¡Feliz Navidad y felices fiestas a todos! ¡Hoy os traigo un pequeño regalito de Navidad.
Dulce Navidad es una historia del pasado, algo ocurrido en el tiempo de los Guardianes. Así pues, los personajes que aparecerán serán los digimons de las leyendas.
¡Que lo paséis bien!
Ancient Troiamon no podía creerse la terriblemente mala suerte que le había golpeado ese día. Él, que había pasado los últimos días trotando de un lado para otro cargando suministros a diferentes rincones del Digimundo junto a algunos de sus compañeros, imaginó que ese día todos y cada uno de los miembros de los Guardianes podrían disfrutar de un día tranquilo. Pero las cosas no fueron así. Y todo por varias razones.
La primera, Seraphimon pidió a Ancient Garurumon su presencia en un juicio, por lo que el lobo blanco tomó sus espadas y se coló por los pasadizos hacia el castillo del ángel para cumplir con su deber.
La segunda, Ancient Irismon tuvo que volar al Pueblo de la Brisa a resolver un pequeño problema, una discusión absurda que entretuvo a la digimon por cuatro eternas horas. El caballo digital de madera no envidiaba en ese momento a la digimon alada.
La tercera, RowPersiamon decidió que no era mala idea salir a hacerle una visita rápida a la dama Ophanimon, aprovechando que Ancient Wisemon le informó de la presencia de BlackGatomon en el castillo del ángel. Que el día de antes ya la había ido a ver no era excusa para no salir ese día también.
La cuarta, MirageGaomon había descubierto algo que el héroe de madera había preferido ignorar, pero que significaba encerrarse en su habitación, sordo y ciego a lo que ocurriese de la puerta para fuera, para seguir trabajando en eso que tenía entre manos.
La quinta, en vista de lo que el mencionado en la razón anterior hacía, Dianamon pilló la puerta y se fue despotricando de lo mucho que le molestaba esa actitud del lobo azul. Lo último que captó el caballo fue un "ahí se conviertan sus sesos en Numemons".
La sexta, Slayerdramon llevaba días pidiendo un permiso para acercarse a donde estaba su hermano Examon. Al parecer, el gigantesco dragón se había torcido un ala y estaba dramatizando de mala manera. Algunos de sus compañeros empezaban a estar cansaditos de soportarlo.
La séptima, Ancient Sphinxmon había desaparecido, literalmente. Por más que lo había buscado, ese enorme gato negro se había desvanecido de la faz del Digimundo, como muchas otras veces había sucedido. Buscarle era una pérdida de tiempo.
La octava, Sakuyamon volvía a estar enfadada con Justimon y se había ido alegando necesitar un respiro. Algo así como encontrar de nuevo su paz interior y, para eso, era vital largarse del Cuartel lo más lejos posible (a ojos del digimon de madera).
La novena, Rosemon se había quedado sin algo para su jardín personal. Tras mirar el reloj, había chillado que no le daba tiempo y había salido más rápida que nadie en dirección al Mercado de Akiba mientras rezaba en voz alta "que no hayan cerrado todavía, por favor". Algo le hacía pensar a Ancient Troiamon que la digimon había encontrado abierta la tienda y se estaba tomando su tiempo para hacer las compras pertinentes.
La décima, Ancient Volcamon fue literalmente expulsado del lugar injustamente. Había pretendido hacer un entrenamiento rápido y, en un triste despiste, se había dejado la puerta levemente abierta, impidiendo así que la casa no sufriese las sacudidas de sus ejercicios. Y, claro está, las mujeres empezaron a gritar furiosas, cada una por un motivo diferente pero todas con el mismo factor común: algo se había roto allá donde estaban.
La undécima, Ancient Wisemon estaba inmerso en su lectura. Sentado en el salón, con una gigantesca enciclopedia abierta ante sus narices, leía y leía sin prestar atención a nadie. Alguien había dicho que se le había ocurrido algo, pero ni recordaba quién lo había dicho ni qué era ese algo que tenía tan concentrado al del metal.
La duodécima, tras varios minutos pensándolo, Justimon decidió dar una vuelta rápida al Digimundo para controlarlo todo antes de la hora de la cena. De rápida no tenía nada, por supuesto, porque llevaba ya tres horas sin dar señales de vida.
La decimotercera, Ancient Mermaimon estaba ocupada en la cocina. Al faltar todas las otras mujeres, ella sola estaba intentando controlar el lío que tenían montado en allí y, aunque hubiese querido, no podía responder a sus llamadas. O, quizás, hacía oídos sordos.
La decimocuarta, Ancient Megatheriumon había salido hacia el Mercado de Akiba en cuanto se enteró que Rosemon había ido para allá, claramente con las manos vacías. Había dicho algo sobre ayudar a la flor a traer los pesados paquetes. Y aun con la ayuda de la bestia del hielo, por alguna razón estaban tardando demasiado.
La decimoquinta, Ancient Beatmon se había acercado a la central eléctrica para una última revisión. Evidentemente, nadie quería quedarse sin luz esa noche, por lo que toda previsión era poca, según el del trueno.
La decimosexta, Anubismon quería ofrecer unos rezos a una entidad superior. Todos se habían quedado alucinados ante aquello, pero nadie pudo decir nada porque el chacal dio media vuelta, salió del Cuartel y desapareció a saber dónde a rezar.
Y por último, Ancient Greymon estaba llevando unos informes a Kerpymon. Era algo habitual, lógico, entendible, que se debía hacer. Tampoco envidiaba la razón del dragón de fuego para no estar allí en ese momento.
Y así pues, el gran caballo digital se vio de pronto solo, en el jardín, con los dos pequeños Crossedmons correteando de un lado para otro con sus alegres y ruidosas risas. Eso no habría sido un problema de no haber sucedido lo que su mente le había chillado a modo de alerta ruidosa y él había ignorado.
En un abrir y cerrar de ojos, se encontró inmovilizado, totalmente anclado al suelo, incapaz de moverse ni un milímetro, con los dos pequeños digimons trepándole por todas partes y cargándolo con decenas y decenas de objetos con brillantina.
—¡Tío Troi! Si sigues moviéndote así, se te caerá todo —protestó de pronto Timy.
—¿Pero qué dices? ¡No puedo moverme! —protestó a su vez, sintiendo el cuello ya agarrotado.
—Sí te mueves. Los adornos tiemblan —señaló Ace.
—¡Soy un digimon, no un árbol!
—Pero es que tío Slay nos prohibió usar un Cherrymon —dijo la elfita.
—¡Hasta yo os lo prohíbo! —exclamó.
—Nadie quiere a Cherrymon, no sé por qué —dijo pensativo el gatito.
—¡Porque es un ruidoso cascarrabias!
—Tú también haces ruido —comentó Timy —. A ver, estate quieto, no te muevas...
—Un poco más a la derecha —indicó Ace —. Un poco más... un poco más...
—¿Pero qué está pasando aquí?
Los ojos de Ancient Troiamon se desviaron a la puerta, donde Ancient Mermaimon observaba, con dos palmos de boca y el delantal de color indefinido. Las súplicas tardaron poco en abandonar los labios del caballo, pero enseguida cesaron al ser sustituidas por la risa de la sirena.
—¡Cielo santo, esto es lo mejor que he podido ver en mucho tiempo! —exclamó —. Esperad, voy a por la cámara de fotos.
—¡MER! ¡NO! ¡POR FAVOR! ¡ESO NO! —chilló desesperado Ancient Troiamon.
—¡Espera, tita Mer! ¡Aún le falta la estrella!
Y si aquello no estaba siendo suficientemente bochornoso, la repentina aparición de absolutamente todo el mundo acabó con la poca dignidad que le quedaba al caballo. Todos decían lo mismo: "qué narices...", "pero qué...", "no me lo creo...". Y tras eso, carcajadas y más carcajadas.
—¡Aquí está la cámara! —volvió Ancient Mermaimon.
—Ahora sí, la estrella está perfecta —sonrió Timy.
—¿Podemos ponernos en la foto nosotros también? —preguntó Ace.
—Tenéis que estar todos —asintió la sirena, empezando a empujar a algunos de los risueños.
—Tío, estás genial —rió Ancient Volcamon.
—¡Vete a...! —empezó a decir el caballo.
—Esa boca, Troi —advirtió Ancient Irismon.
—¿Paseo? —preguntó, sintiendo el terror por un instante.
—Ah, pensaba —asintió —. Salta, Timy, que te atrapo.
—¡Yupi! —chilló la pequeña, pisándole la cabeza al caballo para saltar a los brazos de su madre.
—Venga, venga, que ya tengo esto listo para darle al temporizador.
—¡Yo te paro el tiempo, tita Mer! —agitó la manita Timy.
—Gracias, preciosa —asintió sonriente —. Vamos, vamos...
Con la imposibilidad de poder moverse, Ancient Troiamon vio a todos sus compañeros rodeándolo de forma que él quedaba en el centro, bien visible, para la foto. Las discusiones y los rencores parecían haber desaparecido, pues hasta Sakuyamon reía los comentarios de Justimon como si no hubiese estado de mal humor con él hacía unas horas.
Y es que nada hay que solucione mejor los problemas que tener un caballo de Navidad en la puerta del Cuartel, adornado con todo tipo de guirnaldas y lucecitas de colores que habían enchufado a saber dónde el par de granujas a los que habían obligado a vigilar. La mejor noche de Navidad para todos... Salvo para el que acabó durmiendo en la calle esa noche.
