¡Hola a todos! ¿Qué tal va el mes? Ya cada vez queda menos para acabar el año. ¿Tenéis ganas? Yo sí, a ver si viene un año mejor, que nos lo merecemos. Voy a intentar subir "con algo de orden" las historietas que ya tengo escritas, por lo que hoy no habrá nada que sirva como apoyo a la situación actual de la historia.

Viajando con los Crossedmons ocurre paralelamente a los acontecimientos del capítulo 8 de Code Frontier.

CONTEXTO

La aparición de X.A.N.A en el Digimundo hizo más complicada la misión de Terriermon de proteger a los dos digimons especiales criados por los antiguos Guardianes. Pero no sólo la presencia del virus y sus esbirros causan problemas al conejo verdoso. Existe otro factor por el que la misión de Terriermon se puede hacer cuesta arriba, complicada y muy pesada.


El viaje estaba resultándole eterno al pobre Terriermon. Con su hermano y los otros dos ángeles forzados a convertirse de nuevo en bebés, la idea de refugiarse en el castillo de Seraphimon no era viable al no saber cuánto podría dudarles la seguridad, pero tampoco podía quedarse quieto. No con los dos digimons a los que debía proteger por encima de absolutamente todo.

A su espalda, Timy y Ace protagonizaban la vigesimo quinta pelea en menos de cinco días, aunque el total, desde que los sacó del escondite en el que su tiempo se había detenido, hacía tiempo que lo ignoraba. Ésta vez, la discusión venía porque no estaban de acuerdo sobre cómo proceder cuando encontrasen a su familia.

Sí, Terriermon sabía que los niños elegidos que habían acudido en auxilio del Digimundo esa vez eran ni más ni menos que los Guardianes renacidos. De una forma nada agradable para Kerpymon, el digimon verde le había obligado a escupir la verdad de tanto misterio que, en cierto modo, repercutía sin que el ángel lo supiese en los dos digimons que le acompañaban en ese momento.

—Está bien, escuchadme vosotros dos —se volteó con cierta molestia —. Os he dicho que las cosas con vuestra familia no son como las recordáis. No podéis saltarles encima ni decirles nada porque no recuerdan nada. Han renacido y no tienen sus memorias.

—Pero las recuperarán, ¿verdad? —preguntó Ace.

—No lo sé, no soy adivino —negó el de orejas largas.

—Jo, yo quiero ir con mamá —dio una patada al aire Timy —. La echo de menos aunque me regañaba mucho.

—Porque la liabas —le señaló su hermano.

—Has de aguantar, Timy. Ya te he dicho que ahora, tu mamá es una chica humana demasiado joven para ser una mamá de verdad —suspiró, repitiendo por millonésima vez la misma frase cuando la niña sacaba a relucir su mamitis.

—¡Voy a ser una buena hija! —insistió.

—Vas a seguir haciendo travesuras —negó el gato plateado.

—¡Tú también hacías cosas mal! —acusó la elfita.

—¡Porque me enredabas diciendo que necesitabas mi ayuda y, como yo sí soy bueno, te ayudaba y acababa castigado!

—¡Nos castigaban a los dos! ¡Y no digas que tú eras bueno, que te reías más que yo!

—Por favor, bajad la voz o nos encontrarán —pidió Terriermon.

¿Cómo era posible que aún no hubiesen sido encontrados? Esa pregunta era el gran misterio en la mente de Terriermon. Más grande que la pregunta a cómo un grupo de digimons poderosos habían acabado convirtiéndose en niños humanos.