Siento su traición, no llegamos a los dos dígitos en los reviews T_T. En fin, debido a cuestiones del mito, que poco a poco van influyendo en la historia con temas más candentes, debo pedirles discreción al leer. No es muy explícito, pero como ya les había advertido, esto se basa en el mito, hay incesto, relaciones de infidelidad, y muchas otras cosas, como también lo es las relaciones entre menores y gente mayor. En este capítulo específico, se supone que el mito dice que una joven de 14 años fue entregada a un rey en matrimonio, así que, no es mi idea, así va el mito, por favor, no me juzguen. Lamento si alguien se ofende, en fin, a contestar reviews:
Toaneo07 Ver2.0: El favoritismo de Diomedes no lo puedo sacar mi estimado, porque Diomedes y Odiseo en verdad fueron los caballeros favoritos de Atenea, así que es un guiño al mito original, pero trataré de que no sea muy molesto. Y sí, es un libro de verdad el que estoy escribiendo, ya llevo 130 páginas.
Mee: Te extrañaba, Mee. Jajaja, que bueno que te gusta como torturo a Anficlas, pobrecita. Me he tomado algunas libertades en esa parte. Estoy tratando de poner a los Espectros como individuos con sus propios problemas y no como malnacidos asesinos al servicio de Hades, espero me esté resultando. Jajaja, la actitud de Aquiles seguirá evolucionando, gracias por mencionarlo.
midusa: No te preocupes por Acamante, ya se está recuperando, pronto tendrá una buena participación junto a Diomedes, tú confía en mí. En este capítulo no sale Anficlas pero ya nos acercamos a lo que todos quieren saber de ella, y Acamante ayudará bastante.
TsukihimePrincess: Gracias por tu review Tsuki, poco a poco iremos abordando más batallas. Esta historia tiene una gran gama de personajes así que espero no te aburras con ellos. Gracias por seguirme leyendo.
DaanaF: Oye Danaaf, ¿dónde quedó tu hermana la otra Dafne? ¿La escondiste? Jajajajaja. Anficlas representa al Espectro de Ethon, el águila que se come los intestinos de Prometeo, solo que Anficlas se cambió el nombre al de su armadura, Ethon. Anficlas descansa en este capítulo, pero ya pronto finiquitará su situación y veremos qué pasa. En cuanto a los dioses, son los que apoyan a cada bando en la Illiada y la Odisea, así que Apolo en verdad apoyará a los Troyanos. Poseidón y Áyax seguirán saliendo como protagonistas indiscutibles, espero disfrutes mi versión de Poseidón. Pero como todos sabemos, no siempre se quedará así.
Lord Dracon: Enumerar los años no va a ser tan sencillo como piensas, tendré que tomarme algunas libertades en esa parte pero intentaré ser lo más preciso posible. ¿No has leído la illiada amigo? Entonces no sabes de lo que te has perdido, Afrodita es una verdadera amenaza en esa guerra, y en este capítulo comenzarán sus travesuras. Muchos personajes tristemente tendrán una pronta muerte, yo podría hacer esta historia eterna con todo el material que hay pero eso los aburriría, así que, lo seguiremos viviendo T_T. Anficlas no ha terminado de sufrir, le falta un horrible sufrimiento que desgarrará su ama, pero bueno, eso lo veremos pronto. Jajaja, Áyax tiene mucho que contar, nadie respeta a los Tauro, pero este Tauro, está listo para la grandeza. Jajaja y sí, Shana le hace bulling a Aquiles. Por cierto, muchas gracias por tus reviews de Guerras Doradas también. Casandra ha escuchado tu invocación y ha decidido aparecerse, jajajajaja.
Liluz de Géminis: Umm… creo que Shana no tiene mucho interés en las edades de los demás, jajaja. Odiseo ya va teniendo sus momentos de gloria, Diomedes sin embargo, poco a poco se va a tener que ir distanciando para dar protagonismo a Odiseo, lástima. Jajaja, dudo mucho que Diomedes pueda derrotar a Aquiles, pero sería una pelea muy pareja. Ok, lo del romance con una estatua de cobre, en realidad el que tenía ese romance era la suegra de Cíniras, pero me agradó la idea porque Cíniras se casa con la hija de una mujer que tuvo relaciones con una estatua de cobre que cobró vida. ¿Te refieres a si Lodis quedará embarazada de Diomedes? Umm… no lo sé, ¿tú qué piensas? Jajajajaja. Lo de Diomedes y Anficlas se resolverá creo en el capítulo 4 del año uno… creo… y sí, los Meteoros de Ethon son una copia de los Meteoros del Águila. Ethon es como una fusión de Pegaso y Fénix. Jajaja, que bueno que te cae bien Áyax. En realidad yo cometí un error con Áyax que ya es muy tarde para enmendar, Áyax conoce a Tecmasa en la guerra de Troya y la toma de concubina pero, ya es muy tarde para arreglar esa pate T_T, he fallado. Agamenón se supone que sea odiado, por eso tiene una parejita tan linda como Casandra, jajajajaja. Que ha escuchado las plegarias de los fans y ha escapado de sus propias vacaciones para visitarnos.
Abaddon DeWitt: Espero que ya hayas terminado tus parciales para que puedas disfrutar de esta entrega, que aunque algo corta, ya va tomando forma. Tal vez Pose te parece adorable porque lo es, jajaja. No te preocupes, el libro estará disponible en línea, ya estoy buscando una ilustradora.
kyokai1218: Jajajajaja, me encantó cómo empezó tu review. Sí, los nombres griegos pueden llegar a ser confusos pero escribiste correctamente el nombre de Migdalión. Jajaja, la verdad me estoy divirtiendo mucho con Anficlas, y con Aquiles, por un lado Aquiles es hombre y se hizo pasar por niña, y por el otro, Anficlas es mujer y se hace pasar por niño, jajajajaja es muy divertido. Jajaja con gusto te autografío el libro, y en cuanto a tu pregunta de Jasón y Heracles. No, Athena no había reencarnado en esos momentos, Jasón y Heracles no lograron ser caballeros de Athena.
T_T, me faltó el review número 10, y ese lugar estaba apartado para Daf, me ha abandonado T_T sniff, en fin, disfruten.
Saint Seiya: Guerras de Troya.
Troya: Año Uno.
Capítulo 2: Los Castigos de Afrodita
Hélade. Playa de Aulis. Año 1,195 A.C.
Reinaba el silencio en la playa de Aulis. Más de 100,000 almas se mantenían en silencio por las pérdidas causadas por los aliados a los Troyanos, que con solo 2 hombres habían logrado asesinar a valientes guerreros Aqueos. Solo se escuchaba el sonido de las piras funerarias, que reunían los cadáveres asesinados por los soldados de cobre, por Migdalión, y por Cíniras, el ahora difunto rey de Chipre.
Acamante era el único que se movía, se reunía con cada uno de los reyes y les pedía que le informaran las identidades de los caídos. Shana lo miraba fijamente, mientras el de Cáncer llevaba la contabilidad, y calculaba la reparación a las familias afectadas. Una vez realizados sus cálculos, y mientras Calcas hacía los honores a los caídos sacrificando un becerro, Acamante se dirigió a Shana y a Agamenón, declarado Rey Supremo de la expedición.
Poco a poco se reunieron los 9 miembros del consejo. Néstor de Géminis, el viejo y sabio rey de Pilos. Acamante de Cáncer, uno de los co-reyes de Atenas, específicamente de la región del Santuario. Menelao de Acuario, el ofendido por Paris de Troya y rey de Esparta. Diomedes de Escorpio, rey de Argos y padre adoptivo de Shana. Agamenón de Capricornio, el Rey Supremo y soberano de Micenas. Idomeneo de Crisaor, General de Poseidón y rey de Creta. Calcas de la Copa, de descendencia Troyana, pero quien eligió por voluntad propia el ofrecer servicio en el Santuario. Palamedes de Perros de Caza, príncipe de Nauplia, ingresado al consejo pese a las quejas de Odiseo. Y, por último, Odiseo de Altar, el rey de Ítaca, consejero de Shana y el Caballero de Plata más poderoso de todos. Poseidón también estaba en el grupo, siempre junto a Idomeneo. Pero como ya todos sabían, el Dios de los Mares había cedido voluntariamente el liderato de la expedición a Shana.
-Es una lástima que la primera sesión del Consejo Aqueo sea para la contabilización de las bajas -terminó Acamante, y Shana bajó la cabeza avergonzada-. De 118,600 soldados, hemos perdido a 137 en este ataque que, aunque inútil, logró doblegar la moral de los hombres ya que nosotros solo logramos aniquilar a 2. Nos quedan 118,463 lanzas. En cuanto a las reparaciones, el cobre de estas estatuas será suficiente de momento. Será fundido y enviado a las familias en cuanto termine la guerra -terminó Acamante.
-¿Ya se han llenado los barcos? -preguntó Agamenón, y Acamante asintió- Entonces ya no tenemos nada que hacer aquí. Zarparemos inmediatamente, alguna objeción, ¿Dios de los Mares? -preguntó Agamenón.
-Se los he dicho -comenzó Poseidón-. Como aliado de los Aqueos, no conjuraré mares embravecidos, torbellinos, corrientes marinas, o los atacaré con alguna de mis bestias. Por eso pueden estar tranquilos -les recordó-. Pero el viento no es mi dominio. Sé que suena imposible, pero me sentiría más cómodo si viajaran a remo -pero esa opción era impensable.
-Si nuestros hombres reman todo el viaje a Troya, estarán agotados y caeríamos ante el poderío Troyano sin importar cuantas lanzas tengamos -mencionó Odiseo-. Si Poseidón dice que los vientos serán un problema, recomiendo atender con prudencia a los temores. Pero el viaje a Troya es de 2 Lunas a la mar con viento favorable. A remo nos tomaría casi el doble -y Poseidón asintió.
-De todas formas, están advertidos -continuó Poseidón-. Deben tener mucho cuidado, los vientos no estarán de nuestro lado. Haré lo posible por mantener al oleaje en dirección a Troya para agilizar la empresa, pero tendré a 2 diosas molestándome todo el tiempo. Afrodita quien domina los vientos, y Artemisa quien con su Luna interfiere con mis mareas. De día mantengan las velas, de noche, que se humedezcan los remos -sugirió Poseidón.
-Tal parece, que la guerra ha comenzado sin siquiera llegar a Troya -mencionó Néstor-. Una guerra entre los dioses. Estaremos bajo su protección, amo Poseidón -Poseidón no dijo nada, solo se limitó a concentrar su cosmos y conjurar mares en calma. El resto del consejo, miró a Shana, esperando su aprobación.
-Hades ha dejado sus intenciones bien en claro. No le teme a la guerra, sino que la busca -comenzó Shana, y todos asintieron-. Cuando Cíniras llegó, lo hizo con seguridad pensando en que solo llevaríamos 4 ejércitos. Pero los Aqueos están conformados por 30 reinos. Pienso que lo mejor es marchar antes de que las noticias de nuestros números se esparzan por toda Asia y lleguen a oídos Troyanos dándoles tiempo de reforzar sus defensas. Lo único que saben los Troyanos es que marchamos en su dirección, pero tengo la esperanza de que, al ver nuestro número, recapaciten sus decisiones, nos entreguen a Helena, la debida retribución, y se selle la paz con Hades. ¿Lo crees posible, tío Poseidón? -preguntó.
-A menos que Hades tenga tendencias suicidas, dudaría mucho que prosiguiera con el acto de guerra, en especial sabiendo que yo controlo, igual que él, la puerta del Tártaros -agregó Poseidón mientras abría uno de sus ojos saliendo de su concentración-. Lo que me recuerda, Athena. Comenzaremos con tu entrenamiento sobre la omnisciencia divina -y Shana se preocupó-. No olvides que si quieres derrotar a los 108 Espectros, debo abrir la puerta del Tártaros, y que solo debo abrir la puerta del Tártaros en el momento en que un Espectro sea malherido, no puedo mantener la puerta abierta todo el tiempo, o quienes mueran del bando Troyano serán tragados por Tártaros, y si tu cosmos flaquea, los Aqueos abatidos también -Shana comprendió la temible responsabilidad-. Por fortuna, viajaremos por mar por un par de Lunas. Elevarás tu cosmos alrededor de las 1,186 naves Aqueas, y conocerás a cada uno de los 118,463 soldados restantes. Aprenderás sus nombres, y sus cosmos. Si fallas al menos en conocer a uno solo, y este muere mientras la puerta del Tártaros esté abierta, lo condenarás al sufrimiento eterno por 1,000 años, esa es la regla -Shana tristemente no se sentía lista-. Todo estará bien… te entrenaré… estoy seguro de que lo lograrás, mi querida sobrina -Shana sonrió, y asintió-. Es hora de irnos. Agamenón, que todos suban a las naves -y así lo hicieron. Subieron a las naves, soltaron las amarras, y comenzó el largo viaje a Troya.
Anatolia. La Troade. Monte Ida.
-Ow, me siento tan celosa -habló Afrodita, quien había tomado posesión de una joven muchacha Troyana de cabellera anaranjada y piel blanca muy hermosa, quien vestía sedas preciosas de color rosado brillante. Era muy joven, apenas llegaba a los 14 años, pero era hermosa, igual que todas las hijas de Príamo-. ¿Te agrada este cuerpo, mi amado Ares? Es el cuerpo de Creúsa, la hija más joven de Príamo, incluso soy más joven que Paris. Soy la princesita de mi nuevo padre, casi no me da celos que Athena se lleve tan bien con el tío Poseidón. Pero oye, ¿no pudiste elegir a un hijo de Príamo más atractivo? Ese cuerpo es un vejestorio -se quejó Creúsa.
-Equetrón es, después de Héctor a quien Hades me prohibió poseer, el hijo más fuerte de Príamo -mencionó Ares, acercándose con un cuerpo de un hombre de 28 años de edad, y vistiendo una armadura negra que no pertenecía a las Suplices, sino que era una de las armaduras del dios Ares, con espinas oscuras saliendo de sus hombreras, una lanza inmensa, y un escudo de su misma altura. Se les llamaba Berserkers. Equetrón era parcialmente moreno, y su rostro estaba cubierto de bello facial-. Además, Equetrón es un hijo bastardo de Príamo. Al viejo rey no le importará mandarme siempre al frente. De momento, sin embargo, me apetece probar a mi hermanastra Creúsa -sonrió Equetrón, empujando a Creúsa al suelo y besándola con extrema lujuria-. Se mía, Afrodita, dame este cuerpo tan hermoso. Pero la respuesta de Creúsa fue patearle con la planta de su pie el rostro a Ares.
-No lo haré -se quejó-. Este cuerpo aún virgen está comprometido con Eneas, el rey de Dardános. Así que, tristemente no podrás abusar con lujuria de este cuerpo tan joven -y Ares enfureció-. Soy propiedad de Eneas, mi hijo favorito. Darle a tan dulce niña por esposa será placentero en más de una forma -sonrió.
-Estás enferma, Afrodita. Tu lujuria no conoce límites -se quejó Equetrón-. No será tu cuerpo original, pero, ¿te entregarás en cuerpo ajeno a tu propio hijo? Eso es una demencia. No sé cómo llamarlo -se quejó Ares.
-Lujuria. No es incesto si no es mi propio cuerpo, pero igual lo voy a disfrutar -y Equetrón enfureció-. No viste lo que yo vi, Ares. 118,600 soldados. Si queremos derrotar semejante poderío, hay que debilitarlos lo más que podamos. Mis vientos los llevarán lejos de Troya, al sur. Es necesario enemistar a los reinos vecinos a Troya para unirlos en contra de los, llamémoslos, invasores Aqueos. El reino de mi nuevo amado, el hermoso Eneas, está en Dardános al norte de Troya y al otro lado del Monte Ida, en el Estrecho del Helesponto. Una posición estratégica bastante favorable para una guerra. Así que, mientras yo estoy siendo sucia con Eneas, cuento contigo para asesinar a cuantos Aqueos puedas, amado mío -lo besó Creúsa, y Equetrón intentó a la fuerza seducir a Creúsa-. No te atrevas -se quejó, y Equetrón se separó con odio-. De momento, aún tengo pendientes en el Monte Ida. Déjame sola, necesito concentrarme en mover los vientos al sur. Los Aqueos se llevarán una sublime sorpresa -Equetrón maldijo, y se retiró con ira.
Mar Egeo. Aguas cercanas a Lesbos. Navíos Aqueos. 2 Lunas más tarde.
-Manténganse cerca de los navíos de Argos -comenzó a dar órdenes un joven rey, de cabellera rubia-castaña, y una barba corta y bien delineada y sin bigote. Tenía ya 21 años, un rey joven, y fuerte, quien incluso se las había arreglado para vestir una Armadura de Bronce perteneciente a la constelación de la Corona Boreal, que lo rodeaba como si fuera de cristal en lugar de Bronce-. Esta sensación… -comenzó el joven, y una gentil sonrisa se le dibujó en el rostro-. Continúen, no pierdan de vista las naves de Diomedes. Pronto llegaremos a tierra y los quiero a todos concentrados -terminó el de Bronce, que caminó de regreso a sus aposentos, seguido de la figura de cosmos dorado de Shana.
-Tienes al parecer una conexión con mi padre. Pero no he oído hablar de ti -mencionó la proyección de cosmos de Shana, y el joven le sonrió-. Tal parece, y según el listado que Acamante se encargó de entregarme, que eres el último en la lista. Tersandro de Corona Boreal, también llamado el Caballero de Cristal -hizo una gentil reverencia Shana.
-Mi diosa. Deseo arrodillarme ante usted, pero eso causaría confusión a mis hombres. Permítame honrarla en la privacidad de mis aposentos -Shana asintió, y siguió al Caballero hasta su cuarto, donde el joven se arrodilló-. Me presento formalmente ahora, mi nombre es Tersandro de Corona Boreal. Rey Supremo de Tebas, co-rey junto a Peneleo de Dragón Marino. Su padre me ayudó a adquirir ese trono durante la guerra de la Venganza de los Epígonos, la batalla de los hijos de los 7 Contra Tebas. Eso fue hace aproximadamente 6 años, cuando su padre tenía 14 -terminó.
-Padre no me cuenta de la Guerra de los 7 Contra Tebas con mucha frecuencia. He escuchado que es muy complicada de entender -mencionó Shana, sentándose en la cama de Tersandro-. Lo único que sé es que fue una guerra entre Tebas y Argos liderada por mi bisabuelo Adrasto, el abuelo de Diomedes. Y que, en esa guerra, mi padre perdió a su padre, Tideo -mencionó Shana.
-También perdí a mi padre en esa guerra -mencionó Tersandro-. Mi padre se llamaba Polinices, él y Tideo, el padre de Diomedes, se casaron con las hijas de Adrasto. Pero tanto Tideo como Polinices eran príncipes desterrados, y Adrasto intentó recuperar sus reinos. El reino de mi padre era Tebas, el de Tideo era Calidón. Los 7 Marcharon a Tebas y solo Adrasto volvió -y Shana asintió, recordando las palabras de su padre-. 10 años después, los Epígonos, los hijos de los 7, entre ellos Diomedes, Esténelo y yo, conquistamos Tebas en venganza. Esa es la versión corta, la historia completa es muy larga como para quitarle el tiempo. Sé que le cuesta mucho observarnos a todos -y Shana asintió-. Todos agradecemos su esfuerzo -terminó.
-El esfuerzo es en realidad de ustedes. Yo no arriesgo mi vida en la guerra, y eso me deprime… solo puedo verlos morir -aceptó Shana con dolor, y Tersandro le sonrió-. Tú también vas a darme esa respuesta, ¿verdad? La he escuchado al menos 118,462 veces. Si tú lo dices también, la habré escuchado de todos -terminó Shana.
-Entonces lo diré -sonrió Tersandro-. Es un verdadero honor, el luchar y dar la vida de ser necesario, en el nombre de nuestra diosa Athena -Shana suspiró, y bajó la mirada-. ¿No cree que si 118,463 soldados le dicen eso… es porque es verdad? -y Shana sonrió- Pronto desembarcaremos en Troya. Sabemos que algunos moriremos. Pero todos tenemos diversas razones para realizar este viaje. Justicia por los que tememos que Paris se salga con la suya, riquezas por los que desean la comercialización del Mar Negro. Otros simplemente lo hacen por gloria. Pero la mayoría, lo hace por derrotar a Hades, y permitir a Athena reinar en paz y sabiduría -y Shana se alegró-. Por favor, no piense que todos combatimos por el juramento. Si bien eso nos forzó a venir, todos encontramos un significado a esta guerra. Confiamos en usted para mantener nuestra moral, y si morimos en batalla. Sepa que todos vinimos preparados para ello, y que continuaremos la guerra en el mismo Hades de ser necesario -y Shana le tomó la mano a Tersandro.
-He escuchado palabras similares de los 118,462 restantes. Acamante incluso me ayudó a hablar con todos los caídos -sonrió Shana, y lloró de alegría-. Ni uno solo de los caídos me recriminó nada. No sé lo que ocurre en el Hades. Pero todos me apoyaron -Shana desapareció, y su cosmos regresó a su cuerpo en el navío principal de Agamenón-. Todos han sido muy amables, tío Poseidón -terminó Shana, ya en su cuerpo nuevamente. Pero Poseidón se encontraba distraído-. ¿Pasa algo? -preguntó Shana, y Poseidón despertó.
-Puede que no sea nada -le respondió Poseidón-. Durante las 2 Lunas de viaje he intentado leer los vientos, saber si hemos perdido el rumbo. Pero según los reportes de los hombres de Agamenón, acabamos de pasar Lesbos, y Lesbos está al sur de Troya. Algunos barcos han comenzado ya el desembarco. Pero algo no me parece bien. He sentido la presencia de Afrodita, aunque muy tenuemente. ¿Qué está planeando? -se preguntó Poseidón, pero no podía pensar más. Los barcos soltaban anclas.
Dárdano. Palacio de Dárdanos. Habitación de Eneas.
-Corren más peligro de lo que crees, Poseidón -sonrió Afrodita, quien se cubría el cuerpo desnudo de Creúsa con las sabanas de seda que la rodeaban a ella y a Eneas, su nuevo marido-. Para celebrar mi matrimonio, me apetece una buena masacre -se acurrucó sobre el pecho de Eneas, un hombre mayor, de barba anaranjada y cabellera del mismo color, y cuyos ojos azules comenzaban a despertar-. Mi amado Eneas. Tengo miedo -fingió llorar Creúsa-. He escuchado que hombres malos planean atacar el reino de mi padre. No los dejarás, ¿verdad? -le suplicó Creúsa.
-Te preocupas demasiado, mi bella Creúsa -la besó Eneas-. Troya posee murallas impenetrables. Estará bien por sí misma. No necesitan de la movilización de los Dárdanos, e incluso si fuera así, Troya se ganó su propia guerra por el Rapto de Helena. Los Dárdanos no tenemos por qué involucrarnos -terminó, molestando a Creúsa-. De todas formas, los Aqueos no tienen por qué atacar a un reino que no sea Troya. Si así lo hicieran, contemplaría la posibilidad -terminó Eneas.
-Entonces la intervención de Dárdanos está asegurada -sonrió Creúsa, quien abrazó el brazo de Eneas con lujuria-. Mi hermoso Eneas. De hacerse la guerra, Afrodita seguramente te protegerá, y serás el más fiero entre todos los guerreros. Será un deleite verte en batalla -sonrió Creúsa, besó a Eneas, y el rey de Dárdanos la arropó bajo las sabanas.
Misia. Sala del Trono del Rey de Misia.
-¡Señor Télefo! ¡Señor Télefo! -resonaron los gritos de un hombre horrible y con una joroba que le impedía caminar correctamente. Este llegó a la habitación del trono de Misia, donde el anciano rey permanecía sentado. El temeroso Misio respiraba pesadamente intentando reponerse- Mi señor, es terrible. Un ejército, son al menos unas 100,000 lanzas. Desembarcaron en la costa, vienen en nuestro encuentro.
-¿Qué has dicho, Zelos? -preguntó Télefo, el anciano rey, y sus 2 generales, de cabellos negros y pieles pálidas como la mayoría de los Asiáticos, intercambiaron miradas de incredulidad- Zelos, no hagas escándalos innecesarios informante inútil. ¿Por qué viajaría un ejército en contra de Misia? El conflicto que tienen los Aqueos es en contra de Troya de quien no somos aliados. Esos adoradores de Hades pueden irse al Tártaros en lo que a mí concierne.
-¡Pe-pe-pe-pero mi señor! ¡No le mentiría! ¡En verdad es un ejército! ¡Pasaron por el Helesponto entre el Quersoneso y la Troade! ¡Seguramente perdieron el rumbo por la neblina! -insistió el horrible Zelos, y Télefo comenzó a preocuparse- Han comenzado a acomodar sus ejércitos a los alrededores de Misia, nuestras murallas deben de haberlos confundidos con las de la poderosa Troya y la Isla de Proconeso seguro les pareció Lesbos. Este número de soldados mi señor, haría pedazos incluso las puertas Esceas de Troya -lloró Zelos.
-Mi señor -habló uno de los soldados-. ¿Y si fuera cierto? ¿Y si los Aqueos han confundido a Misia con Troya? Los mares del Helesponto se han visto rodeados de neblinas últimamente. Cualquiera perdería el rumbo -insistió el soldado.
-Escúchate, Crómide. Solo un idiota creería en esas palabras -se quejó Télefo-. La única tierra aliada de Troya es extrañamente Chipre, la isla más al sur de Anatólia, y he escuchado que es únicamente por el matrimonio del príncipe Ethon con la joven Lodis. Príamo también ha casado a Creúsa, su hija más joven, con ese tal Eneas. Y Dárdanos está en el estrecho del Helesponto, hubieran atacado a la flota Aquea cuando pasaron por el estrecho. En todo caso, a nosotros no nos han ofrecido semejante derecho, no tenemos razón alguna para combatir -terminó, pero su otro general estaba intranquilo-. ¿A ti que te pasa, Énnomo? -se quejó Télefo.
-Mi señor. Y si fuéramos nosotros los atacados, ¿no nos pagaría Troya con la misma moneda? ¿Negándonos los refuerzos que necesitáramos? -y Télefo comenzó a preocuparse- Podrían arrasarnos -terminó.
-En realidad, se encuentran en un horrible predicamento -escucharon los 4, y una sombra oscura se alzó del suelo, materializando a Paris, y forzando a Crómide y a Énnomo a levantar sus espadas-. Por favor, no me hagan reír. ¿Acaso no se han dado cuenta de quién soy? -preguntó Paris, y el trio se sobresaltó- Soy la razón por la que los Aqueos están aquí. Paris, el príncipe de Troya, y no solo eso, mi verdadero nombre… es Hades… el Dios del Inframundo -se presentó Paris, y en la sala se hizo silencio-. Se le envió una invitación de alianza a Troya, mi señor Télefo. ¿Cómo se ha atrevido a negarla? -preguntó Hades.
-¿Hades haz dicho? ¿En verdad eres un dios? -preguntó Télefo- ¿Qué hace un dios fingiendo ser el hijo de Príamo? ¿Sabe Príamo al menos esto? -continuó, y Paris le sonrió- ¿Qué quieres, príncipe Paris? -terminó Télefo sin creer en la identidad de Paris como Hades.
-Castigarte por negarme alianza -sonrió Paris-. Los Aqueos poseen un ejército numeroso. Ellos creen que no lo sé, pero Hades lo sabe todo. Cíniras lo descubrió, y Ethon mandó mensajeros lo más rápido posible a advertirnos -Télefo tragó saliva con fuerza, y Crómide y Énnomo continuaron apuntando sus espadas a Paris-. Troya envió solicitudes de ayuda y tesoros a varias ciudades de Anatolia, incluida esta. ¿Cuál fue su respuesta, mi rey? «No es mi guerra», ¿verdad? -y Télefo asintió.
-Príamo tiene la culpa del mal que asecha a Troya por permitirte a ti, imprudente imbécil, el raptar a una mujer ajena. ¡No iremos a la guerra por defender a un cobarde! -Paris sonrió, y lanzó su cosmos a Crómide y a Énnomo, azotándolos contra paredes distantes. Zelos por su parte, tembló de miedo y se ocultó- ¿En verdad eres Hades? -preguntó Télefo.
-Y tú en realidad acabas de negar a un dios -Télefo tragó saliva con fuerza-. Pero descuida, les daré herramientas para defenderse. Considérenlos regalos de un vecino ofendido en busca de una alianza -Paris elevó su cosmos, y 4 Suplices se materializaron-. La Rana, Estrella Terrestre de la Rareza -apareció una Suplice, y esta estalló y vistió a Zelos con ella-. Deathworm, Estrella Terrestre de la Perforación -continuó Paris, y la Suplice escarlata de un gusano apareció frente a Crómio, y lo vistió con la horripilante criatura a la fuerza-. Aracne, Estrella Terrestre de la Cautividad -continuó, y una Suplice azul con la forma de una araña con el cuerpo de arriba de la cintura perteneciendo a una mujer, estalló y vistió a Énnomo-. Y, por último, para el rey. Archifiend, Estrella Terrestre de la Muerte, y la Suplicio Obsidiana del Opuesto de Virgo. ¿Acaso no soy bondadoso? Le he brindado una de las Suplices más poderosas de mi ejército -apareció frente a Télefo la Suplice de un ser humanoide y esquelético, con alas inmensas como de murciélago, una cola larga y terminando en una punta de flecha, y un cráneo alargado con las fauces abiertas y con los ojos brillando con fuego. La figura estalló, y Télefo quedó revestido de un negro intenso como la obsidiana-. Este es el castigo para los que niegan a Hades… el ver a sus pueblos arder. Pero no te preocupes, Télefo, el resto de los pueblos de Anatolia, que se unirán a Troya cuando vean la injusticia de los Aqueos al quemar a Misia hasta sus cenizas, vengarán todas las injustas muertes -Paris sonrió, y desapareció, tragado por flamas oscuras.
-¡Hades! ¿Acaso envió a los Aqueos a propósito a nuestras costas? Pero entonces eso significa -Télefo se asomó por el balcón de su castillo, y miró arder las casas de algunos pobladores Misios quienes huían despavoridos mientras los ejércitos Aqueos marchaban dentro de la ciudad-. ¡No! ¡Hades! ¡Malnacido! ¡Sintieron su cosmos y nos creyeron aliados de Troya! ¡Crómide, Énnmo! ¡A las armas! ¡Ya es muy tarde para intentar razonar! ¡Hades nos ha vuelto sus aliados a la fuerza! ¡Zelos! -se dirigió al Espectro de la Rana, quien huía de la guerra- ¡Maldito cobarde! ¡Rugido del Inframundo! -gritó, y de su boca salió disparada una tremenda fuerza de cosmos llameante, que apenas y Zelos logró esquivar, pero que hizo volar en pedazos una sección del castillo- ¿Cómo he hecho eso? -sintió Télefo un cosmos rodearlo, y Crómide y Énnmo sintieron lo mismo- Ya veo… son estas Suplices… Hades en verdad desea una masacre… juro que me vengaré de alguna forma, Hades -lloró Télefo por el engaño, y miró a Crómide y a Énnmo-. Pero ahora, hay que salvar a Misia. ¡Vayan y detengan la avanzada Aquea! ¡Usen las malditas Suplices de ser necesario! -y ambos asintieron, y corrieron al encuentro.
Murallas de Misia.
-¡No lo entiendo! ¡Esto no debería ser tan sencillo! ¿Acaso no pensaron que vendríamos por Helena a la fuerza? -se preguntó Odiseo, quien con Toante de Pegaso a su lado derribaba a varios soldados Misios- ¡Arqueros de Ítaca! ¡Fuego! -ordenó, y los Arqueros bañaron a los soldados Misios en una lluvia de flechas.
-Tal vez se creyeron muy fuertes por sus murallas -apuntó Diomedes, como siempre cerca de Odiseo, y con Esténelo de Argos a su lado-. Áyax las derribó de un solo movimiento, creo que jamás se lo esperaban -apuntó Diomedes, mientras el gigante corría haciéndose paso por la ciudad en una tremenda embestida, y con los soldados Salaminos y Teucro detrás de él.
-¡JAJAJAJAJA! ¿Quién de ustedes alfeñiques será mi próxima presea? -gritó Áyax con fuerza- ¡Miren bien, imbéciles! ¡Este cinturón de batalla perteneció a Migdalión! ¡Ahora Áyax lo viste con orgullo! ¡JAJAJAJAJA! ¿Quién tiene una presea que valga la pena conservar? -preguntó Áyax mientras presumía el cinturón de cuero negro y bordados morados que ahora llevaba atado al peto de su Armadura Dorada como la presea porde la derrota de Migdalión- ¡No lo olviden! ¡A quien les pregunte, fueron derrotados por Áyax! -gritó.
-¡Momento! -se quejó un Caballero de Plata, con un escudo hexagonal con el rostro de Medusa con el que petrificaba a sus adversarios- ¿Cómo puedes acreditarme muertes que no he causado? ¿Quién Hades te crees que eres para ensuciar el nombre de Áyax de Perseo, príncipe de Locrice? -apuntó el caballero rubio y de ojos fieros.
-¡Yo soy Áyax de Salamina! ¡Caballero Dorado de Tauro! ¡Y le atribuyo a mi nombre lo que me plazca! -gritó Áyax, y el par se azotó la cabeza el uno contra el otro y comenzaron a empujarse hasta que Teucro los separó.
-¡Par de tontos! ¡Estamos en guerra! ¡Si ambos se llaman Áyax es una tonta coincidencia! -y Teucro tomó a ambos de los brazos y saltó, evitando así que fueran golpeados por una lluvia de flechas de los Misios. Teucro entonces los lanzó a cada uno en direcciones contrarias- ¡Áyax de Salamina! ¡Te apodan el Grande! ¡Así te distinguiremos! ¡Áyax de Locrice! ¡Lo siento mucho, pero desde ahora te llamaremos Menor! ¡Áyax el Menor! ¡Ahora dejen de quejarse y a combatir! ¡Trueno Relampagueante! -gritó Teucro, derribando a varios soldados de un golpe de cosmos tremendo.
-¡Mirmidones! ¡Conmigo! -gritó Aquiles desde su auriga, guiada como siempre por Automedonte. Protesilao de Orión y Podarces de Dragón montaron cada uno un auriga, cogiendo las riendas. Patroclo subió con Protesilao y Antíloco subió con Podarces- ¡Por la gloria de los Aqueos! ¡Ataquen! -gritó Aquiles, y con los 3 aurigas de guía, los Mirmidones se adentraron en la ciudad en sus armaduras negras y siendo guiados en tierra por Fénix de Heracles, quien fue el primero en saltar con el puño envuelto en llamas, caer frente a los Misios, y pulverizar el suelo, lanzando a los Misios por todas partes- ¡Lo dejo en tus manos, Fénix! ¡Nosotros asediaremos el palacio Troyano! -y Fénix sonrió.
-Ese mocoso no aprendió mucho de autocontrol de ti, Quirón. Atacando el palacio de frente -sonrió Fénix, incinerando su cosmos de flamas plateadas-. Pero de igual manera se ha convertido en un guerrero excepcional. Y no defraudaré su confianza. ¡Puño Fantasma! -gritó, y una docena de Misios fue derribada por el tremendo impacto. Pero entonces fue obligado a saltar evadiendo una inmensa esfera de plata envuelta en púas que un gigante entre los Misios blandía, era tan alto como el mismo Áyax de Salamina- ¿Un gigante? Hace tiempo que no enfrento a uno de ustedes. Esto será divertido. ¡Maza de Heracles! -conjuró Fénix, materializando el garrote de plata en su mano derecha- ¡Mirmidones! ¡Dispérsense! ¡Este es mío! -los Mirmidones obedecieron, formando un perímetro, y el gigante blandió su esfera amarrada a una cadena e intentó matar a Fénix, quien lo evadió, y golpeó la mandíbula del inmenso ser con su maza- ¡La Prueba del Héroe! -impactó, y la tierra se partió bajo sus pies, mientras flamas plateadas incineraban al gigante.
-Lo sabía, Fénix es el indicado para liderar siempre que me adelante -se alegró Aquiles, quien entonces sintió un cosmos oscuro-. ¡Patroclo! ¡Antíloco! -y ambos asintieron, saltaron de los aurigas, y esperaron en la plaza principal- ¡Automedonte! ¡Regresa con los Generales Marinos! ¡Protesilao y Podarces! ¡Apoyen a Fénix! ¡Estos no son enemigos comunes! -continuó Aquiles, y el de Orión y el de Dragón obedecieron.
-¡Aquí vienen! -gritó Patroclo- ¡Relámpago de Voltaje! -conjuró, y una sombra se movió por los callejones evadiendo a Patroclo al enterrarse en la tierra- ¿Cómo? -se sorprendió Patroclo, pero saltó a momento en que la tierra bajo sus pies se abría revelando a Crómide de Deathworm, quien atacó lanzando de 2 colmillos en sus manos un ácido verdoso, que Patroclo evadió, pero que al tocar el suelo comenzó a derretirlo.
-Esto no debería pasar… fuimos engañados -preparó los colmillos de su Suplice Crómide, y se lanzó en contra de Patroclo, quien lo evadió con agilidad-. ¡Pero por Misia! ¡Yo, Crómide de Deathworm, los derrotaré a todos! ¡Colmillos de Deathworm! -gritó Crómide con los colmillos rodeados de centellas escarlata, que lanzó contra Patroclo, quien los atrapó con su mano rodeada de relámpagos, disipando los escarlatas y preparando su puño.
-¡Relámpago de Voltaje! -gritó, y Crómide cubrió con los colmillos, Patroclo se lanzó a él, e impactó con fuerza en contra de los colmillos, que resistieron el impacto- ¡Más fuerza! ¡Necesito más fuerza! ¡Que las garras del Tigre fortalezcan los colmillos del León de Nemea! ¡Zarpa Llameante! -unas garras retráctiles como las que usaba Acamante se formaron en el puño izquierdo de Patroclo, quien clavó la garra al suelo, y lanzó un potente corte de fuego, que forzó a Crómide a enterrarse en la tierra, pero fue expulsado por el corte que había incluso penetrado la misma- Aquiles… este sujeto, Crómide, llamó a esta ciudad Misia… -explicó Patroclo, y se vio forzado a evadir las estocadas con los colmillos rodeados de ácido de Crómide, e incluso a bloquearlo con su propia arma.
-Pero entonces eso significa que no estamos en Troya -se sorprendió Antíloco, quien junto a Aquiles se mantenía a la espera de sentir algún cosmos, sintiendo una agresión, y formó un escudo de luz con su mano, que fue rodeado por un líquido azul y viscoso que se extendió en forma de telaraña alrededor del mismo, tiró de él, y jaloneó a Antíloco, quien fue impactado en su rostro por la tremenda patada de Énnomo.
-Así es, esto no es Troya. ¡Es Misia! ¡Una tierra que se había mantenido neutral hasta que ustedes la invadieron! ¡Telaraña de Aracne! -gritó Énnomo, y atrapó a Antíloco en telares azules que comenzaron a electrificarlo. Aquiles pensó en ir en su auxilio, pero aún había un tercer cosmos presente- ¡Malnacidos! ¡Asesinaron a inocentes sin razón! -gritó Énnomo, lanzando a Antíloco a una pared y rompiéndola con su cuerpo.
-No atacamos hasta sentir el cosmos de Hades… si esta no es Troya… obviamente es un reino aliado. ¡Resplandor de Gaia! -gritó Antíloco, y una luz dorada se extendió alrededor de su cuerpo, lanzando a Énnomo a una pared cercana- ¡Madre Tierra! ¡Bríndame tu fuerza! ¡Destello del Olimpo! -atacó con ambas manos, lanzando una fuerza de cosmos que empujó a Énnomo, quien extendió las patas de la Suplice de Aracne, y cada una lanzó el líquido viscoso alrededor de la ciudad, llenándola de telarañas electrificadas por donde Aracne corrió con agilidad. Antíloco preparó su látigo dorado, lo lanzó, y atrapó a Aracne por el pie y lo azotó al suelo, pero Énnomo colocó su mano sobre la tela, que aún rodeaba a Antíloco, la electrificó, y Antíloco comenzó a gritar de dolor.
-Los mataremos. Protegeremos Misia -extendió las manos, y las 8 patas de Aracne se reunieron alrededor de las mismas, formando una esfera de relámpagos mientras Antíloco se convulsionaba por el dolor de la electricidad rodeándolo-. ¡Juicio de Aracne! -lanzó la esfera.
-¡Kah! -se liberó Antíloco e incineró su cosmos- Por Athena, Titánide Gea, bríndame la fuerza de derrotar a mi enemigo. ¡Prominencia de Gea! -insistió Antíloco, doblegando a Énnomo con su cosmos.
-Ya me has analizado lo suficiente, ¿no lo crees, Espectro? -preguntó Aquiles, cerrando sus ojos, tranquilizándose- Quirón… te mostraré que no has fracasado y que puedo vencer a tu antiguo campeón, Áyax el Grande, y lo demostraré encontrando gloria en la batalla -susurró, recordando a Quirón, meditando frente a las cascadas del Monte Pelión. Aquiles entonces abrió los ojos, se movió con agilidad, evadiendo la estocada de una lanza que intentaba arrancarle un ojo, pero Aquiles la sintió venir, se apoyó en el talón derecho, y pateó con el pie izquierdo, azotando a Télefo en contra de las puertas del palacio de Misia-. Por fin apareces -se alegró Aquiles-. Pensé que tendría que irrespetar a mi maestro Quirón y hacerte salir a la fuerza. Me alegra saber que no fue así -terminó Aquiles.
-Observa mi reino, muchacho… -mencionó Télefo con lágrimas en sus ojos-. Mira lo que has ocasionado. Una guerra que no debió ser, por un engaño del señor del Inframundo. Somos una minoría, pero nos defendemos como podemos, y sin embargo, nosotros no les declaramos la guerra -apuntó Télefo.
-Dices que no eres aliado de Hades, pero vistes una Suplice -apuntó Aquiles, y Télefo enfureció-. No me pareces tan neutral. Ahora dime tu nombre. ¿A quién se referirán los cantores cuando hablen de mis hazañas? -preguntó.
-Télefo de Archfiend, Estrella Terrestre de la Muerte -habló con tristeza Télefo, preparando su lanza, Aquiles preparó la espada-. Un hombre honrado… de un reino que no deseaba problemas… mi único crimen… fue defenderme de los invasores Aqueos. ¡Rugido del Inframundo! -lanzó las potentes llamaradas, y Aquiles giró en su talón derecho, moviéndose con gracia, casi pareciera una danza, y evadiendo el inmenso ataque que, al estrellarse, lanzó a Aqueos y Misios por igual por los cielos- ¡Aún estoy dispuesto a perdonar! ¡Ríndanse! ¡Y les juro que su ofensa será perdonada! -insistió Télefo.
-No vine a rendirme… vine a encontrar una gloriosa muerte en esta guerra… Télefo… yo ya soy hombre muerto, por ello no tengo nada que temer -prosiguió Aquiles, moviendo sus manos en la forma del Dragón-. ¡Dragón Ascendente de Pelión! -se lanzó, transformado en el poderoso Dragón, y Télefo comenzó a volar, escapando de Aquiles, quien lo siguió incluso en el aire, donde Télefo intentó golpearlo con su lanza, pero fue evadido, y Aquiles incineró su cosmos y rugió como el Tigre, que se formó a sus espaldas- ¡Tigre Descendente de Pelión! -el Tigre Dorado abrió sus fauces, y se tragó a Télefo, estrellándolo en contra del castillo.
A lo lejos, la guerra continuaba, Agamenón daba órdenes, mandando a batallones diversos a asesinar a los Misios sin piedad, diferente de lo que hacían Áyax, Patroclo, Antíloco, Aquiles Diomedes y Teucro. El resto de los Caballeros Dorados no habían sido requeridos, fue sugerencia de Odiseo siempre dejar reservas de los caballeros en caso de emergencia. Epeo, Néstor, Acamante, Menelao y Anfímaco se habían quedado atrás con otro grupo de Platas y Bronces.
Idomeneo de Crisaor también combatía, él tenía mandato absoluto de los Generales Marinos, y había traído en esta ocasión a Peneleo de Dragón Marino, y a Anceo de Lynmades. Automedonte había sido aceptado como Mirmidón, así que mientras Idomeneo no lo requiriera, podía combatir al lado de Aquiles. Meríones de Scilla era el auriga de Idomeneo, por lo que el rey de Creta podía perforar con su lanza las cabezas de los confundidos Misios sin problema. Solo Memnón y Políxeno no habían sido requeridos para aquella batalla.
Pero de todos los soldados, la que más llamaba la atención de Agamenón era su propia hija, Ifigenia, la Caballero de Plata del Águila. Corría a paso apresurado, abriéndose paso entre una multitud, siempre en dirección al palacio con los hombres de Micenas protegiéndola. Ifigenia admiraba a Aquiles, por lo que estaba decidida a apoyarlo directamente en la batalla.
-Tersandro -habló Agamenón, mientras el Caballero de Plata de la Corona Boreal se mantenía cerca de Diomedes, Odiseo, y los soldados Argivos-. Quiero que tomes a los Tebanos y marches en apoyo de los hombres de Micenas que siguen a mi hija y captures el palacio de Troya -mencionó Agamenón.
-Pero mi señor -se apresuró a decir Tersandro-. Tebas está a las órdenes de Diomedes de Argos. No puedo movilizar a todos los Tebanos y dejar a los Argivos solos -pero Agamenón lo miró con desprecio-. ¿Mi señor? -preguntó.
-Soy el Rey Supremo y harás lo que yo te ordene. Todos los pueblos que formen parte del ejército Aqueo me obedecerán. Ahora, haz lo que te digo, protege a mi hija, y asesina a todos los que encuentres. Quiero esta ciudad limpia para conformar nuestros nuevos cuarteles -sentenció Agamenón, y Tersandro, a pesar de repudiar la orden, obedeció.
-¡Tebanos! ¡Marchamos al Palacio de Troya! ¡Traeremos la cabeza de Príamo! -ordenó Tersandro, y los Tebanos se replegaron para sorpresa de Diomedes y de Odiseo, quienes comenzaron a tener bajas de sus soldados, principalmente los arqueros de Odiseo.
-¡Tersandro! ¿Qué crees que haces? -preguntó Diomedes mientras veía a todos los soldados de Tersandro retirarse- ¡Argivos! ¡Avancen! ¡Hombres de Calidón! ¡Defiendan a los Arqueros! -continuó dando órdenes Diomedes a 2 de los 3 reinos que le pertenecían además de Tebas. Calidón era el reino de su abuelo paterno, y los hombres vestidos de jabalíes de bronce pulido que daba el efecto del color dorado, alzaron sus escudos alrededor de los arqueros de Ítaca, remediando la situación- ¡Agamenón! ¿Qué Espectros crees que haces? ¡Ordené a los Tebanos el proteger a los hombres de Ítaca que son mayormente arqueros! ¡Argos, Tebas y Calidón están a mis servicios! ¿Por qué acatan tus órdenes? -preguntó el furioso Diomedes.
-¡Yo soy el Rey Supremo! ¡Y toda orden que yo dé será acatada! -gritó Agamenón- Ahora dejen de quejarse. ¡Estamos por hacer historia! ¡Conquistaremos Troya en el primer asalto! ¡Excalibur! -gritó Agamenón, cortando a una multitud de Misios a la mitad.
-Eso dice… pero no creo que estemos en Troya… -mencionó Odiseo, y Diomedes lo miró-. La muralla es idéntica… pero… estuvimos dentro de Troya antes… debería tener 10 murallas, y ¿dónde Hades está el Monte Ida? -Diomedes buscó en los alrededores, pero el Monte Ida no aparecía- ¡Esta no es Troya! ¿Dónde Hades estamos? -se quejó Odiseo, asesinando a soldados Misios a punta de espada.
Pero Agamenón no escuchaba a nadie, estaba orgulloso de su asedio. Había elegido a los campeones que considero pertinentes, entre los Caballeros Dorados estaban: Áyax de Tauro, Patroclo de Leo, Antíloco de Virgo, Aquiles de Libra, Diomedes de Escorpio, Teucro de Sagitario y él mismo, Agamenón de Capricornio. Entre los de Plata iban Odiseo de Altar, Esténelo de Argo, Fénix de Heracles, Protesilao de Orión, Áyax el Menor de Perseo, y su querida hija Ifigenia de Águila. Los de Bronce eran Tersandro de Corona Boreal, Podarces de Dragón, y Toante de Pegaso. 7 Dorados, 6 de Plata y 3 de Bronce. Si a eso le sumaban a Idomeneo de Crisaor, su Auriga Meríones de Scilla, Anceo de Lynmades, Automedonte de Hipocampo y Peneleo de Dragón Marino, básicamente la victoria parecía asegurada.
Frente al palacio, Ifigenia y Tersandro habían llegado para ver a Patroclo clavar su garra en el pecho de Crómides y lanzarlo fuera de las navajas con fuerza, dejando a Crómides convulsionándose en el suelo, y a Patroclo respirando pesadamente mientras todo su rostro estaba manchado en sangre que era difícil saber si era ajena o no.
-¡Señor Poseidón! ¡Abra la puerta del Tártaros! ¡Estoy por enviar a un Espectro! -gritó Patroclo, incinerando su cosmos, y el cielo fue roto por un relámpago azul, y la Serpiente Oscura, Tártaros, apareció en el cielo.
-Te he escuchado, Patroclo -resonó la voz de Poesidón-. Shana mantiene alzada la barrera alrededor de los Aqueos, pero debes apresurarte, a los Troyanos nadie los protege. ¡No pierdas el tiempo y lanza al Espectro dentro del Tártaros! -y Patroclo asintió.
-Fuiste un gran oponente, pero debo terminar con esto. ¡Tártaros! ¡Acepta a Crómide de Deathworm en tu vientre! ¡Plasma Relámpago! -gritó Patroclo, y los relámpagos cayeron como líneas alrededor de Crómide, electrificándolo, rompiéndole su Suplice, desgarrándole la piel, pero como Espectro, no era suficiente para matarlo, necesitaban causarle un daño irreparable- ¡Maldición! ¡Perdóname por deshonrarte de esta manera, pero tú elegiste la senda del Espectro! -elevó su cosmos Patroclo alrededor de las garras, y un relámpago cayó del cielo, impactando la garra y rodeando todo el cuerpo de Patroclo con los relámpagos- ¡Zarpa Resplandeciente! -gritó Patroclo, corrió, se encorvó debajo de Crómide, y le atravesó la cabeza con la garra, que salió por la parte trasera de su nuca, y electrificó el cuerpo de Crómide, quemándolo horriblemente.
-Yo no elegí… ser un Espectro… -resonó la voz de Crómide, mientras su alma se separaba de su cuerpo-. ¡Asesino! ¡Son unos asesinos! ¡Cobardes! ¡Atacaron un pueblo indefenso! -acusó el alma de Crómide, y Tártaros lo vio, abrió sus fauces, y se tragó al general de Misia mientras este soltaba un alarido de dolor y pena.
-¡No cierre la puerta aún, mi señor Poseidón! -suplicó Antíloco, rodeado de telarañas azules que le envolvían el cuerpo, mientras Énnomo lloraba la muerte de Crómide y elevaba su cosmos al máximo intentando quemar el cuerpo de Antíloco- Eres un oponente valiente, casi podría pensar que me enfrento a un caballero con el corazón de los Caballeros de Athena… pero… vistes una Suplice, y solo hay una forma de derrotar a los Espectros… mandándote al Tártaros. ¡Transición Dimensional! -gritó Antíoco, desvaneciéndose, escapando de las telarañas y materializándose detrás de Énnomo- Mi padre es el maestro de las dimensiones. Gracias a él puedo moverme con libertad entre las mismas. ¡Te enviaré al dominio dimensional! ¡Con la técnica que mi padre me enseñó a conjurar! -prosiguió Antíloco, flotando frente a Énnomo, con su cosmos creando esferas doradas con centros oscuros como agujeros negros- ¡Colapso Dimensional! -gritó, lanzando las esferas en una forma similar a la Explosión de Cúmulos de Estrellas de su padre, e imágenes de dimensiones alternas destrozaron la mente de Énnomo, mientras el cuerpo era impactado por las esferas destrozándole la Suplice, arrancando las patas de Aracne, y agujerándole el cuerpo- ¡Esta es la ilusión dimensional de los Caballeros de Virgo! ¿Has elegido la dimensión en la que deseas caer? ¡Ahora colapsa con ella! -la dimensión estalló, y Énnomo fue hecho pedazos.
-¡Noooooooooo! ¡Misia! ¡Nuestra bella Misia! ¡Asesinos! ¡Les deseo condenas peores a las nuestras en el Hades! ¡Que las almas de los inocentes asesinados en Misia por siempre los atormenten! -lloró Énnomo, mientras la inmensa Serpiente Oscura, Tártaros, lo devoraba, y la puerta del Tártaros colapsaba.
-Por alguna razón… se me ha desgarrado el corazón al ver a esos Espectros morir -habló Patroclo, y Antíloco bajó la mirada, y asintió. Ambos entonces miraron a la mezcla de soldados de Micenas y los Tebanos, y a Tersandro y a Ifigenia ordenarles matar a los Misios- ¡Tontos! ¡Mientras la puerta del Tártaros esté abierta no deberían matar sin piedad! ¿A cuántos han condenado mientras Antíloco y yo desterrábamos a esos Espectros? -lloró Patroclo de odio.
-¿Eso que importa? -gritó Ifigenia, elevando su cosmos, y lanzando sus meteoros y acribillando a varios soldados Misios, sin importarle si estos defendían a civiles o no- ¡Estamos en guerra! ¡Si no los matamos nos matarán a nosotros! -gritó Ifigenia, y con su lanza atravesó a una muchacha que simplemente intentaba escapar de la masacre.
-¿Estás demente? -le gritó Antíloco, arrebatándole la lanza- ¿Cómo puedes tener tan poco corazón? -Antíloco miró la masacre, la mayoría de los muertos por espadas o lanzas de los soldados de Micenas eran civiles- ¿Cómo te has atrevido? ¡Eran civiles inocentes! -gritó Antíloco.
-¡Son civiles Troyanos! ¡No merecen consideración alguna! ¿Haz olvidado que estamos en esta guerra por el insulto a mi tío Menelao? -gritó Ifigenia, y Antíloco enfureció y cacheteó el rostro enmascarado de Ifigenia, casi tumbándole la máscara por el tremendo impacto.
-¡Son seres humanos también! -gritó Antíloco, y Patroclo también miró a Ifigenia con ira, mientras Antíloco la tomaba del cuello y comenzaba a ahorcarla- ¿Qué te da derecho a decidir sobre la vida humana? ¡Solo los dioses tienen ese derecho! ¡Te informo que esta no es Troya! ¡Es Misia! ¡Este pueblo solamente tiene la mala fortuna de que sus soberanos decidieron aliarse a Troya! ¡Pero no por eso caeremos tan bajo como para aniquilar a todo el que jure alianza a los Troyanos! ¿Qué pasaría si hubieras nacido Troyana y te juzgaran a muerte solo por el crimen de un príncipe egoísta? -y la respuesta que recibió, fue un golpe al rostro por parte de Tersandro, quien le rompió la nariz a Antíloco.
-Fueron las órdenes del Rey Supremo -habló Tersandro, y Patroclo y Antíloco encontraron a un inmenso cementerio de Misios congelados por el poder de Tersandro-. Si el Rey Supremo lo ordena, incluso a Diomedes debo desobedecer. Lo lamento, mi orden es proteger a Ifigenia y matarlos a todos. Así que te advierto… vuelve a tocar a Ifigenia, y serás el siguiente -terminó Tersandro, y Antíloco enfureció y comenzó a elevar su cosmos, Tersandro elevó el suyo, y los Tebanos no supieron qué hacer, pero ninguno logró atacarse, ya que Aquiles cayó en ese momento lanzado al interior del castillo de Misia, y Télefo se elevó orgulloso, incinerando su cosmos, y lanzando un descomunal ataque en contra de su propio castillo.
-¡Rugido del Inframundo! -resonó el grito de Télefo, y el palacio se desmoronó sobre Aquiles, sorprendiendo a Patroclo y a Antíloco. Télefo entonces miró la masacre alrededor del palacio, y se lanzó a Patroclo, impactando su mentón, y pateó el rostro de Antíloco al suelo, abrió su boca, y se preparó para ejecutar a Ifigenia, pero Tersandro empujó a Ifigenia, y recibió el ataque, que le atravesó el pecho- ¡Rugido del Inframundo! -gritó.
-¡Tersandro! -gritó Antíloco, corriendo en dirección a Tersandro y atrapándolo en sus brazos- ¡Tersandro! ¿Por qué? -enfureció Antíloco, sabiendo que a pesar de lo cruel que parecía haber sido Tersandro, solo cumplió sus órdenes.
-Proteger… a Ifigenia… y matarlos a todos… -lloró Tersandro, mirando a Ifigenia, quien parecía mirarlo de regreso detrás de su máscara-. Yo solo… cumplí con mis órdenes… en verdad no soy malvado… solo seguí las órdenes del elegido por Athena… -y Tersandro sonrió-. Por favor… no llore mi muerte… Athena -y Tersandro no habló más.
-En la guerra… siempre hay muertes… -lloró Antíloco, incinerando su cosmos-. Pero morir de esta manera… protegiendo a alguien que no lo merecía. ¡No puedo aceptarlo! -gritó Antíloco, incinerando su cosmos, y Télefo preparó el suyo.
-¡Dragón Ascendente de Pelión! -resonó el grito de Aquiles, quien se levantó finalmente, saliendo de los escombros del palacio con la ayuda de su Dragón- Entiendo tu furia, Antíloco… pero la de Télefo es superior -preparó su espada Aquiles, y se limpió un hilo de sangre negra de los labios-. Dime una cosa… Télefo, ¿en verdad Misia no está aliada a Hades? -preguntó Aquiles, y Télefo enfureció.
-Aliada o no -comenzó Télefo-. ¿Cómo podría perdonar esta horrible masacre? ¡Te mataré! -gritó Télefo, lanzándose a Aquiles, quien respiró con tranquilidad, recordó las enseñanzas de Quirón, y comenzó a elevar su cosmos alrededor de su Armadura Dorada, mientras el Tigre rugía junto a él, con valentía, no con ira- ¡Asesinaron a mi gente! ¡Muere! -gritó Télefo.
-¡Tigre Descendente de Pelión! -gritó Aquiles, lanzó su espada, y se lanzó tras ella a una velocidad que superó a la espada, dejándola atrás mientras esta volaba. Télefo vio a Aquiles, lo evadió, pero la espada que volaba tras Aquiles le dio en un costado, abriéndole una horrible herida, que lo dejó tumbado en el suelo, convulsionándose.
-¡Mirmidones! -gritó Aquiles- ¡Alto a la guerra! ¡Y corran la voz de mi siguiente mensaje! ¡Télefo está derrotado! ¡Aquiles lo ha tomado de rehén! ¡Si los Misios aman a su rey y lo que ha hecho por su pueblo y desean terminar con las masacres! ¡Tiren sus armas! ¡Ríndanse! -gritó Aquiles, y los Mirmidones dejaron de pelear, y comenzaron a gritar el mensaje de Aquiles por toda Misia, y los Misios, preocupados por su rey, comenzaron a soltar las armas y a rendirse. Agamenón miró a todos los Misios frente a él tirar las armas, y se hizo un silenció inaudito en toda Misia- Yo, Aquiles de Libra, hijo del rey Peleo de Ftía, reclamo mi victoria en contra de los Misios, y declaro que, al Rey Supremo, Agamenón, se le sea entregada una sustanciosa cantidad de tesoros, de esclavas, y de armas. Cumple mis exigencias y Misia quedará perdonada -declaró Aquiles, a un rey Télefo que se ponía de pie con debilidad.
-Sabes que nos han atacado sin piedad, ¿verdad? -preguntó Télefo- ¿Sabes que esto ha sido un engaño de Hades? -y Aquiles asintió- ¡Denle a los malditos lo que piden! Pero a cambio… salgan de mis tierras… -se desplomó Télefo en el suelo, y Aquiles alzó su espada aún ensangrentada, y el grito de victoria de los Aqueos se dejó oír, mientras Aquiles se dirigía a Agamenón.
-Excelente trabajo, Aquiles. Has honrado a tu Rey Supremo -habló Agamenón sobre su auriga, y Aquiles hizo una reverencia-. Cremen los cuerpos de los nuestros. Que Acamante comience con la contabilidad. Mientras tanto, tú, llévame ante Príamo.
-Rey Supremo idiota… -comenzó Télefo-. ¿Cuántas veces más debo decirlo para que lo entiendan? ¡Esta es Misia! Y no somos leales a Hades ni a Troya. ¡Fue un engaño! -lloró Télefo- Solo llévense sus trofeos, y lárguense de mis tierras. ¡Arght! -gritó Télefo.
-¡Macaón! -gritó Aquiles, y un soldado en túnica blanca se acercó- Tranquilícese, rey Télefo. Macaón es el médico más experimentado de toda Acaya, Beocia o Tesalia. Seguro lo curará -pero cuando Macaón se acercó, observó una masa oscura rodeada de cosmos maligno consumir a Télefo- ¿Qué es eso? -preguntó Aquiles.
-Jamás había visto algo así -se horrorizó Macaón-. Aquiles. ¿Cómo le has herido? -preguntó Macaón, y Aquiles simplemente le mostró su espada, y Macaón tomó la espada, y midió la profundidad del corte al observar la sangre-. Aquiles… una herida tan profunda como esta, debió haberlo matado -terminó Macaón.
-Entonces es obvio lo que está ocurriendo -mencionó Odiseo, llegando ante el grupo-. Aquiles, fuiste imprudente. Usaste más fuerza de la que debías al lanzar tu espada. A pesar de que intentaste solamente inutilizar a Télefo, la verdad es que su edad no le permite resistir semejante herida. Está muriendo, pero al vestir una Suplice, su alma comienza a transformarse, se está convirtiendo en un ser como Migdalión, quien no murió hasta que su cuerpo quedó enteramente inútil -Aquiles se aterró por su descuido, e intentó quitarle la Suplice a Télefo para intentar salvarlo de convertirse en un verdadero Espectro-. Es inútil. Si le quitas la Suplice morirá de todas formas. Pero si en verdad tienes el corazón de perdonar a tus enemigos, en lugar de ser solamente un portador de la guerra y la muerte, te diré como puedes salvarlo.
-Combatí a Télefo y a su gente sin saber que era un engaño de Hades. Frente a mis ojos solo veía Troyanos -mencionó Aquiles-. Pero si puedo darle la oportunidad a Télefo de reconstruir su tierra, y que tenga una segunda oportunidad de vida. Lo haré sin importar el precio -terminó Aquiles.
-No es un precio alto si consideramos lo que me has dicho antes. Que prefieres una vida corta y plena, a larga y aburrida -le informó Odiseo, y Aquiles aceptó someterse a cualquier cosa-. La Suplice está transformando el alma de Télefo porque su cuerpo ha muerto, pero gracias a la misma Suplice, su alma no ha partido al Hades, es una especie de engaño que la Suplice fuerza a las Moiras a creer, que mantiene a Télefo vivo mientras está en verdad muerto. Si en verdad quieres sanarlo, deberás renunciar a una porción de tu vida. En otras palabras, debes sanar su herida con tu cosmos, y permitir a tu cuerpo recibirla. Esto no te matará, pero te acortará la vida un poco -Aquiles meditó al respecto.
-Qué tonterías dices… soy tu enemigo, te odio con todo mi corazón por asesinar a mi gente -lloró Télefo de odio, pero Aquiles lo ignoró, y colocó su mano sobre el pecho de Télefo-. ¿Qué haces? Yo soy un anciano, de todas formas, me queda muy poco tiempo de vida -intentó hacerlo razonar Télefo.
-Has tenido una vida larga y aburrida, viejo… y así la terminaras -elevó su cosmos Aquiles-. Yo he tomado mi propio camino. No sé cuánto se reducirá mi vida, pero, de cualquier modo, ya lo sé. No regresaré de esta guerra con vida. Así que no me preocupa envejecer del todo -la herida de Télefo se cerró, y sangre negra comenzó a caer del pecho de Aquiles, horrorizando a todos. Macaón intentó ayudarlo, pero Fénix y Patroclo se interpusieron, y fue Fénix quien tomó el pecho de Aquiles, y sintió su sangre como acido quemarlo.
-¿Qué es este muchacho? -preguntó Télefo, mientras Fénix le quitaba la protección del pecho, y Aquiles comenzaba a llorar de dolor mientras Fénix con molestia en sus manos le limpiaba la herida con la ayuda de un confundido Macaón a quien Fénix no dejaba cuidar de Aquiles.
-Su nombre es Aquiles -le explicó Odiseo-. Y está destinado a ser el más grande en la guerra contra los Troyanos. Tomaremos nuestros tesoros, a algunas esclavas, y dejaremos sus tierras para no regresar jamás -y Télefo se puso de pie, sin la herida en su pecho-. Le recomiendo quitarse esa Suplice y destruirla. Si muere mientras la viste, su alma le pertenecerá a Hades. Procederemos a retirarnos si a nuestro señor Agamenón le complace -y Agamenón asintió.
-Esperen -mencionó Télefo-. Es más que obvio que ustedes han sido engañados tanto como nosotros. Por lo que les diré cómo pueden viajar a Troya sin volver a caer en los engaños de Afrodita, la conjuradora de los vientos -mencionó Télefo, y Odiseo escuchó-. Se dice que Hefestos, el esposo de Afrodita, protege a todos quienes poseen una figura de madera de Afrodita envuelta en cadenas de cobre. Si colocan estas figuras en la proa de sus navíos, Afrodita no podrá tocarlos, porque estarán bajo la protección de Hefestos -Odiseo asintió ante aquellas palabras-. Ahora… tomen sus tesoros y váyanse de mis tierras. Me aseguraré de destruir esta Suplice, y Aquiles… -lo miró Télefo-. Gracias por tu piedad -y, por último, Télefo se retiró, arrancándose la Suplice, y ordenando a sus soldados incinerar cada pieza en templos separados en honor a Athena.
Dárdanos.
-¡Oh, Eneas! ¡Eres tan viril! -gritó Creúsa, y abrazó el brazo desnudo de su marido, quien estaba visiblemente agotado- Tienes que dejarme hacerlo otra vez. Jamás podré tener suficiente de tu hermoso cuerpo. ¡Te deseo, Eneas! -continuó Creúsa, pero Eneas se levantó y comenzó a vestirse- ¡Amor mío! ¡La Luna de miel aún es joven! -suplicó Creúsa.
-Necesito un descanso, mujer, por extraño que suene tras haber pasado todo el día en cama contigo. No puedo con tu nivel de lujuria, dame un respiro -cojeó Eneas, y Creúsa se molestó-. Iré a entrenar con mis hombres. Abusaste del placer de todo un año en un simple día. Ni Afrodita sería tan exigente.
-¿Y eso qué se supone que significa? -se molestó Creúsa, pero Eneas dejó la habitación- ¡Espectros! ¡Apenas y me estaba excitando! -se quejó Creúsa- Humanos débiles. No comprenden mi nivel de lujuria. Por atesorar la castidad de diosas como Artemisa, Atenea, Hestia, y muchas otras, a mí se me inundó con su lujuria. ¿Cuándo encontraré al hombre capaz de satisfacerme? -lloró Creúsa- Pero no importa. Si no encuentro placer en la cama, lo encontraré en los muertos de un campo de batalla. Veamos cómo le va a los Aqueos en Misia -conjuró entonces Creúsa una esfera de vientos rosados, y miró en su interior, viendo que los navíos se hacían a la mar-. Así que, piensan regresar a Aulis a reabastecerse. Me parece perfecto. Supongo que los desviaré un poco. Tal vez a Chipre, jejeje -sonrió Creúsa.
-Me temo que no será así, Afrodita -le respondió un dios envuelto en llamas a Creúsa desde el interior de la esfera de vientos, era ciego, y sus ojos estaban cubiertos por una venda color marrón. Su barba y cabellera larga y desalineada le daban un aspecto horrible, que asustó a Creúsa-. Continúas siéndome infiel, maldita harpía pervertida -gritó el dios.
-¿Hefestos? -se sobresaltó Creúsa- Amor mío, mi hermoso Hefestos, ¿cómo Hades te enteraste? -se quejó Creúsa, y Hefestos le mostró las estatuas de madera de Afrodita cubiertas de cadenas- ¿Cómo supieron que ese amuleto era la forma de invocar tu protección? -se quejó Creúsa.
-No volverás a jugar con los vientos de las velas Aqueas, Afrodita. De ahora en adelante, Hefestos se ha aliado a los Aqueos. Tendrás que buscar otra forma de perjudicar a los Aqueos, ya que yo protegeré sus navíos de ti, maldita zorra. Y en el momento en que sepa quién es el amante con el que compartes tu maldita feminidad. Juro que le cortaré su miembro y se lo haré comer a Ares -terminó Hefestos, y desapareció de la esfera de viento.
-Con sus malditos trucos, no lo dudo -enfureció Creúsa-. ¡Si tan solo lo que tienes de astucia e intelecto lo tuvieras de masculinidad y belleza, Hefestos! ¡Pero no! ¡Tienes que ser un maldito hombre peludo y jorobado! ¡No eres atractivo! ¡Pasar la noche contigo me hace querer vomitar! -continuó con su rabieta Afrodita- Pero no es lo último que han escuchado de mí, Aqueos -sonrió Afrodita-. Hay otras formas de detener su avanzada por el mar, solo necesito elegir a alguien lo suficientemente arrogante -y Afrodita miró dentro de su esfera, y encontró a Agamenón, sonriendo al hacerlo-. Tú, mi viril Macho Cabrío. Tú eres perfecto -sonrió Creúsa.
Hélade. Playa de Aulis. Nave de Agamenón. 1 Luna más tarde.
-Sorpresivamente, desde que dejamos Misia solo hemos tenido vientos favorables, inclusive llegamos a Aulis en tan solo una Luna -habló Odiseo, quien se encontraba con Shana, quien aún se lamentaba por las muertes de los Misios y los Aqueos que se sacrificaron en esa batalla. Se encontraban en la nave de Agamenón, la cual solo era accesible a Odiseo porque habían atracado en Aulis-. ¿Acamante te ha dicho ya el conteo final? -preguntó.
-118,162 -lloró Shana-. En Misia… perdimos a bastantes hombres, y lo peor es que no hubo tiempo de darles los ritos fúnebres que se merecen -se secó las lágrimas Shana, y Poseidón, siempre a su lado, la miró con tristeza-. Es horrible. Los conocí a todos, y aunque todos me dijeron que darían la vida por mí… yo… siento que hemos perdido a tantos, sin siquiera haber llegado a Troya aún -se lamentó Shana.
-No debes permitir que te vean llorar, querida sobrina -mencionó Poseidón-. La moral de tus hombres bajará. Ellos deben saber que es una causa justa, y que tienen el apoyo de su diosa. No te rindas. Poseidón está contigo -sonrió Poseidón, arrancándole una sonrisa a Shana-. Antes… yo era un dios de ira similar a Ares. Pero gracias a nuestra alianza, simplemente lo sé. Athena es bondad, y Poseidón puede ser bondad al lado de Athena. Si todos los dioses fueran como nosotros, el mundo sería perfecto, pero el mundo de los mortales siempre debe estar en equilibrio, así que tranquila. Todo saldrá bien. Los mortales necesitan la guerra también. Los hace fuertes -y Shana abrasó a Poseidón, y sonrió-. Esto… es algo vergonzoso… no me gusta ser menor que mi sobrina -y Shana continuó abrazándolo sin importarle aquello.
-Pero tío Poseidón, así eres más fácil de abrazar -sonrió Shana, y Poseidón se ruborizó más-. ¿Qué es lo que esperamos? -preguntó Shana- ¿Por qué no zarpamos en dirección a Troya y en su lugar esperamos en Aulis? -continuó.
-Néstor, Agamenón y Menelao han salido de cacería -comentó Odiseo. Nuestras provisiones han disminuido mucho por los viajes, Aulis tiene bosques llenos de vida, por lo que pretenden regresar con al menos 100 ciervos que serán cortados y curados para conservarlos durante el viaje. Si volvemos a nuestras tierras a abastecernos, corremos el riesgo de que algunos soldados deserten, por lo que es mejor esperar a los resultados de la cacería -y Shana asintió, esperando pacientemente al regreso de los cazadores.
Bosque de Aulis.
-Es inútil -se quejó Menelao-. Llevamos horas cazando, y lo único que hemos encontrado son conejos y codornices. Te dije que deberíamos traer a Teucro y a Filoctetes, Odiseo y sus arqueros son buenos cazadores también. Pero no, teníamos que venir solo Micenas, Esparta y Pilos porque no quieres competencia en la cacería. Siempre has querido ser el mejor en todo -se quejó Menelao.
-No me fastidies -mencionó Agamenón, y en el camino encontró a una hermosa muchacha picándose los dedos de los pies. Tenía la cabellera castaña, y el rostro cubierto de cenizas de una improvisada fogata frente a la que descansaba-. Es hermosa -habló Agamenón.
-Estás casado -se quejó Menelao-. Aunque si recuerdo correctamente, solo te casaste con Clitemnestra para que Tindáreo te diera un ejército con el cual conquistar Micenas -se quejó Menelao-. Escucha, no me siento de ánimos de verte serle infiel a tu esposa. Solo volvamos por Odiseo y sus arqueros -terminó Menelao.
-Los jóvenes de ahora, tan inmersos en su lujuria -se burló Néstor, y Menelao se preocupó por la forma de actuar de Néstor-. De cualquier forma, estos bosques están vacíos. No hay ciervos. Solo regresemos -terminó.
-Adelántense -habló Agamenón, se quitó el casco, y se acercó a la muchacha-. Señorita. Estos bosques son peligrosos. No debería estar sola en estos lugares -y la muchacha de inmediato comenzó a reírse a carcajadas, sobresaltando a Agamenón, y a los soldados de Micenas que lo acompañaban.
-¿Peligro? -se burló la hermosa doncella- El verdadero peligro de mi vida, es y siempre será usted, mi lord -se puso de pie la doncella, y lo miró fijamente-. Porque cuando todos lo odien por su tiranía, encontrará su consuelo en mí que compartiré su lecho y sanaré las heridas de su corazón. Se convertirá en un ser de bondad, justo con los suyos, furioso con el enemigo. Y los Aqueos prosperarán hasta que el miedo de un rey desesperado le obligue a rezarle a los dioses y castigarlo por negarse a abandonarme y regresarme a mi padre. En ese momento usted volverá a caer, y será motivo de la autodestrucción de sus propios hombres. Por recuperarme no le importará mandar a sus hombres a la muerte, y sufrirá una gran pena cuando por fin vuelva a verme. Cuando piense que me tiene, sin embargo, se dará cuenta de que lo que hoy hace, sellará mi muerte y la suya. Ese es el destino que sufriré si le permito acercarse a mí… -colocó sus brazos la muchacha alrededor de Agamenón, y todos los hombres de Micenas se rieron y asombraron por la facilidad de seducción del Rey Supremo-. Algunos viven vidas largas y aburridas, otros cortas y llenas de alegría. En estos momentos yo también le doy a elegir. ¿Longevidad? ¿O felicidad? ¿Qué necesita? Puedo ser la doncella que le brinde esa grata felicidad, pero el precio es muy alto -susurró.
-Ya veo -sonrió Agamenón-. Me mareaste con toda tu explicación, pero la verdad sea dicha, solo querías exponer el precio por poseerte -y la joven doncella asintió-. Aunque debo admitir, que eres la prostituta más hermosa que jamás he visto -y la doncella parpadeó un par de veces.
-¿Prostitu…? -y la chica infló sus mejillas- ¡Muajajajaja! ¿Prostituta? ¡No me joda! ¡Muajajajaja! -continuó riéndose sonoramente- ¡Uwah! ¡Mi pansa, mi pansa! ¡Muajajajaja! ¿Prostituta? ¡Soy toda tuya y totalmente gratis, mi hermoso Macho Cabrío! -Agamenón se sonrojó, y todos los hombres de Micenas se ruborizaron también- Pero no soy una prostituta. Nos hemos visto antes, galán. Una vez incluso te esperé en tus aposentos en Esparta, completamente desnuda, pero jamás llegaste. Aunque impregné toda mi feminidad en tu almohada, jejeje -y Agamenón comenzó a preocuparse-. Entonces, mi lord cabrío. Si pudiera elegir el tenerme solo para usted a riesgo de acortar su vida. O ignorarme… serle fiel a su esposa, y sobrevivir, ¿qué elegiría? -se abrió la capucha la chica, aunque solo lo suficiente para mostrarle un poco de piel de sus pechos- ¿Me deseas? -se burló.
-Ni Helena, la hermosa esposa de mi hermano, se compararía contigo -se susurró a sí mismo Agamenón, aunque la chica lo escuchó-. Siento una terrible lujuria al verte. Gustoso acortaría mi vida por tenerte solo para mí. ¿Cuál es tu nombre, bella doncella? -y la chica sonrió.
-Sabes mi nombre -le sonrió-. Simplemente me odiabas antes porque estaba lunática. Aún me falta un cordel que mantenga mis ideas bajo control. Pero al menos ya no estoy corriendo desnuda por tus pasillos, o poderoso rey Agamenón -sonrió.
-¿Casandra? -se sorprendió Agamenón- ¿La hermana de Héctor que visitó Esparta? -y la doncella sonrió con malicia, confundiendo a Agamenón- Eres idéntica a ella. Pero has dejado de comportarte como una idiota. ¿Sabes que Troya está en guerra? ¿Has venido a maldecirnos con tu hechicería? -y Casandra se paró de puntas, y besó a Agamenón en los labios, dejando a todos los hombres de Micenas sin habla.
-He venido a advertirte… porque aún si no me has tomado como tuya… aún si no nos conocemos… aún si faltan años para que por fin te enamores de mí de verdad… yo te he amado desde niña, porque siempre he sabido el futuro, y sé lo gentil que serás conmigo. Soy la única que conoce al verdadero Agamenón. Ese que prefiere ser visto como un demonio, que permitir que otros como su hermano Menelao sufran -y Agamenón se sorprendió por aquella revelación-. Te he amado… siempre… desde que tenía 3 años… desde que vi la antorcha incendiar Troya y supe que ese camino me llevaría a ti. Aun si es una violación lo que nos unirá… no la veré como tal… porque espero ansiosa el día en que me tomes como tuya, ese día en que por fin me sentiré amada, y protegida. Porque tú eres el único que me creerá todo lo que le diga… -y Casandra comenzó a llorar-. Excepto esto… porque ahora me vez y me vez como a una Troyana. Piensas que intento engañarte, y sufrirás mucho por no escucharme, como todos… pero después de esto me creerás. No habrá nada que te diga que te hará dudar. Me habré ganado tu confianza incondicional, a cambio de tu corazón roto… enserio lo lamento -pegó su cabeza Casandra a su pecho, y le abrazó la cintura-. Te lo suplico… sinceramente tengo la esperanza de que mis predicciones se equivoquen por primera vez. No continúes con la cacería, o sufrirás consecuencias que terminarán por convertirte en un verdadero demonio -le suplicó, pero Agamenón la aparto de inmediato.
-Dame una buena razón para no tomarte por prisionera -alegó Agamenón, y Casandra bajó la mirada-. En el nombre del reino de Micenas, yo, Agamenón de Capricornio, te despojo de tu libertad. Estás bajo arresto -preparó su espada Agamenón.
-En el futuro, después de que tu ira por volver a verme sea apaciguada, y descubras que no te culpo por profanarme como sé qué harás… -comenzó Casandra, y Agamenón comenzó a asustarse-. No olvides que intenté… en verdad intenté… velar más por tu felicidad que por la mía… ahora… Cheshire -susurró Casandra.
-¡Manipulación de las Sombras! -resonó un grito, y se alzó una sombra que se tragó a Casandra antes de que Agamenón pudiera cortar a Casandra por la mitad. La doncella había desaparecido, y todos los soldados de Micenas se horrorizaron y la buscaron por todos los alrededores.
-¡Olvídenla! -enfureció Agamenón- ¡Es solo una inútil lunática! ¡Andando! ¡No encontraremos ciervos aquí parados! -continuó Agamenón, y los de Micenas lo siguieron por el bosque. Caminaron por horas sin encontrar nada, el grupo comenzaba a desesperarse. Ya había comenzado a anochecer, pero el grupo no podía rendirse ni regresar con las manos vacías.
-Hay un lago en estas tierras -escuchó Agamenón una voz femenina, y todos los soldados lo escucharon-. En medio hay una isla -continuó la voz, y todos tensaron sus arcos-. Ve a esa isla llena de ciervos blancos, y tu ejército no morirá de hambre -terminó la voz, y se esfumó como el viento.
-¿Eres tú, Casandra? -preguntó Agamenón- No aprecio tus bromas, lunática. Sal, antes de que uno de mis hombres te perfore la frente con una flecha -un viento sopló, y Agamenón siguió ese viento. Corrió a gran velocidad, y encontró un lago con una pequeña isla en el medio, y desde la cual brillantes ciervos blancos iluminaban toda la isla con la Luna de testigo- ¿Ciervos blancos? Hace años que no se ven esos ciervos en estas tierras -sonrió Agamenón-. Este día cada vez se pone mejor -tensó el arco, apuntó, e incluso con la enorme distancia, Agamenón disparó, y le atravesó la cabeza al ciervo justo por el medio de los ojos.
Monte Olimpo. Templo de Artemisa.
-¡Eginea! -gritó la diosa Artemisa en el Templo de la Luna. La diosa de apariencia joven, cabellera rubia y piel pálida muy hermosa, acababa de sentir algo horrible, mientras uno de sus ciervos blancos moría- ¿Qué? Pero la isla, los mortales no pueden encontrarla sin la ayuda de los dioses -Artemisa entonces abrió los ojos, que quedaron ahogados en lágrimas reflejando a la Luna-. ¡Etole! -gritó mientras sentía a otro de sus ciervos morir- ¡Agorea! -se cubrió el rostro con las manos- ¡Agrotera! ¡Elis! ¡Afea! ¿Qué está pasando? -lloró Artemisa, y el horror siguió llegando- ¡Theron! ¡Curótrofa! ¡Loquia! ¡Cintia! ¡Delia! ¡Deténganse! ¡No! ¡No maten a mis amigas! ¡Amarintia! ¡Febenor! ¡Diana! -y Artemisa enfureció, y sus ojos se tornaron escarlata- Las mataron, las han matado a todas -lloró-. ¡Mortales! ¡Aqueos! ¡Prepárense a sentir mi ira! -se incineró el cosmos de Artemisa, y todo el Olimpo tembló.
Hélade. Playa de Aulis.
-¿Artemisa? -despertó Poseidón, quien se había quedado dormido en los brazos de Shana- ¡Athena! ¡Despierta! ¡Athena! -gritó, y Shana se despertó- ¿Sentiste eso? ¡Artemisa está furiosa! -gritó Poseidón, y el barco en que estaban se precipitó y comenzó a ladearse- ¡Salgan de los barcos! -gritó Poseidón, y los barcos comenzaron a ser evacuados. El agua comenzaba a retirarse de la costa, se iba a gran velocidad, como si la fuerza de las mareas hubiera muerto.
Los barcos quedaban atascados en un lodazal, algunos se hacían pedazos y se partían a la mitad, otros tantos quedaban ladeados, aunque la mayoría simplemente quedó cubierta por el lodo al estar bien encallados. Pero el horror los golpeó a todos de igual manera. El agua había desaparecido en tan solo un instante. No había agua en kilómetros, esta se había ido dejando a los Aqueos atrapados en Hélade, con sus barcos atrapados en el lodo de la antes playa de Aulis.
-Señor Poseidón. ¿Qué ha pasado? -preguntó Acamante al llegar corriendo con Epeo a su lado- El océano acaba de desaparecer. ¿Lo hemos ofendido de algún modo mi señor? -preguntó, y Poseidón se mordió los labios.
-¡Hay gente atrapada bajo esos barcos! -apuntó Epeo- Se lanzó al lodo, y comenzó a deslizarse sobre sus botas doradas con agilidad para llegar ante los soldados que se hundían en el lodo y comenzó a sacarlos. Otros se le unieron en la tarea, se habían perdido al menos unos 12 barcos, y la tripulación estaba atrapada en el lodo. No había causalidades, pero era una situación delicada.
-No me han ofendido. Se los he dicho -se quejó Poseidón-. Yo soy el Dios de los Mares, manipulo el agua, las corrientes, y gobierno a las criaturas marinas. Puedo crear terremotos y erupciones, pero no soy ni controlador del viento, ni el único que controla las mareas. Hay otra diosa que posee un dominio superior al mío en las mareas gracias a la influencia de la Luna, Artemisa -apuntó Poseidón, y Artemisa apareció frente a la Luna, flotando, y con sus ojos llenos de ira-. ¿Qué significa esto, Artemisa? -se quejó Poseidón.
-Silencio, tío Poseidón. Mientras estés en ese cuerpo tan infantil, no eres rival para ningún dios -apuntó Artemisa-. Uno de los suyos ha asesinado a todas mis ciervas blancas. Así que he decidido castigarlos, mortales. ¡Se quedarán en esta tierra! ¡Lo harán hasta que mi ira sea aplacada! ¡Que ese mortal que ha asesinado a mis queridas amigas, sacrifique algo en compensación también! -continuó gritando Artemisa, estaba furiosa- Si quieren que las mareas regresen. Entréguenme a ella a quien Agamenón ama más que a nadie en el mundo en sacrificio. Es mi deseo que el mismo Agamenón le saque el corazón a su propia hija del pecho como venganza por su horrible crimen. ¡Quiero a Ifigenia, su hija, en sacrificio! ¡Que él sufra el perder a una hija como yo he sufrido que me arrebataran a mis hermanas! ¡Hasta que se cumpla este designio, las mareas en todo el mundo no regresarán! -y Artemisa desapareció, dejando a todos los soldados pensativos sobre lo que estaba ocurriendo.
