Capítulo 3
Gracias a la alarma que había puesto en su celular, Lola despertó más temprano que el resto de su familia. Al salir de la habitación de Lincoln volteó hacia todos lados del pasillo agudizando el oído para cerciorarse que no hubiese moros en la costa, entonces y casi de puntillas regresó a su habitación, la cual no pudo abrir debido a que el seguro estaba puesto. Chistó soltando por lo bajo una maldición, así que, de regreso en el cuarto de Lincoln, con su celular en mano, marcó al número de Lana pues no quería arriesgarse a hacer ruido al tocar la puerta. Esta le contestó soñolienta.
—¿Lola? ¿Qué pasa? ¿Por qué me estás hablando tan temprano… por teléfono?
—Porque no nos conviene que alguien me vea salir de donde estoy o a Lincoln de nuestra habitación. ¿Podrías hacerme el favor de quitarle el seguro a la puerta para que pueda pasar y que Lincoln se vaya de una vez, tonta?
—Claro —bostezó—. Dame cinco minutos en lo que despierto a Lincoln y nos vestimos.
Lola alzó una ceja un tanto consternada.
—¿Vestirse? Lo que sea. Luego me cuentas los detalles, y vaya que me los tendrás que dar. No tarden mucho.
Tras permitirles un mínimo de tiempo que consideró suficiente, Lola fue a esperarlos tras la puerta sólo por un par de minutos, que fue lo que le tomó a Lincoln salir y encontrarse con ella. El chico estaba vestido tal cual Lola lo vio anoche, aunque cargaba una bolsa de plástico. Lincoln nervioso se congeló frente a ella, quien pudo notar la culpa reflejada en su rostro.
—Con que no ibas a hacer nada con Lana.
Lincoln miró las otras puertas en el pasillo temiendo que alguna se abriera de pronto. Aunque no verbalizó nada, era obvio que le decía a Lola "¡Cállate!" con su expresión.
Tras dedicarle un último gesto de reproche, Lola lo pasó de largo y entró a su habitación, mientras Lincoln hacía lo propio casi abrazando la bolsa a pesar de la peste a estiércol de animal que esa cosa despedía.
Una vez adentro, Lola inspeccionó el cuarto con la mirada. Su lado afortunadamente se veía como siempre, lo que significaba que podía dejar atrás sus temores a que esos dos hubiesen usado su cama. Lana por otra parte y a pesar de la sonrisa de oreja a oreja que tenía, lucía nerviosa, también con culpa, pero con una extraña aura a su alrededor que aunque invisible, de pronto le confería una característica que la hacía lucir muy diferente a la Lana que había conocido toda su vida, algo apenas tangible y notorio en el brillo de sus ojos.
—Buenos días, Lola. ¿Cómo amaneciste?
La adolescente no respondió la pregunta de cortesía que le hizo su hermana y con la que intentó aparentar una normalidad rota en el entorno. Lola ágilmente se plantó frente a ella, mostrándose engreída y sonriéndole con una malicia que acentuaba su emoción.
—Entonces, ¿vas a contarme cómo se sintió todo o es que me vas a hacer preguntarte por los detalles?
Lana avergonzada se tapó la cara con la sábana emitiendo un chillido, entonces Lola sin poder contenerse más se lanzó contra ella para descubrirla, terminando encima de la cama a su lado forcejeando tal cual muchas veces de niñas lo hicieron por nimiedades.
—¡Deja de fingir que sientes vergüenza y ya cuéntamelo todo mujer!
—¡Te lo contaré, te lo contaré! Sólo espera un poco más y deja que primero me bañe.
—¡Desde cuándo el baño para ti ha sido una prioridad!
Lana se sonrojó. Lola, que la tenía abrazada, imitó un hábito más propio de su gemela que de ella, perceptiva la olfateó con descaro. Entonces, dando un salto para retroceder, se separó de su hermana tras captar tarde lo que le ocurría.
—¡Asco! ¡Hueles a Lincoln!
—Vamos. Lincoln nunca a olido mal.
—Es distinto si él te… ¡Sólo ya ve a bañarte!
Para Lola sería de las pocas veces en que cederle su puesto por derecho de ser la primera en levantarse sería su prioridad.
Lana salió de la cama, tomó una toalla y se marchó todavía riéndose como la colegiala enamorada que era y que la noche anterior acababa de experimentar gratamente su primera vez. Lola le haría notar esto al compararla con las chicas de sus programas favoritos de romances estudiantiles, con todo y las críticas mordaces que en ocasiones Lana les hacía.
Tras que su hermana se fuera, Lola estaba por dirigirse a su cama, cuando la curiosidad la venció e hizo algo que la haría llamarse mentalmente la atención por lo inapropiado que era, se inclinó sobre la cama de Lana y la olfateó detectando algo más allá del acostumbrado aroma de su gemela, o incluso lo que podría ser el aroma de Lincoln, algo distinto, salado, húmedo, ligeramente embriagador, un poco desagradable y al mismo tiempo atrayente, todo por debajo de aquellas sábanas pulcramente lavadas hace relativamente poco.
—¿Así es cómo huele entonces el sexo?
Tras exclamar su reflexión, volvió a oler aquello aspirando muy fuerte hasta tener grabada en su memoria receptiva aquella esencia, entonces regresó a su lado para sacar de uno de sus cajones una lata de aromatizante, volvió a la cama de su hermana, a la que de un tirón le quitó la cobija y las sábanas, para enseguida rociar el colchón con casi la mitad de la lata, después y con cierto esfuerzo le dio la vuelta y tendió la cama.
—Espero que esos dos agradezcan las molestias que me tomo por ellos.
Y por supuesto no se refería únicamente a lo que acababa de hacer.
Se acostó en su cama y tiritó de frío. No se atrevió a cerrar la ventana al comprender por qué sus hermanos la habían dejado abierta. Se envolvió con una cobija que tomó de su armario y trató de dormir un poco más, esperando así hacer tiempo en lo que su gemela terminaba de bañarse. De todas maneras, de verdad seguía teniendo sueño. La cama de su hermano no era tan cómoda como la suya, aunque supuso a Lana seguramente eso no le importaría de tener la oportunidad de volver a pasar la noche con él. Se había grabado en su memoria no solo aquel aroma, sino el cambio de Lana por la mañana posterior a su "evento". Pensó que eso sería algo más para la lista de "fraternales recuerdos inolvidables" de la que llevaba un recuento mental.
Decir enfadada, molesta o incluso furiosa, era poco para describir el estado emocional en que la diva se encontraba. Por mucho que intentaba ya ignorar lo sucedido concentrándose en cosas agradables, no podía dejar pasar aún el desplante que le hicieron en el evento. Conducía apretando fuertemente las manos sobre el volante de su pequeño auto rosa, que cada día la hacía sentir ridícula por seguir usándolo todavía desde los cinco años. Cuando los conductores que se le cruzaban notaban su intimidante y fúrica expresión, pareciera que le abrían el paso para facilitarle el camino para evitarse algún inconveniente con ella, lo que le representaba al menos un merecido consuelo.
—¡Estúpidos organizadores y su estúpida burocracia tramposa!
Le faltaban dos semanas para que oficialmente cumpliera los doce años, por lo que se supondría que aún podía competir dentro del certamen de belleza infantil en la categoría para las de entre nueve y once. ¡Pero no! Pese a esas dos semanas que le quedaban todavía dentro del límite permitido, aparentemente ya era muy grande para seguir permitiéndole participar ahí, y al mismo tiempo aún era muy pequeña para hacerlo en los certámenes prejuveniles que correspondían para las chicas de entre doce y catorce años.
—¡Sólo es envidia porque tengo mejor figura incluso que la de una preadolescente! —Exclamó en voz alta molesta deteniéndose cuando el semáforo se puso en rojo.
Llamó la atención de un chico de catorce años que caminaba por la acera con aire despreocupado, quizás al inicio por el curioso cochecito infantil que extrañamente funcionaba del mismo modo que uno auténtico, para después quedar atrapado por la singular belleza de su conductora. Al notarlo, con furia Lola lo encaró.
—¡Que tanto me ves, degenerado! ¿Es que te gustan las niñas de once años? ¡Porque tengo once! ¿Entiendes? —y como si necesitara ejemplificarlo, se puso de pie exhibiendo de forma descarada su curvilínea figura entallada en unos pantaloncillos que dejaban expuestas sus largas y blancas piernas, así como su prometedor busto dentro de su top que le dejaba al descubierto el ombligo justo en el centro de un liso vientre sobre sus marcadas caderas—. ¡Sólo soy una niña de once años!
El muchacho salió prácticamente huyendo de la escena al suponer que la mocosa podría meterlo en serios problemas por lo que le estaba gritando, además por supuesto de hacerlo sentir culpable, pues en efecto al inicio se había sentido fuertemente atraído hacia ella por su físico al haber supuesto que tendría más o menos su misma edad. De hecho, le costó creer que de verdad fuera tan joven.
El semáforo pasó al verde y Lola reanudó su marcha.
—¡Maldito enfermo! —exclamó al tratar de moderar la velocidad con que avanzaba. Recordó la expresión que el chico había puesto cuando la miró al mostrársele mejor tal cual—. Aunque tampoco lo puedo culpar por tener buen gusto.
Admitió para sí misma que el muchacho era guapo, pero de todas maneras no se sintió culpable por la forma en que lo trató, igual era consciente que era demasiado grande para ella.
Ese día toda la familia tenía cosas que hacer, por lo que sin contratiempos esperaba tomar una buena porción de helado y sentarse en la sala para mirar televisión lamentándose todavía por lo sucedido, imaginando que en otras circunstancias, y si los estúpidos organizadores hubiesen sido justos con ella, estaría en estos momentos esperando su turno para la competición de listón, en lugar de estar en casa dos horas antes de lo que hubiese querido.
Una vez que llegó y estacionó su cochecito, entró a la casa imaginando que ya nada podría empeorar su día, o al menos eso creía hasta que en la sala se encontró con una escena que la hizo saltar hacia atrás escandalizada.
—¡Pero qué rayos están haciendo ustedes dos!
Asustada, su hermana se apresuró a cubrir su pecho desnudo levantándose de encima del chico, que igualmente alarmado, de un salto se levantó tratando desesperadamente de excusarse.
—¡Lola! ¡No es lo que parece!
Pero la diva sintiendo repugnancia lo señaló con el dedo.
—¡Y qué se supone que es si no es lo que parece!
Su hermana tragando saliva, se le acercó con las manos levantadas tratando de contenerla.
—De… de verdad lamento que nos hayas visto de esta manera. Comprendo… comprendo que esto debe de ser muy impactante para ti, pero por lo que más quieras, no se lo vayas a contar a papá y a mamá. No lo entenderán. Creí que la casa estaría sola toda la tarde.
—¿¡Y por eso pensaste que así tendrían la libertad para hacer sus cochinadas aquí sin que los descubrieran!? ¡Dime un buen motivo por el que no deba delatarlos para evitar que nuestros padres los maten! —señaló al chico con odio— ¡En especial a ti!
Cerrando la boca con fuerza hasta que sintió que se lastimó los dientes, Luan le contestó.
—Porque te prometo que si no nos delatas, tendrás mi palabra que este año cancelaré todas y cada una de las bromas que tenía en mente para el primero de abril.
Benny sorprendido miró a Luan, que al igual que Lola, no daba crédito a lo que escuchó, por lo que pudo entender por qué la rubia se mostró tan escéptica, así que agregó.
—¡Y yo te prometo asegurarme de que Luan cumpla su palabra!
Lola pareció calmarse. Dentro de un par de semanas sería primero de abril y no quería estresarse pensando en que Luan podría escaparse de la universidad para ir a Royal Wods solamente para fastidiar a la familia con tal de no interrumpir la peligrosa y tradicional costumbre que tenía año con año desde antes de que ella naciera.
—Dos años. Este y el día de las bromas del siguiente año prométeme que no nos harás ninguna broma, o juro que hablaré.
Luan asintió resignada.
—Está bien. No haré ningún bromaggedón ni este ni el próximo año.
Mirándolos con reprobación y asco por última vez, Lola se dio la vuelta y salió nuevamente de la casa. Benny miró a Luan y con cierto temor le preguntó.
—¿Eso significa que vas a hacer lo que planeabas aquí… en el campus?
La expresión resignada de su novia, pero analítica, le respondió todo tras aquella sonrisa.
Con desánimo, Lola condujo su cochecito en dirección al parque esperando sobrellevar su frustración de otra manera, sumando ahora buscar distraerse para borrar aquella imagen de su cabeza. ¡Pero qué clase de desvergonzada resultó ser Luan!
Una vez llegó y estacionó su vehículo en un lugar seguro, se dirigió a un puesto de helados para comprar uno esperando relajarse. Más le valía a Luan cumplir su palabra, o si no ella haría válida su amenaza.
A lo lejos divisó a Lincoln llevando de la mano a Lana frente al lago. Pensó que podría pasar el rato con ellos, así que se les acercó. Con un poco de suerte en cuanto terminara su helado convencería a su hermano de que le invitara otro.
Curioso. Lincoln les contó a todos en el desayuno que estaría trabajando en un proyecto de la escuela en casa de un amigo, mientras Lana les dijo que iría a revisar el coche descompuesto del padre de una de sus amigas.
No es que le sorprendiera verlos juntos. Esos dos siempre se han llevado bastante bien hasta donde tenía memoria. Con humor recordó las veces cuando niña solía celarse de Lana por la atención que Lincoln le daba, evidenciando a cuál de las dos consideraba su favorita, si no es que también de todas sus hermanas en general. De forma extraña, incluso parecía que últimamente los lazos entre ambos se habían estrechado más, algo que atribuyó a la pubertad de su hermana y a la búsqueda de una figura que pudiese orientarla en la misma además de su madre, que a falta de una hermana mayor en la casa en la que confiara (lo que era complicado con la actitud esquiva y espeluznante de Lucy) y un padre que entraba en pánico cuando se tocaban ciertos temas sobre mujeres, Lincoln parecía ser la opción más lógica. De todas maneras, le daba risa lo infantil que su hermana todavía actuaba al hacer que su hermano mayor la llevara de la mano como a una niña pequeña. Le era lógico cuál de las dos había madurado más rápido para ya haber dejado atrás esas niñerías.
Estando a pocos pasos de ambos, levantó la mano para saludarlos, pero justo en el momento en que abrió la boca, Lana cariñosamente se volvió hacia su hermano alzando la cara, y este se inclinó para darle un beso justo en los labios de un modo nada fraternal.
A Lola el helado se le resbaló por la impresión y se le cayó al suelo, siendo esto lo que separó a los chicos volviendo su mirada hacia ella adoptando al instante una expresión consternada.
—Lo… Lola. Ah…
Aunque Lana intentó decirle algo, las palabras se le perdieron en la garganta. Lola alterno su mirada de Lincoln a Lana de manera repetitiva tratando de entender y procesar lo que vio.
Lincoln dio un paso hacia adelante asustado, pero también preocupado por el estado de shock en que su hermana entró tras descubrirlos. Entonces finalmente Lola reaccionó retrocediendo para quedar fuera de su alcance.
—¡No te me acerques maldito enfermo!
—¡Oye! —Lana saltó de pronto saliendo de su estupor—. ¡No lo llames así!
Y Lola indignada porque lo defendiera, le increpó.
—¿Y qué se supone que es sino eso? ¡Te estaba besando! Eres mi hermana… ¡No! ¡Eres su hermana y él tu hermano, y te estaba besando! ¡Tú lo estabas besando! ¡Justo en la boca!
Hizo una arcada sintiendo el helado que se comió tratando de salir por donde entró, encontrando irónico para sí misma que el beso que acababa de ver le diera más asco que la cara de Luan pegada a la entrepierna de Benny momentos atrás. Entrando en modo de hermano mayor, una vez más Lincoln trató de acercársele.
—Lola, tranquila. ¿Estás bien?
—¡Cómo te atreves a preguntarme algo así! —volvió a mirarlo furiosa conteniendo las ganas de vomitar—. ¡Es obvio que no lo estoy! ¡Nunca me hubiera esperado algo así viniendo de ti!
Lana que había estado volteando a su alrededor esperando que nadie estuviera presenciando la escena que terminaron incidentalmente por montar, miró con cierta indignación a su hermana.
—¡Espera ahí! ¿Qué quisiste decir con eso? ¿De él no, pero de mí sí acaso?
—¡La puerca sueles ser tú por lo general y lo sabes!
Estaba por rebatirle eso haciéndose la ofendida, pero tras meditarlo apenas unos segundos, se encogió de hombros mirando a Lincoln.
—Bueno… en eso tiene razón.
Lola tomó aire y aguardó unos segundos intentando otra vez aclarar su mente antes de volver a recriminarles.
—Ustedes… no… que… ¿Qué es lo que está pasando aquí? ¿Acaso ustedes son algo así como… como…?
—¿...Novios? —Lincoln la ayudó y ella asintió sin las fuerzas necesarias para completar la pregunta.
Tras exhalar con fuerza, Lana le respondió.
—Pues… sí, de eso se trata, Lola —se posicionó justo al lado de su hermano y le tomó la mano—. Lincoln y yo… somos novios.
—Eso es una… locura. Pero… pero… ¿¡Desde cuándo!?
Lincoln con vergüenza bajó la mirada contestándole.
—Desde hace un mes exactamente el día de hoy.
Lola mentalmente repasó a gran velocidad todos los recuerdos que tuviera de esos dos buscando aquello que evidenciara lo que en su momento no pudo ver. De pronto se dio cuenta de muchos detalles, como el modo en que se miraban, hablaban, jugaban o pasaban de cualquier otra manera el tiempo juntos. Se sintió como una estúpida por no haberlo notado entonces.
—Es increíble que nadie se haya dado cuenta de nada.
—Bueno… tratamos de ser discretos al respecto.
Lola miró a Lincoln como si se tratara de un idiota.
—Venir aquí, a un lugar público para darse sus muestras de… ¿amor? no lo llamaría precisamente discreción.
Lana gimió.
—Eso fue mi culpa. Yo le insistí a Lincoln que me trajera aquí para celebrar nuestro primer mes juntos visitando a unas ardillas a las que atendí la semana pasada en un parto. Quería ver cómo seguían y mostrárselas.
Su gemela asintió pensando en que eso sonaba a algo típico de ella. Convertir lo que debería de ser una cita romántica de aniversario en una visita veterinaria… ¡Una cita romántica con Lincoln! Cómo le estaba costando trabajo aceptar esto.
—Entiendo.
—Supongo que debimos de quedarnos en casa.
—No hubieran podido hacer nada allá con Luan chupándosela a su novio.
A la vez que Lana abrió los ojos sorprendida, Lincoln saltó indignado.
—¡Qué cosa!
—¿Qué? —lo acusó con la mirada—. ¿Te asusta saber algo sucio sobre la vida privada de una de tus hermanas? ¡Pues bienvenido a mi mundo!
Lincoln perdió los bríos encogiéndose en su sitio, entonces Lola de pronto sintiéndose asqueada por lo que soltó acerca de Luan, miró con temor a Lana.
—Tú… no has… No le has hecho lo mismo o algo parecido a él, ¿verdad?
—¡Por supuesto que no!
Lola pensó que ya era algo el conseguir avergonzarla. Sabiendo que no habría forma en que les guardara un secreto como aquel, Lana jugó con sus dedos y le preguntó a su hermana con miedo.
—Entonces… supongo que le contarás a papá y a mamá acerca de esto.
Lincoln tragó saliva al no ocurrírsele qué clase de favor podría ofrecerle a Lola a cambio de su silencio, al menos ninguno equiparable con lo que pudiese cubrir la magnitud de algo así.
—¡Por supuesto que no! —respondió tan asustada como ellos por las consecuencias que eso acarrearía— ¿Estás loca? Si lo hiciera, a ti te enviarían a un convento al otro lado del mundo, y a Lincoln lo correrían a patadas hacia una escuela militar en África, sólo después de castrarlo.
Por muy exagerados que los escenarios sonaran, tampoco les parecieron tan inverosímiles.
—¿En serio no nos delatarás? —Lincoln le preguntó tan incrédulo como su novia.
—No. Ya se los dije. Lana sigue siendo mi hermana y no haré nada que la ponga en semejante riesgo, incluso tú a pesar de esto no dejas de ser mi hermano. Pero de todos modos necesito saber cómo pasó… esto —a ambos los señaló con sus manos para después juntarlas— que quiero terminar por entenderlo. Sé que ustedes desde siempre se han tenido más cariño que con cualquier otro miembro de la familia, pero llegar a este extremo… sólo díganmelo.
Y al no sentirse con más alternativa y en posición para negociar, le confesaron todo.
Una hora después Lola subió a su cochecito con Lana y Lincoln de pie a un lado suyo. La diva adolescente se frotó la frente y por última vez miró de mala manera a su hermano, pero dirigiéndose a su gemela.
—¿Es verdad todo lo que me dijeron? ¿No hay algo más sucio que me estén ocultando? ¿En serio todo esto es completamente consensual entre ambos?
—Sí, Lola —cansada Lana le insistió—. Cada palabra es verdad.
—Bien. ¡Porque si descubro lo contrario y que en realidad hay un abuso por parte de uno al otro…! —suspiró para contenerse—. Lo que sea —giró la llave para encender su vehículo—. Cuando lo necesiten los cubriré. Espero entiendan que me van a deber una muy grande por esto.
Y entendiendo la deuda que tenía con ella sin que les hubiese pedido nada a cambio, por lo menos no todavía, antes de que se marchara, Lana se inclinó hacia ella para abrazarla siendo correspondida. Cuando las chicas se separaron, Lincoln dudó por unos instantes.
—Lola… ¿Puedo yo…?
Con fastidio, Lola asintió rodando los ojos, sólo entonces Lincoln se animó a darle un abrazo estrecho. Cuando la soltó, ella exclamó lo suficientemente alto para que la escucharan bien.
—Par de raros.
No fue sino hasta que estuvo en marcha cuando agregó algo más para sí misma.
—Sobre todo ese tonto. Que asco lo que hizo. Pero en serio, entre Lana y yo, ¿ella? ¡Que malos gustos tienes, Lincoln!
Lola alzó la vista cuando Lana entró a la habitación con su bata de baño puesta y una toalla alrededor de su cabello para secarlo.
—Hola. ¿No quieres bañarte ahora tú? En la fila sólo está Lucy. Mejor ve antes de que Lily y Lisa, o Lincoln…
—No vamos a movernos de esta habitación, ni siquiera para ir a desayunar, hasta que me cuentes cómo te fue con Lincoln anoche. No te restrinjas en ser lo más descriptiva posible.
Lana tragó saliva ante la expresión de su hermana. Era increíble como de asquearle lo suyo con Lincoln cuando los descubrió besándose hace unos meses, ahora sonreía, poniendo una cara que lejos de ser la que uno relacionaría con la última finalista del concurso de belleza juvenil, se asemejaba más a la de un viejo degenerado.
—¡Cielos, Lola! Relájate un poco. Está bien, te lo contaré todo.
Al inicio Lana cumplió su palabra sin reparos, maravillando a Lola mientras la escuchaba por la manera tan osada en que prácticamente fue su hermana quien le exigió a Lincoln a que dieran el siguiente paso en su relación, sólo abochornándose en las partes más picantes, enmudeciendo a ratos cuando obtuvo la descripción de la "unión" entre ambos.
—¿Duele tanto como dicen?
—Sí, pero es más o menos tolerable si estás… bueno, "húmeda". Digo, no sólo fue con lo mío, sino que Lincoln me ayudó un poco con eso cuando fue su turno de usar la boca.
Lola se tapó la boca para sofocar una risita escandalizada. Ya no le hizo preguntas y animó a Lana para que continuara su narración hasta el final.
—…desde antes de que acabáramos ya casi no me dolía tanto como al principio, al menos hasta que se salió y me provocó una sensación extraña, como de… vacío, pero dentro de mí. Fue raro, pero me gustó. Supongo que la próxima vez ya será menos complicado.
—¿La próxima vez? ¿Es que quieres repetirlo de nuevo?
Con lo caótica que le pareció la experiencia, pensó que Lana no querría volver a realizarla.
—Pues… sí. Somos novios, ¿no? Se supone que eso hacen los novios.
—Entre muchas otras cosas.
—Por supuesto que hacemos más cosas. Siempre buscamos algo nuevo que hacer todo el tiempo, o sólo nos relajamos viendo televisión, paseando o acostándonos juntos para dormir solamente. Pero ahora supongo que ahora ya tenemos algo nuevo qué hacer y es eso.
Su gemela tuvo que aceptar que dicho razonamiento era lógico, por supuesto.
—No sé qué me perturba más, si el hecho que estás bien con la idea de empezar tu vida sexual a los doce, que lo hagas con tu hermano o que yo esté teniendo una fascinación insana por eso.
Lana la miró nerviosa.
—Es verdad que no te lo he preguntado. Creí que sólo querías saber lo que había entre Linky y yo por apoyarnos y eso, pero… en serio, ¿por qué nos has ayudado y tienes tanto interés en lo que hacemos?
Su hermana se encogió de hombros.
—Ni yo misma estoy segura —se llevó una mano al mentón pensativa—. Supongo que esto me emociona como lo haría una buena telenovela, sólo que esta es una real lo que hace el estímulo más fuerte.
Su gemela no estaba segura de cómo tomarse eso. No le hacía gracia el que Lola los viera como una morbosa fuente de entretenimiento, sin embargo, hasta ahora a todos les había funcionado.
—Pues… gracias por todo, supongo.
—De nada. Será mejor que nos vistamos y bajemos ya a desayunar antes de que nos llamen la atención.
Dado todo lo que se habían retrasado, Lola no perdió tanto tiempo a como acostumbraba en arreglarse, incluso omitiendo el maquillarse por esta ocasión. Lana en nada terminó por secarse, pero al tratar de ponerse unas pantaletas chistó de dolor cuando estas rozaron su entrepierna, algo que Lola notó e inevitablemente su mirada descendió a la "área privada" de su hermana.
—Aún te duele, ¿cierto?
—Sólo un poco.
Una vez que se las colocó, tomó unos vaqueros con la intención de ponérselos esperando que la sensación no fuera igualmente así de dolorosa, pero sin llegar a hacerlo, en el momento en que se sentó sobre la cama para acomodarse, hizo una mueca más marcada ante la incomodidad, lo que asustó a Lola.
—Sabes, será complicado el que ocultes lo que Lincoln y tú hicieron si cada vez que vayas a sentarte actuarás así. Me imagino que duele, pero Lincoln está asustado porque dice que papá sospecha algo y esto lo inquietará más… y también a mí si en efecto llamas mucho la atención por esto.
Lana suspiró.
—Trataré de aguantarme lo mejor que pueda.
—Deberías de considerar usar faldas. Presiento que el que dejes que el aire te dé por ahí te ayudará más a mitigar el dolor para que se te pase pronto.
—¿Y no me vería más sospechosa por comenzar a usarlas?
—Buen punto.
Las gemelas fueron las últimas en bajar a desayunar. Una vez que se excusaron con la familia por la demora tomaron asiento. El entrecejo de Lana tembló un poco cuando se sentó en la silla, pero de ahí en más fue una mañana ordinaria de sábado cualquiera.
Cuando terminaron, Lucy se marchó a causa de que estaría ocupada por el servicio fúnebre de la mascota de un compañero de la secundaria, mientras que Lisa le pidió un aventón a Lola para ir a la universidad para no molestar a su madre que planeaba pasar la tarde redactando un artículo, mientras que su padre se arreglaría para ir a atender su restaurante. Lana subió a su habitación para atender a sus mascotas, guiñándole a su hermano un ojo cuando comprobó que nadie la miraba, obteniendo de este una sonrisa nerviosa al mismo tiempo que miraba a su padre recogiendo la mesa.
—Bueno. Iré a mi habitación a terminar de hacer mi tarea.
—Un momento, Lincoln —su madre lo llamó en el instante en que se levantó—. ¿Puedes acompañarme a la cocina un momento?
La mujer miró de forma cómplice a su esposo con una expresión muy seria que asustó bastante a Lincoln. Trató de pensar sin éxito en qué hubiese podido haber hecho para que quizás le llamaran la atención, por supuesto, cualquier otra cosa que no se tratara de lo más grave que estaba ocultando.
—Ah… claro, mamá —una vez que entró a la cocina con su padre detrás de él escoltándolo con los platos, agregó—. ¿Qué es lo que ocurre?
—Bueno, eso es lo que quisiera que tú me lo contaras —levantó más el tono de su voz—. ¿Qué está ocurriendo entre Lana y tú, jovencito?
Se quedó frío. Estaba seguro que el color de su piel había adquirido una tonalidad semejante a la de Lucy. Una vez que dejó los platos en el fregadero, su padre con los brazos cruzados lo miró tratando de adoptar el porte de su mujer.
—Respóndele a tu madre, Lincoln. ¿Qué es lo que está sucediendo aquí?
Sintiendo la necesidad de tomar un vaso con agua, Lincoln hecho un mar de nervios trató de hacerse el desentendido.
—Ah… Perdón. No sé de qué están hablando.
—Sólo porque tu padre no se haya dado cuenta de lo obvio, no pienses que puedes también hacerte el tonto conmigo.
El hombre miró con frustración a su esposa, internamente se preguntó por qué tuvo qué decir eso si a quien iban a llamarle la atención era a Lincoln.
—Mamá… yo… no sé de que…
—¡Del novio de Lana, Lincoln! —Rita le increpó—. Tu padre te pidió que averiguaras si tu hermana tiene novio y es obvio que lo tiene, también te dijo que le avisaras si te enterabas de algo, pero es evidente que ya sabías que tenía uno y no nos lo dijiste.
El chico soltó el aire que estaba conteniendo, consiguiendo dominarse al comprender que no podía cambiar así de rápido sus emociones visibles a no ser que los hiciera recelar más.
—Es que… bueno… no creo que eso sea asunto suyo.
—¿Disculpa? —su padre saltó—. ¿Cómo no va a ser asunto nuestro con quién está saliendo nuestra hija?
Lincoln pensó rápido.
—Porque… porque no lo es. No recuerdo que lo fuera Bobby, Benny, Sam o…
—La diferencia —su madre lo interrumpió— es que cuando las demás comenzaron a salir con alguien nos avisaron desde un inicio, e incluso nos presentaron a sus parejas. No nos gusta que allá secretos en esta casa y no solamente Lana a estado actuando como si tuviera uno, sino que tú has estado comportándote como su cómplice para ocultar a aquel chico.
—¿Por qué piensan que Lana tiene un novio secreto, o que yo la estoy solapando?
—Primero, una madre sabe cuando el amor toca a la puerta de sus hijas —se permitió una expresión de emoción al respecto que su esposo no compartió, sólo para en breve recobrar su postura enérgica—. Segundo, esas miradas que se dirigen el uno al otro creyendo que no me doy cuenta me hace ver que tú ya sabías de esto.
Su esposo carraspeó a su lado.
—Cuando creen que no nos damos cuenta, cariño.
—Sí, eso… —no quería desviar la atención al señalarle que hasta que ella se lo dijo, él realmente pensaba que la complicidad de Lincoln estaba de su lado—. Y tercero, con lo que nos acabas de dar a entender, no has terminado por confirmar todo. Así que lo único que nos falta es que nos digas con quién está saliendo.
Una vez más los nervios invadieron a Lincoln. No supo por qué, pero no pudo resistir la mirada de su madre sobre él cuando con un quejido exclamó:
—Con… ¿conmigo?
Rita lo miró con fastidio rompiendo la intimidante conexión que se había esforzado en mantener sobre él.
—Deja de hacerte el gracioso, Lincoln. ¿Quién es ese chico?
Gracias a la interrupción, Lincoln consiguió unos segundos extra para poner a su cerebro a trabajar en una salida.
—Lo siento, mamá. Pero tú lo has dicho. Lana me dio su confianza y yo no la traicionaré. Todo lo que puedo contarte es que se trata de alguien que de verdad la quiere y la respeta, por lo que no deben de preocuparse porque nada malo le ocurra.
Escucharon en ese momento al camión de la basura llegar, vaciando el bote que el mismo Lincoln sacó temprano, desconcertando a la familia por su ofrecimiento a hacer dicha tarea, pues Lincoln había temido que de algún modo se percataran de la bolsa con el ovillo de la sábana y la funda de la cama de Lana apestando a sexo, y manchado con la sangre que derramó al desvirgarla anoche.
—¿Y por qué Lana no nos ha contado nada acerca de su novio entonces? —preguntó el padre ganándose unos puntos con su esposa por haber hecho una buena pregunta a la que Lincoln ya anticipaba una respuesta.
—Ya saben cómo es Lana, papá. Eso de ya salir con chicos son cosas de mujeres, me refiero a cosas femeninas, cosas de las que Lana muchas veces se burla diciendo que nunca se comportará de aquella manera, por lo que la avergüenza ya hacerlo.
La pareja se miró entre sí. En realidad, ahora que lo pensaban, eso sonaba a algo muy propio de Lana.
—Y entre lo que te platica de ella —continuó Rita dejando entrever su emoción—. ¿no te ha dicho si piensa en algún momento presentárnosla?
Lincoln arrugó el ceño con genuino desconcierto.
—¿Presentárselas?
—¡Ja! —exclamó de pronto dirigiéndose a su esposo—. ¡Te dije que no se trataba de una chica!
Ante la confusión de Lincoln, su padre se encogió de hombros y de su cartera sacó un billete de cincuenta que le entregó a su esposa rumiando: "¡Pero si me parecía más evidente que con Luna!". Entonces Lincoln lo comprendió y de manera innecesaria les aclaró.
—A Lana le gustan las chicas.
—Más nietos para nosotros. Pero ya en serio. ¿No te ha dicho o tú le has dicho algo de presentar a la familia a su novio?
—Pues… no todavía. Mejor no la presionen. Seguro que ella lo hará cuando se sienta preparada, lo que no ocurrirá si comienzan a pedírselo.
Rita suspiró.
—Está bien. Pero por favor, cualquier cosa extraña o inapropiada que veas, no dudes en intervenir. Eres su hermano después de todo y tienes la obligación de cuidarla para que nada malo le ocurra.
Una vez más Lincoln tragó saliva. Le ofendería el que insinuara que el cuidado que tenía por sus hermanas era una obligación y no algo que le naciese por el cariño que les tenía, pero entonces recordaba que lo de anoche distaba mucho de proteger a Lana y la culpa reemplazó el sentimiento.
—Por supuesto, mamá. Yo le cubriré la espalda, siempre lo haré.
—Muchas gracias, hijo. Lamento si nos portamos algo duros contigo, pero espero que entiendas que lo hacemos porque tanto a ti como al resto, amamos a Lana y queremos saber que se encuentra bien.
Él asintió imaginándose el cómo se tomarían si llegaban a enterarse de la manera en que estaba traicionando la confianza que le depositaban. El señor Loud miró con seriedad a su hijo, quien inclinando la cabeza le ofreció una disculpa.
—Lamento no haberte dicho nada, papá.
Aunque se sentía un poco traicionado por él, el hombre entendió su postura.
—Está bien, hijo. Puedo entender el que seas tan leal con las chicas, pero procura no darnos preocupaciones innecesarias.
—Sí, papá. No lo haré.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
Y como si tuviesen que cerrar un acuerdo, se estrecharon la mano. El señor Loud sólo trataba de mostrarse afectuoso con su hijo, haciéndole entender que no estaba tan molesto o decepcionado por hacerse el tonto con él cuando le compartió sus inquietudes sobre Lana días atrás, por otro lado, la culpa de Lincoln se acentuó por la promesa que acababa de hacer y que de manera deliberada no cumpliría. Rita le dio un beso en la frente.
—¿Ya puedo irme a hacer la tarea?
—Por supuesto, cariño —Rita le contestó para después dirigirse a su esposo—. Y tú vas a llegar tarde al restaurante. También apúrate.
—En un minuto, querida. Sólo déjame terminar estos platos.
Lincoln salió de la cocina todavía un tanto consternado por lo ocurrido. Se apoyó contra la pared de la sala lejos del rango de visión de sus padres para recuperarse ante la presión y estrés que sintió en tan breve tiempo, cuando escuchó a sus padres hablar.
—Bien, ahora que en efecto sabemos se trata de un chico —su esposo gruñó—, ¿quieres apostar sobre quién podría ser?
—¿Y si no es nadie de quienes imaginemos?
—Ninguno gana ni pierde, ¿no quieres intentarlo?
Mientras secaba pensativo el platón donde habían servido los wafles, el hombre concluyó.
—Cincuenta a que es Skippi.
—Lynn, Lana ya no tiene seis años. Estoy segura que sus gustos maduraron.
—¿Tienes a alguien en mente?
El hombre comenzó a repasar mentalmente los compañeros que Lola y Lana tenían en su salón, recordándose que ya podía descartar a las chicas. Rita ni siquiera tuvo qué pensarlo.
—Es Liam.
El hombre la miró sorprendido, mientras que Lincoln que continuaba escuchándolos tuvo qué taparse la boca con una mano para no reírse.
—¿Liam Hunnicutt? ¿El amigo de Lincoln?
—¿Es que conoces a otro Liam?
—¿Pero por qué crees que es él?
—Piénsalo bien. Tienen mucho en común. Le gusta trabajar con las manos, le gusta ensuciarse, tiene un coche que se la pasa reparando, tiene una granja a la que Lana le fascina ir, tiene muchos animales a los que cuida con su vida y…
—¡Tiene diecisiete años! —le recalcó interrumpiéndola—. ¿Entre lo mucho que tienen en común se te olvidó esa pequeña "Gran" diferencia?
Lincoln agudizó más el oído. A diferencia de su esposo, Rita no parecía tan escandalizada.
—Bueno, ese es otro punto. A las chicas cuando jóvenes nos gustan los chicos mayores.
—¿Y eso no te preocupa?
—Lo haría si fuera alguien que no conociera, pero conocemos a Liam de años y le tengo confianza. Además, sólo es una sospecha. No hay nada seguro. Aunque si lo fuera, sólo me gustaría tener una seria conversación con él antes de darle mi aprobación. Habría que recordarle que Lana sigue siendo un poco pequeña y tiene que respetarla como tal.
—¿Un poco pequeña? Lana es una niña todavía y aunque a ella de verdad le interesara salir con alguien de la edad de Lincoln, me preocuparía el hecho que este le correspondiera.
—Bueno. Tienes un buen punto ahí. Habrá que esperar y ver. Te dejo, quiero terminar de escribir mi artículo antes de la hora de la comida.
Lincoln se apresuró a marcharse antes que descubrieran que estuvo ahí todo el tiempo. El alivio que sintió por pensar que a su madre no le importaría mucho que Lana saliese con un chico de su edad mientras fuese alguien de confianza, y quién más podría ser más confiable que su propio hermano, se diluyó al darse cuenta de lo absurdo que sonó. Hasta su padre con todo y lo renuente que se escuchó, preferiría fuese Liam con quien saliera su hija a que lo hiciera con su propio hijo, el cual muy confiable definitivamente no era, en especial por todo lo que ya le había hecho.
Tan pronto terminara la tarea se recordaría que tenía que ir al centro comercial para comprar un nuevo juego de sábanas para la cama de Lana.
Su padre se había llevado a vanzilla, por lo que a Lincoln no le quedó de otra que tomar el autobús para moverse. Durante el trayecto miraba el pueblo por la ventana reflexionando lo que había hecho con su hermana anoche.
—¿Lincoln? ¡Hola!
El chico dio un respingo al escuchar que lo llamaron. Al darse la vuelta se encontró con Rusty, uno de sus viejos amigos desde la primaria y que acababa de subir. Sin esperar a que Lincoln le regresara el saludo, se apresuró a sentarse a su lado para acompañarlo.
—Es raro verte usar el autobús, ¿qué pasó con vanzilla?
—Mi papá se la llevó al restaurante. ¿A dónde vas?
—Al centro comercial. Hay unos tenis con los que me encontré desde hace un par de semanas con mi nombre en ellos y por fin conseguí lo necesario para ir a reclamarlos. ¿Qué hay de ti?
—Que bien. Voy también para allá. Necesito un juego de sábanas nuevo para mi hermana.
La sonrisa del chico, aunque con duda, se ensanchó.
—¿Es un regalo para alguna de las mayores que va a visitarlos?
A Lincoln le molestó la cara que puso tras sospechar lo que estaba pensando.
—No. Son para Lana. Tuvo un… problema y necesito reponérselas.
Aunque decepcionado porque no podría volver a encontrarse con alguna de las bellezas del clan Loud como esperaba, Rusty hizo una curiosa mueca, como si se contuviera para no reírse.
—¿Lana no está un poco grande para seguir mojando la cama?
Lincoln se molestó por el comentario. De pronto recordó cuando anoche con la estimulación adecuada había conseguido que Lana… se mojara en efecto, aunque no del modo malintencionado en que su amigo insinuaba, sino de un modo… genuinamente malintencionado. Una vez más se sintió miserable.
—No es como te lo… olvídalo.
Tarde se dio cuenta que no tenía por qué darle explicaciones, que a él no le correspondía ninguna… sólo a sus padres, pero era algo por lo que ya no quería pensar mucho.
¿Cómo es que se había metido en semejante problema? No es que no amara a Lana, o que no se la pasara bien con ella. A pesar de tratarse de su hermana, estaba muy cómodo y feliz por lo que tenía con ella, pero cada vez se estaba haciendo más difícil y complicado para él, para todos, incluso para ella, aunque y quizás debido a lo joven que era, ella no parecía tan afectada como él.
—¿Qué es lo que te sucede, Lincoln? —preocupado su amigo le preguntó al notar por primera vez su estado de ánimo—. Te vez como si el mundo se fuera a caer encima de ti.
—¿En serio? No. No es nada, Rusty. Asuntos familiares.
El chico se ofendió. Estaba seguro de que, si por el contrario se tratara de Clyde, su amigo no tendría tantos problemas en abrirse. Pero estaba bien, entendía que él no era Clyde y quizá sus métodos para levantarle el ánimo a alguien eran muy distintos, pero confiaba en que eran igual de efectivos.
—Sabes, acabo de enterarme que una prima que tengo y vive en Hazeltucky va a tener una fiesta por todo lo alto y mi papá además de dejarme ir y llevarme, me dio permiso para invitar a dos amigos. ¿Quieres ser uno de ellos? Tal vez podrías encontrar a una pollita que alivie tus penas. ¿He?
Le pegó con el codo amistosamente en el hombro y Lincoln se sintió tentado a darle uno con mayor fuerza en la cara.
—Gracias, Rusty. Pero por el momento estoy bien así.
—¿Así cómo? Sabes, te has estado comportando muy raro. Creo que ya han pasado meses desde la última vez que aportaste algo cuando con los chicos nos pusimos a idear maneras en que podríamos conseguir chicas, incluso Clyde habló más al respecto que tú. Ya en serio, ¿Qué es lo que te ocurre? ¿Es que ya estás saliendo con alguien y eso es lo que te tiene tan preocupado?
"Algo así" estuvo por salírsele, pero Lincoln sabía que no podía ser indiscreto con respecto a un tema tan delicado con nadie, ni siquiera a Clyde podría confiárselo.
—De verdad que no estoy de humor en este momento para nada, Rusty. Por favor déjame en paz.
El pelirrojo lo vio de mala manera, ya no muy convencido de ser su compañero de compras una vez que llegaran. Tal vez lo mejor sería que cada uno fuera por lo que necesitaba y dejar las cosas así.
Pasados unos minutos, Lincoln se sintió culpable esta vez por la manera en que trató a Rusty. Él no tenía la culpa de nada, salvo de haberlo importunado en un mal momento, eligiendo los temas de conversación equivocados con él. Estaba por ofrecerle una disculpa, cuando el autobús se detuvo y entre las personas que abordaron, lo hizo una atractiva chica rubia de entre diecisiete y dieciocho años que incluso a Lincoln le pareció de buen ver. Supuso que tal vez algún día Lana no distaría mucho de tener esa apariencia cuando creciera más.
Rusty se levantó de su asiento apenas notó que la chica ocupó uno por en medio al lado de otro vacío.
—Perdona que te deje, pero ya sabes lo que dicen, a veces las historias de amor comienzan de forma inesperada en los lugares más inesperados, y el autobús es uno de esos.
Lincoln estaba por preguntarle quién le había dicho tal cosa, pero este ya se había marchado y en nada se sentó al lado de aquella chica, la cual sorprendida se arrellanó más contra la ventanilla mientras Rusty le decía algo. La chica lucía incómoda a la vez que la confianza excesiva de Rusty al inicio ahora iba disminuyendo, quedándose en casi nada conforme le hablaba de forma desesperada. Al final, cuando la chica parecía a punto de levantar la voz y hacer un escándalo, Rusty en súplica le dijo algo, pareció ofrecerle una disculpa, entonces se levantó y regresó a su lado con un humor de perros peor al suyo como lo comprobó cuando sin necesidad de preguntarle nada, este le dijo.
—Está bien. No lo digas. Ya entendí que eso de conseguir chicas en un autobús es un asco y no sirve para nada.
Lincoln evitó reírse, no porque le pareciera gracioso lo que le ocurrió a su amigo. Bueno, en realidad si le resultó divertido. Lo que de verdad le hizo gracia fue la ironía de su aseveración. Por el contrario, a él le había funcionado bastante bien. Mirando una vez más por la ventanilla se perdió entre recuerdos de hace meses, de algo que le ocurrió durante un trayecto semejante al que estaba realizando en aquel momento.
—¡Por favor, Lola! Limpiaré tu habitación por una semana si me llevas a la exposición canina.
Ya te dije que no. Habrá un certamen para ese día al que tengo que asistir.
—¿Pero ni siquiera te has inscrito todavía? ¿No puedes dejarlo pasar? Además… ¿no eres ya muy grande para participar en esas cosas?
Lola pareció indignarse y entonces Lana se dio cuenta que cometió un grave error al haberle señalado eso. Lo mejor sería tirar la toalla y resignarse a que acababa de perder su oportunidad para tratar de conseguir que su gemela le hiciera un favor.
—No lo soy, que sigo teniendo once al igual que tú, incluso para el próximo año podré seguir concursando, pero en otra categoría —los ojos parecieron brillarle de emoción —. ¡La juvenil para las chicas mayores! Donde por supuesto tendré la ventaja por todo lo que he logrado hasta ahora, así que debo de continuar participando en cada evento para mantener mi ritmo de victorias para no parecer ninguna novata cuando llegue el momento en que ascienda a una nueva etapa, que no pasaré por alto sólo porque tú quieres ir a ver concursar a un montón de perros ajenos.
Lana la dejó terminar de hablar por mera cortesía, entonces se marchó refunfuñando.
Si Charles no fuese tan viejo es muy probable que lo hubiera inscrito, pero ya no estaba para esos trotes, el pobre muy apenas y caminaba más de diez minutos antes de necesitar un descanso, o tomar una de las tantas siestas que se daba últimamente.
En el pasillo miró en dirección a la habitación de su hermano. No quería molestarlo. Había llegado de la escuela con aspecto agotado debido a la última hora que tuvo en la cancha, pues hizo audición para entrar al equipo de fútbol, consiguiéndolo a un costo físico muy agotador por el que ahora parecía cuestionarse seriamente su decisión de participar.
Su padre estaba en el restaurante y su madre había llevado a Lisa al parque en un intento de hacerla ejercitarse, que ya estaba ganando algo de peso y el pediatra le había llamado la atención por ello, por lo que las opciones de Lana se reducían a su hermano y nada más.
Tocó a la puerta y tras escuchar un desganado "pase" fue que entró. Lincoln estaba recostado boca arriba despierto en su cama con los ojos cerrados y la piel enrojecida, tenía una mano apoyada sobre su frente. No llevaba nada puesto de la cintura para arriba y estaba descalzo.
—Hola Lana. ¿Cómo estás?
—Bien. Gracias. ¿Y tú?
—Agradecido por seguir con vida.
Lana se tomó la libertad de sentarse en una orilla de la cama y él se arrinconó para darle el espacio a su hermana para que se recostara a su lado, lo que Lana hizo quedando de lado frente a él abrazándolo. El chico bajó su mano y le hizo una caricia en el cabello cuando la gorra se le salió. A Lana el espontáneo mimo le gustó, lo que la hizo sentir culpable por molestarlo.
—Oye, ¿te sientes muy cansado como para salir?
—¿Salir? —el adolescente de dieciséis años no se escuchó muy entusiasmado precisamente con la idea como ya se lo había esperado su hermana— ¿A dónde?
—Van a hacer una exposición canina en el auditorio Edison.
Lincoln parecía estar gruñendo, aunque en realidad estaba tratando de concentrarse en algo.
—¿Ese no es el que está detrás del centro comercial? No lo sé. Está algo lejos.
—Por favor, Linky.
No sólo le había hecho los infalibles ojos de cachorro, sino que se le pegó más contra su cuerpo expuesto, con uno de sus dedos incluso recorrió su pecho y abdomen haciendo círculos en los mismos produciéndole un agradable cosquilleo que sonrojó a Lincoln, a la vez que lo hacía reprenderse por reaccionar a como si aquello se trataran de los coqueteos de una chica, unos muy efectivos tenía que admitir.
—Está bien, supongo que puede ser divertido —se irguió estirándose y Lana pudo jurar que escuchó el crujir de los huesos de su hermano—. Dame un par de minutos y estoy listo.
—¡Muchas gracias, Linc! —lo abrazó pegándose una vez más contra él, dándole además un cariñoso beso en la mejilla—. Te esperaré en vanzilla.
—De eso nada. Tomaremos el autobús. A causa de lo de Chandler me castigaron y no podré usar a vanzilla por lo que resta de esta semana y la próxima.
Lana se desanimó. La idea era llegar rápido en vanzilla, pues de otra forma por su cuenta pudo haberse ido de la misma manera, pero decidió no protestar. Vio como algo positivo conseguir que Lincoln quisiera acompañarla, de esa manera la exposición sería más divertida.
Lincoln esperaba que el tiempo pasara rápido. Le había tomado el gusto a conducir desde que consiguió su permiso, por lo que raramente protestaba cuando terminaba como el chofer de sus hermanas.
Un par de semanas atrás Chandler como de costumbre comenzó a meterse con sus compañeros, eligiendo cómo objetivo a un chico de primer grado, algo que a Lincoln no le gustó y ante su corta tolerancia a ese tipo de situaciones, fue a defender al chico. Cuando un profesor se hizo presente, todo lo que alcanzó a ver tras llegar fue a Lincoln dándole un buen derechazo a Chandler haciéndolo caer frente a un bebedero de agua con el que por poco se partía la cabeza. Fue una suerte que no se matara, pero el daño había sido lo suficientemente grave como para justificar la agresión sin importar el contexto, así que fue suspendido por tres días, siendo más prolongado su castigo en casa donde le dieron dos semanas sin usar a vanzilla. Lincoln afrontó las reprimendas sin siquiera arrepentirse por darle su merecido a ese cretino, quien a partir de entonces finalmente dejó de fastidiarlo.
Minutos después ambos hermanos se encontraban en la parada del autobús. Durante la espera de la ruta que pasaría por el centro comercial, el cuál rodearían para dirigirse al auditorio, estuvieron platicando para pasar el rato. Entre ambos siempre había sido ameno contarse cómo había sido su día, ya fuera sobre un plan o idea para algún proyecto que pensaran realizar.
—Y así fue como me taclearon en los últimos minutos durante el partido de entrenamiento. Te juro que me quedé sin aire por un minuto entero. —Lincoln le relataba.
—Eso no suena nada divertido. —Indignada le recriminó.
—No lo fue, pero así es el fútbol, o es lo que Lynn me intentó explicar cuando le conté esto después de la escuela. Se lo conté todo por videollamada apenas llegué a casa.
—¿Dices que intentó explicártelo? ¿Qué parte fue la que no entendiste?
—Precisamente la parte en que se supone que todo debió de ser algo divertido.
Lana rodó los ojos. El autobús finalmente había llegado y sin pena, tomó a Lincoln por el brazo pegándosele para subir.
La conductora, una mujer que los hermanos nunca habían visto, arrugó el ceño cuando le pagaron la tarifa y se dirigieron hacia dos asientos desocupados ubicados hasta el fondo frente a la puerta de descenso. Lana no pareció notar esto, pero Lincoln sí. Se sonrojó al imaginar la equivocada idea que debió de hacerse por ver a un chico de dieciséis llevando a una niña del mismo modo en que lo haría cualquier otro a su novia. Se tentó a aclararle la relación entre ambos, pero no le vio caso. Si era nueva en el pueblo, a su momento quizás sabría algo de los Loud, pues aún ya habiéndose marchado la mitad de la familia, continuaban teniendo cierta relevancia en el lugar.
Cómo siempre estaba acostumbrada a hacer cuando se sentaban juntos en vanzilla, Lana se recargó contra el costado de Lincoln, quien disfrutaba el momento, pensando que no pasaría mucho tiempo para cuando Lana se convirtiera en una adolescente que desdeñaría esos actos al sentirse más independiente y hormonal.
—Si no te gusta el fútbol, ¿por qué te metiste al equipo? —De pronto Lana le preguntó.
Lincoln suspiró.
—Para conseguir chicas, por supuesto.
Ella lo miró de mala manera.
—¿Es una broma? ¿Qué te hace pensar que a las chicas les gustan los jugadores?
—Bueno, no a todas, claro. Pero al menos a muchas de mis compañeras les gustan. Stella comenzó a salir con uno, y al menos en mi escuela es común ver a los chicos del equipo con varias chicas a su alrededor babeando por ellos.
Lana se echó a reír.
—¿Y quieres a una de esas? Me suena a que están huecas. ¿Es que te gustan las chicas como Lola?
—¿Qué? ¡No! Solo… solo… no lo entenderías.
Sin dejar de reírse a la vez que se le pegaba más, burlona exclamó.
—Voy a decirle a Lola que es de tu tipo. Ya quiero ver qué cara pone.
—¡No vayas a hacer eso! ¿Es que quieres enfadarla o asquearla?
—Esos son ya algunos de mis pasatiempos. Además, quizás se lo tome como un halago. A veces me parece que le molesta que prefieras pasar más tiempo conmigo que con ella, lo que es raro ahora que lo pienso, ¿no deberías de preferirla a ella si se parece tanto como a las chicas que te gustan?
Aunque pareciera sólo seguir burlándose de él, Lincoln detectó una especie de acusación en sus palabras.
—No hagas de esto algo personal. Es… diferente. La verdad es que preferiría algún día tener una novia muy distinta a Lola o a muchas de mis compañeras, pero por algún lado tengo que buscar, además Stella no es una chica hueca, tú la conoces, es muy inteligente, pero no deja de ser una chica y como tal terminó interesándose en uno de los miembros del equipo.
Lana reflexionó al respecto.
—Debe de ser algo evolutivo. Selección natural.
—¿A qué te refieres?
—En la naturaleza, muchas de las hembras de alguna especie mamífera, por lo general se interesan en el más fuerte de la manada por buscar concebir una descendencia más fuerte. Eso debe de estar en nosotras también, supongo.
—¿Nosotras? —Lincoln se rió—. ¿Con eso me estás confesando que finalmente ya te estás interesando por los chicos? ¿Los chicos fuertes?
En respuesta ella le dio un ligero golpe en el abdomen.
—¡Torpe! Soy una chica después de todo, ¿qué esperabas? Aunque soy más sutil al demostrarlo, algo que te vendría bien en tu forma de actuar.
—Bueno, de todas maneras, supongo que puedo darle una oportunidad al fútbol. A diferencia de cuando era un niño, fuera del asunto de las chicas, creo que no tendría nada de malo el que hiciera un poco más de músculo para mejorar mi imagen.
—¿Lo ves? Esa actitud es más sutil para atraer a las chicas en lugar de ser tan obvio con tus intenciones.
En algún momento y sin que Lincoln le diese importancia, Lana había subido las piernas apoyándolas sobre las de su hermano y recargándose de espaldas contra la pared del autobús a un lado de la ventanilla.
—¿Y a ti qué es lo que te gusta de los chicos, Lanita?
Lincoln curioso le preguntó bajando la voz, casi en un susurro acercándosele mucho a su pequeña hermana, la cual al sentir que se estaba resbalando por la curiosa posición en la que se encontraban, para sujetarse de él con ambos brazos le había rodeado el cuello.
—¿No lo sabes de verdad? Me gustan los chicos que de verdad les interese conocerme, escucharme, jugar conmigo. Si alguien quisiera ser mi novio, primero tendría que convencerme de que siempre podré contar con él.
Lana con todo y su cuestionable higiene cuando más pequeña, a Lincoln siempre le pareció la más hermosa de sus hermanas, la más divertida, la más juguetona y que siempre representaba un reto para él, uno que con gusto afrontaba para acercarse todo lo que pudiese a ella.
En ese momento sentía que se estaba acercando a ella todavía más de lo acostumbrado al percatarse que su rostro se encontraba a una escasa distancia del de Lana.
—¿Y qué más buscas en un chico, Lanita?
—Supongo que… —se sonrojó y sintió el acelerado palpitar de su corazón— me gustaría que jugará fútbol, pero no me importaría que no fuera tan bueno haciéndolo, recibiendo las peores tacleadas.
Ninguno de los dos supo quién fue el que tomó la iniciativa. Al rememorarlo, cada uno pensaría que nunca se movió de su sitio y fue el otro el que se acercó. De pronto y de forma suave y sutil, los labios de ambos se tocaron. Aunque ambos deseaban apartarse, no lo hicieron, por el contrario, en esta ocasión, de forma consciente y deliberada se acercaron más para prolongar el contacto.
Lana se sorprendió cuando Lincoln comenzó a mover su labio inferior para atrapar el de ella, por lo que esta inexperta en el tema imitó el gesto maravillándole lo suaves que eran los labios de su hermano, mientras que para Lincoln fueron llamativos los de ella, en especial por el dulce sabor húmedo con una esencia de galletas caseras muy atrayente.
Lana se hizo para atrás, no para suspender el beso, sino porque el mismo Lincoln se inclinó todavía más hacia el frente embriagado por la exquisita sensación que besar a su hermana le provocaba.
¡Su hermana!
De pronto Lincoln rompió el contacto. Asustado, miró a Lana, quien a diferencia suya no la notaba asustada, sino todo lo contrario, se le veía emocionada.
—Linc… ah… ¿Esto significa que tú y yo…?
Recordando dónde se encontraban, Lincoln miró a su alrededor creyendo que en cualquier momento alguien alarmado gritaría por lo que le estaba haciendo a su hermana, o incluso ignorando su parentesco, que se trataba de un adolescente claramente algo mayor besando a una niña pequeña.
Si alguien se percató de lo que estaba sucediendo allá atrás de entre los pocos pasajeros del frente, no le importó. Nadie miraba hacia atrás y seguían ensimismados en sus propias vidas como Lincoln y Lana lo estuvieron en las suyas.
Agradecido porque no hubiese testigos, regresó su atención a su pequeña hermana, que lo miraba emocionada y ansiosa esperando algo de él.
—La… Lana, yo… yo quiero… quiero que tú…
—¡Sí quiero!
Y al instante lo abrazó con fuerza emitiendo un chillido feliz. En esta ocasión sí consiguió atraer la mirada de algunas personas, las cuales tras darle un vistazo a la niña que divertida abrazaba a un adolescente de aspecto nervioso, perdieron el interés. Tal vez imaginándose que no se trataba de nada importante y esos dos sólo estaban jugando. Amén nadie los había visto besándose.
Lana realmente lucía muy feliz, pero Lincoln no entendió a qué se debía, hasta que al repasar lo sucedido creyó entenderlo escandalizado, por lo que, para corroborar sus sospechas, en voz baja le preguntó.
—Lana, ¿tú quieres ser mi novia?
—Ya te dije que sí, Linkiy. Nunca pensé que me lo pedirías. ¡Por supuesto que acepto!
Y le volvió a dar un beso en los labios, un poco más atropellado que el anterior, por lo que Lincoln tuvo que calmarla.
—¡Espera! Lana, yo… —y la emoción por tener novia, pero sobre todo, la emoción porque su novia se tratara de Lana, su pequeña hermana, el miembro de su familia a quien más amaba, pudo más que su sentido común— ¡Gracias! Pero baja la voz. Hay que ser discretos.
Dándose cuenta de a qué se refería, se avergonzó finalmente por su comportamiento. Tras emitir una corta risita baja, se sentó correctamente, pero recargó su cabeza contra el brazo de Lincoln. "Qué pequeña es aún", este pensó.
Una mujer mayor hizo la parada. Al levantarse y antes de bajar, miró a la pareja de forma reprobatoria. A Lana esto no le importó, pero Lincoln tragó saliva nervioso y… emocionado.
Ese día se había divertido en la exposición, más de lo que hubiese imaginado, reflexionando en todo momento lo que había cambiado entre Lana y él, pensando en todas las posibilidades que el iniciar una relación así con su propia hermana podría suponer, aunque con cierto temor también de las consecuencias, pero enfocándose más en lo primero. Lana se veía tan feliz y no precisamente sólo por los perros.
Los días, las semanas y los meses pasaron y ella continuó siendo feliz a su lado por detalles sencillos pero significativos, como ir al cine juntos, jugar en su habitación, dándose sus momentos íntimos entre besos y pequeñas caricias que poco a poco iban escalando conforme el tiempo transcurría.
Hasta que anoche…
—¡Lincoln!
El chico de diecisiete años se sobresaltó y miró a Rusty.
—¿He? ¿Qué?
—Que ya llegamos al centro comercial, hombre. ¿No ibas a comprar unas sábanas porque tu hermana mojó la cama?
Gruñendo por lo bajo, Lincoln se levantó agradeciéndole por el aviso, pero decidido a perder a Rusty tan pronto entrara alejándose de él.
