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Replica

por Onmyuji


II.


«As you can see when you look at me, I'm pieces of what I used to be». —Replica, Sonata Arctica.


Felix no encontraba su lugar en aquel castillo lleno de nostalgia. La última vez que lo pisó, fue durante la Academia de Oficiales, cuando se les asignó detener una pequeña facción de hombres leales al hermano mayor de Sylvain.

También conservaba recuerdos aún más viejos, del tipo que le traían una sensación ausente y amarga. Esos días de su tierna infancia en que jugaban a las escondidillas en los amplios jardines del castillo Gautier: donde él siempre era el primero en ser encontrado y Sylvain el último. O aquellas tardes en que gustaba de molestar a su hermano en pleno proceso de cortejo a Ingrid.

Sylvain siempre se burlaba de él, diciendo que estaba celoso porque perdería a Glenn una vez que contrajera nupcias. Dimitri siempre lo defendía diciendo que solo era una etapa.

Frunció el ceño ante el recuerdo. Odiaba colgarse de sus memorias.

Él era diferente.

Después del breve intercambio de palabras con el Marqués de Gautier en el pueblo; Sylvain le invitó al Castillo con la promesa de alcanzarlo más tarde. Bajo el argumento de interceptar al comandante de la armada de Sreng para detener las hostilidades, aseguró que a su regreso, hablarían en forma para ponerse al corriente con sus vidas, aunque a Felix le parecía una charada estúpida.

Todo esto venía de la mano de un intrincado y fino proceso de negociación para la paz que se cocía desde hace años con la gente de Sreng. Y él, tan bien como el regente de estas tierras que lo hospedaban, lo sabía.

Así que, considerando que necesitaba un lugar para dormir y curar sus heridas, aceptó sin poner mayores peros.

Tres días le tomó a Sylvain volver al castillo. Tuvo la impresión de que el pelirrojo, en cuanto ingresó al comedor principal para darle alcance, había envejecido algunos veinte años luego de su viaje de negociación. Si no fuera porque el humor de Felix se había acidificado con el paso de los años, tal vez se habría burlado de él.

—Perdona haberte hecho esperar tanto tiempo, Fe. —Se disculpó el Marqués mientras sus pasos lo dirigían hacia su lugar asignado en el gran comedor.

—No me sorprende. ¿Tuviste éxito hablando con el comandante?

—Err... sí, algo. —Sylvain ocupó su sitio en la mesa antes de dejarse caer en su silla, consternado—. Hubert no me facilita recursos suficientes para atender este tipo de cosas, ¿sabes? Humillaron al hijo de Su Alteza. Un par de hombres de Fódlan...

—¿Y se supone que ese es tu problema?

—... que encajan perfectamente con las descripciones físicas de Caspar y Lindhart.

—Oh. Supe que Hubert los está buscando desde hace años.

—Sí. Y los matará. Si es que los encuentra, claro.

—Así que... ¿todo bien por ahora con Sreng?

—Sí. No. No sé. ¿Supongo? Me temo que aún tengo que solicitar una audiencia con Su Alteza para negociar mejores condiciones para la paz. Y será terrible después del incidente de hace unos días. ¿Sabes cuántos hombres asesinaste con tu favorcito?

—¿Eso debería de importarme?

Sylvain ignoró la pregunta—. Cuarenta y cinco hombres de las fuerzas élite de Sreng. Cuarenta y cinco. Y no entiendo cómo es que sigues vivo.

—Es lo que se han ganado por meterse en mi camino.

—¿Tu camino? Son mis tierras y podría arrestarte por eso.

—No te atreverás.

—¿Quieres apostar?

Felix siseó molesto mientras giraba su cabeza hacia cualquier otro lado para no tener que ver el rostro de su viejo amigo. Verlo haciendo sus muecas de satisfacción solo lo pondrían de un peor humor.

—¿Tal vez sea hora de ofrecerles alguna ruta comercial más atractiva y segura? Me espera mucho papeleo seguramente.

Se quedaron en silencio mientras Sylvain comía un plato de fruta con toda la calma que le fue posible, como si estuviese buscando la mejor forma de retomar la plática sin que su amigo se sintiera amenazado.

Por fin se le enfrió la cabeza lo suficiente para conceder que debía conservar la compostura y así, con los brazos extendidos con afable gusto, le sonrió.

—¡Supongo que haré una excepción esta ocasión por tratarse de Su Gracia! —Felix volteó a verlo en un instante a punto de abrir la boca y respingar, cuando Sylvain se adelantó—. ¡Es broma, Fe! Bienvenido de nuevo a Gautier. ¡Espero que te sientas como en casa! Y que lo encuentres tan acogedor como cuando éramos niños y venías junto a Glenn, Ingrid y Su Majest-... Dimitri, a visitarme en verano. ¿Cuánto tiempo ha pasado ya desde la última vez que nos vimos? ¿Diez, quince años? ¡Toda una vida, si me lo preguntas! ¿Qué ha sido de ti todo este tiempo?

—No te casaste. —Anunció Felix de repente. No era una pregunta.

—¿Huh? ¡Ja, ja, Fe! ¿Qué te hace pensar eso?

—A estas alturas, me imaginé que ya tendrías al menos un heredero. Mercedes y tú sonaban entusiasmados con la idea. Bebés sin la cresta de Gautier o de Lamine. —Sylvain sintió el pinchazo de dolor de alborotar viejas heridas en su corazón. Aquella mención era algo que no estaba preparado para recibir de su viejo amigo.

—La guerra dejó mucho vacío en todos. O en casi todos. No pude hacerle eso a Mercedes: ella fue afortunada, la guerra le trajo a su hermano de vuelta. No tuve el valor de ir tras ella para que me perdiera sin remedio entre Sreng y Gautier. ¡Gautier y Fraldarius! —agregó de inmediato—, ¿Sabes la cantidad de obligaciones que tengo que llevar únicamente de tus tierras? Demasiado tiempo y trabajo. Es un horror. Ella dijo que me esperaría, pero supongo que siempre fue demasiado tarde para nosotros de todas formas. Aún intercambiamos correspondencia ocasional, si eso te interesa.

—Como sea.

—Entonces... dime por favor que tu desastre en el pueblo viene en nombre de Su Gracia, el Duque, y al fin te harás cargo de los asuntos de Fraldarius. Hace años que no tomo un solo descanso. Gracias a ti.

—Lo siento, Sylvain, pero no voy a regresar a las tierras de mi padre. La vida de noble no va conmigo.

—¿Huh? ¿Así que se lo dejas todo a tu confiable amigo Sylvain?

—Tú no eres confiable, en lo absoluto.

—Ouch, eso me ofende. Pero la verdad es que no me importa demasiado, porque de verdad necesito un respiro de tus obligaciones. ¿Qué hay de Annette? —Notó al instante que Felix se tensaba ante la mención y el Marqués se congratuló de haber conseguido una reacción de parte de su viejo amigo—. Ella es inteligente, dedicada y muy capaz. Podría hacerse cargo de todo de manera excelsa. Si tú se lo permites, claro.

Felix lo miró como si le hubiese crecido una segunda cabeza. Por fin brotaba alguna emoción en el rostro ausente y apagado del azabache, lo cual asumió que era positivo después de la frialdad y dureza con que se dirigía.

Felix siempre había sido necio y firme en sus posturas. Pero no dejaba de picarlo la idea de que algo en él era diferente desde la última vez que lo vio.

—No pienso seguirte escuchando. Estaré en el patio de entrenamiento si necesitas algo. —Anunció Felix zanjando el tema por completo, poniéndose de pie y alejándose de la mesa.

Solo entonces, Sylvain notó que Felix cojeaba de la pierna derecha.

—Al menos dime que te quedarás una temporada. No fuiste el único que perdió algo en la guerra, Felix. No estás solo. Nos tienes a Annette, a mí. No es tarde para recobrar el tiempo perdido, Fe. Por favor, considéralo.

Felix se detuvo junto al marco de la enorme puerta de roble que conectaba a la salida del comedor.

—Ingrid y Dimitri no hubieran deseado que esto fuera así para nosotros, Fe.

Y entonces algo cambió.

Porque en ese momento Felix dio la media vuelta y miró a Sylvain, sentado a la cabeza de la mesa del gran comedor. Había furia emergiendo de las profundidades de su cruel mirada, lo cual le impulsó a avanzar con el paso más veloz (pero también más torpe, quizá producto de cojera) que le fue posible. Sylvain se levantó al tenerlo cerca, esperando que la cabeza extra de altura lo amedrentara un poco.

Entonces Felix lo tomó del cuello de sus atavíos y lo acercó a él, siseando amenazante.

—No vuelvas a mencionar esos nombres ante mí. Que no se te olvide que mis manos estarán por siempre manchadas de la sangre de Ingrid y el maldito jabalí. Murieron bajo el filo de mi espada porque así lo quisieron. Dejé de ser el Escudo de Faerghus para convertirme en la Espada de Adrestia y no me arrepiento de serlo. Eso no cambiará nunca. Y si insistes en hablar de esto, puedes acabar junto a ellos si así lo prefieres.

Fue hasta que la amenaza salió de su boca que soltó a Sylvain, sin darse el tiempo de esperar contestación de su parte, y se retiró con el paso más fiero y digno que le fue posible.

Felix odiaba el mote que de buena gana le habían colocado Caspar y Lindhart durante la guerra. Ahora el aludido lo presentaba con orgullo. ¿Qué había pasado con su amigo?

Hacía poco más de quince años que la guerra terminó. Era evidente que muchas cosas cambiarían en todo ese tiempo, mientras cargaban a cuestas el peso de sus decisiones, sacrificios, traumas y fantasmas del pasado; pero Felix nunca le pareció del tipo qué hacía cambios radicales en su vida, mucho menos que se colgaba de las memorias de otras épocas.

Este no era su amigo al que conocía de toda una vida. Era como si se tratara de un cascarón de quién fue alguna vez. Como si el Felix de siempre hubiese desaparecido en medio de la guerra para no volver.

Con lo inestable, evasivo y adusto que lo percibía, Sylvain tenía serias dudas de que la estancia de Felix fuera a prolongarse mucho tiempo.

Ahora tenía el necio afán de querer retenerlo unos cuantos días más. Al menos los suficientes para descubrir qué había pasado con su amigo y de paso, convencerlo de asumir su lugar como Duque de Fraldarius.

La idea que pobló su mente a modo de solución a esta inquietud llegó como un rayo. El Marqués supo que era la única alternativa que le ganaría más tiempo; el mínimo necesario para que Felix no se marchara tan intempestivo como llegó.

Así, con esta resolución llenándole el cuerpo y con el apetito arruinado; Sylvain interrumpió sus alimentos para dirigirse a su despacho sin intercambiar palabra con nadie. Tenía una carta urgente por escribir.


TBC.


PS. ¿Qué? ¿Pensaron que me había olvidado de actualizar? No, no. He andado vuelta loca los últimos meses, por fin un poco de calma y tranquilidad en mi vida para poder hacer una de las cosas que más me gustan, que es escribir y actualizar mis fanfics. Este capítulo ya lo tenía, pero no me había dado el tiempo de actualizarlo, así que aquí está.

Espero que les esté gustando, es algo muy distinto a muchas de las cosas que podría atreverme a escribir, pero no me arrepiento de cómo me está quedando :3

Sus comentarios me motivan y me ayudan a mejorar. ¡Espero que nos leamos muy pronto y no dejen de cuidarse!

Onmi.