THE DARK DEMON HUNTER

Capítulo 15 "Final del entrenamiento"

Caminando afuera en dirección del espeso bosque con la mirada baja, en sus oídos se escuchaban las palabras de su hermana que le recordaban aquel trágico incidente que había sucedido hace diez años. Parecía que los gritos de su padre, junto a los lamentos y lloriqueos de su madre y hermanos, seguían frescos en su mente, como si el choque apenas hubiera sucedido el día de ayer. El dolor de ser rechazado nuevamente por su familia biológica, le hacía pasar por una insufrible agonía, haciendo que se sujetara por la cabeza con ambas manos, tratando de callar las voces que resonaban en su mente, mientras que la lluvia decoraba toda la escena junto a truenos y relámpagos. Abriendo poco a poco sus ojos, pudo ver mejor su panorama. Por un momento se dio cuenta, que toda su vida no tenía a nadie a quien aferrarse. Notando que ya se había alejado lo suficiente de la mansión, tomó asiento al lado de un árbol, tratando de evitar que las constantes gotas de lluvia empaparan todo su cuerpo. Por un momento miró a su alrededor, percatándose que la soledad, era mejor que ver las miradas de odio y rechazo por parte de sus hermanos, sobre todo de su pequeña hermanita, que a pesar de haberse encontrado nuevamente con él, su despreció era notable, logrando que Issei supiera de antemano, la cruda realidad en la que se encontraba. Por un momento pensó si era correcto seguir fingiendo ser el esclavo de esa chica peli roja. Tentado en más de una ocasión, se cuestionaba si escapar o no, pues si lo hacía, eso solo significaría convertirse en un callejero y no estaba dispuesto a que su cuerpo mutara en una criatura espeluznante, aparte de que sería cazado por ser un desertor del clan Gremory. Aunque para este punto, le daba igual si moría o no, pues en parte se sentía culpable, por hacer que su clan desapareciera.

En la mansión.

Perpleja por lo que había sucedido, Asia sentía una profunda tristeza que la carcomía por dentro, al saber que su amigo Issei, ahora estaba en la profunda oscuridad de la noche, donde ya había pasado alrededor de 1 hora, después de que Asami le dijera esas crudas palabras. Caminando en dirección de la sala, donde estaban Rias y Akeno, Asia ingresó rápidamente queriendo avisarles sobre lo que sucedió recientemente. Queriendo hablar con su presidenta, notó al instante que ella y los demás miembros del clan Gremory, estaban preparando la cena de esa noche, estando en un cálido y bello momento, que hasta Asia pudo percibir cuando ingresó en la habitación. Todos quienes notaron su presencia, al instante la recibieron pidiéndole que se sentara, ya que la cena estaba casi lista, aunque si bien ella se sintió tentada en formar parte de ese ambiente, sabía bien que la prioridad en ese momento era saber dónde estaba Issei. Acercándose hasta Rias, Asia trató de llamar su atención sin éxito, ya que al parecer estaba demasiado ocupada para atender su llamado. Lo intento también con Akeno, obteniendo el mismo resultado, haciendo que se sintiera impotente, pero en ese momento por su mente cruzó un pensamiento fugaz. "¿Por qué tendría que pedirles ayuda a sus demás compañeros de clan?". Después de todo, ellos mismos no le daban importancia a Issei, siendo ella la única que había entablado una pequeña amistad con el castaño, aunque estos últimos días, a causa del estrés de ser un demonio y el entrenamiento para el Rating Game, hicieron que se olvidara por completo de Issei. Con esa idea clara en su cabeza, abandonó la habitación con dirección a la salida de la mansión, siendo vista por Koneko, quien por curiosidad la siguió para saber que tramaba. Estando frente a la salida de la mansión, Asia tomó un paraguas para a continuación salir de la mansión, no sin antes ser detenida por la voz de Koneko, quien la llamaba desde el otro lado de la sala.

— ¿A dónde vas Asia San?

La voz de Koneko Llamó su atención, haciendo que mirara en su dirección algo preocupada.

— No es nada solo quiero salir a caminar un rato.

Asia trataba de sacar una excusa a la pequeña loli peli blanca, la cual fue completamente inútil, ya que Koneko no era tonta.

— Está lloviendo ahora mismo, así que dime la verdadera razón por la cual quieres irte.

Decía Koneko con un tono de sospecha, queriendo saber las verdaderas intenciones de su amiga rubia. Asia por otro lado dio un fuerte suspiro de resignación y prefirió decirle la verdad sin entrar en tantos detalles.

— Bueno, es que Issei San está afuera y quería salir a buscarlo.

Algo confundida, Koneko se puso seria ante lo que había escuchado, pues no comprendía la razón del porque su compañero estaría afuera a estas horas de la noche y más cuando estaba lloviendo. Pero recordando el entrenamiento del otro día, no le resultó difícil creer que estaba nuevamente practicando sus movimientos de espada. Sabiendo de antemano que su compañera desconocía ese hecho, decidió preguntar para estar 100% segura.

— ¿Por qué estaría afuera?

— Bueno eso es porque...

Deteniéndose en ese momento, Asia buscaba las palabras más adecuadas para explicarle bien lo que sucedió entre Issei y Asami recientemente.

— Es que hace poco Issei San y Asami Chan tuvieron una discusión sobre que ella lo culpaba por haber perdido a su padre y que él no estuvo para ella cuando más lo necesito.

Decía Asia con algo de pesar y tristeza en sus palabras, teniendo en cuenta, que el tono que utilizó Asami en contra de Issei, había sido horrible a la vista de cualquiera. Koneko por otro lado se quedó sorprendida por lo que había escuchado, principalmente porque su compañera le había contado lo ocurrido con respecto al accidente automovilístico de hace 10 años. Pero nunca se imaginó que Asami, sería capaz de culpar de todo lo ocurrido a su hermano mayor, y menos restregárselo en su cara, pues, aunque ella no había estado presente en el momento del accidente, se imaginaba que la historia relatada por su compañera, tenía algunos cabos sueltos que merecían respuestas. Mandando un dedo a su barbilla, Koneko pensaba en una solución lógica para este asunto, pero no obtenía respuesta, lo único que pudo hacer es dar un suspiro y pronunciar unas palabras a Asia.

— Se que te preocupa Issei San y quieres saber si se encuentra bien, pero créeme que cuando te digo, que él estará bien.

Esto lo decía Koneko con su típica expresión neutral, no queriendo darle mucha importancia a este asunto, después de todo, si ella estuviera en la posición de Issei, preferiría estar sola sin que nadie la molestara. Asia por otro lado se sentía preocupada, tanto que no quería dejar que el castaño durmiera afuera en la fría noche, teniendo en cuenta que la lluvia no ayudaba para nada el ambiente.

— Pero debemos encontrarlo, él también hace parte de nuestro grupo, se supone que debemos apoyarnos entre nosotros.

Decía Asia con un tono de duda, a lo cual la peli blanca respondió.

— Eso lo sé muy bien, pero recuerda que Issei San ha pasado tres noches seguidas fuera de la mansión, no creo que le suceda nada.

Koneko nuevamente trató de persuadir a su compañera, para que no saliera, pues ella sabía de antemano, que el castaño estaría bien gracias a que era 100% capaz de defenderse solo, pero, aun así, no dejaba de imaginarse si era correcto el dejarlo solo, pues muchos de los demonios reencarnados se volvían callejeros de esa forma.

— Eso es cierto, pero...

Vacilando en sus palabras, Asia comenzaba a debatirse si era una buena idea ir a ver a su amigo, pues por un lado sabía que necesitaría ayuda para sobrellevar esta situación, pero, aun así, desconocía si era la más apta para darle apoyo moral. Aunque si lo pensaba bien, ella era literalmente la única, que si le prestó atención y algo de apoyo, cuando los demás ni si quiera le darían una mano para ayudarlo, en caso de ser necesario. Dando un fuerte suspiro, Asia cerró la puerta de la mansión y dejó a un lado el paraguas que había tomado, para después caminar en dirección del comedor, donde se encontraban todos a la espera de la jugosa cena. Koneko notando que sus palabras habían servido para persuadir a su compañera, se sintió algo aliviada de que no tendría que preocuparse por la rubia, pero ahora estaba el problema con Issei. A pesar de que el castaño sabría defenderse, dudaba de la confianza que tendría Issei de ahora en adelante, ya que a sus ojos y si lo analizaba a profundidad, las únicas que no lo trataban como escoria eran Asami y Asia, pero ahora con lo sucedido, le preocupaba el hecho de la deserción de su compañero. No lo admitía, pero no quería tener que asesinar al castaño, si en dado caso se convirtiera en un callejero.

Un rato más tarde, con el séquito Gremory.

Todos los miembros del séquito Gremory se encontraban en la sala comedor ingiriendo la cena que habían estado preparando. Parecía que Rias estaba contenta por los buenos avances que habían tenido Katashi, Katsumi y Asami los últimos días, logrando que una buena sonrisa de felicidad se le notara en el rostro casi todo el día, y era lógico. Teniendo en cuenta que la estrategia que tenía, era infalible para ganar el Rating Game de una vez por todas, logrando consigo mismo mucha fama y prestigio para su clan, pero sobre todo, reconocimiento para ella como una demonio de clase alta y no solo la simple heredera del clan Gremory. Poco a poco la noche iba avanzando cada vez más, en la que todos conversaban a medida que ingerían sus alimentos, donde el tema principal se debía a la realización de dicho juego de clasificación, haciendo que Katashi preguntara.

— Disculpe Rias Kaichou ¿Por qué decidió retar a ese sujeto en un juego de clasificación?

Rias, quien se encontraba a punto de beber el líquido a su costado, abrió rápidamente sus ojos observando al mayor de los Hyoudou, pues parecía que su pregunta le había llamado la atención. Quedándose un momento en silencio, dejó de comer su cena para responderle su pregunta.

— Ahora que lo mencionas, lo mejor es que sepan ahora mismo la historia de nosotros los demonios.

Acomodándose en su sitio, Rias permanecía seria para comenzar la explicación, donde al mismo tiempo, cada miembro de su séquito la observaban prestando atención a lo que diría.

— Hace muchos años, los demonios, ángeles y ángeles caídos estuvimos envueltos en una gran guerra, que casi duró una eternidad. Combatimos entre nosotros, pero al final nadie ganó y nadie perdió. La razón, nuestra energía mágica se agotó por completo terminando la pelea. Como ya deben de haberse dado cuenta, nosotros los demonios tenemos un periodo de vida casi eterno, pero nuestra tasa de reproducción es muy baja, haciendo que nuestra especie desapareciera casi por completo. Por esa misma razón, reclutamos a humanos para que nos sirvan. Después de la guerra el Rating Game fue creado, para que al enfrentar a nuestros sirvientes, estos obtengan experiencia real en batalla y nos permite a los maestros tener experiencia de liderazgo. Así como su nombre lo indica, es una prueba que sirve, para calificar al clan entre los demás que existen en el inframundo. Por eso es que reté a Raizer a un juego de clasificación, si logró derrotarlo, mi familia tendrá más reputación y prestigio entre los demás clanes.

Los hermanos Hyoudou que escucharon el relato de su rey, en ese mismo instante comenzaron a pensar en algo en común. Ese algo era que debían ganar a toda costa por su Kaichou, pues era ella quien les había ayudado en varias ocasiones y sentían que era su momento de hacer lo mismo.

En ese mismo instante, que la peli roja había mencionado el propósito del juego de clasificación de los demonios, Issei quien no hacía mucho había regresado a la mansión, escuchó por accidente la conversación que su rey estaba teniendo con sus hermanos. Parecía que mientras caminaba lentamente por la sala de estar, habían dejado la puerta del comedor entre abierta logrando que se pudiera escuchar perfectamente cualquier ruido desde el otro lado y ese mismo fue el caso para Issei, pues en vez de intentar ir a su habitación para secarse de la lluvia, prefirió escuchar lo que Rias diría con respecto a la historia de los demonios.

— Ahora mis hermanos y yo, estamos obligados a pelear para el disfrute de ellos, hasta que por lo menos se nos promueva o muramos. Estos malditos seres, son muy buenos para ponerte una cadena al cuello y hacernos sentir agradecidos.

Recordando las palabras de su maestro, parecía ser que los relatos que escuchó sobre la raza que debía cazar cuando llegará el momento, no había hecho más que empeorar. Los relatos que sabía Issei sobre los demonios no estaban tan equivocados del todo, pues se les describía como manipuladores viles, buscando condenarte por la eternidad mediante el engaño, lo único diferente era su aspecto, que según los manuscritos del templo, se trataban de seres de aspecto horrible, grandes alas, cuernos en sus cabezas, dientes filosos y patas de sátiro, pero comparando su aspecto real, eran todo lo opuesto en cuanto a su apariencia externa se refería. Dando un fuerte suspiro, no queriendo interferir con la conversación que estaban teniendo, Issei abandonó la sala de estar dirigiéndose hacia su habitación, para descansar no queriendo quitarse la idea que debía cumplir a toda costa.

— Por el momento ayudare a esa chica en su tonto juego de clasificación y después debo buscar la forma de abandonar su estúpido clan, sin evitar volverme un callejero.

Decía Issei en sus pensamientos, algo decidido en su plan, pues sabía que los demonios callejeros, eran aquellos que abandonaban un séquito, pero aun así, tenía que existir un método de extraer la pieza de ajedrez de su cuerpo. Pero hasta el momento no ha podido encontrar el primero y hasta que se le ocurriera algo, tenía que soportar seguir ordenes de Rias. Sin más, los días siguientes pasaron en un abrir y cerrar de ojos, donde el entrenamiento de Katashi, no hizo más que aumentar un poco su fuerza, resistencia y habilidad con la espada, aunque no se sabe que tanto el dominio con una espada le serviría en realidad. Lo mismo era para Katsumi, su destreza en magia había mejorado, logrando que su incremento potenciara sus otras capacidades como la fuerza y la agilidad. Por parte de Asami, ella logró dominar en pequeña medida la guadaña, evitando escuchar constantemente los susurros de Rhaast, a parte que lograba invocar su lado oscuro por un breve periodo de tiempo. Por último era lo mismo para Issei día tras día, entrenar la magia con Akeno, siendo que ella prestaba más atención al entrenamiento de sus hermanos que al suyo, también se sumaba el hecho de que los siguientes días, tuvo pequeños combates con la espada bajo la tutela de Kiba, teniendo en cuenta que el castaño, no se esforzaba tan siquiera en el entrenamiento de la espada, pues constantemente, el rubio trataba de hacer que replicara su estilo de combate, el cual era completamente opuesto al suyo, haciendo que fuera golpeado en múltiples ocasiones y no demostrando la habilidad que Koneko vio la noche anterior.

Siendo el décimo y último día, todos regresaron a sus hogares para descansar las pocas horas que aún les quedaban, antes del juego de clasificación por el que habían entrenado duramente por 10 días.

Cambio de escena, residencia de la familia Hyoudou.

Caminando de lado a lado por toda la habitación, en el rostro de Katashi se mostraban los claros nervios que sentía gracias a que todos sus compañeros de clan, incluyendo a sus hermanas, esperaban mucho de él por el simple hecho de ser el portador del Dragón emperador rojo. Por un momento se comenzó a preguntar por su cabeza, si era el momento de combatir en contra de un demonio de clase alta, pues en realidad no se sentía preparado para eso y mucho menos, para estar frente a frente con más siervos de otro demonio como Rias. Katsumi por su parte, estaba en su habitación observando su mano con detenimiento, denotando una calma imperturbable, que hasta el más escéptico, diría que el sentimiento de miedo o nervios, era inexistente para ella. Bastante confiada, pensaba que su fuerza y habilidad estaría a la par de ese demonio conocido como Raiser y solo esperaba encontrárselo para darle la paliza de su vida. Asami por su parte, al igual que su hermano mayor, se sentía bastante nerviosa por lo que sucedería en unas pocas horas, y solo esperaba no perder el control nuevamente como el otro día en el que la guadaña casi hace que mate a su amiga Asia.

Por último, Issei quien se encontraba en su habitación, miraba hacia el exterior de su ventana, observando la bella luna llena, que adornaba toda la escena. Estando bastante pensativo en lo que debería de hacer, en realidad le daba igual lo que sucediera esa noche, pues su plan se derivaba en solo una sola situación. Mantenerse alejado de todo el conflicto mientras su rey perdía. Sabía de antemano que hasta el momento no era 100% demonio, pero si hiciera un cálculo preciso, diría que su transformación en demonio estaba alrededor del 25%, pues ya había desarrollado la visión nocturna, siendo la primera facultad que le proveía la pieza de caballo, pero aún faltaban las otras habilidades que tenían sus hermanos como lo era hablar otros idiomas o la fuerza sobrehumana de demonio. Con esa idea clara en su mente, el castaño sabía perfectamente que su ayuda no sería mucha, pero al menos podría defenderse con el entrenamiento, que estuvo realizando los últimos 10 días, aunque se encontraba con una pequeña desventaja y era que hasta el momento, había entrenado con una espada de madera. No sabía que pensar, pero por más que se lo imaginaba, no sabría que hacer cuando se encontrara con una de las sirvientas de Raiser, las cuales muchas de ellas tenían algún tipo de arma, y él que no tenía su espada para tan si quiera defenderse, dudaba de poder aguantar mucho en una pelea abierta.

Analizando las distintas situaciones para no ser derrotado tan rápido, un pequeño sonido similar a toques en la puerta llamó su atención.

— Issei San ¿Puedo pasar?

Sin que Issei pudiera preguntar de quien se trataba, la voz de la linda e inocente Asia se escuchaba al otro lado de la puerta. Por un momento Issei se sorprendió un poco, porque su amiga rubia llamaba a su puerta, pero aún así tenía curiosidad de que quería.

— Adelante.

Lentamente la puerta de la habitación de Issei se abrió lentamente, donde Asia hacía acto de presencia en frente del castaño.

— ¿Necesitas algo?

En ese preciso instante Issei lanzó una pregunta a la rubia, quien sintió un poco de vergüenza por estar en la habitación de su amigo, ya que ella no solía encontrarse en situaciones similares, pero aun así, todavía la preocupación por su bienestar no la dejó dormir los últimos días de entrenamiento.

— ¿Quería saber si podría quedarme contigo hasta que sea hora de ir al club de lo oculto?

Preguntaba Asia con un leve sonrojo en sus mejillas por la pena que sentía. Issei por su parte se le quedó viendo a su amiga a los ojos notando al instante, que ella quería en serio estar con él por ese corto periodo de tiempo. Dando un pequeño suspiro, respondió a su pregunta.

— Claro, tal vez estar contigo me ayude a relajarme antes del juego.

Decía Issei restándole importancia a ese asunto, a lo que Asia dio una pequeña sonrisa, en señal de estar feliz por su respuesta, y solo comenzó a caminar para sentarse a un lado de Issei. En ese preciso instante, Asia recostó su cabeza en el brazo izquierdo del castaño, no queriendo separarse ni un centímetro de él, pues aún se sentía nerviosa por la lucha que se desataría dentro de una hora.

— Dentro de poco una pelea aterradora estará a punto de empezar. Por esa misma razón quiero sentirme más tranquila a tu lado.

Decía Asia con un tono de voz dulce y gentil hacia Issei, quien podía percibir perfectamente el miedo y preocupación de su amiga rubia, pero aunque el castaño sabía de antemano que Asia era una de las mejores del grupo en el dominio de la magia y sabía una gran cantidad de hechizos, a parte de su Sacred Gear, Twilight Healing, ella no se especializaba en el combate, ya fuera a distancia con magia o cuerpo a cuerpo, logrando que fuera un blanco fácil para cualquier enemigo y por ende, siendo una pieza más de ayuda y soporte que de ataque.

— No te preocupes por eso. Después de todo, perdamos o ganemos, nada cambiará para nosotros.

Decía Issei con un poco de tristeza en sus palabras, pues si bien era cierto que, aunque ganara o perdiera su ama, eso no significaba que su vida como esclavo fuera a terminar, todo lo contrario, ya que al ser un demonio, según lo que escuchó esa noche, estaba destinado a una vida de eterna esclavitud. Ese solo pensamiento le hacía sentirse impotente, pero prefería no demostrarlo al tener a la pequeña Asia con él a su lado. Estando ambos esperando el momento de irse para el club de lo oculto, Issei aprovechó ese momento para intentar tranquilizar a su compañera, acariciando suavemente su cabeza con la intención de que se quitara los nervios de encima.

— No es necesario ponerse nerviosa, lo vas a hacer bien, así que relájate.

Dando una pequeña, pero suave sonrisa a su amiga, Issei mostraba su lado más gentil hacia la única que hablaba con él del grupo Gremory. Asia por su parte no pudo evitar que un pequeño rubor apareciera en sus mejillas acompañado de una sonrisa bella y gentil, al sentirse en confianza con el castaño. Poco a poco parecía que el ambiente entre ambos se volvía a uno más íntimo, en el que Asia al estar tan apegada a Issei, no pudo evitar que sus instintos femeninos, quisieran intimar un poco más con él, como ya había hecho en otra ocasión. Recordando ese día, en el que ambos fueron atacados por el exorcista renegado, en donde Issei fue herido de gravedad, a su mente llegó la imagen de ella durmiendo junto con el castaño completamente desnuda. Aunque si bien ella solo lo había hecho, para sanar sus heridas al sentirse culpable por protegerla del peligro, lo cierto era que la vergüenza pudo más con ella, logrando que se pusiera nuevamente roja como un tomate, apartándose rápidamente de Issei mientras que se tapaba el rostro por la pena que sentía. Issei notando las acciones de la rubia, levantó una ceja en confusión, al no entender que era lo que le sucedía.

— ¿Estás bien?

Preguntó Issei con una clara duda en sus palabras, a lo cual Asia tartamudeaba y hablaba por lo bajo una excusa que Issei no pudo entender, pero también no se molestó en querer escuchar lo que diría, gracias a que en ese preciso instante la alarma de su reloj, marcaba las diez treinta de la noche. Levantándose de la cama, Issei caminó hasta la puerta de su habitación.

— Vamos, Asia.

— Si.

Cambio de escena club de lo oculto.

Estando todos reunidos en el club de lo oculto, parecía que la tensión se sentía perfectamente en el ambiente en algunos miembros del séquito Gremory. Terminando de prepararse como podían, Kiba miraba atentamente el filo de su espada favorita, mientras pulía la hoja que resplandecía de un brillante azul oscuro. Koneko se encontraba ajustando sus guantes negros, con marcas de un gatito en ellos. Katsumi ajustaba sus zapatos deportivos junto a unas rodilleras y guantes del mismo tipo que tenía Koneko, dando a entender que su estilo se basaba en el cuerpo a cuerpo. Asami por su parte, aunque Koneko le había regalado un juego de guantes como los que ella tenía, era bien cierto que se sentía nerviosa y no sabría si pelearía en esta ocasión en contra de otro demonio. Por último, Rias y Akeno se mantenían tensas, pero al mismo tiempo confiadas, porque poseían la fuerza para derrotar a Raiser en el Rating Game. Los minutos pasaban, donde la espera se hacía cada vez más intensa, pues solo faltaban 10 minutos para que fueran transportados al inframundo, donde antes de la batalla, tendrían una pequeña reunión con el prometido de Rias.

Por otro lado, Issei quien se encontraba al otro lado de la habitación como ya era de costumbre, se mantenía alejado de sus compañeros, no queriendo tener ningún contacto con ellos, pues en la mayoría de ocasiones recibía miradas de muerte por parte de su hermana Katsumi, a parte que la tensión entre él y su hermana menor Asami era lo que más le molestaba.

— No falta mucho para que empiece este tonto juego. Me gustaría no tener ningún tipo de participación en esto, pero no es como si dependiera de mí esa decisión.

Decía Issei en sus pensamientos, estando algo aburrido por no haber hecho nada en un buen rato. En ese momento sin que nadie se lo esperara, la puerta del club de lo oculto comenzó a abrirse lentamente, de donde la presidenta y vicepresidenta del consejo estudiantil hacían acto de presencia colocándose al frente del escritorio de Rias.

— Con su permiso.

Dijo Sona con un tono serio cordial.

— Debo decir que no esperaba verte está noche. Dime ¿Qué te trae por aquí?

Dijo Rias con un tono de confianza y una sonrisa en su rostro.

— Solo vine para desearte suerte en el juego, pero también a informarte que no voy a ser una simple espectadora.

Las palabras de Sona, hicieron que Rias intensificara su sonrisa al saber que su propia amiga, sería la que monitorearía su juego a todas las familias involucradas, siendo en este caso, la familia Gremory y la familia Phoenix.

— Disculpe Kaichou ¿Qué hace aquí Sona Senpai?

Preguntó Katashi con algo de curiosidad, por saber que hacían en ese lugar tanto la presidenta como la vicepresidenta del consejo estudiantil.

— Bueno Katashi Kun, según las reglas, todo juego de clasificación debe de ser monitoreado por otro clan ajeno al nuestro y al Phoenix. Es por esa misma razón que Sona se encuentra aquí.

Entendiendo a lo que se refería Rias, Katashi no preguntó nada más y prefirió escuchar lo que dirían a continuación.

— Como es tu primer juego, me haré cargo de transmitir en alta definición todos los eventos que ocurran.

— Entiendo, pero tengo una duda importante. ¿Qué es lo que trae tu reina en sus manos?

Preguntaba Rias un poco dudosa, haciendo que el resto del grupo Gremory prestaran atención a la vicepresidenta, la cual entre sus manos sujetaba un objeto de aproximadamente 110 centímetros de longitud, siendo envuelto por un vendaje de color verde.

— No es nada de lo que tengas que preocuparte.

Mirando alrededor de la habitación del club, los ojos de la Sitri buscaron con fervor al caballero Gremory quien se encontraba apartado de sus demás compañeros como ya era de costumbre. En el momento que Sona se fijó en él, le hizo una ceña para que se acercara hasta ella. Sin entender nada, Issei solo hizo lo que se le pidió y caminó hasta la heredera sitri, donde al tenerla frente a frente, esta le dedicó una bella sonrisa que cautivaría a cualquier hombre.

— Hyoudou Kun en este combate vas a tener una seria desventaja en contra de las sirvientas del clan Phoenix, así que pensé que te serviría esto.

Cuando Sona pronunció esas palabras, le hizo una señal a su reina para que le entregara el objeto que descansaba en sus manos. Tomando el objeto, parecía ser largo y pesado, haciendo que Issei se diera cuenta de lo que podría llegar a ser. Desamarrando las correas que sujetaban el vendaje de color verde, lentamente lo que parecía ser un obsequio común y corriente, pasó a ser lo que Issei más había necesitado los últimos días de entrenamiento. Sus ojos se iluminaron en complacencia al saber que entre sus manos, una larga y filosa Katana era lo que Sona le había entregado. Tomando el mango de la espada, quiso hechar un vistaso al filo de la hoja, siendo que este relucía en el metal de fabricación, de donde su propio reflejo se postraba en todo el costado denotando el buen trabajo de fabricación.

— Gracias Sona Senpai.

Decía Issei mostrando una clara sonrisa de felicidad, al saber que no tendría que luchar en ese combate con sus manos y por lo menos ahora si poseía consigo un arma con la cual defenderse.

— No me agradezcas, lo hice porque sabía que la necesitarías para este juego.

Cuando Sona pronunció esas palabras, se retiró de la sala del club, ante la atenta mirada atónita de todos, al ver que la fria presidenta del consejo estudiantil, se había atrevido a regalarle un obsequió a alguien quien apenas conocía, aunque si bien, todos estaban sorprendidos por esto, la que quedó completamente en shock era Rias, quien no se esperó una actitud como esa por parte de su amiga. Muchos del séquito Gremory solo observaban a Issei, admirando la nueva espada que le había regalado, siendo que varios tenían expresiones neutrales a excepción de Katsumi, quien no aceptaba que su hermano recibiera un obsequio como ese y ella ni si quiera fuera premiada por su esfuerzo. La hacía sentirse impotente, logrando que diera un puchero de desaprobación.

Antes de que cualquiera pudiera decir o hacer algo, un círculo mágico de color plateado, se postró en el centro de la sala, ganándose la atención de todos, de donde la misma mujer peli plateada con vestimentas de sirvienta hacía acto de presencia.

— Rias Sama ya casi es hora, por favor sigame.

Con su voz elegante y madura, Grayfia pedía de manera cortés a Rias que la acompañara hasta el inframundo. Haciendo aparecer otro círculo de color plateado, todos los miembros del séquito Gremory se pararon encima del círculo, para a continuación un destello los cegara, haciéndolos aparecer en una sala de estar lujosa, digna de un hotel 5 estrellas. En el centro de la sala, la figura del mismo hombre rubio conocido como Raiser, observaba a todo el séquito Gremory, mientras que a cada uno de sus lados, tanto su reina como su torre con un claro sonrojo en sus mejillas, eran manoseadas lenta y duramente por ese sujeto. La mayoría no pudieron más que sentir asco por lo que estaban viendo, logrando que algunos quisieran vomitar su cena.

— Raiser Sama le pido que se comporte, ya casi es hora del juego y tenemos que arreglar un asunto primero.

Decía Grayfia llamándole la atención a Raiser, quien tuvo que detenerse en el acto al escuchar la voz de la esposa del maou Lucifer. Sentándose al otro lado de la mesa, Rias se mantenía expectante lo que sucedería a partir de ahora, pues no quería imaginarse, de lo que Raiser era capaz de hacer y mucho menos lo que diría a continuación.

— Antes de que el juego de clasificación de inicio, les había dicho que ambos debían estipular una condición con la cual el otro deberá estar de acuerdo.

Decía Grayfia con un tono autoritario hacia los lideres de sus séquitos, a lo cual el primero en hablar fue Raiser.

— Bien en este caso seré muy directo. Mi condición es que si pierdes, tendrás que entregarme cualquier cosa que yo desee.

Claro y contundente eran las palabras que salían de la boca del rubio, logrando que Rias se quedara perpleja por sus palabras y solo un pequeño sentimiento de molestia se plasmó en su rostro.

— Deja de decir tonterías y dime de una buena vez ¿Qué es lo que quieres?

Rias gritó mientras que golpeaba con su puño la mesa de madera. Raiser por su parte no se vio intimidado por el arrebato de su prometida y solo respondió con un tono burlesco.

— Aun no sé lo que quiero, puede que desee algún artefacto raro para mi clan, más poder cuando me convierta en el lider de clan Gremory o tal vez...

Raiser hizo una pequeña pausa en sus palabras mientras que observaba atentamente a las chicas pertenecientes al séquito Gremory, pero a la que no le quitaba el ojo de encima, se trataba de la más pequeña de los hermanos Hyoudou, la cual a pesar de tener un cuerpo aun en crecimiento, era claro que en un futuro esa pequeña niña, se convertiría en una mujer digna de un líder de clan, como el Gremory o el Phoenix.

— Tal vez desee a alguna de tus lindas piezas. Tal vez una de tus dos alfiles o torres les gustaría pasar una noche en mis aposentos.

Riendo por lo alto, para que fuera escuchado por todo el séquito Gremory, Raiser demostraba ser alguien despreciable a la par de asqueroso, cuando se trataba de las mujeres. No paso mucho tiempo cuando las miradas de desagrado y repudio comenzaron a atacar a Raiser como mil cuchillos perforando su corazón. El rubio no le dio importancia a esto y continuó.

— Bien ¿Cuál será la condición tuya mi querida Rias? recuerda que solo falta un par de minutos para que el juego comience. Así que apresúrate. Tic. tac. tic. tac.

Pensando en las palabras que había dicho, era cierto que no faltaba mucho para que el juego de clasificación diera inicio. No sabía que pensar, pues en realidad Rias no lo había considerado mejor, ya que confiaba en que su condición fuera fácilmente una forma de contrarrestar lo que pediría Raiser, pero ahora que él se había dispuesto a pedir algo de forma muy unilateral, la dejaba sin poder refutar sus palabras. Pensando en una respuesta, lo único que llegaba a su mente, era el constante ruido del reloj que se encontraba en la sala, dándole a entender que poco a poco su tiempo se estaba acabando irremediablemente.

Fin Capítulo 15