¡YAY! ¡10 reviews! ¡Ahora quiero 11! ¡No hay límites para mi ambición! Bueno no, me controlaré. Pero igual, si los reviews siguen así, yo me motivo y sigo adelante, jajaja. Ya ven, Autor feliz lectores contentos. No pregunten por Academia Sanctuary por favor… mi mente está en shock y tengo que preparar un regalo de cumpleaños para una amiga. En fin, a contestar reviews.

dafguerrero: Ahora sí fuiste la primera, que bien. Diomedes es un Escorpio, no podía evitarse, y antes de que pregunten, Diomedes no es Escorpio por capricho del autor, de hecho, en la Guerra de Troya tiene una importante batalla que fue la que me impulsó a darle la armadura de Escorpio, además de ser el guardián de Athena, que es un papel de los Escorpio. Lo del talón no es que no sanara, sino que la taba de Dámiso cauterizó rápidamente por ser un gigante. En el caso del trato a las mujeres, por la época y el tiempo, definitivamente fue así, y en cuanto al padre de Diomedes, no era caníbal, pero sucumbió ante su odio y sí hizo lo que hizo. El sueño de Anficlas poco a poco irá tomando forma, Anficlas es un mito recientemente descubierto, por eso estoy seguro de que muchos no se imaginan lo que pasará con ella. Y es Patroclo no Patroclolo, me lo fusionaste con Picoro, señor Patricolo, jajajajaja, e insisto, ¿de dónde sacaron la idea de Patroclo como Sagitario?

midusa: Jajaja, Heleno fue el primer y probablemente único interprete de sueños, y dudo mucho que quiera ayudar a Diomedes. Ares y su guerra con los Escorpio nace de la leyenda del Anti-Ares. Si leíste Guerras Doradas lo comprenderás. Jaja, sí es determinante lo del talón de Aquiles pero no nos adelantemos, no todos conocen la historia, así que tratemos de mantener neutralidad en esa parte. Espero no defraudarte, mi conocimiento de la Ilíada y la Odisea no son tan completos como los hago parecer pero daré mi mejor esfuerzo.

andromedaaiorossayita: Definitivamente habrá violaciones, lo siento mucho, estoy respetando el mito así que no lo podré evitar, pero intentaré no hacerlas muy explicitas ni traumáticas, lo prometo. ¡Uwah! ¡Si eres analítica ya sabes quién es el idiota! T_T, jajaja, esa parte de tu review me preocupa un poco, jajajajaja. En esta historia no habrá yaoi, no te preocupes. Umm… creo que Veronica de Lost Canvas si era medio rarito, ¿no crees? Pero en fin, todo es culpa de Shun aunque no sea gay, o al menos es lo que creemos, pero eso es punto y aparte. Nop, el Unicornio no es Odiseo, es Euríalo de Unicornio, Odiseo es Altar, si Anflicas hubiera imaginado un Altar llorando a lo mejor si sería Odiseo, jajajajaja, perdón, no soporté hacer la broma, jajajajaja. Adelante, puedes usar el Juego del Rey, no es mi creación, no te preocupes. ¿Notaste que no dije ningún monosílabo? Jajajajaja. Por tu pen name intuí que eras una Sagitario, jaja, igual que mi novia, vendré contigo a pedirte consejos siempre que me torture. Se parece a Egialea, da miedo cuando tiene celos, jajaja.

GiMe: ¿Cada cuánto público? Cada que me dan ganas, jajaja, es broma, mi velocidad de postear nuevos capítulos es proporcional al número de reviews por el coeficiente de relatividad de Einstein entre dos al cuadrado. ¿Por qué no anuncian lo de Athena? Lo sabrás en este capítulo. ¿Por qué ella aún no despierta su cosmos? Está despierto pero no tiene necesidad de usarlo. ¿Qué hay de Pegaso? Umm… la verdad odio todo lo que tenga que ver con Pegaso, al único Pegaso que tolero es a Tenma, a Seiya lo vomito, pero no te preocupes, Pegaso saldrá en este capítulo. ¿No se supone que nace de la mano de Athena? Umm… ¿quién te dijo esa mentira? No, la verdad no, Pegaso no nace de la mano de Athena, pero Tenma y Seiya son reencarnaciones del mismo caballero de Pegaso, por eso da esa ilusión, Pegaso no es más que el símbolo de la marca de Saint Seiya, pero no es un caballero especial como lo pintaron en Lost Canvas, Pegaso fue el primero en herir a Hades y eso es todo, no es un dios, ni un avatar de Athena, ni nada como eso. Puede parecerte mal la ausencia de Pegaso, estás en todo tu derecho, de hecho para Pegaso tengo planes pero definitivamente no al nivel del eterno guardián de Athena que te repito es una forma errónea de verlo. Lost Canvas fue lo que dio esa impresión, pero como todos sabemos, Lost Canvas no es canon tristemente. Claro que no lo dejaré a medias, jajaja, gracias por leer.

Toameo07 Ver2.0: Ethon es el águila que mencioné, el que come de los intestinos de Prometeo el dios del fuego. En cuanto al personaje que fue re-nombrado como Ethon, en realidad deberías de buscar a Anficlas, pero es un personaje recientemente descubierto por un arqueólogo de nombre Valerio Massimo, que también es autor de libros. No diré mucho de Anficlas para no arruinar la historia, pero es un personaje muy importante en el mito de Diomedes, solo que hasta hace poco se descubrió su verdadero nombre. Sé que le estoy dando mucha importancia a Diomedes, pero planeo dividir esto en tres sagas, la primera es de Diomedes, la segunda de Aquiles, y la tercera de Odiseo, ellos son los tres protagonistas. Lo de Patroclo estaba muy planeado la verdad, Leo era definitivamente para él… no sé de dónde sacaron que era Sagitario.

TsukihimePrincess: Ya te había medio contestado tu review, jajaja, pero Aclarando, Apolo y Poseidón fueron castigados para que ellos construyeran las murallas de Troya, y Poseidón fue quien las intentó derribar pero fue derrotado por Heracles. Esta parte no la mencionaré en la historia pero creo que tenía que hacer esta aclaración. Lo de los caballos Troyanos no lo recordaba, pero creo que es más del mito Romano que del Griego, ya que los doce trabajos de Heracles se adecuaron para encajar con los 12 signos del zodiaco, y no recuerdo que haya un caballo, jajajajaja. La operación de Aquiles no es mi invención, realmente hay un mito que habla de eso. El que al principio iba a ser Leo era Menelao por los leones de Micenas, pero como se convierte en rey de Esparta la relación con el León se pierde, por eso no lo hice, además me gustaba Patroclo para Leo, y a nadie más le quedaba la de Acuario. Jajaja, me limito comentarios de Aquiles y Patroclo, pero más que primos tenían otra relación, que pronto les mostraré, no en este capítulo, pero pronto.

Liluz de Geminis: Jajaja, yo tampoco sabía lo del consumo de carne hasta hace muy poco, realmente 2 semanas atrás, jajajajaja. Definitivamente en ese tiempo había exageradamente mucho incesto, pero intentaré mitigarlo, hasta ahora el único es Diomedes, si salen más saldrán por el final. Se llama Egialea, y algunas versiones del mito dicen que es su tía, lo cual es más perturbador todavía. No, Fénix no es el primer caballero del Fénix, el primer Fénix es y siempre será Ikki, en ese entonces la constelación del Fénix ni siquiera existía… más bien no se había descubierto. Lo del Puño Fantasma fue para darle más parentesco a Fénix con Ikki, por cierto, nadie me adivinó que Quirón era la ante-encarnación de Dohko, T_T, jajajajaja. Como les advertí, estoy siendo fiel al mito, y el padre de Diomedes realmente hizo eso, lástima, Diomedes es mi favorito después de Aquiles. Jajaja, los amigos de Diomedes tendrán más participación, pero no de momento. Hay una estrella del talento Celeste, y es Haruman creo, y una Terrestre, sin nombre, que elegí como Ethon. Paris es Shun, llorar es su papel principal, jajajajaja. Casandra seguirá siendo un personaje importante, pero poco a poco debo darle dinamismo a la historia, por lo que hoy nos concentraremos en Héctor y Anficlas.

estrella Blank: Anímate más seguido, jajajajaja. Mis fics serán tan largos como mis lectores pretendan soportar, aún no tengo idea de la extensión de esta historia, por lo pronto creo que 30 capítulos, no sé si pueda hacer algo como lo que fue Guerras Doradas pero, si los reviews siguen llegando como hasta ahora, haré un esfuerzo. Enone no es un personaje tan importante en el mito, de hecho sus participaciones son muy pobres, pero sí tiene una parte importante, y la veremos muy posteriormente. T_T, Lo sé, Aquiles es un patán, pero realmente esa es su actitud, no me culpen, de momento mi principal protagonista es Diomedes, jajaja. Ah jaja, Guerras Atlantes… estoy en una situación similar a Academia Sanctuary… pero pronto las seguiré.

Suki90: Muchas gracias por tus palabras, me alegra que te guste hasta ahora. Aquiles no es Pegaso, lo siento. Siento un desprecio profundo por Pegaso, principalmente por Seiya, la verdad Tenma me caía bastante bien. Pero, las y los que me conocen saben que el desprecio no es factor para no darle buenos papeles a alguien, Pegaso tendrá un buen papel, sale de hecho en este capítulo, espero te agrade su participación. En conclusión, no odio a Pegaso, odio a Seiya. Por favor no preguntes por qué… ese tema hace que se prenda mi anti-Seiya mode. Error, Pegaso no siempre ha sido el factor decisivo, en la guerra previo a Lost Canvas, Athena combatió sola a Hipnos, Tanathos y Hades sin la intervención de Pegaso y sus caballeros más cercanos eran Cáncer y Altar. Solo han existido tres Pegasos legendarios. El primero que hirió a Hades, Tenma en Lost Canvas, y Seiya, y no, Koga no es canon, y si Kuramada es listo no lo será. Aunque Koga me cae mejor que Seiya, pero si conocen de mitología como un servidor, sabrán que Omega es una aberración al mito de los doce titanes, lo siento para los fans de Omega pero es como decir que Hércules, la película Disney, es fiel al mito. Para los que no saben de qué hablo aquí les va: 1- Hera no es madre de Hércules, 2 - Pegaso pertenece a Belerofonte, 3 – Hades no es malo, 4 – Filoctetes no es un Satiro obeso, 5 – Pena y Pánico son dioses, no lacayos de Hades. Habiendo dicho todo esto, Omega es a Saint Seiya lo que Hércules de Disney es al mito de Heracles. ¡Uwah! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! Me apasioné un poco, regreso a contestar tu review. El Episodio G es mi saga favorita, te la recomiendo mucho, aunque el protagonista es Aioria de Leo, hace un buen papel, pero según Kuramada, Aioria es el más débil de todos los caballeros dorados, lean el Taizen antes de criticarme, allí Kuramada ordenó a los caballeros por poder y Aioria tiene un poder de 12 de 25, pobre Aioria, tan bien que me cae. Shana como humana tendrá sentimientos románticos, pero no por Aquiles, eso te lo aseguro. No te preocupes, yo divagué mucho más que tú, enserio lo lamento pero estas discusiones me apasionan. Prometo darle un papel digno a Patroclo como Leo.

DanaaF: Héctor parece malo pero no lo es, de hecho se puede decir que es el más humano de los hijos de Príamo, realmente se preocupa por su reino y por su gente, pero tiene la responsabilidad de demostrar esa frialdad de hasta ahora. Lo de Pirra será una broma recurrente, pero el personaje de Aquiles ya está en evolución. Por cierto, no fue idea de Aquiles lo de vestirse de mujer, fue de su madre. El papel de Diomedes como rey es solo de tres años, cuando comienza la Guerra de Troya sede el trono a su madre, pero de eso hablaremos luego. No, Aquiles no es Pegaso… lo prefiero de niña que vistiendo a Pegaso, nada odio más que al héroe que no hace nada pero al final se queda con la princesa, sé que Tenma no es ese tipo de Pegaso ni Koga tampoco, pero siempre tendré ese rencor contra ya saben quién… será mejor que deje de pensar en ya saben quién antes de que comience a ser imparcial con los personajes.


Saint Seiya: Guerras de Troya.

Saga de los Aqueos.

Capítulo 5: La Sombra de la Guerra.


Hélade. Esparta. Alcoba del Rey de Esparta. Año 1,196 A. C.

-Gea se ha estremecido de miedo, e igual lo ha hecho mi alma… -habló Helena, la hija del retirado rey Tindáreo, y ahora reina de Esparta. Su bella cabellera dorada era golpeada gentilmente por los vientos, y sus ojos, extrañamente rojos, encerraban un sufrimiento inentendible-. Ha llegado la primavera, mi madre está cerca de mí más que nunca, pero tú vienes y me buscas… ¿por qué? Tú estás sellado, no has dejado el inframundo en mucho tiempo desde que tu cuerpo fue herido en la primera guerra contra Atenea. ¿Por qué? -continuó llorando Helena, mirando la mañana desde el balcón, en dirección al este, donde nubes negras se veían llegar, una tormenta. En su cama descansaba Menelao, con su cabellera verde-azulada hecha un desastre por la noche de sueño. Al notar que su esposa no se encontraba a su lado, la buscó adormecido por la habitación, y escuchó unas lágrimas golpear el suelo.

-¿Helena? -preguntó Menelao, y la mujer se sorprendió al escuchar su voz, se dio la vuelta, y por unos instantes Menelao pensó ver la cabellera dorada y enchinada de Helena adoptar un color rosado, y sus ojos azulados como el zafiro brillando rojos como rubíes. Pero, tras un par de parpadeos, y de frotarse los ojos, Menelao encontró a su esposa, con los ojos ahogados en lágrimas- ¿Qué ocurre, Helena? -se levantó Menelao, semidesnudo, solo cubierto por un par de pantalones cortos color verde. Helena simplemente parpadeó sin comprenderlo, y notó que estaba parada en el balcón, y llorando. Menelao simplemente la abrazó por la espalda, y le besó la mejilla- ¿Por qué lloras? -preguntó.

-¿Llorar? -preguntó Helena- No sabía siquiera que estaba despierta. ¿Qué hago en el balcón? -se preguntó Helena, y se limpió las lágrimas- No tengo razón alguna para llorar, amado mío. Si he de derramar lágrimas serían únicamente por la inmensa alegría que me has brindado. Estas lágrimas… no las entiendo -terminó, y Menelao le acarició el vientre, y le besó nuevamente la mejilla-. Me haces cosquillas -sonrió Helena.

-¿Enserio? No lo había notado -sonrió Menelao, y Helena se dio la vuelta y lo besó con gentileza-. Ejércitos enteros irían a la guerra en tu nombre. Pero al final yo gané tu mano, y desde entonces, mi frio corazón se ha apaciguado. Ya no siento odio contra Diomedes por ridiculizarme. Los dioses te querían a mi lado, fuiste hecha para mí. Sin ti, seguiría siendo el mismo frívolo y sin corazón que conociste en nuestra noche de bodas. Y ahora esperas un hijo o una hija de mi propia sangre -le sonrió Menelao.

-En la boda me dabas mucho miedo -confesó Helena-. Fiero y hermoso a la vez. Pero, a pesar de haber ganado, estabas sumamente molesto. Matabas a Diomedes en tu mente continuamente -Menelao asintió, y Helena lo tumbó a la cama, y lo besó nuevamente-. ¿Cómo podías pensar en Diomedes teniéndome frente a ti? Estaba tan celosa, eras ira divina, dabas miedo. No podía evitar pensar: «¿este es mi esposo?». Tenía miedo de que salieras cortando cabezas a la primera mención del nombre de Diomedes -se burló Helena.

-Tenía mi cabeza en las nubes, lo lamento -se disculpó Menelao y abrazó a su esposa-. Yo era ira divina, así como lo has dicho. Frialdad y desprecio, egoísta y perverso. Tú me has cambiado -Helena sonrió, y asintió-. Pero, pese a los regalos que Diomedes ha enviado, no lo quiero ver cerca de ti, o volveré a ser violento -Helena le jaló la cabellera, forzándolo a tranquilizarse-. Lo lamento -Helena asintió, domando al agresivo rey de Esparta-. Pero volviendo al tema. ¿Qué te molestaba? -preguntó Menelao.

-No lo sé… te digo que no lo recuerdo… -mencionó Helena, y miró fuera del balcón desde su cama y su posición entre los brazos de Menelao-. Tengo algo de miedo… no lo entiendo, pero… una tormenta se acerca… nubes negras vienen desde el este -terminó Helena, y Menelao, a pesar de no comprenderlo, se limitó a tranquilizar a Helena al acariciarle la cabellera dorada con gentileza-. Soy feliz, así como vivo ahora… por favor no vengas -susurró Helena, pero sus ojos eran rubíes nuevamente, ella no había enunciado esas palabras.

Tesalia. Magnesia. Mercados de Magnesia.

-Date prisa, Aquiles -mencionó Patroclo, quien caminaba con una canasta de víveres amarrada a la espalda, y otras 2 en las manos-. Quirón se pone de muy mal humor cuando la comida no está lista a tiempo, y nos tomará varias horas subir el Monte Pelión -comentó Patroclo mientras caminaba por los mercados de Magnesia a tan tempranas horas de la mañana.

-Una burla más, Patroclo… -mencionó Aquiles, con una canasta amarrada a la espalda, una vara que iba de hombro a hombro y sostenía 2 cubetas llenas de frutas y verduras de todo tipo, y caminando lentamente con el talón derecho sin tocar el suelo con una vara bien tallada con una curvatura para acomodarse bajo la axila funcionando como muleta-. Puede que el dolor de mi talón se haya ido por completo, pero un hueso tarda Lunas en soldar. Si quieres puedo romperte uno para que sepas lo que es caminar con una muleta -sentenció Aquiles.

-Tan de mal humor como siempre. Deberías aprender a relajarte un poco -mencionó Patroclo, y entonces descubrió una conmoción en los muelles del mercado-. ¿Qué ocurre? -se preguntó Patroclo, mientras un agotado Aquiles por fin se ponía al corriente con el caminar de Patroclo, quien se detuvo a ver a varios soldados vistiendo armaduras moradas con contornos plateados y negros marchar por Magnesia- ¡Troyanos! -se impresionó Patroclo, y Aquiles hizo una mueca de cansancio y curiosidad- Las armaduras Troyanas son famosas por su colores morados y negros, el morado es el color preferido de los dioses, los Troyanos lo llevan en su armadura por la soberbia que les produce -Aquiles hizo un gesto de desprecio ante la soberbia Troyana.

-Como si un color hiciera la diferencia en una guerra -se burló Aquiles, y prestó atención a los recién llegados-. Oye, ¿no era ese Paris? -preguntó Aquiles, y Patroclo se rascó la barbilla, viendo a un joven que caminaba junto a una doncella de cabellera café a quien mantenía tomada de la mano todo el tiempo ya que la inquieta joven pretendía salir corriendo en todo momento- ¿Qué le pasa a esa? -preguntó Aquiles.

-Esa es Casandra, la hija lunática de Príamo, el rey de Troya -explicó Patroclo-. ¿Eh? Ese niño en verdad se parece a Paris, pero, es imposible, Paris es un granjero -Aquiles asintió-. ¡Ah! ¡Ese es Héctor! -apuntó Patroclo, y Aquiles miró al fiero guerrero que caminaba en esos momentos frente a ambos- Da miedo solo verlo. Incluso siendo un Caballero Dorado seguro que el verlo en el campo de batalla significaría mi fin -bromeó Patroclo.

-Como si fuera posible que te toparas con él en una guerra, Patroclo… -se burló Aquiles, que admiró a Héctor-. Pero, si eso llegara a pasar, sería una batalla gloriosa. Aquiles contra Héctor en duelo a muerte. Sería impresionante -y Patroclo se burló de Aquiles-. ¿De qué te ríes, gato torpe? Faldero, sombra de vergüenza, mandadero de Fénix -se burló Aquiles.

-No me rio absolutamente de nada, Pirra -se burló Patroclo, Aquiles enfureció, y ambos pegaron cabeza con cabeza, empujándose el uno al otro con desprecio-. Seguro que Héctor se enamora cuando te vea en el campo de batalla. Llevarás un lindo vestido dorado y el cabello en trenzas con flores blancas en las puntas -se burló Patroclo.

-Así te gustaría verme, ¿verdad rarito? -le respondió Aquiles, y el par continuó forcejeando cabezas, hasta que Aquiles se separó al distraerse con alguien, y Patroclo terminó maniobrando porque sus víveres no cayeran al suelo- Ese chicho… -comenzó Aquiles, mirando a un niño que caminaba detrás de Héctor con una mirada de odio en sus ojos-. Es una chica -concluyó Aquiles, y Patroclo se asomó para intentar ver mejor-. Es bueno saber que no fui el único obligado a semejante vergüenza -se sintió identificado Aquiles, y continuó caminando al arrastrar la muleta-. Pero es curioso… fingir tener pechos es sencillo… pero ocultarlos… a menos que crezca plana esa niña va a tener muchos problemas -terminó Aquiles.

-¿Por qué estamos hablando de pechos? -se preguntó Patroclo, siguiendo a Aquiles, quien lo ignoró al estar pensativo buscando razones por la que una niña sería vestida de hombre, sintiendo algo de empatía por ella.

Hélade, Argos. Jardines de la Corte del Rey Diomedes.

-¿Shana? -habló Diomedes, pero Shana, quien había crecido bastante y era vista como prospecto de matrimonio por los príncipes de toda Hélade, caminaba de un lado de los campos de la corte del rey al otro, ignorando a las doncellas y a su padre, quien la miraban sin saber el qué le preocupaba a la joven princesa- Shana, estás poniendo nerviosa a la servidumbre -insistió Diomedes, pero Shana estaba perdida en sus pensamientos, y en su impaciente caminar-. Ya hasta hiciste un sendero en el jardín. Shana, ¿no lo ves? -pero Shana continuaba caminando nerviosamente, y ya que Diomedes se había parado frente a su trayecto, se estrelló de cara con la armadura de su padre, quien la miró fijamente mientras Shana se frotaba la nariz- ¿Qué mosca te picó? Llevas horas paseando de un lado del jardín al otro, los criados vinieron a buscarme a la sala de trono, dicen que llevas varios días actuando de una forma extraña -reprendió Diomedes, y Shana se avergonzó al respecto.

-Perdóname padre, es solo que… -se preocupó Shana, y Diomedes la miró fijamente, con un aire de inmensa curiosidad-. Estoy… esperando una carta de parte de la señorita Deidamía. Según mis cálculos debería llegar en la Séptima Luna, pero… no ha llegado nada, y estoy muy preocupada… -lloró Shana, y Diomedes se rascó la nuca, confundido.

-Llevas 6 Lunas siendo mi hija, y aun así eres todo un misterio -habló Diomedes, acariciando la barbilla y la mejilla de Shana, quien, sintiendo el cariño de Diomedes, se dejó abrazar por él-. Ya casi tienes 13 años. Pensé que estarías preocupada por otras cosas como, por ejemplo, de chicos, aunque sabes que lo tienes prohibido, eres la hijita de papá solamente -se burló un poco Diomedes, y Shana se sonrojó, pero lo negó-. ¿Qué te preocupa? -preguntó.

-No puedo decirlo… es un secreto… -y Diomedes recordó a la Shana de hace 6 meses, que rotundamente se negaba a decirle un secreto de Deidamía-. Perdón… pero no puedo… Deidamía es mi amiga, y el secreto es muy importante. Me hizo jurar en mi propio nombre no revelarlo a menos que fuera estrictamente necesario. Supongo que estaba preocupada de que Aquiles le fuera infiel… -Diomedes parpadeó un par de veces, y Shana se ruborizó-. ¡No he dicho nada! -se espantó Shana.

Diomedes estaba interesado en seguir preguntando, pero antes de poder hacerlo, ambos escucharon un talonazo metálico, y vieron unas plumas blancas caer del cielo a momento que un Caballero de Bronce caía con gracia a los pies de Diomedes y de Shana. Tenía cabellera rosada cobriza, ojos azules, y vestía una Armadura de Bronce que brillaba como si fuese de plata.

-Rey Diomedes de Argos, lamento mucho la intromisión -comenzó el joven, y por unos instantes se perdió al ver a Shana, pero volvió en sí casi de inmediato y observó a Diomedes fijamente-. Odiseo de Altar, príncipe de Ítaca, me ha enviado a adelantarme para extenderle un mensaje importante: «Los Troyanos vienen en camino a Argos, no seas imprudente, Escorpio cabeza caliente», así va el mensaje -terminó el joven, y Diomedes enfureció.

-¡Ese malnacido de Odiseo! ¡Siempre haciéndome enojar! -se quejó Diomedes, pero entonces se puso serio- Preparen regalos, que los cazadores capturen jabalíes y cacen algunas águilas. No todos los días recibimos a invitados de Anatolia. Shana, te quiero bien presentable, vistiendo galas como jamás has vestido. ¿Entendiste? -preguntó Diomedes, y Shana asintió.

-¿Usted es la princesa Shana? -preguntó el joven, de la misma edad de Shana, y la niña asintió- Perdone mis escasos modales. Mi nombre es Toante de Pegaso, príncipe de Lemnos. Actualmente en servicio en la corte del rey Laertes de Ítaca y protegido del príncipe Odiseo -Diomedes se impresionó, pero el de Pegaso no le prestó atención ya que estaba perdido en la belleza de Shana-. Durante el viaje a Argos pasamos por Tesalia donde el señor Odiseo recibió una carta sellada del rey Peleo de Ftía, padre de Aquiles. Estaba dirigida a usted, pero, por alguna razón, la enviaron a Ftía. Odiseo, sin embargo, se ofreció a llevarla y la dejó bajo mi cuidado, me dijo que la encontraríamos en Argos -explicó Toante, entregando la carta con el sello de Esciro intacto, lo que significaba que nadie la había leído-. Su gentil sonrisa me hace saber que esperaba esta carta con ansiedad -sonrió Toante, y Shana asintió abrazando la carta.

-¡Oye! -se quejó Diomedes- Deja de seducir a mi hija por tan solo un momento y respóndeme esto. Te presentaste como Toante de Pegaso, príncipe de Lemnos, ¿verdad? -y el joven asintió- ¿Acaso eres… el hijo de Jasón, el Rey de los Argonautas? -preguntó, los criados se sobresaltaron, y Toante simplemente asintió- ¿Qué hace el hijo de Jasón como un subordinado de Odiseo? ¡Traigan regalos para el joven hijo de Jasón! ¡Preparen un banquete inmediatamente! -los criados todos corrieron a atender las ordenes- Increíble… el hijo de Jasón… Toante, permíteme disculparme, te he faltado al respeto y a la memoria de tu padre. Shana, por favor acompáñalo. Tengo algunas responsabilidades que atender, joven príncipe, en especial con la próxima llegada de los soberanos de Troya, pero mi hija se ocupará de todas sus necesidades, con su permiso -se despidió Diomedes, y Shana estaba sumamente confundida-. ¿Por qué no puedo tener una vida normal? Me visitan los príncipes de Troya… el hijo de Jasón babea por mi hija… soy el padre adoptivo de Athena… estoy casado con mi prima a la que no he siquiera tocado por culpa de mi madre… Odiseo, me haces falta, apúrate y llega por favor -lloró Diomedes, y tanto Shana como Toante se sonrieron mutuamente sin comprender lo que estaba pasando.

-Padre… estás tan sobresaltado que olvidaste mi carta… y que no puedes dejarme sola con un príncipe… mucho menos si es apuesto… -se sonrojó un poco Shana, y Toante la miró extrañado-. Antes de que cualquier cosa pase. Te advierto que hay un decreto real que me impide casarme -se ruborizó Shana, y Toante se sorprendió.

-¿Eh? ¿Tan pronto me rechazas? Pero eres tan bella -se sonrojó Toante, y Shana se ruborizó, pero decidió ignorar la situación, y con un ademán de su mano pidió a Toante seguirla-. Entonces esta es Argos… la cuna de los Argonautas… el país que vio nacer al arca Argo de la cual mi padre era el capitán. Se siente tan sobrecogedor estar aquí -sonrió Toante, y Shana miró su sonrisa, y se ruborizó al extremo.

-Soy diosa virgen, no puedo amar. Pero por Zeus, es tan apuesto -se sonrojó Shana, que sabía que, a pesar de lo que pudiese pasar, como la diosa Athena tenía prohibido amar a nadie-. Diomedes no es el único que tiene problemas -se preocupó Shana.

Tesalia. Falda del Monte Pelión.

-¿Qué ocurre, Aquiles, sientes dolor? -se burló Quirón, pescando a la orilla de la desembocadura de un rio, mientras Aquiles se encontraba sentado con las piernas cruzadas y las manos sobre las rodillas, vistiendo únicamente un par de pantalones cortos, mientras el agua de la cascada de Pelión le golpeaba el cuerpo- Antes me hubieras gritado desde la cascada algo como: «¿Cómo alguien podría no sentir dolor al caerle toda el agua de una montaña?» fingió la voz de Aquiles Quirón, y Aquiles simplemente abrió los ojos, lo miró de reojo, suspiró, y continuó concentrándose -haz progresado mucho. Llevas 6 Lunas bajo mi cuidado, 6 Lunas más y te quitaremos los vendajes del talón y comenzaremos a entrenarte en técnicas de combate avanzadas. Por lo pronto, tu meditación ha calmado tu cólera. Pero presiento que no todo el cólera ha escapado de tu corazón. Eres capaz de una gran rabia que nublará tu juicio. Estás más equilibrado al Tigre que al Dragón después de todo -terminó Quirón.

-No puedo evitar sentir cólera -habló Aquiles con tranquilidad-. Pero puedo controlarla gracias a las enseñanzas del maestro -prosiguió, y Quirón estaba más que impresionado-. ¿Cree que algún día el cólera me vencerá? -preguntó.

-Cólera, soberbia, envidia, todos siempre hemos de sucumbir ante alguna emoción, Aquiles -continuó Quirón, y Aquiles asintió-. Los muertos en batalla no caen ante la espada, ante el hierro, o el infortunio. Caen ante sus sentimientos, el miedo, el enojo, la avaricia, emociones que nublan su juicio y les impide combatir con sabiduría y prudencia. La espada es simplemente el medio definitivo -Aquiles volvió a asentir-. Lo importante es controlar las emociones, no dejarte sucumbir ante ellas. Sal de la cascada, entrenaremos un poco -así lo hizo Aquiles, y salió apoyándose en el pie izquierdo-. ¿Aún te duele? -preguntó.

-No del todo. El hueso parece haber soldado bien, pero las articulaciones me siguen molestando -explicó-. Si apoyo bien el pie, este tiembla aún. Es una lenta sanación, pero creo que va bien. Patroclo me cambia los vendajes todos los días -Aquiles entonces se paró en un pie frente a Quirón.

-Primero he de preguntarte. ¿Realmente elegirás al Tigre en lugar de al Dragón? ¿La Espada en lugar del Escudo? -Aquiles volvió a asentir- El Dragón se dice es tan poderoso, que es capaz de invertir el flujo de una cascada, forzar al agua a correr en dirección al cielo -la revelación sorprendió a Aquiles, quien entonces miró a la cascada y se imaginó semejante suceso-. El Tigre, sin embargo, posee otra fuerza indomable. No va en contra del rio, navega con él, lo doma, se vuelve parte del rio. El rio es parte de su esencia. Thetis, tu madre, es un ejemplo de ello, pero lo es también la leyenda de la afinidad de los Tigres con los ríos -Aquiles esperó en silencio, con una paciencia que no se esperaría de él hace varias Lunas-. Dionisio, el Dios del Vino, se enamoró de una ninfa que huyó de él, hasta que llegó a un rio, quedando la ninfa acorralada. Para escapar del dios, la ninfa entró al rio, pero sus aguas eran tan fuertes que fue arrastrada. Dionisio se apiadó de la ninfa y creó a un Tigre que surcó el rio, subió a la ninfa a su lomo, y nadó de regreso, salvándole la vida. Dionisio, agradecido por la determinación del animal, su fortaleza, su fuerza, y su valor, lo sentó en un extremo de la balanza de Libra, donde quedó en equilibrio con el Dragón -Aquiles lo comprendió, mientras miraba el cielo de madrugada, donde algunas estrellas todavía eran visibles a pesar de que ya era de mañana-. El Caballero de Libra puede elegir entre el Tigre y el Dragón, y puede también domarlos a ambos. Pero siempre, Tigre y Dragón, moldean el estilo de batalla del Libra. Tú has elegido la senda del Tigre, y aunque el Dragón no te será desconocido, el Tigre rugirá con mayor fuerza. El Tigre fluye con el rio, por eso tiene rayas, son las divisiones de los ríos que abrazan al Tigre, lo alimentan con su fuerza. Siente el rio, recuerda la fuerza de tu armadura y sus estrellas, busca al Tigre. Libera su fuerza a favor del rio y navega con él -terminó Quirón.

-La siento -mencionó Aquiles, en completo equilibrio, escuchando el agua del rio, sintiendo su fuerza, dándole la espalda a la cascada, dándole la espalda al Dragón. El rio arreciaba a su lado, las aguas del rio se tornaban violentas, iban más y más rápido, embravecidas por vientos que Aquiles parecía comenzar a controlar, y Aquiles, parado en una roca en medio del rio, comenzó a ser golpeado por las furiosas aguas y el poderoso viento, que aún con Aquiles en un solo pie no lograban arrastrar al niño-. El rio… el viento… sus fuerzas… el Tigre no les teme, las resiste, el agua lo abraza, el viento lo impulsa -continuó Aquiles, el rio se tornaba más y más agresivo, el agua rodeaba su puño, el viento acariciaba su cabellera, mientras su cosmos se incineraba-. Desequilibra la balanza… encuentra al Tigre. Fuerza, rapidez, determinación, valor. Como un rio y una tormenta de viento, suave, y furioso a la vez, tranquilo y violento, calmado e iracundo. He encontrado el equilibrio. ¡El Tigre Descendente de Pelión! -rugió Aquiles, y de un puñetazo creó a un inmenso Tigre de Agua, que con furia guiaba al rio y era perseguido por el viento, soltando una tremenda fuerza de cosmos, que buscó el camino al mar, y dejó el rio relativamente seco- Lo logré… -sonrió Aquiles-. Y pesqué más peces que usted en toda una mañana, maestro -apuntó Aquiles a los peces, que saltaban sin encontrar agua pues el rio vacío tardaría un tiempo en volver a llenarse-. Tengo un hambre de Tigre -sonrió.

-Y la misma vanidad -se burló Quirón-. A comer muchacho, necesitarás la fuerza, ya que hoy te has graduado como un Tigre, y lo llevarás en tu espalda de ahora en adelante. Lo tatuaré como muestra de tu elección, y el Tigre por siempre te seguirá -Aquiles asintió, y Quirón comenzó a recoger pescados, pero Aquiles se le adelantó a saltos con su pie izquierdo, y recogió más peces apresuradamente-. ¡Fanfarrón! -sonrió Quirón.

-Aún con un solo pie soy más rápido que usted, vejestorio -se burló Aquiles, cargando más y más pescados, y ridiculizando a Quirón-. Ya estás viejo, Centauro, deja que yo atrape la cena, te lastimarás la espalda -se burló.

-Tienes una forma muy peculiar de demostrar tu afecto, cachorro -sentenció Quirón, y le lanzó un pescado al rostro a Aquiles, quien al ser impactado dejó caer todos los pescados en sus brazos, y comenzó a saltar torpemente intentando capturarlos nuevamente, y Quirón se soltó en carcajadas-. Salta pequeño cachorro. Tráeme la cena -Aquiles continuó levantando los peces, y Quirón se enorgulleció. La ira y el cólera de Aquiles, estaban bajo control.

Hélade, Argos. Sala de Banquetes de Argos.

-Cuando mi padre Jasón falleció, fui enviado por mi madre Hipsípila a ser educado en la corte del rey Laertes quien era un Argonauta y viejo amigo de mi padre -explicó Toante, y Shana no hacía más que asentir a sus palabras sin probar su comida. Diomedes estaba molesto, sin embargo, y a propósito había dejado su carne partida en su plato pensando que Shana intentaría robarla, pero la niña estaba tan enamorada que no podía siquiera comer-. Laertes me dejó a cargo del señor Odiseo, quien se convirtió en mi maestro. El señor Odiseo, sin embargo, al enterarse de la llegada de los amos de Troya, comenzó su propio peregrinaje. Ha viajado a Esparta, por una ruta diferente a la que siguen los Troyanos. Algo parece inquietarle. Incluso ha dejado a su esposa con 3 Lunas de embarazo sola en Ítaca -Diomedes escupió su bebida, bañando a Toante en esta, quien hizo una reverencia y se limpió el vino del rostro.

-¿Odiseo va a tener un hijo? -Shana compartió la sorpresa, y miró la carta en su regazo, que Shana no había tenido el tiempo de abrir- ¿Cómo paso esto? ¡Exijo saberlo! -y tanto Shana como Toante se ruborizaron, y Diomedes comprendió lo que acababa de decir- No… esperen… no necesito saber el detalle… -y Toante asintió, agradecido-. Pero, aún tengo dudas. También mencionaste que Peleo, el rey de Ftía, tenía una carta dirigida a Shana ¿Qué significa todo esto? -preguntó mirando a su hija.

-Padre, no seas paranoico -se burló Shana nerviosamente-. Obviamente es una carta de Deidamía para mí para saber cómo estoy. Deidamía la debió de haber enviado a Ftía pensando que estaría allí, pero si bien recuerdas, Aquiles y Patroclo tomaron el barco equivocado y nadie terminó en Ftía con el rey Peleo -explicó Shana-. Pero… envié a un mensajero a Ftía hace un par de Lunas a explicar la situación. La carta la debió traer él -mencionó Shana, y Diomedes se molestó un poco.

-¿Qué haces ordenando a mis mensajeros sin mi consentimiento? Niña traviesa -le jaloneó la mejilla Diomedes, y Shana se quejó gentilmente-. ¿A quién enviaste? -preguntó Diomedes, y Shana volvió a preocuparse.

-Euríalo de Unicornio si mal no recuerdo -sonrió Toante, y Shana se horrorizó, y su padre la miró con molestia-. Fue bastante extraño, un príncipe de Argos enviado como mensajero. Nos hicimos buenos amigos, pero también competimos un poco. Corrimos desde Tesalia hasta la Hélade, de Ftía hasta Argos, en una carrera. Lo dejé atrás hace un par de noches, es muy rápido, pero Pegaso me sonríe. Lo último que escuché de él fue que encontró a la caravana Troyana y actualmente los guía por el sendero más adecuado en dirección a Argos.

-Momento… -lo detuvo Diomedes-. ¿Sugieres que te crea que ustedes par de locos corrieron desde Tesalia hasta la Argólida a pie en competencia para llegar a Argos primero? -y Toante asintió- En verdad eres hijo de Jasón, pero Euríalo no es hijo de alguien tan heroico, en todo caso, me sorprende que hayan sobrevivido -Diomedes entonces desvió la mirada a Shana-. ¿Y bien? ¿Qué dice la carta? -Shana tembló por el recordatorio constante.

-Padre… la correspondencia ajena no debe leerse. Eso molestaría a Hermes, el Dios de la Velocidad y de los Mensajeros -sentenció Shana, y Diomedes hizo una mueca, Shana sin embargo abrió la carta, y comenzó a leer-. ¡Qué alegría! -se alegró Shana, abrazando la carta- Señorita Deidamía, me da mucho gusto por usted. Tengo tanta envidia -sonrió Shana, y Diomedes parpadeó un par de veces-. La leí para saber si podía informarte algo, padre… pero como sospechaba, es un secreto, no puedo decírtelo -Diomedes se molestó, la curiosidad lo invadía.

-Me alegra haber sido portador de tan buenas noticias, señorita Shana -sonrió Toante, y Shana asintió, agradecida-. Mi rey Diomedes. Si fueran noticias que requirieran de su atención, ya las habría escuchado. De momento, le que ruego confíe en las razones por las cuales Shana guarda secretos incluso a su propio padre, el rey de Argos -razonó Toante.

-No me gusta la palabrería de los nobles. En resumen, lo que quieres decir es: «no seas curioso, padre sobreprotector» -Toante sudó frio por la declaración de Diomedes, quien estaba en lo correcto-. Como sea, ¿cuándo veré a Odiseo? -preguntó Diomedes.

-En estos momentos el señor Odiseo debe estar llegando a las puertas de Esparta -explicó Toante-. Las noticias del embarazo de Penélope son noticias que el mismo señor Odiseo desea presentar personalmente. Sinceramente, creo que es mejor así, además de que pretende entregar obsequios por el nacimiento de la hija de Helena de Esparta -anunció Toante.

-¿Eh? ¿Tan rápido? ¡Si la competencia fue hace 8 Lunas! ¿Tuvo un bebé prematuro? ¡En todo caso, ese Menelao no perdió nada de tiempo! ¡Más importante! ¿Por qué nadie me informa de estas cosas? -se quejó Diomedes- Que alguien envíe regalos a Esparta en mi nombre, rápido, rápido -ordenó Diomedes a sus criados-. Maldito Menelao, incluso él tiene hijos propios, que molestia, y yo sin poder ver a mi esposa -se quejó Diomedes, y entonces notó los ojos llorosos de Shana-. ¿Qué te pasa? -preguntó.

-Nada… -susurró con molestia-. Lamento no ser una hija de sangre… -Diomedes se horrorizó, se puso de pie, y se arrodilló a un lado de Shana-. No puedo tener descendencia, no soy hija de sangre… soy solo una carga -susurró Shana.

-No seas tonta, Shana. No eres una carga, yo te adopté con mucho gusto -explicó Diomedes, y Toante se preocupó un poco por lo que estaba ocurriendo-. Es solo que… todo hombre desea tener hijos legítimos también, pero sabes que siempre serás mi princesa -Shana asintió y sonrió-. Esa es mi princesa. Algún día tendrás un hermano o hermana legitimo a quien cuidar, no lo olvides -y Shana asintió.

-Rey Diomedes, el príncipe Héctor ha llegado -entró Esténelo de Argo a la sala de banquetes, y Diomedes tuvo que regresar a sus responsabilidades reales, e hizo una reverencia a Toante, quien asintió sabiendo que el rey debía retirarse. Diomedes tomó a Shana de la mano y la guio fuera de la sala de banquetes-. Joven Toante, yo continuaré atendiéndolo. Mi nombre es Esténelo de Argo, príncipe de Ifís -y los jóvenes comenzaron a entablar amistad.

-¿Es en verdad tan importante para un hombre crear descendencia, padre? -preguntó Shana, mientras caminaba junto a Diomedes al encuentro con los soberanos de Troya en la Sala del Trono- Como diosa no me lo imagino. De todas formas, lo tengo prohibido -terminó Shana, y Diomedes se preocupó un poco por ella.

-Desearía no tener que someterte a esa prohibición. Pero tienes un padre más poderoso que yo -explicó Diomedes, acariciándole la barbilla y la mejilla como era costumbre, alegrando a Shana, quien gustosa pegaba la mejilla a su mano-. Para un hombre tener un hijo es la prueba de que verdaderamente existió. Es continuar con la tradición consanguínea, seguir viviendo en la sangre de nuestros hijos, ser capaces de redimir nuestros errores, como yo busco redimir el canibalismo de mi padre, y como mi hijo o hija buscara redimir mis múltiples crímenes -y Shana se preocupó por esas palabras-. Aunque, tengo una hija que está obligada a ser casta, puede que ya me hayas redimido de algunos -y Shana movió su cabeza en negación-. Tienes razón… en todo caso, un hombre siempre está buscando tener un hijo o una hija que continúe con su legado. Solo mira a Esténelo. Es solo unos años mayor que yo, pero ya tiene un hijo, Cometo -continuó con la explicación Diomedes, y colocó ambas manos sobre las puertas reales, queriéndolas abrir personalmente para recibir a Héctor-. Quiero pensar que Egialea es la mujer que me dará un heredero, y que seré igual o más feliz que Esténelo. Pero nadie sabe lo que traman la pléyades, podría ser Egialea, o ser otra persona. Una puerta podría cerrarse, y al abrirse otra podría estar observando a la madre de mi hijo -terminó Diomedes, abriendo la puerta, y encontrando a un niño frente a él-. O a un niño Troyano. ¿Eres Héctor? ¿Te has encogido? -preguntó Diomedes en tono burlón.

-Mi nombre es Ethon… -se presentó el supuesto niño-. ¿Tú eres Diomedes? -Diomedes asintió, y Anficlas, la hija adoptiva de Héctor, le pateó la pantorrilla con fuerza, sorprendiendo a Diomedes, quien no se esperaba que un niño tuviera tanta fuerza- ¡Te odio! -gritó, y Paris corrió a espaldas de Anficlas, la cargó, y le tapó la boca.

-Tus premoniciones de encontrar a la madre de tu primogénito detrás de la puerta no fueron muy acertadas… padre… -susurró Shana, y Diomedes se molestó un poco por lo que acababa de pasar, pero se repuso, e hizo una reverencia ante los recién llegados. Shana hizo una reverencia también, pero su mirada se perdió un poco al observar a Paris, que también compartió esa actitud al verla a ella.

-Ethon, no le faltes al respeto al rey de Argos -reprendió Héctor, quien llegó ante Diomedes, e hizo una reverencia-. Lamento mucho el comportamiento de mi hijo adoptivo, mi señor Diomedes. Permítame hacer las presentaciones. Conmigo viaja la mitad del concejo familiar Troyano, y solo una pequeña parte de la familia del rey Príamo y la reina Hécuba de Troya. Paris, el menor, Casandra, la sacerdotisa, y un servidor, Héctor, primogénito de Príamo y príncipe de Troya. Quien le ha pateado es mi hijo adoptivo, Ethon -mencionó Héctor.

-¿Hijo? -preguntó Diomedes, y Paris colocó a Ethon en el suelo y le tomó una mano, evitando que corriera a patear a Diomedes nuevamente- Esos ojos… umm… -se preguntó Diomedes, pero ignoró las circunstancias y continuó con las formalidades-. Sean bienvenidos a Argos. La familia real de Argos, sin embargo, es muy corta, constando únicamente de mi esposa Egialea que se encuentra en la corte del rey Menelao en Esparta, y de mi hija adoptiva, Shana -y Shana despertó de su trance e hizo una reverencia-. Por favor, pasen -ofreció Diomedes, y Héctor aceptó las cordialidades y llamó a Ethon, quien le enseñaba los dientes a Diomedes-. ¿Qué hice para que me odiaras? -preguntó.

-No es lo que hiciste, es lo que harás -sentenció Anficlas y le sacó la lengua, y Diomedes miró a Héctor de reojo, y al notar que no lo veía, Diomedes también le sacó la lengua, molestando a Anficlas-. ¡Te odio! -gritó Ethon, y pateó nuevamente a Diomedes.

-¡Giak! ¡Espectros de Hades! ¡Ya me emparejó! -se quejó Diomedes sobándose la otra pierna, y Shana se preocupó y le hizo señas a Diomedes para que se comportara- Lo sé, lo sé -terminó Diomedes, y la reunión con los hijos de Príamo continuó.

Esparta. Sala del Trono de Esparta.

-Su nombre es Hermione -habló Menelao, que en esos momentos tenía una audiencia con Odiseo, quien había llegado de visita a Esparta con regalos para la familia real de Esparta-. Es tan hermosa como lo es su madre -continuó Menelao, y Helena sonrió ante lo que estaba escuchando-. Agradezco tus obsequios, Odiseo, y felicito el embarazo de Penélope también. Pero me temo que no comprendo la razón de tu visita, me disculpo si soy impertinente, pero no es sabio dejar a tu mujer en casa sola mientras carga a tu primogénito -explicó Menelao.

-Ha cambiado bastante, su majestad. El matrimonio le ha sentado bien -explicó Odiseo, y Menelao le sonrió-. Mi señor Menelao. Vengo en representación de Calcas de la Copa, Patriarca en el Santuario de Athena. Me ha mandado a informar que una sombra negra ha aparecido en sus visiones, y que teme que esta sombra negra tenga algo que ver con la llegada de los príncipes de Troya a Hélade -terminó Odiseo, sorprendiendo a Menelao.

-Esas son acusaciones muy fuertes -escuchó Odiseo, y se dio la vuelta para encontrar a Agamenón, el hermano mayor de Menelao, de cabellera verde más oscura que la de su hermano, y barba cubriéndole el rostro, un caballero que era conocido como el Caballero Dorado más poderoso de todos, caminando en encuentro del rey y la reina de Esparta, acompañado de una doncella de al menos 12 años de edad vistiendo la Armadura de Plata del Águila.

-Hermano Agamenón, sobrina Ifigenia -se alegró Menelao, y así lo hizo también Helena-. Grandes amigos han venido de visita, pero mi corazón no está en paz. Odiseo, debido a tu matrimonio con Penélope somos técnicamente familia. La cual es la única razón por la que te permito semejante atrevimiento. Incluso si es Calcas el profeta quien lo dice. ¿Qué razones tiene él para sospechar de la familia real Troyana? -preguntó Menelao.

-Con el debido respeto, mi señor. ¿Qué otra razón tiene un rey de un reino lejano, para ofrecer tributo a los reinos de Hélade sin que se le haya solicitado, que no sea el de prevenir hostilidades? -preguntó Odiseo, y ni Menelao ni Agamenón comprendieron sus palabras- Hélade y Anatolia han sido territorios neutrales, y de improviso, los príncipes de Troya, la capital de Anatolia, ofrecen tributo a nuestros reinos. Llegaron a Ítaca también, nos inundaron de regalos, y los acogimos con hospitalidad, pero… Troya es una ciudad de guerra. Presiento que Héctor ha venido con el motivo de trazar un mapa para hacer la guerra a Hélade, más que de buscar la paz -sentenció Odiseo, y tanto Agamenón como Menelao se horrorizaron.

-¿Entiendes lo que dices, Odiseo? -preguntó Agamenón- Pueblos enteros han ido a la guerra por acusaciones como esas. ¿Qué bases tienes para pensar esto? ¿Lo ha visto Calcas en la Armadura de la Copa? -preguntó Agamenón.

-Calcas ha profetizado una guerra de 10 años, mis señores -continuó Odiseo-. Sin embargo, no tiene una fecha de inicio clara. Podría estar próxima, como podría ser una guerra que no sea parte de nuestra generación. En todo caso, es una guerra a la que los Caballeros Dorados tendrán que atender -mencionó Odiseo, y se mordió los labios-. Pero… pronto seré padre… y ustedes tienen hijas que los aman. Preferiría prevenir una guerra, que mostrar hospitalidad a Troya y permitirles seguir trazando sus mapas, pero no puedo hacerlo solo. A usted le deben lealtad 30 pueblos, si son sus órdenes, se le cerrarán las puertas a los Troyanos -terminó.

-¿Cerrar las puertas a la diplomacia? -preguntó Menelao- Odiseo, tu prudencia ha logrado unir a 30 pueblos al servicio de Esparta, pero tu prudencia inclusive tiene sus límites. Troya ha venido a negociar, a ofrecer paz. ¿Por qué cerrarles las puertas? Eso sería sinónimo de desprecio y de guerra -enunció Menelao.

-Mi rey, por favor comprenda. En Anatolia se le rinde tributo a Hades, a Ares, y a Apolo -explicó Odiseo-. Son dioses enemigos de Athena. En Hélade se venera a Athena y a Poseidón. Troya es un reino que venera a dioses enemigos de nuestra diosa Athena. Sin mencionar que ningún pueblo que busque la diplomacia ante la guerra, fortificaría su ciudad con murallas tan impenetrables. ¿Acaso ha olvidado a Tebas y la guerra frente a las 7 Puertas que por poco destruye a Argos? -preguntó Odiseo.

-Tu amistad con el señor de Argos te nubla el juicio, Odiseo -comenzó Agamenón-. La Guerra de los 7 Contra Tebas fue un error que no debió cometerse, y que cobró la vida del anterior rey de Argos y otros 6 grandes héroes -Odiseo intentó hablar, aunque no se lo permitieron-. Además… Athena aún no ha reencarnado. De ser así podría ofrecer prudencia ante los adoradores de Hades. Pero de momento, hermano, te aconsejo seguir con la diplomacia como hasta ahora. Que Héctor y su familia se sientan bienvenidos -prosiguió Agamenón.

-Pero mis reyes, Athena ya ha… -pero Odiseo se detuvo, y no dijo más, sintiendo el cosmos de alguien detenerlo-. Este cosmos, ¿por qué? -se preguntó Odiseo, y permaneció en silencio-. Mis señores, si no pueden creer en mis palabras, lo acepto y me disculpo por mi imprudencia. Con su permiso, me dirigiré a Argos a visitar a mi viejo amigo Diomedes. Tal vez él atienda con mayor prudencia a mis miedos -Odiseo se retiró, sumamente molesto, y al salir de la sala del trono miró a su derecha, encontrando a un Caballero Dorado allí, vistiendo la Armadura de Géminis-. ¿Néstor? -preguntó Odiseo, viendo al poderoso rey, de larga cabellera castaña, y sombra de barba- Rey de Pilos -hizo una reverencia Odiseo.

-Odiseo, que placer es verte -sonrió Néstor y abrazó a Odiseo, quien le regresó el abrazo-. Sabes que eres como un hijo para mí, Odiseo. Deberías estar agradecido de que te salve el pellejo -Odiseo asintió, e hizo una reverencia-. Sé lo de Athena. Calcas me lo confió, pero no debes mencionarlo más -explicó Néstor.

-Pero mi rey -comenzó Odiseo-. Si no hacemos algo, la guerra estallará. Calcas tiene un mal presentimiento. ¿Por qué no decirles sobre la identidad de Athena ahora que podemos? -preguntó Odiseo.

-Hay oídos en las paredes -susurró Néstor-. He tenido sospechas igual que tú. Los Troyanos visitaron Pilos antes de dirigirse a Argos. Han viajado por nuestras tierras con un gran ejército por varias Lunas ya. Dejaron a Argos y a Esparta para el final, no necesariamente por su posición en el mapa, traman algo -susurró Néstor.

-Hace casi 8 Lunas Diomedes y yo fuimos atacados por 3 Espectros… -susurró Odiseo, y Néstor asintió-. Athena también ha renacido, está bajo el cuidado de… -pero Néstor le hizo callar, y con la mirada apuntó a una sombra-. Un cliente de burdeles -susurró Odiseo, y Néstor sonrió.

-No es el mejor lugar para dejar a una divinidad -susurró Néstor, y Odiseo asintió-. Nos están observando, Odiseo. Los Troyanos saben algo que nosotros no, o desean confirmar algún oráculo, no lo sé. Lo importante es que se están preparando, trazan mapas, desean la guerra. Cualquiera pensaría que solo están buscando un detonante. Como tú lo has dicho, esto no es natural. Desean conflicto, y puede que donde estén ahora lo encuentren -sentenció Néstor, y Odiseo se preocupó-. Mi hijo, Antíloco, ha dejado Pilos para buscar a Quirón. Estamos buscando aliados, mantén los ojos abiertos, y por prudencia, envía emisarios a Esparta. Tengo un muy mal presentimiento. Confiaría antes en las palabras de un Licántropo que de un Troyano -terminó Néstor con una sonrisa.

-Mi abuelo era el Licántropo, yo tomé la prueba y resulté libre de mi herencia de lobo -explicó Odiseo, y Néstor asintió-. Pero le agradezco, rey Néstor. También lo considero un padre. Ítaca y Pilos siempre serán aliados, pero de momento, debo buscar a mi hermano Diomedes, con quien no compartiré sangre, pero lo considero más que un amigo -ambos se despidieron.

-Odiseo… -lo detuvo Néstor, y Odiseo lo miró-. Si una guerra estalla… no te involucres… tienes una familia ahora, y eres hijo único. Si el momento llega, por favor abstente de combatir. Piensa en algo, eres listo -y Néstor se retiró.

-Nada me gustaría más que evitar ir a la guerra, Néstor… -susurró Odiseo-. Por eso hago lo posible por evitarla -y Odiseo comenzó a correr en busca de un caballo-. Diomedes, por favor… no hagas ninguna estupidez… -suplicó Odiseo.

Argos. Jardines de Argos.

-Mis pies me están matando -se quejó Euríalo de Unicornio, sentado fuera del palacio y junto a los caballos de los Troyanos. En ese momento, Toante de Pegaso lo descubrió y llegó a saludarlo-. ¡Pegaso! -se alegró el de Unicornio.

-¡Eres lento, Unicornio! -sonrió Toante, y Unicornio se molestó un poco, pero continuó sobándose las pantorrillas- ¿Qué ocurre? No me digas que estás cansado por recorrer solamente un par de reinos -se burló Toante.

-No es por recorrer un par de reinos, de ser el caso me dolerían las plantas de los pies -explicó Euríalo, y Toante asintió mientras se sentaba junto a Euríalo-. Es ese niño agresivo, el hijo de Héctor. Ethon creo que se llama. No dejaba de patearme y decir que me odiaba, pero no lo entiendo, no lo he visto en toda mi vida. ¿Cómo puede un niño tan joven sentir tanto odio de todas formas? -se preguntó Euríalo, y entonces vio a Diomedes salir del palacio y sobarse las pantorrillas también- ¿Rey Diomedes? ¿Se encuentra bien? -preguntó Euríalo.

-Unicornio, ¿dónde Espectros estabas? -preguntó Diomedes, y Euríalo sonrió desvergonzadamente. Diomedes entonces se sentó en el suelo junto a él- Odio ser rey… pero ser pateado por esa mocosa… es mucho peor… -sentenció Diomedes.

-¿Mocosa? El que patea es el hijo adoptivo de Héctor, Ethon creo que se llama -Diomedes lo pensó un poco, rascándose la barbilla-. Aunque Casandra, la lunática, tiende a seguirle el ejemplo. Ella también me pateó un par de veces. ¿Lo pateó Casandra, mi señor? -preguntó.

-¿La que siempre va pegada del brazo de Paris? No… la verdad nos llevamos bastante bien -explicó Diomedes-. Espera un segundo, pensé que Héctor estaba algo ciego, pero. ¿No notan algo extraño en Ethon? Si no es por la mirada, el olor debería ser suficiente -explicó Diomedes, y tanto Euríalo como Toante se miraron mutuamente-. No importa. No soy quien pueda juzgar. De todas formas, yo cometí incesto -susurró Diomedes-. Euríalo, necesito un respiro. Héctor, Paris y Casandra se han retirado a una habitación a descansar. Pasarán unas noches aquí antes de partir rumbo a Esparta. Ve que se atiendan a todas sus necesidades -Euríalo asintió, se puso de pie, y fue a atender a los Troyanos-. Toante… esto sonará extraño viniendo de mí, pero Shana se ofreció a aligerarme la carga y a atender a Paris y a Casandra. ¿Puedes por favor cuidarla de mi parte? -preguntó.

-Sería un placer, mi señor Diomedes -mencionó Toante, y Diomedes sonrió y comenzó a pasear por el patio de su castillo, sintiéndose sumamente agotado, mientras Toante entraba en el castillo y buscaba a Shana.

-Estoy tan agotado que incluso mando a Toante con Shana, debo estar loco -se quejó Diomedes, y entonces notó a Anficlas en los jardines, a quién Diomedes conocía como Ethon-. Disimula e ignórala… no quiero más patadas o terminaré devolviéndoselas -se molestó Diomedes, pero entonces vio una hermosa sonrisa en Anficlas, quien permitía que una mariposa blanca se parara en su nariz-. Lo sabía… -mencionó Diomedes, y Anficlas se sorprendió, se dio la vuelta, y encontró a Diomedes detrás de ella-. Eres muy bonita -mencionó.

-¿Bonita? -se sonrojó Anficlas, pero de inmediato reemplazó la vergüenza con odio- ¿De qué habla, rey idiota? ¡Soy un chico! -se quejó Anficlas y pateó, pero Diomedes ya estaba cansado de las patadas, y aprovechando que Héctor no estaba en los alrededores, se hizo a un lado, y por el impulso de la patada, Anficlas terminó en el suelo, y con su rodilla raspada al caer tras el giro-. ¡Uwaaaaah! -gritó Anficlas en un susurro tras su caída, y comenzó a sobarse la rodilla. Diomedes de inmediato se agachó, y comenzó a oler el cuello de Anficlas, asustando a la niña, quien se alejó de Diomedes a rastras- ¿Qué cree que está haciendo? -se sobresaltó Anficlas.

-Ningún niño olería tan bien como tú. Despides un aroma femenino aún a tan temprana edad -explicó Diomedes, y Anficlas comenzó a olerse a sí misma-. Pero si no es por el olor, tienes unos ojos muy bonitos. A menos que fueras como Aquiles, no me creería que fueras un chico -sonrió Diomedes.

-¡Soy un chico! -gritó Anficlas, y Diomedes se molestó un poco- Y usted es un pervertido por acercarse tanto a mí -lloró Anficlas, cubriéndose el pecho, y Diomedes notó la pose. Definitivamente era una niña-. ¿Qué me mira? -preguntó.

-No… solo pensaba que me has hecho dudar… -mencionó Diomedes, aunque era una mentira-. Pero no puedo estar seguro aún, la única forma de averiguarlo, es quitarte los pantalones -se burló Diomedes.

-¡Usted gana! ¡Usted gana! ¡Soy una chica! -se quejó Anficlas- Maldición… mi secreto… de todos los que podían averiguarlo… ¿por qué tenía que ser usted? -lloró Anficlas, y Diomedes colocó su mano sobre su cabeza, y la acarició gentilmente- ¡Suélteme! –se quejó Anficlas.

-También tienes humor de chica -sonrió Diomedes, quien se sentó junto a ella-. Tengo preguntas. Y les contaré a todos que eres una chica si te niegas a responderlas -Anficlas se horrorizó-. Primera pregunta: ¿Cuál es tu verdadero nombre? Ethon es el nombre de una bestia legendaria. Desde que te presentaste, dudé que fuera tu verdadero nombre -mencionó.

-¿Por qué habría de contestarle? -se quejó Anficlas, y Diomedes infló su pecho y se preparó para gritar- ¡Espere! ¡Le digo! ¡Le digo! -lloró Anficlas- Mi… mi verdadero nombre… es Anficlas… -lloró Anficlas, sintiéndose horriblemente humillada-. Lo odio… -susurró.

-Ya llegaremos a esa pregunta -mencionó Diomedes-. Por lo pronto, deseo saber por qué una niña tan bonita como tú, se dejaría cortar el cabello de una forma tan horrible, y comenzaría a actuar como un niño, incluso engañando a su propio padre adoptivo -apuntó Diomedes.

-¿Bonita? -preguntó Anficlas ruborizada, y Diomedes asintió- No soy bonita… nadie jamás lo ha dicho antes… todos me odian porque soy una hija bastarda… todos me lastiman… -lloró Anficlas, y entonces notó que Diomedes le limpiaba las lágrimas con su capa escarlata-. ¿Por qué es tan bueno conmigo si yo lo odio? -preguntó.

-No has respondido mi pregunta todavía, eso es trampa -sonrió Diomedes, y Anficlas se mordió los labios-. Tengo una debilidad a con las niñas. Me agradan demasiado, incluso adopté a una hace unas Lunas. Y tú eres muy bonita también, te adoptaría si pudiera, pero Héctor seguro me cortaría la garganta -se burló Diomedes.

-No me llame bonita… no lo soy… -bajó la cabeza Anficlas-. Yo… me visto como niño… porque siempre me han lastimado… y quiero ser capaz de defenderme… -Diomedes se preocupó por aquella respuesta, y ayudó a Anficlas a sentarse en sus piernas-. Héctor sabe que soy una niña… y me va a ayudar a entrenar como un niño… para poder defenderme de los que me lastiman, de los que me hacen daño… de los que me odian… -lloró Anficlas, Diomedes la abrazó, y la niña lloró en su pecho-. Suélteme… yo lo odio… -lloró ella.

-Lo sé, lo sé, me odias mucho -Anficlas asintió, pero abrazó a Diomedes de todas formas-. Pero, aún tienes más preguntas que responder. ¿Por qué me odias? -preguntó Diomedes, y Anficlas recordó su sueño, y empujó a Diomedes- Eso fue muy grosero -se quejó Diomedes, y Anficlas le dio la espalda y siguió llorando.

-Lo odio… -mencionó, y Diomedes entristeció un poco-. Lo odio mucho… con todo mi corazón… lo odio… -continuó llorando, pero Diomedes la abrazó nuevamente y le acarició la cabeza, ayudándola a tranquilizarse. Pero Anficlas le cabeceó la mano fuera de su cabeza, y se mordió los labios con ira e hizo una mueca de desprecio y soltó un gruñido. Diomedes se molestó un poco, pero entonces recordó la forma en que solía acariciar la barbilla y mejilla de Shana, y el cómo eso le gustaba a Shana, y replicó la caricia en Anficlas-. ¡Eeek! -se quejó de forma infantil Anficlas, y Diomedes sonrió y continuó acariciando su mejilla y barbilla, y de pronto Anficlas estaba sonrojada y sonriendo, disfrutando de la suave y cálida sensación-. Eso… se siente bien… -sonrió Anficlas.

-¿Verdad que sí? Es el toque mágico de Diomedes de Escorpio -Anficlas comenzó a molestarse, pero no logró escapar de la agradable sensación de las caricias en su barbilla que le daba Diomedes, y terminó acurrucándose en el pecho de Diomedes y dejándose querer-. Eres como un gatito, jajaja, igual que Shana -Anficlas ya había olvidado todo su odio, más el destino no estaba listo para darle alegrías a Diomedes, que sintió un par de manos congeladas enfriarle las mejillas a la fuerza, por lo que soltó a Anficlas, quien se retrajo al escuchar los gritos de Diomedes.

-¿Me voy por unas Lunas, y de pronto ya estás seduciendo a niñitas inocentes? ¿Acaso no hay límite para tu perversión, Escorpio inútil? -gritó Egialea, la esposa de Diomedes, congelándole el rostro a su esposo. Diomedes entonces se puso de pie empujando a Egialea accidentalmente, y comenzó a frotarse el rostro con su capa. Anficlas por su parte, estaba confundida, y preocupada.

-¿Qué Hades te pasa? -gritó Diomedes, frotándose las mejillas más y más fuerte- Eso fue muy cruel, Egialea. ¿Por qué no me dijiste que venías en camino? -preguntó algo sobresaltado.

-¡Para cerciorarme de tu fidelidad! -sentenció Egialea- ¿Cómo te atreves a seducir a una niñita? -Anficlas se ruborizó tras la acusación- Espera… ¿es un niño? -preguntó Egialea al ver el corte de cabello- ¿Malinterpreté las cosas? -preguntó.

-¡Definitivamente lo hiciste! -gritó Diomedes, protegiendo la identidad de Anficlas- ¡Este es Ethon! ¡El hijo adoptivo de Héctor! ¡Vinieron de visita desde Anatolia! -continuó gritando Diomedes, ofendido por el comportamiento de Egialea- ¿En todo caso? Aunque fuera una niña, ¿me crees capaz de semejante perversidad? ¡Incluso yo tengo mis límites! -sentenció Diomedes, y Anficlas sintió un dolor en su pecho- ¡No hay forma de que pueda ver a una niña de esa manera! ¡Mucho menos estando casado contigo, tonta! -gritó Diomedes, y Anficlas comenzó a llorar.

-Te odio… -mencionó Anficlas, y Diomedes se preocupó un poco, Anficlas estaba muy molesta, y peor aún, por la forma en que lloraba, Diomedes sabía que se sentía traicionada-. ¡Te odio! ¡No vuelvas a tocarme! ¡Muérete! ¡Muérete! ¡Muérete! ¡Jamás vuelvas a darme esperanza! -lloró Anficlas y pateó la pantorrilla de Diomedes con fuerza, derribando al de Escorpio- ¡Te odio! -se fue llorando Anficlas, y Diomedes se sobó la pantorrilla nuevamente.

-¡Muchas gracias, Egialea! -se quejó Diomedes, y la de Cisne parpadeó en un par de ocasiones- Ethon no ha hecho otra cosa que patearme todo el tiempo. Mi intención era tranquilizarlo para forjar buenas relaciones de amistad con la familia real Troyana. Gracias a ti perdí esa valiosa oportunidad -explicó.

-Es solo un niño. No afecta mucho el que le caigas bien o no -refutó Egialea, algo ruborizada-. Se supone que estuvieras feliz de volver a verme… no que discutiéramos apenas nos vemos tras 5 Lunas -se quejó Egialea, y Diomedes le sonrió-. Menelao me dio un par de Lunas de descanso para venir a verte… sé que tu madre no me quiere en la corte hasta mi mayoría de edad, pero… estaba impaciente… -Diomedes asintió, tomó a Egialea de la barbilla, y la besó con gentileza. Ninguno de ellos, sin embargo, se percató de que Anficlas los seguía espiando.

-El Cisne y el Escorpión… representan a una pareja… -lloró Anficlas, con su espalda contra una columna y llorando con fuerza-. Probablemente un matrimonio… el Cisne y el Escorpión… estarán separados por un rio, que indicará que el Escorpión viajará a tierras lejanas… donde encontrará al Águila de pico de fuego… y después… -Anficlas se puso de pie, e impactó una columna con fuerza, y al rodear su mano de un cosmos oscuro, la columna cedió-. Te odio… -lloró con más fuerza-. Diomedes de Escorpio… te odio… por destruir mi esperanza… por un momento… fui feliz… -Anficlas se arrodilló, y continuó llorando con fuerza.

Tesalia. Monte Pelión.

-Todo está formado por el cosmos -habló Fénix, quien en esos momentos entrenaba a Patroclo al otro lado del Monte Pelión, lejos de Aquiles y de Quirón-. Polvo de estrellas, existiendo en los seres vivos, las plantas, en todo -Patroclo escuchaba las enseñanzas de Fénix, e imaginaba la lección en su mente-. Visualiza el polvo de estrellas… encuentra el patrón correcto, busca el punto donde las estrellas se arremolinan y forman el cumulo de estrellas que nos rodea. ¿Puedes verlo? -preguntó Fénix.

-Lo veo -mencionó Patroclo, con sus ojos brillando de azul al ver el reflejo de las nebulosas del cosmos, aunque nadie sabía lo que eran esos conjuntos inmensos de cúmulos de estrellas, aún no se había encontrado un nombre para ellas-. Lo veo… y lo siento… una fuerza incomprensible, infinita y a la vez finita. Un destello del cosmos… -Fénix se alegró de que su lección estuviera dando frutos.

-El cosmos es la fuerza de destrucción que al ser liberada parte la tierra de un puntapié, y desgarra el cielo de un puñetazo. Una fuerza que Metis, la Titánide madre de Atenea, obsequió a los humanos. Una fuerza que debes de ver, de sentir, de pulverizar… muestra la fuerza de tus colmillos -terminó Fénix.

-¡Mis colmillos están bien afilados! -gritó Patroclo, cerró su mano en un puño, y lanzó un tremendo puñetazo que perforó la montaña y abrió grietas en la tierra, un tremendo golpe que lanzó llamaradas por toda la roca, calcinándola, dándole forma al cosmos, creando un milagro titánico como una especie de volcán en miniatura.

-Ya puedes controlar el fuego en tu ser, el fuego de tu constelación -explicó Fénix, y Patroclo se alegró-. Pero, el fuego es solo la mitad del cosmos del León de Nemea que enfrentó a Heracles -continuó Fénix, y Patroclo lo miró esperando la revelación-. El León de Nemea, se creía era invulnerable. Heracles lo enfrentó con su garrote, sin llegar a herir a la poderosa bestia. Su piel no podía ser penetrada, así que Heracles lo tomó del cuello, lo estrujó, y cuando este se rompió se dice que se escuchó el resonar de un relámpago -explicó Fénix, y Patroclo se sorprendió-. Cuenta la leyenda, que Zeus estaba tan impresionado por la proeza, y el desgarrador sonido del cuello del León rompiéndose, que subió a la bestia al cielo, y que en su rugido ocultó el relámpago. Aún hoy por las noches de lluvia, se puede escuchar el rugir del León antes de la caída de un relámpago -Patroclo lo meditó, recordando el tremendo sonido-. El relámpago, es la fuerza destructora de la naturaleza por excelencia, capaz de derrotar incluso a los Titanes. Y el Caballero de Leo debe ser capaz de controlar el relámpago. Has que el León ruja, desata la fuerza destructiva del relámpago. ¡Hazlo! -gritó.

-Siente el rugir del León, siente la fuerza del relámpago inmerso en su garganta -respiró Patroclo con tranquilidad, y el cielo comenzó a llenarse de nubes, y de relámpagos-. El relámpago… es la fuerza destructora más grande de la naturaleza… espontanea, veloz, imprecisa, destructiva -aspiró, soltó aire, mantuvo sus ojos cerrados, preparando su energía, sintiendo el gruñir del León que tensaba sus músculos, tragaba aire, inflaba su pecho, y liberaba el tremendo rugido-. ¡Relámpago de Voltaje! -gritó Patroclo, y una inmensa esfera de relámpagos resonó y partió la tierra, colisionó con la montaña, y la hizo temblar con la furia divina de la bestia de Leo. Los relámpagos rodeaban a Patroclo, el rey rugía, como una poderosa bestia que pretendía reinar en la tierra. Pero un Tigre desafió el rugido de la bestia, y Patroclo desvió la mirada, encontrando a Aquiles, y un rio siguiéndole a cada paso, incluso ignoraba el dolor de su talón, caminaba con determinación, seguido del Centauro Quirón.

-Rey de las bestias, el rey de este rio ha venido a reclamar su dominio -sonrió Aquiles, y Patroclo le regresó la sonrisa, mientras el viento, el agua, el trueno y el fuego, rodeaban el Monte Pelión-. Los Tigres somos muy territoriales, permíteme demostrarte hasta qué punto -elevó su cosmos, el agua rodeó su puño, el viento respaldó al Tigre de Libra.

-Acepto el reto -mencionó Patroclo, el fuego iluminando su cosmos, el relámpago rugiendo con cada gruñido del rey de las bestias. Los cosmos de ambos estallaban, se incineraban-. El León domina donde el resto de los felinos, un Tigre jamás podría comparársele. Te derrotaré, Aquiles, seré digno de pelear a tu lado -sentenció.

-El Tigre… es agua y viento -habló Quirón, explicándoselo a Aquiles nuevamente-. El Tigre surca con el rio, la Libra es abatida por el viento. Fuerzas de la naturaleza que son imparables, que causan desastres, destruyen ciudades, atemorizan el corazón de los hombres -terminó Quirón, mirando a Fénix fijamente.

-El León… es fuego y trueno -respondió Fénix, asegurándose de que Patroclo podía escucharlo-. El León reina en la tierra y la consume como un terrible incendio, y su rugido resuena en las praderas con la fuerza del trueno, ataca en un destello. Fuerzas de la naturaleza de aniquilación, quema los bosques, incinera las vidas, fulminan los cuerpos de los hombres -y Fénix miró fijamente a Quirón.

Tanto Aquiles como Patroclo rugieron, fuego rodeaba a Patroclo, viento rodeaba a Aquiles, el relámpago rugía con el León, el Tigre surcaba el agua con gran esplendor. La fusión de los elementos había desatado una tormenta, y ambos amigos se lanzaron el uno contra el otro, como los enemigos más mortíferos. León y Tigre se encontraron en el cosmos, centellaron, se mordieron, y Patroclo y Aquiles colisionaron con los puños azotando el rostro del otro con fuerza, comenzando una batalla temible, como las fuerzas de la naturaleza.

Hélade, Argos.

-Lo odio… -lloró Anficlas, encerrada en su habitación. Paris escuchó los sollozos y abrió la puerta con gentileza, preocupado por la niña-. Lo odio… odio a los hombres… no sirven para nada más que para romper el corazón… lo odio… lo odio… solo él ha sido bueno conmigo… pero aun así lo odio… -Paris estuvo a punto de entrar, pero Héctor lo detuvo, y Paris lo observó con cuidado y miedo mientras el padre adoptivo de Anficlas entraba en la habitación, y dejaba la puerta entreabierta para que Paris pudiera observar, y escuchar-. ¡Lo odio! -gritó Anficlas.

-No es normal que llores y anuncies tu desprecio -mencionó Héctor, y Anficlas se espantó. No se había percatado siquiera de la presencia de su padre, y Anficlas ganó distancia, hasta pegar su espalda con la pared, asustada-. No debes temerme… pero lo haces. ¿No puedes decirle a tu padre aquello que te molesta? -preguntó Héctor, y Anficlas desvió la mirada- ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué razón lloras como una niña? Incluso los niños pueden llorar, pero lo hacen con odio y desprecio, con coraje, cólera, desesperación y rabia. ¿Por qué derramas lágrimas, y estás están repletas de dolor, de miedo, de compasión, de tristeza? ¿Por qué lloras como una niña? -preguntó, y Anficlas pegó la frente a sus rodillas.

-Padre… ¿qué significa que mi pecho me duela? ¿Qué significa que me duela el corazón hasta arrancarme las lágrimas? -Héctor enfureció, abrió la puerta empujando a Paris, tomando su lanza, aferrándose a su escudo, y buscando a Diomedes por los corredores del palacio- ¡Padre! ¡Detente! -suplicó Anficlas, mirando a Paris- ¡Por favor detenlo! -suplicó, y Paris asintió, corrió tras Héctor, tomó de su brazo. Pero Héctor se dio la vuelta y azotó su escudo en el rostro de Paris con fuerza, abriéndole una herida en la frente.

-Héctor… diplomacia… -lloró Paris, limpiándose la frente-. ¿Acaso no vinimos a ser diplomáticos? ¿A ganar aliados? -preguntó Paris, pero Héctor lo tomó del cuello y lo azotó a la pared más cercana- ¡Hermano! -suplicó Paris.

-¡Vine a alimentar el odio de mi hija por ese maldito Escorpio! ¡No a que su corazón fuera inundado por sentimientos de amor! ¿Sabes lo que Diomedes le hará a mi hija? ¿Lo sabes? -gritó Héctor, Paris lloró, y asintió.

-Escuché la profecía de Heleno… -lloró Paris, y Héctor lo soltó, volvió a tomar el escudo, y se dirigió a la habitación del trono-. También escuché la profecía que me declaraba como el responsable de la caída de Troya -y Héctor se detuvo, mientras miraba las puertas abiertas de la habitación del trono, y a Diomedes pasar y charlar con Egialea, quien sonreía junto a él. Anficlas los vio también, y su corazón que solo conocía odio, y que de pronto encontró el amor, se volvió a romper en pedazos. Anficlas corrió a su habitación, y se encerró dentro-. Cierra esa puerta por favor… antes de que Diomedes te vea… -Héctor cerró la puerta, y miró a Paris fijamente-. Heleno dijo… que pudo haber malinterpretado la profecía, y que la antorcha pudo significar esperanza. ¿Qué pasa si el cambio de plumaje de Anficlas significa que ella cambiará para bien? -preguntó Paris- ¿Como su padre, no quisieras que fuera un Águila blanca y hermosa? -Héctor enfureció.

-¡No en manos de un Escorpio! -terminó Héctor, pero dejó escudo y lanza en el suelo, y se dirigió al cuarto de Anficlas- ¡Ethon! ¡Abre la puerta! -gritó Héctor, pero no recibió respuesta alguna- ¡Anficlas! -gritó Héctor nuevamente, y tras unos instantes, la puerta se abrió, y Anficlas miró a su padre con ojos ahogados en lágrimas- Tienes una misión. ¿Lo recuerdas? Debes asesinar al Escorpión, antes de que él te haga algo horrible que te hará sufrir. ¿Por qué cambiaste de parecer? ¿Por qué haz olvidado tu odio? -preguntó Héctor.

-Diomedes… no parece una persona que pudiera lastimarme… no a propósito -mencionó Anficlas, y Héctor enfureció nuevamente, pero respiró, se calmó, y se sentó en la cama de Anficlas-. Tiene un buen corazón… no puedo odiarlo… pero quiero odiarlo… me hace sentir que me duele el pecho… no lo entiendo… -Héctor desvió la mirada, aunque de lo fuerte que cerraba los puños, sus palmas comenzaron a sangrar.

-Anficlas, quiero que recuerdes a tu padre, y lo que le hizo a tu madre -Anficlas lo negó con la cabeza, pero Héctor continuó-. Un hombre casado, que amó a otra mujer de la cual tú naciste, y eso solo te ha llevado a una vida de tragedias. La esposa de tu padre le ordenó a tu padre asesinar a tu madre, y tu padre fue acusado de asesinato y ejecutado por su crimen. Como hija bastarda se te repudió, y yo te di un hogar, te acepté de discípula cuando no he aceptado a nadie jamás -Anficlas asintió a duras penas-. Lo que sientes es una ilusión perversa llamada amor. Todos sucumbiremos ante ella, esa es la naturaleza humana. Pero recuerda la profecía y lo que ese Escorpión te hará. Solo puedes sufrir, así que yo te pido que por más que te duela, te aferres al odio y no al amor que crees sentir. Ese hombre será tu perdición -explicó Héctor.

-Pensé… que me equivocaba… pensé… que por fin alguien me quería sinceramente… -Héctor la observó con cierto dolor. Jamás le había demostrado cariño alguno a pesar de ser su padrastro. En parte, Héctor solo la usaba por su habilidad en combate, pero en ese momento, el corazón de Héctor se sintió abatido.

-Te daré una última oportunidad… Anficlas -mencionó Héctor, sacando de una caja de provisiones en la habitación de Anficlas, una caja más pequeña conteniendo al Escorpión Dorado de Cola Gorda-. Amalo, u ódialo, es tu decisión-. Héctor abrió la tapa, y Anficlas miró al Escorpión-. Cualquier decisión que tomes, como padre yo la aceptaré. Pero las consecuencias de tus actos serán solo tuyas por elegir. Odiarás a Diomedes de Escorpio. ¿O lo amarás? -Anficlas lloró, y metió la mano, siendo picada nuevamente por el Escorpión.

-Lo odiaré… -terminó Anficlas, y sacó la mano de la caja, soportando el veneno, y acurrucándose en su cama mientras temblaba por el dolor. Héctor simplemente le acarició la cabellera, y Anficlas se mordió los labios, resistiendo el dolor-. Lo odiaré… no volveré… a amar jamás… a nadie… amar duele… más que el veneno del Escorpión… -lo resistió Anficlas, y Héctor le acercó el antídoto, pero ella se negó-. ¡No lo quiero! -se esforzó Anficlas, elevando su cosmos, controlado su circulación, aceptando a su estrella guardiana.

Tesalia. Monte Pelión.

-Aún tienen mucho que aprender… par de tontos -habló Quirón con los brazos cruzados, y mientras observaba a Aquiles respirando pesadamente con el pie sano sobre el cuello de Patroclo, y con el lastimado temblándole mientras intentaba ayudarle a mantenerse en pie-. Brutos, sus cosmos son autodestructivos aún, miren el mal estado en que se encuentran ambos -apuntó a las múltiples heridas de ambos.

-No puede evitarse -mencionó Fénix-. Combatieron como enemigos acérrimos pese a su amistad. No se dieron tregua, y al final Aquiles salió victorioso. Faldero, me has desilusionado, Aquiles incluso tiene un pie en mal estado -apuntó Fénix, y Patroclo se avergonzó un poco.

-Y, sin embargo, fue una batalla como jamás he visto en la vida -escuchó el grupo, y todos encontraron sentado en una roca alta a un Caballero Dorado, joven, entre la edad de Patroclo y Aquiles, con su cabellera café ondeando con el viento, y ojos verdes intensos-. Me recuerda a la batalla de Diomedes y Menelao en Esparta. Tenía ese mismo sentimiento de rivalidad y deseo de victoria. Pero, igual que Diomedes y Menelao, ninguno logró elevar su cosmos hasta estallar en la Batalla de los 1,000 días -el joven saltó de la roca, y cayó con gracia frente a Quirón y Fénix-. Un placer conocerlos, Quirón de Centauro, Fénix de Heracles -hizo una reverencia el joven, y entonces miró a Aquiles y a Patroclo-. Mis saludos a ustedes también, Patroclo de Leo y Aquiles de Libra -Aquiles ayudó a Patroclo a ponerse de pie, y ambos hicieron una reverencia ante el joven de cabellera café-. No me esperaba esto, pensé que Aquiles sería un poco más impulsivo e intentaría por todos los medios pulverizarme antes que ser amable conmigo, en verdad es una sorpresa -sonrió el joven.

-¿Y tú quién eres que conoces nuestros nombres y prefieres que te pulverice a que te tenga respeto? -le preguntó Aquiles, nuevamente con su arrogancia, la cual ya controlaba mejor pero de la cual no podía liberarse tan simplemente como Quirón quisiera-. Tienes una Armadura Dorada, una bastante femenina debo agregar. ¿Eres alguna Amazona? -se burló.

-Algo así -sonrió el joven-. Pero a pesar de que mi armadura pertenece a una doncella, no voy por allí llamándome a mí mismo como tal, Pirra -Aquiles se avergonzó, enfureció, y estuvo por lanzarse en contra del joven, pero Patroclo lo sostuvo de los brazos-. Lo lamento mucho, yo también me enamoré de Pirra. Es una lástima que hayas sido únicamente un chico ocultando su identidad, fue muy decepciónate -agregó el joven.

-No me lo recuerdes -lloró Patroclo, y Aquiles le dio un codazo en el rostro quitándoselo de encima-. De cualquier forma. ¿Quién eres y cómo sabes el secreto de Aquiles? -preguntó Patroclo, y Aquiles compartió esa misma curiosidad.

-Soy un buen amigo de Odiseo. Él me lo contó y me mandó a entrenar con ustedes -respondió el joven, juntó los talones, blandió su capa, y se presentó-. Mi nombre es Antíloco de Virgo, príncipe de Pilos e hijo de Néstor de Géminis. Un placer el conocerlos -sonrió Antíloco, y tanto Aquiles como Patroclo lo observaron curiosos-. Mi armadura es la de una Virgen, por favor no se burlen, o usaré sus oscuros secretos a mi beneficio personal -sonrió Antíloco.

-A estas alturas, ya me estoy acostumbrando a que me digan Pirra tristemente -se quejó Aquiles, y Antíloco se burló con gentileza-. De todas formas, ¿qué quiere el ilustre Odiseo que te ha mandado a entrenar con nosotros? -preguntó, y Antíloco se dirigió a Fénix y a Quirón.

-Una guerra está cerca… la sombra de esa guerra, ha invadido estas tierras en la forma de nubes oscuras, guiadas por los príncipes de Troya -explicó Antíloco-. Odiseo piensa que los príncipes Troyanos no desean nada bueno, y que su hospitalidad debe ser negada. Más desconfía del apoyo de Menelao, que es el hombre más poderoso de toda Hélade. Me envía a asegurarme de que Aquiles termine su entrenamiento a tiempo y vista la Armadura de Libra, reúna a los Mirmidones, y se convierta en su líder como el príncipe de Ftía, la capital de Tesalia -y tanto Aquiles como Patroclo se mostraron incrédulos de la ayuda que podría proporcionarles Antíloco-. ¿Dudan de mi poder? ¿Creen que he venido simplemente a ser un espectador? ¿Quieren que les demuestre mi fuerza? -preguntó, y a pesar de no recibir respuesta, comenzó a quitarse su armadura- Sería grosero combatir con la protección de mi armadura a oponentes desarmados, además están lastimados, por favor en compensación atáquenme ambos al unísono -terminó el joven, y Fénix sonrió.

-Este niño tiene una arrogancia diferente a la de Aquiles -se divirtió Fénix-. Hace enojar a sus oponentes con esa cara de principito, pero su cosmos, es inmenso, en verdad es el hijo de Néstor -concluyó Fénix-. Anda Patroclo, ve si puedes ponerle un dedo encima, faldero -y Patroclo se preocupó.

-Esto es una pérdida de tiempo, solo complace al príncipe de Pilos, Aquiles. De todas formas, estás muy lejos del nivel que se requiere para enfrentar a un verdadero Caballero Dorado -Aquiles enfureció, y miró al niño, quien le sonrió-. Trata de no lastimarlos mucho, Antíloco -terminó Quirón mientras se retiraba.

-Solo les daré una pequeña prueba, señor Quirón -terminó Antíloco, y en un instante se encontró rodeado por Patroclo y Aquiles, cada uno lanzando un puñetazo-. ¡Prominencia de Gea! -habló Antíloco, y una inmensa luz dorada lo rodeó y la tierra se separó-. El Tigre es viento y agua, el León es fuego y trueno… la Virgen… es tierra y luz -la explosión de cosmos fue tan descomunal, que dejó a Patroclo y a Aquiles tendidos en el suelo y sin poder creer lo que acababa de pasar-. Yo soy… el Caballero Dorado más cercano a los dioses… porque la virginidad de mi armadura… me ha acercado al Olimpo… -sentenció Antíloco.

Hélade. Argos.

-Es una lástima que tengan que irse tan pronto, era muy divertido tenerlos aquí -mencionó Diomedes, y Casandra lloró y abrazó a Diomedes, enfureciendo a Egialea y ruborizando a Shana-. Anda, anda, jugaremos a las escondidas en el castillo la próxima vez que me visites -explicó Diomedes.

-¡No quiero! ¡Diomedes es divertido y me quiero quedar! ¡Me quiero quedar! ¡Quiero jugar a las escondidas! ¡Y a Diomedes dice! ¡Y comer muchos dulces! ¡Diomedes incluso me dejó comer de su plato de carne! -Diomedes se preocupó por la última revelación, y Héctor miró a Diomedes con desprecio- ¡La carne es deliciosa! ¡Yo quiero! ¡Yo quiero! -lloró Casandra.

-Yo no le haría mucho caso a la última parte… todos saben que permitir a las niñas comer carne antes de su mayoría de edad es un insulto a Artemisa… probablemente lo hizo mientras yo no veía -fingió que reía Diomedes, y Shana hizo una mueca ante lo infantil de su padre-. Joven Paris, fue un placer charlar con usted. Tiene unas ideas muy novedosas sobre la igualdad. Yo también pienso que los hijos bastardos merecen mejores derechos -Anficlas se ruborizó un poco, y Diomedes se encorvó para hablar con ella-. Joven Ethon, una sugerencia, los hombres que respetan su masculinidad pueden dejar crecer su cabellera sin verse femeninos, así -apuntó Diomedes a su cabellera, y Anficlas se ruborizó, pero se recuperó y pateó con fuerza la espinilla de Diomedes-. ¡Gack! ¡Siempre le da justo a la espinilla! -maldijo Diomedes entre dientes, mientras Anficlas se iba y subía a su caballo, pero antes de subir, miró a Egialea y le sacó la lengua con rudeza, sorprendiendo a la esposa del rey de Argos- Tiene bastante energía… para haber estado en cama varios días con una inexplicable fiebre -sonrió Diomedes.

-Fue una buena patada, eso es seguro -se alegró Héctor, y le ofreció su mano a Diomedes-. Fue un placer visitar Argos, rey Diomedes -Diomedes le dio la mano a Héctor, quien se la aplastó con todas sus fuerzas-. Verdaderamente un placer, fue tan placentero que no puedo dejar de demostrarle mi afecto con tan fuerte apretón de manos -sentenció Héctor, mientras Diomedes resistió el dolor.

-Troya tiene costumbres bastantes violentas… -sonrió Diomedes, y Héctor lo soltó, subió a su caballo, y el grupo se fue. Diomedes, sin embargo, notó que Anficlas lo miraba mientras el caballo se retiraba, y Diomedes le sonrió, y se acarició su propia barbilla y mejilla, ruborizando a Anficlas, quien inmediatamente después le dio la espalda.

-¿Y eso? -preguntó Egialea, preocupando a Diomedes. Shana por su parte pegó el rostro a la mano de Diomedes y se dejó querer- ¿Las mujeres son gatos para ti o qué? -Diomedes sonrió ante ese comentario.

-Padre… -comento Shana, y Diomedes la observó-. Por 3 días… he tenido pesadillas… -confesó ella, preocupando a Diomedes-. Ese joven Paris… me da mucho miedo -Diomedes observó a Shana detenidamente, quien le abrazó un brazo a Diomedes, ocultando su rostro-. Sentía algo maligno… como si quisiera hacerme daño… -Diomedes no lo comprendió del todo, pero si era un sueño de su diosa, probablemente no sería inteligente ignorarlo.

-¿La vio, señor Hades? ¿Descubrió quién es Athena? -preguntó Casandra que cabalgaba al lado de Paris, quien con sus ojos brillando de rojo, asintió- ¿Hará algo al respecto? Shana parece una buena persona, pero… si es su deseo… -comenzó Casandra.

-No de momento, Casandra -sonrió Paris, quien en realidad era Hades, y su malicia era más que evidente-. Mi prioridad por ahora es encontrar a Perséfone… y cuando lo haga… ya veremos qué hacer con Athena -Paris comenzó a reír, preocupando a Casandra un poco. O así fue, hasta que la locura de la niña la encontró, y comenzó a reír también con malicia.