¡Saludos a todos! ¿Qué tal todo? Espero que bien y con ganas de otra escena más de esas que no se ven pero existen en Code Frontier. RECORDAD, si no tenéis al día la historia principal, corréis riesgo de llevaros un gran spoiler.

Crossedmons VS Jim puede situarse en el capítulo 41 de Code Frontier.

CONTEXTO

Kadic no sólo se vio atacado por monstruos, sino por repentinas bromas que retrasaban e incluso lograban suspender las clases. Tanto el mobiliario como el personal era víctima indiscriminada de dos criaturas que, ocultas de la vista de todos, se movían a un lado y a otro "sembrando el caos".

Damos inicio a la pasarela de bromas de los dos trastomons de la familia.


Ace esperó hasta que BlackGatomon y Tailmon se alejaron para regresar con Timy. La digimon del tiempo le esperaba cruzada de brazos y con los mofletes hinchados, claramente enojada. El del espacio solo pudo suspirar y mirarla con ternura, rezando para que su hermana no chillara y montara un numerito con el que los delatara.

—¿Sabes lo que has hecho? —preguntó.

—Salvarlas de Xana-Lucemon —respondió —. Por eso siempre tengo un pequeño vórtice abierto al Digimundo.

—Algo demasiado peligroso —negó Timy.

—¿Es que no quieres regresar a casa?

—Sin papá y mamá, eso no es casa —negó.

—Pues por eso lo tengo abierto, para saber si seguimos teniendo una casa a la que volver.

—Y de paso, traer a las tías —dijo haciendo un puchero —. Ahora se encontrarán con Gatomon, se chivarán y no podremos hacer más bromas al profesor ese que cae tan fácilmente.

—Llevaba la capa puesta —dijo alzando la prenda —. A demás... Parece ser que ellas tampoco nos recuerdan... No me han reconocido.

—¿En serio? —preguntó dejando de lado su molestia.

—Eh, no vayas a llorar ahora —señaló con preocupación.

—Pero... les hecho de menos...

—Y yo también. Pero ya oíste a Terriermon; han renacido sin sus memorias, no podemos aparecer de repente y pretender que nos reconozcan.

—Yo quiero un abrazo de mamá —murmuró la digimon.

—Lo tendrás. Pero hay que ser pacientes. De mientras...

—¡Podemos hacer las bromas que queramos sin problema alguno!

—Nada de traer a Dokugumon aquí —dijo —. A los niños humanos les asustan los digimons.

—Los niños humanos no saben lo que se pierden —dijo olvidando su malestar.

...

Jim observó con lupa el desorden con el que amaneció Kadic. Sus ojos se desviaron levemente hacia un grupo en concreto de alumnos, aunque aún no había encontrado ninguna prueba incriminatoria.

Por años, el profesor de gimnasia había intentado cazar a un reducido grupo de alumnos que todos los días parecían estar tramando algo nada bueno. Lo había intentado de mil maneras, pero jamás los había atrapado con las manos en la masa ni había encontrado pruebas suficientes para presentarse ante el director y exponer la verdad de aquel grupito. Ahora, con más gente en ese grupo, el profesor sentía que esos críos debían pensar que estarían más seguros, más ocultos y, por ello, podrían avanzar hasta tal punto con sus maquinaciones.

Como era de esperar, el inicio de las clases se retrasó hasta que todo volvió a quedar en orden gracias a la ayuda involuntaria de todos y cada uno de los alumnos. Aprovechando la suspensión de la última hora de clases, todos se fueron a hacer lo que les vino en gana. Jim, por supuesto, también se unió a hacer cualquier otra cosa ajena al trabajo de profesor.

Disimuladamente, empezó a seguir al grupo de alumnos encargados de cuidar de la nueva mascota del centro. Aunque no podía oírles, les veía perfectamente, reunidos en corrillo, alguno con la gata en brazos, hablando como si nada aunque con una seriedad que al profesor le dejó claro que estaban tramando algo, preparando alguna otra broma.

—Profesor —le sorprendió una voz por la espalda.

—Menudo susto me has dado, chiquilla —dijo llevándose una mano al pecho —. ¿Qué quieres?

—Sale humo de la sala de calderas —señaló.

—¡¿Qué?! —exclamó antes de salir corriendo.

La alumna permaneció en el sitio, los brazos cruzados a la espalda y una enorme sonrisa traviesa, hasta que el adulto desapareció de allí. Sin ser vista, echó a correr hacia los arbustos y se ocultó en ellos.

—¿En serio no se ha dado cuenta que no eres una alumna? —preguntó una criatura a ras del suelo.

—Ni tan siquiera me ha mirado los guantes —sonrió estirando las dos garras al frente —. ¡Qué profe tan tonto!

—Como papá y mamá se enteren...

—Pero ese profesor está molestando a papá, a mamá y a todos los demás. Recuerda, Ace, lo estamos haciendo por ellos.

—Supongo que sí —suspiró el digimon —. ¿Qué es lo siguiente?

—¡Vamos a refrescarles a todos! —exclamó.

—No sé por qué esa idea tuya no va a ser muy buena, Timy.

...

Los días iban pasando y, por más que lo intentaba, Jim no daba con nada que incriminase a sus principales sospechosos. Cansado, arrastró los pies hacia la ducha y decidió calmarse y enfocar las cosas desde otro ángulo. Por desgracia para él, su mente quedó completamente en blanco al recibir un golpe frío en todo el cuerpo.

—¡¿QUIÉN ANDA AHÍ?! —exclamó, intentando abrocharse un albornoz con dificultad.

El baño estaba vacío, la puerta y las ventanas cerradas. Tras revisar todos y cada uno de los rincones, abrió la puerta y se dirigió a su habitación para vestirse y prepararse para dar clases.

Al otro lado de su ventana, sobre un árbol, Ace observaba atentamente con un pequeño vórtice abierto a su lado. No tardó mucho en trepar Timy hasta él, más sonriente que nunca.

—¿Lo tienes? —preguntó.

—¡Mírala! —exclamó alzando una calavera.

—A ver qué haces —suspiró.

Metió la garra en el vórtice y observó atentamente el otro extremo, donde apareció. Llamó a la ventana y la recogió rápidamente, moviendo al mismo tiempo el vórtice hasta otra posición. Timy introdujo la mano en la calavera y la pasó por el vórtice, apoyándola en el alféizar.

—¿Hacemos apuestas? —preguntó la digimon.

—Sabes de sobras que ese tipo caerá —negó el plateado.

—Oh, venga, yo quería apostar si chilla como una niña.

—¿Crees que puede tener voz de pito?

—Al tío Beat le salía cuando chillaba —sonrió.

—Punto para ti —dijo —. Eh, que se asoma —susurró.

Ante la vigilancia de ambos, el profesor de gimnasia abrió la ventana y miró hacia fuera claramente extrañado. Timy movió levemente la calavera, abriendo y cerrando la mandíbula, llamando la atención del adulto al instante. Ambos tuvieron que hacer un gran esfuerzo para contener la risa ante la mezcla de emociones que cruzaron en un instante el rostro del profesor. Con lentitud, Ace fue moviendo el vórtice al ritmo de los "saltitos" que Timy le hacía dar al conjunto de huesos hasta que Jim empezó a chillar.

—Hora de irse —dijo Ace.

—Abre el vórtice sobre su cabeza, que le tiro esto —rió Timy.

—Pues sí que tienes pocas ganas de devolverla a su sitio.

—Es que el hielo se deshará y no podremos gastarle la broma al tío Anubis —añadió.

—¡Oh! —los ojos del gatito se iluminaron, obedeciendo rápidamente al capricho de su hermana.

Sentado en el suelo, Jim empezó a frotarse la cabeza en el punto en el que la calavera le había golpeado. Con el corazón aún a mil, empezó a revisar aquella parte del maniquí buscando alguna tecnología que hubiese permitido a los chicos manejarla a distancia, pero por más que buscó, no halló nada.

...

—La comida de este lugar es muy sosa —dijo con una mueca Timy.

—Es lo que comen los humanos, boba —resopló Ace.

—¡Voy a preparar la tarta que solía hacer mamá! —exclamó chasqueando los dedos.

El lugar se tiñó completamente de dorado, inmovilizando a todos salvo a ella y a su hermano. De un salto, se coló en la cocina y miró alrededor, abriendo todos los cajones y sacando cuanto había en ellos buscando los ingredientes necesarios.

—Esto no hay quien lo entienda —dijo.

—Normal, está escrito con escritura humana, so tonta.

—¡No me insultes y haz algo útil! —regañó.

—¿Como qué?

—A la tita Row le encanta el pescado, ¿recuerdas?

—Como a mí.

—¿Y si trayéndole uno de vuestros pescados favoritos te recuerda? ¡Así podremos estar con papá y mamá!

—No creo que esa sea buena idea —negó.

—¿Por qué no? Estoy segura que quieres que papá te diga que has sido un muy buen mon obedeciendo sus órdenes.

—B-bueno, sí... ¡Pero que no podemos intervenir! Terriermon dijo que podríamos hacerles daño.

—Dejar un pescado no causa daño a nadie —negó la digimon —. Anda, vete a pescar mientras yo preparo la tarta.

Resoplando, Ace saltó por un vórtice, dejando sola a Timy. La digimon empezó a tomar todo cuanto encontró y mezcló sin orden ni mesura. Para cuando Ace regresó, la cocina era un auténtico desastre.

—¿Qué has hecho?

—Me ha salido mal —lloriqueó mostrando un pegote negruzco sobre una bandeja —. ¡Las cosas de la Tierra son muy difíciles de utilizar!

—Ay, hermanita, si sales sin castigo de esto...

—Eh, ¿no tenías pez que oliese peor a pescar? —preguntó tapándose la nariz con ambas manos.

—Pero si cocinado está delicioso...

—¡Qué asco! —exclamó tirando el intento de pastel y saltando hacia la ventana.

—Eres una exagerada —suspiró Ace dejando el pescado en la fregadera y empezando a limpiarlo como podía —. Oye, Timy, el rodillo...

—Nadie sería tan tonto como para pisarlo —dijo —. Anda, sal de ahí que vuelvo a poner todo en marcha.

Cinco segundos después, Timy tuvo que detener de nuevo el tiempo para salvar de un duro golpe a Rosa. Ace negó una y otra vez mientras esperaba el regreso de la digimon dorada. Poco tardaron en ver aparecer al "detective Jim", listo para analizar todo lo que había ocurrido en las cocinas.