¡Buenas a todos! Después de un parón ligeramente productivo, aquí os traigo otro omake con el que entreteneros a demás de la historia principal. Como siempre, os recuerdo que las historietas que os subo por aquí corresponden a algún momento de la trama principal de Code Frontier, que esto son meros apoyos o ligeros rellenos que romperían demasiado el ritmo del fic normal. Y, como cada vez que subo uno, recordad que debéis haber leído el capítulo en cuestión antes de leer lo que os subo aquí (que para ello os lo marco).

Persuasión zorruna (1) se sitúa al final del capítulo 30. ATENCIÓN: aunque la historia transcurre en dicho capítulo, tienes que haber leído hasta el capítulo 69 o te comes de lleno uno de los spoilers del tamaño del Everest y creo que a nadie le apetece. AVISADOS ESTÁIS TODOS Y TODAS.

Debido a que queda demasiado largo, lo he dividido en dos partes (la segunda la subiré en unos días).

CONTEXTO

Tras ser devueltos a la Tierra, el grupo se encuentra con que el tiempo no ha corrido en absoluto, por lo que los estudiantes de Kadic han de regresar a Francia, quedando el grupo dividido aunque no por mucho tiempo. Jeremy vuelve a hacer su magia en el ordenador y logra dar con la forma de hacer que los diez japoneses tengan un pase a Kadic, de forma que el grupo volverá a estar unido.

Aun así, no están del todo seguros de que los padres vayan a creerse esa mentira tan fácilmente, por lo que dos digimons permanecerán con los diez guerreros legendarios para ayudarles a salir victoriosos de la complicada batalla de convencer a los padres que el futuro en Kadic es la opción correcta.

¿Cómo piensan ayudar? Tommy, Teruo, Chiaki, Katsuharu y Teppei os pueden dar una pista de qué sucederá.


Tommy había logrado lo imposible: convencer a sus padres por sí mismo que no había problema con que lo enviaran a un centro educativo en un país occidental. Lo que le estaba costando más era convencer a su hermano. El chico le había ennumerado toda una serie de puntos que, según él, sus padres habían pasado por alto porque, aunque desde hacía un tiempo Tommy había mostrado un cambio significativo, los adultos seguían mimándolo y consintiéndolo.

—¡Le he demostrado de todas las formas posibles que puedo defenderme de los abusones! —exclamó en una pataleta un tanto infantil.

—Creo que tu hermano simplemente está preocupado porque vas a estar solo —dijo Renamon.

—No voy a estar solo —dijo con el ceño fruncido el menor —. Takuya y los otros también estarán allí... Y nos encontraremos con los demás. Estaremos el grupo al completo.

—Puedo mirar de convencerle yo, si quieres —ofreció la digimon.

—Ni tan siquiera sé qué más necesita mi hermano para aceptar que no soy un niño pequeño... ¡Y tampoco un mimado!

—Le sugestionaré —dijo Renamon —. Le haré creer una idea en concreto que se repetirá en su mente una y otra vez y acabará aceptándola como real.

—¿Podrías?

—Sí —asintió antes de transformarse en Tommy —. Tú solo espera aquí.

Con cuidado, abrió la puerta y salió corriendo hacia el piso inferior, esperando encontrar al hermano mayor del chico. Tommy, por otro lado, se escurrió hasta la barandilla y esperó, escondido, atento a todo lo que se decía. Debía admitir que Renamon sonaba idéntica a él, incluso había logrado imitar el tono molesto que él había usado cuando su hermano le había empezado a dar su opinión sobre el viaje.

—¡Te voy a demostrar que ese llorón que se escondía ha quedado atrás! —oyó decir a Renamon. Incluso podía verla, totalmente recta con el aspecto del chico —. ¡Soy capaz de superar un viaje como este e incluso el curso al que voy a entrar!

—Acabarás llamando a las dos horas pidiéndoles a papá y a mamá que te vayan a buscar.

—Solo llamaré para decir que he llegado, que tengo un dormitorio en la residencia y que les volveré a llamar el fin de semana para informarles de cómo me van las clases, que será estupendamente.

—¡Pero si no sabes francés!

—¡Tú tampoco! —señaló antes de sacarle la lengua y echar a correr escaleras arriba. Sus ojos se abrieron sorprendidos al descubrir al verdadero Tommy fuera del dormitorio —. ¿Qué haces?

—Es que quería verlo —susurró.

—Para tu información —la voz del adolescente les llegó demasiado fuerte. El falso Tommy desapareció al instante, dejando al auténtico levantándose rápido para disimular —, sí sé francés.

—¡No valen las canciones que escuchas! —dijo rápidamente el menor.

—¡Sé algo más!

—¡Tampoco se valen las tontas frases con las que intentas ligar! —exclamó antes de, ahora ya, correr a encerrarse en la habitación.

—¡No uso tontas frases para ligar!

Tommy no pudo evitar echarse a reír. Aquella acusación de Renamon no había resultado ser totalmente errónea, pero era algo que jamás había pensado que podría usar aquel dato como arma.

—¡Te reto! —oyó al otro lado de la puerta.

—¿A qué?

—Vete a Francia, a ver cuánto francés eres capaz de aprender.

—Más que tú desde Japón —aceptó el menor.

...

TK observaba atentamente la circular que le había entregado Teruo al seguir Kari en el trabajo. Aunque sabía que todo había cambiado desde que él dejó de ser un crío que debía asistir a clases todos los días, le sorprendía hasta qué punto habían llegado esos cambios.

—Has sido seleccionado para entrar en un curso de intercambio en París —dijo leyendo de nuevo el papel.

—Eso es —asintió —. Han dicho que es una forma de hacer un nosequé intercultural.

—Sí, lo veo —dijo el adulto —. Aunque así tan de repente...

—Los profes han dicho que no nos lo dijeron antes porque así podrían ver nuestro nivel sin factores externos interrumpiendo...

—Tiene su lógica —asintió —. Al parecer, este año viajan algunos alumnos japoneses a París y el curso que viene, algunos franceses vendrán aquí.

—Exacto.

—Bien...

Unas llaves en la puerta principal hicieron que ambos rubios voltearan la vista para ver entrar a Kari cargando un par de bolsas. Teruo tardó poco en correr hacia ella y ayudarla mientras TK se levantaba de la silla más calmadamente.

—¿Ocurre algo? —preguntó al reparar en el semblante serio de su marido.

—Al parecer, nuestro hijo ha sido seleccionado para una especie de programa de intercambio nuevo en su escuela con París.

—¡Oh! Déjame ver —pidió tomando la hoja y leyéndola.

—Voy a poder ir, ¿verdad? —preguntó Teruo.

—Kadic... No me suena esa escuela —dijo la castaña con una mueca de disconformidad.

—He encontrado información sobre ella. Está en el ordenador —dijo señalando el portátil sobre la mesa.

—¿No está tu madre viviendo en Francia actualmente? En la casa que heredó de tu abuelo.

—Pero no es en París capital —negó el rubio.

—¡Kadic tiene residencia! —exclamó Teruo —. Puedo dormir allí sin ningún problema y no hace falta molestar a la abuela.

—Eso es bueno —dijo la castaña.

—Entonces, ¿puedo ir?

—¿A qué tanto interés, jovencito? —preguntó TK.

—Es que... Quiero aprender más... Y es una oportunidad única...

—Puedes ir a París durante las vacaciones —dijo Kari.

—Pero vamos a ver a la abuela y paseamos por delante de monumentos y no hago nada más... ¡Si no voy, siento que estaré tirando una oportunidad única a la basura!

Los dos adultos se miraron un instante que al menor le pareció eterno. Tras un suspiro, Kari buscó en su bolso hasta dar con un bolígrafo y rellenó el documento anexo dando permiso a su hijo para embarcarse en esa aventura.

—Pero más te vale aprovechar la oportunidad de verdad o...

—¡Lo haré, mamá! —exclamó cogiendo el papel y corriendo a su habitación —. ¡Os quiero mucho! ¡Sois los mejores!

Con risas, el matrimonio observó al chico entrando en el dormitorio y cerrando la puerta. Un par de gestos fueron suficientes para decirse lo que necesitaban decir antes de sentarse en el sofá a ver la tele mientras hacían tiempo para la cena.

En la habitación, Teruo se levantó de la cama como un resorte al ver a su doble con la hoja vuelta hacia él escrita por su madre.

—Ya está, ya eres un estudiante de Kadic —sonrió ese Teruo antes de hacer aparecer unas orejas de zorro rojizas entre el cabello rubio.

—¡Toma ya! —exclamó antes de lanzarse al digimon y dar vueltas observando la firma de su madre.

...

Yolei llevaba veinte minutos enlistando todos los motivos por los que su hija no debería viajar sola a París, por muy seguro que lo pintasen los profesores en la circular que en esos momentos estaba encima de la mesa. Sentados en el sofá, Ken y Chiaki la observaban ir de un lado para otro en completo silencio. Solo el teléfono resonando hizo que la mujer callase para atender la llamada.

—¿Tú también crees que es peligroso, papá?

—No, nada de eso —negó el adulto —. Pero sí es cierto que vas a estar tú sola allí.

—Ah, pero... Tienen residencia, habrá otros alumnos —dijo con una sonrisilla la chica.

—Quizás es eso lo que le preocupa a tu madre —respondió Ken.

—Tampoco voy a ser la única de mi clase que va al viaje —dijo haciendo que su padre alzase una ceja —. Quiero decir, que no es como si fuese a estar completamente sola sin nadie que me ayude...

—Tu madre va a seguir viéndolo como que te quedas sola.

—¿Y tú?

Una exclamación de Yolei hizo que ambos volviesen la cabeza hacia donde había desaparecido para coger el teléfono. Mientras el adulto suspiraba, incapaz de hacer nada por evitar que su mujer siguiese armando aquel escándalo, la chica se cogió las manos y apretó con fuerza. Un minuto más tarde, Yolei regresó a la sala cruzada de brazos.

—Era Kari —dijo.

—¿Qué se cuenta? —preguntó Ken.

—Pues que a Teruo también lo han elegido para ir a París y ellos han firmado. ¡Así, sin más!

—No creo que haya sido así sin más —negó el hombre. Junto a él, Chiaki soltó el aire disimuladamente, sonriendo ante aquella noticia —. Bueno, ahora sabes que Teruo también va al viaje, que no dejamos a la niña sola.

—Pero aun así, ¡París está muy lejos! —exclamó Yolei agitando los brazos.

—¿Que no vive la madre de TK en Francia ahora? —preguntó al aire Ken —. Si las cosas fuesen mal, estoy seguro que no le importa echar un ojo a nuestra hija también.

—Pero...

—Yolei, dejemos ir a Chiaki.

—Por favor, mami. Seré una buena chica y estudiaré fuerte —dijo juntando las manos la menor.

—Bueno... Sois dos contra una —dijo mirando con cierta molestia a Ken.

—¡Gracias! —saltó feliz la niña.

—Vete a la ducha, cenaremos pronto —ordenó Yolei, tomando las hojas y caminando a un cajón para buscar un bolígrafo.

Tras darles un beso rápido en la mejilla a ambos, Chiaki salió corriendo al dormitorio, cerrando la puerta a su espalda y resbalando por ella hasta el suelo.

—Lo he oído todo.

—En serio, creía que me iba a dar algo cuando me he quedado sola con tu padre...

—Pero no nos ha descubierto. Muchas gracias, Renamon.

—No ha sido nada —sonrió antes de transformarse de nuevo en digimon —. Te darán el papel cuando salgas de la ducha, así que no hay problema por que marche a ayudar a los demás.

—Perfecto —sonrió Chiaki, alzando el D-Tector ante ella. La digimon tardó poco en acceder a él.

...

Cuanto Katsuharu y Teppei regresaron a casa, ninguno de los dos estaba preparado para encontrarse a la "familia" al completo. Takato fue el primero que reparó en ellos, agitando una mano y preguntándoles dónde se habían metido para saltarse los preparativos de la barbacoa. Ambos habían intentado dar una excusa, contradiciéndose el uno al otro y ganándose miradas extrañadas de absolutamente todos los allí presentes.

—¿De verdad tenía que ser hoy la barbacoa con todos? —cuestionó Teppei —. ¿Y encima en tu casa?

—Eh, que yo tampoco lo recordaba —acusó Katsuharu —. Aunque, por otro lado, salimos ganando...

—¡Ya me dirás en qué!

—Entre los dos, podemos hacer más fuerza para que nos firmen los documentos —sonrió alzando su hoja.

—Eso sería si no estuviese toda la familia —negó Teppei sacando el D-Tector de su bolsillo —. Hace falta un señor milagro para que esto funcione.

—Solo necesitamos a Kitsumon y a Renamon —dijo.

—Hay un problema en tu solución. Ellos están ayudando en otro lado y nosotros deberíamos bajar ya. ¿O es que pretendes olvidarte también del papel?

—Agh... ¿A quiénes estaban ayudando?

—Ni idea —negó el de la madera —. Renamon creo que saltó al de Chiaki, que era la que más cerca vivía del punto en el que nos hemos separado... Pero de Kitsumon no sé nada.

—Pues qué bien —ironizó el de la tierra.

—¡Chicos! ¡Ayudad al menos a poner la mesa! —gritó Kenta.

—¡Ya vamos! —exclamaron justo cuando un pitido les hizo bajar la mirada al bolsillo.

—¿Puedo salir? —preguntó la voz de Kitsumon.

—¿Kitsumon? —preguntó la voz de Renamon.

—Oh, parece que estáis los dos libres... Qué oportuno —rió Katsuharu alzando su D-Tector.

—Podéis salir, no hay peligro —imitó Teppei.

—¿Pasa algo malo? —preguntó Kitsumon.

—No recordábamos que teníamos a toda la familia reunida hoy —explicó Katsuharu —. ¿Es posible que nos ayudéis o abortamos la misión por hoy?

—Podríamos intentarlo —dijo el zorro mirando a la otra digimon —. ¿Te ves capaz de hacerlo?

—No contábamos con que hubiese alguien más que "papá" y "mamá"...

—Os señalamos quiénes son nuestros padres y a todos los demás podéis llamarle "tío" o "tía" —señaló Teppei —. Da igual si decimos sus nombres o no detrás de eso.

—Cierto, mientras no os confundáis de padre y madre, lo demás es indiferente.

—Entonces... Supongo que no hay problema en ello —aceptó Renamon —. Esperemos que con nuestras palabras baste y no tengamos que usar más poder hipnótico...

—Yo también lo espero —asintió Kitsumon —. Quita bastante energía y amenaza la transformación.

Asomándose con cuidado por la ventana, los dos chicos les indicaron a los digimons quiénes eran sus padres, asegurándose que habían entendido todo bien, observaron cómo ambos zorros se transformaban en ellos antes de salir de la habitación.

—Vale, ahora queda esperar —dijo Katsuharu, sentándose bajo la ventana para poder escuchar lo que sucedía en el exterior.

—Eh...

—¿Qué?

—¿Podrán regresar con nosotros para cambiarnos el puesto?

—¿Por qué lo preguntas?

—Bueno, a la mesa le queda nada para acabar de estar lista —señaló Teppei, intentando no asomarse demasiado.

—¿Y?

—Tía Alice ya está sentada y empezando a servirse...

—¿Y? —insistió el otro.

—Que ahora papá "me" está haciendo sentar a su lado... Y el tuyo "a ti".

—Bueno, ¿qué tiene de malo?

—Les están dando comida.

—Espera...

Con cuidado, Katsuharu se volteó y asomó levemente justo para ver a su impostor aceptando con una sonrisa un par de chuletas. En la silla ante él, el impostor de Teppei también usaba el cuchillo y el tenedor para comerse algo que habían dejado en su plato.

—Eh, eh, eh, ¡que tengo hambre! —protestó el de la tierra antes de volver a sentarse con la espalda en la pared —. Si lo llego a saber, directamente aborto la misión hasta más tarde.

Cinco minutos más tarde, mientras Teppei seguía vigilando, el falso Katsuharu se levantó de la mesa y se excusó, echando a correr de vuelta al interior de la casa. Poco tardaron en escuchar sus pasos, menos aún en verle aparecer en el dormitorio.

—Perdón —un sonrojado Katsuharu abrió la puerta antes de transformarse en Kitsumon —. No he podido evitarlo... Olía tan bien...

—Da igual —suspiró el chico, poniéndose en pie —. Vosotros también tenéis derecho a comer. A demás, os lo habéis ganado por la ayuda que nos dais...

—Baja rápido para que Renamon pueda venir y dejar ir a Teppei también a comer algo. Entraremos los dos en su dispositivo cuando llegue, así no se queda solo.

—No es necesario que te preocupes por mí, Kitsumon, serán unos segundos nada más —rió el chico mientras el otro echaba a correr de vuelta al jardín.

—¿Seguro? La verdad, ha sido Renamon la que me ha pedido que me quedase aquí hasta que llegara...

—¿Por qué?

Pasos acercándose hicieron que ambos voltearan para ver entrar al otro Teppei. No tardó demasiado en transformarse de nuevo en Renamon, con la cola rodeándola.

—Esto... Espero no haber metido la pata comiendo... Tu padre me ha preguntado que por qué no he usado las manos, pero...

—Ningún problema —sacudió una mano —. Tengo respuestas para cualquier cosa que puedan decirme ahora —añadió alzando el D-Tector —. Buen trabajo, los dos.