CAPÍTULO 31

REENCUENTRO

El día de la familia Saijo comenzó con la rutina de siempre, corriendo a toda prisa para llegar a tiempo al colegio y con él buscando un trabajo.

Al no poder ingresar a la universidad debido a todo el tiempo que se había ausentado sin justificación alguna, la probabilidad de volver era imposible, al menos lo que restaba del ciclo escolar. Por lo que hasta el próximo año podría retomar la carrera.

Aunque aquello le desanimó en gran manera, Takato no podía quedarse quieto. Quería seguir aprendiendo, mantenerse ocupado, hacer cualquier cosa que le permitiera estar fuera de su departamento.

Durante su estancia en España pudo salir, sentirse "libre", pero ahora que pensaba en ello de manera detenida, se había dado cuenta que en realidad la palabra "libre" jamás estuvo a su alcance.

Años de condicionamiento en el que solo se le permitía salir contadas veces en el transcurso de estos o a veces ni una sola vez en más de 365 días, haría a cualquier persona insegura y temerosa. Y ahora, a base de grandes esfuerzos, Takato se movía como si las calles de Tokyo fueran terreno minado.

Aunque muchas veces en el pasado se hubiera manejado como cualquier otro ciudadano promedio de Japón, ahora tales habilidades se sentían obsoletas. Era como volver a aprender a hacer una caña, arrojarla al mar, pescar un pez, llevarlo a la cocina y prepararlo. Cuando por cinco años solo tuvo que abrir la boca y ser alimentado.

En ese periodo de tiempo muchísimas cosas habían transformado y él se estaba acostumbrando a ello. Los trenes habían cambiado, las estaciones, ahora podías usar el celular para prácticamente pagar lo que sea, calles que antes había recorrido sabiéndolas como si la palma de su mano se tratara, ahora no existían más o simplemente no llevaban a los sitios que conocía.

Pero fue aún más abrumador cuando tuvo que hacer todos los contratos para su nueva vivienda, así como lidiar con el banco. Todo lo que implicara asuntos oficiales eran un dolor de cabeza; impuestos, pagos mensuales de servicios, compras en general. En su vida antes de la desgracia, el pequeño departamento andrajoso en el que vivía incluía todos los servicios en la renta, por lo que prácticamente solo debía preocuparse por la comida y lavar su ropa.

Lo bueno dentro del caos que ahora estaba enfrentando, fue que aprendía rápido y que contaba con la ayuda de Ramiro para enseñarle. Cosa que el moreno disfrutó al máximo, pues era una forma en la que ahora él podría devolver el tiempo y paciencia que el omega le tuvo cuando era un ignorante.

La vida de adulto en definitiva no era divertida, pero sí te daba independencia y eso era lo que más anhelaba y nada lo desanimaría, ni se lo quitaría.

La necesidad lo movía, pero el miedo hacia lo desconocido le hacía que sus manos sudaran y el corazón se le acelerara cada que salía de su casa, y más aumentaba su angustia cuando Haru iba de su mano. Pues si bien, él actuaba como todo un experto y conocedor frente a su hija, dentro de él había huecos de ignorancia e inseguridad difíciles de rellenar.

Para la nena, todo era una aventura nueva y maravillosa. Extrañamente ella se estaba adaptando mejor a una vida "normal" que Takato. Su edad, forma de ser y los genes de alfa, que seguramente habitaban en ella, le hacían moverse como pez en el agua, aprender rápido y sobresalir. Todo lo contrario a él. Y es que los traumas del pasado volvían siempre para atormentarlo y hacerlo sentir que era un inútil.

Por eso, ahora buscaba con desesperación ocuparse. Así mantendría su mente activa y conseguiría un ingreso extra; pues si bien, tenía más dinero del que alguna vez pensó tener en la vida, si no lo administraba correctamente quedaría en la ruina y el futuro de Haru se vería comprometido. Su prioridad era darle una vida cómoda a su hija e invertir en su educación y para ambas cosas el dinero era necesario y este no se daba en los árboles.

Al tener aquello en mente pensó que al tener un trabajo, podría cubrir las necesidades básicas y así solo utilizaría lo que tenía en el banco, para por ejemplo: vacaciones, atención médica, etc. Es decir, gastos más fuertes o inesperados.

Mientras caminaba por un vecindario concurrido donde a ambos lados de la calle negocios de comida invitaban a los comensales a sus mesas con increíbles olores flotando en el aire, Takato abrió los ojos como si el cielo le hubiera iluminado, pues justo cuando iba pasando frente a una cafetería de estilo occidental, un hombre apuesto que no aparentaba más de 30 años y con un mandil blanco alrededor de su cintura, colocaba un cartel solicitando personal para la cocina.

Dio un paso hacia el frente y entonces los fantasmas atacaron: "¿cómo pagarás los supresores?, ¿qué trabajo conseguirás? Porque en ningún trabajo de medio tiempo aceptarían a alguien que debe ausentarse durante una semana, dejándote como única opción vender tu cuerpo … " Las duras palabras que Himura le dijo aquel día que lo condenó al encierro, retumbaron en sus oídos como si estuviera justo frente a él gritándole; entonces, dudó, dejó de avanzar congelándose hasta la médula.

Tuvo miedo, miedo de enfrentar el rechazo por ser un omega, miedo de al final no encontrar un trabajo, miedo de que las palabras que aquel monstruo le había dicho fueran ciertas.

Parado en medio de la banqueta, su pequeño cuerpo tembló presa de inseguridades. Tragó saliva, cerró los ojos intentando recordar lo que él le había contestado, pero nada venía a su mente, fue entonces que la salvación llegó acompañada de la voz que no quería recordar, la de Junta, haciéndolo estremecer. Palabras dulces donde "valiente" y "fuerte" se repetían constantemente fueron calentando su cuerpo llenándolo de paz. Aunque su corazón doliera al recordarle, era increíble cómo el mero recuerdo de su voz podía reconfortarlo e inyectar seguridad por cada poro de su piel.

Alisando con sus manos la camisa holgada de mezclilla que cubría sus muslos e inhalando y exhalando con calma. Caminó decidido hacia el sujeto que miraba con ambas manos en su cadera el letrero que acababa de colgar.

—Di-disculpe – habló con evidente nerviosismo entrelazando sus dedos. —Me interesa el puesto que solicita – agregó mordiendo por dentro su mejilla.

El hombre se giró de inmediato al escuchar la suave voz que le llegó por detrás. En cuanto vio al chico frente a él alzó ambas cejas con sorpresa, barrió rápidamente a Takato, quien se sintió un poco incomodo al sentirse observado, para finalmente cruzarse de brazos. Acción que realzó sus bíceps muy bien trabajados.

Seguro vio mi collar… no me va a querer contratar…- pensó Takato desanimado agachando la cabeza en señal de derrota.

El hombre suspiró con pena. — Gracias, pero no contrato estudiantes de preparatoria. El trabajo que pido es para ser cubierto en las mañanas – comunicó luciendo angustiado por tener que rechazarlo.

Aquello sorprendió a Takato, quien levantó la cabeza de golpe e inmediatamente llevó ambas manos hacia el frente negando lo que el hombre le había dicho al tiempo que el calor subía por sus mejillas. — No me rechazó por ser omega – pensó con un rayo de esperanza. —No, no soy estudiante – se apresuró a responder — tengo 23 años, mi nombre es Saijo Takato… – rápidamente sacó su identificación —mire, no le estoy mintiendo. - Aseguró extendiéndole al hombre la tarjeta.

El sujeto, percibiendo la ansiedad en Takato, tomó con cuidado la identificación, sorprendiéndose. Alzó las cejas y rascó su barbilla — Vaya, de no ser por esto habría jurado que eras un niño. Veo que eres un omega – pronunció sin mala intención; sin embargo, sus palabras estremecieron a Takato, quien de inmediato apretó la boca asintiendo ante la afirmación imposible de refutar. —No tengo problema con ello, yo soy Beta. - Tal aseveración tranquilizó en sobre manera al omega que mordía sus labios de la emoción. —Pasa por favor, la entrevista será más cómoda si estamos sentados y bebiendo uno de mis cafés. -Indicó, manteniendo su rostro serio al tiempo que abría la puerta permitiendo que Takato entrara primero.

En cuanto puso un pie dentro, sus ojos bailaron alrededor sorprendido de que tal lugar estuviera en medio de una calle con negocios tan tradicionales. A simple vista el lugar era sencillo, ni muy grande, ni muy pequeño. Pero al contar con enormes ventanales, la luz del sol iluminaba de manera natural cada rincón haciéndolo parecer más espacioso y cálido. El aspecto rústico de los muebles y las plantas que colgaban de las paredes, así como el mural de un gran saco de café cuyos granos ruedan sobre un piso de baldosa rojo mientras que de fondo un hombre usa un molinillo antiguo, daban la sensación de estar en un pueblito de algún país europeo. Casi al instante Mijas apareció en sus memorias estrujando su corazón. Inevitablemente llevó una mano a su pecho.

—¡Bienvenido!

La voz desconocida lo hizo despertar, miró de donde el sonido venía encontrándose con una mujer vestida de blanco con un bello mandil café que parecía ser un poco mayor que él, quien le sonreía amablemente.

Una seña del sujeto fue suficiente para que la chica entendiera.

—Por favor toma asiento – pidió el del mandil blanco sacando una silla para Takato, para después caminar hacia la propia y quedar frente a frente. Una vez en su lugar, la chica volvió. — Rin san, podrías traer… ¿te gusta el café con o sin leche? – preguntó mirando al azabache.

Apretó las manos bajo la mesa y dijo: —Con leche, por favor.

—Un café con leche y dos madalenas, por favor.

De inmediato la mujer se dispuso a atender el pedido, no sin antes dedicarle una segunda mirada a su mesa.

El hombre carraspeo y dijo: —Me presento, soy Daiki Takarai, Beta, chef y dueño de esta cafetería. Como puedes ver, es temprano y ya tenemos buena cantidad de comensales. Solo cuento conmigo para atender la cocina, por lo que esta entrevista será muy rápida. ¿Tienes experiencia trabajando en cocina?

En eso, Rin volvió con el café. Takato sintió que la oportunidad se le iba, obviamente no tenía experiencia en ello, pero ¿qué tan diferente podía ser de cuando cocinaba en casa? dio un trago a su café para tomar valor. —No – respondió sinceramente; sin embargo, ante la negativa, vio cómo el hombre se cruzaba de brazos, al parecer la oportunidad se le iría. Por lo que si no decía algo pronto, podía considerarse eliminado. Apretó la tela de su pantalón y dijo: — No tengo experiencia en un trabajo como este, anteriormente trabajé en una tienda de ropa como vendedor, pero me gusta cocinar, se hacer muchos platillos, tanto orientales como occidentales y a-aprendo rápido. – Exclamó en un intento desesperado. No conforme con ello, mencionó todos los platillos que sabía, además de asegurarle que podía trabajar el turno de la mañana sin problema alguno y de lo desesperado que estaba por un trabajo.

Daiki, quien escuchaba con atención cada palabra del omega, se vio interrumpido cuando la misma mesera le dijo que había pedidos de la cocina.

Este suspiró, rascó su barbilla y poniéndose de pie dijo: —Bueno, Takato, si tienes tiempo justo ahora… sígueme, veré cómo te desempeñas en la cocina, solo sigue mis indicaciones.

Con el estómago hecho nudo, Takato asintió emocionado. —¡Sí, claro!, ¡tengo tiempo, mucho tiempo!

Unas horas después Takato esperaba fuera de la escuela hasta que el reloj marcara las dos y media de la tarde para recoger a su hija.

—A ver patrón… SShhh Chihiro deja ahí… - murmuró el moreno al sentir las manos traviesas del castaño rozar su entrepierna. —Vuélvamelo a decir porque no escuché ni madres, que usted ¿sacó una cafetera?

—¿Deja ahí?... – pensó sintiendo como su rostro se teñía de rojo. – No son horas para hacer eso… olvida eso Takato, ¡concéntrate! – se reprendió mentalmente —¡No, Ramiro! Jaja, dije que trabajaré en una cafetería. Esta mañana estuve haciendo una prueba y me dieron el trabajo, a partir de mañana estaré ayudando en la cocina. – comentó emocionado viendo cómo algunos niños comenzaban a salir del edificio.

—Pos está con madre eso, igual me gustaría echarle un ojito pa' ver que sea un buen lugar pa' usted. Hoy sí llegaré a la casa… - de pronto un: "no lo hará", se escuchó tras la línea haciéndolo reír. Por el sonido lejano, estaba seguro que el moreno había tapado el celular, aún así logró percibir lo que este dijo —Ya estate quieto niño o te amarraré esas manitas… - en respuesta, Chihiro continuó: "uy, ¿ahora nos pondremos salvajes?", la voz de Ramiro sonaba firme pero con azúcar en cada sílaba. — Patrón, como dije… iré a la casa en la noche, sirve que nos echamos bien bien la platicada.

Una risa espontanea salió de su boca al tiempo que un pensamiento cruzaba su mente "que agradable es tener a alguien que te da amor." —Seguro, te estaré esperando. Oh, ya viene Haru, hablamos luego.

En cuanto la niña cruzo el portón, corrió hacia Takato que la esperaba en cuclillas con los brazos extendidos y una enorme sonrisa en su rostro.

—¡MAMI! – exclamó la nena colgándose del cuello del omega olfateándolo.

—Hola de nuevo, princesa. – correspondió besando las rosadas mejillas — ¿Cómo te fue? – pronunció al tiempo que se ponía de pie con la nena en brazos.

—Muy bien mami, el sensei hizo una competencia para ver quién podía hacer las sumas más rápido y correctamente, y ¡yo gané! - dijo balanceando sus piecitos que colgaban tras la espalda de Takato. Su rostro estaba iluminado en felicidad y para el azabache, esa era la mejor expresión que su nena podía tener.

—¡Mi niña es la más inteligente! – la felicitó abrazándola más fuerte presionando sus axilas para hacerla reir.

—Jajaja, mami no. Haces cosquillas.

— Lo siento, me detendré, lo prometo – respondió descendiendo con cuidado los escalones hacia el tren subterráneo. Sintiendo como algunas miradas se posaban en ellos, aunque cada día era lo mismo, podía notar que las de hoy eran un tanto diferentes, pero no fue hasta que Haru habló, que supo a qué se debía.

—Mami – murmuró Haru apoyándose en el hombro de Takato – hueles muy dulce, ¿usaste algún perfume?

En automático su cerebro dejó de funcionar y un escalofrío recorrió su cuerpo. Llevó uno de sus brazos hacia su nariz y entonces pudo percibirlo. —¡No!, ¿cuándo empezó? ¡Esta mañana estaba bien!, ¿por qué llegó mi celo? – murmuró sin saber qué hacer. Según sus cuentas, aún faltaban tres semanas para su ciclo de calor, por lo que no cargaba con ningún supresor en su bolso. Después del aborto su periodo se había desequilibrado, pero pasado un tiempo este había vuelto a tener un tiempo estable. Por ello, no tenía sentido que estuviera experimentándolo justo ahora.

Con manos temblorosas acarició la cabeza de su niña, cosa que no pasó desapercibida para Haru —Mami… ¿qué tienes? – preguntó irguiéndose de inmediato, dedicando una mirada de preocupación hacia Takato.

—No, no es nada… Haru, hoy no podremos tomar el tren… tomaremos un taxi. – Dijo retornando sus pasos y poniendo su mejor sonrisa, una que ya no era creíble para ella.

Con ternura puso ambas manitas en el rostro del omega. — Mami, ¿te sientes mal?, ¿es porque estoy muy pesada?, puedes bajarme mami, puedo caminar.

—¡No!, no, mi princesa no pesa nada. – Explicó intentando tranquilizarla — Solo, es algo que nos pasa a los omegas. Escucha, necesito ir primero a una farmacia, entonces podremos ir a casa, ¿sí?, no te preocupes por mami, estoy bien.

Aunque la verdad era: no, no estaba bien para nada. Su celo estaba acelerándose y con cada paso que daba, podía sentir como su ropa interior se volvía más pegajosa bajo sus pantalones. Cada roce era una tortura que debía soportar mordiendo sus labios, la fuerza que estaba imprimiendo en ello había provocado que la piel se rompiera.

La desesperación le estaba ganando, podía sentir las miradas sobre ellos, algunas de pena, otras de rechazo o asco, pero sobre todo; las lujuriosas eran las que lo acosaban descaradamente. Murmullos criticones llegaban a sus oídos sin poder detenerlos y solo una cosa le preocupaba más que nada y eso era que un Alfa descontrolado lo atacara, pues muy seguramente no respetaría que tuviera a su hija en brazos, es más, seguramente arrojaría a la niña a un lado y lo violaría despiadadamente frente a sus ojitos sin importar nada. Y al final, la culpa sería de él y nadie más que él por ser un omega.

Mientras caminaba a toda prisa por las calles en busca de la maldita farmacia, su vista estaba nublada, el calor en su cuerpo era cada vez más insoportable. Por lo que su miedo se cristalizó cuando un sujeto mucho más alto y fuerte que él lo tomó por sorpresa de la muñeca hasta envolverlo en un abrazo posesivo.

—¡No, suélteme!

—Shh, tranquilo, respira mis feromonas… te calmarán. – Susurró besando la coronilla de la oscura cabeza, mientras que sus manos acariciaban la frágil espalda que no dejaba de temblar.

Takato estaba a nada de desfallecer, pero pronto, feromonas agradables comenzaron a recorrerlo extinguiendo las horribles llamas que se habían prendido en todo su cuerpo llenándolo de alivio. La picazón y los fluidos que antes no dejaban de escurrir, se habían detenido por completo. Un suspiro que fácilmente podía ser confundido con un gemido escapó de su boca, haciendo estremecer al Alfa que no dejaba de besar su frente.

—¡AZUMAYA SAN! – La voz infantil de Haru fue una bomba que taladró los oídos de Takato tensando hasta el más mínimo músculo en su cuerpo. Junta, sintiendo como el cuerpo frágil se endurecía, decidió detener sus caricias.

—Hola, cachorrita. Te he echado mucho de menos. – Expresó con una sonrisa triste.

—Yo también… pero… Mami no se siente bien… - dijo de inmediato olvidando lo demás.

—Lo sé, por eso lo estoy ayudando, no te preocupes. – Pronunció el Alfa de ojos verdes pasando su mano por las mejillas redonditas de la niña.

—¡NO LA TOQUES!

La voz gruesa y cargada de desprecio golpeó a Junta como avalancha. En un movimiento brusco, Takato se alejó de Junta. Sus mejillas seguían encendidas, pero al fin, todo síntoma molesto de su celo se había ido; su mente aclarado y sus sentidos recuperado. Y así con sus sentidos en alerta, rechazó al Alfa apretando los dientes con todas sus fuerzas.

—Taka…

—¡No me hables! – gruñó llamando la atención de los transeúntes y obviamente también la de su pequeña.

—¿Mami? – miró hacia el omega con el ceño fruncido, confundida por la reacción de Takato. —¿Por qué le gritas al tío Azumaya? – preguntó inocente mirando a ambos adultos.

Fue entonces que Takato reaccionó sorprendido por mostrarle ese lado desagradable a su hija. Con cuidado giró su cabecita para que lo mirara. — Perdón, no lo reconocí y me asusté – mintió.

—No te asustes mami, el tío te estaba ayudando, ¿te sientes mejor? – preguntó al tiempo que pegaba su frente a la de su madre.

El omega relajó el mentón intentando controlar los gruñidos que querían salir de su boca, pero ya había dado suficiente espectáculo y a nada estaba de que la humedad bajo su ropa se mostrara al exterior. Dando un beso de esquimal, Takato alejó el rostro del de su hija. —Sí, me siento mejor. Ahora debemos irnos a casa.

Sin decir más dio media vuelta decidido a largarse de ahí, su ropa interior era un desastre, su corazón latía como loco y la furia junto con la sorpresa de ver a Junta de nuevo, se arremolinaba en su estómago como volcán a punto de hacer erupción.

Nuevamente se encontraba con el Alfa y tal parecía que sus encuentros debían estar marcados por el bochorno e incomodidad.

Junta permanecía quieto sin saber qué hacer, tenía miedo y la angustia carcomía su cuerpo. Si le hablaba, Takato se molestaría, igual si lo tocaba para retenerlo y no se diga si se atrevía a seguirlo. Estaba en un punto muerto, no quería dejarlo ir, no sin antes decirle todo lo que había estado pensando por tanto tiempo; además, en el estado en que se encontraba su pareja cualquier pervertido podría atacarlo, que él caminara por las calles en tal condición era como si lanzaran a un tierno cordero en la fosa de leones hambrientos. —Dios… su olor… Takato huele tan bien… - pensó en cuanto las dulces feromonas cosquillearon la punta de su nariz.

Poco le duró el gusto, porque en segundos Takato avanzó un par de pasos lejos de él sacándolo de su ensoñación. Como pudo movió su enorme cuerpo dispuesto a no dejarlo ir. Con desesperación extendió su brazo intentando alcanzar su hombro, sin pensar que lo que realmente detendría su andar sería la voz de Haru.

—¡Mami, espera! El tío Azumaya san debe venir con nosotros, le mostraremos nuestra casa nueva – removiéndose entre los brazos del omega, Haru logró zafarse hasta llegar al suelo. —Tío… ¿por qué no habías hablado con nosotros? – preguntó inocente al tiempo que tomaba la mano del Alfa, mirándolo con ojos escrutadores, ignorante de que los dos adultos junto a ella estaban sin palabras por su acción.

De inmediato Junta se arrodilló y besó la mano de la pequeña sintiéndose agradecido. Ahí estaba la oportunidad que necesitaba. —Si es lo que Haru quiere, entonces con gusto iré a su casa y ahí podré platicarte el por qué no había podido comunicarme con ustedes.

—Ni lo sueñes. -Tras de la niña, Takato crujió los dientes mirando al Alfa hacia abajo. —Deja de usar a las personas a tu conveniencia. – Gruñó sorprendiéndolos.

—Yo no… - Sus palabras helaron la sangre de Junta, quien nuevamente se limitó a apretar los labios y aguantar sintiendo como su corazón se apachurraba dentro de su pecho. Pronto la pequeña mano fue removida de su palma.

En un movimiento rápido Takato llevó a Haru hacia una banca ubicada a unos cuantos metros de distancia. — Hija, espérame un momento, mamá tiene que hablar con... Azumaya san. No te muevas de aquí por favor. – Pidió con dulzura, sin embargo el tono imponente en su orden era más que clara e imposible de ignorar. Haru no estaba del todo convencida, pero jamás desobedecería a su mami. Por lo que en cuanto asintió, pese al ceño fruncido, Takato volvió sus pasos sintiendo como los ojos verdes lo acompañaban.

El azabache pensó que le sería difícil hablar, pero parecía que mientras más veía el rostro de Junta, más se le desataba la lengua. —¿Hasta cuándo se cansará de usarnos?, no quiera aprovecharse de la inocencia de mi hija para acercarse, ¡no se lo permitiré! – gritó apretando los puños.

Junta abrió la boca intentando articular bien sus palabras, pues el temblor que acompañaba su barbilla se lo impedía. Agachó la cabeza en señal de vergüenza. — Lo siento, de verdad lo siento mucho. Mentiría si te digo que no lo vi como una oportunidad, pero estoy desesperado por poder hablar contigo. Por favor permíteme explicarte todo…

—¿Explicar? – preguntó con ojos muertos — ¿Quién le dijo que quiero una explicación de su parte?, dejó todo demasiado claro la última vez. Lo único que quiero es que desaparezca de nuestras vidas, estábamos bien… no, – corrigió —estamos muy bien sin usted. – Recalcó.

Junta casi podía ver hielo saliendo de los ojos del omega, una cortina de frialdad los cubría y no había espacio alguno por el que la luz de admiración o amor que tanto había visto en el pasado, se dejara asomar hacia afuera por error. — Tak… - intentó hablar.

— ¡Ya basta!, ¡entienda!, ¡aléjese de nosotros! – advirtió golpeando el pecho de Junta — No vuelva a pararse frente a mi o frente a mi hija y más vale que haga caso ahora que estoy siendo amable. Ya ha hecho suficiente daño, si tiene aunque sea una pizca de vergüenza, entonces se retirará y olvidará que algún día nos conocimos.

De inmediato, Takato se alejó no sin antes sentirse un poco perturbado cuando sus ojos se posaron sobre la imagen del imponente Alfa a punto de derrumbarse. Se estremeció y su corazón dolió, pero decidió ignorarlo — No, no tendré compasión por ti… - susurró para sí mismo. En eso, dos fuertes manos lo detuvieron apresando sus brazos. —¡¿Qué…?!

Junta bajó su cabeza hasta quedar a escasos centímetros del oído de Takato, bañándolo con su aliento caliente. Lo que fue más que suficiente para hacer estremecer su delgado cuerpo y acallar su queja. — Lo siento, pero no me iré… - susurró apretando la carne bajo sus manos. — Estoy avergonzado hasta la muerte, me odio por como actué, pero vine hasta aquí porque te amo, porque te necesito a ti y a Haru en mi vida, porque quiero arreglar lo que eché a perder… por eso no me alejes, te lo suplico. – Rogó con desesperación.

—Ja… - Takato dejó salir una risa sarcástica de su boca. Se giró con fuerza barriéndose las manos que lo detenían e ignorando la incomodidad en su ropa dio un paso hacia atrás. — Azumaya san, pierde su tiempo conmigo. No ha escuchado que: "En boca del mentiroso, hasta la verdad es dudosa" y usted no es más que el mayor de ellos.

Desprecio, decepción. El último clavo fue el que terminó por desangrarlo. Las palabras fuertes de su destinado dolían más que mil puñaladas. Ser rechazado por el ser amado por segunda ocasión mermaba su determinación y fuerza de voluntad, y aunque morir no era una salida, era lo único que deseaba en este momento.

Derrotado miró cómo Takato se alejaba de él, haciendo crecer a cada paso la brecha que existía entre los dos; y a lo lejos, la pequeña princesa observando todo desde la torre blindada que con esfuerzo el omega había construido a su alrededor. —No, no puedo seguir lastimándolos… - gimió mordiendo su labio inferior para evitar que un sollozo lo traicionara. Si quería avanzar, debía dar un paso atrás y dejar de presionar.

Sin embargo, tal parecía que los cielos se compadecían de él, pues de pronto su oportunidad de seguir adelante llegó, aunque no de la manera que esperaba, pues inesperadamente Takato cayó al suelo entre temblores, provocando un estallido de dulzura que se expandió a tres metros a la redonda. Vainilla, caramelo y jazmín. Demasiado delicioso para tentar incluso a los Betas.

—¡TAKATO!

—¡MAMI!

Los párpados le pesaban, las mejillas parecían dos manzanas rojas a punto de ser mordidas. El celo había regresado salvajemente nublando su mente y debilitándolo. El efecto de las feromonas de Junta había pasado y ahora solo un deseo lujurioso e insaciable se apoderaba de él. —Ha… Haru… - alcanzó a mascullar antes de que todo se pusiera negro.

—Con la dosis que le di será suficiente, aunque dormirá mínimo unas cinco horas. Lo mejor para el omega sería tener a un Alfa con él para que calmara de manera natural su celo, pero en fin. Se pondrá bien, déjenlo descansar y en cuanto despierte que coma suficiente carne roja. El celo los deja agotados y necesitan recuperar energía, la proteína es lo mejor. Ah, y que no olvide ir a hacerse un chequeo completo en el hospital, por lo que vi en el calendario que la pequeña me mostró, aún faltaba tiempo para que le llegara su celo. - Explicó el doctor mientras caminaba hacia la puerta.

—Gracias, aquí tiene su pago. Le llamaré si lo necesitamos. – Dijo el Alfa extendiendo el dinero.

El hombre entrado en años asintió para finalmente desaparecer, dejando a Junta sumido en sus pensamiento. Con calma, caminó hacia la recámara de Takato, donde Haru permanecía a su lado sosteniendo la mano de su mami. Por sus ojitos enrojecidos se podía notar que había llorado. Ver a Takato desvanecerse de la nada había sido un impacto fuerte para ella, pero gracias a la presencia del Alfa había logrado tranquilizarse y las cosas no habían pasado a mayores, si bien llamar la atención fue inevitable, la manera en la que Junta se hizo cargo de todo fue por demás reconfortante.

—Cachorrita, ven conmigo. Dejemos que mami descanse – llamó Junta desde la puerta con voz suave — Aún no has comido, prepararé algo rico para ti y tu mami, así cuando despierte también podrá comer de eso.

Haru lo siguió hacia la cocina no sin antes depositar un besito en la mejilla del omega. —Duerme bien mami, te amo.

Con cuidado Junta cerró la puerta, tentado en realizar la misma acción que la niña, pero que por supuesto se vio obligado a reprimir.

Mientras caminaban hacia la cocina, Junta pudo notar que Haru estaba extrañamente callada y con semblante decaído, por lo que no necesitaba ser un genio para entender a qué se debía su comportamiento. Sabiendo la raíz del problema, intentó distraerla.

—¿Qué te parece si vas a tu cuarto y te cambias de ropa?, mañana tienes escuela y no queremos que tu uniforme se ensucie. Además… no tengo ni la más mínima idea de dónde está cada uno de los ingredientes que necesito para preparar la comida, por lo que tu ayuda me vendría de maravilla, qué dices… ¿me echarías una mano?

De inmediato la actitud de la pequeña cambió, asintiendo con energía para salir corriendo hacia su cuarto.

Pronto el sonido de cacerolas y el agradable aroma de la carne sofriéndose llenó la cocina despertando el apetito de ambas personas que en ese momento pelaban un par de papas.

—¿Te gusta el nikujaga con cebolla? – preguntó Junta, echando las papas recién cortadas en la sartén donde la carne se cocinaba.

—Solo un poquito, me gusta con ¡mucha carne! – río, tomando unos trozos de zanahoria para llevarlos a su boca.

Junta imitó a la nena. — Entonces agreguemos más carne. ¡Oh!, abre la boca, aquí viene un trozo de carne bien doradito – dijo acercándole el pedazo.

—Mmññ, ¡delishiosho! – habló con las mejillas repletas.

La sonrisa y buen ánimo habían vuelto a ella por completo.

En cuanto Junta colocó el último plato limpio en la encimera, caminó hacia la sala donde Haru ya tenía sus cuadernos regados sobre la mesa de centro, pues, aunque en su cuarto había un escritorio perfecto para ella, la vista desde la sala y el televisor resultaban más atractivos para la nena.

—Haru chan, con un ojo en la tarea y otro en la televisión no terminarás jamás esa tarea. – Sonrió al ver como la niña alternaba su atención.

—Hoy no me encargaron tanta y está muy fácil – alegó en su defensa.

El Alfa se sentó a su lado dando un vistazo calificativo — mmm tienes razón, eso es muy fácil – murmuró apoyando su mano en su barbilla — pero, mejor terminamos pronto la tarea y luego vemos lo que tú quieras, puedo hacerte unos bocadillos.

—Tío Azumaya san…

Interrumpió —Chunta, puedes hablarme informalmente – pidió con voz amable.

— Mmm… Chunta, ¿mami y tú están enojados? – su pequeña mano estrujó el lápiz que sostenía, mientras mantenía la vista fija en el cuaderno. Aquella era una pregunta que había deseado hacer desde que presenció cómo Takato dejaba atrás al Alfa y cómo le había gritado, pero que por la situación que se había armado desechó. Sin embargo, ahora el ambiente era diferente y Junta parecía sentirse cómodo en su departamento, además de que, sin necesidad de dirección llegó sin problemas a su casa, lo que en su cabeza se tradujo como que su mami se lo había dicho; aunado a ello, durante la comida este le platicó que los "abuelitos" le mandaban muchos saludos y algunos regalos que no pudo cargar en ese momento, sin embargo no decía nada sobre el encuentro de hoy y ella como buena curiosa quería saber por qué.

—¿Eso te estaba preocupando? – preguntó acomodando unos mechones rebeldes de la pelinegra tras su oreja. Recibiendo un asentimiento como respuesta.

Junta recargó su espalda en el sillón y sin previo aviso, tomó a Haru entre sus brazos, apoyando su barbilla en la pequeña cabeza.

—Estoy asustado… - dijo con tono decaído, haciendo que la pequeña volteara a verlo con sus enormes ojos dorados, mismos que a Junta le recordaron sus pecados.

—¿Por qué?, mi casa es segura, mami dice que aquí siempre estaremos bien – intentó consolarlo convencida de las palabras de su madre, provocando en Junta mayor ternura y amor por ella.

—Sí, aquí estarán siempre seguros. – Confirmó besando su frente — pero no tengo miedo de eso, yo… - su voz tembló — hice algo muy malo y herí los sentimientos de Takato, por eso merezco que esté enojado conmigo.

Su comentario no había sido hecho con mala intención, no quería lastimar a Haru ni voltearla a su lado para hacerla su aliada y presionar así a Takato, simplemente sentía que a partir de ahora debía ser siempre honesto con las personas que amaba y este era un paso difícil, pero necesario, porque si Haru tampoco podía perdonarlo no merecía estar a su lado y menos soñar que algún día pudiera llamarlo padre.

La niña se quedó un momento en silencio, mirando hacia abajo como si estuviera pensando seriamente en lo que el Alfa le había dicho. Apretó su boca en una línea y volvió la vista hacia el ojiverde. — Si, si hiciste algo malo, entonces debes disculparte. Mami dice que debemos perdonar a los demás para no tener piedras cargando – dijo mientras imitaba cargar un costal sobre su espalda luciendo graciosa. — Si te disculpas con mami y no vuelves a hacerlo, él te va a perdonar. Pero tienes que hacerlo de corazón – advirtió con seriedad.

Junta río, en definitiva la respuesta de Haru era el ideal y más sencilla, hablar y disculparse, pero para su desgracia alcanzar el perdón era realmente difícil, sobre todo cuando el perdón que quería era uno en el que se le permitiera hacer una vida con Takato y su hija.

Aún así, ver la seriedad con la que la pequeña se estaba tomando sus palabras, llenó su corazón de esperanza y amor.

—Haré eso justamente, cachorrita. Me esforzaré para que tu mami vea lo sincero que soy. Gracias – murmuró abrazándola, abrazo que fue correspondido.

—Sí, mami siempre sonreía contigo… te va a perdonar. Oye… No te irás, ¿verdad? – preguntó la nena. Junta quería responderle que "no", que jamás se iría, pero tristemente, eso no dependía de él. Así que lo único que pudo hacer fue abrazarla más fuerte.

Cansado y sintiendo el cuerpo como si hubiese corrido un maratón, Takato abrió los ojos lentamente acostumbrándose a la poca luz, por un momento su mente se desconectó, pero al instante se incorporó de golpe al recordar lo que había pasado. Desconcertado, palpó la cama, era la suya; además, vestía pijama y tal parecía que había sido atendido por completo. Confundido miró hacia la puerta que estaba entreabierta y se sorprendió cuando a su nariz llegó el aroma de su pequeña y del Alfa que pensó no volvería a ver.

¿Por qué, por qué está aquí su aroma?... ¡HARU! – gritó mentalmente, alarmado por haber dejado a su hija sola. En un movimiento brusco se puso de pie, perdiendo un poco el equilibrio, pero gracias a la silla junto a la cama pudo mantenerse. Sosteniéndose de la pared, abrió la puerta y siguió por el pasillo hasta llegar al lugar de donde dos voces se escuchaban platicar animadamente.

Afuera la oscuridad imperaba, pero en su casa, la luz proveniente de Haru y Junta iluminaban hasta el más recóndito recoveco. El Alfa y la pequeña cenaban en la barra de la cocina. Takato estaba sin palabras intentando comprender cómo y por qué estaba pasando aquello, sin recibir respuesta alguna.

De pie en medio de la sala, Takato dejó de contenerse. — ¿Qué haces en mi casa? – fue lo único que pudo articular en medio de su sorpresa.

En cuanto ambas personas se percataron de la presencia del omega, giraron sus cabezas hacia la figura que permanecía inmóvil y atenta a sus movimientos. De un salto, Haru bajó del banquillo y corrió a su encuentro.

—¡Mami!, ¿ya te sientes bien?, el doctor dijo que descansaras y comieras carne, ven, ven. Chunta hizo nikujaga, ¡ah! pero también hizo tortilla de patata para la cena, ¡como la que comimos en Mijas! – Informó emocionada por ver a Takato de pie. Tomando la mano del mayor, lo llevó hasta la cocina, sacando un banco de la barra y poniéndoselo al alcance para que tomara asiento junto a ellos.

Junta, por su parte, miraba congelado toda su interacción. Había escuchado perfectamente la pregunta del omega, pero sabía que cualquier paso en falso y la delgada placa de hielo bajo sus pies colapsaría hundiéndolo en las profundidades. Por eso, evitó abrir la boca y se limitó a parecer una decoración más del hogar. No fue hasta que Takato habló de nuevo, que pudo soltar el aire reprimido.

—Me gustaría comer un poco de nikujaga, por favor. – Pidió clavando sus ojos en el Alfa. Estaba sorprendido, molesto y confundido, pero lo cierto era que moría de hambre y con esos sentimientos, más el estómago vacío, no arreglaría nada. Además, que no se atrevería a causar una escena frente a su niña, que suficientes emociones había experimentado en el día.

Encantado por no ser ignorado, Junta sonrió. — Enseguida lo calentaré para ti. – Rápidamente, el alto puso manos a la obra, incapaz de mantener un rostro serio.

— Un perro – susurró Takato apenas audible. Ver al Alfa cocinando con mandil puesto y sumamente obediente, por poco lo hace soltar una risa — casi puedo ver la cola y orejas…

—¿Qué mami? – preguntó Haru llevando el tenedor repleto de tortilla a su boca.

—Nada, mi amor… ¿Cuánto tiempo me dormí?, ¿quién… - se detuvo, preguntar quién le había traído, estaba de más ante el enorme sujeto que se paseaba por su cocina con una irritante sonrisa en el rostro. —… ¿Cómo supo dónde vivimos?, ¿se… lo dijo Haru? – se formuló sin externarlo.

— Mmmm – la niña rodó los ojos intentando averiguarlo.

Takato observó rápidamente a su hija, la pijama puesta, el olor a jabón mezclado con su aroma aún de bebé, el cabello seco y bien peinado. Alguien se había encargado de eso y solo podía ser, "él".

— Cinco horas, son las ocho de la noche. – Pronunció al tiempo que dejaba varios platos servidos frente a Takato. — Sé que es algo tarde para cenar, pero Haru y yo estuvimos jugando un poco después de que terminó sus tareas, lavé su uniforme y lo planché, después se metió a bañar y alistó su mochila. En cuanto termine su plato puede lavarse los dientes y dormir. – Enunció bajando la cabeza. — Disculpa si fui un entrometido.

Claro que lo eres – pensó el omega apretando los dientes molesto. —Aprovechaste que estaba inconsciente para hacerte pasar por el Alfa bueno – murmuró para sí mismo. Aun así, reprimió sus ganas de echarlo y gritarle, pues si bien, no le agradaba la idea de tenerlo en su casa, lo cierto era que de no haber sido por él, su hija habría pasado por momentos realmente difíciles y todo por su culpa. Ver a su niña feliz, cenando como si fuera lo más delicioso que probaba y parlanchina como siempre, era todo lo que necesitaba para guardar su rencor en el baúl del olvido y aventar la llave lejos o al menos por un par de horas. — Gracias – fue lo único que pudo conectar antes de llevar una porción de arroz a su boca.

Aquellas palabras fueron como gotas de lluvia en medio de la sequía para Junta, las cuales le hacían creer que aún había esperanza de reparar su error.

Durante la cena, Junta aprovechó el "tiempo fuera" de su batalla silenciosa para explicarle a Takato lo que había ocurrido, así como lo que el doctor había dicho, omitiendo por obvias razones el hecho de que: conocía perfectamente su dirección, que lo había bañado, vestido y arropado, ¡ah!, y que los guardaespaldas que Usaka le había prestado, fueron los que los transportaron hasta el departamento. A lo que el omega se limitaba a asentir o mascullar algún monosílabo.

—Hora de dormir princesa. – Takato depositó un beso en la frente de la nena, arropándola y recibiendo un besito de regreso. — Siento mucho haberte asustado, te prometo que esto no volverá a pasar – comentó afligido.

—No te preocupes mami, Chunta nos ayudó y nos cuidó. Si vuelve a pasar puedo llamarlo, él y yo nos encargaremos de todo – pronunció segura de sí misma.

Takato esbozó una media sonrisa sintiendo su corazón estrujarse. —No, no lo necesitamos y no le digas así, es Azumaya san – ordenó con tono severo.

—Pero… él me dio permiso, mami y, tú has dicho que si hay algo que no puedo hacer solita pida ayuda… – alegó llevando la cobija hasta su boca, temerosa de haber dicho algo malo. Cosa que hizo que Takato se golpeara mentalmente.

¿Takato, qué rayos estás haciendo? No seas visceral… - se reprendió internamente para después sonreírle a la niña. —Mi error, puedes llamarle como quieras. Tienes razón, mami solo es un poco cabeza dura.

La niña mordisqueó la cobija con sus caninos crecientes antes de responder. —¿Es porque estás molesto con él? – preguntó tallando sus ojitos.

—¿Qué?... - exclamó con sorpresa mirándola fijamente —¿Por qué piensas que estoy molesto con él?...

—Mmm… porque en la tarde le gritaste y Chunta me dijo que hizo algo muy malo, que te lastimó y que lo siente mucho…

Takato estaba helado —¡¿qué tanto le dijo a mi hija mientras dormía?! – se preguntó apretando sus puños. —¿Qué más te dijo? – su tono era filoso.

Haru, creyendo que se había equivocado quiso dar por terminada la conversación.

—Solo eso mami… dijo que realmente lo sentía y… yo le dije que si se disculpaba sinceramente tú lo ibas a perdonar. Lo siento mami, no te enojes conmigo – pronunció en un puchero.

—No, no mi amor. No me enojaría nunca contigo. Agh… lo siento, estoy muy emocional y es verdad, estoy molesto con él, pero eso no debe preocuparte. Son cosas de adultos, me encargaré de eso, ¿de acuerdo? – dijo abrazando a la pequeña.

—No cargues piedras mami. – Pronunció inocente sin pensar en el impacto de sus palabras en el omega, quien solo atinó a besar su cabeza.

—No bebé, no lo haré. Ahora a dormir… solo, dime una última cosa, ¿cómo supo Azumaya san dónde vivimos?, ¿tú le dijiste? – preguntó con tono suave para no incomodar a su hija.

—No mami, ya sabía. Él llamó a dos señores, nos subimos al carro y nos trajeron aquí.

—Oh, bueno – exclamó arrugando la sábana bajo sus manos — ahora sí, a dormir.

Takato encendió la pequeña lámpara de arcoíris que iluminaba con una luz tenue y salió de la habitación cerrando con cuidado la puerta. Recargado en esta soltó un enorme suspiro pasando sus manos por su rostro. Ahora, debía enfrentarse al Alfa que seguía sentado en la sala como un sentenciado a muerte esperando su ejecución.

Sí, sin duda este estaba siendo un día horriblemente difícil y el que Junta hubiera abierto la boca para decirle a su hija cosas que no tenían nada que ver con ella y que solo la preocupaban, aunado al hecho de que tal parecía que este sabía dónde vivían con antelación, fueron la gota que derramó el vaso.

Takato caminó hasta posarse frente al Alfa que mantenía la cabeza agachada. Lentamente, Junta levantó la cabeza, chocando verde con azul.

El omega tomó aire. — Por favor, levántate y vete de mi casa. Si hiciste todo esto solo por lástima o por esperar agradecimiento de mi parte, entonces te lo digo: gracias, ¿feliz? Ahora fuera. – Ordenó indicándole con el dedo la salida.

En un movimiento rápido, Junta se puso de rodillas. — ¡Takato, por favor! No he hecho esto por lástima, por favor créeme, solo quería que tú y Haru estuvieran bien. No… no tienes que agradecerme nada en absoluto. Sé que para ti soy un mentiroso, un desgraciado, pero no hago esto con malas intenciones o propósitos ocultos. – Su voz era elevada y su respiración acelerada, ante los ojos de cualquiera sería notorio que el sujeto era alguien realmente arrepentido, pero para los de Takato, no era más que una actuación barata.

—¿Que no tienes malas intenciones?, ¿propósitos ocultos?, - rió llevando sus manos hacia su cara, apretando sus sienes. —¡¿Entonces cómo sabías dónde vivimos?! ¡¿por qué le dijiste a mi hija palabras innecesarias?!, ¡¿buscas ponerla en mi contra?!, ¡¿quieres destruirnos hasta ese punto?!

Así, de un momento a otro, la calma que se había respirado se convertía nuevamente en una tormenta espantosa y feroz.

—¡NO!, ¡no! ¡Takato, estás malinterpretando las cosas! – dijo poniéndose de pie con los ojos desorbitados, desesperado. Quería abrazarlo y apretarlo hasta que este pudiera sentir lo mismo que él, pero tocarlo estaba por completo fuera de sus posibilidades. Tomando la pijama del omega, pidió: — Por favor, dime qué debo hacer para que me creas… no quiero seguir equivocándome. Le, le dije a Haru que actué mal, porque no quiero ser un hipócrita; y sí, perdón… sabía de tu casa porque desde que se fueron de España he estado preocupado por ti y por ella, no quiero que les falte nada o que estén en peligro, por eso le pedí a Usaka que mantuviera a personas cuidando a la distancia, asegurándose de que nada ni nadie los molesta-…

PLAFF. Una cachetada contundente se estrelló en su rostro silenciándolo. El golpe no había sido lo suficientemente fuerte para girarlo, pero tal parecía que quien se había hecho mayor daño era el omega que sostenía su mano y lo miraba con ojos inyectados en sangre.

—¡ERES UN MALDITO ACOSADOR!, dices que te preocupas, ¡pero solo quieres mantenernos vigilados!, ¡mi hija y yo no somos cosas ni animales de circo para tu entretenimiento!, no puedes venir a decirme que es por nuestro bien cuando ocultas y trabajas tras las sombras. No has cambiado en nada, eres el mismo falso y egoísta, solo piensas en lo que tú quieres, ¿te pasó por la cabeza siquiera pensar en ¿cómo nos sentiríamos?, siendo observados sin saberlo, con extraños viendo nuestro día a día, tomando fotos, hurgando en nuestras vidas. Solo… ¡solo lárgate! – sollozó cayendo al suelo. Exhausto de sentir su corazón romperse en más pedazos.

—Takato, no, no, no, no fue esa mi intención… ¡MALDICIÓN!, ¡HAGO TODO MAL!, por favor no llores.

—¡Patrón! – en un segundo el Beta se lanzó encima de Junta propinándole un puñetazo que lo tiró al suelo bajo las expresiones de sorpresa de Takato y Ayagi, quien se encontraba a unos pasos detrás del moreno.

Sin dejar que Junta asimilara el golpe, Ramiro lo tomó por la camisa levantándolo. — Se lo advertí cabrón, que si le hacía una jugada a mi patrón me las iba a cobrar. ¡Órale póngase derecho! – demandó furioso con los puños listos para la pelea. —¡Órale!, ¡enfrénteme, no sea culo! – escupió esperando que Junta se defendiera, pero este solo se limitó a limpiar con el dorso de su manga la sangre que escurría se su boca reventada.

Mirando a los ojos del moreno, Junta se enderezó colocando sus brazos a los costados de su cuerpo. — No pelearé, no ahora, no en la casa de Takato y menos contigo. – Enumeró con seriedad sepulcral. El aire de Alfa Enigma volvía a él haciéndolo parecer imponente, pero si se le miraba a los ojos, podía notarse lo quebrado y vulnerable que realmente estaba.

—Ja, pinche pendejo, bien que sabes cómo librarte, ¿no?, ¡vamos afuera entonces! – rugió Ramiro rabioso.

—Ramiro, ¡basta!, Azumaya no es nuestro enemigo – pidió Ayagi posando su mano sobre el hombro derecho del Beta sin entender un poco lo que pasaba.

—Flaquito, tú no sabes qué pedo. Déjame por favor arreglar esto. – Habló modulando su tono para con su pareja. Sin perder de vista el rostro del ojiverde.

—Ramiro, déjalo así… él ya se va. – Takato, que había permanecido en el suelo se puso de pie apoyándose en el sillón. Algo en su interior se había removido dolorosamente ante la imagen de percibir al Alfa herido, pero jamás lo diría en voz alta. Por lo que, más tranquilo tras el shock de ver a Junta caer frente a él, respiró para girarse hacia donde el alto se encontraba. — Azumaya san – dijo viéndolo cara a cara. — Ha sido suficiente por hoy, por favor, váyase. – Pidió con labios temblorosos, movimiento que no pasó desapercibido para el mayor.

Junta lo miró por unos segundos con expresión dolida. De pronto, hizo una reverencia profunda ocultando así las lágrimas que se habían formado marcando un camino de agua por sus mejillas. — Lamento mucho el mal momento que te hice pasar. Prometo no volver a poner un pie en tu casa y no te preocupes por los hombres, ya no estarán a tu alrededor. – Minutos después, el Alfa cerraba la puerta del departamento, dejando en completo silencio a los tres restantes.

Ayagi, sentado en el sofá, fue el primero en hablar.

—Alguien me puede decir, ¿qué diablos ha pasado aquí?

Ramiro se sentó a un lado de Takato, quien seguía perdido en sus propios pensamientos.

—Patrón… ¿está bien? – la voz del mexicano sonaba preocupada.

Aún así Takato no respondía. Solo podía pensar en el rostro ensangrentado que tiempo atrás había abandonado su hogar con lágrimas en los ojos. —¿Por qué, por qué me duele tanto el pecho?, ¿por qué me duele verlo así? ¡maldición!...