Will llevaba media hora recostada sobre un poste de luz, en una calle poco transitada de Heatherfield. Esperaba cruzarse con Matt e impresionarlo con su nuevo look de metalera.

Llevaba pantalones de cuero que apenas la dejaban caminar, una remera de los Rolling Stones, un chaleco de jean cubierto de parches de distintas bandas: Guns n' Roses, Hermetica, Metallica, Velvet Revolver, Smashing Pumpkins, Radiohead, Styx y Meatloaf. También un pin con el escudo del Milan. Además tenía también choker y medias de red bajo el cuero, con zapatillas de lona rosada.

Se estaba cocinando bajo el sol, pero no quería moverse para no perder su estilo. No le faltaba mucho para desmayarse, se había olvidado de desayunar, cuando de repente escuchó gritos histéricos que venían a mitad de cuadra. Se resistió a mirar para que pareciera que era una de esas chicas malas que no les importaba nada y que veían Daria. Pero todo su arduo trabajo y sacrificio innecesario fue todavía más en vano cuando un tipo extraño se le abalanzó y la tomó de la mano, invadiendo su espacio personal más de lo que creía posible. Will retrocedió torpemente y tropezó, pero el demente la abrazó antes de que cayera al suelo. Pero antes de que Will pudiera hacer nada, una tipa en paños menores atacó violentamente al sujeto, dándole a Guillermina la oportunidad para correr y escapar de ahí cuanto antes. Su plan estaba arruinado y no se quería arriesgar a hacer el ridículo.

Will caminaba cabizbaja hacia ese famoso lugar donde siempre se encontraba con sus amigas. Justamente en ese lugar estaban todas reunidas y esperando a Will como si fueran NPCs.

—¿Ya te levantaste a Matt? —dijo Irma tratando de no reír, con solo ver la cara de Will dedujo que hizo el ridículo y se divertía imaginando toda clase de maneras locas de cómo fracasó.

—Nah —espetó Will —pero creo que voy por buen camino, un turista degenerado se me tiró encima instantáneamente, así que el chaleco funciona de maravillas.

—¿Turista?

—Sí, usaba riñonera y era asiático. Tal vez tú lo conoces, Hay Lin.

—Sos una pelotuda, Will —protestó Hay Lin.

Antes de que pudiera desarrollarse un diálogo de calidad, divisaron a Cedric en la esquina, cargado de bolsas del super, y tras una rápida transformación con muchas luces y brillos, lo atacaron por la espalda sin que supiera que lo golpeó. Pero pronto se dieron cuenta de que ese no era Cedric, era un bibliotecario cualquiera, así que salieron corriendo rápidamente, pero antes Cornelia le robó la leche condensada que había caído al suelo con todos los demás víveres durante el asalto agravado.

—Creo que nos precipitamos un poco —dijo Hay Lin, mientras se escondían en un callejón.

—¡Pucha! —exclamó Irma— ahí viene la polecía, tamo al horno.

—Tengo una idea —dijo Will, y abrió un portal— Vamos a Meridia y abramos un nuevo portal del otro lado.

Y así lo hicieron, dejando atrás un nuevo crimen sin resolver. Pero, cuando volvieran a Heatherfield, los problemas recién empezarían.