darle la oportunidad de asimilarlo. Levantó la vista para ver al alfa. Su barbilla temblaba y sus bonitos ojos azules reflejaron todos sus sentimientos. Junta se estremeció.
—Takato sé que no merezco que me creas, que te he lastimado, pero si me das la oportunidad… - rogó con voz quebrada.
Takato tragó saliva y con aliento apenas audible lo interrumpió. Ya no lo escuchaba, solo pensaba en la manera en que se habían conocido y cómo se había dado todo entre ellos. Atando cabos, reconociendo que para nada aquello había sido casual.
—Ahora todo tiene sentido para mí. Cuando nos conocimos pensé que estabas siendo realmente insistente, atrevido… pero me diste la atención que no había tenido antes. Me pareciste honesto e interesante y dije, ¿por qué no darme una oportunidad? Y así, poco a poco me fui enamorando te ti, de tus atenciones, de tu trato, de tu comprensión…
Junta agachó la cabeza.
—Ha de haber sido realmente divertido para ti verme derretido ante ti, ¿no es así?, cómo te has de haber burlado a mis espaldas diciendo: El omega idiota de Himura muere por mí.
—Jamás pensé ni dije algo así, no pongas palabras en mi boca. —Rugió incapaz de controlarse, provocando que Takato se sobresaltara.
—¡Sabías cuánto sufría!, te lo dije… dime Junta, ¿te serví bien como juguete?
—¡Jamás has sido un juguete!
—Me has roto el corazón de la peor manera posible… lo has hecho trizas ¿co… cómo… ¿cómo pudiste hacerme esto? ¿cuánto más planeabas mantener esta actuación? Hasta que te aburrieras, hasta que "yo te llamara con amor y mi hija papá." - Citó recordándole al alfa sus propias palabras y su reacción solo le confirmó que él realmente lo había dicho. —¿CUÁNDO NOS IBAS A BOTAR? A MI Y A MI HIJA… ¿Hasta cuándo estarías satisfecho con tu venganza? - Respiró intentando controlarse. —Puedo entender tu odio y resentimiento hacia Himura, pero mi hija y yo… mi bebé… nunca te hicimos nada malo. No merecíamos sufrir así… Ahora entiendo lo de la otra noche, fue mejor que no abrieras la boca. Entiendo también porqué apenas y me tocabas, seguro te daba asco el omega de tu enemigo. —Hipó presa del llanto. —Tú no debiste ser un mafioso, sino un actor. Eres excelente en pretender ser alguien que no eres.
Afirmó el omega levantando el rostro. Con sus manos cortadas limpió su rostro enrojecido por el llanto ante un Junta que no levantaba la cabeza.
—Dios, duele… duele demasiado… ugh… - Concluyó apretando su pecho.
Al escucharlo, Junta al fin lo miró, intentó abrazarlo, pero Takato no se lo permitió. —Takato… por favor no me alejes, no es así...
—¡NO, No te acerques, ¡no tienes derecho! Y deja de llamarme Takato… a partir de ahora tú y yo no somos nada y esta conversación se ha terminado. Felicidades, considera tu venganza completada.
Takato abrió la puerta y salió corriendo. Solo quería alejarse de todo, tomar a su hija y largarse de aquella mansión, de esa familia, de Junta y de todo lo que lo atara a él.
Mientras tanto, Junta permaneció inmóvil observando como su omega se alejaba. Pero esta vez, no hizo nada para detenerlo. Lo dejó ir, pues como bien había dicho el azabache, él no tenía ningún derecho de retenerlo.
Un tsunami lo había golpeado. El castillo había caído y todos los miedos que habían estado robándole su sueño, se habían materializado de la peor manera posible, ahogándolo en aguas profundas, frías y turbulentas.
El alfa apretó los puños hasta perder el color. —Lo perdí… perdí a Takato… - balbuceó cayendo de rodillas en el suelo.
