¡Hola, hola! Aquí vengo de nuevo para subir la segunda de las cuatro partes de esta escena aparte de Code Frontier.

Convenciendo a Emily, al igual que el anterior, sucede tras el capítulo 133. Para entender el por qué de esta escena, deberíais haber leído antes ese capítulo.

CONTEXTO

Dos mentalidades bien marcadas en el grupo de cuatro desactivadores. Por un lado, Kouji y Emily, quienes ya han probado el esfuerzo bajo el mar. Por el otro, Aelita y Koichi.

Es el turno de intentar convencer a Emily para acercar posturas. ¿Habrá alguna oportunidad de relajar la tensión de la gata? ¿Llegarán a un acuerdo con ella?


Tras el intento fallido de Sissi de convencer a Aelita para unirse a una inmersión, el grupo entero decidió dar tiempo antes de volver a intentarlo con la pelirrosa.

—Sería demasiado descarado si le digo a Aelita de ayudarme a fastidiar a alguno de mis primos, ¿verdad? —preguntó Yumi.

—Muy cierto —respondió rápidamente Sissi. La Geisha la miró algo extrañada, pero lo pasó por alto al instante.

—Vale, vamos a por Em —dijo Ulrich —. Cuando no baja al mar, arma más jaleo que Timy con cacerolas.

—Ciertamente, una comparación acertada —suspiró Zoe —. Recordad todos no pedirle jamás a Timy que llame al grupo entero.

—Sí, sí.

—¿Y qué hacemos con Em? —preguntó Labramon —. Ella sí baja al mar, así que no veo por qué hay que convencerla.

—A ella, al igual que a Kouji, hay que convencerla de que no abandone la misión —explicó Jeremy —. Que ni se altere cuando los otros dos no aparecen ni acabe dejándole toda la carga a Kouji.

—Bien, iré a probarlo yo —se levantó Katsuharu —. Total, por intentarlo...

Apoyado por todos, salió del cuartel y empezó a buscar, no dando con la chica por ningún rincón. A quien sí vio fue a Aelita, aún en su posición contemplativa. Katsuharu dudó entre acercarse a preguntar o dejarla estar, temeroso que la pelirrosa se diese cuenta de lo que todos estaban tramando a sus espaldas.

—¡Hey! ¿Dónde están todos?

—Oh, Yla, me has asustado —dijo volteándose para ver a la clon —. ¿Cómo te encuentras?

—Mejor —asintió —. Pero dime, ¿y todo el mundo?

—Reunido intentando encontrar una forma de que el cuarteto de las torres coopere al completo —susurró.

—Oh... ¿Y por qué no estás tú?

—Estoy buscando a Em para probar suerte.

—¿Emily? Ella sí baja.

—Para que no sea tan agresiva cuando se queda en tierra —suspiró.

—Pues está en la cocina tomando helado —señaló —. Corre antes que se te escape.

—¡Gracias!

Sin perder el tiempo, echó a correr hacia el edificio anexo, colándose en la cocina para toparse con los Toucanmons ocupados cocinando mientras hablaban con Emily.

—¡Hola!

—¡Hey! ¿Quieres? —preguntó la chica ofreciendo helado.

—Bueno... No iría mal —aceptó. Un Toucanmon tardó nada y menos en dejarle un helado en la mesa —. ¿Qué haces por aquí?

—Me han dado ganas de comer y como todo el mundo parece que está echándose la siesta, he querido aprovechar para pedir helado y comerlo sin los pesados incordiando —respondió.

—Ah, ya...

—¿Pasa algo?

—No, nada, simplemente...

—¿Qué?

—Oye, ¿no crees que Kouji y tú os tomáis demasiado a pecho el escaqueo de los otros dos?

Al instante, Katsuharu se mordió la lengua. Emily lo miró sin expresión alguna en el rostro casi un minuto entero, sin decir nada ni hacer nada más.

—Posiblemente exageramos, sí —respondió volviendo a su helado —. Pero tienes que admitir que es para cabrearse. Imagina por un momento que a demás de ti, hay alguien más que posee poder sobre el elemento tierra. Imagina también que todos nuestros digimons son tan infantiles como Timy e Ignitemon juntos.

—¿Sabes que eso es peligroso e insano?

—Por eso quiero que lo imagines —dijo —. Ahora imagina que, como estamos en la playa, te pidiesen cada día que les hagas esculturas de arena, sin descanso alguno. Una cada día. Acabarías cansado, ¿no?

—Bueno, sí... Pero a mí me gusta hacer esculturas de arena aunque no te lo creas.

—Imagina que no te gusta tanto, anda —pidió —. Incluso gustándote, en algún momento deberías acabar cansado de todos los días venga lo mismo una y otra y otra vez. Y que, a demás, existiendo otra persona que podría hacerlos, solo te lo piden a ti.

—Será porque a la otra persona se le da mal y ellos lo saben —dijo Katsuharu —. Em, sinceramente, el ejemplo es bueno, pero no puede compararse con desactivar torres.

—¡Sí puede!

—Dímelo si me pidieses a mí, por ejemplo, que entrase en tu lugar. Yo no tengo acceso al "ordenador" de las torres, así que sería un completo inútil.

—Imagina que sí sabes —rodó los ojos la chica.

—Sí, vale, es sencillo. Pones la mano, tecleas el código y adiós, XANA, esta torre es mía —gesticuló —. Pero hacer castillitos y otras figuras no es así. O tienes mano, estilo, arte y paciencia o te sale un montículo uniforme que tú dices es un unicornio y lo que todos ven es un churro encima de una montaña pelada.

Emily empezó a remugar, aunque a oídos de Katsuharu, lo que parecía eran maullidos de fastidio. Varios segundos después, la chica apartó su plato de helado ya vacío y se puso en pie.

—Muy bien, otro ejemplo. Todos sabemos nadar pero claramente Chiaki nos vence a todos pero olímpicamente —dijo —. Ella decide proponernos un pilla-pilla acuático, aprovechando su superioridad.

—No creo que Chiaki haga nunca algo así.

—Tú escúchame, anda —negó —. Todos estamos en igualdad de condiciones ahora. Tanto Kouji como yo somos en estos momentos los "más aventajados" porque hemos competido más veces contra ella nadando allí abajo, ¿vale? Pero aun así, ni de coña le alcanzamos. Seguimos al mismo nivel que vosotros aunque no os lo creáis.

—Bueno, quien entrena...

—Acaba con agujetas —finalizó antes Emily —. Dime, ¿qué problema hay por que intentemos que el gato miedica de Koichi intente pescar a Chiaki? ¡Encima mataríamos dos pájaros de un tiro!

—¿En serio me lo estás planteando así? —preguntó entre risas —. ¿Y qué hay de Aelita?

—Kouji y yo podríamos empezar a llamar a Chiaki "Princesa", en plan "lo sentimos, Aelita, pero tras tu pésima actuación, hemos cambiado de princesa".

—Kouji ya tiene su propia princesa, no creo que sea bueno llenarle el saco con más —apuntó Katsuharu.

—De verdad, ya no sé para qué has venido de primeras aquí, si para regañarme en nombre del grupo por intentar arrastrar a dos fugitivos a mi manera, para intentar hacerme ver que esos dos mentecatomons tienen algo de razón o para fastidiar todas y cada una de mis comparaciones —resopló.

—Es que me da la sensación de que Odd y Takuya os están afectando a todos —rió el chico.