¡Hola a todos! Por aquí me paso a dejar una nueva escenita para vosotros que, actualmente, si bien tendrá relación con capítulos posteriores, no se corre el riesgo a día de hoy de revelar mayores spoilers.

Operación extracción debe ser leído tras completar el capítulo 137 de Code Frontier.

CONTEXTO

El comunicador que creó Hopper para hablar con su esposa Anthea está en manos de Aelita. Conocer toda la historia oculta de su familia ha despertado un carácter en la pelirrosa que, de una manera u otra, afecta al grupo. Para intentar encaminarla hacia el objetivo principal, los Grandes Ángeles deben alzarse y actuar con total seriedad. Es lo mínimo que pueden hacer por el bien de la salud mental de más de un Guardián...


Patamon se asomó lentamente por la esquina del pasillo, observando atentamente a su alrededor. Por detrás, Lopmon vigilaba sus espaldas con ambas orejas en alto, atento a cualquier sonido, en especial los procedentes de ambos Crossedmons. Aunque Gatomon les había asegurado que no se escaparían de ella, nada les aseguraba a ninguno de los tres ángeles que ese par de diablillos se distrajese con cualquier cosa que sucediese a su alrededor, se alejaran de la zona de juegos que había decidido montar la fémina del trío y les descubriera a ellos dos.

—Todo despejado al frente —susurró el naranja.

—Ningún peligro por la espalda —le devolvió el susurro el marrón.

Volando rápido y en silencio, Patamon se lanzó directo a la puerta que había estado vigilando por más de cinco minutos. Lopmon tardó un poco más en llegar, más pendiente de cualquier sonido acercándose a la zona de dormitorios.

—Voy a entrar —indicó Patamon.

Con Lopmon ya en la puerta, el alado giró el pomo y abrió la puerta, accediendo al dormitorio vacío en esos instantes. Sin perder el tiempo, voló de un lado a otro, atento a los pocos muebles que los niños habían instalado en las habitaciones. Aunque solo había un escritorio y un par de mesitas, la gran cantidad de objetos en el primero dificultaba ligeramente la tarea que el pequeño digimon tenía en mente.

—Esto no pasaba en el pasado —suspiró posándose en el escritorio y apartando objetos con cuidado.

Después de lo que le pareció una eternidad, Patamon encontró lo que quería. Con cuidado, lo cogió y dejó todo tal y como lo había encontrado antes de echar a volar de nuevo hacia la puerta. Lopmon le alzó un pulgar, indicándole que todo estaba despejado. Sin dudarlo, Patamon se alejó del dormitorio seguido del conejo marrón.

—Última parte de la misión: evasión —indicó el naranja.

—Me adelanto —asintió el otro, corriendo ya con las orejas agitándose.

Un minuto después, Patamon fue testigo de cómo Lopmon se sacrificaba por un bien mayor. Su voz no tardó en alzarse, llamando la atención de más de uno y, en especial, la de los Crossedmons. Las risas llenaron el lugar, cubriendo el ruido que hizo Patamon al abrir una ventana para escapar del lugar hacia el tejado.

En el exterior, Gatomon tardó poco en separarse del grupo de digimons y niños humanos. A más de uno le había empujado, invitándolo a unirse a las risas, para dar mayor invisibilidad a su compañero angelical. En cuanto se vio sola, saltó al tejado y se reunió con él.

—¿Lo has conseguido?

—Sí —respondió Patamon alzando el objeto con una sonrisa victoriosa.

—Os ha costado.

—Dianamon era una digimon ordenada, pero también más sencilla que ahora —respondió.

—¿Tantas cosas hay en su escritorio? —preguntó Gatomon quitándose un guante y extendiendo la otra garra.

—Me da que pretendía mejorar el comunicador —dijo entregándole la pulsera de Aelita —. Esta chica…

—Bueno, es lógico que lo haga. Al fin y al cabo, después de tanto tiempo, seguro que está ansiosa por hablar y ver a su madre —comentó la gata poniéndose la pulsera —. Aunque no sea lo adecuado dada la situación en la que se encuentran todos, es un acto muy natural y humano.

—Ya, lo sé —asintió mientras veía a su compañera recolocándose el guante —. Tener que llegar a estos extremos…

—No nos queda otra —negó la digimon asomándose al borde del tejado —. Ahora queda esperar a Alphamon para entregársela.

—De mientras, la cuidas tú, ¿no?

—¿Qué mejor sitio para guardar algo que en las garras de una gata como yo? —preguntó con una sonrisa.

—Nadie intentaría quitártela aunque la viese —rió Patamon —. Venga, vamos a salvar a Lopmon.

—Él fue quien se ofreció a ser el juguete de los enanos —dijo —. "Creo que Terri y yo debemos agradecerle infinitamente a Suchon eso de que nos tratase como a bebés en alguna ocasión". Eso dijo.

—Sí. Él solito se metió en el lío —aceptó el naranja —. Pero vamos a ayudarle… Un poquito…