¡Hola a todos! Aquí me paso a actualizar tras reorganizar mi horario y el calendario entero.

Misión desenmascarar a la Geisha sucede durante el capítulo 57 de Code Frontier. Como siempre, recordad haber leído al menos hasta ese momento para leer esta historieta.

CONTEXTO

Las similitudes eran demasiadas. Las coincidencias, algo extraño. Sin lugar a dudas, detrás del miserio de la Geisha sólo había una persona. E Hiroki tenía claro qué persona era. Sin embargo, para llegar a desenmascarar a esa guerrera, necesitaba varias pruebas. Su palabra simplemente no iba a ser suficiente. Al fin y al cabo, se trataba de su hermana mayor, quien lo conocía mejor que nadie. Debía ser más listo que ella. Debía ir un paso por delante.

¿Podrá Hiroki demostrarle a Kadic entera que detrás de la "máscara" de la Geisha se ocultaba nada más y nada menos que su hermana Yumi Ishiyama?


Nada detendría a Hiroki una vez se había decidido en sacar a la luz la verdad. Revista en mano, estudiaba todos los detalles posibles aun con la dificultad evidente de la pésima calidad de las fotos que Milly y Tamiya habían logrado hacer de los Domadores de Monstruos.

—Hoy, Yumi, me revelarás todos los secretos —dijo a la nada, mientras se acababa de vestir y salía a desayunar.

En el comedor, Yumi, Kouji y Koichi ya llevaban rato comiendo sus cereales, charlando sobre algo relacionado con Takuya y Odd en clase de gimnasia que hizo reír a la chica. Saludó, su madre le dejó el desayuno en la mesa, le dio un sonoro beso y se apartó para seguir limpiando y recogiendo.

—¡Salimos ya! —anunció Yumi.

—Pero si aún queda rato —dijo su madre, mirando el reloj.

—Yo quiero estar allí repasando para la prueba rápida que nos van a poner —dijo la chica.

—Y nosotros fijo tenemos partidillo con Takuya —anunció Koichi.

—Vale, tened cuidado los tres.

Hiroki se obligó a comer más rápido, aunque le fue imposible. Tragar casi sin masticar le ahogaba, por lo que tenía que perder el tiempo machacando lo que ingería. Como imaginó, cuando salió de la casa, su hermana y sus primos debían estar ya en Kadic, la chica a saber dónde si tenía una prueba rápida por la que estudiar.

El ataque de los monstruos a Kadic le pilló metido en sus pensamientos. Tras centrarse en lo que le rodeaba, se pegó a una de las ventanas y observó las figuras que ya se movían por los terrenos de Kadic hasta dar con una en concreto. Desde donde estaba, no podía verla para nada bien, pero intentó igualmente fijarse en todos los detalles que pudiese captar.

Y que Yumi le hablase con aquella molestia después de pillarla y decirle, junto a Johnny, que sabía sobre su identidad secreta hacía que su decisión fuese más férrea. Sin lugar a dudas, Yumi le ocultaba algo, y ese algo era su faceta de heroína de Kadic. Lo difícil iba a ser lograr que ella, por voluntad propia, revelara ese secreto.

Por eso, decidió que la seguiría allá donde fuera, con el móvil listo para grabar cualquier conversación que pudiese tener con sus misteriosos compañeros domadores, fotografiar cuanto hiciese y asegurarse de tener evidencias con las que desenmascarar de una vez a la chica. Y así lo hizo en la biblioteca, aunque su hermana se pasó todo el tiempo leyendo un enorme libro de ciencias sin mirar su móvil.

Tendría que pasar a un plan B, porque Johnny era una buena ayuda, pero veía en mejor posición para investigar a sus dos primos, aceptados en el grupo de la mayor (aunque aquello, Hiroki suponía, se debía a que eran de la misma edad e iban a la misma clase).

—Primo —susurró acercándose a Kouji con cuidado de que Jim no le llamase la atención por "alborotar" en la biblioteca.

—¿Qué pasa? ¿Se te atascan las mates?

—No, nada de eso —negó —. Necesito ayuda con Yumi.

—¿Acaso le has hecho algo? —preguntó mirando de reojo a la chica.

—Bueno, el caso es que oculta algo... Y quiero saber qué es...

—Hiroki, tu hermana tiene derecho a tener secretos. A demás, quizás es algo que sólo hablaría con una chica —dijo volviendo la vista a su libro —. Perdona, pero mañana tengo examen y necesito repasar bien todos los puntos.

—Pero...

—En casa hablamos, que Jim está mirando —dijo.

Hiroki se apartó a paso ligero, disimulando estar buscando un nuevo libro para estudiar. Cuando la mirada del profesor de gimnasia volvió a bajar a lo que fuera que estuviera leyendo, Hiroki lo intentó con el otro pariente allí presente.

—Koichi...

—Hola, Hiroki —saludó el chico.

—Oye, necesito ayuda...

—Vale, coge una silla, la libreta y dime qué se te ha atascado —dijo apartando su libro.

—No, no es de clase.

—Ah, pues entonces, ¿qué?

—Es Yumi. Es que durante los ataques, desaparece misteriosamente —dijo, negándose a que ese chico no le permitiese exponer su caso.

—Yumi es mayor que nosotros, así que su clase está en otra dirección —dijo pensativo —. No desaparece misteriosamente, es que en la evacuación, a los de esa zona los mueven por otro pasillo para que no hayan tapones.

—No, no, no me entiendes...

—Hiroki, lo he visto con los de mi clase. A veces, una explosión muy cercana crea el caos y cada cual se va por donde quiere. Quizás lo que pasa es que Yumi se asusta mucho y se va a encerrar en el baño o una taquilla. Ya sabes, va de tía dura pero en el fondo es una cagueta —murmuró ocultando la risa tras la mano. El carraspeo de Jim les hizo volver la vista con risitas nerviosas —. Hablamos en casa. Ahora, a estudiar.

Sintiendo que había fracasado en la misión, Hiroki regresó con Jhonny y esperaron hasta que Yumi abandonó la biblioteca. La chica se despidió del grupo, acomodó su mochila y empezó a salir del campus.

—¡Se va! —exclamó Johnny.

—Seguro que se va a reunir con sus amigos domadores —sonrió Hiroki —. Tú quédate aquí y avísame si pasa algo. Yo seguiré a Yumi.

—Pero ¿y si te pilla?

—En esa dirección está mi casa. Puedo decir que estoy yendo para casa ya porque tengo hambre y ella tendrá que aceptarlo —respondió —. ¡Nos vemos mañana!

—¡Si consigues algo, avísame! ¡Yo también quiero verlo!

—¡Descuida, que serás el primero en saberlo!

A la carrera, Hiroki logró salir del campus y detectar a su hermana, las manos en los bolsillos y el andar tranquilo. Dudaba que, en el poco tiempo que había pasado sin verla, la chica hubiese logrado enviar un mensaje o algo. Estaba tan centrado en su vigilancia que no se dio cuenta de quién se le acercaba por detrás hasta que sintió una mano sobre su hombro, haciéndole saltar, chillar algo agudo y llamar la atención de la chica a varios metros de distancia.

—Hey, Hiroki, si vas tan despistado, te atropellarán —dijo Koichi.

—Qué susto, primo... ¡No te he oído acercarte! —exclamó.

—¿Va todo bien? —preguntó Yumi, acercándose.

—Hiroki, que va tan en sus pensamientos que le he asustado —rió Koichi.

—Ah... ¿Y tu hermano? —preguntó.

—Con Zoe. Ya le he dicho que le diré a tu madre que está echando un cable en los estudios a Takuya.

—Debería estudiar en vez de tontear —negó.

—Bueno, sacará buena nota, así que no importa —cruzó ambos brazos tras la nuca.

Entre ambos, Hiroki siguió su camino, maldiciendo que su primo hubiese aparecido. Ahora, ambos estaban comentando cosas que, de haber estado allí el otro gemelo, posiblemente lo habrían abochornado. O, al menos, a Hiroki le pasaría. Sin darse cuenta, los tres llegaron a casa. Yumi abrió la puerta, saludaron y, tras decir la mentira con la que cubrir que Kouji estaba en una cita, los dos mayores subieron a las habitaciones.

Hiroki esperó un par de minutos, pensando que Koichi bajaría para ver si necesitaba ayuda con los deberes o sentiría curiosidad por lo que él le había confesado en la biblioteca. Pero el gemelo de cabello corto no apareció. Con cuidado, subió al piso superior y se acercó al dormitorio que compartían los gemelos, encontrándolo vacío. Casi al instante, oyó la voz de su hermana chillándole algo a Koichi, que reía divertido. Sin perder ni un segundo, se pegó a la puerta cerrada de la chica y escuchó.

—Bueno, ¿de qué querías hablarme? —oyó preguntar a Koichi.

—¿Te has dado cuenta de cómo mira Takuya a Leire?

—En clase, me siento por delante, pero siento perfectamente esa atmósfera romántica asfixiante. Y créeme, sé de lo que hablo porque cuando mi hermano se muestra realmente cariñoso con Zoe...

—Me cuesta entender cómo Leire puede estar tan pillada por él...

—Pero si en el amor, no hay imposibles.

El menor se apartó ligeramente de la puerta, incapaz de creerse que esos dos estuviesen hablando de ese tema. Por un momento, había pensado que su primo realmente le iba a ayudar y que encerrarse en la habitación de Yumi era porque, de esa forma, la invitaba a una privacidad con la que hacerla hablar. Al fin y al cabo, su primo tenía muy buenas ideas, o eso había entendido de las conversaciones que mantenía el chico con su padre.

—Y te lo digo en serio —oyó alzar la voz a Yumi. Hiroki se golpeó por haberse despistado —, me da igual lo que diga, pero está claro que Sissi espera que Odd se fije en ella.

—Por favor, ¡no puedes fijarte en tantas cosas sin estar en mi clase! —exclamó entre risas.

—Con el rato de las comidas me vale —aseguró.

Hiroki miró el reloj. Llevaba ya media hora espiando y, si realmente Koichi estaba intentando descubrir algo movido por su duda, no estaba precisamente actuando para conseguir esas respuestas.

—Y decidió llamar al pececito que le dieron en el juego "Eli" —oyó decir a Yumi. Otra vez, Hiroki se había perdido de qué hablaban.

—¡Así es como empieza su nombre! —exclamó entre risas el otro.

—Y se pasó una semana "Eli" aquí, "Eli" allá. No entiendo cómo no puede darse cuenta de una vez que absolutamente cualquier cosa con nombre femenino que no sea una chica real hace referencia a ella...

El menor estaba a punto de sentarse en el suelo cuando oyó la puerta principal abriéndose. A la carrera, bajó las escaleras y se paró en el comedor. Kouji acababa de llegar y quería probar suerte de nuevo convenciendo a su primo a la causa de descubrir a Yumi. Pero el chico se excusó usando los exámenes. Después de eso, subió hacia arriba y, por el repentino grito de Yumi, al menor se le iluminaron los ojos. ¡Kouji también entraba a la habitación de su hermana!

Ilusionado, volvió a subir las escaleras y esperó hasta que el otro cerró la puerta a su espalda para acercarse. Podía oír a Kouji hablando con diversión, a su hermana molesta y a Koichi riendo sin parar. Un repentino dolor de tripa le hizo encogerse en el sitio. Con lágrimas en los ojos, corrió al cuarto de baño y cerró la puerta para sentarse en la taza del váter.

Comer con prisas, moverse tanto y tramar cosas malas habían afectado a su digestión, llevándole a quedarse allí sentado por bastantes minutos, sintiendo cómo todo su interior parecía deshacerse. Y lo que era peor, desde ahí no podía oír nada; la risa de Koichi sonaba demasiado floja como para ser capaz de oír palabras habladas con normalidad. Para cuando salió del baño, los dos gemelos estaban en el comedor, esperando la cena, mientras Yumi ayudaba a poner la mesa.

—Cielo, estás pálido... ¿Te encuentras bien? —preguntó su madre.

—Tengo la tripa floja —respondió.

—Vale, ahora te preparo algo ligero.

—Gracias...

Con la ventaja de que, al ser ligera, era menos cantidad, Hiroki logró acabar el primero la cena. Con la excusa de tener mal la tripa y preferir acostarse, subió el primero a las habitaciones. No tardaron demasiado en subir los otros tres jóvenes, deseándose buenas noches y entrando en sus respectivos cuartos. Hiroki, rezando para que sus tripas no le traicionaran, salió con cuidado de su habitación y se pegó a la puerta de su hermana.

No oyó nada, ningún sonido, al contrario que en el otro dormitorio. Pero es que Kouji y Koichi dormían juntos. Estaba claro que ellos hablarían antes de dormirse. Agudizó todo lo que pudo el oído en la puerta, intentando captar algo, pero ni tan siquiera oía el sonido del móvil de la chica.

—Imposible que se haya dormido ya —murmuró atreviéndose a abrir la puerta con cuidad.

Allí, tumbada en la cama, acurrucada y con los ojos cerrados, Yumi dormía plácidamente para sorpresa del menor. Con el mismo silencio, volvió a cerrar la puerta y regresó a su habitación antes de que a su tripa le diese por revolverse y le obligara a pasar la noche en el cuarto de baño.

—Quizás me has superado hoy. Pero mañana te desenmascararé, palabra —dijo a la nada.

Entró en su habitación, cerró la puerta y se fue a dormir.

Pegado a la puerta entreabierta de otra habitación, Koichi intentó no reír antes de cerrar de nuevo y regresar a su cama.

—¿En serio sigue vigilándola? —preguntó Kouji.

—¡Vamos! Hasta se ha asomado a ver si dormía o mandaba mensajes de amor —se burló.

—Vamos a seguir hablando con ella —sonrió el de cabello largo.

El de la oscuridad corrió a su cama, se tumbó y dejó que su mente se uniera a la de los otros dos Guardianes ayudada por Renamon. Posiblemente por la afinidad entre ambas, Yumi era capaz de enviar imágenes totalmente nítidas, por lo que al chico no le sorprendió ver a una Yumi, en pijama, cruzada de brazos a la espera de que ambos gemelos se unieran a ella a la conversación ultraprivada.

¿Y bien?

Ya está en su camita —le respondió.

En serio, estoy cansada de él.

Te he dicho que, si pasa algo mañana, te librarás de golpe —dijo Kouji.

Se me está haciendo larga la espera...

Eres una impaciente —rió Koichi —. Por cierto, ¿acaso por las noches te la pasas enviando mensajitos de amor o algo? Porque la cara que ha puesto es de "ésta no hace lo de siempre".

Kimura, no me obligues a salir de la habitación, que se supone que estoy totalmente dormida.