Quiero expresar mi agradecimiento a todos ustedes que se toman el tiempo de leer mi historia, pues aunque no dejen comentarios, se siente bonito entrar y mirar la cantidad de personas que han tomado de su tiempo para leer este fic.

Espero que al menos una vez puedan decirme qué piensan de los personajes, la trama o cómo se han sentido al leerla, su opinión es muy importante para mí y me anima a seguir adelante.

Ahora, disfruten del capítulo.


CAPÍTULO 38

DÉJALO IR

Unos pasos acelerados se escuchaban en el pasillo del amplio hospital. Los cabellos blancos y largos de Celestino se movían al ritmo de su caminar mientras que la pequeña mujer tomaba su mano con fuerza para seguirle el ritmo.

En cuanto Usaka les informó lo que había ocurrido, no dudaron un segundo en tomar un avión e ir al país del sol naciente. Necesitaban comprobar con sus propios ojos que su amado nieto realmente estaba recuperándose.

Abriendo la puerta encontraron la cama vacía lo que les hizo estremecer pensando lo peor. Sin embargo, esas suposiciones desaparecieron cuando el alto entró a la habitación tomándolos por sorpresa.

—¡Hijo!

Ambas voces se superpusieron y en un instante abrazaron a Junta quien solo pudo responder el afecto con uno de su brazos para arroparlos, pues la otra mano descansaba sobre su herida cuya recuperación iba desesperantemente lenta.

—Mi Junta, no tienes idea de lo preocupados que estábamos. – Sollozó Yachio tomando el rostro del alto entre sus manos, presionando las mejillas flacas, sintiéndose aliviada de ver a su nieto de pie, aunque esto no fue suficiente para tranquilizarla.

El hermoso color trigo de su piel se había vuelto como una hoja de máquina de lo pálido que estaba, el alfa lucía ojeroso, tenía los ojos rojos y ligeramente hinchados; también su cintura se había reducido unos centímetros, lo que le decía que no había estado comiendo apropiadamente. Todo en él gritaba ¡enfermo!

La pequeña mujer hizo un puchero, a lo que Junta se limitó a susurrar palabras para tranquilizarla, dejando un beso en la cabeza blanca.

—Lo siento abuelita… siento preocuparlos a ambos.

Negando con su mano, el mayor ordenó. — No importa, ve a esa cama ahora. Llamaré al médico para que te revise. – Celestino caminó hacia el timbre presionando el botón. Junta obedeció de inmediato siendo guiado por la mujer que no dejaba de frotarle la espalda con cariño. Éste, agradeciendo que no le hicieran más preguntas.

El ambiente no era el óptimo para una charla. Afuera no había dejado de llover, las nubes espesas cubrían el cielo y truenos imponentes sonaban de vez en vez acompañados de rayos que cegaban.

La tensión se respiraba y el jugueteo de manos de parte de su abuela denotaban la ansiedad que sentía. Los dos tenían muchas preguntas y él todas las respuestas, pero no estaba listo para resolverlas.

Celestino aclaró su garganta animándose a iniciar la conversación, pero cuando estaban por hablar, el médico entró sorprendiéndose de ver a dos desconocidos con su paciente.

—Buenos días. Ustedes son… - preguntó sujetando su tablet contra su pecho. Solo esperaba no fueran más yakuzas, pero la apariencia bonachona de ambos lo relajó un poco.

—Somos los abuelos de Azumaya Junta. – Exclamó Celestino extendiendo la mano para saludarlo, olvidando por un segundo que no estaba en Europa.

El gesto tomó por sorpresa al médico, quien al apreciar mejor la apariencia tan occidental del hombre y recordando que su paciente era de raza mixta no tardó en responder el gesto. —Entiendo, mucho gusto, soy el Doctor Kureno.

Ambos inclinaron la cabeza con respeto. — Queremos saber cómo se encuentra nuestro nieto por favor. – Pidió Yachio sin soltar la mano de Junta, la cual, pese a estar sujeta por las dos de la mujer, seguía sobresaliendo.

—Entiendo – tomó la tablet y comenzó a buscar la información que necesitaba. – Verán, el paciente recibió un impacto de balar, este fue tratado encontrando que no hay órganos comprometidos. Con un par de semanas en reposo es suficiente para que se recupere de su lesión.

Ambos abuelos fruncieron el entrecejo cuando las palabras "un par de semanas" salió de la boca del médico. Al ser Junta un Alfa especial y descendiente de un raza pura como lo era Celestino, su capacidad de regeneración era rápida, lo que les hizo sospechar a ambos que las cosas no estaban tan bien como el hombre las planteaba.

El médico, sin embargo, aunque supiera que Junta era un Alfa Enigma, no sabía que una herida como la que este tenía podría quedar cerrada en un solo día. A sus ojos, la recuperación de Junta era como la de cualquier otro mortal, por lo que supuso que la expresión de la pareja de ancianos se debía al disparo en sí.

Él continuó: — Solo tengo un par de recomendaciones y advertencias. Por lo que tengo entendido, el paciente ha hecho uso de sus feromonas "especiales" de una manera desmedida. Esto ha creado una gran presión en su cuerpo que lo dejó debilitado y vulnerable, si por alguna razón vuelve a hacerlo, me temo que… - hizo una pausa intentando suavizar lo que tenía que decir — Azumaya san puede perder la vida.

Yachio tembló al escuchar las palabras del de la bata blanca, mientras que Celestino solo apretó los labios en una fina línea llena de tensión.

Sintiéndose incómodo el doctor intentó corregir sus palabras.

—Igual, puedo equivocarme, pero los estudios de sangre que le hicimos muestran que sus defensas, presión, niveles de azúcar y glóbulos rojos se vieron comprometidos ante el uso de sus feromonas de… mando. En estos momentos no se puede dar el lujo de que sus niveles sigan cayendo, puede entrar en paro respiratorio, coma diabético, anemia, etc. Ser un alfa implica un sistema inmunológico tremendamente resistente, pero no por ello son Superman y de serlo, incluso él es débil ante la Kryptonita. – Agregó ejemplificando lo que quería decir. —Aún la ciencia no tiene un conocimiento perfecto sobre los Alfa Enigmas, contando a su nieto solo hay registrados 5 casos en todo el mundo y a él no lo teníamos en la lista. Por todo esto, tiene prohibido usar sus feromonas, no importa la presentación de estas, así sean las más inofensivas como las que se usan para marcar con el aroma o producir tranquilidad, no debe hacerlo o solo empeorará.

Yachio y Celestino se voltearon a ver en un entendimiento mutuo.

—Ahora, mi recomendación es: no usar por nada del mundo sus feromonas, dormir y comer apropiadamente, levantarse de la cama únicamente para ir al baño, así como caminar un poco por la habitación para mantener en movimiento el cuerpo. Si hace esto no dudo que podrá recuperarse por completo. – Una sonrisa profesional acompañó la oración. —Estaré monitoreándolo cada cierto tiempo. Si tienen alguna pregunta no duden en llamarme. Mi turno termina a las tres de la tarde.

En todo momento Junta permaneció en silencio, él ya había escuchado con anterioridad su condición de boca del doctor, por lo que no le sorprendieron sus palabras. Aún así y sin que el profesional de la salud lo supiera, hacía tan solo unos minutos atrás había usado sus feromonas para tranquilizar a Takato cuando lo escuchó sollozar al otro lado de la pared. Mientras lo hacía sintió como su propio cuerpo perdió fuerza, pero para él era más importante que su omega estuviera bien. La sensación era como si estuvieran drenando su energía y tal parece que así era.

Su cuerpo pedía tiempo fuera y si no se lo daban, este solo se lo tomaría.

Con dolor en su cuerpo y corazón, tuvo que despedirse del omega en cuanto se percató que el pelinegro había caído dormido. Besó con ternura las rosadas mejillas y en un movimiento atrevido y necesitado asaltó sus labios tomándolo de la barbilla para hacerle abrir la boca y probar su cavidad húmeda y cálida. Sus labios temblaron al recordar la sensación de carne contra carne.

Takato era delicioso.

Sin quererlo realmente, tuvo que separarse del pequeño cuerpo que ahora estaba relajado. Acarició su rostro grabando en las yemas de sus dedos cada rasgo y textura. Por último, se inclinó hasta su oído y susurró una promesa: —Hoy Haru estará contigo. Esta vez no pretendía fallar.

Volviendo al presente, Junta apretó su puño libre. Su cuerpo necesitaba reposar por un tiempo, pero Haru no tenía ese tiempo. Conociendo el lazo tan especial que Takato y ella compartían, cada minuto que pasaba era como una puñalada en el corazón de ambos, una que el no permitiría que siguiera lastimándolos.

Celestino dejó salir un fuerte suspiro. Barrió su largo cabello y dijo: —Bien, ya escuchamos lo que dijo el doctor. ¿Tú tienes algo que decirnos?

Yachio miró expectante a su nieto, pero si hablar significaba que lo agitarían, entonces esperaría hasta que él quisiera hacerlo. — Celes, déjalo descansar. Ya tendremos tiempo para eso. – Comentó dedicándole una sonrisa cálida a su tesoro.

—No abuelita, tengo algo que necesito sepan y estén preparados.

La pareja sintió cómo los vellos de su cuerpo se erizaron sintiendo el peligro en sus palabras. A lo que ahora ambos decidieron tomar asiento esperando que aquella sensación solo fuera parte de las emociones que habían estado sintiendo desde que fueron notificados por Usaka.

Junta observó el rostro angustiado de sus abuelos que lo miraban expectantes y nerviosos. Agachó la cabeza percibiéndose como el peor de las personas por lo que iba a decirles. Tragó en seco y continuó.

—Abuelita, abuelito… no voy a mejorar…

Celestino seguía viéndolo sin decir nada, cosa que Yachio no podía hacer.

—Pero qué lo dices, ya escuchaste lo que dijo el doctor, solo debes reposar y verás que…

El ojiverde interrumpió tomando con delicadeza la mano que intentaba arroparlo con la sábana. — Abuelita, abuelito… mi destino con Takato fue cortado… y debo encontrar a Haru antes de que no pueda hacer nada.

En cuanto dijo aquello Yachio llevó ambas manos a su boca para acallar el "no" ahogado que escapaba por sus labios temblorosos. Tanto ella como Celestino sabían perfectamente lo que eso significaba.

Un destino entre Alfa y omega era especial e irrepetible en la vida. Sabían que en el caso de que los dos lo rechacen, con el tiempo simplemente desaparecía, pero si uno de ellos seguía amando, el que aún mantenía sentimientos era carcomido desde adentro por el vínculo en deterioro llevándolo a un destino lamentable en el que no solo la salud física se veía mermada, sino que también la mental. Era como estar en un purgatorio en vida, donde no había paz, salida ni descanso para su sufrimiento.

A diferencia de un vínculo roto en parejas comunes de alfas y omegas (que no son destinados, pero se unieron mediante una mordida), en la que con ayuda se puede salir adelante, en el caso de los destinados no existe otro camino más que el de la muerte.

Y la palabra muerte, era algo que Junta no mencionó, pero que pudieron escucharlo aún sin que este llegara a sus oídos, y viendo que su nieto estaba totalmente abatido, no se tenía que ser tan inteligente para saber quién había dejado a quien.

—¡Hablaré con Takato kun!, no todo está perdido, ¿dónde está?, si es tan bueno como nos pareció, no hay duda de que cuando sepa lo que puede pasarte lo restaurará, ¡si aún puede oler tus feromonas significa que hay esperanza!

Yachio hablaba a mil por hora cuando pegó un salto para salir de la habitación de su nieto, ansiosa y desesperada.

Jamás lo dejaría ir, jamás permitiría que este se fuera de la tierra antes que ella. Ese no era el orden, suficiente tenía con la pérdida prematura de su hija y yerno. Se supone que los hijos entierran a su padres y los nietos a sus abuelos, no al revés.

Junta era lo único que les quedaba en la vida, su amada hija y yerno se habían ido dejándoles una herida profunda en el corazón, pero en medio de todo ese dolor, el regalo que los dos les habían otorgado creció a su lado día a día.

Yachio comenzó a llorar recordando el día en que sostuvo al pequeño bebé entre sus brazos, las noches de desvelo, la primera vez que la llamó mamá confundiéndola porque él nunca pudo conocer a su hija debido a su repentina muerte; sus primeros pasos por la sala de juegos que Celestino había creado para él, donde al principio se apoyaba en los sillones hasta que en medio de risas avanzó hasta donde ella se encontraba extendiendo los brazos.

Cada cosa que habían vivido, cada sonrisa que les había sacado, el orgullo de verlo triunfar en sus estudios y en los deportes, sus graduaciones, su incorporación al negocio familiar convirtiéndose en todo un hombre exitoso, y por último, la imagen de su enorme sonrisa cuando dijo que tenía a alguien que amaba terminaron por hacerla soltar un llanto en voz alta como un niño pequeño.

Junta era su más grande tesoro, deseaba ver el día que tuviera su propia familia y pequeños cachorros corrieran por su casa y jardín para llenarlos de besos y abrazos. Consintiéndolos como a nadie. Y cuando ese día llegara, solo entonces sabría que tanto ella como Celestino lo habían hecho bien, que la confianza que su hija y su yerno depositaron en ellos no fue defraudada; entonces, y solo entonces, ellos mismos podrían dejar este mundo en paz sabiendo que su más grande amor no se quedaba solo.

Pero ahora ese mismo nieto que habían criado con tanto esfuerzo y amor se estaba dejando morir. Con pocas palabras les daba a entender que aceptaba lo que le esperaba y no deberían detenerlo, pues no estaba pidiendo su opinión, sino que les estaba diciendo lo que iba a hacer.

Celestino tomó del brazo a su mujer impidiéndole avanzar, regresándola con suavidad a su asiento. Por su cabeza pasaban las mismas cosas, situaciones y vivencias. Su corazón se estrujaba y la respiración que tanto intentaba controlar se aceleraba a cada segundo. Pero ni así dijo una sola palabra.

Fue entonces que Junta entendió que su abuelo le estaba dando la oportunidad de seguir hablando.

—Abuelito, hace tiempo me dijiste que luchara, que me disculpara y que aceptara las consecuencias de mis actos – Pronunció el castaño con voz suave levantando la cabeza por primera vez para enfrentar los ojos llorosos de su abuela y los serios de su abuelo.

Tras las palabras de Junta, Celestino recordó a qué se refería.

Era a aquella conversación que habían tenido cuando el Alfa se encerró en su cuarto sumido en su miseria.

FLASHBACK

El mayor le dedicó una mirada triste. — Hay un hecho que es innegable y ese es que actuaste mal al involucrar en tu venganza al omega y su hija. Aun así, desarrollaste sentimientos por ambos, te enamoraste de Takato y lo que te escuchó decir en la oficina fue un completo malentendido y debes aclararlo. Estando aquí no podrás hacerlo. Así que se un Alfa hecho y derecho, ve con él y hablen. Insiste hasta que te de la oportunidad de hacerlo. Ya si después de eso, sigue sin querer saber de ti… con el dolor de mi corazón te digo que tendrás que aceptarlo. En esta vida todos nuestros actos tienen consecuencias y no podemos escondernos ni huir de ellas porque tarde o temprano llegan.

FIN DEL FLASHBACK

Celestino golpeó la cama con su puño. Su rostro estaba rojo —¡Sé lo que dije!, pero si no mal recuerdo también dije que esperaba todo saliera bien y sigo pensándolo, tu abuela tiene un punto, hablar con Takato. Tal vez no te quiera en su vida, pero si hay una posibilidad de que tú vivas lucharé por ella. ¡Te amamos!, ¡no te dejaremos morir!, ¡jamás! ¡Una cosa es que él no te acepte en su vida y otra que rompa su destino!

—¡No, no quiero que lo molesten! – dijo elevando la voz por primera vez sintiéndose una basura al ver la expresión de sorpresa que ambos ancianos pusieron. Aguantando la pena cerró los ojos unos segundos. —Si nuestro destino volviera a unirse él seguiría sufriendo porque su omega estaría deseándome constantemente mientras que su ser consciente me rechazaría. Sería un ir y venir de emociones que solo lo desgastarían. Perdí su confianza por completo y no lo culpo, yo fui el que jugó despiadadamente con él. No merezco siquiera decir que lo amo, parezco un hipócrita, pero es así, lo amo y no quiero que se sacrifique por mí de esa manera. Me duele saber que no podremos estar juntos, que posiblemente encuentre a alguien más con quien formará una familia y en quien podrá confiar y con quien se sentirá seguro, pero si así logra ser feliz entonces lo que yo quiera o sufra no tiene importancia. Aceptaré mi nuevo destino y las consecuencias de mis actos.

—Estás loco – masculló Celestino sintiéndose impotente.

—Pero, hijo…

Junta levantó la mano respetuosamente impidiéndole a la mujer hablar, quien no dejaba de llorar.

—Ya deben saberlo, Haru está secuestrada. Con hoy son cuatro días. Cuatro días en los que ya pasó su sexto cumpleaños sin Takato, en los que no sabemos cómo se encuentra o si la tratan como a un ser humano. Takato va y viene entra la cordura y la locura. Al yo no haber hecho las cosas de la manera correcta trajo a consecuencia esto. Debo romper con este círculo vicioso que he formado para que los fantasmas del pasado no vuelvan y darle a Takato y Haru la paz que merecen.

Yachio mordió su labio inferior reteniendo sus sollozos. — Sé lo de Haru chan, no soy una insensible ante ello, incluso tu abuelo ya mandó más gente a buscarla, pero tú solo no puedes hacer nada, ¡no insistas!, si 500 personas no pueden encontrarla ¿qué te hace pensar que tú lo harás? – su voz era cada vez más fuerte y demandante. Ella no se daría por vencida, no cuando la vida de su nieto dependía de ello.

—Sé cómo encontrarla. – Aseguró viendo a la mujer, quien sintió un escalofrío recorrer su columna.

—¡No, eso es suicidio! ¿¡quieres que seamos parte de eso!? – gritó descompuesta negando con la cabeza y abrazando a su nieto. Tanto ella como Celestino intuían por dónde iba el asunto. —¡No te dejaremos hacerlo!, buscaremos otras alternativas.

—Abuelita, ellos no han hecho nada malo y tampoco culpo a Takato por romper nuestro destino, él no tiene idea de cómo funciona, su intención nunca ha sido terminar con mi vida. Pero si de todos modos voy a morir, entonces prefiero hacerlo trayendo a Haru de regreso, que no haciendo nada.

—No, por favor… ¿por qué no piensas en nosotros también? Te amamos tanto, ¡no puedes hacernos esto! – gritó la mujer colgada del cuello de su nieto.

Celestino por su parte mantenía una de sus manos sobre su frente intentando asimilar lo que Junta les estaba diciendo.

Ante las palabras de Yachio, el ojiverde no puedo evitar rodear a la pequeña mujer con sus brazos pareciéndole más frágil de lo que recordaba. Notó sus lágrimas y pegó su mejilla a la de ella sintiendo más dolor en su pecho, tal parecía que aún su corazón podía seguir rompiéndose más y más.

Aunque ver a su abuelos en tan lamentable estado fue un golpe duro y difícil de soportar, reunió coraje para continuar, pues quería disculparse por su egoísmo y por lo que los estaba haciendo pasar.

Aunque al principio se molestó de que Usaka les informara sobre él, ahora agradecía profundamente. El Yakuza le había dado la oportunidad de despedirse de ellos. De despedirse de su segunda madre y padre. Sabía que nada de lo que hiciera podría compensar todos eso años de dedicación y amor hacia él y peor se sentía por no cumplir sus deseos cuando lo único que pedían de su parte es que viviera.

Un sabor amargo agrió su boca y el hueco sin fondo en su pecho se ensanchó. ¿Todas las despedidas son así de dolorosas? No lo sabía, jamás imaginó que un día él diría adiós a sus seres amados ni que su vida terminaría alrededor de sus treinta, pero cuando nada estaba escrito las posibilidades eran infinitas. Al menos había tenido una buena vida llena de amor y privilegios. Lo colmaron de todo lo bueno tanto como pudieron y más. Logró conocer a su pareja destinada y a su preciosa cachorrita, pudo pasar días felices a su lado y disfrutó de su dulzura como jamás imaginó que podría. Era más de lo que habría podido pedirle al cielo.

Apretó con mayor fuerza su cuerpo sin lastimarla. Celestino se unió al abrazo apoyando su barbilla en la cabeza de Junta dejando caer lágrimas tan silenciosas como la vez en que su única hija falleció. De esas de las que solo él era testigo, de las que uno se tragaba para que nadie más pudiera ver la vulnerabilidad recorriendo todo su cuerpo, de esas que permanecían sin importar la cantidad de primaveras, veranos, otoños e inviernos que pasaran.

—Lamento ser un nieto tan decepcionante y malagradecido... en serio lo siento.

La voz de Junta salió ronca y ahogada. Realmente le dolía, mas su decisión estaba tomada.

Despegó lentamente a la mujer de su pecho. Esta última se aferraba sin querer soltarlo hasta que sintió las manos de su esposo tomándola por los hombros negando con la cabeza.

—¿Te das cuenta de lo que nos pides? No asistiremos tu muerte. No puedo estar de acuerdo con esto, no puedo. – Gimió sintiendo el sabor salado de sus lágrimas. Su pequeño cuerpo no dejaba de temblar.

—Lo sé, sé que pido algo horrible, pero por favor… si me aman…

—¡Cállate! Puedo decirte lo mismo, si nos amas ¡no nos dejes! – gritó furiosa y desesperada por ser escuchada.

— Cuiden de Takato y Haru. Él ha sufrido mucho, demasiado para su corta edad y Haru es la niña más dulce e inteligente que he conocido. Quiero que vivan tranquilos, que no les falte nada, que cuenten con ustedes. Por favor… - pidió con ojos suplicantes. El verde brillaba con intensidad como si un fuego ardiera en su interior.

—No, si te vas lo odiaré, lo odiaré por sentenciarte a la muerte, no cuidaré de él ni de su hija. Porque cada que lo vea recordaré que tú ya no respiras.

—Abuelita… - Junta estaba sorprendido, jamás había visto a su abuela reaccionar tan violentamente, pero no la juzgaba, sabía que la estaba lastimando y ella solo estaba resentida.

—Yachio, ya decidió. - Por fin Celestino había hablado, pero mejor no lo hubiera hecho, pues la pequeña mujer que parecía totalmente inofensiva se giró hacia él con rabia en los ojos.

—¿¡Cómo puedes aceptarlo!?, ¿qué demonios te pasa?, ¡Es tu nieto!, ¡es nuestro hijo!

Celestino también sufría, también le costaba apoyar a Junta, pero cuando su nieto tomaba una decisión, difícilmente cambiaba de parecer; además, ya era lo suficientemente mayor para tomar su propio camino, ya fuera este bueno o malo.

Por eso no diría más, ni intentaría obligarlo a hacer su voluntad, pues si ni un ser supremo intentaba someterlos, ¿quién era él para atentar contra su libertad de elegir?

Por su parte, Junta estaba entrando en pánico, si no controlaba la situación su abuela podría sufrir un infarto y todo por su culpa. Una falta más que se agregaría a su lista personal de pecados cuyos renglones se llenaban con una facilidad que sorprendía.

Intentó usar sus feromonas, pero apenas presionó sus glándulas estas le respondieron enviándole una descarga por todo su cuerpo que lo paralizó por unos instantes. Se estaba quedando sin fuerzas.

Celestino, ignorante de lo que Junta acababa de experimentar, miró a su mujer preocupado, pues esta no dejaba de temblar, la arropó y lentamente fue llenándola de sus feromonas, hasta que se fue relajando. Besó su frente y párpados lamiendo sus lágrimas evocando el comportamiento animal que a diferencia de los Alfas actuales, los Alfas puros como él aún conservaban.

Yachio hundió su cara en el pecho del mayor soltando un gemido propio de los omegas cuando se sienten vulnerables y necesitados de cuidado.

—Shh, mi Yachio, no sufras… solo… déjalo ir…

El silencio volvió a la habitación donde las gotas de lluvia se estrellaban contra la ventana.

Celestino levantó su cabeza girándola hacia su nieto. Un rayo iluminó por completo la habitación, fue entonces que en ese microsegundo Junta pudo verlo y lo que vió le hizo olvidar cómo respirar.

El de lentes lo miraba con un amor imposible de describir al tiempo que asentía. Así, lentamente fue testigo de algo que jamás imaginó ver. Su roca, la persona que consideraba más fuerte y que jamás mostraba debilidad, estaba frente a él derramando lágrimas sin hacer ruido acompañadas de una sonrisa.

Celestino ¿Se arrepentiría de soltar a su nieto?, por supuesto que sí, pero quedaría el consuelo de que incluso en su partida, él había hecho todo por Junta y cumplido su voluntad, incluso si eso incluía verlo morir.

¿Podría cuidar apropiadamente a Takato y Haru?, sí, le daría su palabra de que jamás les faltaría nada, pero en el futuro… ¿podría ver al omega a los ojos sin culparlo por el final de su nieto?, la verdad no lo sabía, pero al menos sería algo que no diría nunca en voz alta, pues quien a final de cuentas eligió no darle a conocer su situación al pelinegro, fue este nieto que se despedía de ellos.

Con las emociones a flor de piel, Celestino movió los labios y Junta pudo leer perfectamente sus palabras: "Te amo, los cuidaré".

A lo que el ojiverde solo pudo reaccionar con un tembloroso y muy conmovido "gracias".

Los tres personajes permanecieron detenidos en el tiempo, perdidos en su espacio, sintiendo su existencia.

No pasó mucho cuando finalmente la puerta de la habitación se cerró dejándolos solos y sin rastro del aroma distintivo que por muchos años habían inhalado, como si simplemente jamás hubiera existido. Estrujando sus corazones.

La pareja permaneció sentada en el amplio sofá mirando la puerta por la que minutos antes había salido Junta. Mientras que en la cabeza de la mujer las palabras "déjalo ir" se repetían una y otra vez.

Déjalo ir…