Capítulo largo a ver si así si me dejan reviews, ¿por qué son tan crueles? La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena, les voy a mandar al Bronco por criminales T_T. Es broma, es broma. En fin, querían a Diomedes, allí les va Diomedes, y antes de que me digan, "es favoritismo de Escorpio", no hay nada de los eventos que no sea parte del mito, investíguenle si no me creen. Bueno solo los efectos especiales vienen de mi parte. En fin, a contestar reviews porque este capítulo me quedó largo.

dafguerrero: No creo que ver a niños vivir en la inmundicia fuera bien visto en ningún tiempo, pero Anficlas definitivamente vivía en esa inmundicia al ser una hija bastarda, y pues qué se le va a hacer, esa es la menor de las preocupaciones para Anficlas, pues cada vez se acerca más el día en que se cumpla su profecía, y no será nada lindo. Tú siempre estás leyendo perversiones, jajajajaja. Los Aqueos y Troyanos son bisexuales, pero como soy el autor, y no planeo que haya relaciones de ese tipo, no menciono mucho al respecto, puedo bromear de vez en cuando pero ni voy a poner parejas heterosexuales haciendo punchis punchis, pues tampoco a homosexuales, solo habrá un personaje Bisexual declarado y por azares del destino sale en este capítulo, y no, no es Anfímaco ni tampoco Patroclo. En la película de Troya Aquiles se muere en plena guerra dentro de Troya, y eso nunca pasa, no le hagas caso a Hollywood, Héctor vivía una vida mundana pese a ser un príncipe, esa no me la inventé. Y Anficlas ya creció y se casó con Lodis, imagínate que vivieras con tu novio en casa de tus padres, no habría privacidad… no es que Anficlas quiera privacidad con Lodis pero tú me entiendes. Sobre Palamedes, y sobre cualquier personaje que salga en la historia, todos sus mitos se están contemplando, si tienen varios mitos, los fusiono y saco una versión más o menos entendible, como lo de Trolio y Aquiles… saqué la versión más clasificación E que se me ocurrió para este capítulo. Así que si te adelantas a los hechos, puedes estar por segura que van a pasar, solo que a mi estilo. Teucro dará mucho de qué hablar en los próximos capítulos, le esperan grandes sorpresas, sobre Anfímaco, no te preocupes, está dentro del campamento Aqueo, nadie va a llegar a atacarlo mientras se recupera. Me da gusto que te gustara ver a los Generales Marinos usando los soportes de arietes, no los he explotado mucho pero ya veré si hago un capítulo exclusivo de Generales de Poseidón. Ya vi que todos odian a Trolio, tal vez debí dejar que en este capítulo Aquiles le hiciera lo del mito, pero se contradice con la Illiada así que no, en fin, ¿ya le contaste a Danaaf? Quiero reviews T_T.

TsukihimePrincess: Nadie quiere a Agamenón, bueno la verdad yo tampoco, a qué le tiro. El pleito Diomedes, Palamedes y Odiseo parece triangulo… ¿amistoso? Sí, vámonos por esa, pero pese a que lo estoy haciendo ver como un patán, las decisiones de Palamedes realmente cambiaron en gran medida el rumbo de la guerra, Odiseo se equivocó más que Palamedes, pero ya habrán capítulos destinados a su rivalidad. Los nombres de las ciudades Troyanas los explica Antenor en el capítulo donde Diomedes, Odiseo, Menelao y Acamante van a Troya por primera vez, en el que violan a Acamante, jajaja. En fin, los nombres de las ciudades vienen de Illo, de sus hijos, y de su descendencia, y si me los inventé esta vez, porque las 10 Troyas son un descubrimiento arqueológico, pero todas pertenecieron a diferentes tiempos, pero la Troya Mitica se dice era más grande que las 10 Troyas juntas, así que hice un match del mito y la realidad, y los nombres los saqué de la descendencia directa de Illo, fundador de Troya (Illión), cobre el Gaminedes, desconozco si es el mismo que es el copero de Zeus, a quien Zeus se violó… oigan los griegos a todo se violan, es imposible escribir esta historia niños-friendly, pasa la piedra, un griego se la viola. Pero bueno, gracias por tu review, y que disfrutes este capítulo.

Suki90: La verdad, me tomó mucho trabajo acomodar las 10 ciudades, pero igual que en Guerras Doradas, el aferrado del autor quería una mole de ciudad bien delimitada, no un grupo de casas de barro regadas por todas partes. Ni sé si voy a explotar bien a la Troya que escribí pero ya veremos qué pasa. No sé si estamos hablando del mismo Ganimedes o como se escriba, pero lo dije antes y lo repito, los griegos todo violan, y luego el pervertido es uno. Nuevamente, Héctor es todo un héroe, uno no puede evitar sentir empatía por él, por ello es el Troyano más fuerte de todos, y planeo explotar en gran medida eso de él. Héctor pronto tendrá a alguien para compartir el liderato de los Troyanos, créeme, será glorioso dirían algunos. Diomedes es el veterano que más guerras ha vivido de todos los Aqueos, cosa que casi nadie sabe, su mito es demasiado extenso, más que el de Aquiles, Odiseo o Áyax, pero claro los romanos no pensaban así, ¡Los estoy viendo romanos! En este capítulo exploraremos un mito y rivalidad muy poco conocido de Diomedes, con alguien que es tan grande como él, y más importante para los romanos que para los griegos, espero sepas de quien estoy hablando. Sobre Palamedes, sé que es odiado, pero como Agamenón, que es odiado también, es un personaje central de muchos acontecimientos de la Guerra de Troya, y seguirá siendo un personaje bastante recurrente. Confieso que algunos personajes salen solo para ser carne de cañón, como Toante, si Kurumada utilizaba y ridiculizaba a Aldebarán para hacer ver a los enemigos de los caballeros más fuertes, Toante es mi Aldebarán, todo gracias a mi inmenso desprecio por Pegaso… que no significa que no le voy a dar un buen papel… solo que me gusta golpear Pegasos, ¿se nota mucho? Descuida, le daré un papel digno en el futuro, déjame disfrutarlo mientras puedo (planea bastantes momentos humillantes para cualquier Pegaso). Sobre Anfímaco, no hay mucho mito de él, así que tenía que darle un buen papel, creo que funcionó, los Aqueos sí envenenan el rio Escamandro por supuesto, esa parte no me la inventé, pero nadie dijo que fuera Anfímaco, aunque Anfímaco si mató a Agatón, es complicado, es difícil trabajar con cantos, déjenme ser T_T. Sobre Teucro, su personaje apenas está creciendo, de verdad es uno de los héroes más grandes de la Guerra de Troya, puede que ahora no lo parezca, pero lo será, y la evolución de su personaje avanza lentamente, pero seguro. Digo no todos tienen miles de mitos de los cuales extraer grandeza, te estoy viendo Diomedes, ¿cómo no vas a parecer el favorito si tienes como 1000 mitos? Hay Agamenón, ¿porque eres así? (Agamenón: No che), de verdad Agamenón es todo un caso, pero en verdad es un personaje muy importante, su actitud seguirá siendo pedante, pero poco a poco será más… no sé… ¿tolerable? Dejemosle esa tarea a Casandra, a ver qué pasa. En este capítulo veremos si tus suposiciones sobre Trolio son correctas o no, de momento te diré que en el mito no la pasa muy bien, pero esta historia es clasificación E…bueno T, así que tuve que ser más suave al respecto. En fin, muchas gracias por el review, que disfrutes este capítulo.


Saint Seiya: Guerras de Troya.

Troya: Año Uno.

Capítulo 7: Neutralidad Perdida.


Dárdanos. Palacio de Anquises. Aposentos de Eneas. Año 1,195 A.C.

-Eres demasiado insistente mujer, ya te he dicho que Dárdanos no tiene razones para ir a la guerra contra los Aqueos, no después de la negativa de Príamo -el tiempo se estaba agotando, Afrodita dentro del cuerpo de Creúsa lo sabía. Ares, el Dios de la Brutalidad en la Guerra, estaba sellado en el Rio Escamandro, miles de muertes habían sucedido en Troya a raíz del envenenamiento de las aguas del rio Simois, y la paciencia de Hades era cada vez más escasa. Hades le había dado hasta mediados del año para convencer a Dárdanos de unirse a la guerra, Dárdanos y Troya estaban enemistados por Eneas y Príamo, quienes compartían un pasado de disputas políticas entre sus territorios, pero Dárdanos poseía un poder militar tan inmenso que Príamo había intentado convencer a Eneas de unirse a ellos con el matrimonio entre su hija menor Creúsa y el príncipe Eneas. Pero Eneas solo había aceptado porque Creúsa era tan hermosa que no podía ignorar el desear poseerla, pero no había enviado ni una sola lanza en auxilio de Troya. Para cuando por fin Eneas intentó una alianza con Troya tras las invasiones de Misia y Tenedos, Príamo estaba tan ofendido, que no aceptó la ayuda, y ahora el inmenso combate de egos no lograba llegar a una alianza entre Dárdanos y Troya-. Sé que es tu padre, pero es mi enemigo. Además, ¿cómo es que siempre terminamos discutiendo esto después de los cariños matutinos? -se molestó.

-¡Porque es el único momento en que estás de humor para discutirlo! -se fastidió Creúsa, haciéndole frente a su marido mientras se cubría el cuerpo desnudo con sus sábanas- ¡Tal vez debería ir con mi suegro y pedírselo yo misma! ¡En vista de que eres demasiado cabeza dura para comprenderlo! ¡Es cuestión de tiempo para que los Aqueos ataquen Dárdanos! ¿Por qué esperarlos y no atacar nosotros primero? -continuó con la discusión, como todas las mañanas.

-¡Porque todo es culpa de Paris! ¿Por qué tenemos que sufrir por su lujuria? ¡Suficiente tengo con sufrir con la tuya! -le apuntó Eneas a Creúsa, quien se quedó boquiabierta por el tremendo insulto a su persona- Por Afrodita, ¡no esto otra vez! -se quejó Eneas.

-¡Ya quisiera cualquier noble y rey poderoso tener a la mujer que tienes enfrente y que te complace mañana, tarde y noche! -gritaba Creúsa sumamente molesta, y Eneas tan solo se cubría los oídos tras recibir la misma rabieta de todos los días- Además, tu amigo no se queja en absoluto -metió la mano bajo las sábanas y apretó, molestando a Eneas-. ¿Ya vez como no te quejas? Ojalá fueras igual de sincero que tu… tu… tu… -comenzó a asquearse Creúsa, corrió a la ventana, y vomitó con fuerza-. ¿Qué Espectros? -se asqueó aún más- ¿Qué fue eso que salió de mi cuerpo? Es verde y asqueroso, ¿qué le pasa a mi cuerpo mortal? -se sobresaltó.

-¿Creúsa… acaso estás…? -se sorprendió Eneas, y de pronto su rostro dibujó una sonrisa que sorprendió a Creúsa, quien aún tenía algo de vomito cayéndole de los labios-. ¡Pero si es totalmente comprensible! ¡Todos los días lo hacemos al menos 5 veces por tu lujuria, mujer! ¡Tráiganme a Lapix! ¡Rápido, rápido! -salió Eneas emocionado, y Creúsa parpadeó un par de veces, desconociendo lo que ocurría- ¡Rápido hombre! ¡Deja de tocar tu lira y ponte a trabajar! -jaloneó Eneas a un hombre de cabellera rojiza y enchinada, quien fuera el médico de la familia real. Creúsa inmediatamente se envolvió nuevamente en sus sabanas no queriendo ser vista desnuda por nadie que no fuera su marido- No puede atenderte si te cubres así -se quejó Eneas, pero Creúsa enfureció aún más.

-Seré Afrodita, pero hasta yo tengo pudor… -se susurró a sí misma Creúsa, y sacó la mano de su traje de sabanas para decir algo, pero inmediatamente se cubrió la boca, se dio la vuelta, y vomitó con fuerza, horrorizándose nuevamente, y corriendo en dirección a Lapix, aterrorizada-. Dime qué Espectros le pasa a mi cuerpo… -exigió saber de forma sombría.

-Me parece, mi princesa… que es algo obvio lo que está pasando… -le respondió Lapix, y Eneas asintió varias veces sintiéndose sumamente emocionado-. Pero con la finalidad de estar seguros, le pido que se recueste. Voy a hacer algunas observaciones -le pidió, y entonces notó a Eneas, sumamente desesperado por saber-. Mi príncipe, le pediré amablemente que se retire por favor -comenzó a empujarlo Lapix fuera de la habitación, cerrando la puerta tras de sí, y dejando a Eneas con la incertidumbre.

Playas de Troya. Campamentos Aqueos. Tienda de Áyax.

-Entonces Telémaco tiró de la cola de Argos y el perro soltó un gas tan tremendo que mi pobre bebé se desmayó… jajaja… fue hilarante -se carcajeaba Odiseo mientras compartía una mesa en los campamentos con Áyax, Aquiles, Diomedes y Teucro. Los primeros se carcajeaban ya ebrios junto a Odiseo, quien se encontraba igualmente alcoholizado. Diomedes y Teucro también estaban bastante ebrios, pero no compartían la felicidad del grupo-. Cuanto extraño a ese pequeño bribón, me pregunto si estará bien -sonrió Odiseo.

-Te entiendo, viejo amigo -le espetó Áyax, pero antes de continuar hablando, vació un ánfora completa de vino, y eructó contra el rostro de Aquiles, quien inmediatamente tomó un ánfora, la bebió por completo, y le regresó un eructo aún más potente-. ¡Ese es mi Aquiles! ¡El poder de los pulmones de mi primo es legendario! -se burló Áyax.

-Que no soy tu primo… armatoste… -se tambaleó un poco Aquiles-. ¿Y tú qué sabes de paternidad? No te ves tan vejete. De Odiseo es pasable porque ya se ve todo acabado, pero de ti. ¿Qué animal se aparearía contigo? -lo fastidió Aquiles.

-¿Qué dijiste sobre mi amada Brenda? ¡Para tu información, ella es la más bella de todas las mujeres con las que he tenido hijos! -se enorgulleció Áyax, y Aquiles hizo una mueca de descontento, Diomedes y Teucro intercambiaron miradas de desprecio- Eantides es mi orgullo. Mi mismo cuerpo, los ojos de su madre, todo un pillo. También lo extraño mucho, Odiseo, mi pequeño becerrito. Hoy es el hombre de la casa mientras no estoy. Dio cacería a su primer Jabalí sin ayuda. Estaba tan orgulloso -se secó las lágrimas traicioneras Áyax, y entonces miró a Aquiles-. Muérete de envidia, pequeño mequetrefe. No solo he traído más tesoros a Agamenón en las incursiones a los pueblos cercanos a Troya, pero tengo un hijo que me hará orgulloso -sentenció Áyax con orgullo.

-Yo también tengo un hijo, cara de trasero de buey -le presumió Aquiles, y tanto Teucro como Diomedes bajaron sus miradas sintiéndose horriblemente entristecidos-. Se llama Pirro, y es hijo mío y de Deidamía. Y será tan grandioso como su viejo. ¡Su nombre será leyenda! Aunque no es que me interese ser padre, pero, ya cumplí, así que puedo concentrarme en mi vida, ahora es problema de Deidamía -aseguró Aquiles.

-Yo si cuidaría de mi esposa y no la dejaría abandonada con un hijo recién nacido -lloró Teucro en un susurro, mientras jugueteaba con su copa, distrayéndose de la conversación-. ¿Por qué las mujeres quieren a los patanes? ¿No hay mujer para Teucro? ¡Teucro se bueno, Teucro lo jura! -le lloró a Diomedes.

-Teucro debe dejar de hablar en tercera persona cuando está borracho -le recriminó Diomedes, y bebió de su copa de oro-. Pero igual que a ti, me fastidia esta conversación. Yo si tengo esposa, pero no tengo hijos, ni los tendré hasta volver a verla, si es que vuelvo a verla. ¿Quién dice que viviré lo suficiente para tener hijos? De todas formas, ¿no deberíamos estar planeando qué hacer? Estamos ahogando nuestras penas en vino, pero hasta este se está acabando. Vuelve en ti, Odiseo, necesitamos un plan -chascó los dedos.

-No seas aguafiestas… -se quejó Odiseo, pero entonces se forzó a sí mismo a pensar-. Ow… ya me está dando la resaca… al menos deberías dejarme dormir para recuperarme… ow… ow… -respiró profundamente, comenzó a sudar frio, pero recobró algo de autocontrol-. En definitiva… nos estamos quedando sin suministros… Troya seguro está en la misma situación, pero… nosotros somos más. Las incursiones a los pueblos vecinos han ayudado a proveer algo de comida para solventar la crisis que tenemos, pero… no es suficiente… necesitamos más, la guerra se está extendiendo demasiado -les recordó, y todos se forzaron a sí mismos a salir de la embriagues, aunque nadie podía hacerlo al nivel de Odiseo.

-¿Por qué no atacar un lugar más grande? ¡Masacrar pueblitos no es divertido! -se quejó Áyax, e intentó volver a beber de su ánfora, pero Teucro no se lo permitió- Pero, sin importar lo que hagamos, algo es seguro. ¡Estaré siempre a un paso delante de ti, pequeñín! -se burló de Aquiles, quien sacó su espada en ese momento.

-¿A quién llamas pequeñín, armatoste? -Áyax se puso de pie buscando bronca, y esta hubiera estallado si Teucro no hubiera separado a Áyax, ni Diomedes a Aquiles- En todo caso… estás de suerte porque Agamenón te da los pueblos más ricos para saquear. ¡Solo espera a que tenga mi oportunidad de oro y verás como mi gloria opacará a la tuya! ¡Mi nombre por siempre será recordado como el nombre del más glorioso de los Aqueos! -sentenció.

-Veo que todos están muy animados -escuchó el grupo. Diomedes y Teucro viraron a ver al recién llegado, Áyax y Aquiles lo ignoraron y comenzaron a pelear, Odiseo solo estampó su copa en la mesa con molestia-. Que gentil recibimiento, Odiseo -le sonrió Palamedes.

-Largo de aquí… -se puso de pie Odiseo, acercándose a Palamedes, y preocupando a Diomedes, quien intentó interponerse, pero cuando Áyax y Aquiles sacaron sus espadas, fue necesario de él y de Teucro para detener una posible matanza-. Estoy lo suficientemente ebrio para alegar que el alcohol me cegó y te tumbé todos los dientes -insistió.

-Me gustaría verte intentarlo, Odiseo. Pero no vine por ti -espetó Palamedes, y viró a ver a Diomedes cargando a Aquiles mientras el rubio intentaba cortar la cabeza de Áyax con su espada. Por el lado de Teucro, el de Sagitario intentaba razonar con el de Tauro que ya cargaba la mesa intentando aplastar a Aquiles con esta-. Vengo por órdenes de Agamenón, mi señor Diomedes. El Rey Supremo ha ordenado que usted y el joven Aquiles, dirijan sus unidades de batalla a Dárdanos y busquen apoyo del rey Anquises en contra de Troya -la revelación perturbó a Diomedes, quien inmediatamente viró a ver a Odiseo, quien ya había sacado su guadaña-. ¿Tan pronto te haces del Megas Depranon? Aún con este no pretendo dejarme vencer -elevó su cosmos Palamedes.

-Oh, lo siento… estoy tan ebrio que no sé lo que hago -preparó su guadaña Odiseo, pero Diomedes se interpuso en el camino mientras Odiseo lanzaba su ataque, y lanza y guadaña chocaron, causándole a Diomedes un terrible dolor por bloquear el ataque de Odiseo-. ¡Hazte a un lado que voy a poner fin a este imbécil! -enfureció Odiseo.

-Ese imbécil tiene el favor de Agamenón… por favor, Odiseo… se razonable… -le pidió Diomedes, y el furioso de Odiseo guardó su guadaña-. Creo que me disloqué el hombro… -se quejó Diomedes-. Pero, volviendo al tema. ¿Desde cuándo el Rey Supremo toma las decisiones sin el consejo? ¿Están enterados de esto Athena y Poseidón? -preguntó Diomedes, precavido.

-Esta es una misión secreta, y solo se ha podido dialogar mientras Athena y Poseidón duermen -les aseguró Palamedes, lo que no era del agrado de Diomedes ni de Odiseo-. El Rey Supremo celebró consejo sin los dioses, a sugerencia mía claro está. Ambos dioses han tenido tanto estrés que no queríamos molestarlos con algo tan trivial. Mandamos mensajeros a sus tiendas, mis señores, pero nadie sabía que celebraban en la de Áyax, así que cuando el consejo comenzó con su reunión, se tomó la decisión sin ustedes -finalizó Palamedes.

-¡Tú arreglaste esto! -enfureció Odiseo, pero Diomedes lo detuvo nuevamente- Iré a con Shana. Le pediré que reúna al consejo nuevamente -comenzó Odiseo, abriendo las mantas de la tienda, dispuesto a salir.

-¿Eso significa que le negarás su gloria a Aquiles? -preguntó Palamedes con una sonrisa maliciosa, y Aquiles le prestó toda su atención- Agamenón está furioso porque Aquiles no ha resultado ser el campeón que Calcas profetizó, pero yo me las arreglé para convencer al consejo para darle una oportunidad. El consejo accedió, pero solo si Diomedes lo acompañaba, están a punto de quitarle su Armadura Dorada por los pobres desempeños, yo solo hago lo posible porque eso no ocurra -finalizó Palamedes.

-¿Es eso cierto, Palamedes? -se molestó Aquiles, sorprendiendo a todo mundo pues acababa de salir de su embriagues por la molestia- ¿Es verdad lo que dices? Si es mentira te arrancaré la lengua yo mismo. ¿De verdad se reunió el consejo sin los dioses, sin Odiseo, y sin Diomedes? ¿De verdad me ven tan despectivamente y me has conseguido esta oportunidad? -Palamedes sonrió, y Aquiles de inmediato viró en dirección a Odiseo- Necesito enmendar mi nombre -le pidió a Odiseo.

-¡Palamedes planeó todo esto! ¡Ni siquiera sabemos si es verdad! -se molestó Odiseo, pero Aquiles lo miró fulminantemente- Aquiles… se razonable, ¿no te parece sospechoso todo esto? Preferiría ir a donde Agamenón y preguntárselo personalmente -aseguró Odiseo.

-Tú ve y pregúntale. Yo iré a Dárdanos a recuperar mi honor -se molestó Aquiles, y comenzó a llamar a los Mirmidones. Palamedes sonrió en ese momento, escuchando a las afueras de la tienda que los soldados se movilizaban.

-Agamenón sabrá sobre esto… -miró Odiseo con desprecio a Palamedes, quien salió de la tienda, ignorándolo en todo momento-. ¿Planeas ir? -le preguntó Odiseo a Diomedes, quien suspiró en ese momento y desvió la mirada para buscar ayuda de Áyax o de Teucro, pero el par ya se había quedado dormido por la embriaguez-. Me prometiste que te opondrías junto a mí a la idea de invadir Dárdanos -se molestó Odiseo.

-Y me opondría si hubiera sido decisión del consejo, pero Palamedes nos sacó a propósito para que no tuviera votos en contra -le recordó Diomedes-. Pero eso ya no importa, Aquiles está convencido y no esperará a que se reúna el consejo. O lo alcanzo y lo apoyo, o lo dejo partir solo y me arriesgo a que muera y no cumpla con su profecía en esta guerra. Pero por nuestra amistad… dejaré que decidas por mí lo que debo hacer… -ofreció.

-No podemos dejar a Aquiles solo -fue la respuesta de Odiseo, y Diomedes asintió-. Iré a donde el consejo, expondré mi descontento. Tú júrame que harás todo lo posible por evitar una confrontación con Dárdanos -le ofreció su mano Odiseo, y Diomedes no dudó y la tomó-. Somos amigos… esto no lo cambia, ¿verdad? -le preguntó.

-Me ofende que lo preguntes -le sonrió Diomedes-. Estoy de tu lado, y como prueba, acompañaré a Aquiles… sin mi ejército… -se quitó la capa escarlata Diomedes, y cubrió a Odiseo con la misma. El escudo de Argos ondeaba junto con esta-. Argos, Tebas y Calidón, te entrego mis 3 ejércitos. Son tuyos hasta mi regreso -salió de la tienda Diomedes, y saltó al auriga de Aquiles cuando este pasó con Automedonte y Aquiles sobre el mismo, dejando a Odiseo allí, entristecido, sabiendo que había alguien tan listo como él que le acababa de declarar la guerra de intelecto, y lo iba venciendo.

Dárdanos. Palacio de Anquises. Habitación de Eneas.

-¡La impaciencia me está matando, Lapix! ¡Ya déjame entrar! -se fastidió Eneas, entrando sin darse a esperar, y encontrando a una sumamente apenada Creúsa ya vestida, mientras Lapix, sentado en una silla frente a su cama, parecía dar lecciones a Creúsa- ¿Qué ocurre, Lapix? ¿Mi esposa está bien? -se preguntó.

-Oh, su esposa está en un perfecto estado de salud, mi señor… -pero Creúsa estaba tan roja, que Eneas apenas y podía creerlo-. Es solo que me sorprende bastante lo poco que sabe de sexualidad. La familia de Príamo es tan fértil que me cuesta creer que no la hayan preparado para este momento. Tan solo le explicaba lo que va a pasar con su cuerpo -aclaró.

-Estoy… estoy… estoy… -se perturbó Creúsa, alegrando a Eneas más y más-. ¡Estoy embarazada como una mortal! ¡Y me va a doler mucho! -lloró Afrodita, pero Eneas estaba tan emocionado que cargó a Creúsa y la giró alrededor de toda la habitación- ¡No lo entiendes! ¡Los dioses solo aparecemos a nuestros hijos y ya! ¡No sentimos nauseas, ni cambios de ánimos, ni sufrimos antojos de ningún tipo, molestias, o dolores de parto! ¡Y definitivamente la depresión post-parto no existe a menos que te nazca un Hefestos! ¡Pero mientras sea una humana me va a doler, y mucho! -lloró Creúsa.

-¡No tengo idea de lo que balbuceas, pero me acabas de hacer el hombre más feliz en toda Gea! -la cargó en sus brazos Eneas, y la besó con pasión desenfrenada, sorprendiendo a Creúsa, quien sintió su corazón quejarse.

-¡Uwah! ¡Suéltame! -se zafó de sus brazos Creúsa, y comenzó a empujar a Eneas fuera de la habitación, sintiéndose enteramente ruborizada- ¡Fuera! ¡Necesito tiempo con mis pensamientos! ¡Fuera todos! -gritó Creúsa apenada, cayó al suelo nerviosa, y meditó lo que estaba ocurriendo- ¿Qué Espectros fue ese latir tan estruendoso? Solo pensar en el beso que me dio Eneas y mi pecho me… -el pecho volvió a dolerle, y Creúsa se sintió más y más extraña-. No es posible, ¿por qué me siento así? ¿Es porque estoy embarazada como una humana? Mi cuerpo humano se siente tan extraño. ¿Qué me está pasando? -lloró Creúsa desesperadamente, se abrazó las piernas, e intentó tranquilizarse- Este sentimiento es… tan diferente de la lujuria… aunque se le parece. ¿Qué es? ¿Por qué me hace sentirme tan vacía… y a la vez tan llena…? ¿Qué es esto? -se tiró del cabello intentando comprenderlo, pero entonces la revelación llegó- ¿Acaso es este… el amor del que Athena siempre ha estado hablando? ¿Esto es lo que sienten los humanos cuando quieren estar con alguien y no es solo por lujuria? Este sentimiento… es horrible… -se puso de pie entonces Creúsa, y miró la puerta cerrada-. Pero… deseo seguir sintiéndolo… -abrió la puerta, y encontró a su preocupado esposo allí-. ¿Decías? -agregó apenada.

-¿Está todo bien, Creúsa? ¿Es uno de tus cambios de ánimo por el embarazo? -le preguntó Eneas, y Creúsa no supo qué responder, pero de todas formas no tenía el valor de mirar a Eneas a los ojos- Creúsa… -la tomó de la mano Eneas, y Afrodita gritó a sus adentros mientras Creúsa permanecía paralizada por el toque de Eneas-. Amor mío… de verdad no puedo expresar con palabras lo feliz que estoy de que cargues en tu vientre a mi primogénito. Gracias a Afrodita por esta oportunidad, por siempre la atesoraré por la bendición con que nos ha recompensado. Deseo hacerlo público a todo el reino. ¿Vendrás conmigo a darle la noticia a mi padre? -le suplicó Eneas, y el corazón de Creúsa latía cada vez más fuerte.

-No lo soporto más… -lo abrazó Creúsa, y Eneas se sorprendió-. No es atracción física solamente… en verdad… por primera vez desde la era del mito, Afrodita siente amor verdadero, estoy tan feliz… -lloró Creúsa, y entonces sonrió para su marido-. Al Hades con la guerra. ¡Quiero seguir experimentando este amor! -lo besó ella, y Eneas le regresó el beso, sorprendido. Su esposa definitivamente no actuaba así.

-No sé qué mosca te picó… pero siento que te veo por primera vez como realmente eres, Creúsa… -le sonrió Eneas, y Creúsa bajó la mirada sintiéndose apenada-. Que nuestros hombres preparen un gran banquete. Celebraremos como en el día de nuestra boda. Que todo el mundo sepa que la princesa Creúsa carga a mi heredero en su vientre, iremos a darle la noticia al rey personalmente -se alegró Eneas, y cargó a Creúsa en dirección a la Sala del Trono. Creúsa se olvidó por completo de su misión, se entregó a las emociones humanas en su totalidad. Pero la sombra de la guerra, estaba más cerca que nunca.

Monte Ida. Afueras de Dárdanos.

-Aquiles… -interrumpió sus pensamientos Diomedes, mientras Aquiles miraba a la ciudad fortaleza de Dárdanos. Patróclo de Leo, Antíloco de Virgo, Fénix de Heracles y Automedonte de Hipocampo, estaban a su lado. Entre sus tropas también se encontraban Eumelo de Auriga por parte de los Caballeros de Plata, entre los de Bronce los acompañaban Trasímedes de Andrómeda, el hermano menor de Antíloco, Podarces de Dragón, el hermano menor del fallecido Protesilao de Orión, y Anfidamante de Boyeros, otro de los Mirmidones al servicio de Aquiles. También los acompañaba el General de Poseidón, Meríones de Scilla-. Ya que Odiseo no se encuentra aquí, he de sugerirte que intentes la diplomacia primero. Deberíamos enviar una escolta de negociación -sugirió.

-La verdad es que no soy bueno negociando… -se apenó Aquiles, y se puso pensativo-. ¿Qué debería hacer? Dárdanos se ve demasiado poderosa. No pretendo que se repita lo de Troya aquí también -se preocupó Aquiles, intentando razonar sus acciones siguientes.

-Podemos vencerlos, pero pienso igual que Diomedes -interrumpió sus pensamientos Fénix-. La guerra ha estallado en Troya, pero no significa que en Dárdanos deba estallar también. Podemos negociar una alianza pacífica. Los Dárdanos no necesitan siquiera ir a la guerra. Con obtener víveres de su parte y prometiéndoles una parte del botín de Troya podríamos forjar una alianza en común contra Príamo -le explicó Fénix, pero Aquiles no lo entendió.

-Es sabido que Príamo, rey de Troya, y Eneas, príncipe heredero y quien gobierna Dárdanos por la situación de salud de su padre el rey Anquises, son enemigos acérrimos -le explicó Automedonte, quien sabía más de las relaciones de Troya al ser parte del consejo de Idomeneo de Crisaor-. No hace mucho, el rey Príamo intentó hacerse con la lealtad de Eneas entregándole a su hija más joven y hermosa, Creúsa, en matrimonio. Eneas aceptó a la mujer más no la relación política y militar, insultando aún más al rey Príamo. En otras palabras, el desprecio entre ambos es tal, que es posible que Dárdanos se una a las fuerzas Aqueas -finalizó.

-¿Aún si significa hacerle la guerra al padre de su esposa? -preguntó Patroclo, impresionado- No me parece algo muy inteligente. ¿No tiene mayor responsabilidad a con Troya por su matrimonio? -preguntó curioso.

-Siempre que el matrimonio no se consume con un heredero esa responsabilidad es nula -le explicó Antíloco-. Así es como se manejan los matrimonios entre reinos. Una vez exista heredero, la unión entre las familias se concreta. Eneas todavía puede regresar a Creúsa si quiere, lo que es cruel, pero posible -terminó con su explicación.

-Entonces mediaremos -concluyó Aquiles-. Diomedes, ¿puedo contar contigo para aconsejarme sobre las negociaciones? No se me conoce por ser un buen orador -explicó Aquiles, y Diomedes reverenció, aceptando ayudarlo-. No sería inteligente presentarme sin protección, llevaré a algunos soldados, pero solo suficientes para emprender una huida de ser necesario. Fénix de Heracles, Trasímedes de Andrómeda y Podarces de Dragón, vendrán conmigo, acompañados de 100 Mirmidones, eso será todo -concluyó Aquiles, y tanto Patroclo como Automedonte hicieron muecas de descontento-. ¡Los necesito a ustedes aquí arriba, par de idiotas! ¿Quién va a liderar el rescate de ser necesario? -se molestó.

-Pero mi señor -comentaron ambos al unísono, preocupando a Aquiles-. ¡Es mi deber permanecer siempre a su lado y defenderlo a toda costa, señor! -reverenciaron ambos militarmente, incomodando a Aquiles.

-Tú le debes lealtad a Poseidón -apuntó Aquiles a Automedonte, quien se deprimió-. Y a ti es al único que le daría el control de mi ejército en mi ausencia, Patroclo imbécil. Así que siéntete agradecido y acepta este honor -finalizó Aquiles.

-Será mejor que Patroclo esté muy al pendiente… es posible que requiramos ese rescate -aclaró Diomedes, mirando a las puertas de Dárdanos, encontrando una caravana Troyana que pedía audiencia, y a Trolio que cabalgaba frente a ellos-. Siento el cosmos del sujeto que combatió a Menelao, pero, ¿dónde está? -se susurró a sí mismo Diomedes, recordando al Espectro que era capaz de transformar cualquier objeto en un arma.

Afueras del Palacio de Anquises.

-Estúpido Héctor, haciéndome venir como su mensajero… me las va a pagar… -se quejaba sonoramente Trolio, quien no vestía su Suplice en esos momentos, vistiendo en su lugar una túnica morada y llevando a su alrededor varios adornos preciosos como joyas, anillos, incluso aretes, mientras cabalgaba en dirección al palacio de Dárdanos con su escolta de 100 soldados, un Espectro Terrestre, la princesa Políxena, y medio Dárdanos maravillándose ante su belleza. Sin su casco, Trolio poseía una cabellera rubia-castaña larga y abundante, la cual había arreglado en una trenza, además de que llevaba maquillaje real puesto, aunque en su rostro lo hacía ver más femenino. Políxena, a su lado, se mostraba incomodada por las atenciones que ganaba sobre ella, Trolio casi parecía una mujer-. ¿Qué me ves, hermana? -pero su actitud era la de un cerdo.

-Trolio… tiene desde ayer por la noche que salimos de Troya por las Puertas de Esceas que deseo preguntarte algo, ¿por qué la túnica en lugar de tu Suplice? -preguntó Políxena contrariada- Quiero decir, yo tampoco visto una Suplice, pero tú… cómo decirlo… me molesta un poco el que más gente te dirija miradas de lujuria a ti que a mí… -se fastidió Políxena.

-¿Me estás llamando femenino? -la apuntó Trolio de forma acusatoria- Déjame decirte que soy respetado como un miembro de la guardia Troyana muy importante, y si decidí ponerme todas estas joyas fue para demostrar mi grandeza económica ante los lacayos de Dárdanos… explícaselo, Pándaro -ordenó Trolio al guerrero que iba a su lado, atractivo como Trolio, pero de piel bronceada y ojos extrañamente esmeraldas. Su cabellera era negra y alaciada, aunque con ligeras ondulaciones. Veía a Políxena en todo momento como si la desnudara con la vista mientras cabalgaba detrás de ella-. Pándaro… deja de desnudar a mi hermana en tu mente, aún no es tuya -se burló Trolio, y Políxena se ofendió y cacheteó a su hermano.

-Ah, mi príncipe -comenzó el Espectro-. Es verdad que usted está entre los guerreros más fuertes de los Espectros Celestes. Incluso su hermano Héctor no fue bendecido con una Suplice Celeste, sino con una Terrestre como la mía -y Trolio asintió, sintiéndose orgulloso-. Sin embargo, debe comprender los celos de su hermana Políxena, ya que usted es tan bello y femenino también. Además, mi señor, tan bello se ve en estos momentos que yo inclusive sería capaz de raptarlo si se distrae, así que tenga mucho cuidado -se burló Pándaro, horrorizando a Trolio, quien separó su caballo del de Pándaro y se alejó lo más que pudo-. Hiere los sentimientos de su amigo de la infancia -lloró el Espectro.

-No por nada eres el espectro de la Lujuria, Pándaro -sonrió maléficamente Políxena, mirando a Trolio, quien se sobresaltó por la mirada-. Héctor puede ser el líder de los Espectros Terrestres y Trolio el de los Espectros Celestes, pero todos los Espectros me deben su lealtad al ser la reencarnación de Pandora. Tal vez envíe a Pándaro a tu habitación por la noche -amenazó Políxena, y Pándaro asintió varias veces en aprobación-. Además, seguramente vestirte de esa manera fue su idea. Pandaro te desea, hermanito -se burló Políxena.

-Estás celosa de que no eres tan bella como yo -se dijo a sí mismo Trolio, enfureciendo a Políxena aún más-. Pero, de todas formas, atenderé a la solicitud y vestiré mi Suplice para la próxima conferencia real, pero hoy visitamos el reino de Afrodita. ¿Cómo buscar su favor sin verme hermoso? -finalizó Trolio mientras miraba la inmensa fuente de Afrodita construida a las afueras del palacio del rey Anquises, y frente a las puertas dobles e igualmente inmensas que daban entrada al palacio encontró a la doncella más bella que sus ojos habían visto jamás-. Las bellezas de Afrodita no podían faltar aquí en Dárdanos -se saboreó Trolio tras ver a la criada. Su cabellera era anaranjada, como la de la mayoría de la gente de Dárdanos, y su piel lechosa y fina. Poseía también unos ojos color verde suave, en los cuales Trolio se perdió momentáneamente-. Que belleza -se ruborizó Trolio, y de reojo vio a Pándaro babear mientras la veía, y se molestó, forzándolo a desviar la mirada inocentemente.

-Mi señor -reverenció la joven-. Mi nombre es Crésida, soy la criada personal de mi señor Eneas y de su esposa Creúsa. Sirvo también al rey Anquises en su enfermedad. En el nombre de mi rey les expido una disculpa, pero, desconocíamos que se presentaría el príncipe y la princesa de Troya, no estamos listos para recibirles -explicó Crésida.

-Oh, no debe preocuparse, bella señorita -habló Trolio tomándole de la mano a Crésida, sorprendiendo a Políxena, incluso se esforzó porque su voz sonara lo más melodiosa posible-. No es molestia para nosotros esperar. Puede informar al rey Anquises, al príncipe Eneas, y a mi hermana Creúsa, que Trolio de Draconis, Estrella Celeste del Prestigio, acompañado de la princesa Políxena, y del general de la guardia Troyana, Pándaro de Quiver, Estrella Terrestre de la Lujuria, han llegado desde Troya esperando audiencia -terminó Trolio, ganándose una gentil sonrisa de Crésida.

-Este pueblo tan femenino me está enfermando. Necesito golpear a alguien para sentirme varonil otra vez -se escuchó la voz de Aquiles, y un molesto Trolio se viró para encararlo por la interrupción, pero se encontró cara a cara con él-. Oh… vaya… Dárdanos tiene bellezas también aquí. ¿Cuál es tu nombre, preciosa? -coqueteó Aquiles, y Trolio se percató de que le estaban coqueteando a él.

-Mi señorito… -lloró Pándaro desde su caballo, sintiendo que le arrebataban a su príncipe-. De haber sabido que me lo arrebatarían de esta manera me hubiera escabullido a su cuarto a hacerlo mío -lloró, perturbando a Trolio y a Políxena aún más.

-Pándaro… me preocupas demasiado -señaló Políxena, pero pronto recobró el sentido común que al parecer ninguno de los presentes poseía-. ¡Eso no es importante de momento! ¿Qué hacen todos ustedes aquí? -los Troyanos todos prepararon las armas, pero los Mirmidones de Aquiles no sacaron sus armas, todos los Mirmidones estaban tranquilos, como si ninguno de los Troyanos presentes fuera digno de empuñar una espada en su contra.

-Usted también posee una belleza envidiable, señorita -le sonrió Aquiles a Políxena, quien se ruborizó en ese momento-. Es una lástima que seamos enemigos, me conformaría con cualquiera de ustedes, regresaría a casa, y me llenaría de hijos. Tal vez incluso las rapte a ambas -Políxena se dio la vuelta para ocultar su rubor, Trolio estaba furioso porque lo estaban confundiendo con una chica, pero la situación no era la adecuada, 2 ejércitos de 100 hombres cada uno se encontraban en la entrada del palacio de Dárdanos, y pese a que la situación se veía Equilibrada, eran un Espectro Celeste y uno Terrestre contra 2 Caballeros Dorados, 1 de Plata y 2 de Bronce-. Pero, pese a que sería muy sencillo asesinar a su Espectro, ejecutar a los 100 soldados Troyanos, y capturarlas a ambas en estos momentos y probablemente llevarlas a mi tienda antes de regresar a Troya para continuar con el asedio. Dárdanos es terreno neutral, y no llenaré los pasillos de un aliado potencial de sangre. Aunque casi deseo que diga que no, así las tomaría a ambas ahora -sedujo Aquiles, horrorizando a Trolio-. ¿Lo hago bien, maestro Diomedes? -se dirigió Aquiles a Diomedes.

-Perfecto, mi pervertido estudiante -lo alagó Diomedes. Fénix por otra parte se golpeó el rostro en señal de molestia, y tanto Trasímedes como Podarces movieron sus cabezas en negación-. Pero dejando las hostilidades y la lujuria a un lado, y a sabiendas de que al parecer los Troyanos tuvieron nuestra misma idea. Mejor aceleremos esto, ¿quieren? -se dirigió Diomedes a Crésida y reverenció-. Diomedes de Escorpio, rey de Argos, de Tebas y de Calidón. Conmigo viene Aquiles, príncipe de Ftía y campeón de los Aqueos. Fénix de Heracles, pupilo del Centauro Quirón. Trasímedes de Andrómeda, príncipe de Pilos. Y Podarces de Dragón, príncipe de Tesalia -reverenció Diomedes, el resto reverenció también-. Solicitamos audiencia con el rey Anquises, el príncipe Eneas, y el resto de la familia real de Dárdanos -solicitó.

-¡De inmediato! -agregó Crésida, inmensamente sonrojada, lo que enfureció a Trolio, pero no podía hacer nada pues Aquiles lo miraba con lujuria y aquello lo aterraba- Se-se-se-será un placer, mi señor Diomedes, por Afrodita es tan atractivo. ¿Eh? ¿Dije eso en voz alta? Quiero decir… permítanme un momento -entró Crésida al palacio, dejando al grupo de Troyanos y Mirmidones Aqueos mirando a Diomedes con desprecio.

-Tengo mucho que aprender… -señaló Aquiles, y entonces miró a Trolio, quien se sobresaltó por la mirada pervertida-. ¿Quieres enseñarme? Podemos aprender juntos, en mi tienda, esta noche -le acarició la barbilla, y Políxena se cubrió la boca intentando no dejar escapar su risa, pero sus ojos ya le lloraban sin poderse contener-. También estás invitada, hay suficiente Aquiles para ambas -sonrió Aquiles, apenando esta vez a Políxena.

-Oh, podemos planear una orgía -sentenció Pándaro parándose frente a Aquiles-. Usted también es muy atractivo mi señor. Podemos sellar la paz con votos a Afrodita y a Dionisio, sería un fin de la guerra tan placentero -sonrió Pándaro.

-Ah, otro que le tira a lo Patroclo -retrocedió Aquiles-. Solo me interesan las mujeres, rarito -se fastidió Aquiles, y entonces Pándaro parpadeó un par de veces y miró a Trolio, que movió su cabeza en negación en repetidas ocasiones-. Ahora, si me permites, intentaba preguntar el nombre de esta belleza -le guiñó el ojo Aquiles.

-Oh… su nombre es Trolio… -respondió Pándaro, y Trolio palideció-. Trolio de Draconis, Estrella Celeste del Prestigio e hijo de Príamo, lo que lo hace príncipe de Troya -por unos instantes hubo silencio, mientras la información era procesada en los cerebros de todos-. Nació con lanza, pero es pequeña, se puede ignorar -terminó Pándaro, y Políxena no lo soportó más y estalló en una tremenda carcajada, seguida de Diomedes, de Podarces y de Trasímedes, Fénix por su parte comenzó a golpear una columna para evitar reírse también. De pronto Troyanos y Mirmidones estaban atacados de la risa, y tanto Aquiles como Trolio comenzaron a enfurecer.

-Al Troyano que se atreva a decir algo de esto. ¡Lo haré pedazos! -gritó Trolio furioso, y su Suplice se levantó de las profundidades del Inframundo y lo vistió, los Troyanos de inmediato se asustaron, incluyendo a Políxena, mientras el cosmos de Trolio crecía sombrío y sumamente poderoso, incluso los Mirmidones se sobresaltaron. El cosmos de Trolio era tremendo- Ahora… Pándaro… tú y yo vamos a tener una discusión larga y dolorosa una vez que lleguemos a Troya -sentenció Trolio, intimidando a Pándaro.

-Diomedes… -comenzó Aquiles con desprecio, y el rey de Argos, de Tebas, y de Calidón, se mostró sumamente sorprendido, mientras Aquiles lo miraba con ojos de asesino-. Si ordeno el silencio de mis Mirmidones, ellos obedecerán, pero de los presentes solo tú no eres un Mirmidón… una palabra… a quien sea… en especial a Patroclo. ¡Y no me importa si somos alumno y discípulo, te asesinaré! -el Tigre y el Dragón rugieron, y Diomedes juntó espaldas con Pándaro, ambos en extremo afectados por el desprecio de sus aliados.

-Aquiles… escucha… no es vergüenza admirar la belleza masculina… en todo caso es una confusión que cualquiera podría tener -intentó tranquilizarlo Diomedes, pero Aquiles estaba tan furioso, que ya desenvainaba su espada.

-Es verdad, mi señorito… -mediaba también Pándaro del otro bando, mientras Trolio sacaba su espada-. Además, debería estar orgulloso. Es tan bello que hasta los hombres se enamoran de usted. Al menos yo no tengo miedo de admitirlo -le sonrió Pándaro.

-¡Eso es porque tu estrella es la de la Lujuria! ¡Malnacido bisexual! -insultó Trolio- ¡A las armas todos! ¡No quedará nadie vivo que pueda siquiera susurrar al respecto de lo que ha ocurrido! -los Troyanos sacaron sus armas.

-¡Pensamos igual, rarito! -apuntó su espada Aquiles, y los Mirmidones todos prepararon sus armas- ¡Ningún Troyano podrá acusar jamás a Aquiles de…! -y entonces Aquiles miró a Políxena- Un momento por favor -caminó Aquiles a Políxena, y le alzó la falda, ruborizando a todos los Troyanos por el acto, y más que nadie a Políxena, quien se cubrió lo más rápido que pudo-. Al menos esta no tiene lanza -comprobó Aquiles.

-¡Tiene tridente! -materializó su tridente Políxena en su furia. Pero antes de que cualquier cosa pudiera ocurrir, Crésida abrió las puertas del palacio de Dárdanos con ayuda de los soldados del lugar, y pese a todos los malos entendidos y el desprecio que todos sentían, tuvieron que pretender que todo estaba bien.

-El rey Anquises, el príncipe Eneas, y la princesa Creúsa, los recibirán -sonrió Crésida, invitando a ambos ejércitos a pasar. Tanto Aquiles como Trolio, quienes estaban ahogados en desprecio mutuo, asintieron, pero pretendieron continuar con las formalidades y entraron seguidos de Diomedes y de Pándaro, quienes compartían risas nerviosas, les siguieron un apenado Fénix y una furiosa Políxena, después los confundidos Trasímedes y Podarces, y al final a los 200 soldados se les negó la entrada-. Por seguridad de la familia real, hasta aquí por favor -pidió Crésida-. Por favor no se asesinen hasta terminadas las negociaciones, algunas criadas les llevarán juegos de mesa y bebida. Esperamos que se diviertan, gracias por su comprensión -finalizó, y los soldados de Dárdanos cerraron las puertas.

-¡Troyanos, Aqueos! -alzó una copa dorada Eneas, el príncipe de Dárdanos- Sean todos bienvenidos -reverenció, y en ese momento Diomedes sintió un tremendo poder emanando de Eneas, tal era su poder que comenzó a temblar sintiéndose apresado por el mismo.

-Lo he sentido yo también -le mencionó Pándaro, y Diomedes lo miró de reojo-. Eneas no es Espectro, no le debe lealtad a nadie. Tanto Aqueos como Troyanos peligramos en estos momentos. Ese sujeto… es un semidiós -le explicó Pándaro, y Diomedes lo comprendió.

-Entonces los rumores son ciertos… -tragó saliva Diomedes-. Ese sujeto… es hijo de Afrodita… y no lo estoy utilizando como insulto -miró entonces Diomedes a Creúsa, quien lo miraba a él en específico con desprecio, como si hubiese escuchado lo que Diomedes había dicho-. Esa mujer… -tragó saliva Diomedes, sintiendo un cosmos divino proviniendo de ella, uno que parecía estarlo atacando.

-¿Por qué están tan tensos? ¿Acaso no han venido Aqueos y Troyanos a negociar? -preguntó Eneas, extendiendo su mano a Creúsa, quien llegó a su lado. El rey Anquises por otra parte, anciano y paralítico, no podía ni siquiera levantarse de su trono- Descuida padre, yo los atenderé -le reverenció Eneas-. Soy el príncipe Eneas. Represento a mi padre y rey, Anquises, quien quedó paralitico por un rayo de Zeus cuando me reveló el nombre de mi verdadera madre, Afrodita. Soy un semidiós… y desde este momento les aseguro que tengo el poder de vencer a quien me pongan enfrente. Pero en Dárdanos no queremos la guerra, amamos y veneramos a Afrodita. Además, los dioses acaban de darme un regalo, mi bella Creúsa espera a mi heredero. ¿Por qué debería yo entonces, apoyar a cualquiera de ustedes en su guerra absurda? -preguntó Eneas, sentándose en la mesa junto a Creúsa, e invitando al resto a sentarse también. Aqueos y Troyanos lo hicieron lo más lejos del otro bando que les fuera posible.

-No pretendemos que Dárdanos vaya a la guerra, mi señor -comenzó Aquiles, olvidándose de las vergüenzas de no hace mucho, y concentrándose en la tarea que tenía enfrente: conservar la neutralidad de Dárdanos-. Troya ha ofendido a Esparta, y 30 reinos han marchado a la guerra tras pedir en reiteradas ocasiones la devolución de Helena y la debida retribución. Hemos estado en guerra con Troya por casi un año, y Príamo se niega a retribuirnos o a regresar a Helena. Pretendemos continuar con nuestra guerra, pero el Rey Supremo, Agamenón, le estaría eternamente agradecido si nos proporcionara alimento para poder continuar con nuestra búsqueda de retribución. A cambio, le ofreceremos tesoros en igualdad a los alimentos que nos proporcionarían, además de la seguridad de su reino. Espero que entienda que no podemos aceptar un no por respuesta… mi señor… -reverenció Aquiles.

-Ah… la formalidad obligada… -sonrió Eneas, y Creúsa, a su lado, se encontraba sumamente nerviosa-. Temía que la guerra me llevara a esto. Básicamente, los Aqueos están en una situación muy precaria. O los ayudo voluntariamente, o atacan mi reino por la necesidad que tienen de abastecerse. Tal parece que no me es posible mantenerme en neutralidad -meditó al respecto Eneas, y entonces respondió-. Es verdad que no deseo conflicto, pero comprendo perfectamente su situación. En todo caso, la salida más fácil sería el comercio, mi reino no iría a la guerra, y ustedes tendrían alimento. Todos felices -concluyó Eneas, pero Trolio azotó su puño en contra de la mesa.

-¿Te estás escuchando, Eneas? -se molestó Trolio, y se puso de pie. Políxena y Pándaro intentaron detenerlo, pero Trolio no les hizo caso- Se presentan a tu puerta básicamente diciéndote: «O nos ayudas o te saqueamos», y tú les dices: «La salida más fácil sería el comercio». ¡Somos tú familia! ¡Te dimos a mi hermana para que te caliente la cama! ¿No es eso suficiente? -acusó Trolio, y Creúsa se molestó, pero fue Eneas quien elevó su cosmos, preocupando a Trolio, quien retrocedió impresionado.

-Parece que no lo comprendes, joven Trolio. Aquí el ofendido soy yo -su cosmos por fin alertó a todos los presentes, quienes se pusieron a la defensiva-. Primero voy a hacerte una sugerencia. Mide tus palabras. Es verdad que mi matrimonio a Creúsa me hace fiel a Troya, y que ahora que carga a un heredero mío no puedo regresarla y cambiar de lealtad. Pero eso no significa que aprecie a Príamo. Es solo por el amor a esa «calienta camas», que sigues con vida en este momento. Mucho cuidado con la forma en que te diriges a mi mujer -finalizó, y Creúsa sintió su pecho dolerle nuevamente-. Habiendo dicho esto, joven Aquiles. Quisiera en verdad poder ayudarles, pero… Dárdanos no puede negociar con los enemigos de Troya. Somos una nación neutral. Te pido a ti y a tus hombres que se retiren, y no cometan alguna equivocación. No aprecio a Troya, se podría decir que la desprecio. Pero tampoco puedo apoyarlos. Creúsa ya espera un hijo mío. Lo menos que puedo hacer es permanecer en la neutralidad -insistió.

-Y sin embargo… no estamos en una posición donde podamos aceptar un no por respuesta -meditó Aquiles, y tanto Eneas como él intercambiaron miradas-. La situación de los Aqueos es muy delicada. No exigirle auxilio sería un error… y sin embargo… tengo que admitir que es un hombre honorable, y sería una falta de respeto hacerle la guerra -finalizó Aquiles, sorprendiendo a Diomedes.

-¿Aún si significa que los 30 reinos entrarán en decadencia? -preguntó Eneas, y Aquiles asintió. Hubo silencio nuevamente, pero tras unos instantes, Eneas comenzó a reírse con fuerza- Este sujeto me agrada. ¿Oíste Creúsa? -se dirigió Eneas a su esposa, quien estaba sumamente preocupada. Deseaba mantener a Dárdanos lejos de la guerra, pero a su lado estaba Políxena, quien secretamente era Pandora, y no veía con buenos ojos esta insubordinación- Aqueos, me han demostrado que su misión no es injusta, que realmente desean retribución -prosiguió Eneas alegremente, y los Aqueos intercambiaron miradas-. Troya no ha hecho más que ofenderme, me dio una mujer, lo admito, pero Príamo y yo no somos amigos. No le debo lealtad a Troya, pero no soy enemigo de los Aqueos. Dárdanos continuará en su neutralidad, pero en recompensa por la sinceridad que me muestran, brindaré provisiones solo una vez. Esto es un acto de buena voluntad para su empresa, pero no habrá más que eso. Crésida, comunica a mi guardia real -la muchacha obedeció, y se preparó para hacer el anuncio. Mientras tanto, el cosmos de Creúsa fue invadido por el de Políxena.

-¿Qué estás haciendo, Afrodita? -escuchaba Creúsa que le hablaban directamente al cosmos- Puede que esto siga siendo neutralidad, pero los Aqueos son nuestros enemigos. ¡Haz algo para convencer a Eneas! ¡Ya basta de tus insubordinaciones! -insistió Pandora.

-¿Quién te crees que eres que le hablas a una diosa de esa forma, Pandora? -respondió Creúsa con su cosmos, rosado, inmenso, desafiando a Pandora, y tanto Aqueos como Troyanos se dieron cuenta de la inmensidad del cosmos de Creúsa mientras conversaba con Políxena, aunque eran Afrodita y Pandora quienes hablaban realmente. El único que no parecía percatarse de nada era Eneas, quien seguía hablando con Aquiles, quien se mostraba un tanto nervioso por lo que sentía, pero continuaba charlando con el rey Eneas-. Soy una diosa del Olimpo… tú, una mera creación de mi marido, Hefestos. ¿Por qué habría de dejarme doblegar por ti? -insistió Creúsa.

-Porque Hades controla la muerte… -le recordó, y detrás de Políxena se dibujaron un par de sombras, cada una con una estrella en su frente, una rellena, la otra solo unas líneas-. Y he de recordarte que dioses muy poderosos le sirven también. Puede que Hades no pueda cortar los hilos de la vida de los mortales, pero hay un dios en específico que le sirve y que tiene ese dominio. Todo aquel ser que no controle el cosmos puede ser asesinado por ese dios, y como los nonatos no pueden controlar el cosmos, ese niño que llevas en tu vientre está dentro de su dominio. ¿Quieres acaso desafiarme, Afrodita, cuando sabes que yo puedo comunicarme con estos dioses y que por tu traición el mismo Hades no osaría detenerme? -le sonrió Políxena con malicia, y los ojos de Creúsa se llenaron de lágrimas.

-Tú ganas… -respondió Creúsa, y su cosmos se elevó aún más, y comenzó a rodear al decrepito y paralitico rey Anquises, quien dormía sentado en su trono en esos momentos. El rey comenzó a abrir los ojos, blancos y brillantes, con la luz del cosmos de Afrodita, y lentamente comenzó a colocar sus manos en los respaldos para los brazos del trono, y a empujar para ponerse de pie-. ¡Eneas! -llamó Creúsa, y apuntó al decrepito rey, y Eneas, tras darse la vuelta, se quedó boquiabierto- Tu padre que no se ha movido desde que fue golpeado por el relámpago de Zeus… está despertando… -apuntó aparentando sorpresa.

-Eneas… -habló el anciano rey, controlado por la fuerza de cosmos de Afrodita, que lo hacía levantarse como si se tratara de una marioneta, mientras el cosmos de Afrodita lloraba por el engaño que estaba orquestando, sabiendo que enviaba a su amado, y al pueblo que tanto la veneraba, a la Guerra de Troya, la guerra de Hades-. Los dioses me han hablado en mis sueños… y estos desalmados que tienes enfrente… serán la caída de Dárdanos. ¡Mátalos! ¡Antes de que la ira de los dioses caiga sobre nosotros! -Creúsa lloró de dolor, su cosmos dejó de rodear al anciano rey Anquises, y Eneas miró a sus invitados, con sorpresa, y pena.

-Perdónenme… -lloró Eneas-. ¡Dárdanos! ¡Acaben con ellos! -ordenó, y de pronto todo se salió de control. Los soldados de Dárdanos se lanzaron contra los invitados al banquete, quienes comenzaron a repelerlos con sus cosmos, Trolio se puso de pie, abrió las puertas, y se dirigió a sus soldados que jugaban cartas con los Mirmidones y bebían con ellos en su aburrimiento.

-¡Los Aqueos han roto la paz! ¡A las armas! ¡Debemos defender a Dárdanos! -gritó Trolio, y los Troyanos alzaron sus lanzas y atacaron a los Mirmidones, quienes con un entrenamiento militar superior se defendieron con sus escudos, y ninguno de ellos cayó- ¡Acabaremos con ustedes! -gritó Trolio con lanza en mano, encontrando el escudo de Podarces bloqueándolo y las cadenas de Trasímedes dirigiéndose en su dirección, pero fue Fénix quien realmente lo hizo retroceder, aunque Pándaro salió en su defensa, y comenzó a lanzar flechas de cosmos negro en dirección a Fénix y alejándolo de Trolio, quien arremetió contra el de Dragón y contra Andrómeda.

-¡Esto no tenía que ser así! -gritó Aquiles, mientras evadía las lanzas de los Dárdanos que intentaban asesinarlo- ¡Rey Eneas! ¡Aún puede detener esto! -exigió Aquiles, pero Eneas tan solo sacó su lanza, y preparó su escudo- ¡Entonces yo le haré frente! -sacó su espada Aquiles y se preparó para lanzarse en dirección a Eneas, cuando Diomedes se le adelantó, y comenzó un combate de lanzas con Eneas que resultó ser bastante parejo- ¡Diomedes! -le gritó Aquiles.

-Me temo que este príncipe es demasiado incluso para ti, Aquiles… -le espetó Diomedes, y tanto él como Eneas empujaron sus lanzas-. Troya acaba de ganarse a un aliado muy poderoso contra el cual no tienes oportunidad. Incluso… tal vez yo no la tenga, pero eres más importante tú que yo para esta guerra, ¿cómo puede existir ser tan poderoso, sin portar siquiera una armadura? ¡Filo Escarlata! -gritó Diomedes, lanzando a Eneas junto al trono de su padre.

-Es una señal de los dioses, Diomedes de Escorpio -preparó Eneas su cosmos, y rodeó con este todo su cuerpo. El cosmos era blanco y hermoso, el cosmos de un ser que no daba lealtad a ningún dios aún-. Los dioses levantaron a mi padre para pedirme hacer la guerra, y con el dolor de mi corazón así lo haré. ¡Dárdanos elige a Troya! -se lanzó Eneas, y Diomedes, pese a bloquear con su lanza, fue lanzado a la mesa, que se partió a la mitad con su peso- ¡Creúsa! ¡Toma a la guardia de Dárdanos y sal de aquí con mi padre rumbo a Troya! ¡Ahora! -se lanzó Eneas a la mesa donde Diomedes se ponía de pie débilmente, arremetió con su cosmos, Diomedes bloqueó con el suyo, y la explosión de cosmos envió a tanto soldados de Dárdanos, como Troyanos y Mirmidones volando en todas direcciones.

-¿Entonces este es el verdadero poder de Diomedes? -lo observó Aquiles bloquear el cosmos de Eneas, incinerar el suyo, y hacerlo retroceder- Es monstruoso… pero juro a los dioses que lo sobrepasaré -se alegró Aquiles, mientras Diomedes se lanzaba a Eneas con su lanza, y continuaban con un combate de lanzas a una tremenda velocidad estando en igualdad de condiciones. Aquiles entonces sintió un Dragón Oscuro rodearlo, y respondió con su propio Dragón envolviendo su mano, el puño de ambas bestias, uno de Aquiles, el otro de Trolio, colisionó y el tremendo poder se extendió por todo el palacio, cuarteándolo, y comenzando a derribarlo. Escombro comenzó a caer por todas partes, y los soldados de los 3 ejércitos comenzaron a salir del lugar.

-Vámonos, Creúsa -la invitó Políxena, mientras los soldados de Troya la rodeaban y los de Dárdanos llegaban ante ella con el paralítico rey Anquises en brazos-. Este no es lugar para señoritas. De ahora en adelante tu casa será Troya, no Dárdanos. No puedes hacer nada por tu pueblo -resonó la trompeta de guerra de Fénix en ese momento, quien había doblegado a Pándaro el tiempo suficiente para alertar a los Aqueos a las afueras de la ciudad-. Nos vamos, ahora -exigió Pandora.

-Puede que para los dioses no sea más que una diosa que no hace más que extender su lujuria, Pandora, y tienen razón… -cerró sus manos en puños Creúsa, mientras se mordía los labios-. ¡Pero tengo corazón! ¡No como tú que estás podrida por dentro! -corrió Creúsa evadiendo a los Mirmidones, seguida de cerca por los soldados de Dárdanos que la protegían en todo momento, mientras salía por las puertas del palacio de Dárdanos, y a las calles de la ciudad, donde los sorprendidos pobladores que habían escuchado la trompeta de guerra Aquea se preguntaban sobre lo que habían escuchado- ¡Pobladores de Dárdanos! -gritó Creúsa con ojos llorosos, y su gente atendió a su llamado, mientras al menos unos 20 soldados se mantenían a su alrededor- Vayan con sus familias… reúnanse con sus hijos… y evacúen la ciudad. ¡Olvídense de posesiones materiales! ¡Salgan de Dárdanos ahora! ¡Los Aqueos vienen! ¡Dárdanos están en guerra! ¡Sálvense! ¡Y salven a los que más aman! ¡Por Afrodita háganlo antes de que sea tarde! -suplicó Creúsa, y los pobladores obedecieron, mientras escuchaban la trompeta de guerra de Fénix nuevamente y comprendían su significado- ¡Sáquenlos de la ciudad! ¡Eviten confrontación y solo váyanse! -les ordenó a sus soldados, quienes no querían dejar las armas- ¡Ya habrá tiempo para hacer la guerra! ¡Afrodita no querría que inocentes fueran masacrados! ¡Váyanse! ¡Ya! -insistió Creúsa, mientras veía a la distancia, por sobre el monte Ida, a Patroclo liderando a las tropas Aqueas en dirección a Dárdanos- Hades me ha forzado a esta guerra, Aqueos. ¡Pero por el reino que me ha demostrado tanto amor, juro que voy a detenerlos! -los soldados fueron ante Creúsa, la levantaron a la fuerza, y comenzaron con la evacuación.

Las puertas de Dárdanos cedieron ante el puño de Patroclo, y los ejércitos Mirmidones entraron y dieron inicio al saqueo de la ciudad. La guerra era cruel, Afrodita lo comprendía, su amante era el Dios de la Brutalidad en la Guerra, pero eso era cuando era una diosa no reencarnada, y ahora que poseía un cuerpo que le servía de contenedor, Afrodita lloraba, sintiendo por vez primera amor verdadero, y no solo la lujuria con la que la habían maldecido por mantener a otras diosas puras.

Palacio de Dárdanos.

-¡Dragón Ascendente de Pelión! -gritaba Aquiles, mientras con su puño impactaba el mentón de Trolio, y el poderoso Dragón lo envolvía. Trolio no era invulnerable como lo había sido Cigno, Trolio podía sangrar, pero resultó ser un guerrero formidable pese a tener la actitud de un patán, y tras elevar su cosmos destrozó al Dragón de Aquiles, y el suyo extendió las alas y rugió con fuerza en la sombra de su cosmos.

-Ya ha sido suficiente… -respondió Trolio, con su impresionante cosmos partiendo la tierra con cada paso que daba, mientras el castillo de Dárdanos continuaba cayéndose a pedazos a sus alrededores. Eran los únicos que quedaban en la Sala del Trono, pero para ambos era más importante la batalla que el terminar sepultados-. No estás a mi nivel, Aqueo -tomó una pata de la mesa que se había roto del suelo, y con su cosmos la transformó en un hacha inmensa de mandoble, que podía blandir con una sola mano-. Draconis es mi estrella guardiana, pero todos los hijos de Príamo poseemos un poder que nos dieron los dioses por nuestra sangre especial. Yo puedo convertir cualquier cosa que toque en un arma, como una extensión de mi Suplice, y son tan afiladas como un colmillo de Dragón. ¡Colmillo de Draconis! -lanzó el hacha Trolio, y esta rodó como torbellinos oscuros alimentada del cosmos de Trolio, Aquiles intentó evadirla, pero esta le cortó la hombrera. No era la primera vez que la Armadura Dorada se dañaba, pero era la primera vez que había ocurrido tan rápido- ¡Voy a hacerte pedazos! ¡Penitencia de Draconis! -se abalanzó sobre Aquiles, e impactó su pecho con fuerza, no solo una, pero en varias ocasiones con sus puños envueltos en flamas oscuras, que con cada impacto creaban cráteres en la Armadura Dorada de Aquiles, despedazándola, Trolio en verdad poseía un cosmos tremendo, y en su último impacto atravesó el pecho de Aquiles-. Mi Dragón es más poderoso que el tuyo -sonrió Trolio, mientras movía la mano dentro del cuerpo de Aquiles, pero para su sorpresa, la sangre de Aquiles comenzó a quemarlo- ¡Está hirviendo! -se horrorizó Trolio.

-Es acido… Trolio… -lo abrazó Aquiles, hundiendo la mano de Trolio en su cuerpo-. Sabes… cuando te vi vestido de mujer, me dije que te tendría en mis brazos. Es extraño, aquí estamos, pero me pareces mucho menos atractivo. Tu hermana por otra parte es muy bella -se burló Aquiles, apresando a Trolio con su cosmos, y su Suplice comenzó a ceder bajo la sangre de ácido de Aquiles-. Estoy molesto… no solo resultaste ser un hombre… pero me siento sobrepasado por Diomedes, por Eneas… y por ti… así que voy a hacer algo que me prohibieron hacer… voy a terminar contigo con la técnica prohibida por mi maestro Quirón… y no solo voy a asesinarte sino que planeo sobrevivir a ella, logrando lo que ningún caballero que domine al Dragón ha hecho antes -el Dragón rodeó a Aquiles, y el Tigre que acompañaba a su cosmos tuvo que retraerse, este era un combate de Dragones, Aquiles lo había querido así- ¡Morirás ahora, Trolio! ¡El Último Dragón! -enunció Aquiles, y con la fuerza de su cosmos transformada en un Dragón Dorado, comenzó a elevarse al cielo con Trolio atrapado en sus brazos.

-¿Qué estás haciendo? ¿Estás demente? -le preguntó Trolio mientras seguía intentando liberarse. Ascendían a una tremenda velocidad, y sus cuerpos comenzaban a quemarse, mientras dejaban Gea transformados en un Dragón Dorado que se elevaba más y más- Mi cuerpo se está quemando… suéltame. ¡Déjame ir! -insistía Trolio, pateando las costillas de Aquiles, quien se negaba a soltarlo- ¡Vas a morir tú también! -se quejó Trolio, mientras veía la piel de Aquiles quemándose también.

-Quirón dijo lo mismo… cuando me enseñó esta técnica… pero… -soportó el dolor Aquiles, elevando su cosmos a su alrededor, repeliendo la fuerza de la fricción que le incineraba la piel-. Soy demasiado obstinado para morir aquí… no contra un Espectro que se viste de niña… -se burló Aquiles, virando su cuerpo, forzando al Dragón a regresar a Gea-. Si usara la técnica completa, ambos nos convertiríamos en polvo de estrellas… pero, ¡usando toda mi fuerza puedo cambiar la trayectoria y estrellarme contigo en Gea! ¡Me romperé todos los huesos de ser necesario, pero mi voluntad me mantendrá con vida! ¡Tú por otra parte te harás pedazos al caer conmigo! -el Dragón comenzó a caer en picada, y Gea comenzó a acercarse peligrosamente.

-¡No te lo permitiré! -el Dragón Negro y el Dragón Dorado se enfrentaron en pleno vuelo, mientras llamas moradas comenzaban a arder dentro del cuerpo de Aquiles- ¡Colmillo de Draconis! -atacó con fuerza, obligando a Aquiles a soltarlo, y ambos se estrellaron contra Gea, el cometa dorado estrellándose contra el palacio de Dárdanos, el otro en contra del rio Escamandro, que comenzó a evaporarse mientras rodeaba el cuerpo maltrecho y moribundo de Trolio, quien caía inconsciente a sus profundidades.

-¡Aquiles! -gritó Podarces de Dragón, quien llegaba junto a Trasímedes de Andrómeda a donde Aquiles había caído sepultado, y juntos comenzaron a mover las piedras del derrumbe de la sala del trono de Dárdanos buscando al Caballero Dorado caído-. Esa técnica… ¿qué fue esa técnica que estremeció al Dragón en mi cosmos? -se preguntó, cuando Fénix se acercó también, y utilizando su fuerza heredara por la Armadura de Heracles, lanzó trozos más pesados de piedra mientras buscaba a Aquiles, encontrándolo en un charco de su propia sangre maldita, y con la Armadura de Libra hecha pedazos en la protección de su pecho.

-Apenas está con vida -lo cargó Fénix, resistiendo el ardor de su sangre que le quemaba la armadura y la piel-. A un lado todos, a este solo puedo curarlo yo -empujó Fénix a los de Bronce a un lado, y caminó con el dolor de la sangre de Aquiles manchándole la Armadura-. Eres demasiado problemático, mocoso… mira que usar la técnica prohibida por Quirón. No me sorprendería si usaras la otra técnica prohibida por Athena en tu arrogancia -insistía Ikki con desprecio, y Aquiles simplemente se limitó a sonreír-. Y mira tu Armadura Dorada. Epeo puede reparar las Armaduras de Bronce y de Plata, pero nadie puede reparar las de oro. Has sido imprudente. ¿Qué vamos a hacer si Epeo no puede repararla? -se quejó Fénix.

-¡Mi señor! -llegó corriendo Automedonte, seguido de Patroclo, pero Automedonte llegó primero y tomó del brazo de Aquiles intentando ayudarle, solo para que su mano le ardiera- Maldición… -se quejó el de Hipocampo-. Debí estar allí para usted, mi señor… por favor no me vuelva a apartar de su lado -le suplicó Automedonte.

-Dárdanos… su gente… -comenzó Aquiles con debilidad-. No los lastimen más de lo necesario… no quiero una masacre… Patroclo… da las órdenes… -le pidió Aquiles, y Patroclo, aunque preocupado por Aquiles, tuvo que mantener la calma por los Mirmidones.

-No tienes que preocuparte por eso, Aquiles -le respondió Patroclo-. Para cuando llegamos la ciudad ya estaba vacía. No se llevaron nada, todos salieron en dirección a Troya por las puertas del este. No los sitiamos por respeto, ni los soldados de Dárdanos nos hicieron frente, solo aceptaron su derrota y dejaron la ciudad -le explicó Patroclo, y solo cuando Aquiles supo que la ciudad estaba a salvo, se desmayó-. ¿Cómo está? -preguntó Patroclo preocupado.

-Si te refieres a su talón, está intacto -respondió Fénix, y Patroclo suspiró, aliviado-. Lo que verdaderamente me preocupa es su Armadura Dorada. Ese tal Trolio es una bestia, la Armadura Dorada se desquebrajó como si fuese de Bronce ante sus puños. Aquiles estaba tan decidido a derrotarlo que utilizó el Último Dragón, este fue el resultado, un discípulo malherido, y una Armadura Dorada destrozada. Aquiles no puede pelear así -enfureció Fénix.

-Entonces es una suerte que Athena y Poseidón sean aliados -respondió Automedonte, ganándose las miradas de los presentes-. Solo hay una persona en el mundo capaz de reparar las Armaduras Doradas, y no me refiero a remaches insignificantes como los de la Armadura de Diomedes que fue dañada por Menelao en Esparta, sino a una reparación completa. Esa persona se llama Oribarkón, y es uno de los sacerdotes de mi señor Poseidón, un Atlante verdadero, sobreviviente del hundimiento del continente -les explicó.

-¿Un Atlante, vivo? -se impresionó Fénix, y Automedonte asintió- Pero, aun así, ¿será capaz de reparar una Armadura Dorada rota a semejante nivel? -se preguntó Fénix. De la Armadura de Libra solo quedaban las protecciones de las piernas, del brazo, y una espada que estaba clavada donde cayó entre los escombros.

-Si la Armadura de Libra no ha muerto, entonces es posible -respondió Automedonte-. Si la Armadura de Libra ha muerto será más difícil. Pero juro en el nombre de mi señor Poseidón que daré toda mi sangre de ser necesario por revivirla. Esto lo prometo -reverenció Automedonte.

-Lamento interrumpir, pero… -comenzó Antíloco, y todos voltearon a verlo, y a las cajas que los Mirmidones habían reunido a las entradas del Palacio de Dárdanos, o de lo que quedaba de este-. No creo que sea posible transportar todo esto al campamento… no en una sola caravana por supuesto. Si Aquiles quería superar a Áyax… creo que esto es pasarse de la raya… -sugirió, mientras más y más cajas eran reunidas por toda la ciudad-. Por cierto, ¿y el rey Diomedes? -preguntó Antíloco, y el grupo reaccionó con sorpresa- ¿Lo perdieron? -reprendió.

-Cálmate, Antíloco -le respondió Fénix con franqueza-. Si alguien no necesita protección, es ese sujeto. Aunque el cosmos del semidiós al que enfrenta… -se preocupó un poco Fénix, pero logró calmarse y continuar-. Eso no importa, enviaremos un escuadrón en su búsqueda, nosotros regresamos al campamento, la vida de Aquiles depende de ello -terminó, y se dieron órdenes por la ciudad para mover los tesoros obtenidos.

Monte ida. Orillas del Rio Escamandro.

Eneas corría a gran velocidad, seguido de cerca por Diomenes, quien preparaba su aguja durante la persecución. El Palacio de Anquises se había construido en una ladera hermana del Monte Ida, por lo que cuando el Palacio de Dárdanos comenzó a venirse abajo, tanto Eneas como Diomedes continuaron su batalla por las laderas, y por el bosque que se extendía en las fértiles planicies del Monte Ida alimentado por el Rio Escamandro. Pero fue solo cuando llegaron a un terreno abierto, que Eneas se detuvo para encarar a Diomedes directamente.

-Me sorprende que hayas logrado seguirme el paso -respiraba Eneas pesadamente, sosteniendo su lanza, desafiante, Diomedes mantenía la suya atrás, mientras apuntaba con su aguja en dirección a Eneas-. Se dice que Diomedes de Escorpio solo combate con todas sus fuerzas cuando usa sus agujas. Encuentra predilección en el combate justo con su lanza. Secretamente llevaba tiempo queriendo enfrentarte -sonrió Eneas.

-Secretamente deseaba nunca tener que enfrentarlo, mi señor Eneas -dejó la lanza en el suelo, Eneas lo notó, desconociendo la razón-. Pero jamás me atrevería a irrespetar a alguien tan poderoso. No porta una armadura de ningún tipo, pero al menos, puedo permitirle la ventaja de un arma. No estaremos en igualdad, pero me sentiré terriblemente mal si no le soy respetuoso -Eneas reverenció en ese momento.

-Ah Diomedes… tú y yo podríamos haber sido buenos amigos… -le respondió Eneas, elevando su cosmos, preocupando a Diomedes-. Pero la armadura es solo una condecoración. Acepto tu cortesía, pero quien está en desventaja, eres tú -se lanzó Eneas, lanzó una estocada, y Diomedes rodó, evadiéndola apenas-. Afrodita no da armaduras, de hacerlo vestiría algo ridículo, seguramente femenino. Varias veces he pensado en consagrarme a Athena o a Poseidón, pero veras, Afrodita es mi madre, y ella es enemiga de ambos -volvió a lanzarse con la lanza, y esta vez Diomedes la atrapó con su mano libre a escasos centímetros de que se clavara en su rostro-. Es una lástima… que no pueda complacerte combatiéndote con una armadura… o con la protección de un dios… -sonrió Eneas, Diomedes lanzó una de sus agujas, pero Eneas logró evadirlo pese a la poca distancia, e impactó el estómago de Diomedes con fuerza, dejándolo derribado en el suelo, Eneas tomó la lanza, se preparó para clavársela a Diomedes, quien giró, y lanzó su ataque.

-¡Aguja Escarlata! -enunció, y la aguja se clavó en el hombro de Eneas, quien retrocedió adolorido- Hay una diosa que te respalda… tengas armadura o no. ¡Aguja Escarlata! -se lanzó Diomedes, Eneas reaccionó pese a recibir la segunda aguja, y atravesó la pierna de Diomedes en el momento en que se lanzó dispuesto a asestar la tercera, haciéndolo perder el equilibrio, y hacerlo rodar con media lanza en la pierna por las planicies del Monte Ida- Maldición… -lloró Diomedes de dolor mientras tomaba el mango de la lanza, y se la arrancaba de un solo movimiento-. Soy el Caballero Dorado del ataque más rápido… pero ni aun así puedo lanzarle más de una aguja a la vez… y él me atraviesa la pierna con su lanza justo donde se une mi Armadura Dorada. ¿Qué clase de sujeto es este? Héctor… palidece en comparación… -se levantó Diomedes, desangrándose por la herida en su pierna.

-Héctor es un humano… yo soy un semidiós… -le recordó Eneas, quien se tomaba de la cabeza sumamente débil por el veneno-. Solo me has dado con 2 agujas… y ya estoy que me lleva Hades… escuché que el hijo de Héctor, Ethon, recibió un brutal entrenamiento con piquetes de un Escorpión Dorado de Cola Gorda para soportar tus agujas… mírame a mí estremeciéndome de dolor por un par de agujas, y él recibió tantas… diariamente… me hace sentirme débil… -sonrió Eneas.

-Anficlas… -logró acomodarse en la pose Diomedes, con su siguiente aguja preparada-. Su nombre es Anficlas, y es una niña. ¿Qué sabes de ella? ¿Dónde está? No deseo que muera en esta guerra absurda. ¡Aguja Escarlata! -se lanzó Diomedes pese al dolor de su pierna, clavó su aguja, pero Eneas le clavó lo que quedaba de la lanza en el hombro, derribándolo, y ambos combatientes cayeron al suelo. Diomedes inclusive comenzó a golpear el suelo con su puño, intentando combatir dolor con dolor, mientras tomaba el valor de arrancarse el pedazo de madera en su hombro izquierdo, y lo sacaba de un solo intento.

-Apunté a los tendones de tu músculo… eso debió dolerte… -se puso de pie Eneas, quien se había quedado ciego por el veneno de las agujas de Diomedes-. Pero ya me he quedado sin armas… y tú estás en mejores condiciones que yo -Diomedes se paró de igual manera, y preparó su aguja-. Creo que este es el fin… -sonrió Eneas, pero entonces sintió un cosmos oscuro, y el cielo comenzó a teñirse rojo como la sangre.

-No… no es el fin… -escucharon ambos, mientras una luz escarlata iluminaba el Rio Escamandro-. Es la voluntad de los dioses que esta batalla llegue a su fin con la muerte de Diomedes de Escorpio, el Anti-Ares -las estrellas de la Constelación de Escorpio comenzaron a temblar, Diomedes entró en pánico, se lanzó en dirección a Eneas intentando asesinarlo, pero el cosmos maligno proveniente del Rio Escamandro soltó destellos carmesíes y se lanzaron a Diomedes, dejándolo tendido en el suelo rodeado de relámpagos oscuros que fluían por su cuerpo causándole un intenso dolor-. Sé paciente, Argivo… pronto comenzará tu castigo. Eneas… hijo de Afrodita… puede que esté sellado en este rio, pero lo he visto todo. El cómo has sido traicionado, el cómo han despojado a tu pueblo de su hogar, el como la guerra que por tanto tiempo has evadido ha llegado a tus puertas. Afrodita no tiene armaduras ni ejército, pero yo poseo armaduras y ejército. ¿Quieres vengar a Dárdanos? ¿Quieres el poder de vencer a tus enemigos? ¿Quieres crear un mundo donde tu hijo pueda nacer y vivir en paz? Yo puedo darte ese poder, lo único que tienes que hacer es dedicar tu cosmos a mi nombre. Acéptame como tu dios, y te daré el poder que necesitas para vengarte -insistió la voz.

-¡No lo escuches! ¡Eneas! -le suplicó Diomedes- Eneas… te entregaré riquezas que compensen tu perdida… suplicaré a Athena el perdón de Dárdanos… tendrás incluso la protección de Argos… de Tebas… y de Calidón… pero no lo escuches… no hay nada que sea peor que soltar a Ares y a sus Daimones en este mundo… -intentó convencerlo.

-¡Cállate, basura! -lanzó su cosmos Ares contra Diomedes nuevamente, y lo clavó a un árbol con su poder. Una espada de bronce salió entonces del Rio Escamandro, era hermosa, color del bronce mismo, brillante, y con solo estar en su presencia, Eneas recuperó la vista-. Esta es Maleros… la espada de bronce que corta inclusive las dimensiones. Habrás escuchado de una espada similar en manos de Agamenón. Se requirió de todo el cosmos de Agamenón unido a la Espada Dorada de Libra para siquiera acercarse a cortar como esta espada. Maleros es muy superior a Excalibur o la Espada Dorada de Libra, este es mi regalo para ti, si aceptas jurarme tu lealtad. El poder de los dioses está frente a ti, Eneas, solo debes tomarlo -Eneas acercó su mano, la espada parecía llamarlo.

-Toma mi cosmos, Ares… -tomó el mango, su cosmos se incineró. Y este se volvió escarlata e intenso-. Yo no pedí esta guerra… pero gustoso voy a terminarla -preparó su espada Eneas, y Diomedes, liberado de los relámpagos, tomó su lanza nuevamente.

-Así se habla -le respondió Ares-. Pero necesitarás la armadura, y el ejército para lograrlo -del rio se alzó entonces una armadura oscura, con un casco de cornamenta plateada, hombreras recubiertas de espinas de plata, botas inmensas y de bordes afilados, guanteletes con contornos escarlatas y afilados como espadas, y un emblema de un casco troyano tallado de un rubí en el pecho, dentro de un contorno circular que parecía chorrear sangre-. Miaiphonos… esta es la Berserker que te obsequio, Eneas. La Berserker de la voz de los hombres, la Berserker de la guerra misma -finalizó Ares, y la Berserker vistió a Eneas, cuyo cosmos ya de por sí inmenso, se incineró aún más-. Tráeme su cabeza -ordenó Ares.

-Como usted ordene, dios Ares -elevó su cosmos alrededor de su espada, y se lanzó en dirección a Diomedes-. ¡Maleros! -lanzó el corte, Diomedes bloqueó, pero pese a bloquear, la Armadura Dorada de Diomedes se partió a la mitad en su pecho- Sorprendente… la espada es de bronce, pero su corte dimensional cortó incluso una Armadura Dorada -se sorprendió Eneas, mientras Diomedes caía en sus rodillas, con un corte de hombro a costilla en su pecho ahora desnudo-. Ahora soy más fuerte que tú… Diomedes -apuntó su espada de bronce al cuello de Diomedes, quien lo miró fijamente.

-Ahora eres vulnerable a mi aguja más mortífera… querrás decir… -le respondió Diomedes, y Eneas sintió un inmenso temor cuando vio la aguja de Diomedes tan cerca de su pecho-. ¡Antares! -estalló la aguja, y Eneas salió disparado por la explosión, sumamente adolorido, y sintiendo que el cosmos de Ares lo abandonaba- Antares… la aguja que destruye el cosmos… solo puede ser utilizada en todo su esplendor si primero se han asestado las otras 14 agujas. Pero eso no significa que no pueda usarla antes -apuntó nuevamente a Antares, mientras incineraba lo que le quedaba de cosmos-. Esa Berserker te hace muy peligroso… pero tienes enfrente al único caballero capaz de doblegar a Ares. ¡Usaré todo mi cosmos de ser necesario! ¡Aguja Escarlata! -lanzó su ataque Diomedes mientras Eneas estaba débil, y fue perforado por las 11 agujas restantes- ¡Es tu fin! -preparó su última aguja, mientras el cielo se iluminaba de relámpagos- ¡Aguja Escarlata! ¡Anta…! -un relámpago surcó el cielo en ese momento, y se estrelló en medio de Eneas y de Diomedes, lanzando a ambos lejos el uno del otro.

-¿Zeus? -escuchó Eneas la voz de Ares aún sellado dentro del rio, y el Dios de la Brutalidad en la Guerra enfureció- ¿Por qué detienes esta batalla? -gritó Ares, furioso, y la espada de bronce en manos de Eneas comenzó a moverse sola, queriendo lanzarse en dirección al de Escorpio.

-Porque yo le he suplicado a Zeus intervenir -Eneas entonces se viró para encontrar a Creúsa llegando con un ejército de Dárdanos, y la espada de bronce dejó de brillar-. Eneas es el favorito de Afrodita, Diomedes el favorito de Athena. Llegué a un acuerdo con Zeus de que detuviera esta batalla, con la condición de que ambos continuaran con vida -caminó Creúsa en dirección a Diomedes, quien débilmente se ponía de pie-. No has escapado a mi furia, mortal… -habló Creúsa, y Diomedes distinguió la voz de Afrodita detrás de sus palabras-. Llegará el momento en que rompas un voto sagrado a los dioses, y que ni la protección de Athena te sea suficiente. Pero hoy… escaparás con tu vida. Vete… y por tu bien más te vale evitar a Eneas en el campo de batalla, o mi furia y la de Zeus serán tu perdición -señaló Creúsa con desprecio.

-Evitar batalla con Eneas… comprendido… -le respondió Diomedes-. Pero solo hay un pequeño problema, diosa Afrodita… verá… mi signo tiene reglas muy estrictas, podría… -le sonrió Diomedes.

-¡Silencio! -gritó Creúsa, y Diomedes no dijo más, pero se negó a dejar de reunir su cosmos alrededor de su aguja- Eneas… -llamó Creúsa-. Necesito que admitas, fuerte y claro… que fuiste derrotado por Diomedes de Escorpio… -ordenó Creúsa.

-Pero si ya lo tengo donde… -comenzó Eneas, y entonces un segundo relámpago surcó el cielo, como advertencia del rey de los dioses-. Admito mi derrota, Diomedes de Escorpio… -enunció Eneas. Diomedes sonrió, y dejó de reunir su cosmos en su aguja antes de desplomarse sobre el suelo-. Pero esto no se ha terminado… -sentenció Eneas, guardó su espada, y se dirigió a sus hombres-. A Troya… entregaremos nuestras lanzas al servicio de Príamo lo quiera ese idiota o no. Dárdanos acaba de unirse a los Troyanos -dio sus órdenes, y comenzó a retirarse. Pero antes de hacerlo viró a ver a Diomedes, quien respiraba pesadamente mientras recargaba su espalda contra un árbol-. A modo de respeto, contestaré a tus dudas. Tú preguntaste sobre el hijo de Héctor… aunque lo llamaste una chica… -Diomedes levantó la cabeza, agotado, y prestó atención-. No sé si se trate de la misma persona, pero hace un par de años Héctor envió a su hijastro, Ethon, a Chipre, a la corte del rey Cíniras. No hace mucho también, el rey Cíniras murió bajo circunstancias misteriosas, algunos dicen que fue asesinado por Agamenón, pero eso es imposible, hasta donde sé, Agamenón nunca ha estado en Chipre. En todo caso, Ethon es el rey de Chipre ahora -terminó, y por fin se retiró, dejando a Diomedes analizando la noticia. Sus pensamientos fueron interrumpidos, sin embargo, cuando los aurigas de los Mirmidones por fin encontraron a Diomedes. Lo levantaron con cuidado, le dieron de beber, y emprendieron con él el viaje de regreso a Troya.

Troya. Campamentos Aqueos.

Desde las murallas del campamento, Agamenón miraba a las tropas lideradas por Áyax y por Odiseo, enfrentándose contra la avanzada Troyana que sin el apoyo de los Mirmidones de Aquiles solo podía defenderse y no atacar. La batalla encontraba su foco justo en el medio de la planicie, sin que ningún bando pudiera demostrar ventaja sobre el otro, y tanto Áyax como Héctor llevaban toda la mañana en combate de uno a uno, lo que convertía el encuentro en algo más parejo ya que ni uno ni el otro tenía tiempo de liderar.

Odiseo hacía lo que podía para apoyar a Áyax desde las defensas del campamento. Vestía la capa de Diomedes, por lo que los Argivos, los Tebanos y los Calidonios estaban bajo sus servicios también, aunque Odiseo estaba más concentrado en evitar bajas innecesarias que en atacar, por lo que la defensa de los campamentos Aqueos era impenetrable, pero el ataque estaba más de la mano de Áyax y los Salaminos.

Agamenón comprendía que Odiseo quisiera mantener las bajas de reinos de los cuales no era rey al mínimo por respeto a Diomedes, pero la situación estaba demasiado tensa. No tenían alimentos, los Troyanos pese a haber enfermado tenían la protección de sus murallas, las cosas no iban nada bien.

-Mi señor… -se dirigía Palamedes a Agamenón, el Rey Supremo ya había perdido la cuenta de cuantas veces lo había hecho ya. Poseidón y Shana estaban también a su lado, atentos de todas las decisiones del Rey Supremo-. En estos momentos hay 5 ejércitos en el campo de batalla: Itaquenses, Salaminos, Argivos, Tebanos y Calidonios. Si Odiseo dejara de defender y encarara a la lucha podríamos abrir camino y enviar a los Espartanos, Micenos y Nauplios a un ataque frontal a las murallas de Troya -insistía, y Agamenón estaba por ceder.

-Ya me cansé de decírtelo, Palamedes -le respondió el Rey Supremo-. No es cobardía lo que me impide llevar a cabo ese plan. De saber que la victoria espera tras semejante ataque suicida, optaría por seguirlo con placer. Sin embargo, tú piensas en acabar con esto lo antes posible, pero con la mayor cantidad de muertes. Estoy con Odiseo. Sería injusto mandar a 3 reinos ajenos a su muerte sin que su rey tenga algo que decir al respecto -insistió Agamenón.

-Diomedes dejó su capa en hombros de Odiseo, eso significa que cree en su liderato -apuntó Palamedes, y Shana aferraba sus manos a su vestido mientras lo escuchaba y se mordía los labios con coraje. Pero Poseidón le tomaba la mano, y la tranquilizaba-. Si Diomedes confía tan ciegamente en Odiseo para dejarle su capa, seguro no tendrá problemas con… -intentó decir.

-¡Ya basta, Palamedes! -le espetó Agamenón, sorprendiendo a Palamedes- No son tus hombres. Cuando te declaren rey de Argos, de Tebas, o de Calidón, entonces dejaré que decidas sobre sus vidas. Si tanto pretendes tomar ventaja en esta batalla, adelante, tienes mi permiso de llevar a los Nauplios a la misma. Pero no me pidas decidir sobre la lealtad de quienes no son mis hombres -le abrió camino Agamenón, y Palamedes se preocupó un poco-. Anda, Palamedes. Trae gloria. Eso es lo que buscas, ¿verdad? -preguntó. Para fortuna de Palamedes sin embargo, la trompeta de guerra de Fénix resonó, y los Mirmidones llegaron lanzándose al campo de batalla liderados por Patroclo.

En el campo de batalla, Héctor notó la llegada de refuerzos, dio la orden, y Polidamante sacó su trompeta y la hizo sonar también, llamando a los Troyanos a la retirada. Áyax ordenó que se persiguieran a los Troyanos hasta las puertas, pero fueron recibidos por una lluvia de flechas y obligados a retroceder. La batalla terminó cuando los Troyanos volvieron a encerrarse dentro de sus murallas, dejando a Áyax haciendo una rabieta y maldiciendo a los Troyanos mientras, deprimido, volvía al campamento al no poder, nuevamente, vencer a Héctor.

-Tal parece que la suerte te sonríe, Palamedes -respondió Agamenón, y se dirigió junto a una emocionada Shana a recibir a los recién llegados, que traían alegría a los Aqueos al llegar con grandes cargamentos de víveres-. Ah, los frutos de la empresa de Aquiles. Por fin buenas noticias -se alegró Agamenón, más entonces notó que los Mirmidones, liderados por Patroclo, traían a Aquiles y a Diomedes en camillas-. Por los dioses… -se horrorizó Agamenón, y Shana tuvo que soportar las ganas de ir en dirección a su padre adoptivo y a su amigo de la infancia, y actuar como una diosa neutral, aunque su preocupación era más que evidente.

-¡Diomedes! -corrió Odiseo hasta donde estaba su amigo, y cuando los Mirmidones lo pusieron en el suelo, Odiseo no se hizo esperar y comenzó a inspeccionar sus heridas- ¿Cómo has terminado así? ¿Quién tiene semejante poder para herirte a este nivel? -preguntó.

-Áyax, Agamenón, Menelao, tal vez Aquiles, Héctor, tú, y Egialea si se entera de que una belleza de Dárdanos de nombre Crésida me coqueteó bastante descaradamente, estuve a punto de hacerla la madre de mis hijos -se burló Diomedes, y Odiseo le sonrió.

-Al menos tu sentido del humor sigue intacto -movió su cabeza en negación Odiseo, y entonces miró a Aquiles-. ¿A ti también te dejaron así por infiel? -preguntó Odiseo, y Aquiles se ruborizó un poco.

-Bueno… algo así… -pero no dijo más. Odiseo se mostró curioso, pero prefirió no indagar al respecto. Su atención, sin embargo, recayó en los trozos de las Armaduras de Libra y Escorpio que cargaban los Mirmidones en cofres separados del resto.

-Sea lo que sea lo que ocurrió… tanto Aquiles como Diomedes combatieron a guerreros capaces de destruir las Armaduras Doradas -se impresionó Odiseo tras inspeccionar los guijarros.

-Esto requerirá de mayor cuidado que unos simples remaches -mencionó Agamenón, mirando los trozos en sus manos-. Traigan a Epeo, rápido -ordenó Agamenón, y entonces escuchó una trompeta de batalla, y miró en dirección a Troya, hacia la cual marchaba un ejército inmenso, ondeando blasones de Dárdanos-. ¿Qué está ocurriendo aquí? -se impresionó por la cantidad de soldados Agamenón.

-Precisamente lo que Odiseo predijo… -respondió Diomedes mientras se ponía de pie débilmente, dejando ver ante los ojos preocupados de Shana la horrible herida que pasaba del hombro izquierdo de Diomedes hasta la costilla derecha. Shana intentó acercarse, pero con la mirada, Diomedes lo negó, y ella permaneció allí, preocupada, pero haciendo lo posible por mantener su neutralidad-. No fue posible negociar con Dárdanos… pero, en la confusión que espero poder contarles a mejor detalle más tarde, nos hicimos con todos estos vivires gracias a los Mirmidones. Pero el príncipe Eneas declaró la guerra a los Aqueos, y alianza a Troya. Sin mencionar que Ares es su nuevo dios, y que Dárdanos cuenta con su apoyo incondicional -explicó, y quienes lo escuchaban se mostraron horrorizados por la revelación-. La guerra acaba de complicarse demasiado… no debimos atacar Dárdanos -se molestó Diomedes, mirando a Palamedes fijamente.

-No teníamos opción. Este alimento mantendrá a los Aqueos saludables por varias Lunas -explicó Palamedes, y Agamenón movió su cabeza en negación sabiendo que todo se había complicado-. Mi Rey Supremo, usted sabe que era necesario… -insistió Palamedes.

-Suficiente… -alzó la mano Agamenón para pedir silencio-. Quiero que se reúna el consejo. Inmediatamente. Necesitamos definir nuestro próximo accionar con cuidado. Con Dárdanos del lado de Troya, y tanto Aquiles como Diomedes malheridos, tendremos suerte si no hay una masacre mañana. No daré ordenes hasta que el consejo proponga un accionar -finalizó Agamenón, y entró en la tienda del consejo.

-Pero, ¿qué hicieron, idiotas? -gritó Epeo mientras veía los guijarros de las Armaduras de Escorpio y de Libra- Las mataron… estás Armaduras están muertas. ¿Quién es tan fuerte para matar a una Armadura Dorada? -continuaba quejándose Epeo.

-Tranquilízate -espetó Automedonte-. Aún se pueden reparar. Traigan a Oribarkón -ordenó Automedonte a unos soldados Cretenses, quienes reverenciaron y fueron a buscar al Atlante-. Epeo de Aries… se dice que la Armadura de Aries posee el conocimiento de reparación de las Armaduras de Bronce y de Plata, ahora aprenderás a reparar las Armaduras Doradas -tomó un cuchillo Automedonte, y se realizó un corte en el antebrazo, entonces comenzó a verter su sangre en la Armadura de Libra.

-Ah, que rápido encontramos un voluntario -se acercó un hombre joven, de cabellera azul pálida, y con los mismos lunares que Epeo tenía sobre la frente-. Epeo, ¿cierto? -preguntó el hombre, y Epeo asintió-. Mi nombre es Oribarkón, discípulo de Hefestos, y el único ser capaz de reparar las Armaduras Doradas y las Escamas Marinas -le explicó, mientras Aquiles, Diomedes y Odiseo, veían a Automedonte derramar cuanta sangre podía sobre la Armadura de Libra-. Antes de reparar una Armadura Dorada, se debe de regresarle la vida a la misma, y esto solo puede pasar si un individuo cuyo cosmos sea tan grande como el de un Caballero Dorado, da en sacrificio la mayor parte de su sangre para devolverle la vida a la Armadura -explicó.

-¿Eh? ¡Automedonte, para ya! -exigió Aquiles, pero Automedonte no se detuvo- ¡Eres un General de Poseidón! ¡No tienes el cosmos de un Caballero Dorado! -insistió Aquiles, pero Automedonte, quien ya se tambaleaba, continuó de todas formas.

-No tiene que ser un Caballero Dorado para poseer el cosmos de un Caballero Dorado -continuó explicando Oribarkón, quien tomó un guijarro de la Armadura de Libra, y le mostró el brillo que adquiría a Aquiles-. Es suficiente, Automedonte. Tu sangre es digna, y si continuas, morirás -colocó Oribarkón sus manos en los antebrazos de Automedonte, y los curó en un abrir y cerrar de ojos antes de que Automedonte cayera sobre la arena, inconsciente-. La vida ha regresado a la Armadura de Libra, y te enseñaré a repararla, joven Epeo. Pero vida debe regresar a la Armadura de Escorpio para poderla reparar también -explicó.

-No se diga más -se acercó Odiseo, y Diomedes intentó detenerlo-. Dices una palabra, y dejamos de ser amigos -Diomedes entonces se mordió la lengua, sabiendo que Odiseo hablaba demasiado enserio-. No hay nada que yo no haría por ti… Diomedes… esto no es nada… -se cortó el antebrazo Odiseo con su espada, y comenzó a verterla en la Armadura de Escorpio, sorprendiendo a Oribarkón.

-Caballero, vistes de Plata -le informó Oribarkón, pero Odiseo no se detuvo y continuó vertiendo su sangre-. Si tu cosmos no es idéntico al de un Caballero Dorado tú no podrías… -más en el momento en que los guijarros de la Armadura de Escorpio comenzaron a brillar, Oribarkón comprendió que Odiseo no era un Caballero de Plata ordinario, incluso Aquiles estaba impresionado, y viró a ver a Odiseo.

-Calcas… dijo que algún día yo vestiría de oro… -le explicó Odiseo, mientras caía, debilitado, y Diomedes lo tomaba de la espalda para ayudarlo a mantenerse de pie-. Pero no es mi momento… es el tuyo… yo también… soy un Libra… -le explicó, y aquello convenció a Aquiles de intentar volverse más fuerte. Oribarkón selló los antebrazos de Odiseo, y el de Plata intentó caminar en dirección al consejo, apoyándose en Diomedes en todo el trayecto.

-Que curiosos son los humanos -sonrió Oribarkón, colocando los guijarros en bolsas de tela, y pidiéndole ayuda a Epeo-. Ahora, reparemos estas Armaduras Doradas -terminó, y le pidió a Epeo que lo siguiera a su taller.

Tienda del Consejo Aqueo.

-Bien… ahora que el consejo está reunido, podemos comenzar -mencionó Agamenón, mientras Diomedes y Odiseo se sentaban en sus respectivos tronos-. Será una reunión breve. Aquiles y Diomedes han traído consigo de Dárdanos alimento para varias Lunas, y la moral de nuestros hombres está alta. Sin embargo, Dárdanos se ha aliado con Troya. Estas incursiones por víveres son indispensables para la supervivencia de los Aqueos… pero… no podemos arriesgarnos a que nuestras incursiones fuercen a más aliados a unirse a los Troyanos. La siguiente incursión deberá ser más definitiva si es que es imposible llegar a una negociación -explicó.

-¿Habrán más incursiones? -preguntó Diomedes sorprendido, y Odiseo bajó la mirada, entristecido- Pensaba que lo de Dárdanos era un caso especial, que si se conseguía no habría más incursiones. Están plagando toda Anatolia de guerra y muerte -se quejó Diomedes.

-Tuvimos esta conversación en tu ausencia, Diomedes, a petición de Odiseo -explicó Idomeneo-. Fue un error atacar Dárdanos al ser una nación neutral, lo comprendemos ahora que hemos visto los ejércitos de Dárdanos unirse a la guerra. Por ello se harán incursiones especiales, con un motivo concreto -terminó Idomeneo.

-Conquista… -continuó Néstor-. Tersites de Hidra es un espía de los Salaminos, ingresó a Troya en secreto, y obtuvo información muy valiosa. En específico una lista de los reinos aliados a Troya que prometieron unirse a la batalla a su favor. Cuando Príamo entendió que no podría contra 30 reinos, mandó emisarios buscando alianza. Muchos pueblos han contestado que se unirán, otros como Dárdanos, que no es su problema -le explicó Néstor.

-En otras palabras, si nuestras incursiones son necesarias para alimentar a nuestros reinos, no nos dolerá tanto iniciar una masacre si atacamos a los pueblos aliados de Troya -continuó Acamante, y Diomedes se mordió los labios, sabiendo que no era cuestión de hacer la guerra por conquista, sino como una defensa de las agresiones de los pueblos aliados-. Hemos inclusive elegido al reino que atacaremos ahora, solo nos falta saber a quienes enviaremos. El reino que elegimos… es Chipre… el más lejano de los reinos aliados a Troya -Diomedes recordó las palabras de Eneas, y cerró sus manos en puños-. Nuestra inteligencia nos ha informado que Chipre actualmente prepara navíos para atacarnos por sorpresa. Tenemos incluso una fecha para el ataque, pretendemos atacar antes que ellos, hundir sus barcos, y abastecernos. Chipre está muy lejos, los soldados que enviemos nos harán mucha falta, por ello debemos elegir con cuidado -terminó de explicar.

-Y quien sea enviado, me traerá la cabeza del nuevo rey de Chipre -enunció Agamenón, y Diomedes se puso de pie en ese momento-. No necesitas ponerte de pie para pedir la palabra -le mencionó Agamenón.

-Yo iré… yo lideraré a Argos, a Tebas, y a Calidón en la incursión a Chipre… -se ofreció, pero inmediatamente sintió el dolor de la herida de la espada Maleros, y cayó sobre sus rodillas. Odiseo fue en su auxilio, pero Diomedes se negó a recibir ayuda-. Puedo hacerlo… -se levantó Diomedes, y volvió a hacer la petición-. Déjeme liderar el asedio a Chipre -insistió.

-Estás malherido, además eres un rey -le explicó Palamedes-. Si un rey cae, todo su reino se va del campo de batalla. Y con 3 reinos a tu mando eres demasiado valioso para esto, Diomedes. No puedes ser tú. Propongo enviar a Áyax el Grande, ¿alguien más a favor? -la mayoría del consejo levantó la mano, incluido el Rey Supremo y Poseidón, los únicos que no levantaron la mano fueron Odiseo y Shana-. Por mayoría, está decidido -terminó Palamedes.

-Oh… demasiado decidido… -salió Diomedes de la tienda, y en su preocupación, el resto del consejo salió tras de él-. ¡Áyax el Grande! -gritó Diomedes, con lanza en mano, y Áyax, quien devoraba un jabalí entero él solo en la fogata frente a su tienda con sus hombres, se viró con la boca llena- El Consejo Aqueo ha hablado, se te ha elegido para una incursión a Chipre, a traer gloria -alzó la mano como un puño Diomedes, y Áyax gritó alegremente con media pata de jabalí aún en la boca-. Es bueno que estés feliz… porque estoy por quitarte ese derecho… -lo miró Diomedes con determinación, y Áyax, confundido, miró a Áyax el Menor, quien no sabía nada de nada-. ¡Te reto a una Batalla de Derecho! ¡Si venzo, iré yo mismo a Chipre! ¡Si vences, no solo tendrás mi vida, sino a mis 3 reinos a tu servicio! -propuso Diomedes, y los miembros del consejo se quedaron boquiabiertos.

-¿Eso es legal? -preguntó Áyax a Menor, quien nuevamente no sabía nada de nada- ¿Eso significa que si gano soy rey? ¿3 veces rey? -se apuntó, y Diomedes le sonrió, aunque la herida en su pecho comenzó a arderle nuevamente- Quiero ser rey… pero… no estás en condiciones. Tu Armadura Dorada inclusive está rota. No sería justo -apuntó Áyax, y volvió a comer.

-Ya veo, la madre de Áyax educó a un cobarde… -un silencio sepulcral cayó en el campamento Aqueo, mientras Áyax dejaba de comer, y miraba en dirección a Diomedes-. Alguien muy sabio me dijo… el oponente más fiero que jamás haya enfrentado… que la Armadura Dorada era solo una condecoración… me lo dijo mientras me humillaba… con una simple lanza de madera y armadura de cuero… jamás en mi vida me había sentido tan furioso y maravillado a la vez. Si ese sujeto puede combatirme sin armadura y darme una paliza de la que apenas salí con vida. ¡Sería una vergüenza que como rey que soy no pueda contigo, plebeyo! -Áyax se puso de pie, inmenso, y rodeó a Diomedes con su sombra- Va a dolerme… pero al final voy a derrotarte… -sonrió Diomedes, preparando su lanza.

-Diomedes. ¿Qué haces? -preguntó Odiseo, preocupado, mientras Áyax se acercaba, furioso- ¿Sabes lo que pasará si 2 Caballeros Dorados se enfrentan? Podríamos hablar de una batalla de 1,000 días -intentaba razonar Odiseo, pero Áyax lo empujó a un lado con rudeza.

-Descuida… Odiseo… -miró Diomedes a la inmensidad de Áyax, reluciente en su Armadura Dorada-. Eso solo sería posible si Áyax y yo estuviéramos al mismo nivel. Pero puedo asegurarte que no lo estamos… -Áyax se agachó, encarando a Diomedes directamente.

-No me importa que me digan plebeyo… no me importa que clamen ser más fuerte que yo… -tomó su inmenso escudo Áyax, y también su poderosa lanza-. ¡Pero nadie insulta a mi madre! ¡Gran Cuerno! -comenzó la batalla, y Diomedes lo evadió con una tremenda agilidad, una que sorprendió inclusive a Agamenón y a Menelao- ¿Dónde? -se impresionó Áyax, y Diomedes apareció frente a su pecho, con la primera aguja apuntándole directamente.

-Voy a protegerla… -mencionó Diomedes-. ¡Me convertiré en el Caballero Dorado más poderoso de ser necesario! ¡Aguja Escarlata! -gritó Diomedes, y su cosmos estalló por todo el campamento.

Ciudadela de Capis.

-Alguien se está divirtiendo demasiado en el campamento Aqueo -sonrió Eneas, entrando con sus hombres a Capis, donde fue recibido por Héctor-. Le traigo a tu padre Príamo un obsequio de buena fe pese a que el muy imbécil me escupió en el rostro la última vez -apuntó Eneas con su lanza a un par de soldados de Dárdanos que llevaban a un malherido Trolio con el brazo derecho quemado en dirección al palacio-. No espero un recibimiento digno, Príamo y yo no somos exactamente amigos -explicó.

-Eres mi amigo, eso es más que suficiente -le ofreció la mano Héctor, y Eneas la estrechó con fuerza-. Usarás mi casa en Tros, allí seguro tú y mi hermana serán bien atendidos -se acercó Héctor a Creúsa con los brazos abiertos, y Creúsa aceptó de él un gentil abrazo-. Escuché la noticia. No hay nada más hermoso para un hombre que ser padre. Gracias, Creúsa -la de cabellera naranja se ruborizó, y siguió a Eneas junto a su criada Crésida y a Pándaro en dirección al palacio de Troya-. Incluso si un hijo no comparte tu sangre… un padre no puede hacer más que estar orgulloso… Ethon… Anficlas… -finalizó Héctor, mirando a las estrellas.

Campamentos Aqueos.

-Dilo… -habló Diomedes con voz temblorosa, y una mirada repleta de ira y dolor-. Fuerte y claro… -prosiguió mientras presionaba a Áyax contra el suelo, y con Antares brillando en su uña-. Admite que te he vencido… y que es mío el derecho de la incursión a Chipre… -Áyax estaba ensangrentado, perforado por 5 de las 15 agujas. La humillación que sentía Áyax era inmensa, no deseaba darse por vencido, y seguramente se levantaría y se la pondría aún más difícil a Diomedes, pero tras ver la desesperación en los ojos de Diomedes, razonó que este era un acto en extremo desesperado-. Por favor… -tembló Diomedes de dolor.

-Qué más da… -suspiró Áyax con molestia-. Admito mi derrota, el derecho de incursión es tuyo -le respondió con suma molestia, y entonces pateó a Diomedes lejos de él-. Pero yo hubiera ganado si hubiéramos peleado enserio. ¡Y retráctate de lo de mi madre! -enfureció.

-Me retracto… -sonrió Diomedes mientras se tomaba del estómago donde Áyax lo había pateado, y Áyax hizo una rabieta mientras regresaba a su mesa, se sentaba, furioso, y comenzaba a comer apresuradamente-. ¿No quieres que te regrese el sentido del olfato? -preguntó, pero un rugido de Áyax fue su respuesta- Regresará solo en unos días… -concluyó Diomedes, y entonces viró para ver a Esténelo-. Prepara a los Tebanos, que llenen los barcos con víveres. Zarpamos hoy mismo, no hay tiempo que perder -Esténelo reverenció, y corrió a dar sus órdenes-. Euríalo, a los Calidonios ordénales lo mismo, yo me ocuparé de los preparativos de los Argivos, zarparemos con los 3 ejércitos. Odiseo… te necesito aquí… los Aqueos necesitan de tu sabiduría -le pidió, molestando a Palamedes, quien sentía el gran aprecio de Diomedes por Odiseo.

-Lo sé… -miró Odiseo entonces a Epeo, quien llegaba con la Armadura de Escorpio en sus brazos, Odiseo la tomó, y se la entregó a Diomedes-. Pero a donde quiera que vayas, sabes que allí estaré contigo. Ya soy parte de tu Armadura -explicó, y Diomedes asintió.

-Rey demente -se acercó Aquiles con Antíloco, quien saludaba nerviosamente-. Es mi deseo que lleve a uno de mis hombres consigo, Antíloco le servirá bien. Tráelo con vida, Antíloco, no estaría tranquilo hasta que este rey papanatas me vea superarlo. ¡Juro por Athena que seré más fuerte que tú! -apuntó Aquiles, y se retiró, sumamente molesto.

-Rey Diomedes… -comenzó Teucro, y Diomedes le dirigió la mirada-. Cierta persona… que no quiere que mencione su nombre… me ha pedido acompañarlo y ver que regrese con vida -se apenó Teucro, mientras Áyax devoraba aún más sonoramente.

-¡Gracias Áyax! ¡Qué detalle! -se burló Diomedes, y Áyax le rugió con fuerza a lo lejos- ¡Te traeré una bella concubina de Chipre! -se burló, y entonces miró a Shana, quien lo miraba fijamente- Era broma, si ya soy un sacerdote -se apenó Diomedes.

-¿Por qué haces esto? -se preocupó Shana, y Diomedes bajó la mirada- Sé que no debo tener favoritos… pero no sé si podré soportar que no estés cerca. ¿Es tan importante para ti hacer esto? -preguntó Shana con una lágrima traicionera, y Diomedes se la limpió cuidadosamente.

-Hay una niña allí afuera, en Chipre… ella es incluso menor que tú… -comenzó a responderle Diomedes, y Shana bajó la mirada, preocupada-. Esa niña siente un odio devastador, porque ha sufrido toda su vida. Shana, a ti te di la oportunidad de crecer como una niña feliz antes de que aceptaras la responsabilidad de convertirte en Athena. Ahora… quiero darle a esa niña una vida en la que pueda ser feliz… -comenzó a colocarse su Armadura Diomedes, y mientras sus soldados subían a los barcos y se preparaban, Diomedes reverenció ante el resto de los Aqueos-. Volveré… -les prometió, y entonces subió a su navío-. ¡No me importa que tengan sueño! ¡A la mar, ahora! -ordenó Diomedes, y sus hombres soltaron las amarras, mientras Diomedes veía al campamento Aqueo desde su nave, y a Troya a la distancia- Volveré… definitivamente volveré… y te traeré conmigo de ser necesario, Anficlas… -finalizó Diomedes, recordando el odio que la niña sentía por él.

Chipre. Ciudad de Pafos. Torre de Cobre.

-¡Ethon! ¡Dame un hijo! -gritaba Lodis, persiguiendo a Anficlas por toda Chipre- ¡Eres el rey! ¡Necesitas un heredero y ya pasó mi Luna de sangre! -gritaba Lodis mientras correteaba a Anficlas por las escaleras, hasta que Anficlas logró encerrarse en la Sala del Trono en la misma cima de la Torre de Cobre- ¡Ethon! -lloraba Lodis.

-Lo siento, Lodis… -respondía Anficlas apenada desde el otro lado de la puerta-. Pero… tengo una reunión importante con Casandra en este momento… además yo sí estoy en mi Luna de sangre -se susurró esa última parte, y tras una potente patada de Lodis, Anficlas respiró con tranquilidad mientras la escuchaba retirarse a paso pesado-. Qué horror… esto de estar casado y tener que complacer a mi mujer es horrible… -suspiró Anficlas contrariada.

-Todos soñamos con el día de nuestra violación… a algunas nos llega antes que a otras -escuchó Anficlas la voz de Casandra, sentada en su trono con Cheshire, ofreciéndole frutas de una canasta-. Dicen que el plátano es bueno para satisfacer a las doncellas lujuriosas, tal vez deberías dárselo, el plátano, quiero decir -sonrió pervertidamente Casandra.

-Evidentemente, eso es algo que no puedo hacer -se quejó Anficlas, y Casandra devoró su plátano-. Escuché de mis consejeros que planea irse, tía Casandra. Otra vez -hizo énfasis en la última parte-. Sabe que en Chipre siempre tendrá asilo. Me he cansado de pedirle que sea miembro de mi corte. Sus habilidades serían muy útiles para mí -explicó.

-Oh, ¿te refieres a mis habilidades de predicción? No tiene caso que sigas preguntándote una fecha que sabes de antemano -señaló Casandra, y Anficlas la miró fijamente-. Ya viene… y no hay nada que puedas hacer para evitarlo -le explicó Casandra.

-Puedo derrotarlo… -se molestó Anficlas-. Soy el rey de Chipre, poseo un ejército numeroso y poderoso. Y he entrenado toda mi vida para este momento -se preparó Anficlas, mirando al mar a través del inmenso balcón de la Torre de Cobre-. No permitiré que mi vida sea arruinada por ese sujeto -enfureció Anficlas.

-¿Arruinada? -preguntó Casandra- Arruinada yo que sé la fecha de mi propia muerte, y que no será nada agradable -se estremeció Casandra, y Anficlas la miró con preocupación-. Pero lo tuyo, solo será un sufrimiento pasajero. No puedes evitar lo que va a pasar, y vas a sentir que desearías morir. Pero tu futuro… es más brillante que el mío… que el de muchos, a decir verdad -le sonrió Casandra, y entonces comenzó a babear-. Además, lo vas a disfrutar, ese Escorpio tiene mucha práctica -se saboreó Casandra.

-Por favor deje de bromear con eso -se molestó Anficlas, y posó su atención en el mar-. Sin importar lo que pase… voy a matarte… -apuntó con su lanza, sintiéndose poderosa-. El día de mi cumpleaños, uno de nosotros va a morir, Diomedes de Escorpio… y juro que vas a ser tú… -los telares del destino siguen moviéndose, y los eventos escritos por los dioses, están a punto de cumplirse.