¡Buenas a todos! ¿Qué tal os va? Como cada vez que se puede, allá va otra historieta con la que entretener la espera de más capítulos. Esta vez, os traigo el primero de una serie de cuatro capitulitos que iré subiendo a lo largo de la semana.

Convenciendo a Aelita sucede al final del capítulo 133 de Code Frontier. Como siempre, recordad haber leído dicho capítulo para entender por qué suceden las cosas.

CONTEXTO

Tras la discusión de Kouji y Emily con Koichi y Aelita, los demás no pueden permitir que exista tensión entre los dos bandos que se han creado, todo por el bien de las misiones bajo el mar. De uno en uno, intentarán convencerles para ceder en sus respectivos malestares y, al mismo tiempo, tender puentes hacia la comprensión entre ellos... O, al menos, ésa es la intención inicial.

El primer objetivo, Aelita. ¿Qué le dirán para que la pelirrosa acceda a bajar al fondo del mar a cumplir con la misión de desactivar torres? ¿La convencerán?


Renamon negó con la cabeza y salió del dormitorio de Yumi dispuesta a alejarse de lo que pudiese provocar la idea de su compañera humana. Poco después fue la chica la que se presentó en el salón, donde algunos se entretenían a la espera de una misión. Sonrió al comprobar que ni Aelita, ni Emily ni los gemelos estaban presentes.

—Vale, chicos, hora de decidir.

—¿El qué? —preguntó Takuya.

—Evidentemente, de parte de quién estáis —respondió. Ante la mirada aún interrogativa del guerrero del fuego, remugó y se cubrió los ojos con una mano —. Del punto de vista de Kouji y Emily o del de Aelita y Koichi.

—¡Ah! Haber empezado por ahí —apuntó Odd.

—Más densos no podéis ser —negó Sissi.

—Ahora me dirás que tú sí sabías de qué iba la cosa.

—Pues sí —asintió —. Es el único problema con división que tenemos actualmente.

—Pues...

—¿En serio es necesario hacer esto? —preguntó JP —. Posicionándonos, dividiremos el grupo y será peor...

—No estoy diciendo que iniciemos una discusión, sino que tenemos que decidir la mejor forma de que esos cuatro no discutan entre ellos —explicó la chica.

—Pero ya hemos dicho que independientemente de que peleen o no, Kouji no nos dejará tirados... Y estoy completamente seguro que arrastrará a Em a seguir con la faena que los otros dos no hagan.

—Ya, Takuya, pero lo harán a disgusto y ya es bastante fastidioso que solo ellos cuatro puedan toquetear las torres —suspiró Leire.

—Muy bien, ¿y qué vamos a hacer? —preguntó Teppei.

—Tenemos que encontrar la forma de acercar ambas posturas para así minimizar el malestar —dijo Yumi.

—¿Y cómo lo haremos? —preguntó Gaomon.

—A mí se me ocurren un par de ideas con las que tantear a Aelita —alzó la mano Sissi.

—Muy bien, cuéntanos —pidió Odd.

—No, mejor voy a actuar.

Sin decir nada más, la morena se levantó de su sitio y empezó a caminar en busca de la pelirrosa. Tardó poco en dar con ella, sentada en una toalla a orillas del mar y con la vista en el horizonte. Tras comprobar que no miraba hacia nada en concreto, Sissi se sentó junto a ella.

—Bonito día de verano, ¿no crees?

—Ojalá también fuese pacífico.

—Oye, se me ha ocurrido una idea —dijo. La pelirrosa siguió con la vista al frente —. Sé que sonará raro viniendo de mí, pero creo que hay que hacer algo con Yumi y Ulrich. No soporto un día más sin que esos dos admitan la verdad.

Aelita volteó lentamente la cabeza hacia la otra chica, los ojos abiertos como platos. Boqueó un par de veces antes de carraspear y atreverse a responder.

—Pues sí, cosa rara viniendo de ti.

—Ya —asintió rodando los ojos —. Bueno, eso, que hay que hacer algo.

—¿Y qué se te ha ocurrido?

—Verás, creo que deberíamos darles una tarde libre para ellos dos solos. Sin Renamon ni Kitsumon —apuntó.

—¿Crees que Xana-Lucemon nos dejaría una tarde libre? Cuando no bajamos nosotros y provocamos, nos ataca porque se debe estar aburriendo.

—Hoy no parece estar aburriéndose —dijo mirando al horizonte.

—Supongo que no tardarán en aparecer... Hay programada una inmersión...

—¿Y si no pasa nada? —preguntó —. No es la primera vez que bajamos al fondo del mar y el único problema existente es Neptunemon. Y en realidad, a quienes nos quedamos aquí no nos afecta en absoluto.

—Pero ¿y si vienen?

—Pues tendremos que enfrentarles, como siempre —dijo —. Pero bueno, a lo que iba —dijo agitando una mano —. Que hay que conseguir sacar a esos dos del Skid para que puedan pasar una tarde ellos dos solos.

—Podemos intentar hacer algo cualquier día que Jeremy esté ocupado con actualizaciones y otras cosas que impidan hacer inmersión...

—Entonces estamos todos en tierra y no se quedan solos —negó Sissi —. Escucha, tú eres una piloto experimentada, igual que ellos.

—También podría ponerse Odd...

—¡Ni hablar! ¡La vida de todos los demás estaría en sus manos! —exclamó rápidamente —. No, no, ni Odd ni su sombra.

—Qué poca fe tienes... ¿Y qué tal Will?

—He oído que se le da bastante bien moverse con el NavSkid —dijo.

—¿Koichi?

—¿En serio crees que se va a meter en la lata de sardinas? —cuestionó —. Oh, vamos, Aelita...

—¿Kouji?

—Él desactiva torres —suspiró.

—Puede subirse Jeremy —dijo volviendo la vista al frente —. Incluso podría hacerlo con el control a distancia —añadió —. La verdad, no sé cómo a Yumi y a Ulrich no se les ha ocurrido decir que se toman un descanso de las inmersiones cediendo el puesto al control remoto de Jeremy.

Fue el turno de Sissi de mirar con sorpresa a la otra chica. Por más que lo intentaba, no lograba entender la obcecación de la pelirrosa. Haciendo un conteo mental, intentó serenarse mientras veía cómo Aelita volvía a perderse en el horizonte.

—Creo que no estaría mal que bajases tú. Solo así estoy segura que los otros estarían tranquilos.

—¿Yo? Tengo cosas más importantes que hacer en tierra, Sissi.

—Escucha, tú eres la más experimentada de todos —repitió —. Aunque Jeremy es muy bueno con los programas, teledirigir es algo... Que da un poco de miedito, más aún cuando dices que quien maneja los mandos es Jeremy.

—No es tan malo.

—Sí, bueno, deja de defender a tu novio. En la teoría puede ser un genio, pero en la práctica puedo darte ejemplo con la frustración de Kouji —dejó ir, logrando sacar algo de color a las mejillas de la pelirrosa —. Créeme, aunque Jeremy es muy bueno, todos se quedarán más tranquilos si estás tú en los mandos que si va alguien sin demasiada experiencia o simplemente para supervisar que Jeremy les lleva en línea recta.

—Me lo pensaré —dijo.

Sissi suspiró y se levantó. Sabía de sobras que la chica había dicho aquello para dar por finalizada la conversación y que, en realidad, ni tan siquiera recordaba ya qué debía pensar porque no tenía intención alguna de siquiera valorarlo. Con pesadez, arrastró los pies por la arena hasta la entrada del cuartel, donde prácticamente todos esperaban.

—Nada, que es una cabezahueca que no quiere cooperar.

—¿Qué le has pedido? —preguntó Kitsumon.

—Oh, bueno, jugar a las celestinas un ratito. Pero me da que no está muy por la labor —respondió desviando la mirada a todos lados.

—No sé por qué me huele a que si se enteran las víctimas, aquí habrá guerra —susurró Tailmon.