Acto 0

El Multiverso que nació desde los tres árboles primordiales, era conocido como una variante más del mismo Mundo origen. Sin embargo, con una notable variedad.

En el año 1560 fui recibido oficialmente como uno de los hijos de Nightmare. Honrado con regalos y demás presentes que Padre podía darme. Madre solo sonreía y mencionaba lo bien que me veía ahora con un nuevo atuendo y actitud.

"Un gran cambio y madurez."

Esas eran sus palabras predilectas. Yo solo podía asentir de la misma manera y con el mismo sentimiento. Pues, sabía las palabras de madre no eran en vano y mucho menos mal intencionadas. Sino todo lo contrario.

Como uno de los hijos originales de Ink y Dream, yo, Palette. Se tendía a ser medianamente inmaduro en varios aspectos por instinto innato. Más, como uno de los mejores cambios que pudo haber sentido este Multiverso. Ahora ese detalle había sido corregido y arreglado.

Padre decía que era de esperar. Que era algo natural.

"...Un buen paso para variar."

Yo solo volvía a asentir, sabiendo de antemano que sus palabras, aunque sonarán vacías por el tono que se manejaba, eran verdaderas. Lo que me llevaba a bien recibirlas, sin pedir más de lo que ya me daban y me colmaban. Estaba agradecido, y sinceramente no había razón para negarme.

Incubux, mi hermano menor y primogénito de padre, solo me miraba de mala manera antes de golpearme con suavidad. Sonriendo al poco tiempo. Diciéndome que era más consentido que él.

"Ellos te prefieren más a ti que a mí..."

"Eso no puede ser siempre cierto..."

Era lo que refutaba con respeto al ser un hijo adoptivo. Pero tal pareciera que él solo lo escuchaba a medias para luego desaparecer hasta la hora de la cena. Brindándome un bello regalo después. Ambos nos entendíamos de alguna manera, y eso me agradaba. Aunque cada quién comprendía sus propias posiciones. Él como el siguiente guardián de los sentimientos negativos y un agente del Caos, y yo, como un sirviente más que un hijo.

Muchos me miraban con pena, sin embargo eso no me importaba. Pues sabía era una pena infundada.

Era una buena vida a pesar de todo.

Realmente no había nada que no pudiese tener. Y sinceramente, jamás había estado mejor cuidado y velado que aun cuando esperaba a Ink o Dream en mi vacío. O incluso luego de conocerlos y convivir con ellos por un periodo extendido de tiempo.

Todo era distinto, y era lo que más me gustaba.

Por supuesto, ellos estaban en contra de que yo fuese admitido dentro del círculo de Nightmare. Pero, a estas alturas y luego de al menos dos siglos transcurridos. Ese era un tema que me era irrelevante.

Era alguien feliz, dentro de lo que se puede entender estando cerca de Nightmare y Cross. Sin embargo, como llega a suceder, y como si un ser superior nos odiara.

La desgracia llegó, rompiendo nuestros corazones en pedazos.

Incubux, mi hermano menor, por motivos ideológicos y poco convencionales, traicionó sus orígenes para irse a los brazos de los enemigos. Abriendo las puertas de DreamTale para tal propósito.

Ocasionando una fiera batalla en la que números nos aventajaron por mucho, tanto como poderes que solo los Sans podían poseer. Sangre pinto los campos alrededor del Castillo, tanto como su interior.

Padre, que antes había sufrido la traición de sus propios aliados. No supo exactamente que sentir una vez Error, Dust, Horror y Killer tomaron a mi hermano para retirarse junto a él una vez vieron su objetivo cumplirse.

Dejando solo destrucción y muerte a su paso. Tanto como sobrevivientes originarios de DreamTale que se fugaron de las cercanías del Castillo aprovechando nuestra notable debilidad.

Mamá hizo lo que pudo, sin embargo, las heridas en su cuerpo parecieron agravarse más que en un principio. Por lo que Padre no tuvo mas alternativa que barajear sus opciones antes de decidir que hacer. Contemplando la destrucción a DreamTale como al Castillo.

Nuestro pobre hogar.

No hace falta decir que su ira fue inmensa una vez todo lo sucedido fue asimilado y analizado. El suelo moverse bajo mis pies era un claro signo de peligro, mientras Padre dejaba salir completamente su aura, consumiendo todo lo que había a su alrededor. Gritando con el sentimiento que le embriagaba.

"¡NO PUEDE REGRESAR! ¡NO ESTA PERMITIDO! ¡NADIE PUEDE TENDERLE LA MANO, Y QUIÉN LO HAGA, SE HARÁ CARGO DE LAS CONSECUENCIAS!"

Sus palabras eran crueles. Frías. Incluso yo que había convivido por tanto tiempo con él, no pude evitar sentirme inferior a su lado. Intimidado.

Quería decirle que no. Que lo que decía era malo, que Incubux aun estaba en una etapa temprana en su edad, que aún necesitaba aprender. Quería luchar para defenderlo, sin embargo. Por mas que abría mi boca de manera continua.

No pude refutarlo, debido al inmenso dolor que me envolvía y que se veía ampliado gracias a las habilidades raciales de Padre. La traición que tanto aborrecía Padre esta presente, y no encontraba manera de negarle tal hecho. Así que solo me límite a apretar mis dientes para aguantar todo lo que vino a raíz de lo promulgado.

Y que, como buen hijo mayor, tuve que enfrentar.

Ayude todo lo que pude, especialmente ante la ausencia de Madre debido a su recuperación, recalibrando el código de DreamTale, y añadiendo lo que Padre consideraba necesario en voz de esconder nuestro hogar para evitar futuros ataques.

Supervise la reconstrucción del Castillo, como de los alrededores. Me mantuve alerta la mayoría del tiempo a causa del estrés postraumático que nació en mi por lo vivido. Con miedo constante a que todo mi esfuerzo terminara en la basura. Me encargue del papeleo que Padre intentaba ocultar de todos los ajenos, ante los tratos que mantenía vigentes con otros Sans y Universos para conseguir mas sentimientos negativos.

Reclute a nuevos soldados sin conciencia para cubrir la debilidad en el poder de Padre y en su recuperación. Forme una nueva jerarquía que creí necesaria en el momento y que se fue modificando conforme pasaba el tiempo.

Madre siendo quien es, me relevo una vez se consideró listo, al menos para hacerse cargo del papeleo y de otros asuntos menores que debían ser atendidos.

Mandándome sin tregua a descanso a realizar nuevos tratos como nuevas alianzas.

Lo que obtuve casi con honores.

Ocasionando una recuperación más rápida para Padre antes de que el mismo volviera a tomar su puesto predilecto como su poder. Felicitándome apenas con un par de palabras que, sonaron maravillosas a mis inexistentes oídos y fríos a los ajenos, solo con un único fin. Reconocer mi dura labor.

"Buen trabajo..."

Quienes no lo conocieran dirían que fue más un simple elogio sin fundamento, sin embargo, los que le conocíamos sabíamos que eso era equivalente a millones de agradecimientos y honores.

Lo que provocó que una tenue sonrisa adornara mi rostro, poco antes de que Padre pudiera acariciar suavemente mi cabeza en un gesto paternal. Con ello logrando decirme lo orgulloso que estaba de mí. Haciéndome sentir que todo mi trabajo había valido la pena.

Y aun después de eso, siempre hubo demasiado que hacer. Manteniéndome ocupado la mayoría del tiempo.

Teniendo que pasar unos años mas para que todo volviese a estabilizarse.

Mientras que, durante éste periodo, apenas me permití dormir un par de horas y tomar pocas comidas para luego seguir con mi trabajo y nuevo puesto asignado.

Las negociaciones debiendo caer sobre mi antes de notar como es que nuevos cómplices y aliados llegaban sin rechistar a nuestro lado. Moviéndose por voluntad propia para luego jurar lealtad eterna a Padre. Muy contrario a como había sucedido con anteriores alianzas.

Lo que ocasiono que Madre pudiera respirar un poco más tranquilo que al inicio de todo lo ocurrido. Dándose un tiempo para comprender las acciones de Incubux y como es que ahora, e irónicamente nuestro poder se fortaleció como nunca antes.

Padre, que se mantenía mucho mas indispuesto de antes, solía visitarle u otorgarle días completos para estar junto a él y compensar algunos aspectos. Reconfortando su dolor para luego hablar hasta entrada la madrugada. Planeando fuera y descansando en casa.

Estableciendo una rutina de la cual yo tampoco fui indiferente.

Debiendo comer juntos una vez a la semana y a un horario específico. Tratando que de alguna manera nuestra perdida no fuese tan dura y mucho menos dolorosa.

De esta manera se resumió mi vida.

Y aun así estaba agradecido, y más por el simple hecho de que Padre y Madre nunca me alejaron de su lado, a pesar de que recordaban a su hijo sanguíneo. Siempre procurándome aun si yo no lo pedía, vigilándome de cerca para asegurarse de que estuviese bien y sin ningún malestar.

Sinceramente no podía pedir mejores padres que ellos.

Estaba satisfecho a pesar de todo.

Y toda rutina pudo seguir adelante, hasta que un papel llego a mis manos. Lo que causo una increíble molestia y pesadez como siempre sucedía una vez algún trato establecido se venía abajo.

No tuve mas alternativa que atender el mismo antes de pasarlo a manos de Padre. O en todo caso, deshacerme de aquella alianza. Tenía libre albedrío, así que lo decidiría dependiendo como es que se suscitara los hechos posteriores.

Tome algunas cosas que creí necesitar en el viaje, y llame a unos de los tantos sirvientes oscuros que ahora merodeaban y cuidaban el Castillo.

Deje de lado los mocasines y mis pantalones holgados color beige como mi suéter blanco y abrigo largo de igual color. Tomando mi fiel sombrero estilo Marín, para luego vestirme como usualmente lo hacía.

Me sentía una vez más listo para enfrentarme a lo que sucediera.

Me mire al espejo, y luego de un par de vistas y algunos arreglos. Fue que pude sonreír medianamente satisfecho. La elegancia que antes ni siquiera pudiera imaginar vestir, justo ahora se reflejaba en mis pupilas blancas.

Las manchas de tinta que me habían acompañado, se habían disuelto y desaparecido, incluso la de mi mejilla derecha. Dejando solo un fantasma de color que ya no poseía. Mis pantalones elegantes en color negro en juego con mi camisa a botones, realmente me daban una impresionante presencia. Ni hablar del saco a la medida que permanecía en pulcro blanco, y con un botón que abroche. Las botas elegantes a la rodilla y con un pequeño doblez en la parte superior, me ayudaban a realzar mi propia altura como lo que representaba.

Casi había terminado, así que dando un pequeño giro, pude tomar de las manos de un sirviente oscuro mis guantes negros que cubrían diligentemente mis manos.

Y dando un par de palmadas para ajustar la tela a mis dedos, fue que por fin pude salir de mi habitación, dejando que los sirvientes recogieran lo demás.

El pasillo que me recibía fue como una amena despedida antes de que alcanzara la salida del Castillo. Y de ahí, tomara una pequeña canica llena de oscuridad que me abrió el paso hasta donde quería llegar en un portal parecido a la tinta. No tuve que esperar mas que un par de segundos para traspasar el portal y ver lo que me esperaba del otro lado.

Un bosque oscuro fue lo que me acuno, tanto como un cielo estrellado y despejado. La brisa que me acompaño parecía querer calmar el dolor de cabeza que me quería atacar desde que recibí aquel documento, hasta que, luego de caminar por unos quince minutos, fue que pude deslumbrar al autor del trato por el cual ahora estaba aquí.

"¡Edén! ¿Qué...?"

Quizá era por que había estado trabajando de más últimamente, pero tuve el impulso de gritar de manera descortés para avisar que había llegado. Más, como si el destino me escupiera en la cara. No pude lograr decir mas de dos palabras antes de percatarme de la situación actual.

Obligándome a quedarme callado hasta que pude procesar la escena casi delante de mi.

En donde Dream e Incubux apoyaban a palabras al humano con el que debía tratar.

Convenciéndolo de seguir un mejor camino.

"Creo que ya sé porque el trato se vino abajo..." Murmure, frotando mis sienes con los dedos.

Tal pareciera, mi trabajo solo se hacía más complicado.