¡Buen fin de semana a todos! ¿Qué tal vamos llevando enero? Por aquí, sin quejas, la verdad. Hoy os traigo una escenita que podría considerarse buen relleno en la principal.

Conejillo de indias sucede justamente antes del inicio del capítulo 125.

CONTEXTO

Debido a la presencia de torres activadas bajo el mar, el mayor problema que tiene el grupo es cómo acceder a ellas. Y aunque son cuatro los que pueden desactivar dichas estructuras, sólo uno está "por la labor" de ayudar al informático del equipo en la elaboración de aquello que pueda permitirle hundirse en el mar sin problema alguno. Sin embargo, tras el fallo del primer invento y los inconvenientes que ello conllevó, Kouji no está del todo convencido con las ideas de Jeremy. Y es que es su vida la que está en juego allí abajo... Incluso en las más sencillas pruebas.


Jeremy revisó de nuevo los datos en el ordenador. Entendía a la perfección el malestar del chico junto a él, pero, desde su punto de vista, aquella había sido la opción más sencilla y rápida de crear. Pero se equivocó, y algo en la mirada de Kouji le dejaba claro que ni de coña volvía a aceptar una sencillez, por mucho que a todos parecía alegrarles cuando el informático les sorprendía con algo simple, sencillo, fácil de entender.

—Vale, creo ver dónde falla el programa —dijo señalando unos datos —. Causa interferencia en el proceso de digievolución.

—He podido digievolucionar —le dijo el de pañoleta.

—Oh, cierto... Entonces... Ah, es que aun siendo iguales, vuestros dispositivos son diferentes —protestó quitándose las gafas y pinzándose la nariz —. Esto me deja claro que debería analizar primero tu dispositivo para...

—Ni hablar —interrumpió con aún más seriedad Kouji —. Lo que sea que hagas, ajeno a mi dispositivo. Quiero seguir conservando mis espíritus tal y como son. Que, aunque en estos momentos no me importaría ser Chiaki, me encanta ser un lobo.

—Pero tener que cargar con algo físico en vez de tenerlo en el dispositivo... ¿Y si estás en...?

—Jeremy, estamos centrándonos en el mar. Para cuando acabemos aquí, regresaremos a tierra y punto. No necesitaré una bombona de oxígeno para nada.

—Pero...

—Que no, que paso de llevar algo que no sean mis espíritus aquí dentro —dijo alzando el D-Tector —. Pura chiripa que la moto no haya hecho nada raro, pero esto último...

—Está bien, no tocaré tu dispositivo —aceptó, a regañadientes.

Se dio la vuelta en la silla, cerró el programa donde estaban los datos de su fallida burbuja de aire y lo eliminó. Para que el otro estuviese más tranquilo, incluso vació la papelera de reciclaje, recibiendo una afirmación seca con la cabeza.

—Vale, ¿qué hacemos entonces?

—Teniendo en cuenta que sólo los humanos atravesamos esa pared, lo suyo es un traje o algo así que permita moverte y respirar bajo el agua.

—Un traje de buzo —murmuró abriendo una nueva ventana y empezando a teclear como un loco.

Kouji debía admitir que la velocidad de trabajo de Jeremy era bastante aliviante, aunque no lo que veía en la pantalla. Tras dos minutos haciendo retoques aquí y allá, Jeremy se apartó mostrando el proyecto.

—A ver, Einstein, para el Skid te inspiraste en la mitología nórdica, aunque yo no he visto nada nórdico en esa nave —dijo mirando de reojo el enorme vehículo marino —. ¿En qué te has basado esta vez?

—Es evidente, la primera escafandra que...

—Dime por favor que sólo es la imagen lo que tiene de viejo —señaló —. Sé perfectamente que, con eso, podías caminar por el fondo marino. Pero caminar a ritmo de caracol.

—Bueno, si quieres ir con un traje de buceo de esos de neopreno, de los de bajar a ver pececitos allí en la Tierra, eres bienvenido.

—Jeremy, te estoy pidiendo algo que proteja pero que sea cómodo —rodó los ojos.

—Esto protege. Y aunque parezca pesado, allí abajo ni lo notarías.

—No sé por qué Aelita no está aquí —murmuró alzando ambas manos —. Primera prueba, anda.

Contento, Jeremy empezó a preparar todo para la "impresión" del proyecto. Que ese mundo estuviese hecho de datos resultaba una maravilla para sus creaciones. Era una lástima que tuviesen que gastar todo el tiempo en detener a Xana-Lucemon, porque muchos de los proyectos tecnológicos que había iniciado en la Tierra podían haberse completado con el conocimiento añadido del Digimundo y la facilidad de crear a partir de datos.

—Vale, póntelo —ofreció el rubio.

—Me estoy empezando a arrepentir... —dijo Kouji.

El de la luz había sido previsor, quedándose con el bañador y una camiseta nada más. Con mucha dificultad por la rigidez y el peso de aquel armatoste, se enfundó el traje e intentó caminar, siendo incapaz de mover nada.

—¿Qué pasa?

—¿Te has olvidado de añadir los datos de "las articulaciones se mueven tal que así"? —preguntó.

—Quizás es porque fuera del agua es muy pesado —murmuró dando vueltas alrededor del chico.

—Se me está cansando el cuerpo. ¿Me ayudas a quitármelo?

—Ponte el casco a ver —ofreció el informático.

—Ni en broma —se negó Kouji.

—Pero...

—¿Quieres que me disloque algo más o me rompa el cuello por el peso de ese trasto?

Tocado y hundido, Jeremy acabó ayudando a Kouji a quitarse el monstruo que había creado. Dejándolo descartado en un rincón, volvió al ordenador mientras el chico hacía toda una serie de ejercicios destinados a aliviar la pesadez que había acabado sufriendo.

—Vale, a ver esto... —dijo, quince minutos más tarde, el rubio.

—Se parece al anterior.

—Esta vez he usado los datos del material de los chalecos antibalas —explicó —. Es mucho más ligero.

Algo más seguro, Kouji aceptó las prendas. Resultaban pesadas, pero no tanto como las primeras. A demás, podía mover las articulaciones sin problema alguno. Cuando Jeremy le ayudó con el casco, empezaron los problemas.

—¿Dónde está la válvula de escape?

—¿Qué? ¿De qué hablas, Kouji?

—De que esto se está empañando —dijo dando golpes al casco.

—¿Me la he olvidado? —preguntó corriendo al ordenador.

—¡Pero conecta el oxígeno o abre el cierre para que me quite esto! ¡Voy a asfixiarme!

—El sistema funciona filtrando el agua y extrayendo el oxígeno de él. Para recibir oxígeno, has de tirarte al agua —dijo sin mirar.

Tres golpes y media maldición siguieron a sus palabras antes de que el sonido de algo cayendo al agua hizo que Jeremy alzase al fin la cabeza. Lo primero que vio fue que Kouji no estaba allí.

—Ay, cielos... —murmuró acercándose a la zona del Skid y asomándose —. ¿Kouji? —llamó. No le fue difícil dar con él: flotaba bocabajo, inmóvil —. ¡Maldición! ¡Kouji! —chilló saltando al agua e intentando alcanzarle —. Kouji, responde...

—Sí, me entra oxígeno —dijo, con una calma que erizaba los pelos del rubio —. ¡PERO AHORA NO SOY CAPAZ DE HUNDIRME!

—¿Se ha desempañado el visor? —preguntó casi sin voz.

—No. Quítame esto.

Sin dudarlo ni un segundo, empezó a soltar el cierre que unía casco al traje. Nada más liberarlo, las manos de Kouji aparecieron como garras para separar aquella parte.

—Lo siento —susurró Jeremy —. Puede que los datos actúen de forma diferente en este mundo...

—Esto es ridículo —murmuró Kouji, nadando con dificultad hacia una escalerilla en la pared.

—Vale, antes de ponerte el traje, tiraremos una pieza del material al agua para ver su reacción.

—Sí, por favor. Lo último que necesito es ver que salen burbujitas porque, en vez de reforzar, lo que sea que pongas actúa como un efervescente.

De nuevo sobre suelo firme, Kouji se deshizo del traje, tirándolo con el intento anterior, y se sentó de nuevo en la silla, cruzado de brazos. Jeremy tardó nada en eliminar de nuevo el proyecto, abriendo un programa nuevo para trabajar desde cero.

—¿Y si te hago un traje de combate como el que llevan los otros?

—¿Qué te he dicho sobre meter cosas en mi D-Tector?

—Puedo hacerlo para que te lo pongas en tierra —dijo rápidamente, empezando a teclear —. A demás, le puedo ponerle extras de...

—Para nadar, bucear, no ahogarme, meterme en una torre y poder salir de nuevo al fondo del agua sin ahogarme ni sufrir nada.

—Eh, sí, vale...

Media hora más tarde, Kouji se quedó mirando lo que parecía una mezcla entre los trajes de Ulrich, William y Odd, con toques de Lobomon. Jeremy resopló agotado cuando la última pieza apareció.

—Vale, creo que ya está todo.

—¿Estamos haciendo un traje o jugando a los legos? —preguntó alzando una de las piezas pequeñas.

—Claramente, no puedo ponerte las piezas de refuerzo así como así en el vestido porque, aunque sé cómo se comportan los trajes de los otros, no tengo ni idea de cómo lo harán bajo el agua.

—Ah, genial —suspiró —. Así que...

—Te pones el traje, entras en el agua y vas moviéndote. Iremos viendo qué puntos hay que reforzar y pondremos las piezas —dijo alzando otra de las piezas pequeñas.

—Bueno...

Algo más convencido, Kouji se enfundó aquella pieza, más parecida a los trajes de neopreno que todo lo que había estado sacando el informático. Flexionó brazos y piernas, comprobando que podía moverse, y caminó hasta el agua, decidiendo que era mejor bajar por las escalerillas a saltar.

—¿Qué tal vas?

—Nunca he hecho submarinismo —respondió manteniéndose a flote —. No tengo ni idea de cómo se comportará la presión conforme vaya bajando más y más.

—Vale, déjame que abra la compuerta de entrenamiento.

—¿La qué de qué? —preguntó Kouji.

—Ponte el casco —dijo lanzándole la escafandra —. La puedes anclar tú mismo, sin problema. Filtra el agua y toma el oxígeno, como las branquias de los peces.

—Jeremy, ¿qué demonios dices que vas a abrir? —preguntó, cogido a la escalera con las piernas para poder ponerse el casco.

Justo le vino para echar el cierre cuando un extraño sonido seguido de un burbujeo a sus pies le hizo bajar la vista para ver aparecer un remolino que, aun sujetándose a la escalerilla, le arrastró hacia unas profundidades que no sabía que podían darse en la mismísima playa.

Lo que al chico le pareció una eternidad más tarde, una brillante cadena apareció ante sus ojos. Sin dudarlo ni un segundo, la tomó y se dejó estirar hacia arriba, a un ritmo lento pero sin pausa.

—¿Estás bien, papá? —preguntó CrossTimemon, ayudándolo a acabar de subir antes de dedigievolucionar —. ¿Quieres que avise a mami?

—No, no hace falta. El oxígeno me ha llegado bien...

—¡Perfecto! El proyecto...

—Es un desastre —dijo —. Siento que se me oprime todo ahí abajo, no veo nada y no tengo ni idea de cómo me voy a mover en... ¿Cuándo has hecho ese agujero? —preguntó señalando hacia el agua.

—El día que materialicé el Skid, me aseguré de contar con profundidad suficiente para que, en caso de que tuviésemos serios problemas, pudiesen hundirse antes incluso...

—¿Por qué no le pones luces al traje de papi? —preguntó Timy, sentada en el suelo junto al de la luz, que peleaba con el cierre del casco.

—Ya de paso, conviérteme en una discoteca —dijo el chico —. No veo porque el casco tampoco es que ayude mucho. El efecto lupa es...

—¿Y si le pones una pecera? Es sólo para el momento de estar entre el Skid y la torre, y se puede quedar fuera con oxígeno esperando para que él pueda salir... O una burbuja de esas tan raras de desco... des...

—Descompresión —dijo Jeremy.

—La verdad, eso no irá nada mal —señaló Kouji —. Es lo que usan los submarinistas esos que van a tantísima profundidad por tanto tiempo, ¿no? Para no tener problemas en el cuerpo.

—Sí... Podríamos probar.

Cinco minutos más tarde, sin Timy, Jeremy le entregó una especie de pecera a Kouji para que la valorase antes de meterse en el agua.

—¿Lo has tenido que tomar literalmente? —preguntó alzando una ceja —. En serio, Einstein, ¿se te están muriendo las neuronas o qué?

—¡Pues sí! ¡Ya no se me ocurre nada! Venga, métete en el agua y dime cómo es la visibilidad con eso y...

—¡No voy a poder moverme bien empujando una pecera y asegurándome que no se escapa ni una burbujita de aire! —protestó Kouji, caminando hasta el montón de descarte y tirando ahí la pecera.

—¡Si no aceptas nada, no podremos avanzar!

—¡Si lo que me das no me permite moverme, ni queriendo avanzaremos!

—Vale, está bien. Voy a ver si esto funciona.

Quince minutos más tarde, Kouji se encontró con una réplica del primer traje, con un material diferente, con la posibilidad de moverse un poco más y con la seguridad de que el cristal del casco no se empañaría. Con esfuerzo e intentando mantener la calma, se puso aquello, aseguró el casco y caminó a la escalerilla. El tamaño del zapato le hizo imposible poner el pie en el primer escalón, por lo que no le quedó más remedio que tirarse totalmente recto. En la superficie, Jeremy ya tenía una cuerda en las manos.