¡Muy buenas a todos! ¿Qué tal vamos? Por aquí que me paso para subir otra historia con la que hacer pasar el rato y dar un nuevo enfoque a uno de los momentos de la historia.
Intentando evitar la explosión sucede en el capítulo 28 de Code Frontier, aunque necesitáis haber leído hasta el 72 para no tener spoiler de personajes.
CONTEXTO
Terriermon sigue en su camino a un lugar seguro para él y los Crossedmons. Su siguiente objetivo en mente es el castillo de la dama Ophanimon. Sin embargo, ninguno de los tres sabe lo que va a suceder. ¿Podrán salir airosos? ¿Terriermon tendrá algún momento de paz con ese par de digimons?
Eso de viajar por senderos imposibles, vigilando los alrededores todo el tiempo, procurando que los dos pequeños digimons que le seguían no hiciesen ruido ni nada que atrajese la atención de algo o alguien cansaba tanto a Terriermon que decidió matar dos pájaros de un tiro: parar en un lugar sagrado donde sentirse seguros y, al mismo tiempo, darles un motivo a los Crossedmons para dejar de lado las discusiones y las insistencias de unirse al grupo de los renacidos Guardianes (porque sabía que no se contendría ninguno de los dos, dirían "papá", "mamá", "tío" y "tía" y confundiría demasiado a aquellos jóvenes humanos).
—Vale, ya estamos llegando —anunció cuando empezó a ver, entre los árboles, el suelo blanco.
—¡Hala! Las flores están abiertas ya —sonrió Timy.
—Oye, ¿seguro que estaremos bien? —preguntó Ace.
—Es muy fácil ocultarse en el castillo de Ophanimon —aseguró.
—Pero tiene una torre —señaló el gatito.
Terriermon palideció unos segundos, los que tardó en darse cuenta que la parte superior no brillaba en rojo, sino en verde. Señaló ese detalle al pequeño digimon, que asintió y volvió a ponerse en movimiento.
—He visto movimiento por una ventana —dijo nerviosa Timy.
—Serán Nefertimon o Wizardmon —respondió el conejito.
—No, no, parecía humano.
—¿Serán los chicos?
—¡¿Mamá está ahí dentro?! —preguntó con una mezcla de emociones la digimon.
—Supongo que estarán buscando información también...
—¡Vamos a ayudarles! —exclamó la elfita dorada.
—¡Espera, Timy! —exclamó Ace.
Como su hermana no le hizo caso, extendió una mano al frente. Un muro plateado apareció de pronto ante la digimon, que chocó y cayó al suelo. Frotándose la nariz, se volteó enfurruñada hacia su hermano, dispuesta a chillarle, pero unas vibraciones hicieron que los tres mirasen al castillo.
En lo alto, la torre que brillaba en verde empezó a lanzar pulsaciones cada vez más seguidas. Poco tardaron en aparecer Nefertimon y Pegasusmon, volando en direcciones opuestas para ver qué pasaba. Por las puertas abiertas, lograron ver a algunos miembros del grupo de Guardianes renacidos.
—¡Va a explotar! —exclamó Terriermon. A su lado, un cúmulo de datos le sobresaltó.
—Los sacaré de ahí —dijo con decisión CrossSpacemon, extendiendo la mano y concentrándose.
—¡Pero no puedes ver dónde están todos exactamente! —chilló Timy, brillando también.
—No, no podéis acercaros —negó Terriermon, digievolucionando también más que nada por si tenía que atrapar a ambos digimons.
—Pero ellos... —susurró CrossTimemon.
—Tranquila, puedo sentirlos —le susurró su hermano.
—No te va a dar tiempo —negó la dorada, extendiendo ambas manos hacia la torre e intentando retener con su poder lo inevitable —. ¡Es demasiado potente!
—Ya casi... —susurró el plateado.
—¡Al suelo! —tiró de ambos Gargomon.
La torre explotó, creando un peligroso vórtice que empezó a succionar el castillo, derrumbándolo. Desde donde estaba, CrossSpacemon intentó controlarlo, pero no logró su cometido inicial. El silencio reinó en el lugar, ni sus respiraciones agitadas parecían escucharse.
—¿Dónde están? —preguntó CrossTimemon casi sin voz.
—He perdido el control del vórtice —respondió su hermano, dando un puñetazo al suelo.
Las voces de Nefertimon y Pegasusmon, ambos llamando a todos los que habían estado en el interior del castillo, empezaron a hacerse eco en el vacío del lugar. Gargomon observó con una mezcla entre miedo y tristeza cuando llegó a sus oídos el nombre de su hermano. Un movimiento en un costado hizo que volviese a tirar de los dos digimons, echándoles por encima la gran tela con la que los debía cubrir cuando, por una razón u otra, decidían digievolucionar.
—Maldito Xana-Lucemon —murmuró.
