Hola, ¿me extrañaron? Les advertí que ya no iba a tener tanto tiempo porque he comenzado a escribir mi propio libro, y adivinen como se llama (sonido de trompetas) "Diomedes el Argivo", muahahahaha. En fin, si se portan bien les doy un premio y les dejo leer el prólogo de mi libro, muahahahaha. Por lo pronto, a responder reviews:
Dafguerrero: Te vas a enojar porque estoy actualizando a estas horas, jajajajaja. ¿Cómo es que no lloraste? Pero si ya casi era deporte nacional hacerte llorar T_T he fallado, no merezco vivir. Los hombres de esa época deseaban herederos, eso es la mejor explicación que puedo darte. Jajaja, sé que a nadie les gusto eso de Áyax pero no puedo cambiar el mito, bueno de hecho voy a cambiar una parte, pero eso es un secreto, jajajajaja. Teucro tendrá a su princesita, pero no le va a ser fácil ni va a ser como Brenda, eso tenlo por seguro, sufrirá, muahahahaha. No hay ninguna fuente con el mito completo de Diomedes, pero si quieres leer su mito espera a que termine de escribir mi libro y por la módica cantidad de 10 dólares podrás descargarlo de internet y leerás el mito de Diomedes desde que tenía años hasta su muerte, de eso se trata mi libro. No sé por qué a Shaina la ponen con Milo siempre la verdad, en Academia Sanctuary tendrá sus momentos pero para que vuelva mi musa de Sanctuary falta mucho T_T ¿Por qué me torturas? Jajajajaja.
midusa: De hecho ese era el plan de hacer el capítulo 10 como una presentación de los 12 dorados. Qué bueno que te agradó la idea. La relación de Diomedes con Egialea es solo la punta del iceberg, mira que ahora Anficlas tiene sus propios problemas, y estoy seguro, esta si nadie, pero NADIE, se la esperaba, muahahahahahaha, soy malvado. También en Game of Thrones se da mucho el incesto, jajaja. Anfímaco irá evolucionando muy poco a poco, la verdad no tiene mucha participación en el mito, algo similar a Néstor, pero intentaré darles un papel digno de recordar. T_t, tus dulces palabras de Guerras Doradas me conmueven, pero me da miedo superar Guerras Doradas porque Guerras Doradas fue mi idea original y Guerras de Troya es Copiarme el mito… sniff… en fin, ya veremos qué pasa.
Liluz de Géminis: ¡Siento el poder de tu Explosión de Galaxias! ¡Es un review muy poderoso! ¡Yeaaaaaaaaaaaargh! Jajajajaja, perdón, perdón, creo que exageré un poquito. No es exactamente culpa de Paris, pero créeme, el Paris del mito era un imbécil de todas formas. Por Dios liluz, me encanta tu review, pero no encuentro la forma correcta de contestar a tantos mensajes, jajaja, este debe ser uno de mis reviews favoritos, lo pondré en mi lista. Si no te importa me limitaré a contestar tus dudas solamente. Muajajajaja, ¡Gran Abrazo Sudoroso! ¡Jajaja! Pobre Áyax, ya me lo odian pero no por las razones de Guerras Doradas, T_T, en fin, como ya dije anteriormente, no puedo cambiar el mito… tristemente… el decreto imperial es en efecto una variación del Satán Imperial, descubrí que usar Satán Imperial no tenía sentido porque bueno… la biblia la escribieron mucho después. ¿What? ¿El hermano de Anfíloco una esmeraldo? Muahahahahahaha (rueda en el suelo por la risa) Ahora no podré sacarme esa imagen de la cabeza T_T. Lo de Teucro y Filoctetes, en realidad Filoctetes en el miro no es maestro de Teucro, pero me pareció interesante ponerlo. Me alegra que siempre que pienses en la guerra de Troya llegues a mi historia, espero no defraudarte.
TsukihimePrincess: ¿Odiabas a Sarpedón? Yo pensé que era un personaje bastante interesante, parece que me equivoqué, boo, jajaja. ¿Cómo puedes odiar a Antíloco en el mito si ni mito tiene? No diré más por miedo de arruinar la historia, pero bueno, creo que tú si me comprendes. Yo no traumaticé a Acamante, eso realmente pasó… bueno, no fue violado, más bien fue con consentimiento pero eso se me hizo forzar las cosas. Ya te he explicado muchas veces por qué Patroclo es Leo pero tú no me explicas porque lo odias T_T, ¿Qué tienes contra los falderos? Jajajajaja. Lo del mito lo entiendo por tu odio a Agamenón, en mi historia no va a cambiar mucho hasta que cierta lunática aparezca en su vida, jajaja.
DaanaF: ¡Jajajajaja! Muchas gracias, Wikipedia me ayuda mucho a la hora de recordarme el mito, jajajajaja. T_T, gracias por tus palabras de Guerras Doradas, extraño hacer sufrir a Milo y el Milori, pero mi musa no regresa, sniff. El momento de Odiseo ya ha comenzado, es hora de que brille como consejero y se acerque más al nivel de los caballeros dorados y a la fuerza del titán, ya lo verás. No te adelantes, ya veremos si la historia sobrevive lo suficiente para eso que me pides. ¿Hera? ¿Dónde entra Hera en esta historia? Aún no la he usado. ¿O sí?
GiiMee: No gracias, no quiero problemas de física, suficiente tengo con la fisura dimensional en la que habita mi cerebro. En fin, no sé qué pasó peo tu review se ve cortado T_T, sufro al no poder leerlo bien. No sé si Anficlas piense lo mismo que tú con respecto a Diomedes, al menos no ahora que ya ha encontrado el amor, muahahahahaha, pronto lo entenderás. Te mostraré un poco de mi escritura profesional más tarde, confía en mí. Concubinas y esclavas, dalo por hecho que lo veras. Si le dijeron que Helena era Perséfone, al menos eso creo… lo olvidé T_T, finjamos que ya lo sabe.
Darkmiss01: Yo también odio tú universidad que no te deja leerme, jajajajaja. Paris no era ningún bonachón en el mito, esta versión de Hades es idéntica al Paris del mito, así que no creas que te debes sentir bien por Paris. Me sé el mito de Medusa, no así el de Aracne, pero lo investigaré. No te adelantes, yo veré como le hago con Casandra más que nada, Enone, el mito es el mito, pero no hablemos de eso todavía. Yo creo que todos siempre van a odiar a Agamenón, tendrá sus momentos coff, coff, Casandra, coff, coff, pero no será hasta dentro de un buen tiempo. No es un capitulo por año, más bien es una saga por año, así que será mejor que planee bien esto o los aburriré. Ares sale en este capítulo, jajaja.
Lord Dracon: Extrañamente tu review me llegó dos veces, que raro. Lo entiendo, fue flojo, pero necesario. Básicamente un capítulo como el capítulo 10 me ahorra el tener que recurrir a 12: "Flashbacks" que cortan la historia a medias. Así que, tristemente, era un capítulo necesario. Era eso, o siempre que muera alguien importante tendrías el capítulo con una interrupción de; cuanto extrañaré a mi amada como se llame, y al menos 5 páginas del como la dejó antes de que se muera X personaje. En fin, lamento que haya sido un capítulo flojo, pero créeme, te estoy ahorrando molestias posteriores. Bueno, Agamenón es algo así como la oveja negra del mito, a la gente termina cayéndole mejor Menelao que Agamenón. ¡Al fin a alguien la agrada Antíloco! T_T, ya me estaba sintiendo mal por el pobre. Definitivamente se respetarán todas las muertes del mito, eso tenlo por seguro. Solamente hay una excepción, pero ese secreto me lo llevaré a la tumba, muahahahaha. T_T, gracias por leer Guerras Doradas, déjame reviews.
kyokai1218: ¿Magniqué? Jajaja. Tu review también se cortó, no entiendo por qué. Algunas partes me son algo difíciles de descifrar, pero bueno, de todas formas ya sabes que yo feliz de recibir tan preciados reviews de tu parte. Pero según entiendo estas intentando comprender la diferencia de Áyax de Guerras de Troya, contra Áyax de Guerras Doradas, pues bueno, sin querer a ruinarle la historia a nadie, presta atención a las palabras de Cíniras sobre los seres resucitados en este capítulo, básicamente con esa explicación, y la actitud del personaje Migdalión, entenderás lo que le pasó a Áyax en Guerras Doradas. T_T, ¿por qué todos odian a Antíloco? Pobrecito… sniff… bueno ya lo superé. Hay razones para que Neoptólemo sea un Tauro, créeme, es la elección correcta, pero para eso faltan como 1000 capítulos, jajajajaja. No te preocupes por dejarme reviews largos, me encantan, de momento, el capítulo 10 dejó un exceso de comentarios por ser 12 historias, jajaja, por lo que se me complica contestar los reviews de esa entrega porque me hace sentirme redundante. En fin, prometo contestar los reviews como se debe la próxima vez, lo lamento, jajaja, pero ya me estoy quedando dormido.
Guest: Si, tenía 11 años y lo bajé a 9, la razón es simple, necesito a un Poseidón inmaduro para que no pueda influenciar verdaderamente en la guerra. Es un aliado muy poderoso después de todo. Decidí bajarle más la edad, no pensé que alguien fuera a notarlo T_T. En fin, fue una corrección, dejémoslo de nueve años por ahora, lo necesito débil para fines de la historia, o se tragaría Troya con su cosmos.
En fin, ya terminé, así que les tengo un regalo para que vean que es verdad lo del libro, al final del capítulo, pondré el prólogo de mi libro, que no dice nada de la historia, pero es algo así como la prueba de mi estilo de escritura, espero lo disfruten y se animen a comprar el libro, muahahahaha.
Saint Seiya: Guerras de Troya.
Troya: Año Uno.
Capítulo 1: El Rey de Cobre.
Anatolia, Monte Ida. Año 1,195 A.C.
-Señor Hades. ¿Hay alguna razón para esta excursión? -preguntó Políxena, quien se encontraba sumamente agotada tras subir los inhóspitos acantilados del Monte Ida, que se alzaba por encima de Troya. El monte era casi enteramente roca grisácea y seca, con árboles sin hojas. Incluso el cielo parecía un eterno presagio de una lluvia que rara vez caía- Mi señor -se hiperventiló Políxena, quien tenía una horrible condición física, no como Paris, quien caminaba con naturalidad por la montaña.
-Qué pena me das, Pandora -se burló Paris-. Te creía mejor preparada para este viaje. Si no apresuras el paso, te perderás de esta gran reunión -insistió Paris, dejándola atrás, forzando a Políxena a apresurar el paso. Así siguieron por un tiempo, en que la neblina comenzó a intensificarse y la respiración se hizo más difícil de manejar. Pero Políxena resistió, y llegó a un altar antiguo, muy antiguo, hecho de piedras sin tallar y totalmente deteriorado por la humedad y el tiempo mismo-. Este altar es una puerta al Olimpo -explicó Paris y elevó su cosmos oscuro. Sus ojos se tornaron blancos y se desmayó, forzando a Políxena a atrapar su cuerpo, mientras el sombrío cosmos de Hades caminaba de forma incorpórea entre los altares-. Dioses del Olimpo que detestan a Athena, Hades, el Dios del Inframundo, los invita a esta audiencia -resonó la sombría voz de Hades, y 4 figuras más de cosmos se formaron.
-¿Hades? -habló una figura de cosmos rosado, de un cuerpo femenino y hermoso, y quien se estiraba mientras se recargaba sobre una de las columnas caídas- ¿A qué se debe esta audiencia? Expresamente has pedido que quienes odiamos a Athena respondamos a tu llamado. ¿En qué puede Afrodita, la Diosa del Amor y la Belleza, auxiliar en herir a Athena? -preguntó la Diosa Olímpica.
-Si es por hacer correr la sangre en contra de mi eterna rival, mi lanza, Brotaloigos, y mi escudo Teikhesipletes, son tuyos para comandar, querido tío -habló una figura de cosmos escarlata, que parecía estar vestido en una inmensa armadura, cargar una lanza hermosa, y un escudo tan alto como él-. ¿A quién deseas destripar? ¿Quién caerá bajo la lanza de Ares, el Dios de la Brutalidad en la Guerra? -terminó Ares.
-Yo no siento odio por Athena. ¿Por qué he sido convocada? -preguntó una representación de cosmos blanco, de una mujer con cabellos chinos y cargando un arco- Soy la favorita de Zeus. Athena no lo es. Pero ella y yo no somos enemigas disputando ese puesto. La respeto como rival, no como enemiga. Artemisa, la Diosa de la Luna y la Cacería, no es enemiga de Athena -terminó la Diosa de la Luna mientras tensaba su arco.
-Pero Apolo, el Dios del Sol, lo es, hermana mía -habló la última representación de cosmos, que como furia llameante incineraba todo cuanto pisaba-. Pero no estoy contento por esta reunión. ¡Es por Ares que no soy un Dios del Olimpo y le dieron mi puesto a Hefestos! -incineró la ira de Apolo.
-¿Me estás desafiando, Dios del Sol? ¡Al menos poseo una Armadura Divina al pertenecer a los 12! ¡Quien no debiera pertenecer es Athena! -Sol y Guerra se miraban fijamente, pero Hades no podía tolerar fallos en su plan, por lo que separó a ambos con su cosmos.
-Inútiles, el enemigo es Athena -mencionó Hades-. ¿Qué importa si Apolo fue desterrado del Olimpo por Zeus cuando Hefestos pidió a base de engaños un templo y le arrebataron el suyo a Apolo? El Sol es tan fuerte como Zeus, reina sobre su reino, es lo único que está sobre el cielo. Ayúdame, y tras nuestra victoria te daré el Templo de Athena -Apolo asintió, sintiéndose interesado en la propuesta-. Poseidón y Athena se han aliado, han unificado 30 reinos para invadir Troya, que está bajó mi control, y que ahora requiere de su protección -apuntó Hades.
-¿30 reinos? -se horrorizó Políxena- Pero… solo Acamante, Diomedes, Menelao y Odiseo nos declararon la guerra. Incluso si es verdad que Agamenón de Micenas es hermano de Menelao y por ello un aliado, estaríamos hablando de 5 reinos, no de 30. ¿Qué pudo haber pasado para unir a tantos pueblos? -preguntó Políxena.
-Eso no importa -respondió Hades-. Juntos, podremos derrotar incluso a mi hermano Poseidón y a la débil Athena. Así que les sugiero observar a Troya de cerca, virar el destino de los hombres al favor de Troya. ¿Vamos a permitir que Athena guíe a los mortales en contra de los dioses? Yo no lo creo. Los mortales merecen ser castigados. Athena y Poseidón merecen ser derrotados e inclusive humillados. Busquen a sus héroes, Dioses Troyanos. Athena se acerca, Poseidón se acerca. Ha llegado el momento de tomar sus reinos y gobernarlos nosotros. Troya, posee a 5 deidades respaldándola -y Hades rio con fuerza, mientras el resto de las deidades miraba a Troya, y buscaba a sus campeones.
Hélade. Playa de Aulis.
-El viento ha cambiado -habló Poseidón, y Shana lo miró fijamente mientras permanecía sentada con él en una tienda provisional mientras los Aqueos se preparaban para zarpar. Shana no conocía de guerra a pesar de ser la diosa de tales dominios, por lo que había esperado pacientemente que Poseidón tomara la iniciativa. Pero el Dios de los Mares solo observaba, y predecía los cambios en el ambiente. No tenía interés alguno en dirigir-. Athena, eres la Diosa de la Sabiduría en la Guerra. Tu deber es afuera, no aquí dentro conmigo -explicó Poseidón-. Además, dios o no, con este cuerpo tan joven nadie me tomará enserio. Debes liderar a tu gente -terminó.
-Pero… yo no sé de guerra… -comenzó Shana-. Sé que es extraño, pero, jamás he estado en una. ¿Qué debo hacer? -Poseidón comenzó a preocuparse, y Shana bebió de su té con cuidado y silencio.
-Entonces pregunta a tus soldados. Mantente con ellos -fue la respuesta de Poseidón-. No eres ni diosa ni combatiente aún, pero debes aprender a moverte en ambos círculos. Los vientos han cambiado, al parecer los Troyanos se han hecho con el favor de algunos dioses, hay que descubrir quiénes son y saber el qué esperar de ellos. Yo cubriré ese aspecto. Dejaré las decisiones de guerra a ti -explicó Poseidón con cautela, lo que no era muy del agrado de Shana-. Consígueme un adivino. Con el cuerpo de un niño el interpretar las señales de los dioses es difícil -Shana se levantó y obedeció.
-Me encargaré, tío Poseidón -se apresuró Shana, y Poseidón sonrió mientras Shana salía de la tienda-. ¿Qué debo hacer? -se estremeció Shana- Lo primero creo que es buscar a alguien que haya participado en una guerra -y mientras mencionaba eso al caminar por la playa, encontró a Diomedes dando órdenes a Esténelo de Argos y a Euríalo de Unicornio-. ¡Padre! -sonrió Shana, y Diomedes se congelo en ese instante, y 118,600 almas miraron a Diomedes fijamente con desprecio- ¿Qué dije? -se preocupó Shana.
-Shana… -comenzó Diomedes con algo de miedo-. La diosa Athena no puede tener predilección por ninguno de sus Caballeros. Por favor desiste de llamarme padre, al menos en público. No quiero que comiencen a pensar que soy el favorito de Athena -mencionó.
-Pero sí lo eres… -susurró Shana, y Diomedes se preocupó un poco-. Caballero de Escorpio -corrigió el rumbo Shana-. Como participe de la guerra de la Venganza de los Epígonos, tienes la experiencia que en estos momentos requiero -y Diomedes parpadeó en un par de ocasiones-. Para liderar correctamente, es de mi mayor interés el tener a mi lado a un consejero que me auxilie. Pienso que eres la persona correcta… -se enorgulleció Shana de su decisión.
-Lo siento, mi diosa -comenzó Diomedes-. Esa no sería una decisión prudente -le explicó, y Shana lo miró con preocupación-. Es verdad que soy uno de los pocos que ha combatido en guerra. De 118,600 soldados, apenas unos 1,000 han ido a la guerra. El resto, solo ha oído de ella. Pero no soy el indicado, estoy hecho para el combate. La única vez que he liderado lo hice por venganza. Y sin embargo no puedo perdonar a mi padre por su gran deshonra -Shana notó el dolor en Diomedes, y decidió no seguir comentando al respecto-. Pero, hay una persona a la que estoy seguro podrá tomar de consejero. Sus orígenes son puramente humildes, y no tiene un deseo de gloria, de poder, o de saqueos. Se podría decir que él es el más humano entre nosotros, porque incluso ahora que no hemos zarpado aún a la guerra, ya está pensando en volver a casa y a su esposa -las palabras llegadas a oídos de Shana, escribieron en su mente un nombre, uno que era imposible de olvidar-. ¡Odiseo! -mencionó Diomedes.
-¡Odiseo! -había dicho Shana justo al mismo tiempo- Es verdad… no hay nadie más humano que Odiseo. Muchas gracias, padre -susurró Shana, y Diomedes miró a su alrededor para enterarse de si alguien la había escuchado, pero se alegró de saber que no era así-. Buscaré a Odiseo entonces. Te agradezco -Diomedes reverenció, y Euríalo le entregó unas riendas que amarraban a 4 hermosos caballos negros, y mientras Shana se retiraba, notó que entre los árboles Aquiles se escondía y miraba a los caballos de Diomedes, llamando la atención de Shana-. ¿Pirra? -preguntó, y el príncipe de los Mirmidones se estremeció.
-¡No me llames Pirra! -le gritó, sorprendiendo a Shana- En todo caso, si insistes en darme sobrenombre, por lo menos llámame Pirro. ¡Pirra es femenino! -se quejó Aquiles, y Shana se burló de él-. Haz lo que quieras, diosa inútil -terminó.
-Eso es muy grosero de tu parte, Pirra -Aquiles se molestó aún más y la miró con desprecio-. En todo caso, no te llamo Pirra para molestarte. Así como sin importar el qué piense Diomedes, yo lo seguiré llamando padre, y Odiseo siempre será mi tío -Aquiles la miró con curiosidad-. Cuando uso el nombre de Pirra tampoco estoy pensando en ti como en una niña, Aquiles. Te llamo Pirra porque es la única forma en que puedo demostrarles mi cariño sin que los demás piensen que estoy seleccionando favoritos. Fuera de eso, tengo prohibido acercarme a nadie. Si te llamo Aquiles será únicamente para no avergonzarte frente a los demás o en el momento en que esté enfadada contigo, pero en mi corazón, el sobrenombre Pirra significa que somos más que Caballero y diosa. Significa… que tienes un lugar especial en mi corazón, no del tipo romántico claro, eso no lo puedo sentir. Se podría decir que egoístamente he elegido a mis 3 favoritos -concluyó Shana.
-Entonces era eso… -mencionó Aquiles-. Ya decía yo que me llamabas Pirra con una frecuencia tan absurda que te temía tan idiota como a Patroclo -y Shana sintió una vena saltarse en su frente, y miró a Aquiles con un aura sombría.
-Aquiles, ¿recuerdas lo que acabo de decir sobre llamarte por tu nombre? Te acabas de ganar un Aquiles -y Aquiles se estremeció a pesar de que había sido llamado por su nombre, pero Shana se tranquilizó-. De todas formas, Pirra. Te veías muy lindo en ese momento. ¿En qué estabas pensando? -y Aquiles se molestó.
-¿Lindo? ¡Soy todo menos lindo! -recriminó Aquiles, pero entonces desvió la mirada a Diomedes, quien bañaba a los 4 caballos negros, y se ruborizó un poco- No es nada, no me pasa nada, solo miraba a Diomedes -terminó.
-Eso me asusta un poco -habló Sasha con desdén, y Aquiles se fastidió-. Di lo que quieras, esa carita tuya era muy linda. ¿Qué mirabas en realidad? -de pronto Shana lo concluyó, y sonrío- ¿Eh…? -agregó en tono de burla- Pirra, ¿te gustan los caballos? -Aquiles se ruborizó en respuesta a las acusaciones- Tienes un buen ojo, esos 4 son los sementales más bellos de toda Hélade. ¿Por qué no vas con Diomedes y le pides que te los presente? -comenzó Shana, empujando a Aquiles.
-¿Qué? No… espera… yo no… -se defendió Aquiles-. ¿Qué se supone que haga? No puedo simplemente llegar frente a Diomedes y pedirle consejos para la crianza de caballos -pero Shana sonrió sombríamente, y Aquiles notó que ya estaba frente a Diomedes-. ¿Eeeeeh? ¡Rey Diomedes! Yo… -se avergonzó Aquiles.
-Qué poca vergüenza, Shana. Te he enseñado bien -se enorgulleció Diomedes, pero entonces miró a Aquiles mientras Shana se retiraba-. ¿Así que te gustan los caballos, Aquiles? ¡Eres tan lindo! -y Aquiles enfureció y miró a Diomedes con desprecio- Tranquilo, es broma, es solo que Aquiles tiene esa pinta de lindura que te invita a querer molestarlo -se volvió a burlar.
-¡Que no soy lindo! -enfureció- Cuando me veas en el campo de batalla, con la espada y el escudo cubierto de la sangre y las entrañas de mis oponentes caídos, nadie jamás volverá a verme con esa imagen de ternura en sus ojos -y Diomedes se rio por la imagen-. ¿Qué clase de rey lunático eres? -preguntó.
-Del tipo que sabe domar caballos -dio en el clavo, y Aquiles se apenó-. Podargo, Lampón, Xanthos, y mi favorito, Deino -los presentó Diomedes-. Hijos de las 4 yeguas come hombres que pertenecían a un gigante de nombre Diomedes, como yo. Heracles las domó, pero regaló a los 4 potrillos a los Dioscuros, quienes me los regalaron a mí, y bueno, siguen conmigo. Son parte de mi familia, pero me preocupa que algún día tengan la misma hambre asesina que sus madres -la idea inclusive pasó por la mente de Aquiles-. Dejando las bromas a un lado, joven Aquiles. He estado en guerra, mis sementales me han acompañado. Ellos han protegido a mis aliados, se dice que quien cabalgue en uno de mis 4 caballos tendrá mi protección. Pero no es eso lo que viniste a preguntarme. ¿Qué te aqueja? -preguntó.
-Yo… -comenzó-. Janto y Bailo -mencionó, y Diomedes sonrió-. Son mis caballos, regalo de Peleo, rey de Ftía. Me los regaló junto a un auriga de bronce y oro, pero… a pesar de que Quirón me enseñó a cabalgar… -comenzó Aquiles.
-Nadie le enseñó a cabalgar en un auriga a este inútil -escuchó Aquiles, se molestó, se dio la vuelta, y encontró a Fénix de Heracles detrás de él-. Saludos, mocoso -se burló Fénix, quien llegaba con Patroclo.
-¿Fénix? -se molestó Aquiles- ¿Qué Espectros haces aquí? -y el Caballero de Plata de Heracles le propinó un tremendo golpe en la cabeza a Aquiles- Lo lamento… veamos… educación. ¿A qué debo este honor… maestro Fénix? -preguntó con modales.
-¿Tú qué crees? Vengo a unirme a los Mirmidones en su guerra -sonrió Fénix, y Aquiles se alegró-. Patroclo envió un mensaje a mí y a Quirón, una invitación. Quirón no la aceptó, como el portador del Misopethamenos su lugar está en Pelión donde entrenará a más héroes hasta el fin de sus días. Yo por otra parte, no pienso tener una vida larga y aburrida. Me uniré a la gloria de los Mirmidones, y me aseguraré de que no tomes decisiones imprudentes y que actúes con el respeto que se espera de ti, mocoso -Aquiles se sintió sumamente criticado, pero, aun así, agradeció de la presencia de Fénix-. Pero, volviendo al tema, ninguno de este par de idiotas aprendió a montar un auriga. No se les podía entrenar como tal en Pelión -terminó Fénix.
-Par de idiotas no me parece muy respetuoso -mencionó Diomedes, y Fénix sacó el pecho con orgullo-. Entonces. ¿Quieres que yo te enseñe a ser conductor de auriga? -y Aquiles asintió- Eso sería un desperdicio. ¡Esténelo! -gritó Diomedes, y Esténelo de Argos llegó- Dile a Aquiles cual es mi experiencia conduciendo un auriga -solicitó Diomedes.
-Menos que nula, es terrible -respondió Esténelo, la revelación deprimió a Aquiles-. Diomedes no sirve como cochero de auriga, y Aquiles tampoco tiene ese perfil. Un auriga fuerza a los caballos a trabajar juntos y deben guiarse con concentración. Señor Diomedes, ¿cuál es mi habilidad en combate cuerpo a cuerpo? -preguntó Esténelo con una sonrisa.
-¡Absolutamente nula! ¡Un bebé con una vara de madera podría derrotarte! -sonrió Diomedes, y Esténelo se molestó y pegó su frente a la de Diomedes, quien empujó también- Tú también dijiste que era pésimo como auriga, soy malo pero no me considero de nulas habilidades -terminó Diomedes.
-¡Llevaste a tus caballos a nadar en el mar con todo y auriga! Si eso no es nula experiencia, ¿entonces qué es? ¿Querías consagrar tus 4 sementales a Poseidón? -preguntó Esténelo, y Aquiles no lo comprendió.
-¡Tú olvidaste la lección más importante de las espadas! ¡Siempre ataca con la punta! ¡Idiota! ¡Por alguna extraña razón siempre golpeas con el pomo! -Diomedes entonces posó su atención en Aquiles- ¿Lo comprendes ya? -Aquiles lo negó- Si quieres aprender a ser un auriga, mi auriga, Esténelo, te educará. Pero sería un desperdicio, tú tienes otro lugar importante, en la retaguardia de un auriga. Un auriga es un equipo de trabajo, los caballos seguirán ciegamente al cochero del auriga, y el cochero del auriga guiará a los caballos sin preocuparse por la batalla. Mi lugar, igual que el tuyo, es el de jinete de auriga. Un jinete de caballo monta el caballo, un jinete de auriga monta al auriga. Debes ser capaz de moverte con facilidad, y combatir en un suelo móvil. En otras palabras, tú no conduces un auriga, pero combates sobre este. Eso puedo enseñártelo -Aquiles lo comprendió, y la emoción se reflejó en su rostro-. Pero para hacerlo, necesitas a un hombre de plena confianza que sea tu auriga, alguien que dé órdenes a tus caballos. ¿Quieres que te enseñe? Consígueme a ese auriga -y Aquiles miró a Patroclo, quien lo miró con determinación, pero Aquiles de inmediato movió su cabeza en negación.
-¿Eh? ¿Por qué no? -preguntó Patroclo- ¡Aquiles! ¡Me he entrenado para ser tu compañero! ¡No puedes negarme este derecho! ¡Me he esforzado mucho! -se molestó Patroclo, y Aquiles le sonrió- ¡No te burles! -gritó.
-No me burlo, idiota -respondió Aquiles-. Patroclo no puede ser mi auriga, porque debe combatir a mi lado. El auriga es importante, un hombre de confianza, pero debe renunciar en su mayoría al combate. Patroclo tiene que combatir a mi lado -Patroclo lo comprendió, y aceptó la decisión de Aquiles-. Conseguiré a un auriga digno, y entonces me ayudará a domar a Janto y Bailo para convertirme en jinete de auriga -Diomedes asintió en silencio, y continuó bañando a sus sementales. Aquiles por su parte, comenzó a correr teniendo ya una idea de a quién deseaba tener como su auriga-. Tengo a la persona perfecta para el puesto. Solo hay alguien que me conoce mejor que Patroclo, quien me cuidó de niño, y desde que nací fue mi guardián -Aquiles llegó a donde se encontraban los Generales Marinos, se frenó, y miró a uno en específico, el General Marino de Hipocampo-. ¡Automedonte! -mencionó con orgullo- Quiero reclutarte como uno de mis Mirmidones, es mi deseo el que te conviertas en mi auriga -soltó la solicitud sin duda alguna.
Anatolia. Isla de Chipre. Ciudad de Pafos.
Los Aqueos no eran los únicos que se preparaban para la guerra. En Chipre, una isla muy alejada de Troya, al sur, y casi llegando a otro continente, había una ciudad rica de nombre Pafos, donde se alzaba un inmenso palacio construido de cobre como fortaleza en medio de una inmensa ciudad de bellezas y esplendor sin igual. Pero a pesar de las riquezas de Pafos, la mayoría de los habitantes vivían en pobreza, mientras solo unos pocos disfrutaban de inmensas riquezas.
Los habitantes de Chipre en su mayoría vivían atemorizados y esclavizados por unas extrañas figuras humanas de cobre, que les ordenaban a trabajar sin descanso en las granjas, a talar árboles, a largas jornadas laborales en la construcción de estatuas y templos en honor a la diosa Afrodita, y en minar más y más cobre, que daba como resultado la creación de más de estas figuras sin vida.
Era aquí, en Pafos, donde Anficlas continuaba con su entrenamiento. Vestía ahora una armadura que brillaba de un negro idéntico al de la obsidiana, pero de un material distinto al ser una Suplice. La Suplice le cubría casi todo el cuerpo, y la adornaba con un casco en forma de la cabeza de un Águila. Su cabellera estaba amarrada en una trenza que caía por detrás del casco, nadie sospecharía jamás que una mujer era quien vestía esa Suplice, su rostro inclusive, fiero y determinado, irradiaba masculinidad, y tras un largo entrenamiento, su voz había cambiado también, no quedaba nada de aquella niña débil.
-Estoy listo, Titiritero. Espero que esta vez me brindes un combate digno del hijo de Héctor, no pequeñeces sin sentido. Me estoy cansando de romper tus muñecos -mencionó Anficlas, con una sombría sonrisa en su rostro y mientras varias figuras de cobre caían del techo con armas diversas, desde espadas y lanzas, hasta hachas colosales de mandoble o arcos bellos y mortíferos, todo hecho de cobre-. Veo que cada vez tus títeres son más parecidos a los humanos, Titiritero. Te lo he dicho antes. No le tengo miedo a cruzar esa línea. Atravesaré a quien sea, hombre, mujer o niño -sentenció Anficlas.
-Tan rudo como siempre, Ethon -habló un hombre rubio, con la mirada cansada, y la cabellera larga hecha girones-. Pero no he hecho a mis figuras más humanas por ti. Lo he hecho por la belleza de la perfección de mis creaciones. Algún día, una de mis figuras desbordará sentimientos y reemplazaré a los dioses como un creador de hombres y mujeres -terminó el hombre, y Anficlas se repugnó.
-Cíniras del Titiritero, Estrella Terrestre de la Dirección. Tu obsesión con las figuras de cobre me es repugnante -habló Anficlas, preparando su lanza, y en el momento en que las figuras comenzaron a atacarla, Anficlas sonrió, desapareció, y reapareció frente a una de las figuras de cobre, atravesándole la cabeza con su lanza-. Muñecos inútiles, no me sirven siquiera de calentamiento -pateó Anficlas, evadiendo las flechas de cobre que le lanzaban o bloqueándolas con su lanza al dar giros. Anficlas entonces desmaterializó su lanza, y miró al arquero-. No necesito de mi lanza para acabar con tan débiles oponentes -preparó su cosmos, alzó una mano al techo de cobre, y en esta se formó una esfera de fuego, la cual atrapó y pulverizó en un puño, mientras el Águila rugía a sus espaldas-. ¡Juicio de Prometeo! -gritó, lanzó el puñetazo, y se transformó en un Águila en llamas que la estatua del arquero intentó derribar, pero que Anficlas evadió con gracia, y perforó a la estatua de un tremendo puñetazo que no solo destrozó, sino que derritió, a la figura de cobre- Tus creaciones son muy lentas -giró Anficlas, mirando al resto de los atacantes-. ¡Meteoros de Ethon! -volvió a atacar, liberando una lluvia de meteoros de su puño que impactaron a una velocidad sorprendente, destrozando las figuras, e incluso perforando las paredes de cobre- ¿Esto es lo mejor que tienes, Titiritero? ¡No me sirven siquiera de calentamiento! Soy el hijo de Héctor. Dame una presa capaz de enfrentar a mi padre -sonrió Anficlas.
-Que desperdicio de figuras -se quejó Cíniras-. Ven aquí, Metarme -mencionó Cíniras, y Anficlas se repugnó, mientras una figura de cobre, con la forma de una hermosa mujer completamente desnuda, se acercó a Cíniras, quien se sentó en su trono, y la figura de cobre se sentó en sus piernas y comenzó a besar a Cíniras con lujuria-. Mis figuras, son arte, Ethon. Amo a todas mis figuras, pero tú pareces no tenerles respeto. ¿Por qué te daría una figura perfecta para que te sirva de entrenamiento? -preguntó Cíniras, devolviendo los besos a la estatua.
-Si quieres hacerme vomitar, lo estás consiguiendo -mencionó Anficlas, y Cíniras le sonrió-. ¿Cómo no podría repugnarme de unas figuras de cobre si en estos momentos estás casi al borde del acto indecoroso con una estatua de cobre que construiste en honor a tu esposa fallecida? Es solo una estatua, y no les das vida, las controlas, Titiritero -se quejó Anficlas.
-Esa no es forma de hablarle a tu suegro, Ethon -Anficlas se apenó y miró a otro lado evitando el contacto visual con Cíniras-. No te entiendo la verdad. Héctor me pidió tenerte en mi corte, y yo acepté con la condición de que te casaras con una de mis hijas, Lodis, la más hermosa de todas mis hijas y la única que no está maldita. Te entregué a la mejor, pero Lodis dice que no la satisfaces -se quejó Cíniras.
-¿Cómo podría…? -se estremeció Anficlas- Por más hombre que me crea hay cosas que no puedo hacer -se susurró a sí misma-. ¿Lodis le ha dicho esto? ¿O son sus interpretaciones? La he tomado por esposa, ¿no es así? -preguntó.
-Solo en juramento, Ethon -se escuchó la melodiosa voz de una doncella rubia de la edad de Anficlas, quien llegaba con ojos llorosos por la preocupación-. Lo lamento… sé que intentas respetarme hasta mi mayoría de edad, pero. No tolero tu indiferencia hacia mí. Jamás me has tocado, no pasas la noche conmigo. Me siento… traicionada… he expresado mi descontento a mi padre -terminó Lodis.
-Aunque me lo pidas, Lodis… -se preocupó Anficlas-. ¿Cómo explicarte? Eres hermosa, pero, solo tenemos 12 años. Deberíamos esperar a madurar un poco, sí, es eso. No puedo siquiera dormir en la misma habitación que tú por el miedo que me produce atacarte y tomarte como mía, esa es la razón -explicó torpemente Anficlas, parte de ella recordando el cómo cortejaba Diomedes a las doncellas.
-Pues yo quiero un nieto, y más te vale que te pongas a trabajar en ello -reprendió Cíniras, y Anficlas se preocupó sabiendo que eso no era posible-. Tengo una estatua de cobre, una de las mejores que he creado, digna de enfrentar a tu padre -a Anficlas la rodeó la curiosidad-. Es mi mejor creación después de mi hermosa Metarme -se refirió a su compañera de cobre-. Pero solo te la daré si me juras en el nombre de Afrodita pasar la noche con mi hija -y Anficlas se estremeció de miedo-. ¿Acaso no la amas? -preguntó Cíniras.
-¡Es un poco más complicado de lo que cree! -se fastidió Anficlas- ¡No puedo hacerlo! ¡Le digo que es imposible! ¡No de momento! -y Lodis estuvo a punto de soltarse en llanto- Lodis, no lo entiendes, el matrimonio fue… -comenzó.
-¡Impuesto! ¡Lo sé! -lloró Lodis- Pero incluso si es un matrimonio impuesto como condición de pertenecer a la corte de mi padre. ¡Yo deseo ser amada como mujer! ¡Si al menos me demostraras un poco de afecto lo entendería! ¡Y esperaría pacientemente a mi mayoría de edad antes de pedirte más! ¡Pero solo me ves como un objeto para reclamar el trono de mi padre! -lloró Lodis.
-¡No te veo como si fueras un objeto! ¡Y no me importa el trono de tu padre! ¡Estoy aquí por razones muy diferentes! -le gritó Anficlas- Estoy tratando de respetarte, Lodis. Pero ni tú ni yo pedimos esto. Nos fue impuesto. En un futuro veremos cómo solucionar o enmendar esto, de momento, solo tengo un objetivo -y Lodis movió su cabeza en negación, y abrazó a Anficlas con fuerza-. Esto… es demasiado incómodo. ¡No me gustan los abrazos! -se ruborizó Anficlas.
-¿Qué pasa, Ethon? ¿Acaso no eres un hombre? -un escalofrío rodeó la espina de Anficlas, en verdad esa era la razón de no poder satisfacer a Lodis, pero ese era su secreto, y debía mantenerlo a toda costa- Ya entiendo… prefieres la compañía de los hombres. Algunos de los soldados humanos ya lo habían sospechado. Dicen que te avergüenzas siempre que es hora de tomar los baños y que tu rostro se ruboriza al verlos desnudos. Entonces eres de ese tipo -Anficlas se preocupó.
-Definitivamente no es eso -se sonrojó-. ¡Me lleva Hades! ¡Te probaré que soy un hombre! -gritó Anficlas, tomó a Lodis, y le plantó un beso profundo. Lodis se sintió amada por fin, e inclusive devolvió el beso con suma lujuria. Cíniras los miró a ambos con una sonrisa perturbadora y burlona. Anficlas por su parte, sentía sus cejas quejarse con desprecio ante el acto- ¡Suficiente! ¿Satisfecha? -le gritó Anficlas, y Lodis asintió- Quiero morir… -se susurró a sí misma Anficlas-. Escucha… te seré enteramente sincero a su debido tiempo… mientras tanto, déjame concentrarme en la guerra -Lodis asintió, enteramente enamorada por el beso-. Maldito Cíniras hijo de Afrodita -susurró Anficlas-. Ahora, ¿qué hay del muñeco que me prometiste? El que dices es capaz de enfrentar a mi padre -preguntó.
-Umm… no estoy satisfecho del todo todavía, pero Lodis está feliz -apuntó Cíniras, y Anficlas miró a Lodis, quien la miraba con ojos de amor, lo que molestaba a Anficlas y la hacía temblar con un escalofrío-. Debes tratar mejor a tu esposa, Ethon. Pero, poco a poco arreglaremos eso. Por lo pronto, ven aquí, Argivo -mencionó Cíniras.
-¿Argivo? ¿Cómo los guerreros de Argos? -preguntó Anficlas, y al darse la vuelta, se impresionó y se ruborizó- ¿Diomedes? -preguntó, encontrando a una estatua de cobre detrás de ella- Es… una copia exacta de Diomedes -Anficlas recordó a Diomedes, su gentil sonrisa, y la forma en que le acarició la barbilla de niña, y aquello la ruborizó-. Demasiado perfecta… -más en ese momento, la estatua se movió con agilidad, azotando el cuello de Anficlas con el dorso del brazo, clavándola al suelo, y creando un cráter en el suelo de cobre con su cuerpo- ¡Ackt! ¡Es fuerte! -gritó Anficlas, y Lodis se preocupó por su marido.
-Debe serlo. Lo construí pensando en castigarte por tu poca atención a mi hija. Heleno me lo sugirió, dice que odias al rey de Argos -Anficlas se molestó al pensar en su tío, vio a la estatua preparar su aguja, y rodó para evadirla-. Claro que mis figuras de cobre no pueden lanzar ataques de cosmos… -Anficlas se preparó, lanzó un puñetazo, pero la figura la evadió y le pateó el rostro, extrayendo sangre de la nariz de Anficlas-. Pero es tan veloz como el mismo Diomedes -Anficlas retrocedió, y se limpió la nariz con el antebrazo.
-Maldito… es una copia exacta… no puedo concentrarme… -se quejó Anficlas, evadió una poderosa patada de la figura, intentó atacar, pero la sonrisa de Diomedes en su mente al ver el rostro de la figura la detuvo-. ¡Es solo una estatua! ¡Maldición! -se quejó, pero la estatua la tomó del rostro y la clavó al suelo- ¡Maldito! ¡Se supone que te odie! -gritó mientras miraba a la estatua desde las aperturas de los dedos de la misma- ¿Por qué siempre pienso en ti… y recuerdo el mismo momento? -preguntó, y se recordó sentada en las piernas de Diomedes mientras el rey de Argos le frotaba la barbilla, y la hermosa sonrisa que le dibujaban sus propios labios- ¡Te odio! -gritó, pero la estatua la lanzó, clavándola a la pared. La estatua preparó su aguja, y forzó a Anficlas a evadirla. Anficlas preparó su cosmos, intentó golpear, pero se detuvo nuevamente a centímetros de impactar a la estatua- ¿Por qué? -se preocupó, y la estatua le pateó el rostro nuevamente, azotándola al suelo. La estatua intentó clavarle la aguja, y Anficlas saltó con agilidad lejos de esta- ¿Por qué no puedo golpearte? -se quejó Anficlas con lágrimas en sus ojos.
-Yo tampoco lo entiendo -mencionó Cíniras mientras la estatua seguía atacando, y Anficlas simplemente bloqueaba en todo momento-. Es la estatua más veloz que jamás he construido, sin embargo, en 2 ocasiones has estado a punto de golpearla, pero no lo haces. ¿Le tienes miedo? -preguntó Cíniras.
-No es miedo… -mencionó Anficlas, sudando de preocupación-. Pero me aterra que sea otra cosa… -Anficlas subió su defensa-. No… debo odiarte… tengo que odiarte… -Anficlas comenzó a recordar la terrible batalla con Héctor, sus palabras, el estado en que había dejado a su padre-. Incluso en ese momento… velabas por mi bienestar… -pero entonces lo recordó, la humillación que hizo pasar a su padre-. Maldito… egocéntrico… engreído… imbécil… -pero eso no era lo que incineraba su ira. Incluso ese detonante no era suficiente, sino que recordó un momento incluso más molesto. Recordó a Egialea congelándole el rostro a Diomedes. Lo que realmente incineraba la ira de Anficlas, fue una realización perturbadora, el notar que muy poco le importaba la humillación de Héctor en su batalla contra Diomedes, y descubrir que la verdadera razón de su odio era el hacerla sentirse amada cuando tenía ya a Egialea de esposa-. Depravado, inhumano. ¡Maldito lujurioso! -gritó, elevó su cosmos, y el Águila gritó con ira mientras Anficlas de un movimiento se lanzaba transformada en el Águila de fuego, y partía en pedazos a la estatua de Diomedes, que le sonrió una última vez, pero que terminó por ser destrozada- Llévate tu maldita sonrisa al Tártaros -miró Anficlas a los restos, recordó la escena que conmovía su corazón, y la miró arder en llamas, imaginando inclusive a un esqueleto de Diomedes rodeado por el fuego y llorando lágrimas de sangre-. Te he superado… ya puedo enfrentarte -sonrió Anficlas.
-Jamás pensé que pudieras derrotar a esa estatua -se impresionó Cíniras-. Ya no hay nada que pueda crear que no puedas enfrentar. Estoy orgulloso, mi yerno -y Anficlas sintió a Lodis llegar y abrazarla por la espalda, lo que molestó a Anficlas, pero lo tuvo que tolerar-. Metarme, mi reina, aún si no sobrevivo, Chipre estará en buenas manos con Ethon de guía -Anficlas alzó una ceja, y se asqueó a punto de vomitar al ver a Cíniras besar a la estatua-. Ethon… tú y yo no somos muy diferentes -Anficlas discrepó al respecto, pero no habló-. Somos los primeros de nuestros nombres. ¿Sabes lo que pasa cuando un Espectro muere? -preguntó.
-Los Espectros no morimos -comenzó Anficlas-. Somos enviados al Hades y esperamos el momento adecuado en que otro cuerpo pueda recibir nuestras almas. Un Espectro es inclusive más resistente que los mortales promedio ya que su cuerpo reconstruido o prestado puede seguir viviendo hasta quedar inútil -terminó con su explicación.
-Así es para los Espectros resucitados. Pero no todos los Espectros lo son -explicó Cíniras-. Tú como muchos Espectros, naciste humano, Ethon. Los seres humanos tienen todos una sola vida. El resto, las existencias resucitadas como yo que he muerto 3 veces, y a pesar de mis 160 años de existencia continuó viéndome como un adulto de no más de 25 años, estamos incompletos. En estos momentos, siento una lujuria tremenda por una estatua de cobre a la que deseo dar vida para recuperar a mi fallecida primera esposa, Metarme, quien me dio a mi hijo Oxíporo, y a mis hijas Orsedice, Laogore, Bresia y Lodis -explicó, aunque Anficlas no encontraba la razón de la explicación-. La conocí en mi tercera vida. Pero fue la esposa a la que más me dolió perder. Por eso quiero recrearla, pero al igual que los Espectros jamás serán los mismos sin importar cuantas veces crean que resucitan, esta estatua de cobre no será mi esposa. ¿Sabes por qué te digo todo esto? -y Anficlas lo negó- Porque yo no soy el mismo Cíniras, esta es mi tercera vida, soy solo una sombra de él, mi alma está maltrecha, y mientras más resucito, más maltrecha estará. Llegará el momento en que mi alma será tan inservible, que me reemplazarán. Buscarán a un Espectro de la Estrella Terrestre de la Dirección cuya existencia sea la primera, y lo vestirán en una Suplice, y si este Espectro seleccionado muere vistiendo esa Suplice… volverá a la vida, como una sombra de su antiguo ser. Bien se ha dicho que solo existe una sola vida. Aun puedes negar tu Suplice y seguir siendo humano, Ethon, no un Espectro -ofreció Cíniras.
-Elegí vestir una Suplice -mencionó Anficlas-. Y no moriré tan fácilmente. Comprendo lo que intentas decir, que si muero volveré a la vida eternamente al servicio de Hades hasta que mi alma sea inútil, inservible. Pero eso no le sirve de explicación a alguien que nació inútil. Un hijo bastardo… negado por mi padre quien asesinó a mi madre… esta Suplice es todo lo que tengo, no tengo otra razón para vivir -y Lodis entristeció y se separó de Anficlas.
-¡Intento darte una, tonto! -mencionó Cíniras- Todos mis hijos, nacidos de un Espectro, están incompletos -mencionó Cíniras-. Oxíporo, mi heredero, tiene un deseo de batalla indomable y a la vez perturbador. Solo piensa en matar, matar y matar, y en comerse a los que le parecen más apetecibles -le explicó, perturbando a Anficlas-. ¿Por qué crees que toda mi guardia son estatuas? Las estatuas de cobre no tienen familias, no lloran a los muertos. Si son degollados por Oxíporo, nadie las extrañará, además de que no se los puede comer. Solo yo que soy su creador, lloro a mis estatuas de cobre. Oxíporo es mi general, pero al pensar en muerte y en comerse a todo quien tiene enfrente, no puedo darle un ejército humano, solo estatuas. Mi otro hijo, nacido de Cencreide, mi segunda esposa, se llama Migdalión, él también es hijo de un Espectro como bien sabes, su alma está incompleta. Busca la muerte, pero de forma diferente que Oxíporo, desea morir. Lo he enviado a Agamenón como un aliado, pero sé que no regresará -mencionó.
-Le vi partir hace un par de Lunas con un bote lleno de figuras de cobre y unos barcos de juguete -mencionó Anficlas, y Cíniras comenzó a reír por la ingeniosa broma que se le había ocurrido para molestar a Agamenón-. Además. ¿Acabas de decir que lo enviaste como aliado de Agamenón? -preguntó.
-Es solo una de mis bromas de mal gusto -respondió Cíniras-. Migdalión desea morir, se ha suicidado varias veces, pero como Espectro siempre regresa, así que no estoy preocupado. Tengo otro hijo, Adonis… él, verás… no solo es medio Espectro, también es un hijo nacido del incesto -a Anficlas no le hizo gracia la mención. Ella, como casi todos en esta era, despreciaba el incesto-. Es muy hermoso, pero es hijo de mi propia hija, Esmirna, conmigo. Cencreide me dio a Esmirna por hija. La violé, y se embarazó con Adonis. Cencreide se suicidó, y tras dar a luz a Adonis, Esmirna se suicidó también. La desdicha persigue a los Espectros, Esmirna no era normal tampoco, la razón de que yo la violara fue porque ella me sedujo miles de veces primero. Todos los hijos de Espectros están malditos. Adonis aún vive, pero, no solo morirá pronto por ser mi hijo, sino que los dioses odian el incesto, seguro le han planeado una muerte horrible. Eso me deja con mis hijas: Orsedice, Laogore, Brecia y Lodis. 3 prostitutas, y tu esposa -y Anficlas se sintió abatida por la terrible historia de Cíniras-. ¿Ya entendiste lo que quiero? Le supliqué a Hades y a Afrodita el que me dieran al menos una semilla de mi descendencia que fuera normal. El mal chiste de los dioses fue el darme a Lodis sin maldición alguna, pero es una chica. Por eso te casé con ella, y por eso deseo que abandones la senda de las Suplices, o que al menos me des un nieto normal que gobierne justamente, no con demencia como todos mis hijos malditos. Ethon… voy a nombrarte mi único heredero al trono -la revelación la sorprendió.
-¿¡Qué!? Pe-pe-pe-pe-pero -se horrorizó Anficlas-. No lo entiende, hay razones por la que todo lo que me pide esta horriblemente mal -Cíniras tan solo sonrió, y movió su cabeza en negación-. ¡No puede hacerlo! ¡Sé que esta es mi primera vida, pero ya soy un Espectro también! -se estremeció Anficlas.
-Tonto, solo serás un Espectro si mueres vistiendo la Suplice. Además, la verdad no me importa mucho si quieres ser Espectro o no, esa era solo una recomendación -pero Anficlas continuó negándolo-. Lo que realmente quiero es que me des un nieto normal antes de que aceptes la existencia de los Espectros. Por eso mi insistencia en que comiences a ver a Lodis como una mujer, no me importa la edad. En todo caso, ya hice el anuncio oficial hace días, Oxíporo y Migdalión ya lo saben y no les interesa. Además, todos somos Espectros, no gobernarás solo, rey de Chipre. Te lo he dicho, no podemos morir. Pero mientras más reencarnamos, más nos atrofiamos el alma. Así que… antes de que me entregue a una demencia superior al incesto, o al tomar a una estatua de cobre por esposa… mi último acto de cordura es dejar a un verdadero hombre, en pleno uso de sus facultades mentales, como rey de Chipre -y Cíniras abrazó a Anficlas con fuerza, lo que incomodaba aún más a Anficlas-. Gobierna a Chipre con justicia. Mis estatuas de cobre son ahora tuyas para comandar, mis tierras te pertenecen como ahora te pertenece mi hija. Solo hazme feliz… al darme un nieto… es mi deseo que le des el nombre de Cinortas, que significa «rey de cobre» -Anficlas deseaba negarse, pero no podía decirle al rey después de tan dramática explicación que en realidad era mujer-. ¿Puedes prometérmelo? ¿Qué tendrás un hijo que lleve ese nombre? -preguntó Cíniras.
-¿Tener un hijo con ese nombre? No tengo idea de si hay una forma de cumplirle ese deseo, mi rey Cíniras -Cíniras entristeció, y al ver su rostro decrépito y al borde de las lágrimas, Anficlas se estremeció-. Le juro en el nombre de los dioses que tendré un hijo que llevará ese nombre -y Cíniras por fin le sonrió.
-Eso es todo lo que deseo escuchar -Anficlas se estiró el rostro con una mezcla de desprecio, vergüenza, y compromiso-. Entonces ya no tengo ningún arrepentimiento. Podré seguir atrofiando mi alma con libertad. Poco a poco la locura alcanza a los seres de almas incompletas como yo, pero al menos sabré que Chipre estará a salvo -Anficlas por otro lado, sentía que lloraría por las confusiones que su auto-adjudicado cambio de identidad de género le causaban.
-Definitivamente yo no lo llamaría así -sentenció Anficlas, y Lodis le sonrió-. ¿Por qué hice ese juramento? Pero Cíniras se veía como un padre preocupado y que confiaba en mí, simplemente no pude negarlo. ¿Pero cómo voy a tener un hijo tomando en cuenta mi situación? -gritó Anficlas su desprecio.
-Tómame y te daré todos los hijos que quieras… Ethon… -Anficlas se espantó por la lujuria de su mujer, por lo que retrocedió, y tropezó con los restos de la estatua de Diomedes, cayendo al trono, con Lodis sentándose de forma lujuriosa sobre sus piernas. Cíniras entonces le colocó la corona de Chipre sobre su cabeza.
-¿Cómo demonios pasó todo esto? ¡Lodis! ¡No te desvistas en la sala del trono! ¡Sé que le prometí a tu padre darle un hijo, pero…! -y Lodis le besó el cuello a Anficlas- ¡Me lleva Hades! ¡Te-te-te-tengo que atender responsabilidades reales primero! ¡Soy el nuevo rey! ¡El nuevo rey! ¡Estaré algo ocupado, pero espérame pacientemente en mis aposentos por favor! -y Cíniras comenzó a reír.
-Lodis, has lo que dice el nuevo rey -Lodis infló sus mejillas, asintió, y se retiró-. Es una niña bastante precoz. Me pregunto si en verdad está libre de cualquier maldición. No hay forma de estar seguros -y Anficlas se dejó caer en el trono, estresada por todo lo que había pasado-. En todo caso, Ethon. La guerra contra los 4 reyes ha comenzado. El barco de Migdalión está en posición. El primer ataque, será Troyano -Cíniras elevó su cosmos, y sus ojos se tornaron blancos. Anficlas en ese momento vio formarse por toda la sala del trono una playa, y miles de barcos y soldados como pequeñas representaciones de cosmos-. Parece que no son solo 4 los reinos. ¿Qué está pasando? -se preocupó Cíniras, pero sus preocupaciones se esfumaron rápidamente- No importa… de cualquier forma, tomaré cientos de vidas enemigas, y ninguna será sacrificada del bando Troyano.
Hélade, Playa de Aulis.
-¿Eh? ¿Consejero de Athena? -se sorprendió Odiseo cuando Shana llegó ante él en la playa de Aulis, donde Odiseo había permanecido sentado en la arena esperando a que los preparativos se terminaran para que comenzara el viaje a Troya- Soy responsable del Juramento de los Pretendientes, por lo que creo que ya le he causado suficientes males a esta gente. Hoy piensan que marchan en busca de gloria, pero… toda esta empresa… en parte parece que se hace solo por una mujer -Shana comprendía hasta cierto grado la preocupación de Odiseo, y se sentó junto a él en la playa.
-Sabemos que Hades está involucrado también, pero… en su mayoría creo que en verdad se ve así -y Odiseo asintió-. Pero, podemos buscar una razón más conveniente. Pienso que Odiseo tiene buenas ideas que ayuden a convencer a los Aqueos de que esta no es una empresa solo por un juramento, sino también una forma de hacer justicia -mencionó Shana.
-No lograron convencerme a mí en un grupo reducido de personas, Shana. ¿Cómo piensas que convenza a 118,600 almas de algo en lo que yo mismo no creo? -y Shana bajó la cabeza con tristeza- Pero te ayudaré -y Shana se alegró-. Lo que sea por volver pronto a casa… lo primero es nombrar a un Rey Supremo -y Shana estuvo a punto de hablar-. Ni de broma. Diomedes nos matará a todos -terminó Odiseo, y Shana entristeció-. Lo que necesitamos es una figura a la que todos vean como un líder de esta empresa, y no solo eso, este líder debe tener razones fuertes y concretas para realizar este ataque -y Shana asintió.
-Ya veo, ¿qué tal Menelao? -Odiseo se impresionó- Si Menelao es el Rey Supremo, tendría sentido porque todos juraron a su nombre, y porque él es el ofendido por Paris. Declarar a Menelao como Rey Supremo de la empresa sería algo recomendable -pero Odiseo lo dudó por un segundo, y lo negó-. ¿No es buena idea? -preguntó Shana.
-En parte lo es, pero… -comenzó Odiseo-. ¿Te ha contado Diomedes la historia de los 7 Contra Tebas y la posterior batalla de la Venganza de los Epígonos? -y Shana asintió- Los 7 Reyes de la Argólide fueron a la guerra con Tebas la de las 7 Puertas por el control de Beocia, una de las naciones de Hélade. Pero los 7 murieron, y Diomedes reunió a los Epígonos, los hijos de los 7 derrotados, para 10 años después de esa guerra vengarse. Dice Diomedes que su premio fue una ciudad desierta y miles de muertos, además del castigo que ya conoces por el que Diomedes es un mujeriego -y Shana hizo una mueca.
-No sé si culpar a esa maldición sea lo más sensato… padre es un sin vergüenza -Odiseo se burló-. Pero según entiendo… una guerra por venganza es equivocada. ¿Entonces qué podemos hacer? Hades nos declaró la guerra, pero todos los aquí presentes piensan que no es más que una venganza. ¿Quién debería guiar, y bajo qué razones? -y Odiseo tuvo una idea.
-Agamenón -y Shana parpadeó un par de vencer-. Agamenón es el más poderoso de los Caballeros Dorados y el hermano de Menelao. Además, Agamenón ha participado en guerras antes, igual que Diomedes. Pero hay una diferencia. Agamenón se traza un objetivo, y lo cumple, solo hay que pensar en una forma de convencer a los Aqueos de que esta no es una guerra por venganza ni restitución solamente, hay que darles un premio que motive -y ambos comenzaron a pensarlo, y Odiseo tuvo otra idea-. ¡El Mar Negro! -y Shana parpadeó un par de veces- Esa es la respuesta. El Mar Negro es la principal ruta comercial de Asia, que nos abastece de tesoros como el cobre, vendiéndonoslo a precios increíbles. Troya posee el control del Mar Egeo, si se los quitamos, las relaciones comerciales serán nuestras, y las ganancias divididas por las zonas costeras como Creta, Atenas, Argos, Pilos, Ítaca y muchas otras, quienes a su vez venderán a los territorios del centro los tesoros de Asia a precios más accesibles, y se les permitirá explotar la tierra de Anatolia -y Shana sonrió.
-¡Esa es una razón para la guerra que no trata únicamente de venganza! ¡Sigue siendo una extraña razón para una guerra, pero es el premio perfecto para los 30 reinos que van a la batalla! ¡Bien pensado, Odiseo! -y Odiseo se alegró- Pero, ¿Agamenón será un buen Rey Supremo? Es muy frívolo, y tengo miedo de que envíe a los soldados a morir inútilmente -y Odiseo asintió.
-Por ello requerirá de un consejo militar -mencionó Odiseo-. Hay que encontrar a caudillos que aconsejen correctamente a Agamenón. Sabemos que Agamenón es un tirano y que se concentrará en su objetivo y que por cumplirlo podría tomar decisiones de guerra con desenlaces sangrientos. Por ello necesitará a alguien quien lo frene de mandar inútilmente a las tropas Aqueas a una tumba segura. Con un consejo, Agamenón no tendrá más opción que escuchar a la mayoría, así que hay que encontrar a consejeros sensatos, y no, Diomedes no es uno de ellos -mencionó Odiseo.
-Por más que quieras a mi padre como amigo la verdad es que como persona no le tienes mucha estima, ¿verdad? -y Odiseo se burló- Odiseo será parte del consejo, y pienso que Acamante también debe serlo -apuntó Shana al de Cáncer, dando órdenes por toda la playa.
-No está mal -aceptó Odiseo-. También debería estar Néstor en la lista. Su sabiduría será una gran ayuda -y Shana asintió-. Pero, si tenemos a 3 consejeros contra la tiranía de Agamenón, sospechará. Propongo a Menelao. Aunque sea un corazón gélido, Agamenón sentirá que tiene siempre el apoyo de su hermano -y Shana asintió.
-Pero falta alguien más. Néstor, Acamante, Agamenón, Menelao y Odiseo, se requiere de un sexto, o tendremos una balanza desequilibrada. ¿Qué hay de Aquiles? -y Odiseo lo negó- Ya veo… las mismas razones de negar a mi padre aplican para él. ¡Idomeneo! -y Odiseo pensó en el rey de Creta- ¡Sería como honrar a mi tío Poseidón! ¡Tener a un miembro de su ejército en la Corte de los Aqueos! -y Odiseo sonrió.
-Me parece la decisión más sensata. Y fortalecerá la relación con el señor de los mares -y Shana asintió con alegría-. ¿Deberíamos tener a otros 2 miembros? -y Shana lo pensó- ¿Qué hay de Calcas? -preguntó Odiseo.
-Es verdad… Calcas puede interpretar las señales de los dioses y leer el futuro… no estaría nada mal que se atendieran sus consejos, pero… eso nos dejaría con la necesidad de un octavo miembro -y Odiseo asintió-. Umm… había un hombre de confianza de mi padre… -y Odiseo se horrorizó-. Se llamaba, ¿cómo se llamaba? -y Odiseo lo negó fervientemente- ¡Ah! ¡Palamedes! ¡Mi padre decía que tenía el genio táctico militar de Odiseo! -y Odiseo enfureció.
-¿Quéeeee? -gritó Odiseo- ¡Diomedes imbécil! -gritó Odiseo, y Diomedes, quien en ese momento ayudaba a Aquiles y a Automedonte a montarse correctamente en un auriga con la ayuda de Esténelo, miró a Odiseo desde la playa con incredulidad- ¿Cómo te atreves a compararme con el imbécil de Palamedes? ¡Yo soy muy superior a él! -gritó.
-¿Eh? ¿A qué Espectros viene esa queja? -se preguntó Diomedes- Odiseo, estás actuando muy extraño. Nunca he entendido por qué odias tanto a Palamedes. Siempre buscaba la forma de que nos divirtiéramos todos juntos. Nos llevó a muy buenos burdeles -y Shana enfureció.
-¡Definitivamente no será parte del consejo! -y Diomedes se rascó la barbilla sin saber la razón del desprecio de Shana- ¡Jum! ¡Burdeles! ¿Cuál es el placer de ir a esos lugares tan burdos e indecorosos? ¡Jamás lo entenderé! -se quejó Shana.
-En tu caso en específico entiendo tu molestia. Pero para muchos como tu padre es una forma de vida -y Shana enfureció ante las palabras de Odiseo-. Mi diosa… por favor… -y Shana se cruzó de brazos-. En todo caso… supongo que eso deja a Palamedes fuera del consejo. ¿Entonces quien…? -comenzó.
-¡Diomedes! -ordenó Shana, y Odiseo se preocupó- ¡Lo quiero donde pueda vigilarlo todo el tiempo! ¿Me escuchaste? ¡No te permitiré perversiones! ¡Padre idiota! -y Diomedes se preocupó- ¡Los miembros del consejo son Néstor, Acamante, Menelao, Diomedes, Agamenón, Odiseo, Calcas, Palamedes e Idomeneo! ¡Nada de burdeles! ¡Punto final! -se molestó Shana.
-Odiseo, ¿qué diantres le dijiste a Shana? -y Odiseo se preocupó un poco por la mirada sombría de Diomedes, quien se tranquilizó, y miró a Odiseo con normalidad- Como sea, no tienen nada de qué preocuparse. Le he hecho un juramento a Egialea cuando la dejé como reina de Argos. Le he jurado serle fiel, por favor no se preocupen -y Shana bajó la mirada, un poco apenada-. Supongo que me lo he ganado por mi reputación, pero Shana, solo concéntrate en la guerra, yo haré lo mismo. Mi intención es volver y amar a Egialea como se debe -y Shana asintió-. Entonces. ¿Estoy dentro o fuera del consejo? -preguntó.
-Dentro… -y Diomedes bajó la cabeza, y sombras oscuras lo rodearon-. Soy egoísta… quiero… que mi padre esté orgulloso de mí mientras tomo decisiones de guerra… y también… quiero seguir aprendiendo de padre… -y Diomedes sonrió, y le acarició la cabeza a Shana-. ¿Estás molesto? -y Diomedes lo negó.
-Jamás podría -le sonrió Diomedes-. De momento, debo volver a las lecciones de auriga de Aquiles y Automedonte. Trata de no preocuparte por las doncellas asiáticas. No las acosaré -y Shana asintió, y Diomedes fue a donde Aquiles y Automedonte, mientras el General de Poseidón de Hipocampo cabalgaba siguiendo las instrucciones de Esténelo, y Aquiles intentaba torpemente mantenerse a pie dentro del auriga,
-Iré a hablar con Agamenón y le explicaré lo que esperamos de él -le mencionó Odiseo, y Shana asintió-. Mientras tanto, ve con Acamante. Le hará bien tener una distracción. Ha contado los navíos 30 veces ya y según él le faltan 50 que provienen de Chipre -terminó Odiseo.
-¿Chipre? ¿No es parte de Anatolia? -y Odiseo no supo qué decir, pero Shana se dirigió a Acamante, quien volvía a contar todos los barcos desde el principio- Rey Acamante. ¿Aún no estamos listos para zarpar? -preguntó.
-¿Oh? Diosa Athena -se alegró Acamante-. Lo lamento mucho, pero. Según la lista que los consejeros reales me apoyaron en completar, tenemos 1,186 navíos, y cada uno tiene 100 soldados dentro. He contado a los soldados y excluyendo a mi señorita y al señor Poseidón, son en efecto 118,600 lanzas en total. Tengo los nombres de todos anotados en un cofre con los pergaminos. Todos los que se han reportado han venido -y Shana se impresionó.
-Entonces… -comenzó Shana, quien veía las ojeras en los ojos de Acamante por el continuo contar, lo que preocupaba a Shana-. ¿Dónde está el problema, Acamante? ¿Qué te impide tomarte un descanso? ¿Y qué nos impide zarpar? -preguntó.
-Verá… lo que me impide dormir es diferente de la contabilidad… es un trauma que fácilmente no se irá… -y pequeñas flamas fantasmagóricas rodearon a Acamante mientras recordaba aquel acto que lo traumatizaba-. Dejando eso a un lado. El rey de Chipre, Cíniras, es nuestro principal socio comercial de cobre con Anatolia. Agamenón, Menelao, y un servidor, pagamos una muy generosa cantidad de dinero por la lealtad de Cíniras, quien nos permitirá paso por el Mar Negro hasta llegar a Chipre. Solo queríamos pasaje seguro para no levantar las sospechas Troyanas, pero Cíniras terminó prometiendo que enviaría a 50 barcos. No especificó la cantidad de lanzas que proporcionaría a la causa, pero estimamos una llegada de 5,000 soldados más. Lo que nos impide partir es la promesa de Cíniras. 5,000 soldados son bastantes. Sería una desgracia tener que negarlos -y Shana asintió, comprendiendo el retraso de la empresa-. Cíniras no está obligado bajo juramento, pero. Cualquier ayuda se agradece -terminó.
-Diosa Athena -escuchó Shana a Agamenón, quien llegaba en ese momento con Odiseo, e hizo una reverencia ante la diosa-. He recibido la noticia. Me honra el que me haya elegido como el Rey Supremo de esta empresa. Le aseguro no defraudarla -y Shana le regresó la reverencia-. En cuanto los 50 barcos que faltan lleguen a Aulis, nos embarcaremos en dirección a Troya.
-Me temo que los 50 barcos han llegado. Pero no como los esperábamos -mencionó Acamante, y el grupo miró en dirección a un navío solitario, cuyos soldados lanzaban pequeños barcos de madera por la borda, que flotaban con dificultad-. 47… 48… 49… tal parece que Cíniras cumplió su promesa de una forma de lo más cínica. Dijo que enviaría 50 barcos, y aquí los tenemos. Uno real, y 49 de juguete, pero barcos de cualquier forma -mencionó Acamante, y Agamenón enfureció.
-¿Qué clase de broma es esta? -gritó Agamenón, y el viento resopló con furia, y alrededor del barco se formó la imagen de cosmos de un Cíniras inmenso, quien se burlaba de Agamenón- ¡Rey de cobre! ¿Qué pretendes? -enfureció Agamenon, y los Aqueos se reunieron en la playa.
-Veo que son más de 4 reinos los que marchan a la guerra en contra de Troya. Muy impresionante -mencionó Cíniras, y Poseidón llegó ante Shana, sintiéndose sorprendido-. Veo que entre sus filas también están presentes el Dios de los Mares, y la Diosa de la Sabiduría en la Guerra. Estén enterados entonces de que este pequeño truco que he preparado no es un truco cualquiera. Afrodita bendijo mi tierra, Chipre siempre ha estado bajo su humilde servicio. Es por ello que soy capaz de hacer esto, transmitir mi cosmos a los títeres dentro de este barco. Se enfrentan a dioses muy poderosos -sonrió Cíniras.
-¿Afrodita? -preguntó Poseidón- Ya veo… desde la mañana he sentido un viento rodear toda Aulis. Afrodita estaba tendiendo una red, y el Titiritero, Cíniras, es capaz de conectarse a esa red. Afrodita se ha aliado a Hades -terminó Poseidón.
-No es la única diosa que se ha aliado con Hades, mi señor Poseidón -sonrió Cíniras-. En todo caso, por los números que poseen esta sin duda alguna es una pelea inútil. Todos mis soldados sin duda alguna morirán. ¡Claro que sería así si estuvieran vivos! ¡Jajajajaja! ¡100 soldados de cobre hubieran sido suficientes para irrumpir en las líneas de 4 ejércitos! ¡Pero no son un desperdicio! ¡Ellos no tienen vida, y ustedes, solo tienen una! ¡Jajajajaja! ¡Marioneta de Cobre! -gritó Cíniras, y cuando el barco se acercó, el grupo vio a un ejército de soldados de cobre tomar las armas y comenzar a disparar flechas en dirección a los sorprendidos Aqueos, quienes comenzaron a caer asesinados por el ataque sorpresa. Shana inclusive sintió que se desmayaría, cuando una flecha de cobre entró y salió por el cráneo de un joven Aqueo que ni siquiera se dio cuenta del momento en que murió- ¡Migdalión! ¡Termínalos! -ordenó el cosmos gigante de Cíniras, y un Espectro inmenso, vistiendo una Suplice de un soldado Troyano de cuerpo completo, saltó del barco, y aplastó a 2 soldados Aqueos quienes murieron por la terrible presión del gigante.
-¡Mátenme! ¡Denme la muerte gloriosa que deseo, Caballeros de Athena y Generales de Poseidón! -gritó el inmenso Espectro, tomando a un confundido soldado Aqueo de los brazos, y partiéndolo a la mitad de una forma horrible y de un solo movimiento- ¡Yo soy Migdalión de Coloso, Estrella Terrestre del Seguimiento! ¡Soldados de cobre! ¡Antes de caer llévense a todos los Aqueos que puedan! -y así comenzó, los soldados de cobre eran una minoría por mucho, pero un golpe de ellos lanzaba a decenas de soldados por los aires, quienes morían al caer mal parados, o con los huesos perforados por los tremendos impactos. Shana lo presenció todo, mientras los Aqueos morían sin siquiera haber llegado a Troya.
-¡Aqueos! -gritó Agamenón- ¡Por la gloria de Hélade! -los soldados se lanzaron contra las estatuillas- ¡Áyax! ¡Gigante contra gigante! ¡Tráeme la cabeza de Migdalión! -ordenó Agamenón, y el poderoso Caballero de Tauro se lanzó en contra de Migdalión, a quien alejó en dirección a la playa- ¡Cíniras inútil! ¡Solo enviaste a tus soldados a la muerte! ¡Excalibur! -gritó, y uno de los soldados de cobre perdió un brazo- ¿No hay sangre? -preguntó.
-Tonto Agamenón, mis soldados de cobre no sienten dolor. ¡No son siquiera humanos! -y el soldado de cobre abatido impactó el rostro de Agamenón con fuerza, y el cuerpo de Agamenón derribó a varios de los Aqueos- ¿No lo entiendes? ¿Qué importa si mi ejército será derrotado? Mis obras de arte pueden volver a ser construidas, poseo toda una ciudad llena de estas bellezas. Pero tú, Agamenón. Por más soldados que tengas, cada uno que muere no regresará. ¡Puedes tener un millón de soldados! ¡Son vidas que definitivamente se perderán! ¡Mis soldados valen por 100 cada uno! ¿Cuántos soldados Aqueos crees que puedan derrotar? -preguntó Cíniras.
-¡Tigre Descendiente de Pelión! -resonó el grito de Aquiles, quien destruyó a un soldado de cobre al impactarlo a toda velocidad con el Tigre mientras Automedonte guiaba el auriga de Aquiles- ¡No nos subestimes! ¡Rey de Cobre! ¡A la carga, Automedonte! -ordenó Aquiles.
-¡Olas Ascendentes! -reunió su cosmos con una mano Automedonte, y lanzó un tremendo puñetazo a otro soldado de cobre, que fue lanzado por un inmenso torbellino de agua, destruyéndolo por los poderosos vientos, y al mismo tiempo tirando de las riendas de Janto y Bailo, que relincharon con orgullo- ¡Todavía no me acostumbro! ¡Pero creo que puedo combatir mientras conduzco! -sonrió Automedonte.
-No esperaba menos de ti -le sonrió Aquiles, sacó su espada, y dio sus órdenes-. ¡Mirmidones! ¡Sean soldados reales o de cobre! ¡Hoy comienza nuestra gran empresa! ¡Marchen! ¡Enorgullezcan a Athena! ¡Enorgullezcan a Poseidón! ¡Que Hades y Afrodita tiemblen ante nuestro poderío! ¡ATAQUEN! -y los hombres de Aquiles derribaron a los soldados de cobre.
-¡Antíloco! ¡Conmigo! -gritó Patroclo, y Antíloco se materializó junto a él- ¡Ya aprenderemos a combatir en un auriga, hoy mis colmillos resonarán en la tierra! ¡Plasma Relámpago! -lanzó su ataque Patroclo, y el cobre atrajo los destellos, y electrificó todo a su alrededor.
-¡Gea, Diosa de la Tierra! ¡Dame la fuerza de crear este milagro! -comenzó Antíloco, reuniendo una inmensa cantidad de cosmos, mientras Gea, la Diosa de la Tierra, Titánide Primordial, se alzaba en respaldo de su cosmos- ¡Esta es la fuerza de la Titánide Primordial! -prosiguió, extendió las manos, y Gea las extendió con él- ¡Prominencia de Gea! -unió las manos, y la tierra resonó, liberando una energía descomunal de cosmos de color dorado, y rompiendo las estatuas en miles de pedazos- ¡Los tenemos cubiertos, Aquiles! -Aquiles asintió, y sabiendo que sus Mirmidones resistirían, él y Automedonte continuaron dispersándose alrededor de toda la playa, buscando soldados de cobre, y destruyéndolos.
-¡Ejecución Aurora! -resonó el grito de Menelao, quien congeló a los soldados, que no se detenían por sus vientos fríos, pero que se movían cada vez más lento- El cobre no deja de ser un metal, mi furia será divina, pero mi mente no es una razón de burla. ¡Soldados de Esparta! ¡Ataquen! -ordenó, y los lentos soldados de cobre comenzaron a caer.
-¡Extinción de la Luz de las Estrellas! -gritó Epeo, y transportó a 3 soldados de cobre al mar, donde se hundieron como rocas- ¡Esto es demasiado sencillo! ¡Extinción de la Luz de las Estrellas! -continuó, y más soldados desaparecieron- Casi es patético -se burló, y un soldado de cobre salió del agua y alzó su espada, la bajó, y Epeo reaccionó muy lento, pero para su fortuna, Acamante detuvo la espada con su guante de navajas retractiles-. ¡Maestro! -gritó Epeo, y Acamante lanzó al soldado de cobre a un lado.
-¡Epeo! ¡Evadir un problema no es solucionarlo! -reprendió Acamante- Si lanzas a un soldado de cobre al mar, este tarde o temprano caminará hasta la playa. ¡Piensa antes de actuar! ¡Pinza de Cangrejo! -gritó Acamante, y partió a un soldado en pedazos.
-¡Flecha de Sagitario! -gritó Teucro, y la flecha dorada se clavó en otro soldado de cobre que salía del mar, otra flecha de cosmos azul se clavó en otro, y los arqueros por excelencia, Teucro y Filoctetes, comenzaron a competir.
-¡La Otra Dimensión! -resonó el grito de Néstor, quien se elevaba al cielo con un grupo de 10 soldados de cobre, y cuando estuvieron a una distancia aceptable, Néstor comenzó a reunir energía en sus manos- ¡La técnica máxima de los Caballeros de Géminis! ¡Explosión de Cumulo de Estrellas! -lanzó su ataque, y cometas de cosmos destrozaron a los soldados de cobre.
-Políxeno, quédate cerca -protegió Anfímaco a Polixeno, quien intentaba detener a los soldados de cobre con su flauta, pero estos no tenían ni oído ni cerebro-. Tal parece que somos inútiles en esta batalla, nuestras técnicas funcionan a través de los sentidos, y estos armatostes no los tienen -explicó, pero formó su látigo, amarrándolo al pie de un soldado y tirando de este con fuerza-. O al menos, esa es solo una posibilidad. Siempre ten la mente abierta. Si tu cosmos no es suficiente. ¡Usa la fuerza de tu mente! -gritó, tiró del látigo con todas sus fuerzas, lanzando al soldado de cobre en dirección a otro, y ambos quedaron pulverizados bajo el peso del otro.
-Algo no está bien… -habló Diomedes, con su lanza lista, y rodeado de al menos 20 soldados de cobre-. ¿Por qué siento que estos soldados me desprecian? -los soldados se lanzaron contra Diomedes, quien los evadió y perforó con su lanza pues sus agujas igual que las rosas de Anfímaco y la flauta de Políxeno, eran inútiles- ¿Alguna idea, Odiseo? -preguntó.
-Diomedes, eres fácil de ser odiado -respondió Odiseo, quien combatía a su lado-. ¡La Fuerza del Titán! -brilló el cosmos de Odiseo con fuerza alrededor de su cuerpo, y los soldados de cobre que fueron atrapados por el destello de plata fueron convertidos en añicos- ¡Megas Impacto! -continuó Odiseo, reuniendo el cosmos del titán en su puño, y lanzando el tremendo puñetazo, que destrozó a otro par, y al resto los repelió con su espada.
-¿Qué hay del Megas Depranon? -preguntó Diomedes, defendiéndose a punta de lanza- En estos momentos nos serviría la guadaña de Cronos. ¡Filo Escarlata! -lanzó un destello de corte, que partió a un soldado de cobre por la mitad- Sin mis agujas me siento como un inútil -explicó Diomedes.
-No puedo usar el Megas Depranon con total libertad al estar rodeado de nuestros aliados. Corro el riesgo de perder el control y rebanarlos a ellos -explicó Odiseo-. Además. La prioridad es defender a Shana -mencionó, mientras formaban un perímetro alrededor de Shana y Poseidón.
-Si tu preocupación es Athena, lo tengo cubierto -respondió Poseidón, alzó la mano, y un relámpago azul cayó del cielo, y formó el tridente de Poseidón-. Títeres molestos -prosiguió Poseidón, creando un escudo alrededor de él y de Shana, que los de cobre no podían cruzar-. Tarde o temprano, tendremos que combatir nosotros. Pero solo será cuando sea otro dios quien combata, no olvides que los humanos deben mostrar su valía. Si dependen de nuestra fuerza, serán inútiles -Shana lloró y se arrodilló, y Poseidón sintió pena por ella, se agachó, y la abrazó-. Tu tío está aquí… pero tienes que aprender a valerte por ti misma, o bajará la moral de tus hombres -Shana asintió, pero se cubrió los oídos, cerró los ojos, e intentó soportar la masacre a su alrededor, sabiendo que tenía que acostumbrarse a ella, sabiendo que era también Guerra y no solo Sabiduría.
-¡Gran Cuerno! -resonó el grito de Áyax, quien derribaba a Migdalión a orillas de la playa- ¡En verdad debes tener un deseo de muerte, inútil! -se burló Áyax, y Migdalión de Coloso se lanzó en su contra con ambos brazos brillándole de cosmos oscuro, Áyax le siguió con los suyos envueltos de dorado, y los inmensos guerreros forcejearon el uno en contra del otro mientras el agua de la playa a sus pies se arremolinaba alrededor de ambos, alejando a los Aqueos de donde se encontraban por los torbellinos de agua generados por sus cosmos.
-Deseo morir… -le mencionó Migdalión-. El dolor es insoportable… muero y muero y muero… pero siempre resucito, mi alma no puede soportarlo, cada vez que vuelvo a la vida es más doloroso, no recibo castigo en el Hades… pero tampoco recibo consuelo alguno. Muero y revivo, resucito eternamente. ¡Quiero morir! ¿Por qué tú si puedes morir y yo no? ¡Impacto de Colosus! -gritó, y su cosmos creció en la forma de una figura enorme, un ser mitológico que se conocía como el Coloso, estatuas vivientes con el único propósito de matar, y con su inmensa espada intentó aplastar a Áyax.
-¡Gran Defensa! -gritó Áyax, materializando un escudo inmenso, detrás del cual se ocultó mientras el cosmos de Migdalión continuaba tratando de cortarlo- Su cosmos está lleno de dolor… es inmenso… si no fuera por mi escudo ya me habría hecho trizas -el Coloso continuó golpeando el escudo dorado continuamente, intentando romper los brazos de Áyax-. ¡Seré el héroe más grande de los Aqueos! ¡Serás mi primera presea, inútil! ¡JAJAJAJAJA! ¡Si no puedo superar tu fuerza, entonces no merezco ser un Caballero Dorado! ¡Por eso! ¡Debo brillar más que nadie! ¡Soy el Caballero Dorado de Tauro! ¡Gran Cuerno! -gritó Áyax, empujando el escudo con el Gran Cuerno, rompiendo la espada del Coloso, y lanzándose en contra de Migdalión, golpeando su rostro, recibiendo también un golpe de Migdalión, y así continuamente en una batalla física que con cada golpe hacía templar toda la playa de Aulis. Los impactos causaban tremendas ondas de choque, y los Aqueos a orillas de la playa, no fueron más que espectadores. Ya habían eliminado a los soldados de cobre, pero Cíniras seguía sonriente, y mirando a los sorprendidos Aqueos, quienes no podían acercarse a Migdalión-. Si tanto quieres morir, ¿por qué me la haces difícil? Aunque no me quejo, en realidad es divertido. Posees una fuerza que sorprendería a Heracles -sonrió Áyax.
-Morir… deseo morir… solo mátame… o yo te mataré… morir… quiero morir… -Áyax lo alzó y lo lanzó al mar nuevamente, lo embistió e intentó ahogarlo, pero Migdalión lo alzó y lo impactó de un puñetazo-. Morir… jajaja… morir… -continuó Migdalión.
-Así es, hijo mío… busca la muerte -sonrió Cíniras-. Busca la muerte y enséñales a los Aqueos el por qué no pueden ganar esta guerra a pesar de los números. Demuéstrales que la muerte no te da miedo, que la deseas, pero no por ello demuestras debilidad alguna. Demuéstrales la fuerza de los Espectros -y Migdalión logró derribar a Áyax de un poderoso golpe, inclusive le había tumbado el casco, que había quedado medio enterrado en la arena, y Áyax comenzó a respirar pesadamente, y a limpiarse la sangre de su nariz rota, pero con una sonrisa en su rostro. Agamenón ordeno a los Aqueos tomar las lanzas, y así lo hicieron, pero Áyax los detuvo.
-¡Está es mi batalla, Rey Supremo! -gritó Áyax- Desde un inicio sabían que no tenían posibilidades. Solo llegaron y mataron, sabiendo que solo nos herirán superficialmente. Pero será una verdadera herida profunda, si yo, Áyax, me dejo derrotar por este infeliz. ¿Qué imagen les daría a mis soldados si eso pasa? No… voy a derrotarte… y usaré mi técnica máxima para lograrlo -estiró los brazos Áyax, abriéndolos en su totalidad, quedando con el pecho al descubierto, mientras el cosmos lo rodeaba. Migdalión se lanzó en su contra, asestó un tremendo golpe, pero Áyax lo resistió, y sonrió. Migdalión le regresó la sonrisa y continuó golpeando varias veces. Áyax lo continuó resistiendo. Teucro se preocupó, preparó su arco, pero Áyax sintió sus intenciones-. ¡No te atrevas! -y Teucro desistió- Él es mi presea. ¡Y esta es mi técnica máxima! ¡Nova Titánica! -cerró los brazos, y todos los alrededores estallaron en un cráter que se formó por el cosmos de Áyax, como la erupción de un volcán, que al final, dejó a Áyax en el suelo, sonriendo, y a Migdalión con su cuerpo hecho añicos en medio del cráter- ¡Nadie sobrevive a la Nova Titánica! ¡JAJAJAJA! -y Áyax se desmayó.
-¡Hermano! -se preocupó Teucro, corriendo hasta donde su hermano y ayudándole a levantarse- ¡Tonto! ¡Esa técnica pone mucha presión en tu cuerpo! ¡Toda tu sangre debe estar hirviendo! ¡Te he dicho que no debes utilizarla! -se preocupó Teucro.
-Muerte… -escucharon, y tanto Áyax como Teucro se impresionaron-. La muerte… está tan cerca. Pero aún no ha llegado -se puso de pie Migdalión, pero sus brazos se convirtieron en cenizas, así como la mitad de su pecho-. Muerte -los Aqueos estaban perplejos, Shana estaba horrorizada, y Cíniras se reía.
-Ver sus rostros no tiene precio -se burló Cíniras, y Agamenón, furioso, lanzó un corte a su representación de cosmos, cortó el barco a la mitad, y el barco comenzó a hundirse, pero Cíniras continuaba en el cielo, inmenso, y burlándose de los Aqueos-. Tonto… Migdalión es un Espectro. No lo puedes matar como a los demás. Solo cuando su cuerpo quede enteramente destrozado, su alma maltrecha regresará al Hades, elegirá un nuevo huésped, y volverá a perseguirlos a todos. Puedes intentarlo un millón de veces, mientras su alma aguante, él seguirá regresando -Áyax se puso de pie, y encaró a Migdalión, se lanzó a él, y le golpeó el rostro con todas sus fuerzas, rompiéndole el cuello, pero Migdalión sobrevivió. Áyax enfureció, se preparó para volver a intentarlo, pero Shana gritó primero.
-¡Alto! -ordenó, y Áyax desistió- ¿Quieres decir, Cíniras… que los 108 Espectros de Hades son así? ¿Seguirán resucitando continuamente? Matando a más y más de mis Aqueos, teniendo oportunidades ilimitadas -y Cíniras sonrió.
-Ya lo estás comprendiendo, Athena -se burló-. No solo podemos atacarlos con soldados de cobre, sino que los Espectros son invencibles al resucitar una y otra vez. Claro que eso destroza sus almas, y cuando estas se extinguen, y su existencia se agota, la Estrella Guardiana buscará a otro huésped. Y así eternamente. No hay forma de detener a los Espectros -terminó.
-Pero se puede retrasar su renacimiento al menos 1,000 años -habló Poseidón, y miró a Cíniras con una sonrisa sombría-. ¿No me crees, Espectro? No hay forma de sellarlos, a menos… que los enviemos al Tártaros directamente -y Cíniras se horrorizó- Athena… pienso que en esta guerra te alegrarás mucho de tenerme a tu lado. La Trinidad Divina Griega, Zeus, Poseidón y Hades, poseen una fuerza divina capaz de llamar a Tátaros, el Dios de la Oscuridad Infinita, la prisión viviente de los dioses. Puedo extender una barrera que envíe a los muertos directamente al Tártaros sin pasar por el Hades. Quien cae en el Tártaros, es torturado por 1,000 años antes de poder ser merecedor de la reencarnación. Pero hay un problema. La bestia no distingue entre amigos o enemigos. Tendrás que elevar tu cosmos continuamente, alrededor de los 118,600 soldados Aqueos. Si fallas en rodearlos a todos mientras la bestia esté libre, quien muera se irá al Tártaros -todos los Aqueos, sin excepción, palidecieron ante la noticia-. De momento, crearé una pequeña barrera alrededor de Migdalión solamente. Pero en Troya, si deseas que los Espectros se queden muertos, pero que tus soldados no sufran ese horrible destino, tu cosmos deberá ser tan alto para rodearlos a todos. Así que… comienza a practicar, Athena. Salva a tus fieles, o condénalos por tu debilidad. ¡Puerta del Tártaros! -gritó Poseidón, y el cielo se rompió, tornándose rojo carmesí y lleno de relámpagos- La puerta del Tártaros está abierta, y la inmensa Serpiente de las Sombras espera el sacrificio -sonrió Poseidón.
-¿Qué has dicho? ¿Poseidón tiene semejante fuerza? -se horrorizó Cíniras- ¡La Serpiente de Sombras de colmillos de relámpagos! ¡Tártaros! ¡Migdalión! ¡Huye! ¡Maltrecho o no, eres mi hijo! ¡Migdalión! -pero Migdalión le respondió a su padre con una sonora carcajada- ¡Migdalión! -insistió Cíniras.
-¡Se te acabó la suerte, alfeñique! -se tronó los dedos Áyax- ¡Es hora de cumplirte tu deseo! ¡Gran Cuerno! -gritó Áyax, y Migdalión rio con más fuerza, mientras todo su cuerpo era destrozado, y su alma, como un cosmos oscuro, miraba a Áyax con una sonrisa, antes de comenzar a flotar dentro del Tártaros, y ser rodeado por la inmensa Serpiente de Sombras- Que bestia más terrible… solo verla me produce escalofríos -mencionó Áyax, y la Serpiente comenzó a rodear el alma de Migdalión, abrió sus fauces, que estaban rodeadas de relámpagos en lugar de colmillos, y Tártaros se tragó a Migdalión.
-¡Noooooooooo! -gritó Cíniras, y Poseidón lo miró con desprecio- ¡Malditos! ¡Poseidón! ¡Yo te maldigo! ¡Me has arrebatado a mi hijo! ¡Infeliz! ¡Afrodita! ¡Dame la fuerza para vengarme de Poseidón! -gritó Cíniras, y los vientos de tormenta se intensificaron, como si afrodita le brindara su bendición a Cíniras.
-¿Afrodita darte fuerzas? -sonrió Poseidón- ¡Soy un Dios Primordial! -gritó Poseidón, su voz sonando como la del verdadero regente de los mares que en ira divina miraba a Cíniras- ¿Crees poder insultarme, sucio mortal? ¡Parece que no conoces tu lugar! ¡Tu pequeña isla, Chipre, puedo tragarla en las profundidades con solo desearlo! -Shana se horrorizó, y abrazó a Poseidón, quien en ese momento se calmó, y su ira se disipó.
-Tío Poseidón… no lo hagas… -suplicó Shana-. Una isla entera no merece ser castigada por la insolencia de uno solo… por favor… eres un dios de bondad… -continuó Shana, pero Poseidón miró a Cíniras con desprecio.
-Al menos con su alma en el Tártaros me conformaría… pero con este cuerpo, no podría tocarlo desde la dimensión en que se encuentra -se quejó Poseidón por la juventud de su cuerpo inexperto, pero en ese momento, Agamenón se posó a un lado de él.
-Entonces, mi señor… es una fortuna que entre los presentes haya uno que pueda cortar las dimensiones -Poseidón lo miró fijamente, mientras Agamenón materializaba su espada dorada, y la rodeaba de cosmos, mientras el espacio comenzaba a distorsionarse-. ¡Si es la cabeza de Cíniras la que quiere! ¡Yo se la daré! ¡Tártaros! ¡Recibe a este maldito mentiroso! ¡La Fisura en el Espacio! -gritó Agamenón, y el corte destrozó las dimensiones, dirigiéndose a la imagen de cosmos de Cíniras, atravesándola, y un hilo de sangre comenzó a caer por la frente de Cíniras. Tártaros abrió sus fauces, y se tragó la imagen completa de Cíniras, antes de que la puerta del Tártaros se cerrara, y todos se quedaran sin habla ante la proeza de Agamenón-. Aprovecharé este momento en el que tengo su atención para hacer un anuncio -mencionó Agamenón- ¡Yo soy Agamenón, Caballero Dorado de Capricornio y Rey Supremo de los Aqueos! ¡Cómo lo han visto, los dioses están de nuestra parte! -explicó- Por el comportamiento traicionero de Paris. No tendremos ningún problema para saquear Troya, que es inmensamente rica. Su caída nos permitirá el paso hacia el Mar Negro. Los Troyanos, que guardan los estrechos, ahora nos hacen pagar el doble por todos los productos importados de Oriente, como la madera, el hierro, las pieles, los perfumes, las especias y las piedras preciosas. ¡Esa es la recompensa de esta empresa! ¡No solo el hacer justicia por la afrenta de un cobarde! ¡Sino que, con los dioses de nuestro lado, obtendremos glorias y riquezas! ¡Por Athena! ¡Por Poseidón! ¡Por la justicia! ¡Ni Hades podrá detener a los Aqueos! -y el grito de ovación a Athena, a Poseidón, y al Rey Supremo de los Aqueos, resonó por toda la playa, aunque Shana se sentía sumamente abatida, y atemorizada.
Anatolia. Chipre. Ciudad de Pafos. Palacio del Rey de Cobre.
-¡Rey Cíniras! ¡Mi rey Cíniras! -lloró Anficlas de preocupación, mientras el Espectro se volvía, con los ojos repletos de lágrimas, y con el corte de su cuerpo dividiéndolo- ¡Mi rey! -gritó, y Lodis gritó de dolor al ver a su padre muriendo.
-Rey… de cobre… -comenzó Cíniras-. No olvides tu promesa… el nombre de tu hijo… será Cinortas… -y Cíniras se partió a la mitad, horrorizando a Anficlas, y traumatizando a Lodis, a quien Anficlas abrazo con fuerza.
-¡Ethon! ¡Padre está! ¡Padre está! -y aunque Lodis fuera solamente su esposa obligada, Anficlas la abrazó, intentando calmarla, y tragándose sus propias lágrimas que amenazaban con revelar su verdadero género- ¡Paaaaadreeeee! -y Anficlas se mordió los labios.
-Yo no sé… lo que es tener un verdadero padre… pero… -y Anficlas le secó las lágrimas-. Te juro que voy a cuidarte… lo juro… al menos cumpliré esa promesa… -y Anficlas cayó en sus rodillas- Porque… Cíniras… no puedo cumplirte el darte un nieto llamado Cinortas… no puedo… yo… no soy un hombre… -y Anficlas no lo soportó más, y se soltó en un llanto incontrolable-. ¡Cíniras! ¡Estabas demente! ¡Pero fuiste incluso más un padre para mí de lo que fue Héctor! ¡Cíniras! -y Lodis sintió el dolor de Anficlas, y la abrazó- Cuidaré de ti… lo juro… incluso si tengo que renunciar a lo último que me queda de mi antiguo ser… seré tu rey… y tú serás mi reina… necesitaré el poderío de Chipre para vengar a tu padre… lo vengaré… -Lodis asintió, y ambas lloraron con fuerza.
