Disclaimer: Fire Emblem es propiedad intelectual de Nintendo e Intelligent Systems.


Replica

por Onmyuji


IV.


«Now I'm here and won't go back, believe». —Replica, Sonata Arctica.


Sylvain no paraba de asombrarse al ver con cuánta naturalidad Felix se adaptó a la presencia de Annette en Gautier y bajó sus defensas casi al instante.

Pero eso era natural porque ellos estaban enamorados.

Sylvain nunca había tocado ese tema con Annette; no había sido necesario, pero era evidente. Aún recordaba a su amiga llorando desconsolada al terminar la guerra mientras perdía algo más que a su padre en la batalla, ese al que se enfrentó en persona después de tanto correr tras su sombra, luchando por un poco de atención y reconocimiento.

Felix se fue sin despedirse de nadie y vio el dolor en los ojos de ella cuando las lágrimas la abordaron, llena de coraje y desolación al saberse sola y sin él, por mucho que Mercedes y la profesora Byleth se esforzaron en apaciguar la intranquilidad de su corazón.

Estaba convencido de que él era el único que entendía su dolor y se lo hizo saber de la única manera que podía: evitando el tema.

Y por el otro lado, sabía que el sentimiento de Felix por la pelirroja era tan genuino como el de ella hacia él, desde incluso antes de la guerra. Todavía recordaba aquella tarde en que viajaron a Campo Gronder para la Batalla del Águila y el León durante la Academia de Oficiales.

Y perspicaz como siempre, lo pilló más cansado y disperso, murmurando para sí mismo una tarde mientras se detenían para acampar en su cruzada hacia territorio de Adrestia—. No puedo sacármela de la cabeza. No importa lo que haga, no puedo hacerlo.

—¿El qué? —Preguntó Sylvain con genuina curiosidad.

—... Annette.

Fue así que se enteró que Felix guardaba sentimientos por ella. Eso, y porque nunca vio a su amigo el espadachín más afectado por la presencia de nadie más que con ella.

Por eso no entendía las razones que llevaron a su amigo a marcharse al terminar la guerra contra aquellos que se arrastran por la oscuridad; sin decir a dónde o cuándo volvería. Felix era una persona con emociones muy intensas y aprehensivo en exceso con las personas que le importaban (aunque no le gustara demostrarlo). Asumía que se quedaría cerca de las personas valiosas para él una vez que todo terminara.

Era claro que se había equivocado.

Pese a todo, no le sorprendía este resultado. Invitar a Annette a Gautier resultó una buena decisión y se sentía satisfecho al respecto. Las divertidas cancioncillas que la mujer cantaba día con día, en cualquier parte del castillo, sin duda conquistaron el frío corazón de su amigo espadachín y abrieron las puertas para que Sylvain pudiese acercarse de nuevo sin que Felix se pusiera agresivo o esquivo en una plática.

Le sorprendía que el sentimiento que se tenían ambos aun estuviera ahí, después de todos los altibajos. Y todos los años.

Ya había pasado casi un mes y medio desde que Annette llegó a sus tierras. Y no había un solo día en que ella no cantara, siendo seguida a todos lados por Felix, que se había olvidado incluso del entrenamiento para estar con ella, incordiando y haciéndola reír. Gautier se había llenado de algarabía con rapidez y la servidumbre comenzaba a hacer comentarios acerca del agradable humor de Su Gracia, el Duque de Fraldarius y la adorable profesora de hechicería que venía de Fhirdiad. ¡Incluso se habían esparcido rumores de que estaban prometidos en matrimonio!

El pelirrojo estaba más que complacido con el cambio de tono y humor de su hogar y no hizo amago por desmentir los cuchicheos, contento con la forma en que estaba todo y deseando que nada cambiara. Especialmente porque Felix no hacía amago por irse. ¿Tal vez estaban cerca de encontrar el momento adecuado para convencerlo de que se quedara con ellos?

Sylvain estaba distraído en su mente mientras picaba con buen ánimo el almuerzo, cuando Annette irrumpió en la soledad del gran comedor y se acercó hasta el lugar que el pelirrojo reservó para su visita, donde ya estaba servida la comida. Ella pronto ocupó su lugar a la izquierda del Marqués con una sonrisa.

—¡Buenos días, Sylvain!

—Buenos días, Annette.

—¿Felix no se presentó a almorzar?

—No. Esperaba que tú pudieras decirme dónde está. Asumo que en el patio de entrenamiento, ya que no viene contigo. —Mencionó mirando por el gran ventanal del comedor, hacia los jardines del castillo. Luego giró la vista hacia ella y le sonrió—. Luces particularmente encantadora el día de hoy.

—¿Ah, sí? —Ella soltó una risilla suave y cantarina, mientras se acomodaba el cabello detrás de las orejas—. Debe ser porque dormí muy bien anoche.

—¡Oh! ¿De verdad? —Sylvain picó una salchicha con su tenedor, antes de contestar, fingiéndose distraído y lleno de diversión—. Me comentaron los sirvientes que anoche no dormiste en tu habitación.

Y entonces pudo ver por el rabillo del ojo cómo el rostro de su amiga cambiaba de color al menos siete veces, antes de comenzar a jugar con su cabello, llena de vergüenza—. ¡Sylvain!

—¿Qué dije ahora? ¡Nada inapropiado, te lo aseguro! Aunque... ¿debería preocuparme por todo esto? No lo sé, ¿tal vez sea el momento de tomar el rol de hermano mayor y preguntarle a Felix cuáles son sus intenciones contigo? ¡Puedo batirme a duelo con él por tu mano si es necesario! No estoy tan oxidado con la lanza como parece.

—¡Por favor, Sylvain, basta!

La risa de Sylvain fue ligera mientras la observaba encantado—. Oh, de verdad eres adorable.

—¡Ya no soy una niña y ya estoy en edad para decidir qué es lo que quiero con exactitud! —Annette se llevó una tostada a la boca, tratando de enfriarse ante el bochornoso momento que había tenido unos instantes atrás.

—Eso lo sé perfecto, Annie. Y creo que Felix está comenzando a sentirse cómodo en Gautier. Tal vez ahora podamos convencerlo de hacerse cargo de los asuntos de Fraldarius, por fin. Un poco de paz para mis nervios, la gente de Fraldarius es tenaz, como su Duque. —Sylvain parecía distraído mientras tomaba su copa y bebía un poco de jugo.

Lo suficiente para ignorar el semblante inquieto de su invitada, quien comía su almuerzo entre meditabunda y ansiosa—. No lo sé, Sylvain. Hay algo en él muy extraño. Y eso me preocupa mucho. Siento que esta tranquilidad no será permanente. Que algo está por cambiar.

—Esperemos que estés equivocándote, Annette. Porque si Felix se vuelve a ir, no sé qué será de nosotros. —Sylvain volvió a mirar el ventanal y sintió que la angustia de su amiga, comenzaba a permear en él.


¡Hoy comeremos un pastel que es rico, rico! ¡Y luego un filete que llenará mi pancita! Oh... montañas de dulces que ansío comer, filetes apilados por doquier, ¡llenos de mordidas y migajas por aquí...!

Annette se sintió absurda, cantando canciones que pensó que sus labios no volverían a entonar. Pero veía a Felix ensimismado escuchándola mientras sus encantamientos les daban más vida y a las plantas del invernadero.

Sentía algo extraño en el ambiente mientras ella cantaba y el espadachín le miraba con la sonrisa más gentil que se habría imaginado verle en el rostro, ahora adusto por los años que había pasado a la intemperie, en combates sangrientos, sin cuidados, sin calma.

Pero sabía que aún había resquicios del viejo Felix. Ese del que se había enamorado siendo una niña y al cual, tanto años transcurridos, no dejaba de querer como la primera vez.

Pero no dejaba de sentirse extraña e intranquila.

Se quedó quieta cerca del arbusto de crisantemos mientras pasaba saliva, sintiendo un peso acumulándose en su espalda mientras los nervios hacían estragos en su estómago. Acarició las flores con las puntas de sus dedos y estas bailaron emocionadas mientras Annette las estudiaba, como si tuviera las palabras atoradas en la garganta.

—¿Pasa algo? —Le llamó él, de pronto muy serio.

—¿Sabes? Cuando terminó la guerra y desapareciste, estaba furiosa contigo.

Él no dijo nada.

—Quería romperlo todo.

—Annette...

Ella giró a verlo y le sonrió. Felix no pudo evitar notar que era una sonrisa triste.

—La profes-... Byleth y Mercie fueron muy pacientes conmigo y mi dolor. No lo podía creer. Después de todo lo que habíamos vivido juntos... te fuiste sin darme la oportunidad de decirte que... Te quiero. Después de todo este tiempo, aún lo hago.

—Yo también te quiero.

—No lo suficiente para quedarte, ¿no es verdad?

—Annette, yo-...

—Tranquilo. No estoy molesta contigo por eso. Lo he pensado mucho y creo que... creo que ahora lo entiendo. Me ha costado mucho tiempo aceptar que así tenían que ser las cosas. Para que la vida volviera a traerte a mí, Felix. Para que pudiéramos estar juntos de nuevo y todo estuviera bien para ambos.

Entonces ella largó su mano hacia él y el espadachín tiró de ella suavemente, para que la distancia entre ellos se acabara. Y cuando la tuvo al alcance de su cuerpo, acarició su mejilla mientras sus labios hicieron contacto en un beso. Breve, pero cargado de emoción.

—Felix...

—... No puedo. Tengo que irme.

—¿Qu-...? ¡No! —Ella se alejó sorprendida. De pronto sentía que le faltaba el aire—. De acuerdo, de acuerdo. Me calmo ahora y pienso con la cabeza fría. —Annette se encogió de hombros mientras trataba de calmar el nerviosismo que comenzaba a trepar por su cuerpo—. Entonces iré contigo.

—No.

—¿Por qué no?

—El camino que yo elegí para mi vida no es para alguien tan lleno de vida como tú. Este camino está lleno de dificultades, de sangre, de muerte y desdicha... no voy a arrastrarte conmigo a un mundo de carencias donde no podrás volver a vivir una vida normal.

—¡Pero yo quiero estar contigo! ¡Esto es algo que yo decido! ¡Es mi vida!

—No voy a arruinar tu vida con esto. Te quiero, pero no puedo hacerte esto. Lo siento, Annette. —Entonces sus manos se soltaron y la pelirroja sintió el vacío de su ausencia mientras él comenzaba a alejarse de ella. Annette se quedó ahí, impávida e incapaz de hacer nada para detenerlo.

La estaba dejando. De nuevo.

—Sabía que sería inútil pedirte que te quedaras. Algo me decía que no te quedarías por nada ni nadie. Ni siquiera por mí.

—Perdóname, Annette. Yo-...

Entonces ella tomó todo el valor que le quedaba en el cuerpo y corrió rápidamente hasta él, atrapando su mano entre las pequeñas manos femeninas de ella.

—No te voy a pedir que regreses y asumas tu autoridad sobre Fraldarius, como lo propuso Sylvain en un inicio. Tampoco te voy a rogar que me acompañes a Fhirdiad y vivamos juntos. ¡Ni siquiera que al menos te quedes en Gautier! Solo-... por favor, Felix. No me dejes sola. —Ella apretó su mano con todas las fuerzas de las que fue capaz, en una súplica desesperada pero inútil, pues él se libró de su agarre con facilidad.

—Ya es muy tarde para eso. No puedo. Lo lamento, Annette.

Y sin mirar ni un instante hacia atrás, sabiendo que de hacerlo se terminaría de romper el corazón y acabaría por destrozar a la maga de cabellos rojizos, Felix abandonó el invernadero con paso firme y el corazón apretado.

—Felix... Felix... ¡Felix!


Cuando Sylvain la encontró en el invernadero, luego de no escuchar ruidos ni risas ni alegría, Annette tenía las manos sobre el rostro e hipaba fuertemente. Al verla sola en aquel lugar, las alarmas sonaron fuertes en la cabeza del Marqués, que corrió hacia ella sin pensarlo ni un instante y la atendió.

—Annette, ¿qué sucedió? ¿dónde está Felix?

—Se ha ido, Sylvain. Esta vez se fue para siempre. Él no puede estar conmigo. Con nosotros. Se ha convencido de que no puede permitirse ser feliz. No sé por qué. Pero él tampoco lo sabe.

Sentía que la desesperación comenzaba a brotarle por el cuerpo al ver a su amiga con el corazón destrozado por la ausencia de Felix. Ya lo habían perdido una vez y el consuelo de saberlo como un hijo pródigo, ahora se desvanecía cual espejismo. Era ridículo, pero al instante sintió la determinación subiendo por su garganta en forma de bilis.

Era más ridículo el actuar de su amigo.

—Quédate aquí. Lo traeré de vuelta. Usaré la fuerza si es necesario.

—¡No! Sylvain-...

—Voy a hacer lo que debí hacer desde un inicio, Annette. —Anunció Sylvain mientras la ayudaba a levantarse y luego salía del invernadero con el porte más regio y noble que se le vería jamás, dejando a Annette sola con la plegaria a una diosa en la que no creía, en la punta de sus labios.

—Por favor-... regresa con bien.


TBC.


PS. Vengo, pero me voy rápido a seguir con este baile. Quedan dos capítulos que ya se están escribiendo. Aunque no me quedaré mucho tiempo, sin comentarios sobre el difícil capítulo que acabo de dejarles.

Lo único que deseo verdaderamente es que disfruten este capítulo.

Nos leemos pronto.

Onmi.