Ataru paseaba tranquilo por una calle de Heatherfield, aunque tranquilo es un decir, Lum estaba encima de él golpeándolo en la cabeza porque llevaban horas caminando por todos lados y no tenían dónde hospedarse.
—¡Darin baka, llevamos horas dando vueltas y no tenemos ni donde hospedarnos!
—¡Si me sigues golpeando la cabeza no podré pensar en una solución!
Pasaban frente a la entrada de un callejón oscuro, cuando se detuvieron al ver una extraña luz violetezca que se intensificó rápidamente, mientras un fuerte viento hacía rodar una lata de Pritty Limón. Un gran destello cegó a Ataru y Lum y de repente vieron frente a ellos a cinco jóvenes hadas, que espero que esté de más aclarar que eran las W.I.T.C.H.
—¡Awooooooooga! —Aulló Ataru.
—Bien, pelotuda, nos vieron —gritó Cornelia.
—Ese es el tipo que te dije Hay L… —dijo Will hasta que Hay Lin la interrumpió acogotándola.
—Taranee, ¿no podés borrarles la memoria? —vocalizó Irma.
—Nunca lo intenté, pero siempre hay una primera vez para todo.
Ataru escapó de Lum y corrió hacia las guardianas dejando un camino de saliva y arrojose a los brazos de Cornelia mientras intentaba abrazar a Irma al mismo tiempo. De repente Ataru se encontraba en el suelo siendo pateado y bombardeado por poderes elementales mientras Will miraba porque ese es su rol en el equipo. Pero, ni las fuertes raíces, ni los potentes chorros de agua, ni las llamaradas, ni el vendaval, lograron detener a Ataru. No fue hasta que Lum voló hacia él, canalizó su furia entera y lo electrocutó con todo su poder que Ataru cayó inmóvil al suelo roñoso. Las W.I.T.C.H. estaban perplejas, incluso asustadas por el poder de la oni.
—Deténganla, debe ser un lacayo de Phobos —dijo Will, viendo como Lum se alejaba con lo que quedaba de Ataru.
—¡No se acerquen a mi darin! —gruñó la oni, mostrando los colmillos a las guardianas.
—Dale Will, andá, toda tuya —dijo Irma.
—¿Entonces qué hacemos? —espetó la guardiana de cabello bermejo— no es seguro dejarlos ir por las calles de Heatherfield así nomás.
—Tal vez pueda hablar con mi papá para que lo agreguen a una lista.
—Tal vez si querés que tu viejo termine electrocutado por una mina en bikini.
—Sé que le gustan esas cosas —dijo Cornelia, quedando en el centro de miradas juzgadoras.
Un rato después, cuando Lum arrastró a Ataru varias cuadras y él recuperó la conciencia, pararon en un restobar para comer por primera vez en dos días, y pensar en cómo resolver su problema. Luego de un rato, Ataru miró por la ventana y no podía creer lo que veía, y salió corriendo.
—¿Mendou? —gritó con su voz más aguda— ¿Qué haces aquí?
—Estoy recorriendo Norteamérica por mis vacaciones de verano.
—¿Y por qué vino Shinobu?
—Porque es peligroso viajar completamente sola.
—¿Y qué hacen Megane y los tarados?
—Vinimos para asegurarnos que no le arruines las vacaciones a Lum.
—¿Y Sakura por qué viene?
—Porque Cherry no quería venir solo
—¿En qué momento llegaron? —dijo Lum, que fue tras Ataru.
—Llevamos semanas paseando por distintas ciudades —contestó Mendou— pero llegamos a Heatherfield esta mañana. Teníamos otro destino, pero, un huracán nos hizo cambiar de rumbo.
—¿también perdieron los pasajes? —dijo Ataru.
—Claro que no, vinimos en el avión privado de mi familia. O más bien el de reserva, no es tan lujoso como los otros, pero hay aviones presidenciales más mediocres.
—¿Trajiste a todos en tu avión?
—Bueno, los tarados se colaron, pero no los noté hasta hoy, es un avión grande.
—Que suerte —agregó Lum— íbamos a Florida y tuvimos que parar acá de improviso, estábamos pensando qué hacer para solucionarlo.
—¿No hablaron con la aerolínea en el aeropuerto? —metió la cuchara Shinobu— seguro iban a reprogramar el vuelo e incluso, tal vez, les conseguían alojamiento gratis si insistían un poco.
—¿Se puede hacer eso?
—Por supuesto, todos lo saben.
—¡AAAAAHHH! —dijo Ataru, y salió corriendo al aeropuerto sin mirar atrás.
—¡Que el idiota no escape! —gritó Cherry— esta ciudad es algo malo, ah, malo.
—¿A qué te refieres? —preguntó Lum.
—Nuestro sentido espiritual está loco —dijo Sakura— cosas sobrenaturales muy poderosas pasan en este lugar.
—Ahora que lo mencionan, encontramos unas chicas ruidosas con alitas y poderes muy locos. Debemos rescatar a mi darin antes que le hagan daño. Tarados, recojan nuestras cosas y vamos.
Ataru llevaba perdido ya un largo rato, estaba dando vueltas por los barrios de Heatherfield. Las calles estaban tan tranquilas que parecía feriado. No tenía a quien pedirle indicaciones, hasta que por fin escuchó pasos y voces cercanas.
—En serio creo que al chaleco le falta algunos parches para funcionar mejor, tal vez Die Toten Hosen o Los Violadores —dijo una voz que Ataru sabía que había escuchado antes, así que corrió hacia allí.
Dio vuelta la esquina y se encontró un grupo de jóvenes. Ya las conocía, pero se veían diferente, más bajitas, como si ahora fueran mexicanas. Claramente hablamos de las W.I.T.C.H. que ya no están en forma de guardianas. Ellas se sorprendieron al ver de nuevo al degenerado ese.
—¿Qué les pasó? —dijo Ataru— ¿No eran más altas? No es que me importe, así puedo con más al mismo tiempo.
—¿Otra vez este tipo? —se quejó Cornelia.
Ataru estaba por saltar sobre las guardianas, cuando alguien lo agarró del cuello de su camiseta de la Roma.
—¿Sakura?¿Viniste por mí? —dijo mientras abrazaba a la miko.
—Cortala, che —gritó furiosa.
—Cuidado, a esas chicas les trae el mandinga —dijo Cherry.
—¡Oh, por todos los cielos, Blunk sobrevivió! —gritó Hay Lin con espanto.
—Sakura, prepárate para un exorcismo.
—Un momento, ¿exorcismo? —dijo Will— no tenemos nada.
—Silencio, bruja, podemos sentir su energía —espetó Sakura— no pueden engañarnos.
—¿Bruja? —dijo Taranee— Hay Lin, te dije que llamarnos las W.I.T.C.H. era mala publicidad.
—Y yo te dije que golpees más fuerte la cabeza de Blunk con la pala.
—¡W.I.T.C.H., unidas! —gritó Will, con el corazón de Kandrakar en su mano, y las chicas se convirtieron en guardianas.
—Mendou, creo que vamos a necesitar los cazas que tu familia posee con cuestionable legalidad —dijo Shinobu.
—Estarán aquí en unos minutos.
—¿Trajiste aviones de combate? —espetó Ataru.
—Nunca vuelo sin ellos.
Y fue así que estaba a punto de desatarse una de las más grandes batallas que jamás haya visto Heatherfield.
