CAPÍTULO 32
VENGO POR USTED
—El té está listo, no soy mesero así que si quieren deberán venir ustedes mismos por el – indicó el Alfa de pie junto a la barra de la cocina.
Tanto Ramiro como Takato se giraron con el ceño fruncido tras las amables y cálidas palabras de Ayagi, quien quitado de la pena bebía de su humeante taza con el líquido amarillo.
—Un amor, ¿no? ese es uno de sus muchos encantos – defendió el moreno guiñando un ojo a Takato al tiempo que se ponía de pie y lo ayudaba a hacer lo mismo.
—Déjenme ver si entendí bien, Azumaya cuando vino a Japón ya sabía quién había matado a su padre, te utilizó, usó a mi papá y a mí por igual para así deshacernos de Nakata y Himura, te llevó a España a vivir con él, darte la buena vida para después ¿abandonarte?, será que el Clan Ayagi tiene que romperle la madre también. Es decir, ¿sabía que Ryo estaba secuestrado por Himura?, ¡¿desde el principio?!
—No sé tanto, solo sé lo que planeó conmigo y mi hija – respondió Takato recargando los brazos en la barra. Ramiro crujía los dientes.
Ayagi mordió su mejilla interna mientras le daba vueltas al asunto en su cabeza. —Supongamos que no, que no anticipó tanto, de ser así ¿no te parece que invirtió demasiado en ti y en tu hija? Quiero decir, al menos lo que yo pude ver, y no lo estoy defendiendo – aclaró cuando sintió las miradas de Ramiro y el omega sobre él — él se veía perdidamente enamorado, se desvivía por ustedes. Además, después de que dejaras Europa, vino hasta acá para hablar contigo y redimirse. No sé, si fuera yo y esto se tratara de una venganza, ya me habría rendido, sobre todo después de que un moreno sexy y buenísimo me partiera la cara y el omega que "amo" me rechazara con todas sus fuerzas. En serio está aguantado, por lo que si eso NO ES AMOR real, entonces no sé qué es. ¿Ganas de molestar?, quién sabe, yo solo digo que no estaría mal escucharlo.
—Chihiro no digas esas mamadas – dijo Ramiro viéndolo con rostro arrugado — Takato no tiene nada que hablar con ese pendejo.
—Mamadas las que me das – cayó al moreno en un instante mirando de reojo cómo el rostro de Takato se bañaba en rojo. Suspiró —Solo digo lo que considero mejor, a ver, tú – dijo mirando al azabache — no quieres que te siga molestando, lo quieres lejos, entonces habla con él, es lo único que quiere, ¿no? entonces hazlo y termina con esto ya.
—No, no es tan fácil… - murmuró Takato apretando la taza entre sus manos.
—Sí lo es, es más, si quieres podemos llamarle para que vuelva y así…
Takato golpeó la barra. — ¡NO, NO ES FÁCIL! ES MI DESTINADO NO PUEDO CONTROLARME CUANDO LO TENGO ENFRENTE, ME MOLESTA, QUIERO LASTIMARLO, QUIERO DECIRLE PALABRAS QUE LE DUELAN Y AL MISMO TIEMPO QUIERO ABRAZARLO… seguir escuchando su voz, creerle… yo… yo… - Calló mordiendo sus labios al notar que Ayagi y Ramiro lo miraban sorprendidos tras perder los estribos. —Yo, no tengo mi mente clara, no esperaba encontrármelo, no pensé siquiera que mi celo llegaría de la nada ni que se atrevería a pisar mi casa y en medio de eso está el hecho que de no haber sido por él, no sé qué habría sido de Haru y de mi – hizo una pausa prolongada, siendo la respiración de los tres el único sonido, como si temieran romper el silencio. Takato se puso de pie colocando la taza en el fregadero. —Me iré a dormir, mañana es mi primer día de trabajo y no tengo tiempo para lidiar con esto.
Caminó con prisa hasta su habitación dejando a la pareja sin palabras.
—Está jodidísimo…
—Chihiro…
—¡Qué, es cierto!, el idiota está enamorado, cree en eso de los destinados. Muere por perdonarlo, pero se aferra a su rencor. – Aseguró llevando una galleta a su boca.
—¡Porque tiene motivos para no perdonarlo! – dijo apretando los dientes intentando no levantarle la voz a Chihiro que lo miró con los ojos entrecerrados en señal de advertencia una que entendió a la primera.
—Solo diré una cosa más – levantó el dedo señalándolo con seriedad — si yo me hubiera aferrado a mi pena y coraje, ignorando por completo mis sentimientos por ti, no te habría perdonado ni estaríamos juntos ahora.
—Flaquito, no es lo mismo – aseguró desatando la liga de su cabello.
—Dolor es dolor y perdón, perdón. Tú abandonaste tu orgullo al humillarte, Azumaya también lo está haciendo, yo estaba herido pero el 90% de mi dolor se fue al aceptarte nuevamente. Takato es el único que puede decidir qué hará. Si decide perdonarlo entonces debe olvidar todo, comenzar de nuevo y ser feliz. Por otra parte, si decide no estar con él, teniendo en cuenta que cree en eso de los destinados, solo le esperará una vida de reproches y de sentimientos miserables que lo irán carcomiendo poco a poco. Así que dime, Ramiro, ¿aún piensas que no tienen nada de qué hablar o perdonar?
El mexicano agachó la cabeza mirando sus manos que se entrelazaban con las delgadas del Alfa. No tenía más que decir. Besó las manos del castaño con amor. Sus ojos, aunque entrecerrados dejaban entrever su tristeza. — Trabajaré duro en ese 10% que sigue ahí.
—Oh sí, claro que lo harás – respondió Ayagi imitando la acción del moreno. —Pero pondré de mi parte también – sonrió animándolo.
Mientras tanto en la mansión de Usaka, Arisu atendía las heridas que se había hecho por la pelea con Ramiro.
—Con solo ver cómo te han dejado la cara ni para qué te pregunto cómo te fue, ¿verdad? – Con un algodón humedecido en alcohol limpió la zona lastimada, provocando un "Tssk" por parte del ojiverde.
—Para ser el primer acercamiento, creo que me fue bien. – Explicó tratando de animarse a sí mismo.
—Ya veo. Así que eres de los que ve el vaso medio lleno, Azumaya kun – La voz de Usaka llamó su atención girando para ver cómo este entraba a la oficina con tres vasos de whisky en las manos. —Dejaré el tuyo aquí Kiyo – indicó poniendo el vaso sobre el escritorio.
—Gracias, pero hoy no me apetece... – respondió concentrado en colocar la pomada en la mejilla inflamada de Junta.
Usaka lo miró con ojos curiosos ante su negativa, pero no dijo nada mirando ahora al Alfa. — Toma, esto te va a desinfectar por dentro.
Junta extendió la mano para tomar el vaso que se le ofrecía. — Gracias – bebió de un trago el contenido.
—Yo he terminado. – Exclamó palmeando los hombros del menor. — Te recomiendo que no muevas tanto la boca, las banditas pueden despegarse. Dejaré algunas en tu recámara para que las coloques mañana después de bañarte y esta pomada úsala hasta que la inflamación ceda. – Indicó Arisu guardando todo en el botiquín.
—Gracias Arisu san, es muy amable. – Inclinó la cabeza agradecido.
—No lo soy, solo no puedo resistirme cuando veo a un cachorrito herido. – Dijo acariciando la cabeza de Junta de manera juguetona —Si me disculpan iré a ver si mi hijo me hizo caso y al fin se durmió. – Sonrió ajustando el cordón de su bata.
—Ya fui a verlo, si quieres puedes irte a descansar – habló Usaka caminando hacia el hombre que ya iba por la puerta para tomarlo por la cintura y colocar un tierno beso sobre su boca. Mismo que fue correspondido por el Omega.
—No tardes – susurró sobre sus labios poniendo una mano sobre el pecho de su esposo, a lo que Usaka asintió.
Clack, la puerta se había cerrado y ahora solo el Alfa y el Beta permanecían en la oficina.
— Hacen muy buena pareja – comentó Junta con admiración y respeto.
— Gracias – se limitó a responder tomando asiento frente a Junta. Como siempre, el hombre era fiel a su forma de ser: de pocas palabras y serio. — Mi Waka gashira me informó que has decido retirar a la gente que vigilaba a Saijo san y su hija.
El alfa asintió.
—Eso significa que… ¿te has rendido? – preguntó bebiendo el whisky que Arisu había declinado.
— No mientras viva – respondió de inmediato — pero le prometí a Takato que los hombres dejarían de vigilarlos. No quiero causarle más incomodidad.
—Entiendo, pero eso significa que quedarán sin protección alguna.
—Eso nunca, prometí que no tendría gente siguiéndolo, más nunca prometí que me alejaría de él o dejaría de cuidarlos. No me lo perdonaría si algo les pasara. A partir de mañana me encargaré personalmente de su seguridad – exclamó decidido.
— Lo supuse. Entonces, permíteme pasarte el reporte de hoy.
La mañana llegó pronto con gran movimiento en la casa de los Saijo. Ayagi gruñó y metió la cabeza bajo la almohada por pura frustración al verse despertado por los ruidos de pies sonando por el suelo y la voz infantil que irrumpió en su cuarto saludando a Ramiro con demasiado entusiasmo. Su ser de vida nocturna le gritaba que echara a la pequeña, pero en cuanto sintió las manitas acomodando la cobija para arroparlo, le fue imposible hacerlo.
— Buenos días, Haru-chan… - murmuró con voz ronca sacando la cabeza de entre las almohadas.
—Tío, ¿quieres desayunar con nosotros? Mami hizo: arroz, sopa de miso, tamagoyaki y salmón. — Invitó la nena brillando de alegría clavando sus orbes doradas en el cabello desordenado de Ayagi.
—Agh… estás demasiado linda Haru-chan, no puedo decirte que no, ¡nunca! – exclamó el castaño acariciando las mejillas regordetas recibiendo una risa fresca, idéntica a la de Takato, de vuelta.
—Arriba pues bebé, nos toca llevarla a la escuela – indicó Ramiro palmeando el redondo trasero.
Mientras Haru se ponía su uniforme, los adultos se reunían en la cocina justo como la noche anterior.
—Lo siento Chihiro, sé que te gusta dormir hasta tarde - Se disculpó Takato al ver la cara de muerto viviente que tenía. — Haru se emocionó al saber que se habían quedado a dormir.
El alfa solo apoyó la cabeza en la barra. — Solo dame café bien carga… - No terminó de hablar cuando Ramiro puso frente a él la taza humeante, acción que repitió para Takato, quien tenía unas ojeras terribles bajo sus ojos.
—Dale 5 minutos y revive. – Exclamó Ramiro ante la cara preocupada de Takato. Este asintió.
Después de servir los platos para ambos invitados, el omega habló.
—Ayer me exalté demasiado, me disculpo por eso. Es solo que, me cuesta mucho confiar en las palabras de… – hizo una pausa — de ese hombre y me duele porque en serio he sentido que él es mi pareja y al mismo tiempo no quiero ceder solo porque las feromonas me dominan.
Para su desgracia la noche había sido una tortura prolongada de su día. Su celo había vuelto a atacarlo alrededor de las 3 am y el uso de inhibidores fue necesario, pero su cuerpo no lograba calmarse, quería a un alfa o más bien, necesitaba a su alfa desesperadamente. Su mente lo traicionó cuando en un intento por calmar ese fuego llevó su mano hacia su entrada húmeda. En cuanto sus falanges rozaron su carne el rostro de Junta apareció. Apretó los dientes y en un esfuerzo descomunal por contenerse retiró con dolor su mano mordiendo con fuerza sus labios. Fue en ese momento de desesperación que comprendió que su celo no era coincidencia o un chiste del destino, sino que había llegado por culpa del ojiverde que lo acechó a la distancia y soltó sus feromonas para hacerse notar.
Mojó sus labios con su lengua. —Además, él sigue con las mismas conductas – dijo colocando los huevos cocidos en la lonchera de Haru. —¿Pueden creerlo?, justo anoche me dijo que todo este tiempo que llevo de nuevo en Japón ha tenido a un par de hombres siguiéndome a cada paso, según que por mi seguridad. – Ayagi tragó lento sintiendo como su manzana de adán subía y bajaba. — Solo quiere encontrar una manera para seguirme manipulando a su antojo. – Terminó el monólogo cerrando la lonchera.
De inmediato, Ayagi dejó los palillos a un lado y tosió llamando la atención de Ramiro y Takato. — Bueno, sí… tienes razón, no es agradable sentirse vigilado, pero creo que el que mandara a hacer eso, es por mi culpa.
De inmediato el Beta y Omega lo cuestionaron dejando de lado lo que cada uno estaba haciendo.
—Repite eso, flaquito…
—¿Qué?, ¿por qué es tu culpa?
El alfa cepilló sus cabellos dándose el tiempo para acomodar bien sus ideas. Exhaló, dispuesto a explicar. — Verán… no te lo había dicho Ramiro, pero cuando me abandonaste – dijo esto recalcando el "abandonaste", provocando que el Beta temblara — yo estaba deshecho y muy enojado. Por lo que quería deshacerme de todo lo que me recordara a ti. En eso uno de los hermanos nombró al imbécil de Hashiba… Así que ordené que dejaran ir a la sabandija esa y no tengo idea de dónde demonios se encuentre en estos momentos. – Soltó dejando a beta y omega sorprendidos. — Aparte, tiempo después, Usaka san también me preguntó por él y por lo que sé, el Oyabun aprecia mucho a Azumaya, tal vez este se lo comentó y por eso mandó vigilarte. – Supuso, levantando los hombros.
Tanto el mexicano como el japonés se habían quedado sin palabras.
Takato recordó la ocasión en la que Junta le había dicho que en Japón corría peligro, que aún había seguidores de Himura, obviamente tras conocer todos los hechos, estuvo seguro de que aquello había sido solo inventos del Alfa para poder llevarlo con él, pero ahora, con la información de que Hashiba andaba suelto por ahí, ya no sonaba tan falsa la afirmación de Junta.
—Hashiba, ¡ese maldito hijo de perra! – Ramiro golpeó con su puño la barra para seguir maldiciendo.
—Hashiba siempre fue leal a Him… a ese bastardo y jamás intentó ocultar su odio hacia mi – aseguró Takato.
—No se preocupe patrón, lo encontraré y ahora sí no habrá santo que pueda poner de cabeza para que le haga el milagro – prometió mirando con seriedad al Omega.
—Ramiro no exageres, el tipo estaba más muerto que vivo cuando lo soltaron, seguro ya fue comido por perros o cuervos, y de no ser así, estamos en Tokyo una ciudad con más de 14 millones de personas, donde él no tiene ni a una sola persona que se preocupe por su vida. Sin dinero, en condición de calle y con no sé qué más cosas, es imposible que siquiera pueda soñar con encontrar a Takato y la niña. – Pausó su discurso para tomar un sorbo de café. — Y como extra, mira dónde vives. Este vecindario es de gente con dinero. Dime Takato, ¿a cuántos vagabundos has visto por aquí? – preguntó apoyando su barbilla en sus manos.
—A ninguno. – Pronunció el azabache sorprendido de apenas notar ese hecho.
—Correcto – aplaudió felicitándolo — porque la policía hace sus rondines seguido por aquí, y si llegara a colarse alguno de… esos ciudadanos no deseados, los mismos vecinos lo reportan y listo, adiós basura.
—Chihiro, son personas – le reprendió Ramiro, sintiéndose incómodo por la manera despectiva en la que trataba a los pobres —Yo también fui un indigente.
—Tan sensible… - dijo rodando los ojos. — En fin, han entendido mi punto. Así que dejen de preocuparse, pero por si las dudas… – volvió su cabeza hacia Takato — mejor deja que Azumaya te tenga a todo un ejército si eso te hace sentir más seguro.
— Solo me importa la seguridad de Haru. – Afirmó Takato. Mentiría si dijera que era perfectamente capaz de cuidar de su hija, pues a los hechos de ayer se remitía; por lo que, el solo imaginar que Hashiba se acercara a ella cuando él no estuviera presente o bien se encontrara en un estado vulnerable, le helaba la sangre y un escalofrío recorría su columna vertebral. Por consiguiente, aunque no le gustara, necesitaba apoyo extra y ya no podía pedirle a Ramiro que se ocupara de ellos, no cuando había decidido dejarlo hacer su propia vida. —No puedo creer que en serio tenga que hablar con él… - Murmuró presionando su frente — pero por Haru, puedo hacer lo que sea…
—¿Yo qué mami? - Justo en ese momento, la pequeña se unió a ellos, lista de pies a cabeza portando con orgullo su uniforme. Los tres la miraron.
—Despídase de su amá mi patroncita – indicó Ramiro cuando el momento de separar sus caminos llegó.
De inmediato Haru abrazó a Takato depositando un beso en su mejilla, una costumbre que tenían desde siempre.
—Te amo mami.
—Y yo a ti, mi corazón. – Aseguró estrechándola entre sus brazos. —Haru, ¿recuerdas lo que platicamos sobre acercarse a desconocidos?
—Sí mami.
—Muy bien. Por favor, Haru. Si alguien te habla o te pide que vayas con ellos, aléjate de inmediato y dile a tu maestro o corre con alguno de los maestros que hacen guardia, pero nunca – pidió tomando su rostro entre sus manos — nunca les hagas caso, así te digan que yo los he mandado por ti o Ramiro o quien sea. Yo siempre te recogeré y cuando no sea así llamaré a tu maestro. Recuérdalo mi corazón.
—Sí mami, no te preocupes. Entiendo, no hablar con nadie, decirle al maestro si alguien me habla, irme solo con mami, Ramiro y Chihiro san. – Respondió sintiéndose satisfecha.
—Así es, buena niña – Selló sus palabras con otro beso y finalmente dijo adiós sintiendo como su corazón se estrujaba, de nuevo el miedo se hacía presente en su vida.
—Trata de hablar con él pronto – Sugirió Ayagi refiriéndose con "él" a Azumaya. A lo que Takato solo asintió.
El omega viajaba hacia su nuevo trabajo más alerta que en otras ocasiones, la noticia de que Hashiba podría andar por ahí acechándolos era más que suficiente para ponerlo nervioso y activar sus instintos de supervivencia al 200%. Con sus sentidos agudizados, miraba a todas las personas a su alrededor dentro del vagón intentando notar alguna anomalía; por lo que, en cuanto puso un pie fuera del tren la anomalía apareció cinco pasos detrás de él. Paso que daba, paso que era seguido por el sujeto. Si giraba, también lo hacía la persona, si aumentaba la marcha, lo imitaba. Pero jamás la distancia entre ellos se acortaba.
El juego del gato y el ratón comenzaba a fastidiarlo, pero solo por hoy lo dejaría pasar, en especial porque aunque actuara como acosador, Junta podía ser una pared impenetrable que gustoso bloquearía cualquier ataque contra él, y por ahora, quería sentirse seguro, aunque la seguridad viniera de la persona que le había roto el corazón.
En cuanto abrió la puerta de vidrio del local, el aroma a café y panecillos recién horneados lo envolvieron amorosamente. De inmediato la voz de su empleador llegó a sus oídos.
—Llegaste temprano Saijo kun – Saludó el dueño y Chef del local al verlo entrar por la puerta. Con cuidado colocó la charola sobre el mostrador.
—No puedo fallar en mi primer día, Takarai san – respondió al tiempo que caminaba hacia los vestidores. Nunca había sido especialmente bueno en una charla pequeña con un desconocido, pero el jefe le resultaba alguien confiable; además de que de alguna u otra manera, deseaba avanzar y salir de su zona de confort.
Notando que Takato se mostraba un poco más abierto a comparación del día anterior, decidió bromear un poco con él. — Ya veo, entonces… ¿Eso quiere decir que a partir del segundo día lo harás? – replicó con tono amigable que fue bien recibido.
—Jaja, no me atrevería. – Sonrió deteniéndose en la puerta del vestidor.
—Mmm he contratado a un buen chico. – Asintió cruzando los brazos. — Por favor en cuanto te hayas puesto el uniforme, dirígete a la cocina, escribí en la pizarra los postres que elaborarás hoy. No te abrumes, en cuanto termine de acomodar estos panecillos en la vitrina iré a ayudarte. Las chicas no tardarán en llegar.
—De acuerdo. Ahora mismo lo hago. – Antes de entrar, Takato echó un último vistazo hacia afuera y efectivamente no se había equivocado, Junta permanecía al otro lado de la calle sentado en una banca mirando hacia su nuevo trabajo. Suspiró sintiendo un nudo en la garganta y cómo su corazón galopaba ferozmente dentro de su pecho. —Aún no estoy listo… - murmuró apretando los labios.
Para la una de la tarde, la cafetería alcanzó su punto máximo de ebullición. Las órdenes no dejaban de empalmarse una sobre otra. Takato limpiaba el sudor de su frente con la toalla de mano. El movimiento constante, el calor emanado por el horno y estufa, así como la presión implícita en tener los platillos listos lo ponían nervioso. No quería cometer un solo error, pero la falta de horas de sueño comenzaba a pasarle factura.
Daiki, que de vez en cuando miraba de reojo el trabajo de Takato, notó cómo el pequeño omega se movía como abeja obrera a punto de colapsar, pero que pese al cansancio no se detenía. Tal y como si quisiera demostrar a los demás y a sí mismo que podía hacerlo.
Chak chak. El sonido del fuego salteando las verduras de la cacerola estremeció al ojiazul que se encontraba muy concentrado acomodando los paninis tal y como la imagen frente a él.
—Saijo kun, no saliste en tu hora de descanso. Termina ese platillo y sal un momento a tomar aire – ordenó Daiki al tiempo que sacaba el sartén del fuego.
Rápido el omega refutó. — No, estoy bien, gracias. Quiero agarrar pronto el ritmo, así que necesito practicar.
— No te mentiré diciendo que no necesito de ti en la cocina; por lo que si ese es tu verdadero motivo, adelante. Solo te diré esto una sola vez – hizo una pausa apoyando las manos sobre la mesa de cortar. Takato se tensó. — No me gusta que mis empleados se enfermen por trabajar más de lo que su cuerpo puede dar. No necesitas demostrarme nada, es tu primer día y lo estás haciendo maravillosamente. Eres un chico muy trabajador, atento a los detalles y rápido. Por eso, te lo diré de nuevo, toma un descanso y no me hagas sacarte yo mismo de la cocina. – Sonrió el hombre tomando un gran cuchillo con su mano derecha.
El omega tragó saliva —Es esto a lo que llaman ser… ¿pasivo – agresivo? – pensó.
—Y llévate ese platillo para ti, yo haré el de la orden. Come, recarga energía y vuelve. – En sus palabras no había abertura alguna para el reclamo.
Como pudo se abrió paso entre los clientes para llegar a la mesa para dos personas que había visto el día de ayer. Al estar en una esquina y cerca del baño, ninguna persona ocupaba el asiento.
Dando un suspiro de alivio se acomodó y dio un gran mordisco a su panini de pollo con ensalada italiana. No fue hasta que un tomate cherry explotó en su boca que su cerebro y estómago se dieron cuenta de lo hambriento que estaba. —Mmm, delishiosho – exclamó saboreando cada bocado. Pasando por sus labios su lengua para limpiar los restos de aderezo.
—Si tú lo dices, entonces me encargaré de pedirlo la próxima vez. – Dijo el hombre colocándose a su lado.
—Ju… Junta...
Sus enormes ojos azules se abrieron como los de un venado encandilado. Si bien sabía que el Alfa lo había seguido, no lo creyó capaz de que se atreviera a ponerse ante él, menos con los golpes que Ramiro le había propinado. Pero incluso había algo más preocupante para él que de inmediato acudió a su mente. — ¿Ha estado todo este tiempo aquí?
—¿Puedo sentarme? – pidió mostrándole al azabache el café en su mano. Esta vez, el Alfa no dejó salir ni una sola feromona, pero su sola presencia resultaba abrumadora para su omega.
Takato no sabía cómo reaccionar y luchó para que el pedazo de pan no se le atorara en la garganta. Dio un sorbo a su té frío y sin más se puso de pie listo para retirarse. Sin embargo, no contó con que sería detenido por la muralla de 1.90 de altura.
—Takato, no… no te vayas. ¡Por favor! – Suplicó arrugando su frente como si alguien lo hubiera apuñalado.
El omega apretó los labios al verlo, un pinchazo le atravesó el pecho. Con un movimiento brusco se soltó del agarre sobre su brazo; y haciendo un esfuerzo por no gritar en medio de su trabajo y así provocar que lo despidieran el primer día, se giró para quedar frente a él.
— ¿Acaso el golpe y mis palabras no fueron lo suficientemente claras para ti?, no quiero verte nunca más. – Escupió con voz gélida. — Es mi primer día trabajando, lárgate y deja de causarme problemas. Y ¡Deja de hacer esa maldita expresión cómo si te doliera! – gruñó al ver el rostro del otro deshecho. —Agh… no lo veas, no te compadezcas, no creas en él, solo está actuando. Juega contigo. – Fue lo que la voz en su cabeza susurró. Inevitablemente apretó sus puños. De nuevo la ira se apoderaba de él subiendo peligrosamente por sus extremidades como fuego. Fue así hasta que volvió a escuchar la voz grabe quebrándose.
—Me duele, en serio me duele Takato y mucho. Te amo y solo ruego que en algún momento puedas notar mi sinceridad. – Junta mordió sus labios impidiéndose seguir hablando, como si tuviera miedo de que lo que dijera lo pusiera en una peor situación de la que ya se encontraba.
Takato no perdía detalle de sus movimientos, de sus expresiones, de su voz… y por un momento estuvo tentado a abrazarlo y consolarlo. Quería apoyar su rostro en ese pecho amplio y que este lo rodeara con sus brazos.
Ante tales pensamientos, sus pies se movieron por inercia; uno, dos, tres pasos más cerca. Tan cerca que podía sentir su calor corporal y oler el sutil aroma de su sudor, que lejos de parecerle desagradable, resultó ser tan adictivo y varonil como sus feromonas.
De nuevo estaba siendo seducido por él y ahora no había feromonas de por medio a las cuales echarles la culpa. —Un poco más – pensó atraído por su Alfa, pero justo cuando la razón abandonaba su cuerpo y extendía los brazos para consumar su deseo, se vio interrumpido abruptamente.
—Por favor sigue comiendo tus alimentos, no volveré a interrumpirte en tu descanso…
La voz de Junta lo sacó de su trance y fue entonces que se percató de que solo escasos centímetros los separaban al uno del otro. Se sentía frustrado y a la vez aliviado, de nuevo sentimientos contradictorios se fundían en su corazón.
Junta le dedicó una sonrisa triste. Takato levantó la cabeza para mirarlo mejor… estaba confundido y su rostro lo gritaba.
De pronto, Junta pasó su mano por la nuca del omega y acercó sus labios para depositar un beso dulce pero fuerte sobre su frente. Un beso que dejó su zona caliente cuando sus labios se despegaron.
De inmediato el omega posó su mano sobre el punto donde había sido atacado. Junta lo había tomado por completo con la guardia baja, pero para su sorpresa, en vez de sentirse molesto, el deseo de que repitiera la acción lo hizo estremecer.
No hubo más palabras y pronto el Alfa comenzó a caminar hacia la salida, pero la pregunta repentina de Takato lo frenó haciendo rechinar en el suelo sus zapatos Stefano Bemer.
—¿Por qué me sigues? – fue lo único que pudo decir. Aún lo miraba con rostro confundido.
Junta respiró como si hubiera tomado la primera bocanada de aire después de haber aguantado horas bajo el mar. No sabía si lo que iba a contestar le traería más problemas, pero al menos tendría la oportunidad de seguir hablando con su omega.
—Porque quiero cuidar de ti. Quiero que estes a salvo. Disculpa si mi presencia te hace sentir incómodo, pero el tema de tu seguridad y la de Haru es algo que no pienso ignorar. Hice lo que me pediste, despedí a los otros. Así que a partir de hoy seré yo quien me encargue de eso. Si quieres ignórame, piensa que soy una mosca persistente volando alrededor. Pero por favor déjame hacer esto, por favor.
Takato dejó salir el aire que había estado reteniendo —Al menos, ahora no dijo que me ama… - pensó intentando justificar el por qué sus palabras no lo habían molestado.
La plática de la mañana con Ramiro y Ayagi volvió a él y supo que no podía posponer por más tiempo algo como eso y si la oportunidad ya se había dado, debía aprovecharla y así evitar otro encuentro como este en el futuro. — Chihiro me dijo que Hashiba está "desaparecido", así que… está bien, solo por eso permitiré lo que propones. No lo hago por mi, sino por Haru. – Explicó — Pero ten en claro que esto no significa nada, tú eres el que se está ofreciendo y lo único que obtendrás de mi será un "gracias".
Sus palabras eran duras, tanto que contrastaban con el apenas perceptible temblor de su cuerpo y mejillas sonrojadas. Aún así, para Junta, quien desde el principio esperó lo peor, el que Takato diera su permiso fue como encontrar un oasis después de haber atravesado un desierto.
—Gracias por la oportunidad. – Esta vez, lo dijo mostrando una sonrisa genuina. —Daré lo mejor de mí.
Takato solo asintió cruzándose de brazos. Volvió a tomar asiento y desde su lugar vio cómo el Alfa caminaba hacia la salida, examinando su impecable apariencia y movimientos elegante. Entonces, una mueca surcó la cara del omega al instante, sintiéndose incómodo cuando notó como este robaba las miradas de todos los presentes. —Ja, ni siquiera intentan disimular – Murmuró cuando una chica fingió tropezar para que Junta la detuviera. —¡Jaja! – una risa espontánea salió de su boca, pero de inmediato colocó sus manos sobre esta.
Para desgracia de la mujer, Junta la esquivó hábilmente como gato que rehúye del agua, por lo que la pobre dio a parar hasta el suelo perdiendo todo su glamour y sin un caballero de brillante armadura que la sostuviera. Entonces, mientras contenía la sonrisa de satisfacción por ver aquella escena, se congeló por completo cuando desde la puerta Junta lo volteó a ver y movió sus labios hablándole.
En un instante el color rojo invadió su cara, orejas y hombros. Había entendido perfectamente lo que el Alfa enigma le dijo.
"Solo puedo sostener a quien realmente amo"
— ¡Maldición! - se reprendió mentalmente. —No Takato, no caigas en su juego. No te dejes arrastrar de esta manera…
Sintiendo un pinchazo, cerró los ojos para recuperar su autocontrol. Por esto, es que no quería volvérselo a encontrar, porque sabía que su voluntad se vería afectada y eso era algo con lo que no podía ceder.
Mientras terminaba de comer, repasó una y otra vez lo que Yurie le había dicho y lo que de la boca de Junta escuchó aquel fatídico día en el que sus ilusiones se vieron destruidas. Pronto, su corazón que había sentido agitación volvió a su estado de reposo envuelto en una sábana de hierro.
—Ahora seré yo el que te utilice. Dices ser sincero… ¿Quieres "cuidarnos"? adelante. Verás desde primera fila lo felices que somos sin ti en nuestras vidas.
Ya casi era hora de salida, algunos niños terminaban de copiar la tarea, otros ordenaban sus mochilas mientras esperaban que el timbre sonara y otros más leían.
Las voces de los maestros explicando los últimos puntos de sus clases se mezclaban con cada paso que daba por el pasillo. Ahora, podía decir que estaba completamente acostumbrada al ambiente que le rodeaba.
La escuela no era ni muy grande ni muy chica, era como cualquier otra, incluida la distribución de los salones. Lo único diferente a las demás, era la ubicación de los baños, los cuales estaba bastante retirados de los salones y para llegar a ellos se debía pasar por dos largos pasillos para después bajar un par de escalones.
Correr estaba prohibido, pero la pequeña Haru estaba a nada de dejar escapar lo que con mucho esfuerzo su vejiga venía reteniendo desde hace una hora.
—Baño, baño, baño… - canturreó apresurando el paso. —¡AH!
Un pequeño grito salió de su boca cuando de la nada chocó contra una persona. Al mirar el overol celeste con franjas naranjas a los costados, supo que ese era el uniforme que los trabajadores de limpieza utilizan.
Sobó su nariz adolorida por el impacto y rápido se dispuso a disculparse. — Lo siento intendente san – dijo haciendo una pequeña reverencia. —Tengo prisa, quiero ir al baño – exclamó sin pena alguna sus necesidades.
Una risa complacida acompañó las palabras del sujeto. — Mi pequeña señorita, no tiene de qué disculparse – pronunció la voz cargada de azúcar al tiempo que se colocaba de cuclillas para quedar a su altura.
Rápidamente la nena levantó la cabeza y una enorme sonrisa se dibujó en su tierno rostro cuando sus ojos enfocaron la cara del hombre.
—¡Hashi san! – gritó emocionada lanzándose sobre este en un gran abrazo. Nada le impedía ser amable y cariñosa con un hombre al cual había visto como parte de su familia y quien siempre se desvivió por ella.
El ex Saiko komon del ahora extinto Clan Himura sonrió complacido por la muestra de afecto que la niña le daba. Por mucho tiempo estuvo deseando este encuentro y ahora era posible.
Con cuidado y como si de la porcelana más fina se tratara, Hashiba depositó un beso en la frente de la nena. La alejó un poco de él para verla cara a cara y con voz emocionada exclamó:
—Sí, soy yo, mi pequeña señorita. Vengo por usted.
