7 reviews en el primer capítulo, 8 reviews en el segundo, 9 en el tercero. ¿Significa que puedo esperar 10 en este? Sería un sueño hecho realidad, mi record es de 12 reviews en un capítulo, creo. En fin, muchos reviews significan que me pongo a trabajar en el siguiente capítulo, y aquí está, jajaja. Antes de contestar a los reviews sin embargo, primero que nada, la razón por la que puedo actualizar "Guerras de Troya" más rápido que "Academia Sanctuary" es porque la primera se basa en la Odisea y la Iliada. En otras palabras, los personajes ya existen, las situaciones ya existen, yo únicamente conecto todo con Saint Seiya, y le doy mi estilo particular. Es como cuando mi hermano se enojó conmigo cuando le dije el final de Romeo y Julieta: "Los dos se mueren al final", y él se enojó conmigo. Todos saben lo que va a pasar al final, el cómo llegamos a esa parte es lo bello, digo, es como si quisiéramos que el Titanic no se hubiera, jajajajaja. En el caso de "Academia Sanctuary" no es así, esa es una historia original mía, y en estos momentos estoy ciclado, no se me ocurren nuevas ideas, lo lamento, sé que estoy retrasado pero prometo esforzarme por continuarla T_T. Bueno, la segunda cosa que les quería decir, es que estos últimos capítulos se han tratado más de Diomedes que de Aquiles o Odiseo, pero eso tiene una razón de ser. Diomedes tiene mucho mito anterior a la Ilíada y la Odisea. En la Iliada, el protagonista es Aquiles, en la Odisea… bueno, ustedes entienden, pero ni Iliada ni Odisea han comenzado aún, así que en la recopilación de mitos, el mito fuerte antes de Iliada o Odisea es: "Los 7 contra Tebas", donde Diomedes es protagonista. Así que, lo lamento mucho pero, hasta el "Rapto de Helena", el protagonista al parecer seguirá siendo Diomedes, espero no les moleste. En fin, habiendo hecho este par de explicaciones, hora de contestar reviews:

TsukihimePrincess: Jajaja, no te preocupes, al menos sabes quién es Menelao y quien es Agamenón, muchos piensan que los inventé, jajajajaja. Diomedes, como ya comenté, seguirá en problemas, y esto hará interesante su participación en la Guerra de Troya, donde ya tiene una cita planeada, jajajajaja. Diomedes es algo despistado y despreocupado, pero esa personalidad se la puse a propósito para distinguirlo de Milo, y no asemejarlo tanto a Kardia, en otras palabras, es un Escorpio diferente y pretendo que lo vean así, es como Yato, jajaja. Esa parte del mito no la recuerdas porque yo la inventé para tener una excusa "comprensible" para casar a Diomedes con su prima, en esos tiempos a la gente no le importaba mucho. Lo de Penélope básicamente pasó así, Penélope fue el regalo del rey Tirándeo a Odiseo por ayudarlo, yo le di un tono ligeramente más romántico… muy ligeramente… Casandra no se hace, realmente está loca, y Afrodita será una villana recurrente. Fénix, el hombre que preguntas, es otro discípulo de Quirón y amigo de la infancia de Aquiles, además de que participó en la Guerra de Troya, pero si tu verdadera duda es la que creo, la respuesta es sí, Fénix es la ante-encarnación de Ikki. En cuanto a las constelaciones, aquí te las dejo: 12 de Oro, 18 de Plata, 18 de Bronce. Argos, la armadura que sale en este capítulo, de dividió en varias de las que faltan porque era una constelación muy grande. Pero en esta historia actualmente hay 48.

dafguerrero: La historia de "amor" de Diomedes es más complicada de lo que crees, no quiero arruinarte la sorpresa, así que no diré más, pero en este capítulo te irás dando una idea de lo que ha de pasar. De Odiseo, no puedo decirte mucho, así lo escribieron en el mito, así que cumplí de la forma más leal al mito posible. Troya es un pueblo rudo, veremos un poco de eso en este capítulo, el trato a Casandra en ese tiempo era aceptable. Yo también siento pena por Paris, me recuerda a Shun pero menos gay, jajaja, y a Afrodita la odiarás, de eso no hay duda. Helena no es mala, pero de ella hablaremos después. Ok, una aclaración de los Escorpio: los Escorpio son mujeriegos hasta encontrar a la mujer adecuada, cuando la tienen, son los más fieles y no ven a nadie más, mientras tanto, en su búsqueda definitivamente son mujeriegos. Es Menelao… no sé de dónde sacaste las silabas de más, jajajajaja. Y es Diomedes no tio Mendes, digo, Diomendes, jajajajaja. Y en cuanto a Shana, no podría pasar con Diomedes, eso arruinaría la razón de ser de Guerras Doradas, mi idea original era que Helena fuera Atenea, pero tuvo muchos hijos, y Atenea es virgen, así que no pudo ser, jajajajaja.

DaanaF: Muy motivado es una forma de decirlo, como dije anteriormente, la historia de la Odisea y la Ilíada ya existe, yo solo le doy mi toque personal, lo mezclo con Saint Seiya, y le doy personalidad a los personajes. Por eso me es sencillo actualizar, no como Academia Sanctuary T_T. A Casandra tengo que restarle algo de importancia de momento, pero Paris seguirá siendo muy importante, ya veraz. Jaja, lo lamento, Diomedes y Shana es imposible, repito, eso destruye "Guerras Doradas", y esta historia es como una precuela de "Guerras Doradas", jajajajaja. Shana sabe que es Athena, pero recuerda lo de Shana como contenedor, ella no recuerda nada de sus vidas pasadas, solo sabe que es la reencarnación de Atenea.

Liluz de Geminis: Lo de Helena siendo Perséfone ustedes me dieron la idea, no puedo tomar crédito de esa idea. De hecho, jaja, de allí salió la idea de: "Mariposa", iba a ser "Ardilla" pero sería muy obvio, jajajajaja. En realidad, si el combate hubiera continuado, Diomedes definitivamente hubiera perdido, Menelao será algo así como Shaka mientras Agamenón será al estilo Saga, jajajajaja, con eso te explico todo. ¿Tú también creíste Escorpio-Athena? Eso no está bien, jajajajaja, Diomedes tendrá muchos más problemas de los que piensas, de hecho este episodio se trata casi al 66% de él, jajajajaja. Lo de Patroclo te lo resuelvo en esté capítulo, y también habrán momentos de Aquiles. T_T ténganme paciencia con la Academia Sanctuary… me quedé sin ideas, lo lamento T_T.

midusa: Estás en lo cierto mi querida midusa, aquí empieza todo, pero todavía faltan capítulos para llegar al "Rapto de Helena", de momento estamos preparando la historia de Diomedes y su importante batalla en la guerra de Troya, una batalla que estoy seguro casi nadie conoce porque recientemente se descubrió este mito.

Darkmiss01: Déjate entregar a la tentación, ven al lado oscuro, muahahahaha. Digo, ehem… gracias por darle la oportunidad a mi historia, se bienvenida, espero no defraudarte. Gracias por tu review, me esforzaré por seguirles brindando mitología y una buena historia. No te preocupes por lo corto del comentario, la mayoría de mis lectoras (el 80% son mujeres), así empezaron, y de pronto disfruto de bellas críticas constructivas, seguro pronto me darás una, gracias por leer.

andrmeda es: Jajaja, repito, no puedo tomar crédito de esa idea, ustedes me la dieron, jajajajaja, lo de Perséfone me refiero, hay que empezar a llamarla Helena de Hades, muahahahaha. Hasta la fecha el "Rapto de Helena" no tiene sentido para nadie. Aquiles tiene mucho que evolucionar en su actitud, pero creo que va a seguir igual de petulante, espero pronto se componga su personaje pero la verdad lo dudo mucho, creo que lo van a seguir odiando, pobre Aquiles. Patroclo iba a ser Sagitario en un principio pero hay un problema, Patroclo no es buen arquero T_T. Pobre Aquiles, no seas mala con él, es mi héroe favorito… aunque últimamente Diomedes me ha caído mejor… T_T.

kyokai1218: Sip, Menelao hubiera ganado si la competencia hubiera continuado. No te arruinaré la sorpresa aún de quien es Leo, tendrás que leerlo pero en este capítulo lo sabrás, así que, mucha suerte, ya veremos si le atinaste. Jajaja, si, Paris es como Shun, de hecho, algunos personajes son ante-encarnaciones de otros, por ejemplo, Fénix es Ikki, y Quirón, aunque no lo conocen, también es una ante-encarnación, adivinen de quien, jajajajaja. En este capítulo de hecho sale un personaje de nombre Anficlas, que por más que la imagino no puedo sacar a Geist de Murciélago de mi cabeza, esa fue una Ante-encarnación accidental. ¿Heracles de Fénix? Jajajajaja, no no no, déjame te explico, en esa época la armadura de Fénix todavía no existía, así que tuve que darle a la ante-encarnación una armadura digna, y se me ocurrió Heracles. De todas formas, Ikki es el único que ha vestido al Fénix, por lo que no puedo usar esa armadura exista o no exista.

angel de acuario: ¿Estás preocupada por Menelao? Supongo que es porque eres Acuario, jajajajaja. No te preocupes, en el mito Helena realmente amaba a Menelao, y en la historia planeo plasmar la misma idea. Bienvenida, espero sigas disfrutando la historia.

ADVERTENCIA: No lo había mencionado antes, pero la historia tiene algunos temas que requieren de discreción antes de leerla, recuerden que esta historia está basada en el mito griego, por lo que pueden haber escenas de: Incesto, violaciones, masacres, gore, maltrato infantil, pederastia, suicidios, incluyéndose relaciones entre menores de edad y adultos. Debido a que no pretendo indagar demasiado en estos temas pero aun así pretendo serle fiel al mito, la categoría de la historia es T, e intentaré mantenerlo así. Si en algún momento avanzado la historia considero que es pertinente hacer el cambio de categoría, lo haré, pero el objetivo es no hacerlo. Habiendo dicho esto, me disculpo si ofendo a alguien con esta historia en algún momento determinado, si ustedes consideran también que es momento de escalar la categoría, por favor háganmelo saber. Sin más que decir por el momento, y esperando que la historia permanezca T, me mantengo a la espera de sus humildes comentarios, muchas gracias.


Saint Seiya: Guerras de Troya.

Saga de los Aqueos.

Capítulo 4: Maestros de la Guerra.


Anatolia. Troya. Sala de Reuniones de Troya. Año 1,197 A. C.

-Veo a un escorpión de oro… es hermoso y muy fuerte… -a su regreso a Troya, Paris notó que todos los hijos de Príamo eran celebres de alguna forma, con la excepción de Casandra, quien tristemente era tachada de lunática-. Carga las plumas de un cisne en sus pinzas, un cisne blanco y hermoso, que mira las estrellas buscando la constelación de la cual el escorpión dorado se cayó. El cisne y el escorpión están separados por un inmenso rio -Trolio era el maestro de las armas, un herrero inclusive, capaz de convertir cualquier objeto en un arma mortal. Héctor era el primogénito, y el guerrero por excelencia. Políxena era la más lista de los hijos de Príamo-. El escorpión entonces encuentra a un águila negra e inmensa, la más grande que jamás se ha visto. Su pico está rodeado de llamas, sangre, e intestinos -pero el que más sorprendía a Paris, era Heleno, el lector de los sueños, quien todos los días recibía a invitados adinerados. En este caso, Heleno tomaba el té mientras escuchaba el sueño de una niña de apenas 10 años de edad, hija de un consejero Troyano, y protegida de Héctor, quien escuchaba el sueño junto a Heleno y Paris-. El águila intenta comerse al escorpión, pero es envenenada. Cae al suelo, no se mueve, sigue viva. El escorpión se queda a su lado, no la mata. Después de todo el escorpión no hizo más que defenderse -Heleno asentía mientras continuaba escuchando el sueño de la niña, de ojos azules hermosos, cabellera larga y negra, y piel ligeramente pálida-. Un unicornio visita al escorpión, de sus ojos cae una lágrima, el escorpión se acerca, bebe la lágrima, y cuando el unicornio se va, el escorpión trepa al águila, le escupe encima la lágrima del unicornio, y el águila vuelve a respirar con normalidad, pero sus plumas… cambiaron de color… ya no son negras, ahora son blancas y hermosas, y se queda al lado del escorpión. A lo lejos y cruzando el rio… el cisne llora… y deja de mirar al cielo y en dirección a la constelación -terminó la niña, y no dijo más.

-Un sueño bastante peculiar -mencionó Heleno, y la niña asintió-. Eres muy joven para tener ese tipo de sueños. Pero me han pagado con muy valiosos tesoros, y he de responderte. No te aseguro, sin embargo, que la respuesta te alegre -la niña bajó la mirada, algo perturbada-. ¿Cuántas veces has tenido este sueño, y desde hace cuánto? -preguntó.

-3 veces, desde que cumplí los 10 años -respondió la niña-. 3 noches seguidas tuve el sueño, y después no lo volví a tener. Mi padre dijo que era una señal de que debía buscar a Heleno el Profeta, y heme aquí -Heleno asintió, indagando en el sueño.

-Muy joven… eres… demasiado joven para este sueño… supongo que por eso el escorpión se apiadó de ti -y la niña se sorprendió-. El cisne y el escorpión representan una unión, un matrimonio probablemente, el rio que los separa, significa que el escorpión viajó a tierras lejanas -la niña asintió ante lo que estaba escuchando-. El águila negra y gigante, con el pico de fuego y los intestinos, no es otra más que Ethon, el águila gigante a quien Zeus ordenó comer los intestinos de Prometeo, el Titán del Fuego, cuando Prometeo le entregó el fuego a los hombres desobedeciendo las ordenes de Zeus de no hacerlo. Ethon come constantemente los intestinos en llamas del Titán del Fuego como parte del castigo impuesto por Zeus al ladrón del fuego, pero Ethon, o alguien bajo su protección, enfrentará a este escorpión, que en contra de todo pronóstico saldrá victorioso. Esa águila… muy seguramente eres tú, Anficlas -y la niña se sobresaltó-. Por alguna razón, enfrentarás a un hombre que se hace pasar por un escorpión, y este te derrotará, pero no te matará, cuidará de ti. Ya que tuviste este sueño 3 noches seguidas, seguramente es porque lo enfrentarás dentro de 3 años, serás derrotada, y capturada -y la niña comenzó a llorar por el miedo. Héctor comenzó a acercarse, pero la niña lo observó, y movió la cabeza en negación-. El unicornio que derramó la lágrima, probablemente era un amigo del escorpión obligado a hacer algo que no deseaba hacer. Engañar al escorpión. El resto… eres muy joven para saberlo, y serás muy joven para vivirlo, pero ello habrá separado al cisne y al escorpión, que ahora cuidará del águila blanca… -la niña se secó las lágrimas, y asintió-. Pediste que interpretara tu sueño, y lo he hecho, pero por prudencia no te mencioné la última parte. En verdad… eres muy joven para saberlo, pero si me lo pides te lo mencionaré -la niña estuvo a punto de hablar y pedir que continuara, pero Héctor la detuvo.

-Anficlas… como tu maestro, te recomiendo no preguntar más -la niña bajó la mirada, y Héctor observó a Heleno-. ¿Puede evitarse? -preguntó Héctor, y Heleno sonrió, molestando a Héctor- Solo dime si puede evitarse… -insistió.

-Probablemente -respondió Heleno, y Héctor esperó-. Si el águila vence al escorpión, y no cambia su plumaje. El cisne de todas formas olvidará al escorpión, pero el águila reinará y surcará los cielos con gracia. El único factor determinante entre el que se cumpla ese destino o no, será el que el escorpión gane o pierda -y Héctor asintió-. Anficlas, dentro de 3 años volverás a tener ese sueño. Ese día, combatirás al escorpión -la niña asintió en depresión.

-Ese día, vencerás al escorpión -sentenció Héctor-. Yo voy a entrenarte. Sea un ladrón, un noble, o un soldado, lo derrotarás -Anficlas se alegró, sonrió, y asintió-. Duplicaremos tu rutina de entrenamiento. Veme en las barracas cuando Apolo nos robe las sombras -Héctor se retiró, y Anficlas hizo una reverencia antes de irse.

-Esa niña… Anficlas… -comenzó Paris, mirando a Heleno, a quien admiraba por sus extrañas habilidades-. ¿Esa niña es discípula de Héctor? Pero únicamente tiene 10 años -se preocupó Paris- Es muy cruel que a tan temprana edad tenga que preocuparse por un… digamos… raptor… -lloró Paris.

-Oh, entonces entendiste la última parte de la lectura, muy impresionante -sonrió Heleno, y Paris asintió-. La palabra raptor, es muy fuerte para una niña de 10 años. Pero yo estaría más preocupado por el escorpión, y su extraño color dorado. ¿Por qué un Caballero Dorado atravesaría el mar para llegar a Anatolia? ¿Por qué un Caballero Dorado, se entregaría a un acto tan vil como lo es la violación? -Paris no lo comprendió, pero Heleno estaba peculiarmente preocupado- De todas formas, Paris, no te sientas mal por Anficlas. Ella pertenece a un grupo selecto de guerreros que fueron elegidos por las estrellas para convertirse en héroes de leyenda. Y enfrentarse al Escorpión Dorado significa que Anficlas a temprana edad llegará a ser incluso tan fuerte como quien hoy es su maestro. Yo estaría impresionado a pesar de la parte de rapto. Esa niña… tiene un futuro brillante… -Paris asintió, mientras veía a Anficlas desaparecer al doblar la esquina-. Sin embargo, ser un lector de sueños es estresante… solo puedo leer eventos, lugares y fechas… no identidades, ni sentimientos… los sueños dan muy poca información -y Heleno se retiró también, dejando a Paris más confundido que tranquilo.

Hélade, Argos. Sala del Trono del Palacio de Argos.

-¿Eeeeeeeeeeh? -se sorprendió Diomedes, que se encontraba de regreso en casa, en Argos, una hermosa tierra costera llena de bosques y playas envidiables. Shana estaba a su lado, ligeramente avergonzada, pero no tanto como Egialea, quien bajaba la mirada al suelo. Odiseo y Penélope los observaban desde la entrada de la sala del trono en el palacio, mientras Diomedes hablaba con su madre, la reina de Argos, y no podía creer lo que estaba escuchando- ¿Hablas enserio? ¿Rey de Argos? ¿No estás navegando por el lado equivocado de las Columnas de Heracles? En lugar de obtener tu bendición, reina Deípile, me esperaba algo así como un destierro. ¡No que me declares rey así de la nada! -se quejó Diomedes, y tanto Shana como Egialea estaban ligeramente confundidas.

-Tonterías, Diomedes. Por años he esperado el día en que dejes tus aventuras en los burdeles y contraigas matrimonio -mencionó la reina Deípile, madre de Diomedes-. No hacías más que escaparte ya fuera mintiendo de que tenías responsabilidades de Caballero Dorado, o te la pasabas vagando como un lujurioso plebeyo de burdel en burdel -Egialea comenzó a enfurecer, y Diomedes se alejó un poco de ella sintiéndose intimidado-. Pero ahora estás casado… y sea… una prima… que la verdad sea dicha es vergonzoso y de mal gusto… una relación incestuosa que no sería tolerada en ninguna corte… -y Diomedes se preocupó por el profundo desprecio de su madre-. Me disculpo por mi ligero lapso de modales burdos… -se aclaró la garganta Deípile-. Directo al punto, estás casado, eso te convierte en rey de Argos, y me libera de mis responsabilidades de reina, hijo ingrato. Así que, por órdenes de la reina Deípile, y en el nombre del fallecido rey Tideo, yo te nombro, Diomedes de Escorpio, rey de Argos -enunció Deípile, y el pueblo reunido en la sala del trono festejó con alegría.

-¡No me vengas con tonterías, madre! -enfureció Diomedes, pero los criados llegaron con una corona, le arrebataron a la fuerza la capa blanca de su armadura, y la reemplazaron con una capa escarlata con el emblema dorado de Argos, una «A» sin el trazo de en medio, y empujaron a la fuerza a Diomedes al trono de Argos, donde lo sentaron sin escuchar las exigencias del nuevo rey- ¡Madre! ¡Escúchame! ¡No hay forma de que pueda hacer esto! ¡Sabes que los dioses jamás aceptarán a mi prima como gobernante de Argos! -reprendió Diomedes.

-Nadie dijo que tu prima será reina de Argos -habló Deípile fríamente-. En efecto los dioses estarían furiosos si ella gobernara. Por eso gobernarás tú solo en Argos, y Egialea será transferida al castillo de Tebas la de las 7 puertas donde gobernará sobre la nación anexa que conquistaste durante la Batalla de la Venganza de los Epígonos, como embajadora de paz. No la volverás a ver a menos que sea en reuniones de gobierno para administrar los tributos de Tebas, y si no es en esa reunión, estarás tan ocupado con tus responsabilidades de rey de Argos como para preocuparte por ella. Además, comenzarás a buscarle esposo a tu nueva hija, quien por fin dará lugar a un reinado en Argos donde rey y reina puedan gobernar. Este reino ha pasado demasiado tiempo sin soberanos -recriminó Deípile con desprecio.

-¡Odiseo, ayúdame! -lloró Diomedes- No quiero ser rey, y definitivamente no voy a dejar a Egialea. Es mi prima, pero también es mi esposa. ¡Harpía endemoniada! -recriminó Diomedes, y su madre comenzó a jalonearle los cachetes con fuerza a su arrogante hijo- ¡Odiseo! ¡Ayúdame! -volvió a suplicar Diomedes.

-Lo lamento mucho, Diomedes, pero eso es imposible -sentenció Odiseo, y Shana lo miró fijamente-. Diomedes te dará más detalles más tarde cuando su madre se lo permita. Pero Argos no ha tenido un rey en 14 años desde que el padre de Diomedes murió en la guerra de los 7 Contra Tebas -y Shana se impresionó-. Desde ese entonces, tu ahora abuela, Deípile, ha gobernado Argos ella sola mientras Diomedes entrenaba para ser un Caballero Dorado, o me acompañaba en mis viajes por órdenes de Calcas, el Patriarca del Santuario de Atenas. Los espías de Deípile normalmente nos seguían, intentando encontrar un hijo o hija ilegítima de Diomedes para obligarlo a casarse, pero hasta allí Diomedes corrió con suerte. La noticia del compromiso de Diomedes, sin embargo, sea con su prima o no, cumple con los requisitos necesarios de un rey. «Un rey debe al menos haber contraído nupcias», ya que un rey que no se ha casado jamás no puede dejar herederos -y Egialea se ruborizó-. Supongo que el plan de Deípile incluye separarlos hasta que Egialea tenga la edad de darle un hijo varón, o en el peor caso posible, cuando madures lo suficiente para convertirte en madre del heredero de Diomedes, solo entonces los volverá a unir -explicó Odiseo.

-En otras palabras… -comenzó Egialea al escuchar la explicación-. A pesar de que Diomedes me liberó de mis obligaciones de Caballero de Athena y me salvó la vida, no podemos estar juntos ya que soy su prima. Pero por el estrés de la reina Deípile por gobernar sola Argos por 14 años, aceptará la relación, aunque solo me quiera para darle un hijo a Diomedes, lo cual solo me permitirá intentar cuando yo cumpla la mayoría de edad a los 18 años, dentro de 3 años… -concluyó Egialea, y Odiseo asintió-. Bueno… supongo que puedo vivir con esto. De todas formas, mi única preocupación era tener que matar a Diomedes, lo cual era imposible. Amo a Diomedes, pero seré paciente. Además, así podré disfrutar el ser una Caballero de Bronce por más tiempo. Regresaré a Esparta con el maestro Menelao para continuar mi entrenamiento, y atenderé a mis responsabilidades en Tebas cuando sea necesario -sonrió Egialea.

-¿De qué lado estás? -se quejó Diomedes- ¡Basta! -gritó con fuerza, y la celebración fue interrumpida- Admito que no me he comportado como un príncipe, o rey, o lo que sea, pero no permitiré que por tus frustraciones hagas tu maldita voluntad -sentenció Diomedes, mirando a su madre con odio-. Sin embargo, Egialea… si deseas seguir siendo una Caballero de Bronce… te concederé ese deseo… pero dentro de 3 años regresarás a mí, y sin importar lo que diga la Harpía, te haré mi reina -y Deípile enfureció-. Pero Odiseo… si ahora soy el rey de Argos, me temo que nuestros días de aventura han terminado. Y prometimos a Shana, ahora mi hija, que la reuniríamos con Aquiles… la tragedia me persigue. ¿Por qué mi vida tiene que ser tan compleja? -lloró Diomedes.

-Papá… estás llorando en frente de tu pueblo… tranquilízate por favor… -mencionó Shana, que entonces miró a Odiseo-. Aquiles se entrenará por unos años en Tesalia. ¿Verdad? -y Odiseo asintió-. No tiene caso que vaya a buscarlo si va a dedicar más tiempo a su entrenamiento. Me quedaré en la corte de Diomedes, y esperaré a que finalice su entrenamiento antes de volver a ir a buscarlo. Pero… tío Odiseo… tía Penélope. ¿Ustedes qué harán? -preguntó Shana.

-Mi primera tarea es llevar a Penélope a conocer al rey Laertes en Ítaca. Mi padre indudablemente se llevará una grata sorpresa -sentenció Odiseo, y Penélope sonrió-. Supongo… que esta será la última vez en mucho tiempo que nos veremos… Diomedes… -le ofreció su mano Odiseo a Diomedes, quien le sonrió a su viejo amigo-. ¿Me vas a dejar con la mano colgada, ingrato? -preguntó.

-Tonto, tú y yo somos como hermanos -anunció Diomedes, abrazando a Odiseo, quien se sorprendió, pero regresó el abrazo-. ¿No quieres que te adopte como mi hermano? De esa forma te dejaré gobernar Argos con Penélope mientras yo me escapo con Egialea -susurró Diomedes, y Odiseo suspiró en señal de molestia.

-Tomate enserio las cosas, Diomedes, ahora eres un rey -recriminó Odiseo, y Diomedes asintió con tristeza, y ambos se miraron por última vez-. Cuídate mucho… y cuida bien de Shana. Si le consigues marido, te mataré -sentenció Odiseo, y Shana parpadeó un par de veces.

-Lo sé, lo sé -respondió Diomedes, mientras Odiseo y Penélope se retiraban-. Athena es una diosa virgen, no dejaré que ningún degenerado toque a mi hijita -sonrió Diomedes, y Shana se ruborizó.

-¡Diomedes! -gritó- ¡Qui-qui-quiero decir, padre! -continuó diciendo Shana- ¡Por favor deja de decir cosas tan vergonzosas de tu diosa Athena! ¡A tu hija Shana no le gusta que irrespetes a tu diosa! ¡Será mejor que empieces a modelar tu comportamiento, o lloraré y no te volveré a hablar! -y Diomedes se preocupó.

-¿Eeeeeh? Todo menos eso -anunció Diomedes-. Seré el mejor rey de todos en el nombre de mi princesita. Pero definitivamente no conseguirás marido, lo prohíbo. Decreto del rey, Shana es solo del rey, que alguien lo anote -apuntó Diomedes, y los criados comenzaron a anotar la nueva ley.

-¡No necesito que escribas una ley que me prohíba pretendiente! ¡De todas formas no buscaré uno, padre! -se molestó Shana, y Diomedes simplemente se burló- Por Zeus… eres malvado… pero… me hace feliz ser tu hija… -se sonrojó Shana mientras miraba al suelo, y Diomedes le acarició la cabeza con ternura-. Señorita Deidamía… ahora tengo un padre que me ama, y soy la nueva princesa de Argos… soy… muy feliz… pero le prometí cuidar de Aquiles, y lo haré… solo disfrutaré ser una hija por un poco más de tiempo -sonrió Shana.

Tesalia. Muelles de la Península de Magnesia.

-Muy lento, mocoso -gritó Fénix, a quien Patroclo y Aquiles enfrentaban en los muelles de Tesalia, donde todos los observaban combatir, maravillados, y sin que reinara el caos pues en Tesalia se admiraba a los guerreros-. Sabes combatir, pero no sabes manipular el cosmos -le apuntó, y después evadió a Aquiles, quien se lanzó en una tremenda patada con la pierna izquierda, que Fénix evadió, e intentó tomar a Aquiles del talón derecho para capturarlo mientras rodaba en el aire. Aquiles estaba horrorizado, no había forma de que pudiera escaparse, pero Patroclo tomó la mano de Fénix, y clavó su puño en la protección del pecho de la Armadura de Heracles, y Fénix fue lanzado por el poderoso impacto a unas cajas de los muelles, donde Fénix terminó tendido.

-¿Patroclo? -se sorprendió Aquiles, al ver que de un puñetazo certero Patroclo había derribado a Fénix- Eso fue… impresionante. ¡Oye imbécil! -se quejó Aquiles, y le golpeó la nuca con fuerza- ¿Por qué Espectros no me dijiste que eras tan fuerte? ¡Ese golpe fue increíble! ¡Siempre pensé que eras un debilucho bueno para nada! -sentenció Aquiles.

-¡Eras una chica! ¡No iba a fanfarronear mi fuerza frente a ti! -se quejó Patroclo, y Aquiles enfureció- Mi padre siempre dijo: «A las chicas hay que tratarlas con delicadeza y cariño, porque todas las chicas son princesas. Si te portas como bruto, como bruto te verán», y por eso jamás te demostré mi fuerza, Pirra -y Aquiles enfureció.

-¡Deja de llamarme Pirra! -recriminó Aquiles mientras ahorcaba a Patroclo por la espalda- Te lo advierto, Patroclo, insiste en ese comportamiento tan extraño de tu parte y en verdad te voy a asesinar -habló Aquiles sombríamente, y entonces vio un resplandor plateado, pateó a Patroclo lejos del camino, y se cubrió con su escudo, protegiendo a Patroclo del tremendo puñetazo de Fénix.

-Así que sabes hacer otra cosa además de atacar como un descerebrado -sonrió Fénix, mientras Aquiles sostenía el escudo con ambas manos, siendo incapaz de frenar la avanzada del Caballero de Plata -puede que tengas futuro, mocoso -dejó de imprimir presión Fénix, le dio la espalda al par, y caminó de forma arrogante-. ¡No se queden allí parados! Tienen mucho que aprender. Te entrenaré a ti también, mocoso -prosiguió Fénix observando a Patroclo.

-No vine a ser entrenado por ti -enunció Aquiles con molestia, y Fénix se detuvo-. Vine a ser entrenado por el Centauro Quirón, el maestro de los grandes héroes como Jasón y Heracles. No aceptaré a ningún otro maestro -continuó Aquiles con arrogancia.

-¿En verdad? -sonrió Fénix- No sabes lo que estás pidiendo, mocoso. Pero gustoso te llevaré con Quirón a que seas castigado. Ahora, síganme. Quirón se encuentra en el Monte Pelión, y les advierto, no acepta a cualquiera de discípulo -y tanto Aquiles como Patroclo intercambiaron miradas, pero siguieron a Fénix de todas formas.

-¿Quién es usted? -preguntó Patroclo, pero Fénix no le respondió, simplemente continuó con su camino- ¿Por qué nos atacó recién llegamos a los muelles? ¿Cómo sabe que buscábamos entrenamiento? -insistió.

-Pierdes el tiempo, Patroclo -susurró Aquiles, y Fénix sonrió-. Este sujeto… no puedo explicarlo, pero una fuerza tremenda lo respalda… seguramente es un emisario de Quirón. Puedo ver el fuego del Hades arder con furia en su cosmos -y Patroclo lo miró también. Era una especie de resplandor, como un ave de fuego que intentaba salir a flote en su ser, pero no lo conseguía-. ¿Qué clase de persona es este sujeto? -se preguntó Aquiles, pero siguió al Caballero de Plata de todas formas.

Anatolia. Troya. Palacio de Troya.

-¡De nuevo! ¡Ponte de pie e inténtalo de nuevo! -resonó la voz de Héctor mientras Paris paseaba con Enone por los pasillos del palacio de Troya, y ambos escucharon un gentil sollozo- No te atrevas a llorar. Las lágrimas son señal de debilidad. Párate ahora e inténtalo de nuevo. ¿Acaso quieres ser derrotada por el Escorpión Dorado? -preguntó Héctor, y tanto Paris como Enone miraron la horrible escena.

-Me duele… -se trataba de Anficlas, la hija de uno de los consejeros de Troya y discípula de Héctor. Tenía el cuerpo lleno de moretones, y los ojos ahogados en lágrimas-. Me duele mucho… -continuó sollozando, y Héctor caminó hacia ella, la levantó a la fuerza, y le entregó una espada de madera-. Pero… maestro… -lloró Anficlas.

-Escúchame, Anficlas… jamás he aceptado a un discípulo, mucho menos a una niña -sentenció Héctor con cierto desprecio-. Pero cambié de opinión cuando tu padre llegó a mí exigiéndome que te entrenara. Tenías una mirada fiera, cargabas esa misma espada de madera con una empuñadura firme. Me comentaron inclusive que derrotabas a todos los niños con tal facilidad que comenzaste a entrenar con los adultos. Pero yo soy diferente a todos ellos, no retraigo mis golpes. Impresióname, o te volveré a lastimar -Anficlas se tragó las lágrimas, se lanzó en contra de Héctor, y lanzó varias estocadas, que Héctor bloqueó con facilidad, antes de patear a Anficlas al suelo-. ¡Muy lento! -gritó Héctor.

-¡Ya basta! -gritó Paris, corriendo dentro de la habitación y abrazando a la niña, quien lloraba con fuerza- Héctor. ¿Por qué la lastimas así? Es solo una niña -le acarició la cabellera Paris, y la niña hundió su rostro en su pecho, llorando con fuerza-. Todos en Troya son muy crueles. Son duros, arrogantes, brutales. ¿Es esta la imagen que desean darle al mundo sobre el poderío Troyano? ¿Una imagen de brutalidad? -preguntó Paris, sobando la cabellera de Anficlas.

-¡Esparta! ¡Ftía! ¡Creta! -gritó Héctor, y Paris se sorprendió- En Esparta, cuando un niño nace débil, se envía a las montañas y se le deja solo intentando buscar el camino de regreso a casa. El niño aprende a matar, a cazar, y a alimentarse, o muere intentando regresar a casa -y Paris lloró por el pensamiento que le rondaba la mente-. En Ftía, tierra de los Mirmidones, los niños son torturados al resistir los pinchazos de 100 hormigas de fuego como parte de su ritual de madures. Muchos mueren por el dolor, o no lo soportan y huyen. Se convierten en vergüenza de sus padres -prosiguió Héctor-. ¡En Creta a los niños débiles se les ofrecía en sacrificio al poderoso Minotauro antes de que Teseo lo asesinara! ¡3 pueblos enemigos de Troya que entrenan a sus guerreros para matar y ser sanguinarios! ¡Troya debe ser la ciudadela más grande de todas! ¡Nuestras murallas fueron construidas por dioses! ¡Todo guerrero Troyano, debe valer por 100 guerreros de Esparta, de Tesalia, de Creta! -sentenció Héctor.

-Es solo una niña… -lloró Paris, y Héctor se la arrebató de los brazos, y la niña lloró asustada-. Héctor, detente. Las niñas ni siquiera van a la guerra. No hay razón para entrenar a Anficlas para convertirse en una guerrera -insistió Paris.

-Entonces la entrenaré como a un hombre -sentenció Héctor, tomando una espada real, jaloneando a Anficlas de la cabellera, y cortándole el cabello de un movimiento hasta dejarlo cortó-. En 3 años, Heleno profetizó una gran tragedia para ti, Anficlas -y Paris se horrorizó, mientras Anficlas veía su cabellera en el suelo-. ¡Te entrenaré hasta que aprendas a odiar a ese escorpión! ¡Seré tan duro como deba ser! ¡No te veré como a una chica, te veré como a un chico que ha de convertirse en un hombre! ¡Vencerás a ese escorpión! ¡Lloraré por dentro por todo el dolor que te causaré, pero te convertiré en una campeona! ¡No! ¡En un campeón! ¡De ahora en adelante no tienes derecho a actuar como niña! ¡Te moverás, caminarás, y hablarás como un hombre! ¿Lo has entendido, Ethon? -la renombró Héctor, y la niña asintió, y se puso de pie, mirando a Héctor con desprecio.

-Lo entiendo… maestro… -hizo una reverencia aceptando su nuevo nombre-. Mi nombre… es Ethon… como el águila que come las entrañas de Prometeo eternamente… no soy una chica… soy un chico… estoy listo, maestro… estoy listo… -y Ethon se lanzó a Héctor, y con espada de madera atacó con fuerza, y Héctor, cubriendo con su propia espada de madera, sonrió, y vio las chispas saltar tras el choque-. ¡Maldito escorpión! -gritó Ethon- ¡Te mataré! ¡Beberé tu sangre! ¡Te cortaré ese maldito aguijón! -y Paris estaba impresionado, asustado, aterrado, y unas manos le cubrieron los ojos, lo jalaron, y lo abrazaron.

-No mires… -escuchó Paris. Era Casandra, quien le tapaba los ojos, y le besaba la frente a Paris-. Héctor quiere mucho a esa niña… ella es la hija bastarda de un concejal llamado Deyonero que embarazó a una prostituta, a quien Deyonero ordenó ejecutar cuando su esposa se enteró del nacimiento de Anficlas -le explicó Casandra, y Paris se mostró perturbado por la revelación-. Deyonero entonces la abandonó, pero tras el fallecimiento de su esposa, y tras no tener hijo o hija alguno, Deyonero la sacó de las calles años después de abandonarla para utilizarla como su única esperanza de obtener una posición de poder por matrimonio -Paris comenzó a llorar, comprendiendo el dolor de la pobre niña-. Aun así, todos saben que es una niña bastarda, por eso la única persona que la cuida es Héctor, su padre la dejó a cargo de Héctor porque la niña era violenta, golpeaba a los niños con una espada de madera. Anficlas odia a los hombres, pero solo escucha a los adultos porque les teme. Esa niña, no tiene la culpa del pecado de los padres… -y de pronto, una sonrisa malvada apareció en los labios de Casandra, y su ojo comenzó a temblarle-. Pero… la gente es cruel… Troya es un reino de crueldad… Héctor quiere cuidar de esa niña porque es de buen corazón, pero no tendría que ser tan brutal si la gente no fuera tan cruel con los bastardos… jeje… son golpeados en las calles, o asesinados frente a las amantes… jejeje… Anficlas solamente escapa a ese destino porque Héctor la protege, pero fuera de estas paredes es una bastarda. Está destinada a un gran sufrimiento, esa niña… jajaja… -Paris notó que Casandra nuevamente perdía la cordura, la abrazó, la jaló a su pecho, y le acarició la cabellera-. Lo siento… -habló Casandra-. Mi cordura… tiene muy poco limite… quiero cuidarte yo también… pero… -y Paris notó el dolor de Casandra, que comenzaba a temblar, mientras su mente volvía a colapsar-. Sácame de aquí… antes de que grite a los vientos lo mucho que sufrirá esa niña… hazlo… jeje… es un escorpión bastante pervertido, aunque de buen corazón… jejeje… resiste, Anficlas, no todo será sufrimiento, jajaja, no hasta el día en que enfrentes a los demonios que hoy te convierten en lo que eres -sentenció Casandra, Paris la cargó, y corrió con ella lejos de la horrible escena.

Hélade, Argos. Sala del Trono de Argos.

-¡Estoy agotado! -se quejó Diomedes, sentándose en su trono, y Shana le secó el sudor con un trapo de lana- Prefiero 1,000 veces ser un Caballero Dorado que un rey… esto no es vida, es una tortura… 20 nobles ya me pidieron tu mano en matrimonio… -se quejó Diomedes-. Tontos… solo una hija legítima puede ser prospecto de herencia -prosiguió el nuevo rey.

-Padre… quieres dejar el tema de mi matrimonio a un lado. Ya te dije que no voy a casarme -respondió Shana-. Pero eres sorprendente, papá… 6 representantes de reinos aliados vinieron a ti a pedir consejo. Recibiste tributo de Tebas, donde también te llaman rey. Escuchaste a los aldeanos y solucionaste sus problemas con sabiduría, y solo llevas medio día de ser rey -y Diomedes bajó la mirada con tristeza-. Soy tu hija. ¿Hay alguna forma de aligerarte la carga de trabajo? -Diomedes entonces abrazó a Shana, y la forzó a sentarse en su regazo- ¡Oye, Diomedes! -se quejó Shana, y Diomedes acaricio la cabeza de Shana- Padre, me estás avergonzando… no hay nadie en la sala del trono, pero, alguien podría entrar en cualquier momento. Compórtate por favor -suplicó Shana.

-Shana, creciste mucho en tan solo 3 Lunas. Ya eres una señorita -sonrió Diomedes, y Shana se avergonzó un poco-. Me siento tan anciano… rey de Argos, con mucho trabajo, y mi princesa ya es tan bella y pretendientes buscan su mano en matrimonio… -fingió que lloraba Diomedes, y Shana re ruborizó.

-Padre… me adoptaste hace 20 días… y llevas medio día de rey… déjate de bromas y compórtate, ya tienes 18 años -le reprendió Shana, parándose del regazo de su ahora padre, sumamente avergonzada-. Eres tan infantil… pero… de todas formas. ¿Qué pasó con el abuelo? ¿Por qué la abuela Deípile gobernaba sola? -Diomedes bajó la mirada en ese momento- ¿Pregunté algo que no debía? -preguntó.

-Bueno… legalmente eres familia, así que no veo razón para no contártelo -le sonrió Diomedes, pero su sonrisa se borró en ese momento-. No es una historia muy grata. Pero ahora eres la princesa de Argos, así que debes conocer la historia de nuestra familia -Diomedes se puso de pie, y le ofreció el brazo a Shana, quien lo tomó y caminó con su padre por el palacio. Algunos criados llegaron, pero Diomedes habló primero-. Que nadie me moleste. El rey está cansado de su largo viaje. A menos que sea algo realmente importante, no otorgaré audiencia alguna -y los criados asintieron, mientras Diomedes abría una puerta, e invitaba a Shana a una habitación con varias estatuas-. Estos son los grandes reyes de Argos -apuntó Diomedes, y Shana se impresionó por las estatuas en el recinto-. Cada rey manda a construir su estatua, yo también tendré una al parecer, aunque mi estatua planean forjarla en oro por mi estatus de Caballero Dorado, pero eso no es lo importante. Lo importante es que conozcas a mi padre, tu abuelo por adopción -apuntó Diomedes a una majestuosa estatua, de un hombre idéntico a Diomedes, aunque con barba, lo que sorprendió a Shana-. Las estatuas se destruyen y se reemplazan cada 5 años, y así sucesivamente hasta la muerte del rey. Esta estatua es de un par de años antes de la muerte de mi padre -explicó.

-Pero… padre… esta persona, se ve justo igual a ti -Diomedes asintió, y apuntó al nombre de la estatua-. Rey Tideo… rey de Argos… caído en la Batalla de los 7 Contra Tebas -y Shana bajó la cabeza, sintiéndose deprimida-. Perdón… padre… no pretendía abrir viejas heridas… -se avergonzó Shana.

-La herida es más profunda de lo que crees… mi padre… me avergüenza… -y Shana se deprimió por escuchar esas palabras-. Shana… cuando hice ese juramento, sobre creerte cualquier cosa, dijiste que eras Athena, y por el juramento te creí… -y a Shana le dolió esa revelación-. Es el momento de que me demuestres que eres Athena… dime… ¿cómo murió mi padre? -y Shana se sobresaltó.

-¿Cómo sabría yo algo como eso? -preguntó Shana, y Diomedes suspiró- Diomedes… yo… no te mentiría… ¿aún dudas de que soy Athena? -pero Diomedes no dijo nada, simplemente le sonrió, y acarició su cabeza- ¿Por qué sabría cómo murió el abuelo? -Diomedes miró a la estatua, con una mezcla de horror, vergüenza, y tristeza.

-Porque antes de que yo fuera el favorito de Athena… él lo era… -Shana miró la estatua, y sus ojos se abrieron de par en par-. ¿Lo has recordado? -preguntó, y Shana lloró- Lo sabía… en verdad eres Athena… -sonrió Diomedes.

-Yo… yo… no lo recordaba porque no había nacido… pero la esencia de Atenea lo recuerda… y lo plasma en mi mente… -lloró Shana, recordando-. Una terrible guerra, Tebas quien era leal a Argos los traicionó. Un imperio fortificado y fuerte, amenazando a Argos. Tideo buscó a los 7 reyes de Argos, y los 7 reunieron sus ejércitos, atacando por cada una de las 7 puertas de Tebas -y Diomedes asintió, mientras Shana seguía llorando, viendo la sangre, el fuego, y la muerte-. Uno a uno, los 7 reyes cayeron… Tideo, el favorito de Athena, era el más poderoso de los 7, el Caballero de Escorpio antes de Diomedes. En la guerra… Tideo fue herido por un rey de nombre Melanipo… el de Escorpio perdió la única batalla que tenía derecho a perder… pero antes de irse… -y Shana se abrazó a sí misma, recordando, y Diomedes no hizo nada hasta asegurarse de que Shana terminaba-. Ordenó la muerte de Melanipo, y que le trajeran su cabeza. Ya habían perdido la batalla, pero los soldados regresaron, solo para cazar a Melanipo… lo mataron… le cortaron la cabeza… y se la entregaron a Tideo, quien le aplastó el cráneo contra el suelo… sacó sus sesos… y los devoró… -y Shana se tapó los ojos, ahuyentando las imágenes-. Athena entonces lo dejó morir… ya no era su favorito… era horrible… -y Diomedes abrazó a Shana, y la ayudó a tranquilizarse.

-En verdad eres Athena… nadie conoce esa parte de la historia… -y Shana tembló, mientras Diomedes la tranquilizaba-. Tideo… antes de su horrible muerte y desgracia, fue un Argonauta, uno de los más fieros guerreros que viajó con Jasón en busca del Vellocino de Oro… yo estaba orgulloso de mi padre… tenía 4 años cuando murió, pero sus restos llegaron a Argos hasta que cumplí los 14 años… el rey de Tebas no regresó su cuerpo hasta que cumplimos con el pago de una compensación en oro por los daños a Tebas… -y Shana asintió, como si recordara esa parte-. Ese día, fue el día en que conocí a Odiseo… llegó en el peor momento, él y el rey Laertes nos visitaban sin saber que ese día yo recibía a mi padre muerto hace 10 años, no era más que huesos y piel putrefacta, pero era mi padre. Odiseo… me abrazó, a un completo extraño, y me ayudó a tranquilizarme… el mensajero me contó a mí la historia del canibalismo de mi padre, su gran vergüenza. Odiseo me recomendó no contar esa historia, y dejar que mi padre muriera como un héroe… Odiseo es listo, un gran estratega, los hijos de los 7 nos reunimos ese día para jurar venganza, y de no ser por Odiseo, que me impidió revelar la verdad de la muerte de mi padre que lo declaraba un monstruo en lugar de un héroe, no me habrían apoyado si se los decía… levantamos nuestras espadas, reunimos nuestros ejércitos, conquistamos Tebas. La guerra… puede ser muy egoísta… ese día recuperamos la paz. Tebas nos tenía sitiados, exigía tributo. Y yo solo combatí por venganza… -Shana lo abrazó con fuerza, y Diomedes le devolvió el abrazo-. Vivo con esa vergüenza… con un secreto tan horrible que me destroza el alma… esperando el día de poder redimirme -y Shana asintió.

-Lo conseguirás… -lloró Shana, y Diomedes asintió-. No permitiré que mi padre se vuelva un tirano como el abuelo… serás justo, yo lo sé… tienes una hija que tiene muchas esperanzas en ti. No me defraudes… eres el favorito de esta Athena también -Diomedes sonrió, y le besó la frente con gentileza.

Tesalia. Monte Pelión.

-Hemos llegado -habló Fénix, quien se detuvo a lo alto del Monte Pelión, y frente a una cueva cercana a una cascada congelada, donde un hombre de apariencia ermitaña meditaba frente a las aguas de hielo de la cascada. Tenía cabellera marrón rojiza, barba del mismo color ligeramente desalineada, no vestía túnica, solo unos pantalones de entrenamiento, y en su espalda estaba tatuada la forma de un centauro-. Él es Quirón, el entrenador de héroes -explicó Fénix, arrodillándose ante el anciano entrenador de héroes.

-¿Un humano? -preguntó Aquiles con molestia- Vine buscando al más grande entre los Centauros. Una criatura legendaria que convierte a los grandes en héroes de leyenda. No vine a ser entrenado por otro humano, quiero a Quirón -agregó el arrogante, y el hombre sentado en la punta de la montaña, y que miraba a la cascada congelada, se puso de pie.

-Yo soy el Centauro que buscas -mencionó Quirón, y un cosmos plateado lo rodeó, y de los interiores de la cueva cercana, estalló una caja de plata liberando la Armadura de Plata del Centauro, que arropó a Quirón con su fuerza-. Fui un Centauro real, hasta que los dioses separaron a la bestia del humano. De la bestia crearon esta armadura, del humano quedó el conocimiento y una longevidad que los dioses me dieron de regalo, el Misophetamenos -explicó Quirón, y tanto Aquiles como Patroclo lo escucharon con sorpresa-. He vivido suficientes vidas para ver a grandes guerreros convertirse en leyenda, y a otros morir de la forma más miserable. Entrené a Héracles, y antes de él a Jasón. A Aristeo y a Acteón. A Asclepo y a Ayáx el apodado el Grande y quien ahora viste al Toro de Creta -anunció Quirón, enumerando a sus múltiples discípulos-. ¿Por qué he de entrenar a un niño que carga una Armadura Dorada que no sabe usar, y cuyo mayor logro ha sido esconder su género durante 5 largos años? -Aquiles enfureció, y Patroclo comenzó a alejarse de él.

-Oh, esa parte no la conocía -se burló Fénix, y Aquiles lanzó un tremendo puñetazo, que hizo temblar la tierra, pero que fue atrapado por la mano de Quirón, sorprendiendo a Patroclo y a Aquiles, Fénix por su parte, se mantuvo tranquilo-. No es tan fuerte como Heracles, pero es veloz como Jasón, aunque no tenga su astucia y liderazgo -mencionó Fénix, y Quirón asintió-. Si tuviera que compararlo, pensaría que está en un punto intermedio entre la brutalidad y la estrategia, en verdad la Armadura de Libra le queda como anillo al dedo, aunque no sepa usarla -terminó Fénix.

-Incluso los anillos deben moldearse para rodear a un dedo perfectamente -comenzó Quirón, alzó a Aquiles, y lo estampó al suelo, y antes de que Aquiles pudiera levantarse, Quirón le clavó el rostro al suelo al pisotearle la cabeza-. Cuando el anillo ya está forjado, y el dedo no cabe, o te rindes del anillo, o lijas el dedo hasta que entre -y Patroclo hizo una mueca de asco. Aquiles por su parte, volvió a intentar ponerse de pie, sin llegar a escapar de la presión de Quirón-. Puedo vencerte… aún sin usar mi cosmos… pero cuando termine contigo, serás invencible, igual que Jasón, igual que Heracles -y Quirón le quitó el pie de la cabeza, y por la presión que estaba ejerciendo Aquiles, se alanzó y torpemente quedó en pie-. Pero, seguramente igual que Jasón y Heracles, la soberbia te llevará a una tumba -sentenció Quirón.

-Al menos a Heracles lo subieron al cielo en forma de constelación -opinó Fénix al respecto, y Quirón asintió-. Heracles combatía semidesnudo, pero ahora hay una armadura con su forma. ¿Qué quedará cuando ustedes 2 mueran? ¿Sus nombres serán al menos recordados? -preguntó Fénix, y esas palabras llamaron la atención de Aquiles- ¿Quieres pasar a la historia con la mancha de haberte disfrazado de mujer por 5 años? ¿O sobrepasarás esa vergüenza, y crearás tu propia leyenda, la cual sobreviva incluso a tu propia muerte? -sentenció Fénix, y Aquiles estaba hecho furia divina- Quirón no entrenará a un imbécil -y Patroclo observó a Aquiles, que deseaba romperle el rostro tanto a Fénix como a Quirón, pero en lugar de eso, se arrodilló, sorprendiendo a Patroclo, y dibujando una sonrisa en Fénix.

-Maestro Quirón… he venido a pedirle… no… a suplicarle que me entrene… -enunció Aquiles, y Patroclo estaba más que impresionado, pero al notar el cómo se humillaba Aquiles, de inmediato se arrodilló también-. Deseo borrar esa parte de mi vida… mi madre lo hizo por mi bien, deseaba una vida larga y plena para mí, pero no es ese mi deseo… quiero ser fuerte… más que Jasón, más que Heracles… quiero que mi nombre sea recordado… -y Fénix se dio la vuelta, e hizo un ademán con la mano preguntando a Quirón.

-Has aprendido tu primera lección, mocoso… humildad… -mencionó Quirón, poniéndose de pie, dándose la vuelta, y observando a Aquiles fijamente-. Te entrenaré… serás el discípulo con el que enmendaré todos mis errores. Serás entrenado como Jasón, y a cambió, buscaras al bruto de Áyax el Grande, a quien entrené como a Heracles, y le darás una lección de humildad que no pudo aprender de mí -sentenció Quirón.

-¿Qué hay del faldero? -apuntó Fénix, y Patroclo se molestó por el insulto- Tiene una fuerza increíble, su puño me recordó bastante a Heracles, y mi armadura al parecer vibra con el deseo de enfrentarlo en batalla -y Patroclo no supo si sentirse halagado o molesto-. Pero sigue siendo un faldero. Un seguidor ciego de su amo -y Patroclo enfureció.

-A menos que el faldero encuentre su determinación en lugar de vivir bajo la sombra de este muchacho… no lo entrenaré -y Patroclo se fastidió aún más, y miró a Aquiles, que no dijo absolutamente nada al respecto-. Largo de aquí, faldero -terminó Quirón.

-¿Faldero dicen? -gritó Patroclo, furioso- ¿Eso es todo lo que soy para ti, Aquiles? ¿Una sombra que proteja tu debilidad? ¿Siempre al servicio ciego de su amo? ¡Somos amigos, pedazo de imbécil! ¡Y te guste o no me voy a entrenar y pelearé a tu lado! ¡No soy un faldero! -pero Aquiles no dijo nada, aunque miró a Patroclo de reojo- Aprenderás a respetarme, los 2 lo harán. Pero si Quirón no me acepta de discípulo, no voy a llorarle ni a suplicarle, ni a humillarme como tú lo has hecho. ¿Humildad? Soy suficientemente humilde para aceptar que un plebeyo como yo, no tiene la estirpe heroica que busca Quirón. Pero como plebeyo, subiré peldaño tras peldaño hasta llegar a acercarme a tu estirpe, príncipe de Ftía -sentenció Patroclo, se dio la vuelta, miró a Fénix, e hizo una reverencia-. Señor Fénix de Heracles. Humildemente le pido me tome de discípulo -Fénix sonrió con arrogancia, Aquiles se impresionó, y Quirón se molestó.

-¿Esto te molesta, anciano? -apuntó Fénix, con una arrogante sonrisa en su rostro- No hay nada más placentero que ver a Quirón molesto, fanfarrón de pacotilla. Tú ganas, faldero. Te entrenaré -sentenció Fénix, y Patroclo se alegró-. Hace años, yo subí al Monte Pelión también a buscar el entrenamiento del Centauro. Pero me rechazó y entrené por mi cuenta. Lo reté miles de veces para demostrarle ser digno de su entrenamiento, hasta que un día… -sonrió Fénix-. Me dijo que ya no tenía nada que enseñarme -y Quirón observó a Fénix fijamente-. Sin su ayuda llegué al nivel que poseo hoy. Me entrené a mí mismo, y hoy el Centauro Quirón me respeta tanto, como para no discutir conmigo. Hagamos un trato, Quirón… yo entreno a este niño, y si logra impresionarte, tú le obsequiarás la armadura de la bestia que hizo famoso a Heracles -Quirón alzó una ceja, y Fénix continuó con arrogancia-. Las estrellas del León de Nemea le sonríen al faldero -explicó Fénix.

-Que así sea -respondió Quirón, entró en la cueva, y regresó momentos más tarde con una caja dorada, con un León marcado en esta-. Si logras impresionarme, faldero. La Armadura Dorada de Leo te pertenecerá, y formarás parte de la elite de Caballeros Dorados al servicio de la diosa Athena -sentenció Quirón, y miró a Aquiles-. En cuanto a ti, mocoso. Hasta que no seas digno, no vestirás la Libra -Aquiles asintió con humildad, se quitó su armadura, que entró en la caja dorada, y se la entregó a Quirón-. El entrenamiento comienza ahora. Segunda lección, acepta el dolor y aprender a superarlo -pateó Quirón, directo en el talón derecho, y Aquiles gritó de dolor, cayó al suelo, y lloró-. Si tu enemigo conoce tu debilidad, estás muerto si no puedes superarla. Combatiremos, mocoso. Combatirás a un oponente que conoce tu debilidad -Quirón lanzó un puñetazo, y Aquiles rodó, pero no podía ponerse de pie, y seguía sobándose el talón-. ¿Es este el héroe que deseas ser? ¿Un llorón que escapa de quien conoce su debilidad? Voy a lastimarte, Aquiles, hasta que superes tu debilidad -sentenció Quirón.

-Mientras tanto -mencionó Fénix, tomando del hombro de un preocupado Patroclo que deseaba ir en auxilio de Aquiles-. Yo te daré una lección diferente. De auto sacrificio -elevó su cosmos Fénix, como llamas que rodeaban al Caballero de Heracles-. Siempre pon la mente en un solo objetivo a la vez. Tu objetivo de hoy, salvar a tu amigo del dolor. No creo en la amistad, pero tú sí. Y hasta que puedas dejar de preocuparte por la debilidad de Aquiles, no podrás convertirte en tu propio guerrero, así que. ¡Te forzaré a deshacerte de esos sentimientos inútiles de preocupación! ¡Puño Fantasma! -le atravesó Fénix la cabeza a Patroclo de un puñetazo, y el cerebro del joven fue invadido por un choque eléctrico tremendo. La realidad se distorsionó, y Patroclo perdió el conocimiento.

Anatolia, Troya. Palacio de Troya.

-¡Paaaaariiiiisssss! -gritó Casandra, lanzándose a los brazos de Paris y derribándolo, mientras el joven paseaba por los pasillos del palacio de Troya. La escena ocurrió frente a una gran audiencia, quienes comenzaron a hablar mal de Casandra, quien abrazaba a Paris en el suelo, y le mordía la oreja de forma juguetona- Me sentía sola, Paris. No me dejes sola, eres muy malo -lloró Casandra, y entonces sintió que la jaloneaban lejos de Paris.

-¿Cuántas veces tengo que decirte que dejes de atormentar a Paris? -se quejó Heleno, y Casandra comenzó a gritar y a patalear queriendo que Heleno la soltara- ¡Deja de portarte como una loca! No, espera… de verdad estás loca… no me hagas llamar a Fryodor -sentenció Heleno, y Casandra se horrorizó.

-Fryodor no volverá a molestar a Casandra -mencionó Paris, poniéndose de pie, y Casandra se liberó de Heleno y corrió a los brazos de Paris, a quien abrazó y sonrió con gentileza-. Le di nuevas órdenes a Fryodor. Lo he reasignado a ser guardia de los prisioneros. No puede reprenderse a un hombre que ha sido fiel a la corona, pero puede reasignarse -habló Paris a tono de desafío, y Heleno se sorprendió-. Soy un príncipe. Puedo hacer este tipo de reasignaciones. ¿O me equivoco? -preguntó Paris.

-No te equivocas, joven príncipe -habló Héctor, quien llegaba a la corte con un niño que lo seguía, un niño que Paris reconoció por su mirada femenina. Se trataba de Anficlas, que se había cortado el cabello nuevamente, y que ahora vestía prendas moradas como todos los nobles de Troya-. Los príncipes tenemos cierto grado de libertad que nos permite tomar decisiones de cuenta propia, como reasignar al personal, y hacer declaraciones oficiales, como la que pretendo hacer ante el rey en esta audiencia. Lo normal, sin embargo, es hacerlas públicas al rey. Tus reasignaciones debes discutirlas con Príamo y la corte -sentenció Héctor.

-Lamento mucho haber tomado mi decisión sin el consentimiento de Príamo, pero… no podía soportar que siguieran siendo tan crueles con Casandra. Le he asignado a un guardián más fiable, al joven Cheshire -anunció Paris, y Casandra se alegró al escuchar la noticia.

-¡Siiiii! ¡Cheshire es bueno y no me golpea! ¡Lo cuidaré muy bien! ¡Le daré de comer! ¡Y lo sacaré a pasear todos los días! -sonrió Casandra, y Paris se preocupó un poco por lo que estaba escuchando.

-¡Cheshire no es un animal! -se quejó Políxena, quien llegaba también al corredor fuera de la Sala del Trono de Troya con Cheshire detrás de ella, quien se veía reprendido- Cheshire es mí sirviente personal. Paris, no puedes ir reasignando personal ajeno. ¿En qué estabas pensando? -preguntó Políxena.

-¡Pensaba en lo que es mejor para Casandra! -anunció Paris, y Políxena se sobresaltó- Nada de esto estaría pasando si no le hubieran dado la espalda a su familia. ¿No pensaron que probablemente la demencia de Casandra se debía a que jamás recibió apoyo de nadie? ¿Cómo es posible que sean más condescendientes con un hermano que apenas llevan 3 Lunas de conocer, que con ella que por años ha estado a su lado? Somos nobleza. ¿Esta es la imagen que quieren darle a su pueblo? -y alrededor de todo el pasillo, los nobles comenzaron a susurrar, sorprendidos por las palabras de Paris. Algunos estaban avergonzados, otros cuántos horrorizados. Fuera como fuera la reacción, los príncipes y princesas de Troya entendieron que todo cuanto hacían era imagen ante su pueblo, una imagen que hoy estaba deteriorada- Lo lamento… no me gusta alzar la voz… no me gustan los problemas, ni la crueldad, ni la sangre, las matanzas o las disputas… yo solo… quiero que entiendan que hay una forma más diplomática de resolver los conflictos… Troya es un país poderoso, de costumbres poderosas, y no lo cuestiono. Lo que cuestiono, es que no sientan lo que es la piedad… -y Paris abrazó a Casandra, quien sonrió y le regresó el abrazo-. Mírenla… solo la he conocido 3 Lunas. Cuando la conocí le tenía miedo… pero les pregunto: ¿Acaso Casandra se ve atemorizante ahora? Yo creo que se ve feliz -terminó Paris, y todos miraron la sonrisa de Casandra, quien comenzó a jalonear a Paris y a bailar con él a pesar de las circunstancias. Héctor por su parte, comenzó a reírse a carcajadas, sorprendiendo a todos los presentes.

-Sigue siendo una lunática, pero indudablemente, es una buena chica -sentenció Héctor, quien ignoró la situación, y siguió caminando a la Sala del Trono, seguido de Anficlas-. Todos podemos aprender mucho de ti, príncipe de Troya. Pero, necesitas aprender a tener prudencia, no todos piensan como tú. Pero hoy, aplaudo tu esfuerzo, y sé que muchos aquí presentes lo aplauden también -y el sonido de los aplausos resonó, y Casandra al escucharlo, comenzó a saltar y a aplaudir también, arrebatándole la risa a varios de los presentes, quienes veían a Casandra bajo una nueva luz-. No seas una infantil y deja que Cheshire cuide de Casandra -le susurró Héctor a Políxena, quien lo miró con curiosidad-. Sé que es tu sirviente favorito, pero tras años de torturas por su supuesta locura, a nuestra hermana le debemos algo de consideración, amor, y respeto. Solo cede por esta vez -y Héctor continuó con su camino.

-Me estoy cansando de ceder, Héctor -mencionó Políxena, quien miró a Casandra con cierta curiosidad-. Cheshire… -mencionó, y Cheshire se acercó-. Cuida bien de Casandra -y el joven de tez morena se sorprendió, pero asintió.

-Héctor, ¿qué significan todos estos aplausos? -preguntó Príamo, sentado en su trono, mientras Héctor abría las puertas de la sala del trono, y entraba seguido de Anficlas- No había escuchado a nuestro pueblo tan alegre desde que se declaró el regreso de Paris -enunció Príamo, y Héctor le sonrió.

-Se podría decir que Paris comienza a contagiar su alegría al pueblo. Su joven hijo se está volviendo muy popular -explicó Héctor, y Príamo asintió-. Sin embargo, la razón por la que he venido es diferente. Presento ante usted, rey Príamo, a Anficlas, la hija bastarda de Deyonero, dejada a mi custodia por él mismo -Príamo asintió, mientras el resto de su familia entraba, y dejaban afuera de la Sala del Trono a los nobles curiosos-. He venido ante usted, mi padre y rey, y con el consentimiento de mi esposa Andrómaca, para solicitarle a Anficlas como hija -y Príamo se sorprendió, y así lo hicieron también Paris, Políxena, Heleno y Cheshire, no así Casandra quien simplemente abrazaba a Paris-. Es mi deseo adoptar a esta niña. Le daré también un nuevo nombre, se llamará Ethon… y la criaré como a un niño -sentenció.

-¿Una hija a la cual criarás como a un niño? ¿Cuál es la razón? -preguntó Príamo, y Héctor movió la mano, indicando a Anficlas que debía de arrodillarse frente al rey. Príamo simplemente la observó con detenimiento- ¿Deyonero está de acuerdo con esto? -preguntó.

-Deyonero asesinó a la madre de esta niña por deseos de su esposa legítima -mencionó Héctor-. Le he acusado de asesino, y se le pagará con la misma moneda. Esta niña ya no tiene a nadie, y es una guerrera fiera, tan fuerte como cualquier hombre. Pero solo los hombres pueden combatir en la guerra. Por lo tanto, ocultaré su género, para permitirle a Anficlas combatir. Como la Estrella Terrestre del Talento, Ethon -un cosmos oscuro rodeó a Anficlas, y Príamo asintió ante la revelación-. Lo vencerás, te lo aseguro. Al Caballero Dorado de Escorpio… es tu destino -sentenció Héctor.

-Es mi destino… -continuó Anficlas, furiosa-. Mi nombre… es Ethon… y por siempre odiaré al Caballero Dorado de Escorpio y las tragedias que traerá a esta tierra… le declaro la guerra personal, le daré muerte, y salvaré a Troya de cualquier desastre que a esta tierra amenace. ¡Lo mataré! -prosiguió Anficlas, repleta de ira, y Príamo aceptó la adopción.

Hélade, Argos. Afueras del Palacio de Argos.

-Acabo de tener… un horrible presentimiento… -mencionó Diomedes frente al Palacio de Argos, con Shana a su lado, y con Egialea frente a él. La Caballero de Cisne usaba nuevamente su máscara, pero tenía una argolla dorada en el dedo que la identificaba como la esposa de un Caballero Dorado, por lo que, si volvía a perder la máscara, no acabaría obligada a matar o amar nuevamente. Varios carros con tesoros la esperaban, pero Diomedes no deseaba verla partir-. ¿No hay nada que pueda hacer para convencerte de dejar la senda de la caballería y que te quedes a reinar conmigo y Shana? -preguntó Diomedes.

-Es imposible que yo vea a Shana como a una hija, casi tiene mi edad -habló Egialea, y Shana entristeció un poco-. No lo mencionaba de esa forma, Shana… probablemente con el tiempo lo haré. De momento, las decisiones de Diomedes son un poco… impropias… -y Diomedes se molestó un poco por ese comentario.

-¿A qué Espectros te refieres con impropias? Todo mundo tiene derecho a adoptar -sentenció Diomedes, y tanto Shana como Egialea se burlaron de él-. Pero ya hablando enserio… estamos recién casados. Y siento que mi madre acaba de separarnos de algún modo con sus tontas reglas. Yo soy el rey de Argos ahora, puedo hacer lo que me plazca -insistió Diomedes.

-Primero tienes que hacer buenas relaciones con los otros reinos. Este tributo a Menelao como nuevo rey de Esparta servirá de momento. Pero tienes que entablar nuevas relaciones comerciales, tienes mucho trabajo -terminó Egialea, y Diomedes bajó la mirada con desprecio-. Volveré, no te preocupes. Siempre estaremos juntos -pero Diomedes tenía un mal presentimiento, y le tomó la mano-. ¿Diomedes? -preguntó.

-Sé que no soy el hombre más confiable de todos, pero… espero que así sea -Egialea entonces se quitó la máscara, embozó una gentil sonrisa, y besó a Diomedes antes de volver a colocarse la máscara y subir al carruaje, comenzando con la caravana que iba en dirección a Esparta-. Es algo problemático. Pero de todas formas… yo tampoco puedo verla como mi esposa aún -Shana se sorprendió de escuchar esas palabras, y miró a Diomedes con curiosidad-. Hicimos un juramento en nombre de Deméter… técnicamente es mi esposa, pero… siempre existirá esa horrible sensación de saber que es mi prima. No desaparecerá fácilmente. Pero al menos tendré el consuelo de no tener que matarla, aunque sea una vida algo solitaria -explicó Diomedes.

-¿Habrías preferido a alguien más? -Diomedes sonrió un poco, pero movió su cabeza en negación- Sé que intentaste huir a este compromiso, padre. Pero hiciste lo correcto, salvaste la vida de Egialea. Ambos tendrán que aceptarlo. Y cuando ambos maduren, podrán vivir juntos. Hasta entonces, sé paciente -sonrió Shana, y Diomedes le regresó la sonrisa.

-Espero que sea así. La verdad hay un montón de chicas mejor parecidas que Egialea -Shana se molestó, y le jaló la oreja a su padre-. ¡Ow! ¡Era una broma! ¡Una broma! ¡Amo a mi prima tal y como es! -y Shana asintió- Eres algo violenta, Shana. Das miedo cuando te enojas -Shana entonces le sonrió.

-Padre, quiero aprender a ser una princesa -mencionó Shana, y Diomedes parpadeó en un par de ocasiones-. Déjame ayudarte a mitigar la carga. Quiero que padre siga siendo feliz y continúe sonriendo, así que, por favor. Déjame ayudarte a atender a las solicitudes del pueblo de Argos. ¿Quieres? -y Diomedes se conmovió por las palabras de Shana, que entendía el desprecio de Diomedes por comportarse como un rey.

-Shana… tú… -lloró Diomedes, y estuvo a punto de abrazar a Shana, pero de improviso la empujó, y saltó evadiendo una fuerza de cosmos plateada, que asustó también a Shana-. ¿Creíste que no había sentido tu cosmos? ¡No me vengas con tonterías! ¡Sabes que solo puedo perder una sola batalla! ¡Aguja Escarlata! -gritó Diomedes, y un Caballero de Plata que se escondía en las sombras intentó escapar, solo para de la aguja le doblara el talón sin perforarlo, y lo derribara- ¡Tonto! ¡No estoy bromeando! ¡Soy un Escorpio! ¡Hay reglas que no puedo irrespetar! -un resplandor esmeralda le golpeó gentilmente la espalda, mientras un Caballero de Bronce saltaba y con la pierna lista intentaba golpear a Diomedes.

-¡Cuidado, padre! -gritó Shana, pero Diomedes se dio la vuelta tranquilamente, colocó su dedo frente a la tremenda patada del Caballero de Bronce que lo había atacado, y el de armadura color morado quedó impresionado cuando Diomedes detuvo la patada en pleno vuelo solo con su dedo- Increíble… Diomedes… es en verdad muy fuerte… más fuerte de lo que todos creían -Diomedes tomó al atacante del pie, y lo lanzó en dirección al Caballero de Plata de armadura escarlata que apenas intentaba levantarse.

-¡No estoy bromeando! ¡Esténelo de Argo! ¡Euríalo de Unicornio! -y el par de caballeros, uno al menos 5 años mayor que Diomedes, de cabellera oscura y corta vistiendo la Armadura de Plata de la nave Argo, y el otro un par de años menor, de cabellera café cremosa y vistiendo la Armadura de Bronce del Unicornio, se pusieron de pie con sonrisas en sus rostros- ¡Se los he dicho miles de veces! ¡Ya no pueden intentar enfrentarme! -gritó Diomedes.

-¿Los conoces? -preguntó Shana, y el par se lanzó a Diomedes y lo abrazaron, el de Escorpio sin embargo les golpeó al par las nucas y los dejó tendidos en el suelo- ¿Son amigos tuyos? Siento una gran confianza que emana de ellos a ti, padre -y el par se horrorizó.

-¿Padre? -gritaron, y Shana se asustó, corrió tras la capa escarlata de Diomedes, y se ocultó del par de gritones- ¿Con cuántas mujeres has estado que no fuimos capaces de descubrir que tenías una hija ilegítima? -preguntó Esténelo, el Caballero de Plata de Argo.

-Diomedes traidor -lloró Euríalo, el de Unicornio-. Nos ocultaste por años que tenías una hija de… un momento. ¿Cuántos años tienes? Eres demasiado mayor para ser una hija ilegítima que no conocemos. Diomedes tiene solo 18 años y no es ni la mitad de lujurioso que Esténelo. ¿Qué pasa aquí? -preguntó el de Unicornio, el que era menor que Diomedes, y Esténelo le golpeó la nuca con fuerza- ¡Ouch! ¡Pero es verdad! Ella podría tener mi edad… tal vez un par de años menos… -terminó Euríalo.

-Es mi hija adoptiva, par de cabezas huecas… tiene 12 años… -terminó Diomedes, y Euríalo se sonrojó, por lo que Diomedes, furioso, le golpeó la cabeza con fuerza-. Y antes de que se te ocurran idioteces. No pretendo ofrecer su mano en compromiso, menos a alguien incluso más pervertido que yo -sentenció Diomedes, y Euríalo se sobó la cabeza, Shana simplemente jaló la capa de Diomedes un par de veces sin saber qué hacer-. Shana… ellos son Esténelo, y Euríalo. Esténelo es príncipe de Ifis, y es mi maestro de armas, Euríalo es príncipe de Argólida. Ambas son provincias de Argos, por lo que técnicamente me pertenecen. Los 3 somos los últimos Epígonos, hijos de los 7 reyes que lucharon en la Batalla de los 7 Contra Tebas -terminó con su explicación Diomedes.

-Los hijos de los 7 reyes… -se impresionó Shana, y Diomedes asintió-. Ustedes son los Epígonos, los hijos de los reyes que recuperaron Tebas… pero… pensé que eran 7 -mencionó Shana, y Diomedes bajó la cabeza.

-Por más heroico que sea un legado. Incluso los grandes héroes no regresan con vida de la guerra -explicó Diomedes, y Shana lo comprendió-. 7 príncipes marcharon a la guerra, solo 3 regresaron. La guerra siempre cobrará a sus víctimas, algunas de las cuales ni siquiera se encontrarán en el campo de batalla, pero que perderán a amigos, a hermanos, a hijos… a padres… -recordó Diomedes, y Shana lo abrazó con gentileza-. Siempre habrá guerras, son parte de nosotros. Pero hay 2 dioses de la guerra. ¿Sabes por qué? -y Shana lo negó- Si lo sabes, pequeña tonta, pero quieres que yo te lo diga -y Shana sonrió, mientras Diomedes le alzaba la barbilla-. Athena, la Sabiduría en la Guerra, Ares, la Brutalidad en la Guerra. Hay 2 dioses de la guerra, porque uno no puede existir sin el otro. La guerra es necesaria, para que exista la paz. Es un equilibrio infinito e incomprensible. Así como la guerra no dura para siempre, tampoco lo hace la paz. En el momento en que haya paz, plena y perpetua… nos extinguiremos, ya que no habrá razón para seguir viviendo, creyendo, amando. Yo tengo mucho que aprender de ser un rey… tú tienes mucho que aprender de ser una diosa -y tanto Esténelo como Euríalo no lo comprendieron, e intercambiaron miradas.

-De momento me conformo con aprender a ser una princesa -sonrió Shana, pegando la cabeza al pecho de Diomedes-. Ya tendré tiempo de aprender a ser una diosa. Por lo pronto, ¿dónde están mis regalos? -apuntó Shana a Esténelo y Euríalo, quienes hicieron una mueca de curiosidad- ¿Vienen a visitar al rey de Argos sin traer regalos para su hija favorita? Que groseros. ¿Así quieren mi mano en matrimonio? -y el par de caballeros se horrorizó, y corrieron para buscar regalos, mientras Shana simplemente se burlaba- Eso los mantendrá ocupados mientras me educas en ser princesa -sonrió Shana.

-Pero si hasta yo podría aprender de ti -se impresionó Diomedes-. Nunca había visto a esos 2 tan interesados en complacer a la corona de Argos. Pero Shana, ya discutimos lo de tu mano. No te entregaré… te protegeré con celos de Escorpio de ser necesario -Shana se burló, y sonrió con alegría.

Tesalia. Monte Pelión.

-¡Atácame! ¡Que tus puños sean como espadas! ¡Un verdadero Caballero de Athena debe ser capaz de combatir incluso sin armas! ¡Tus puños deberían partir la tierra! -continuó con sus enseñanzas Quirón, mientras Aquiles lo perseguía por todo el Monte Pelión, lanzando poderosos puñetazos, que eran tragados por la nieve. Quirón tomó entonces una esfera de nieve, la lanzó al rostro de Aquiles, cegándolo, y pateó el talón nuevamente, dejándolo tumbado en la nieve y tomándose el talón- En una pelea todo es un arma -sentenció Quirón.

-Eso fue injusto… -lloró Aquiles de dolor, pero intentó reponerse, y se puso de pie tembloroso y adolorido-. ¡La forma en que me entrenas es deshonrosa! ¡Atacando mi punto débil! ¡Utilizando estratagemas cobardes! -apuntó Aquiles, e inmediatamente después se tomó los brazos y los frotó intentando ganar calor.

-Estas estratagemas cobardes como las has llamado, me han dado la victoria. Estarías muerto si blandiera un arma, o te partiera el cuello de un movimiento de mis brazos -Aquiles enfureció, pero lo comprendió-. ¿De qué sirve jugar limpio si tu oponente juega sucio? Hay una diferencia entre hacer trampa y hacer lo posible. Si tu oponente es más fuerte que tú, más rápido que tú, más decidido que tú, al menos asegúrate de ser el más listo -apuntó Quirón a la frente de Aquiles-. Estas son solo estrategias básicas que creías que dominabas. Te creías invencible en batalla, que con solo la fuerza y la velocidad era suficiente. Si fuera un enemigo real, ya te hubiera asesinado. ¿Lo entiendes? De nada te sirve ser justo si mueres al final -Aquiles asintió, y estornudó de frio.

-¡Al menos podría dejarme abrigarme mejor para el entrenamiento! -se quejó Aquiles, y Quirón se burló, elevó su cosmos, y se desprendió de su armadura, enviándola de regreso a la cueva- ¿Es otra lección? -preguntó Aquiles.

-Hay muchas lecciones, están en todas partes -mencionó Quirón-. Primero, aprendiste humildad. Antes te hubieras vuelto a lanzar con odio hacia mí, pero ahora me vez como a un maestro, intentas aprender -explicó Quirón-. Antes, te creías invencible y limpio, y aprendiste que el rival no siempre respetará las reglas, no siempre tiene honor, y que de poco sirve la fuerza o la velocidad si te falta astucia -continuó Quirón, y Aquiles volvió a estremecerse por el frio-. Y ahora aprenderás a usar el cosmos. Mi método, es enseñarte a la fuerza. Haz usado el cosmos, si no lo supieras usar, la Armadura Dorada de Libra sería tan pesada que no podrías moverte con normalidad y rapidez. Pero lo haz usado instintivamente, no lo has manipulado a tu antojo. Tu primera lección en el uso del cosmos, es concentrarlo, como yo hago en este momento. Ordénale a tu cosmos generar calor. Y así… no importará lo bajo de la temperatura, solo el Cero Absoluto podrá congelarte -Aquiles intentó concentrar su energía, pero no era algo que supiera hacer-. Piensa en las estrellas que existen en tu interior. Busca una de las estrellas de tu constelación, y pídele que brille de dorado, enciende tu cosmos -y Aquiles lo logró. Un destello dorado lo rodeó, e inmediatamente después, dejó de sentir frio-. Sobresaliente -habló Quirón-. El cosmos te permitirá resistir tanto altas como bajas temperaturas, solo debes cambiar entre el calor de una estrella, y el frio del vacío infinito de Erebo que rodea las mismas. Con el cosmos tu cuerpo se fortalecerá, serás más veloz, de pies ligeros, y también endurecerá tu piel, te hará invulnerable -Quirón pateó, y Aquiles se concentró, elevó su cosmos, pero Quirón pateó con tanta fuerza, que al golpear el talón Aquiles ni con su cosmos lo pudo detener, y el discípulo terminó en el suelo gimiendo de dolor-. Ese talón… ni el cosmos más alto podría protegerlo… es un talón maldito… -Aquiles tembló, pero se puso de pie, aunque seguía siendo incapaz de dejar de llorar-. Fénix… para salvar a este niño de la desgracia de su talón maldito… necesitaremos algo más que el cosmos… -terminó Quirón, se lanzó contra Aquiles, pateó, pero Aquiles evadió y con el pie izquierdo intentó patearle el rostro a Quirón, quien lo bloqueó con su mano, lo tomó del pie izquierdo, y lo azotó al suelo, e inmediatamente después le pisoteó el talón a Aquiles, quien nuevamente gritó de dolor, y su grito resonó por todo el Monte Pelión.

-¡Aquiles! -gritó Patroclo horrorizado, levantándose del suelo, estaba rodeado de nieve. Había perdido el conocimiento tras haber sido golpeado por Fénix, pero al escuchar el grito de Aquiles, había vuelto a despertar- ¡Aquiles! ¿Dónde estás? -se horrorizó Patroclo, y comenzó a correr por la nieve, buscando a Aquiles, pero lo único que encontró en el desierto de nieve, fue a un inmenso gigante blanco, de ojos azules, y que comenzó a correr en su dirección- ¿Qué Hades? -gritó Patroclo, escapando del horrible ser, corriendo tan rápido como le era posible. Pero el gigante era muy rápido, y Patroclo tuvo que resbalar bajo los enormes pies del gigantesco monstruo para evadirlo- ¡Es muy veloz! ¿Quién Espectros eres? -gritó Patroclo, pero el gigante volvió a correr tras Patroclo, que no era lo suficientemente rápido como para evadirlo, y terminaba ocultándose en la nieve.

-Este es Dámiso, un gigante come hombres -resonó la voz de Fénix, y Patroclo lo buscó por todo el lugar, pero el frio y los fuertes vientos le cortaban la piel y le nublaban la visión-. Dámiso era un gigante, el más veloz de todos, nadie podía vencerlo en una carrera, ni siquiera Hermes, el Dios de la Velocidad. Fue necesario de la unión de Zeus y Heracles para vencerlo -y Dámiso alzó los brazos, y blandió intentando aplastar a Patroclo, quien rodó a un lado y comenzó a correr-. En la vida, enfrentarás a seres que te parecerán invencibles. Muchos tal vez lo son. Otros puede que solo sean fanfarrones. ¿Tienes el valor de enfrentarlos al menos? -Dámiso nuevamente intentó atrapar a Patroclo, quien comenzó a llorar de miedo.

-No quiero morir… -escapó Patroclo, y comenzó a correr tan rápido como podía-. No quiero morir… tengo miedo… no quiero morir… -continuó Patroclo, pero el gigante continuaba persiguiéndolo-. ¡Por favor, no quiero morir! -el gigante azotó el dorso de su mano en todo el cuerpo de Patroclo, y lo enterró en la nieve. Patroclo entonces se puso de pie con la nariz llena de sangre- No quiero morir… -lloró Patroclo.

-Todos moriremos algún día. Lo importante es el qué hiciste para conservar la vida. ¿Llorar como una niña? Tal vez el vestido te hubiera sentado mejor a ti que a Aquiles -se burló Fénix, y aquello molestó a Patroclo, quien se puso de pie-. Aunque menospreciar a las niñas también es un error, hay niñas fuertes de corazón, valerosas, tu propia cobardía es tu propia debilidad. Si huyes primero, sin intentarlo, entonces el oponente frente a ti es en verdad invencible. ¿Qué pasa si miento y este gigante es un pelmazo? ¿Dejarás que un simple rumor te venza? Puede que diga la verdad e intentara protegerte. ¿Lo sabes, Patroclo? ¿Sabes cuál es la verdad? -el gigante se lanzó, y Patroclo rodó para escapar de él- No lo sabrás hasta intentarlo, pero si no lo intentas, de todas formas, ya fuiste derrotado. Esta es una lección de valor. ¿Tienes el valor de enfrentar al enemigo? -preguntó Fénix.

-Tiene razón… si no peleo… moriré de todas formas… prefiero morir peleando, que como un cobarde… -habló Patroclo, y un rugido pareció salir de sus dientes-. No tengo tiempo suficiente para perderlo contigo… debo encontrar a Aquiles, y si no te enfrento y huyo de ti, no solo no sabré si era capaz o no de vencerte, pero también quedarías libre, para matar a alguien más… -sentenció Patroclo, y su puño se llenó de cosmos dorado-. ¡No dejaré que me intimides! -Patroclo se lanzó contra el gigante, lanzó un puñetazo, pero el gigante desapareció, y Patroclo golpeó el suelo. El tremendo golpe disipó la nieve, y debajo de esta Patroclo encontró el esqueleto de un gigante- ¿Qué? -se preguntó Patroclo.

-Esa fue la ilusión de mi Puño Fantasma -sonrió Fénix, apareciendo detrás de Patroclo. Haz aprendido tu primera lección… valor -sentenció Fénix, y Patroclo miró el esqueleto-. Dámiso en realidad era invencible. Solo el esfuerzo conjunto de un dios y un mortal puede detener a un gigante. Pero, ¿cómo podías tú saberlo sin siquiera intentarlo? Huir no es un acto cobarde si lo haces cuando sabes realmente que no tienes otra alternativa. Primero piensa antes de actuar. Los rumores no siempre son ciertos, los actos de valor no son siempre los más inteligentes. Analiza la situación, y toma la táctica más prudente. Pero solo huye, cuando sea la última alternativa… o la que salve más vidas… -Patroclo comprendió la lección-. Pero, desenterrar a Dámiso tenía otro objetivo. No puedo permitir que sigas preocupándote por el talón de Aquiles. De lo contrario, no estarás enteramente concentrado -Fénix se agachó, y tomo un hueso del esqueleto del gigante-. Con esta taba del gigante, reconstruiremos el talón de Aquiles -le explicó Fénix, y miró en una dirección, que Patroclo siguió con la mirada, y al ver en esa dirección, Patroclo se horrorizó-. Quirón es bastante violento -explicó Fénix.

-No se habría dejado operar el talón de otra forma -habló Quirón, que cargaba en su espalda a un Aquiles llorando de dolor, con sangre cayéndole de los labios que había mordido con fuerza, ya que su talón estaba ensangrentado, dislocado, y de este, escapada sangre negra-. No hay mucho tiempo, el hielo y la nieve le cortaron la sensación de dolor y ahora que ha aprendido a controlar el cosmos puede mitigarla, pero perderá el pie si no nos apresuramos -sentenció Quirón, y corrió con Fénix de regreso a la cueva, donde colocaron a Aquiles en el suelo, y Patroclo estuvo a punto de vomitar por el horrible estado del talón de Aquiles.

-Creo… que puedo ver el hueso… -se cubrió la boca Patroclo, mientras que Quirón y Fénix ponían metales al fuego, y sacaban vendas, trapos, y varios cubos de agua-. ¿Qué van a hacerle? ¿Por qué le rompieron el talón? ¡Podría morir! -lloró Patroclo.

-No se convertirá en un verdadero guerrero con ese maldito talón. Voy a reemplazarlo con la taba del gigante Dámiso -explicó Quirón, y Patroclo se horrorizó-. No son solo los tendones, observa, el hueso… es negro -Patroclo se asomó, pero inmediatamente desvió la mirada, y comenzó a vomitar-. ¡Faldero! ¡No muestres debilidad! ¡Aquiles está elevando su cosmos lo más que puede para evitar el dolor! ¡Y el frio le ha ayudado a perder la sensación de su pierna! ¡Pero este nivel de dolor lo llevará a la locura si no se tranquiliza! ¡Cálmalo mientras Fénix y yo le reemplazamos el hueso! -Patroclo asintió, y tomó una mano de Aquiles.

-Mírame Aquiles, no pasa nada -comenzó Patroclo, y Aquiles lo miró con sus ojos ahogados en lágrimas por el dolor, y mordiéndose los labios-. Mírame, esto es lo que pediste. No eres más una princesa mimada, eres un hombre, y los hombres sufren dolor, pero lo resisten -continuó Patroclo, y Aquiles asintió.

-Tengo el hueso -habló Fénix, y lanzó un hueso negro a un lado de la cueva, era delgado, como una vara de madera, un pequeño trozo de hueso que sin embargo había causado tanto dolor para Aquiles-. Espero que esto funcione, Quirón, o habrás dejado a este niño lisiado de por vida -habló Fénix con preocupación.

-No lo sabremos si no lo intentamos al menos. ¿No son esas tus enseñanzas, Fénix? -se burló Quirón, cortando un pedazo de la taba del gigante Dámiso, hasta que tuvo la misma forma que el hueso negro que habían extraído de Aquiles- Colocaré el hueso, tú debes soldarlo. Con cuidado, usa unas monedas de plata, fúndelas, y rodea el hueso con ellas -así lo hizo Fénix, y comenzó con la delicada tarea. Patroclo por su parte, estuvo a punto de vomitar nuevamente por la descripción, y por imaginar lo que estaba pasando.

-Todo está bien… -prosiguió Patroclo-. Ellos saben lo que hacen, no lo harían si no lo supieran. Todo está bien, te están curando, el talón volverá a ser fuerte -lloró Patroclo, y Aquiles notó las lágrimas, pero por concentrar su cosmos no podía hablar ni temer-. Te están poniendo la taba del gigante Dámiso. Dice Fénix que era tan rápido que ni Hermes podía alcanzarlo. Cuando te recuperes, serás veloz, increíblemente veloz. Por toda Hélade, no, por toda Gea, serás conocido como Aquiles, el de los pies ligeros. El mortal más veloz de toda Gea, inalcanzable en el campo de batalla -Aquiles hizo una mueca de dolor, Fénix estaba fundiendo las monedas en su hueso-. Resiste… resiste… estoy aquí amigo, resiste Aquiles… te convertirás en el héroe más grande de todos, más grande que Jasón, más grande que Heracles… el mundo por siempre recordará tu nombre… -terminó Patroclo.

-Todos… recordarán mi nombre… -lloró Aquiles, y de pronto no sintió más dolor-. Recordarán mi nombre… Aquiles… el héroe más grande de Gea… lo recordarán… seré grande… -Patroclo asintió, y notó que, aunque Fénix seguía fundiendo el metal en el hueso, Aquiles soportaba el dolor-. ¿Tendré mi propia constelación? -preguntó Aquiles.

-No necesitarás una constelación -habló Patroclo con más tranquilidad-. Los dioses te llevarán a los Campos Elíseos, a donde llevan a los más grandes. Conocerás a Jasón y a Heracles, compartirás relatos de tus días de gloria. Jasón estará impresionado, Heracles seguramente te retará a una batalla, y lo derrotarás -Aquiles sonrió ante la idea, y Patroclo notó que Fénix le vendaba el talón. Las manos de tanto Fénix como de Quirón estaban quemadas, la sangre de Aquiles era muy peligrosa, pero ambos habían hecho todo eso por salvar a Aquiles, Patroclo lo sabía. El talón vendado tenía la forma correcta, parecía que jamás se hubiera operado a Aquiles, ni siquiera había sangre. Patroclo supo en ese momento, que era el poder de la taba de Dámiso, que había fortalecido el talón de Aquiles-. ¿Está curado? -preguntó.

-Es lo más cerca que jamás estará a curado -habló Quirón, limpiándose las quemaduras de los dedos con la nieve, y comenzando a vendarse las manos-. Antes de que ustedes llegaran, Thetis, la madre de Aquiles, apareció ante mí y me suplicó realizar esta operación. Pero nadie sabía dónde estaba enterrado Dámiso. Sin embargo, Thetis dijo que un León nos guiaría a donde estaba enterrado -Fénix se sentó sobre la caja dorada de Leo, que se le había prometido a Patroclo-. Thetis también dijo que, con la taba del gigante Dámiso, Aquiles no volvería a ser tan vulnerable. Antes con solo rozar el talón, Aquiles caería al suelo llorando por el dolor, porque ese hueso estaba podrido -Patroclo vio el hueso negro en el suelo, entendiendo por fin el grado de dolor que Aquiles llegaba a sentir-. Este nuevo hueso, revestido de plata y bronce, será fuerte. Aquiles caminará, correrá, y saltará incluso más rápido gracias a ese hueso. Pero… no ha salvado a Aquiles de la maldición. Si Aquiles vuelve a herirse el talón de gravedad… no se recuperará jamás… -terminó Quirón.

-Pero, eso es un alivio -sonrió Fénix, y Patroclo no lo comprendió-. Para herir a un gigante… se necesita del esfuerzo conjunto de un mortal y de un dios… -explicó Fénix, y Patroclo miró a Aquiles, quien dormía pacíficamente-. A menos que un mortal y un dios se unan para intentar romper el talón de Aquiles, entonces Aquiles ha perdido en realidad su debilidad -y Patroclo sonrió, agradecido-. Vuélvete fuerte, faldero -le revolvió el cabello Fénix-. Los dioses son muy egoístas. En un futuro, seguro lo intentarán. Pero mientras estés allí para protegerlo. Aquiles no morirá -Patroclo asintió, y miró la Armadura de Leo, esperanzado de convertirse en su dueño.

Anatolia, Troya. Estudio de Heleno.

-Así que… crees que el Escorpión Dorado del sueño de Anficlas… perdón… de Ethon… es el Caballero Dorado de Escorpio -preguntó Heleno, quien se encontraba en una especie de estudio donde había varios recipientes de arcilla con sustancias extrañas. También había papiros, agujas, y jaulas de paja con animales vivos encerrados dentro, desde sapos, hasta víboras y escorpiones, los últimos siendo observados fríamente por Anficlas, a quien un escorpión amarillo parecía odiar e intentaba perforarla en vano con su aguijón golpeando la paja. Anficlas simplemente tomó su espada de madera, abrió la tapa de paja, y se preparó para aplastar al escorpión-. No lo hagas… ese escorpión es un escorpión dorado de cola gorda. El más venenoso del mundo, y muy difícil de atrapar por cierto -Anficlas se mordió los labios, y desistió con desprecio-. Yo también pensé en Diomedes de Escorpio cuando Ethon tuvo ese sueño -mencionó Heleno a Héctor, y Anficlas desvió la mirada.

-¿Diomedes? -preguntó Anficlas, y Heleno asintió- Diomedes… odio a Diomedes… mataré a Diomedes… muerte a Diomedes… odio a Diomedes… lo odio… lo odio… lo odio… -continuó Anficlas, y volvió a intentar aplastar al escorpión, pero Héctor le quitó la espada de madera.

-Era una niña tan linda esta mañana. Que rápido se pierde la esperanza, ¿verdad? -se burló Heleno, y Héctor lo miró con odio-. Tranquilo. Viniste a mí para intentar salvar a esta niña a la cual has adoptado. Paris te ha contaminado con su bondad -Héctor no dijo nada, simplemente observó a Heleno, y Anficlas intentó tomar al escorpión con su mano.

-Deja de intentar matar a ese escorpión -reprendió Héctor, y Anficlas volvió a desistir-. Escucha… Casandra predijo la caída de Troya, y ahora esta niña tiene un sueño de un escorpión dorado. Los Caballeros Dorados existen en Hélade al servicio de Athena, y Troya es el reino más grande de Anatolia. Si un Caballero Dorado ha llegado a Anatolia, significa que la razón de Troya ardiendo probablemente sea por una invasión. ¿Por qué motivo? No lo sé. Pretendo comenzar a educar a Paris en cuestiones diplomáticas para evitarlo. Viajaremos por toda Hélade, creando vínculos de paz. Pero, por si acaso, si Ethon puede fortalecerse hasta el nivel de representar un peligro para al menos uno de los 12 Caballeros Dorados, pretendo tener una garantía de victoria. ¡Ethon! -se quejó Héctor, mientras Anficlas se las había arreglado para atrapar al escorpión del aguijón, y lo colocaba en el suelo dispuesta a pisarlo- ¿Qué te he dicho? -reprendió Héctor, jaloneando a Anficlas, y colocando al furioso escorpión de vuelta en su contenedor de paja-. Admiro tu desprecio a los escorpiones, pero esos animales son peligrosos -reprendió Héctor.

-De hecho, Héctor. Tengo una forma de ayudar a Ethon a desarrollar inmunidad ante el veneno del Caballero Dorado de Escorpio, el cual es su arma más poderosa -mencionó Heleno, caminando a unos papiros, y abriendo el mapa de una constelación-. Cuenta la leyenda, que el Caballero de Escorpio es elegido en la Isla de Memblis cerca de Atenas. En esta isla, 800 aspirantes nacidos en la Décima Luna en la que reina Escorpio, son abandonados a pelear a muerte. El que resulte vencedor, el único sobreviviente, es sometido a la prueba definitiva, que si no es capaz de pasar le dará muerte. Si eso pasa, otros 800 aspirantes tendrán que combatir, y volverlo a intentar, hasta que el último sobreviviente pase la prueba -continuó Heleno, y Héctor se impresionó-. La última prueba consiste en que un escorpión dorado de cola gorda pique al sobreviviente 15 veces seguidas, en un determinado orden, en el lugar donde las estrellas de la Constelación de Escorpio brillan. Si el aspirante es picado 15 veces en el orden correcto, desarrolla inmunidad al veneno, ya que su sangre, se convierte en el mismo veneno. Por eso el Caballero de Escorpio puede envenenar, porque tras el ritual su cuerpo produce el veneno -terminó con su explicación Heleno.

-¿Pretendes que permita que picotees a Ethon para hacerlo inmune al veneno de Escorpio? -preguntó Héctor, ligeramente horrorizado, y Anficlas continuaba observando al escorpión con odio, pero Héctor le tomaba de la mano impidiéndole acercarse, o al menos eso creía, Anficlas había vuelto a extender su mano- Explícate -prosiguió Héctor.

-Lo del Caballero Dorado es únicamente una sospecha. No sabemos con certeza de si el sueño de Anfi… quiero decir, de Ethon, es en verdad una prueba de una futura guerra. Pero podemos prepararla… lo… -corrigió Heleno-. Esto es muy confuso. Prepararlo para ser inmune al veneno, al permitirle ser picado hasta que su cuerpo desarrolle la inmunidad. Poseo en mi laboratorio antídotos a todos los venenos conocidos. Pero, al ser Ethon tan joven, una picadura sería más que mortal, pero también lo ayudaría a desarrollar la inmunidad más rápido. Es una idea inhumana, que podría poner la vida de Ethon en peligro mortal. Pero es la única forma de hacerlo inmune al veneno de las 14 agujas, y debilitaría a Antares que terminará siendo únicamente una potente descarga de cosmos, no una destructora del mismo -pero Héctor se preocupó un poco al respecto-. Si aceptas mi ayuda, diariamente tendremos que envenenar a Ethon, con el riesgo de causarle paros cardiacos, o muerte por sobredosis. Pero si funciona, será inmune a todo tipo de veneno o enfermedad, ya que su sangre será veneno, el veneno del Caballero de Escorpio -Héctor se agachó, y miró a Anficlas fijamente, quien miró a su nuevo padre.

-Puedo darte un entrenamiento terrible que te lastime, pero jamás te pondría en verdadero peligro. Lo sabes, ¿verdad? -y Anficlas asintió- Te protegeré de ese escorpión incluso si yo mismo tengo que ir a hacerles la guerra a Argos y al rey Diomedes. Pero… jamás te someteré a ese castigo -habló Héctor.

-¿Castigo? -preguntó Anficlas, y Héctor entonces notó que el escorpión no estaba en su contenedor, y se horrorizó- Solo duele un poco -mencionó Anficlas, enseñándole a Héctor al escorpión en su mano que la picaba continuamente. Héctor, espantado, de un manotazo lanzó al escorpión, y Heleno, preocupado por el animal, corrió con el contenedor y lo metió dentro antes de que el escorpión se recuperara del daño-. Quiero vomitar… -habló Anficlas, cayendo en su rodilla, y Héctor se espantó y la cargó.

-¡Trae un antídoto! ¡Rápido! ¡Resiste, Anficlas! -se preocupó Héctor, y Heleno llegó rápidamente con un cuenco, que forzó a Anficlas a beber- Anficlas. Quédate conmigo, tonta. ¿Por qué hiciste eso? -preguntó.

-Soy un niño… se dice tonto… -aclaró Anficlas, quien se cubrió la boca intentando no vomitar-. Estoy bien… solo… estoy un poco mareado… -Anficlas se sentó en una silla, y Heleno tomó de la mano de Anficlas, y comenzó a contar los aguijonazos.

-Esto… es imposible… -mencionó Heleno, y Héctor se sorprendió también-. No sé si es porque Anflicas… quiero decir, Ethon… fue elegida, digo… elegido como el Espectro del Talento, pero… fue perforado 15 veces, es mucho veneno. El aguijón debió quedarse sin veneno al cuarto o quinto piquete, pero, el que haya sido pinchada 15 veces significa que los dioses nos han enviado una señal -Anficlas se cubrió la boca, y por fin vomitó, escupiendo el veneno, y manchando la túnica de Heleno, aunque él no se molestó al respecto.

-¿Qué quieres decir con eso? ¿Cómo puede ser una señal de los dioses? -preguntó Héctor, sobándole la espalda a Anficlas, y ayudándola a recostarse en la cama del estudio de Heleno-. Explícate, Heleno -continuó Héctor.

-Anficlas… nació en la Novena Luna, en otoño -mencionó Heleno-. Escorpio comienza en la Décima Luna. Solo los nacidos en la Décima Luna son sometidos a esta prueba porque nacen bajo la protección de la Constelación de Escorpio, pero… la Novena Luna… es Libra… Anficlas, digo, Ethon… es una Libra… y los Libra son protegidos por Ares, el Dios de la Brutalidad en la Guerra, el enemigo jurado de todos los Escorpio… -le explicó Heleno, lo que sorprendió a Héctor, quien desconocía la relación entre Ares y los Escorpio-. Desde la era del mito, Antares, el corazón de la constelación de Escorpio, ha sido el terror de Ares, de allí su nombre, el Anti-Ares. Si los Libra son los agraciados por Ares, y el enemigo acérrimo de Anficlas, o como sea que quieras llamarla, es un Escorpio. Entonces estos 15 picotazos son la prueba de que Ares ha elegido a esta niña para combatir a Diomedes de Escorpio. Héctor, fervientemente creo que debemos obedecer a esta señal de Ares, y continuar envenenando a Anficlas hasta que desarrolle inmunidad -Héctor miró a la niña, quien continuaba observando al escorpión con odio, y asintió.

-Hazlo -sentenció Héctor-. Convierte a mi hija en un ser inmune al veneno… yo la convertiré en una verdadera guerrera, una ferviente seguidora de Ares, el Dios de la Brutalidad en la Guerra -terminó Héctor, pensando en el brillante futuro de la niña.

Hélade, Argos.

-Shana… tuve una especie de premonición… -habló Diomedes, que había dejado de cenar. Shana secretamente le había robado un pedazo de carne, pero Diomedes no se había molestado, de hecho, se encontraba en shock. Su madre Deípile estaba en la mesa también, y se encontraba confundida-. Me quedé dormido un instante por el cansancio, y en mi sueño… un águila inmensa con el pico en llamas devoraba a un escorpión dorado -habló Diomedes, y Shana parpadeó un par de veces.

-¿Un águila… con el pico en llamas? -preguntó, y Diomedes asintió- Padre… por eso te dije que me dejaras atender más solicitudes de los aldeanos, estás agotado, vete a dormir por favor -reprendió Shana, y Diomedes sonrió.

-Debió ser un sueño solamente. Me iré a dormir entonces -continuó Diomedes, caminando de regreso a su habitación-. Ser rey es tan estresante, casi preferiría una buena guerra, una batalla impresionante no me vendría nada mal, lo que sea menos ser rey -terminó Diomedes, y se encerró en su habitación.