¡Hola a todos! ¿Creíais que me había olvidado de esta "sección"? Pues casi, porque me he entretenido revisando todos y cada uno de los capítulos de la historia un millar de veces para ver si quedaban cabos sueltos sin resolución dentro de ella...

Hoy traigo un capítulo especial. Una petición de draoptimusstar3, que la dejó hace tiempo y que, después de haber revisado tantísimas veces, puedo decir con total tranquilidad que puede ser leída.

Las impresiones del primer encuentro transcurriría, cronológicamente hablando, mucho, mucho, mucho antes del inicio de Code Frontier. Sin embargo, para poder leerla, debes haber llegado al menos al capítulo 49.

CONTEXTO

Se trata de una de las primeras veces que cierta parejita del pasado se encontraron. Porque las cosas no suceden de forma simple, y menos aún en el Digimundo.


La fortuna había querido ese día cruzarse en el camino de una Angewomon curiosa. Con su cinta en un tono azul cielo tan diferente al rosa de una Angewomon normal, la digimon paseaba sin preocupación alguna cerca de la Estación del Fuego, haciendo tiempo antes de tomar un Trailmon que la acercara al bosque donde se ocultaba el castillo de Seraphimon.

No dejaba de darle vueltas a la petición que le había hecho su hermana, Ophanimon. Era por culpa de la dama angelical que se encontraba allí precisamente. No le importaba hacerle el favor a su hermana mayor, siempre atareada, con demasiada faena y más responsabilidades de las que Angewomon estaría dispuesta a tomar. Tan metida en su mente estaba que no se dio cuenta del BlackWereGarurumon que se había parado en su camino, claramente a la espera. Para cuando lo vio, esquivarlo era imposible.

—Decían que existía una Angewomon extraña... Y parece que es cierto —dijo con una sonrisa que no auguraba nada bueno.

—Ya te dije que la había visto, incrédulo —apareció un Opossummon por la espalda del ángel.

—Te debo una disculpa —dijo sin emoción alguna la bestia oscura —. ¿Y bien, señorita? ¿A dónde se dirige?

—Lo siento, pero ahora no tengo tiempo para hablar —dijo Angewomon buscando una forma de escapar.

—¿Acaso no sabes que es peligroso que una digimon como tú pasee por ahí sola? —preguntó con la sonrisa aún más marcada.

—¡Dejadla en paz! —chilló una Piyomon, aleteando rápidamente hasta ellos.

—¿O qué? —preguntó Oppossummon.

—Ya hemos atrapado a Doggymon y alertado de vuestra presencia aquí —dijo posándose junto al ángel y cruzando sus alas —. En nada, vosotros dos también seréis apresados.

—¿Por quién? ¿Por el ejército de Poyomons que revolotean como idiotas por ahí? —preguntó con una carcajada BlackWereGarurumon.

—Seguro que se creen capaces en esta ciudad de hacer algo contra ti —rió Oppossumon

—¡Pues no! ¡Por una autoridad realmente competente! —declaró la digimon.

—Oye, ¿va a venir alguien? —preguntó temerosa Angewomon.

—Sí. Enseguida llegará, ya verás —le asintió el ave.

—Me gustará ver quién es el idiota que se atreve a decirme algo —dijo BlackWereGarurumon.

—¡Elementos como vosotros y Sagittarimon sois los que molestáis al mundo entero y debéis ser atrapados y encarcelados para el resto de vuestras miserables vidas! —exclamó Piyomon.

—A mí no me compares con el idiota de Sagittarimon, porque esa sí que no te la paso —se petó los nudillos el licántropo.

—¡Digo lo que es! —siguió el ave.

—Ah, no, nada de eso... ¡Patada garuru!

—¡Bomba de globos locos!

—¡Infierno de plasma!

Angewomon sólo pudo agacharse y cubrirse a sí misma y a Piyomon con sus alas mientras una lluvia de fuego caía a ambos lados. Cuando las cosas parecieron calmarse, la digimon se atrevió a alzar la vista. Una gran nube de polvo las cubría, a demás de impedirle ver algo con claridad. Sólo una silueta se recortaba entre ella y donde suponía que estaba el licántropo digital.

—Mal día para aparecerte por aquí, BlackWereGarurumon.

—¡Un Guardián! —chilló Oppossummon.

Con el polvo más bajo, al ángel justo le vino para verle huir, alejándose sin mirar atrás del lugar. No pasaba lo mismo con BlackWereGarurumon. El digimon negro seguía en el mismo punto, con los puños apretados y la mandíbula tensa. Ante él, el digimon que las había salvado a ella y a Piyomon mantenía las alas el máximo posible estiradas, como si pretendiese ocultarlas aún más de la vista del otro aunque no eran ni por asomo las más grandes que la digimon angelical había visto.

—Je, un Guardián no es rival para mí —señaló BlackWereGarurumon, preparándose para lanzarse al combate.

—Por supuesto, por supuesto, todo cuanto digas y más —asintió Aldamon volteando levemente la cabeza —. Señoritas, por favor, si son tan amables de apartarse un poco más...

—Ése es el gran problema que tenéis vosotros, los Guardianes. No sois capaces de atacar si hay civiles cerca —dijo con un brillo maligno en la mirada el licántropo.

—Por ese tipo de comentario preferiría que fuese otro el que se encargase de locos como tú —suspiró el de fuego.

—Si quieres atraparme, mejor ponte a ello —se lanzó el digimon oscuro.

Desde una zona más alejada, Angewomon no pudo evitar estremecerse ante la furia de los ataques de BlackWereGarurumon. A su lado, Piyomon animaba como loca a Aldamon, haciendo un jaleo más grande casi que la pelea de los otros dos. Por cinco minutos, las cosas parecían equilibradas y preocupaban al ángel de cinta azul, que ya daba por perdido el primer tren hacia el bosque de Seraphimon.

—¡Cuidado! —chilló casi diez minutos más tarde, cuando la espalda de Aldamon quedó al descubierto para un ataque directo del licántropo oscuro.

—Ay, no —se cubrió los ojos Piyomon.

Sin embargo, un repentino reflejo surgió detrás del digimon de fuego, cegando al digimon negro que no pudo ver cómo otro digimon aparecía y le golpeaba con el escudo en uno de sus brazos.

—Justo a tiempo —sonrió Aldamon.

—No es tan fácil preparar una celda, ¿sabes? —dijo Mercurimon.

—Cuida, que te lo dejo más fácil de transportar —dijo el de fuego. El metálico se apartó tranquilamente —. ¡Destructor de viento solar!

—Podía llevármelo así mismo —señaló el guerrero del metal —. Que hay más enterados de que hemos dado con él y están listos para cuando llegue.

—Se supone que deberían estar buscando al zorro maldito, no vagueando a la espera de ver si sucede algo mejor —protestó Aldamon.

—Hay algunos tras su pista —aseguró alzando al licántropo por la hombrera —. Me lo llevo.

—Buscaré a Oppossummon y lo llevaré al castillo de Kerpymon —despidió el híbrido de fuego.

Asintiendo con la cabeza, Mercurimon desapareció con un chasquido de dedos, llevándose consigo a BlackWereGarurumon. Piyomon tardó nada en saltar hacia el digimon que quedó allí, felicitándolo y chillando feliz porque ese criminal había sido atrapado al fin.

—¡Ha sido genial! ¡Creía que te iba a golpear con esas garras, pero no! —chilló emocionadísima el ave rosa —. Se nota que los Guardianes sois un gran equipo, sí, sí, sí, sí.

—Gracias, gracias —sonrió nervioso, rascándose la nuca —. ¿Vosotras dos estáis bien? —dijo alzando la vista al fin hacia Angewomon.

—Sí, sí, ningún problema —asintió el ángel, acercándose lentamente.

—Os acompañaré hasta el pueblo —señaló el digimon.

—¿Pero no ibas a por Oppossummon? —preguntó el ángel de cinta azul.

—Si voy en una dirección buscándolo, vosotras en otra y él decide que será divertido atacaros por sorpresa, a demás de que saldríais malparadas, no lo podría capturar porque estaría a saber dónde —explicó —. Así que os acompaño.

—¡Muchísimas gracias! —exclamó Piyomon, con la emoción por las nubes.

Angewomon también agradeció, pero más calmada. Aldamon empezó a andar, con Piyomon saltando a su lado y haciendo miles de preguntas que el digimon fue respondiendo educadamente. Sin problema alguno, alcanzaron el pueblo, donde más digimons salieron al encuentro del Guardián de fuego, exclamando y chillando unos por encima de otros. El ángel decidió quedarse apartada; aunque había agradecido ya la ayuda de Aldamon, no le parecía bien irse así tal cual sin volver a agradecer que las acompañara a ella y a Piyomon hasta el lugar.

—Bueno, chicos, me tengo que ir —dijo de pronto Aldamon —. Acaban de informarme que han atrapado a Oppossummon, así que debo seguir con mi faena.

—¡Oh, sí, lo sentimos! —exclamó más de uno.

—¡Buena suerte!

—¡Y muchas gracias otra vez! —chilló Piyomon, las alas agitándose a una velocidad de colibrí.

—Esto... —se adelantó Angewomon.

—¿Necesitas algo más? —preguntó Aldamon.

—Yo... quería agradecerte de nuevo —dijo —. Por protegernos hasta aquí.

—Es mi misión —dijo estirándose, haciéndose más alto —. Ésta es mi tierra, mi zona. Mientras yo la custodie, ningún digimon inocente, sea niño, adulto o anciano, debe preocuparse. Le protegeré a toda costa.

—Es bueno saberlo —sonrió —. Bueno, me tengo que ir —dijo señalando hacia la estación.

—Buen viaje entonces, señorita —despidió con una reverencia.

Sin entretenerse, Angewomon corrió hacia el Trailmon que acababa de llegar. Sabía que se dirigía al bosque, por lo que no podía permitirse perderlo. Subió y tomó asiento, a la espera que se pusiera en marcha. Cuando, diez minutos después, el digimon se puso en movimiento, el ángel se permitió suspirar aliviada.

—¡Oh! ¿Acaso vamos al mismo sitio? —oyó de pronto.

—¡Ay! —sobresaltada, se volvió para ver a Aldamon —. Qué susto...

—Mi culpa —alzó la mano —. Este Trailmon se dirige a la Estación del bosque. ¿Es tu destino?

Ophanimon le había pedido total discreción, que nadie salvo Seraphimon podía saber los resultados de su investigación. ¿Acaso Aldamon, quien se suponía que era el líder de los Guardianes, desconocía los tejemanejes de la dama Ophanimon? De ser así, ella debía guardar silencio y mentir sobre el motivo de su presencia en ese Trailmon.

—Voy al Pueblo de la Brisa —respondió —. Voy a visitar a una amiga mía que ha sufrido un ataque recientemente.

—Tengo constancia de lo que ocurre en ese lugar —dijo seriamente —. Permíteme acompañarte.

—No, no es necesario —dijo rápidamente, extrañándolo.

—El Digimundo no está siendo muy seguro estos días. Digimons corruptos aparecen ocasionando problemas aquí y allá.

—Sí, lo sé. Me lo ha dicho... Bueno, que lo he oído en la radio —dijo rápidamente.

Angewomon lo sabía todo por su hermana, la dama Ophanimon. Pero si decía que era el ángel femenino de la tríada quien la mantenía informada, era más que probable que el digimon de fuego se interesase en ello, le preguntase y acabase descubriendo que la dama angelical "tramaba" algo a espaldas de los Guardianes. Si es que realmente estaba actuando a espaldas de ellos y la discreción que le había pedido era porque su cinta azul ya llamaba bastante la atención.

—Insisto en acompañarte —dijo.

—Y yo te digo que no es necesario —respondió —. Del Trailmon no bajaré hasta alcanzar la parada del Pueblo de la Brisa. Y mi amiga vive muy cerca, así que poco tiempo para ser atacada tendré. A demás, estoy segura que más digimons bajarán allí. Al fin y al cabo, es un centro turístico muy famoso en el Digimundo entero.

—Sí... supongo...

—Por eso mismo, gracias por ofrecerte, pero no será necesario —dijo con una sonrisa que intentaba ser tranquila.

El anuncio de que llegaban a la Estación del bosque sobresaltó a Angewomon, que se volteó para ver por la ventanilla cómo llegaban a su destino. Ante ella, Aldamon empezó a caminar hacia una de las puertas. La digimon angelical no pudo evitar pensar una maldición para sus adentros. Le iba a tocar seguir en el Trailmon hasta el pueblo siguiente, bajarse, esperar un tren de vuelta y rezar para que ese digimon no estuviese ante Seraphimon para dar su particular informe de parte de Ophanimon.

—Bien, espero que no tengas ningún problema en tu viaje a casa de tu amiga o a la vuelta —dijo Aldamon —. Y si alguna vez tienes algún problema, no dudes en llamarme —guiñó.

—Sí... Vale... —asintió nerviosa.

El digimon de fuego bajó, dejándola allí sentada. La puerta se cerró y el Trailmon volvió a ponerse en marcha. Por la ventanilla pudo ver que Aldamon se había quedado en la estación, vigilando la partida del Trailmon. Angewomon resopló. Estaba cansada de que todo digimon macho que se cruzase la tratase como si no pudiese valerse por sí misma. ¡Por el amor del cielo, ella era un ángel poderoso!

—Pues nada, me volveré Tailmon y pasaré como si nada —suspiró.

Al instante se quedó parada, con la mente dándole vueltas a esa idea. Si una Angewomon de cinta azul llamaba la atención, ¿qué esperaba que pasara con una gata de dos colas con un gran anillo sagrado a modo de bandolera? ¡Llamaría aún más la atención! Y si Aldamon seguía allí, sin lugar a dudas volvería a mostrarse caballeroso y solícito para llevarla ante Seraphimon.

—Yo sólo quiero regresar a casa ya —lloriqueó.

E intentando no pensar más negativamente, intentó rememorar la primera vez que había visto al Guardián de fuego. Ella llegó acompañando a su hermana pequeña, llamada por los tres ángeles. Agunimon entró poco antes que Mikemon a la sala de espera, con un andar decidido y una expresión que no gustó nada a la gata de dos colas.

El digimon que le había parecido un dandi con aires de grandeza había cambiado. Ahora era un digimon maduro, centrado en su trabajo y dispuesto a ayudar a cualquiera. Pero había algo más que molestaba a Angewomon. Un pequeño detalle que, por su carácter, había hecho el esfuerzo de seguir siendo una digimon educada y correcta. Y es que ella llevaba un casco cubriéndole los ojos, sí, dificultando a su interlocutor eso de mirarla a la cara cuando hablaba. Podía contar con los dedos de una mano cuántos digimons eran capaces de mantener la mirada donde ella mantenía ocultos sus ojos. Y no le molestaba que, en ausencia de unos ojos a los que mirar, se le quedaran mirando la boca aunque debía admitir que era algo incómodo.

Pero lo que no perdonaba ni perdonaría jamás era que los ojos del otro se situaran más abajo de su cuello. Ya podía ser el mismísimo Dios en persona, ella no soportaba a quienes se dedicaban a dejar los ojos en su cuerpo. ¡Que llevaba casco, pero los podía ver a la perfección a ellos a los ojos!


Y hasta aquí se puede leer. Lo que pasó después tanto con uno como con la otra, se queda en el aire.

Y ya sabéis, si alguien necesita una aclaración o quiere saber algo extra de la historia, siempre y cuando se ajuste a las pequeñas "normas/reglas" mencionadas cuando empecé a subir esta historia, es libre de pedirla (y si, por lo que sea, no es posible escribir la escena que pedís, no temáis, que me estrujaré los sesos buscando alternativas que puedan complaceros).