Me tardé demasiado en actualizar, pero esta vez he tenido demasiado trabajo. No tienen idea de lo agotado que me siento, pero el lunes es día de paga, supongo que eso me animará bastante y me ayudará a seguir con la ardua tarea de seguirle paso a mi jefe. Pero mientras tanto, ustedes pueden disfrutar de esta actualización. Sobre Academia Sanctuary, y antes de que alguien pregunte, pienso que se actualizará pronto, la próxima semana, si es que mi jefe me da un respiro. Entre eso, mi lumbalgia y las cosas de la casa que hay que arreglar, me tienen bastante fastidiado… en fin, a contestar reviews:
dafguerrero: Sé que la muerte de Cípsilo fue brutal. Intento hacer que los Suplicios Obsidiana sean personajes más importantes que en Guerras Doradas. Al mismo tiempo sin embargo, hay un límite para lo que puedo o no hacer al ser una historia derivada de la Ilíada y la Odisea (y otros mitos), así que pese a que el personaje de Cípsilo me agradó como antagonista, no podía seguirlo explotando, a menos que abandonara la idea de que cada 10 capítulos pasan 2 años, pero si hago eso la historia se volverá muy larga y monótona. Así que, tristemente aunque quisiese explotar a su personaje, lo mejor que pude hacer fue convertirlo en la víctima de la Cólera de Aquiles. Sobre Anficlas, no es como que quiera seguirla utilizando tan recurrentemente, quiero ampliar el protagonismo de los personajes, y relegar a Diomedes y a Odiseo un poco, no me está resultando todavía, pero para no hablar de Diomedes en el campamento Aqueo, tengo que usar a Anficlas, y como la parte de Egialea no estaba terminada, a Anficlas se le está dando un poco más de protagonismo, pero su papel poco a poco tendrá que permearse con el del resto de los personajes, así que, no creas que va a ser una Wonder Woman en esta historia. En el mito, jamás se menciona que Diomedes tenga mucho amor por Egialea a decir verdad, en cuanto a Anficlas, ella siempre estuvo con él pero la historia se empeñó en borrarla (en el capítulo anterior Néstor lo dice: "Algún día te conocerán por el nombre de tu hijo"), o algo así. En realidad, si no es por el hijo de Diomedes, que no tuvo con Egialea, nadie conocería actualmente a Anficlas, todo lo demás son conexiones que los historiadores han hecho, así que sí, tengo cierta libertad creativa con Anficlas pero no abusaré de su personaje. Lo de Egialea y Cometo realmente es parte del mito, Egialea usa a Cometo para vengarse de Diomedes. Y me da gusto que aprecies a Apolo (Que será segundo antagonista en esta saga).
Tita: Wow, sentí tu rencor en este review. ¿Cómo te contesto? Creo que es pertinente hacer algunas aclaraciones. Por ningún motivo voy a convertir a Pentesilea en un personaje que sea odiado al nivel que se odian a las feminazis modernas, lo que intentaba o intento ejemplificar, es el cómo las feminazis modernas pierden de vista el valor del verdadero feminismo entregándose a rencores injustificados. A estas alturas, Pentesilea será un personaje con un repudio incondicional hacia todos los hombres en general, solo por ser hombres, sin tener una verdadera razón para odiarlos, nació y se crio en una sociedad donde no conoce otra cosa. En contra posición, a Anficlas nunca se le inculcó el odio, ella lo absorbió por las condiciones de su vida, entonces, allí tengo las 2 caras del feminismo, las que odian a los hombres solo porque son hombres (feminazis, y en este caso Pentesilea), sin tener una justificación, osease, solo odian por odiar, y las que tienen razones para odiar a los hombres y aun así luchan por su derecho de igualdad (Anficlas quien fue borrada de la historia por ser una mujer en una guerra de hombres). Esto, por ningún motivo, quiere decir que Pentesilea no vaya a ver la luz al final del túnel ni a reacomodar sus ideas, esto solo significa que Pentesilea, actualmente, y por un largo rato, se va a comportar de una manera demasiado cuestionable, donde odia y hace corajes sin razón, con la excusa de que "a los hombres se les debe odiar por ser hombres solamente", la evolución de su personaje ira pasando paulatinamente. Lamento si mi primera explicación no fue la adecuada pero, piensa en Aquiles por ejemplo, actualmente no sobresale demasiado, porque no tiene actualmente la madera del héroe, se necesita forjar, pero todos sabemos dónde va a terminar Aquiles realmente, aunque de momento no se note, es lo mismo con Pentesilea, espero que esta explicación sea un poco más de tu agrado, confía en mí, a los únicos personajes que odio realmente son a Seiya (protagonista inútil que solo fue relevante por lo que todos hacían a su alrededor no por sus propios medios), y a Orfeo (el personaje más aburrido y sobrevalorado de Saint Seiya a mi parecer), de allí en fuera, todo personaje, hasta el inútil de Zelos, tienen un papel relevante y justo. Un pequeño paréntesis también, el Infierno de Dante, no creo pueda ser utilizado como referencia mitológica, ya que está más enfocada a la evangelización y a la fragmentación de las creencias griegas que a nada, no digo que sea una mala obra, pero, creo que es como hablar de Saint Seiya Clásico y querer unirlo a Lost Canvas, sería sumamente épico, pero existe Next Dimension que lo desacredita, así que por estas razones no pienso usar el Infierno de Dante de referencia. Al menos esa es mi postura actual, cuando llegue a la Odisea tal vez me inspire en algo del Infierno de Dante. ¿Cómo se deciden las versiones más fieles del mito? Umm… para mí es indistinto, solo escojo entre todas las versiones cuales tienen más sentido y cuales se ven como aberraciones cristianas queriendo desacreditar a los mitos anteriores en favor de sus creencias religiosas. Pero si la pregunta se refiere a: "de entre esta y esta a cual le hago caso", la respuesta es a la primera, el mito más antiguo es el que gana sobre los demás. También hay que recordar que los romanos hicieron varias obras de teatro de los mitos griegos, por ejemplo, en uno Diomedes se enamora de Briseida, y Trolio también, y sí, la misma Briseida de Aquiles, ¿lo pondré en la historia? Tal vez, solo para llenar los huecos de los 10 años de guerra, pero no puede considerarse un mito, sino una obra de teatro. No sé si responde eso a tu pregunta. Sobre las amazonas, la mayor parte de lo que son, son por fuentes post-homéricas. No hay vestigios arqueológicos suficientes que avalen siquiera la existencia de su sociedad. Suena cruel, pero es cierto, digamos que, entre los mitos, lo de las amazonas es más ficción que mito, por ello no creo que exista una fuente concluyente, y eso incluye a Quinto de Esmirna tristemente. Ahora a tus puntos:
1) Me alegra saber que te gustó, tristemente, pese a que el mito del Cofre de Cípselo existe, nadie puede asegurar que el Cípselo asesinado por Aquiles y el dueño del cofre fueran el mismo, así que esa parte la uní solo para llenar huecos en los 10 años de guerra. Eso me hace sentirme como que hago trampa la verdad.
2) Ok, el abandono de armadura. Odiseo puede comportarse como un ruin manipulador y asesino, pero lo hace por Athena, y por ende la armadura no lo abandona, si lo traspasamos a la serie clásica, la Armadura de Cáncer ayudó a Deathmask hasta que descubrió en su conciencia que no luchaba por Athena, por ello lo rechazó, pero después del cambio de corazón de Deathmask la armadura volvió a él. Traducido ahora a Egialea, la armadura no la abandonó por violarse a Cometo (burlas del autor), ok, ya me recuperé, la Armadura del Cisne la abandonó porque Egialea decidió despreciar a Diomedes, y a todo lo que él ama (Shana), y como Shana es Athena y la Armadura del Cisne no puede odiar a Athena, abandonó a Egialea, por eso, y porque tengo planes para esa armadura y la necesito en Troya. Así que en parte es por el bien de la historia y en parte porque me arrepentí de darle esa armadura a ella y ahora la necesito (siente que hizo trampa otra vez).
3) Qué puedo decir de Licomedes, es mi Maestro Japosai (¿Así se escribe?), aunque no va por allí robándose las bragas ajenas. Sobre Diomedes, si para la historia estoy usando la personalidad opuesta del descendente del signo y Milo es el leal y caballeresco que solo escoge a una mujer para toda la vida, es natural que Diomedes fuera su opuesto que solo se quiere acostar con todo lo que tenga enfrente, de buenas que ahora está Anficlas para frenarlo o se viola a todas las esclavas, Palamedes sí era mala influencia. Y no me molestan más reviews para los mismos capítulos siempre y cuando no sean repetidos accidentalmente (porque entonces se siente que hago trampa con el número de reviews), digo si es por tener número de reviews me firmo anónimamente 1,000 veces y boom, la historia con más reviews de todo fanfiction (se ríe malévolamente como el Grinch).
TsukihimePrincess: Excelente deducción, eso es exactamente lo que pasó. Si Fénix no borra la mente de Aquiles, Aquiles ya sería el guerrero más poderoso de los Aqueos, pero a riesgo de convertirse en un sádico asesino desalmado, por ello Aquiles rogó que se le borrara la mente, para evitar liberar su Colera contra Troya y amigos por igual. Sé que lo de Shana y Anficlas está raro pero, tú conoces el mito, sabes lo que Athena está destinada a hacer, ¿cómo si jamás ha hecho nada relevante a su dominio de la guerra? Necesitaba comenzar a trabajar esa parte y obvio Diomedes no iba a querer enseñarle a ser guerrera, allí es donde entra Anficlas, espero eso sea justificante suficiente.
Dragon1983: ¡Acabo de caer en cuenta que eres más viejo que yo! ¡Viejo maestro! (Reverencia respetuosa a un seguidor de tantos años). Me da gusto saber que mi capítulo de relleno… ejem… capítulo de evolución de personajes fue de tu agrado. Y Fénix es la vil copia de Ikki, yo hasta me lo imagino igual, así que sí, metí a Ikki a la Guerra de Troya (risa de soy un genio). Y Licomedes es Japosai de Ranma ½, ok, supongo que eso significa que me estoy quedando sin ideas, espero no sea así.
midusa: No te hice llorar a propósito, era una pequeña broma piadosa, no te lo tomes a mal, me gustan muchos tus reviews, solo que soy un escorpio cruel, despiadado y malvado (y está orgulloso de ello), soy mitad Milo mitad Diomedes, muajajajaja. Sé lo que es estar en esa etapa de "no quiero hacer nada y no sé por qué", mi recomendación en ese tipo de instancia es comer algo sabroso que te levante el ánimo. O poner animes que te hagan reírte mucho, los School Life ayudan, te conmueven recordándote lo ingenuo que eras de joven, y te dan determinación para lograr tus objetivos, te recomiendo Amagami S o Special A, y no es porque tenga un fic de Special A (+_+). No se supone que sientas que ya leíste mis historias, eso asusta… umm… veré qué puedo hacer para ser más imaginativo (determination mode on). Sobre Casandra, no me acuerdo cuando la prometí pero ya se adelantó, pero no la esperes tan lunática como en la primera temporada, su nivel de locura ahora es… diferente… sigue demente pero no como al principio, digamos es una demente más en control de su demencia, si es que eso tiene sentido alguno. Sobre Egialea, ya la deberían de haber visto venir, su caída me refiero. Los jueces, oh los jueces, no puedo usarlos aún, ya he matado a… (comienza a contar en su Excel), 25 de los 108 Espectros aproximadamente, y 10 de ellos en la Batalla del Santuario… aproximadamente, y Aqueos han muerto… (cuenta nuevamente), solo 4… y muchos muchos extras, pero esos no importan mucho supongo. Creo que necesito empezar a matar Aqueos, en fin, los 4 jueces no están programados de momento.
DianaArtemisa: No me recuerdes Academia Sanctuary T_T, hago lo que puedo. Y eso de decirme que soy el segundo favorito es cruel… significa que tengo a alguien a quien derrotar (eleva su cosmos y Menelao aparece junto a él), seremos los número 1, oye coincidentemente este capítulo se trata de Menelao siendo el segundón… comienzo a pensar que este capítulo fue influenciado por este review. Si quieres encontrar a Anficlas en internet, tienes que investigar el nombre de su hijo primero, de allí comenzaras a encontrar cosas. No tengo ni idea de que es Yanguire, ¿Cómo se come? Sé que Tetis aparece en la Iliada y la Odisea, pero Tetis, Escamandro, Hera y Hermes iban en un barco todos juntos con destino a Troya para participar en la filmación, pero Dionisio iba manejando, y pues Dionisio estrelló el barco donde iban todos ellos contra Escila y Caribdis, se estrelló 2 veces, uno en cada monte, y se hundieron todos juntos, hay un grupo de rescate liderado por Frida para encontrarlos pero no han tenido suerte, pero la última noticia fue que Elon Musk está construyendo un mini submarino para encontrarlos vivos o muertos. En otras palabras, no me parecieron dioses importantes ni que aportaran nada llamativo a la trama, y necesitaba sustituir varias cosas para meter a Hades como el malo, así que, no creo que ninguno de los mencionados vaya a tener participación, sería forzado, a mi parecer innecesario, y cortaría de tajo la relación con Saint Seiya y Guerras Doradas principalmente por Hera. Espero esa respuesta no sea… cómo decirlo, ¿decepcionante? Pero definitivamente es muy problemático trabajar con más dioses de los que ya estoy usando, principalmente por Hera, si meto a Hera tengo que meter más a Zeus, y si meto a Zeus, se va a la goma toda Guerras Doradas y la idea de "Zeus es el dueño de todos los ejércitos".
Ok, escribí 4 páginas de respuestas a reviews, eso es demasiado, rompí record.
Saint Seiya: Guerras de Troya.
Troya: Año Dos.
Capítulo 4: Combate por Conquista.
Anatolia. Troya. Tienda del Consejo Aqueo. Año 1,194 A.C.
-La última noticia que recibimos de Aquiles y los Mirmidones, fue que viajaron de Colona a Tenedos junto con los Cretenses -explicaba Odiseo en la tienda del consejo, mientras duraba el breve periodo de paz entre enfrentamientos con los Troyanos. Agamenón y a Menelao miraban el mapa que les presentaba Odiseo. Néstor y Diomedes estaban también en la tienda del consejo, pero más concentrados en la entrada que miraba a Troya, como sabiendo que ya estaba próximo el momento del siguiente ataque. Shana estaba presente también, aunque apenas y ponía atención mientras luchaba por no quedarse dormida. Los constantes entrenamientos con Anficlas mantenían su cuerpo mortal agotado, además de adolorido, pero hacía lo que podía por prestar atención a la audiencia liderada por Odiseo-. De Tenedos es de donde llegó un mensaje de parte de Idomeneo. Se dividieron las fuerzas de los Mirmidones en 2 frentes por los retrasos en la empresa. Idomeneo y los Cretenses continúan el curso habitual en dirección a Egipto, anclarán sus navíos frente a la isla de Lesbos, ocultos en las zonas montañosas, y apoyarán a los Mirmidones en el ataque a Lesbos, se reabastecerán, y seguirán pasando por en medio de Esciro y Quios, y no volverán a tocar tierra hasta llegar a Rodas, aliada a Poseidón y a Athena gracias al Caballero de Plata, Tlepólemo de Cerberos. De Rodas, no volverán a tocar tierra hasta llegar a Chipre. Aquí en Chipre se reunirán con los Calidonios que dejó Diomedes al mando de Cianipo de Pez Austral, se reabastecerán, y comenzaran las incursiones en dirección a Egipto -terminó de explicar la ruta de los Cretenses Odiseo, y los miembros del consejo asintieron.
-Bien, pese a los retrasos por los ataques en el puerto de Colona, tal parece que los Cretenses viajan con tiempo favorable -agregó Agamenón, quien no dejaba de mirar la porción del mapa en la cual se mostraba Colona, ciudad que dio mucho retraso a la empresa liderada por Aquiles-. ¿Qué hay de los Mirmidones? ¿Mencionaste que se dividieron? -preguntó.
-La mitad de los ejércitos de los Mirmidones es comandado por Patroclo y Antíloco, se dirigen a la Ciudad Portuaria de Antrados -señaló en el mapa, satisfaciendo la curiosidad de Agamenón-. Por otra parte, Aquiles y Fénix lideran la carga en dirección a los puertos de Adramitio. La idea es que se ataquen ambos puertos, los de Antrados y Andramitio, al unísono, permitiendo a los Cretenses continuar en dirección a Chipre sin interrupciones una vez haya terminado el ataque a Lesbos -les explicó nuevamente, señalando todos los puntos en el mapa-. Una vez que Antrados y Andramitio hayan caído, los ejércitos de los Mirmidones se reunirán en Lesbos con los Cretenses, y de allí zarparán rumbo a Lirnesos atacando sus puertos y permitiendo a los Cretenses seguir su camino -finalizó Odiseo.
-Todo eso suena bien y todo, pero… -comentó Diomedes, ganándose la atención del resto de los miembros del consejo-. La distancia entre Tenedos y las ciudades portuarias de Antrados y Adramitio es de apenas 1 Luna de viaje marítimo… ya han pasado 2. Yo recorrí esos mares en un barco Argivo, y los Cretenses son mejores navegantes -les explicó Diomedes, lo que preocupó un poco a Agamenón-. Incluso si el viaje fuera por tierra, la distancia no es muy diferente. A lo que me refiero es que me sorprende que se haga tanto tiempo de viaje. Eso significa que, o los mensajeros han llegado muy tarde… -bajó la mirada Diomedes.
-O la incursión fracasó, y los Mirmidones han sido sitiados de alguna manera o en Antrados o en Andramitio… tal vez incluso en ambas si no hemos recibido más noticias -dedujo Menelao, y Agamenón volvió a suspirar en señal de preocupación.
-Pero eso no es posible… -dedujo Odiseo-. Las tribus de Asia Menor son apenas una molestia, no están tan bien armadas como nosotros. Y los Mirmidones están entre los mejores guerreros de nuestras filas. Me niego a creer que los ejércitos de Aquiles puedan ser diezmados por un par de pueblos costeros -azotó el puño contra el mapa Odiseo.
-Calma, calma, ya pasé la etapa del amigo exigente y rencoroso -le recordó Diomedes, y Odiseo asintió a duras penas-. Pero… la única forma de averiguar la verdad sería enviando hombres a Antrados y a Andramitio, y ya estamos muy escasos de guerreros -aseguró Diomedes.
-Podría usar mi cosmos para transportarme a ambas ciudades y ver qué es lo que está pasando -sugirió Néstor, y todos lo miraron con curiosidad-. Solo necesito encontrar el cosmos de Patroclo y de Aquiles, y estaré en ambos sitios en un instante -les aseguró.
-Podría ser… -se frotó la barba Agamenón-. Pero, preferiría escuchar primero el reporte del Quersoneso antes de tomar una decisión apresurada. ¿Cómo va la incursión de Áyax? -le preguntó Agamenón a Odiseo.
-Los mensajes del Quersoneso tardan más en llegar por la necesidad de rodear en gran medida a Temiscira -les recordó Odiseo, señalando las distancias en el mapa, y colocando una pieza de ajedrez, la de la reina, en el lugar donde estaba la isla-. Para recibir mensajes, los barcos Atenienses deben rodear hasta Tenedos, y después virar en curso a las costas. El último mensaje lo recibimos hace 1 Luna. Acamante ha montado campamento en la Ciudad Portuaria de Elayunte, Áyax lideraba en ese entonces el asedio en dirección a Sestos, pero antes está Mádito, donde Anfímaco liderará a los Élideos en la incursión. Si todo sale bien, recibiremos noticias de Acamante antes de que termine la presente Luna -aseguró Odiseo.
-La empresa de Áyax parece estar más controlada -aseguró Agamenón, y entonces se puso de pie-. Diomedes… sé que tú y tus ejércitos han hecho hasta lo imposible por defender el sitio a Troya, pero… debemos volver a dividir nuestras fuerzas -aclaró Agamenón, y Diomedes asintió.
-¿Dividir las fuerzas aún más? -se sobresaltó Odiseo, y Shana despertó, sobresaltándose por aquellas palabras- Mi señor, Diomedes y los reinos de Argos, de Tebas y de Calidón han recibido ya muchos envistes. Las bajas se han mantenido al mínimo, pero si continuamos con estas divisiones de nuestras fuerzas… -se preocupó Odiseo.
-Lo entendemos, Odiseo, pero entiende tú también -le interrumpió Menelao-. Si los puertos de Antrados y Adramitio no han caído ya, la avanzada de los Cretenses que espera a las costas de Lesbos para el asedio, estará sola contra una de las islas más grandes de Anatolia -le explicaba Menelao, y aunque Odiseo lo sabía, no quería aceptarlo-. Después de Antrados y Adramitio, faltará Crises para tener a Lesbos enteramente rodeada, y lograr una conquista con el menor número de bajas posibles. Pero esto no pasará si Antrados y Adramitio no han caído -le explicó con cautela.
-Eso es solo el comienzo -prosiguió Néstor-. Si Idomeneo toma la decisión imprudente de incursionar contra Lesbos cuando los víveres se les estén agotando, sin esperar el apoyo de los Mirmidones para el asedio, con su fuerza militar actual puede que conquiste a Lesbos, pero con bajas demasiado significativas -le explicó, a lo que Odiseo se mordió los labios, comprendiéndolo-. Con semejante cantidad de bajas, y si Idomeneo logra sitiar a la isla, no podrá retenerla con los soldados que le queden, y deberá incursionar el resto del camino a Egipto con un ejército herido. Si eso pasa, la incursión a Egipto fracasará, y si fracasa, ya estamos condenados. Cuando Diomedes viajó por esas aguas eran territorios neutrales, por eso pudo ir y venir de Chipre tan rápido. Pero ahora, los Cretenses necesitan que los puertos de Antrados, Adramitio, Crises y Lesbos caigan, porque ahora los están esperando -le explicó con preocupación.
-¡Es precisamente por eso que les dije que no debíamos atacar Tracia! -enfureció Odiseo, y Diomedes le colocó la mano al hombro, ayudándolo a tranquilizarse- Lo lamento… -se tranquilizó Odiseo-. Pero no podemos seguir con esto. Si Troya ve que nos hemos dividido nuevamente… -intentó decir.
-No lo sabrán… -fue la respuesta de Néstor, sorprendiendo a Odiseo-. Si mantenemos las líneas defensivas, y los Troyanos nos ven enviar a más ejércitos a las costas, entonces demostraremos la debilidad de nuestras líneas, y Héctor tan solo liderará un ataque frontal agresivo, como si clavara un cuchillo caliente en una rodaja de queso fresco -le explicó Néstor, y se acercó al mapa de la ciudad-. Pero, ¿y si no los dejáramos descansar? -prosiguió, moviendo las piezas de ajedrez que Odiseo usaba para ejemplificar a los ejércitos- Actualmente, los campamentos son defendidos por Argos, Tebas, Calidón, Ítaca, Pilos, Esparta y Micenas. Son 3 puertas, si cada una es retenida por un reino, Troya no tendrá más opción que la de dividir las fuerzas también. Y si estos 3 ejércitos logran colocarse a escasos tiros de flecha, solo los suficientes para mantener una posición más agresiva… tal vez… viendo los campamentos vacíos a la distancia, crearemos la ilusión de que nuestras tropas siguen siendo numerosas -aseguró.
-¿Crear una ilusión? -se preocupó Odiseo- Para crear una ilusión de semejante magnitud, y mantener a los Troyanos al margen, no solo tendrían los 3 ejércitos frente a las puertas que montar turnos de defensa para evitar un ataque nocturno… sino que el campamento base deberá estar poblado también, lo suficiente para generar esta ilusión -aseguró Odiseo.
-Si los Troyanos descubren esta ilusión… la empresa estará realmente perdida… -se frotó la barbilla Menelao, pensando al respecto sobre la idea de Néstor-. Creo que es posible, pero únicamente por un breve periodo de tiempo. Sugiero una movilización masiva y efectiva sobre Antrados y Andramitio para apoyar a los Mirmidones. Si hay contundencia en la caída de ambos puertos, los 2 ejércitos que los conquisten, junto a los Mirmidones, se verán nuevamente en Lirnesos, bajarán a Crises, y zarparan a Lesbos sitiando la isla por ambos extremos. De allí, los Mirmidones zarparán a Edium, destruyendo el último de los puertos que puede presentar una amenaza a la avanzada Cretense, y comenzarán a subir conquistando los reinos más cercanos a Troya. Mientras tanto, los ejércitos que fueron en auxilio de los Mirmidones, regresarán por un mar sin puertos enemigos hasta nuestros campamentos -apuntó Menelao, trazando la ruta de retorno a Troya de los ejércitos de apoyo-. Los ejércitos llegarían a los campamentos nuevamente, cargados de alimento, repoblando el campamento base, y convirtiendo la ilusión que sugiere Néstor, en una realidad. Todo mientras se mantienen 3 campamentos, uno frente a cada puerta -aseguró.
-¿Una incursión sobre una incursión y con 3 reinos realizando ataques suicidas? Esto cada vez se complica más -dedujo Odiseo, mirando al mapa-. Si el consejo está de acuerdo con esta locura, haré la planeación pertinente -miró Odiseo al consejo, y todos estuvieron de acuerdo-. Bien… solo hay una forma de mantener la ilusión. Héctor necesita a una presa que lo mantenga ocupado, y solo se me ocurren 2… Diomedes o Agamenón. Uno de ustedes deberá liderar el sitio frente a las puertas de Capis. Será el ejército que reciba la mayor cantidad de embistes, el más atractivo para Héctor. Argos o Micenas, una vez se decida quien liderará la afrenta, entonces podré hacer las divisiones pertinentes -aseguró.
-De modo que… todo se define entre Diomedes y yo nuevamente -sonrió Agamenón, poniéndose de pie, y acercándose a Diomedes-. Argos contra Micenas, los 2 más grandes ejércitos en esta empresa, solo hay una forma de solucionar esto, Diomedes. ¿Quién liderará la carga de esta ilusión? ¿Argos o Micenas? Sabes lo que va a pasar ahora, ¿verdad? -preguntó Agamenón con orgullo, y Shana comenzó a preocuparse.
-Le advierto, Rey Supremo, yo nunca pierdo -se preparó Diomedes, y ambos se reunieron en el medio de la tienda. Shana perdió todo su sueño, estaba demasiado preocupada por lo que iba a pasar-. ¿Listo o no aquí voy? -gritó Diomedes, y Shana cerró los ojos, pero pronto se sobresaltó por lo que estaba ocurriendo- Espada, hacha, lanza… espada, hacha, lanza… espada, hacha, lanza… -enunciaban ambos mientras competían.
-Espada, hacha, lanza… espada, hacha, lanza… espada, hacha, lanza… -continuaba Agamenón, y de pronto sacó espada, mientras Diomedes sacaba lanza-. ¡Maldición! -se quejó Agamenón, y Diomedes se burló con malicia- ¿2 de 3 por la mano de mi hija Electra? -le preguntó.
-Ah no, es mi victoria, además Anficlas no lo toleraría -le aseguró Diomedes, y un muy molesto Agamenón regresó a su trono mientras musitaba entre dientes. Shana por su parte, se mostró en extremo confundida por lo que acababa de suceder-. Aunque el espada, hacha, lanza más importante lo perdí cuando Micenas conquistó Argos -se susurró Diomedes.
-¿¡Perdiste una guerra en un espada, hacha, lanza!? -enfureció Shana, sobresaltando a Diomedes- ¿Quieres decir que no es la primera vez que Agamenón y tú deciden algo tan importante en un espada, hacha, lanza? -se fastidió la diosa.
-Bueno… mi diosa… una guerra entre Argos y Micenas solo terminaría mal… -intentó explicarle Agamenón-. Era eso o un Combate por Conquista, que es el enfrentamiento entre los 2 mejores guerreros a muerte, y Diomedes y un servidor somos los guerreros más fuertes de Argos y de Micenas, no lo consideramos… pertinente… -aclaró.
-De modo que… Argos fue conquistada por Micenas en un espada, hacha, lanza… no sé qué pensar al respecto -se fastidió nuevamente Shana, pero decidió atender al resto de la reunión, que Odiseo ya preparaba, pese a las interrupciones.
-Está decidido… entonces… por derecho de conquis… quiero decir… de espada, hacha, lanza, Argos liderará la avanzada contra las puertas de Capis. Lo que deja a Esceas y a Ilo -explicó Odiseo-. Ya que Argos estará al frente, los ejércitos en las otras puertas no pueden ser Tebas o Calidón, eso solo deja a Ítaca, Pilos y Esparta disponibles… quienes la tendrán más complicada serán los de las puertas Esceas. Con Temiscira justo detrás, podrían encontrarse en medio de una avanzada por ambos flancos. Quisiera… tener la posición en esta zona -pidió.
-¿Tú, Odiseo? -preguntó Menelao, sorprendido- Ítaca jamás ha liderado asedio alguno. ¿Estás seguro? ¿Por qué no dejar a Esparta esa posición? -le preguntó Menelao, curioso.
-Porque solo Esparta y Micenas podrían lograr lo que los Mirmidones no pudieron hacer… -les explicó Odiseo-. La belicosidad de ambas naciones es tal, que serán los más efectivos. Si Micenas incursiona a Antrados, y Esparta a Andramitio, estoy seguro de que la victoria estará asegurada. Mi única preocupación es… que este acomodo… -miró Odiseo a Néstor.
-Deja a Pilos como el encargado de asediar las puertas de Ilo… por eso quieres las puertas de Esceas, porque temes que mi fuerza no sea la suficiente -se cruzó de brazos Néstor, y Odiseo bajó la mirada en preocupación-. Lo admito… soy viejo, yo ya era el Caballero de Géminis cuando Tideo, el padre de Diomedes, era el de Escorpio, y cuando Laertes era el de Sagitario. No olvides que la fascinación de Ítaca por la arquería se la debes a tu padre -le recordó-. Los dioses me dieron 3 generaciones de vida cuando Heracles asesinó a todos mis hermanos dejándome a mí vivo. Fui un Argonauta, participé en la batalla contra los Centauros, y en la cacería del Jabalí de Calidón. Estaré viejo, pero no derrotado, Odiseo. Ten un poco más de fe en mí. En mis tiempos yo era el Caballero Dorado más poderoso, y a todos les llegará la edad, al menos eso espero. Me aseguraré de ello. Pilos mantendrá asedio eficiente sobre Ilo -aseguró.
-Meter a mi padre en la conversación fue sucio -se ruborizó Odiseo-. Entonces, ¿estamos de acuerdo? Argos asediará Capis, Ítaca a Esceas, y Pilos a Ilo. Calidón y Tebas poblaran los campamentos base, mientras Micenas va sobre Antrados, y Esparta sobre Andramitio -resumió Odiseo, y todos los presentes estuvieron de acuerdo-. Para que esto funcione, Micenas y Esparta tendrán que estar de vuelta a más tardar en 2 Lunas -terminó la reunión.
Troya. Primera Ciudadela, Capis.
-¿Todos listos? -enunció Héctor ante sus hombres, los que se alistaban para salir por las puertas de Capis. Los Espectros Cebríones de Auriga, la Estrella Terrestre de la Flexibilidad, y Polidamante de Augur, la Estrella Terrestre de la Osadía, estaban con él y dispuestos a liderar la carga en contra de los Aqueos.
-Estamos listos -pero no fue ni uno de ellos quienes respondieron al llamado de Héctor, lo que preocupó al Espectro de Bennu, quien intentó quejarse-. ¡No, no! ¡Ya te escuché yo a ti! ¡Ahora tú me escuchas a mí, jovencito! -se quejó Eneas, llegando con 2 de sus Daimones: Enio de la Sangre, y Cidoimos del Alboroto- Ya pasaron Lunas suficientes, Creúsa está mejor de salud, mi pequeño Ascacio también. Es momento de que regrese a la batalla. Además, ¿no deberías ir tú a con tu mujer y hacer un niño? En una de esas no la cuentas y, ¿dónde quedó tu sangre? -preguntó.
-Regada por el suelo donde va a terminar de todas formas -le espetó Héctor, y Eneas se cruzó de brazos-. Comprendo tus preocupaciones, Eneas. Pero no tendré un heredero hasta que los Aqueos sean derrotados. No he descansado un solo día en la persecución de ese objetivo -le recordó con molestia.
-Lo que, por órdenes de padre, está por cambiar -escucharon ambos, y se sorprendieron de encontrar a Trolio, admirando su mano negra tras la batalla con Aquiles, pero que había recuperado movilidad de la misma. Junto a él llegaba un conmocionado Pándaro de Quiver, la Estrella Terrestre de la Lujuria, quien se moría por acariciar la mano de Trolio-. Me he recuperado, y padre me ha ordenado suplirte hasta que… ¡que me dejes la mano que estoy bien! -le gritó de repente a Pándaro.
-Pero mi señorito… -lloró Pándaro-. Mi corazón se llena de pena al verle la mano en ese estado. Le suplico me permita a mí liderar en su lugar. Yo traeré la gloria a Troya, usted recupere el color natural de su mano por favor. No me complace ver el bello lienzo del cuerpo desnudo de mi señorito con semejante malformación -lloró nuevamente, preocupando a Héctor.
-¡No digas tonterías que puedan malinterpretarse! -enfureció Trolio- Admito que mi belleza se ha opacado por esta marca que me dejó Aquiles con su sangre, pero… me motiva a verlo destruido. Y si bien Aquiles no está presente, pretendo que su ejército esté en extremo vulnerable a su regreso. Llámalo un castigo apropiado por las vergüenzas que me ha hecho pasar. Por ello le he solicitado a padre que te relegue el cargo de General Supremo, y no lo recuperarás hasta que dejes atrás a un heredero -aseguró.
-¿Qué? -se molestó Héctor- No pueden obligarme… no es el momento de pensar en herederos. ¡Estamos en guerra! -intentó defenderse. Pero Trolio estaba determinado- ¿Cómo voy a dejarte el mando de los ejércitos a ti y al raro este? -apuntó a Pándaro.
-Ese raro tiene su nombre, se llama Pándaro, y le confiaría mi vida… no así mi cuerpo antes de que te hagas ideas… -miró sombríamente a Pándaro, quien se apenó-. Y este es mi reino tanto como lo es el tuyo. Y pese a las exigencias de Heleno, voy a hacer esto. Ninguna profecía va a detenerme. Ahora lárgate que tengo una guerra que ganar. ¡Cebríones, Polidamante! ¡Esta es una orden directa de su rey! ¡Hasta que Héctor no deje un heredero de su propia sangre en esta ciudad, se le niega el derecho a hacer la guerra! ¡Queda en ustedes la responsabilidad de ver que así se haga! -apuntó Trolio, y tanto Cebríones como Polidamante tomaron cada uno de un brazo de Héctor, quien intentó defenderse.
-¡No! ¡Yo he defendido Troya desde el primer día del asedio! ¡Y la veré vencer en esta guerra! -intentó defenderse, pero más y más soldados fueron a ayudar a Cebríones y a Polidamante en que Héctor se retirara del campo de batalla.
-Hebe… -ordenó Eneas, y la Daimón de la Juventud se materializó frente a él-. Acompaña a Héctor, asegúrate de que tenga un heredero… -le pidió, y tanto Hebe como Pándaro se ruborizaron, mientras el Espectro de la lujuria miraba a Hebe, quien se cubrió el cuerpo como si Pándaro pudiera verla desnuda-. ¿Qué dije? -le preguntó.
-Oh, nada… solo me imagino a la bella Hebe cumpliendo con la instrucción -salivó Pándaro-. ¿Cuándo termines de darle un heredero a Héctor puedes continuar conmigo? ¡Mataría por esos suculentos melones! -enunció, ganándose una bofetada de Hebe, y ruborizando a Eneas.
-¡Cuando digo que te encargues de que Héctor tenga un heredero, me refiero a que sea con Andrómaca, no contigo! -aclaró, y Hebe se mostró complacida por la aclaración- ¡Basta ya de distracciones! ¡Maleros! -enunció Eneas, y la espada de bronce dejó a Héctor y se materializó en manos de Eneas- ¿Sabes pelear, Trolio? ¿O eres más parecido al cobarde de Paris? -le preguntó.
-Nací para la guerra, vejestorio -elevó su cosmos Trolio, posándose frente a las puertas de Capis, que se abrieron en ese momento para iniciar con el combate contra los Aqueos-. ¡Y nadie va a decir que Trolio fue un cobarde en esta guerra! ¡Ataquen! -ordenó Trolio, y los Troyanos y Dárdanos salieron a encuentro de Diomedes y de los Argivos, quienes esperaron sin moverse, y con un orgulloso Diomedes, cruzado de brazos, y esperando-. ¿Por qué no se mueven? -se preguntó Trolio, pero entonces escucharon las trompetas de alarma provenientes de las puertas de Ilo, y fueron testigos de una explosión de cosmos descomunal, mientras el cielo de Ilo se oscurecía, y una lluvia de meteoros caía sobre la misma- ¿Ilo está bajo ataque? -se preguntó Trolio, sorprendido.
-No solo Ilo… -enunció Diomedes con orgullo, apuntando con su lanza, y a lo lejos, a la salida del mar, fuego plateado comenzó a extenderse-. Esceas también… y por supuesto, Capis. ¡Frente a la cual voy a mantenerlos ocupados! ¡Restricción! -atacó Diomedes, y los ejércitos Troyanos y Dárdanos fueron paralizados- ¡Ataquen! -lideró la marcha Diomedes, lanzándose a Trolio, quien tras no ser afectado por el ataque de la Restricción pateó el suelo, levantando una piedra, la cual transformó en un escudo que lo defendió del ataque de lanza de Diomedes- ¿Qué te hizo salir de tu escondite, Trolio? ¿Extrañabas la paliza que te dio Menelao? ¿O la que te dio Aquiles? Déjame decirte que la mía va a ser mucho peor. ¡Antares! -gritó sin darse a la espera, y la estrella más poderosa de Escorpio estalló, justo a tiempo para que Diomedes evadiera las flechas oscuras de Pándaro, quien salía a la defensa de su amado señor.
-¡Voy a matarte, mi bello dios de los cabellos de fuego! ¡Y también voy a hacerte mío! ¡No necesariamente en ese orden! -se burló Pándaro mientras lanzaba más y más de sus flechas, pero Esténelo saltó en auxilio de Diomedes, interceptando a Pándaro y separándolo del rey de Argos- Tú no eres tan atractivo -apuntó Pándaro, molestando a Esténelo-. Pero puedo darte una probada también -se saboreó.
-Euríalo, te lo cambio -se alejó Esténelo, empujando al de Unicornio a la batalla, mientras Pándaro preparaba sus flechas negras y las lanzaba en contra de ambos, derribándolos, y sorprendiendo a Diomedes, quien intentó ir en su auxilio, solo para encontrar un corte de cosmos escarlata cortándole el paso, y recordando la espada de bronce, evadió el segundo corte de vientos justo a tiempo, antes de preparar su aguja y encarar a Eneas.
-Por fin algo de diversión… -se enorgulleció Eneas, sacando el pecho-. Mi amada Creúsa me ha dado un heredero, y estoy más motivado que nunca. No espero que lo entiendas, Escorpio estéril -se burló Eneas, fastidiando a Diomedes.
-Te informo, vejestorio, que estoy a una Luna de ser papá -atacó Diomedes, y Eneas comenzó a esquivar sus ataques de lanza, hasta que ambos terminaron empujando sus armas uno contra el otro-. Así que… yo también me encuentro en extremo motivado. ¡Aguijón Carmesí! -liberó su ataque de cosmos, sorprendiendo a Eneas, quien fue impactado de lleno y lanzado por la tierra, malherido- Esto no será como hace un año, Eneas. Comprendí que la Armadura Dorada no es más que una condecoración, mientras mi cosmos… -liberó toda la fuerza de su cosmos Diomedes, rodeándose a sí mismo de Escarlata-. Es en verdad infinito. ¡Aguja Escarlata! -lanzó, y los ejércitos de Dárdanos comenzaron a ser diezmados, mientras Diomedes liberaba tal cantidad de cosmos en agujas explosivas, que mantenían a Trolio, Pándaro y Eneas al margen.
-Va demasiado enserio… ese Diomedes… -miró Menelao desde los campamentos las explosiones de cosmos escarlata que parecían nublar todo lo que ocurría frente a las puertas de Capis-. Sin duda alguna… desearía poder revivir aquella vieja batalla por la mano de Helena. Ya me entran las dudas sobre qué tan fuerte es o no es Diomedes de Escorpio -aseguró Menelao.
-Te informo que sigo siendo más fuerte que ambos -aclaró Agamenón de forma arrogante-. Pero esperemos que no llegue el día en que tengamos que ver esa batalla. Si Diomedes está liberando esta cantidad de poder es solo para que no puedan ver a los ejércitos de Esparta y Micenas salir de los campamentos Aqueos. Te sugiero aprovechar la distracción, hermano -enunció desde su caballo Agamenón, y comenzó a liderar el escape de los campamentos, mientras miraba la lluvia de meteoros frente a las puertas de Ilo-. Seré más fuerte que quien sea… viejo… tanto como lo fuiste tú en tus días de gloria -se dijo a sí mismo Agamenón, mientras Esparta y Micenas continuaban la huida.
Frente a las puertas de Ilo.
-Ese Diomedes me está haciendo quedar muy mal. ¡Explosión de Cúmulo de Estrellas! -enunció Néstor, diezmando a los ejércitos Troyanos que apenas llegaban a defender las puertas de Ilo, y tras haber noqueado a la mayoría, el anciano Caballero Dorado suspiró con fuerza, ganando aire, y moderando su respiración- ¡Por Pilos! -gritó con fuerza, y los hombres de Pilos todos prepararon sus arcos, atacaron, y comenzaron el brutal asesinato de los Troyanos.
-Al parecer no eres tan débil como solíamos pensar, viejo -escuchó Néstor, mientras un Daimón de Berserker escarlata, Deimos del Terror, se materializaba-. Más fuerte eres al menos que al Caballero de Plata que mi hermano enfrentará. Me muestro complacido ante la revelación -aclaró el Daimón, y Néstor notó que sus hombres comenzaban a temblar-. Veo que mi Terror no funciona contigo -sonrió Deimos.
-De modo que… tú eres el Daimón que estuvo metiéndose con las mentes de Palamedes y de Odiseo… -habló Néstor de forma sombría, elevando su cosmos, y con su rostro oscureciéndose por el mismo-. Me parece perfecto… porque tenía bastantes deseos de castigarte… -prosiguió el anciano, distorsionando las dimensiones alrededor del Daimón.
-Inténtalo si quieres, anciano -elevó su cosmos Deimos, contaminando a los soldados de Pilos con el Terror. Néstor observó lo que ocurría, y el cómo los soldados de Dárdanos, atraídos por Deimos, preparaban sus armas para una masacre, ya que, por el terror en los corazones de los hombres de Pilos, estos no podían siquiera mantener sus espadas bien alzadas-. Puede que tu cosmos sea tan alto que me impide inundar tu corazón de terror, pero esto no aplica para tus hombres. Todos van a morir sin siquiera tener el valor suficiente para defenderse, y eso es porque yo no soy un simple Daimón, yo soy un dios menor. No puedes salvarlos, Néstor, prepárate a presenciar una verdadera masacre -se burló el Daimón.
-Ah, los dioses y sus presuntuosas expresiones de poder -se dijo a sí mismo Néstor, mientras Deimos daba la orden, y los Dárdanos se lanzaban en dirección a los aterrados hombres de Pilos-. Yo respeto a los dioses, Deimos. Pero los dioses deberían de respetar también a los humanos. Déjame darte un ejemplo de humildad. ¡La Otra Dimensión! -exclamó Néstor, y en un instante, como si el universo mismo se hubiese distorsionado, Deimos se encontró a sí mismo en un mundo muy diferente, lejos de Troya y de la guerra, y con una mujer hermosa charlando con quien Deimos sabía era una diosa-. Déjame contarte una historia, Daimón, la historia de una mujer que se atrevió a burlarse de los dioses -le explicó Néstor mientras Deimos miraba a una mujer, burlarse de una diosa de piel grisácea, ojos rojos, y que llevaba un collar de un Sol y una Luna alrededor de su cuello-. Su nombre es Níobe, tuvo 12 hijos, ¿o serían 20? Algunos dicen que 50 hijos y 50 hijas, como sea eso no importa. Níobe era una humana, que gozaba de una gran fertilidad, allí donde la diosa Leto solo había logrado tener 2 hijos: Apolo y Artemisa -le explicaba Néstor, caminando alrededor de la mujer que se burlaba de la diosa Leto-. No apruebo las burlas de Níobe, pero aquí es donde la primera lección debe conocerse. Dioses y mortales son muy diferentes, un dios puede tener un hijo y solo un hijo por miles de años, allí donde un mortal puede tener casi una centena si se dedica plenamente a ello -continuó explicándole Néstor.
-¿Qué tiene que ver toda esta tontería con nuestro combate, anciano? -se burló el Daimón, elevando su cosmos y atacando con este a Néstor, quien de un movimiento tranquilo atrapó su puño- ¿Cómo? -se sorprendió el Daimón.
-Calma, calma, ya te llegará la razón -se burló Néstor, soltando la mano del Daimón, quien impresionado por la facilidad con la que Néstor lo detuvo, se la pensó antes de volverlo a intentar-. Lo que intento mostrarte, Daimón, es la diferencia entre dioses y mortales. Cuando Apolo y Artemisa se enteraron de las burlas de Níobe, tomaron arcos y flechas, de fuego y de hielo, y asesinaron a toda la familia de Níobe, dejando solo vivos a 2. Un hombre y una mujer, Amiclas y Melibea, la última, tras ver el brutal asesinato de toda su familia, vio cómo su piel palideció, hasta esta ser tan blanca, que cambiaron su nombre a Cloris, que significa palidez -le continuó explicando a Deimos, quien comenzaba a perder la paciencia.
-No encuentro el cómo esta historia deba importarme, Néstor -insistió el Daimón-. Soy un dios menor, las preocupaciones mortales me son indistintas. En realidad, no sé qué intentas enseñarme si por decisión propia jamás he engendrado y jamás engendraré hijo alguno. Pierdes tu tiempo -Néstor por su parte, se burló sonoramente.
-¿Crees que intento darte una lección de vida? No, Deimos, no es una lección de vida la que intento enseñarte, sino una lección de terror -continuó Néstor, elevando su cosmos, sobresaltando a Deimos más y más-. Y pretendo que esta sea una lección que lleves contigo ante tu hermano Phobos, y ante el resto de los Daimones, para que sepan el poderío de nosotros los Caballeros Dorados -prosiguió Néstor, y el mundo a su alrededor continuó moviéndose-. Cloris continuó viviendo, se casó con Neleo, quien era mi padre, y le dio 12 hijos. Pero por un infortunio, Heracles, en una serie de sucesos que no vale la pena siquiera explicar, hizo la guerra a Pilos, asesinando a mi padre, a mis hermanos, y dejándome vivo solamente a mí, y a una destrozada Cloris que por segunda ocasión había visto a toda su familia ser destruida, todo por el egoísmo de los dioses quienes no suelen aceptar sus equivocaciones -aseguró Néstor.
-Por eso somos dioses, Néstor -aclaró Deimos, ya cansado de la historia sin sentido de Néstor, y preparando su cosmos lo más que podía para destruir la dimensión en que había sido atrapado por Néstor-. Poco nos importa a los dioses los problemas de los mortales -aseguró.
-Tienes mucho que aprender, Daimón -continuó Néstor-. Hubo un dios que se apiadó… -le mostró con su cosmos, a Apolo, llegando ante un joven Néstor destrozado por el brutal asesinato de toda su familia, y entregándole un regalo-. Apolo… se arrepintió del brutal asesinato de mi familia en 2 ocasiones, que eligió darme un regalo… uno del que planeo aprovecharme. Me regaló 3 vidas, Daimón… 3 vidas por cortar de tajo la vida de 2 generaciones mías. A lo largo de todos esos años, he logrado muchas cosas, pero me las he arreglado para no sobresalir mucho de entre los demás. ¿Sabes por qué? -comenzó a optar una pose Néstor, con una rodilla al suelo, la otra pierna haciendo puente, y las manos unidas por el palmar como si sostuviese algo entre ellas- Porque mi cuerpo es muy viejo… pero he desarrollado el cosmos de un Caballero Dorado no una, sino 3 veces. No sé si sabes que eso significa, que soy capaz de liberar mi cosmos de una forma que solo 3 Caballeros Dorados unidos podrían llegar a lograr. Pero claro, hacer esto me deja muy vulnerable… tanto… que solo lo hago con la seguridad de que aquel oponente que tengo enfrente no podrá escapar. Después de todo, Daimón… estás atrapado en una dimensión en la que solo tú y yo existimos. Esta es la última vez… que tú y tu hermano lastiman a uno de mis hijos… ya que si bien Odiseo no comparte mi sangre… lo heriste muy profundo, Deimos… y más te vale que el cobarde de tu hermano Phobos me esté escuchando, porque él sigue… -aclaró Néstor, elevando su cosmos, reuniéndolo en una esfera entre sus manos, y con la estatua de Athena apareciendo tras él.
-¿Qué es este poder? -se estremeció Deimos, cayendo presa de su propio dominio divino, mientras el poder reunido en la esfera de cosmos dorado parecía jalar a Deimos en dirección a Néstor. Fuera esta una treta de su dominio dimensional o no era algo que no podía comprender, pero el terror que le daba el poder en aquella esfera era real- ¡Sucio mortal! ¿Intentas burlarte de un dios? -le preguntó Deimos elevando su cosmos.
-Es curioso como los dioses nos llaman sucios y nos insultan cuando se ven acorralados por ellos a quienes llaman basura, Deimos -alzó su mano izquierda Néstor, tomando impulso con la esfera en su mano derecha, y apuntó-. Los mortales necesitan de los dioses, casi tanto como los dioses necesitan de los mortales. Pero cuando los dioses estén dispuestos a hacer su voluntad, quiero que sepas que existen mortales capaces de enfrentarse a los mismos dioses. Este es el mensaje que quiero que entregues… Deimos… mientras vaporizo tu cuerpo y tu cosmos. ¡Exclamación de Athena! -atacó Néstor, tan rápido que Deimos no logró reaccionar, y en ese momento, la dimensión de Néstor estalló.
Campamentos Aqueos.
-¿Qué ha sido… esa tremenda sacudida en mi cosmos? -se preguntó Shana, saliendo de su tienda, y mirando en dirección a Troya, hasta esos momentos envuelta en las luces escarlata del cosmos de Diomedes, hasta que una tremenda explosión apareció a varios metros por encima de las puertas de Ilo, estallando con una fuerza tan descomunal, que derribó a todos los soldados en los alrededores de Troya, e interrumpió la batalla momentáneamente. La explosión de la técnica liberada por Néstor, había sido tan poderosa, que destrozó las dimensiones, y las distorsionó alrededor de toda Troya. De momento nadie sabía dónde era arriba y donde era abajo, si era de día o era de noche, los solados caminaban sobre caminos de estrellas, y el suelo estaba por sobre sus cabezas. Aquel caos terminó en unos instantes, mismos en los que Néstor cayó a los pies de Shana, quien miraba su Armadura Dorada hirviéndole, y todo su cuerpo temblarle- Néstor… -se acercó Shana, pero su cosmos lo repudió, aunque fuese momentáneamente-. ¿Qué es eso que hiciste, que ha molestado tanto a mi cosmos divino? -preguntó Shana con temor.
-Solo… algo que enfurecería a todos los dioses… si se usase contra ellos… -se puso de pie Néstor, mientras el cielo comenzaba a llenarse de relámpagos de ira divina, en los que Néstor casi podía ver los ojos de Zeus, juzgándolo-. Mi señora… lo que acabo de hacer dudo que tenga repercusiones, porque es algo que me he preparado 3 vidas para hacer, y que solo podía hacer una sola vez. Pero lo he hecho para entregar un mensaje… un mensaje que no habrá dios que no pueda escuchar… los mortales… no somos sus títeres… -finalizó Néstor, mientras el corazón de Shana continuaba sobresaltado.
Troya. Novena Ciudadela, Tros.
-Todo mi cosmos… acaba de estremecerse con un terror indescriptible… -habló Creúsa mientras sostenía en brazos a su hijo Ascacio, su cosmos rosado e intenso reaccionando, incontrolable, presa del terror-. ¿Cómo podría un humano tener semejante poder? -comenzó a llorar por el terror.
Décima Ciudadela, Illión. Aposentos de Paris.
-Un dios… ha sido vaporizado por completo… -reaccionó Helena, mirando por el balcón de su habitación a la luz descomunal que envolvía a toda Troya en esos momentos-. ¿Hades? -se preocupó, mirando a su marido, quien aún en cama mantenía una mirada perpleja- ¿Has sentido lo que yo he sentido? -le preguntó.
-No solo lo he sentido… -enfureció Paris, mirando en dirección a la explosión de luz-. Sino que pienso castigar esto severamente. He disfrutado mucho el ser un mortal despreocupado, pero todo parece indicar que estos sucios mortales no pretenden que mi reino siga creciendo con estos asesinatos tan placenteros. ¿Querías mi atención, Athena? Ahora la tienes, y presiento que tienes la atención de alguien más… -miró Paris en dirección al Monte Ida, desde donde una luz Escarlata comenzaba a iluminar el Rio Escamandro.
Monte Ida. Rio Escamandro.
-¡Athenaaaaa! -resonó un grito desde las profundidades del rio, donde una autoexiliada Enone, llenaba un cuenco con agua para llevarlo a la cueva cercana que usaba como su hogar, y donde cuidaba a Córito, el hijo de Paris- ¡Este sello que me mantiene encerrado no durará para siempre! ¡Los dioses están furiosos! ¡Y yo voy a castigarte! ¿Me has escuchado Athena? ¿Me has escuchado Poseidón? ¡Los dioses no toleraremos esta afrenta! -se incineró el cosmos dentro del Rio Escamandro, pero este se apagó rápidamente.
Tracia. Quersoneso Tracio. Mádito.
-¡Diosa Artemisa! -se apresuró a entrar en un templo en honor a la Diosa de la Luna Pentesilea, encontrando a Ilíona hecha un paño de lágrimas mientras se bañaba dentro de la fuente construida dentro de su templo, mientras todo su cosmos, desbordante y repleto de terror, se sacudía por los eventos que ocurrían en Troya- Sentí su cosmos estremecerse, ama mía. ¿Qué está pasando? -le preguntó, y miró a Niso con desdén, acusando al Suplicio Obsidiana por el llanto de la diosa.
-A mí no me mires, yo no tengo nada que ver -respondió el nuevo guardaespaldas de la Diosa de la Luna, mientras Ilíona, desnuda y dentro de la fuente, meditaba sobre los acontecimientos en Troya-. Además, no olvides que te encuentras en el reino de mi padre Teutras, no faltes al respeto a su hospitalidad, aunque normalmente es Axilo quien es el hospitalario. Él vive del otro lado, en Arisbe -se dijo a sí mismo Niso.
-La hospitalidad de Teutras al recibirnos en su reino no será olvidada… tendrá mi protección… -fue la respuesta de Ilíona, quien sacaba una armadura similar a la de Pentesilea de las aguas de la fuente del templo-. Cualquiera que posea la protección de la Luna, no será alcanzado por la fuerza del Sol… ese es mi desafío para los mortales que han usado el poder de Apolo para hacer su voluntad en Gea -enunció, temblando de miedo, mientras su cosmos temía a la Exclamación de Athena.
Anatolia. Crises.
-Así que… por fin se ha liberado mi poder en este mundo -habló Deífobo, mientras se hacía pasar por un mendigo, al que una mujer hermosa y envuelta en una capucha violeta, entregaba una pieza de oro-. ¿Lo sabías, no es así? -le preguntó el mendigo a la mujer, quien le sonrió desde los interiores de su capucha-. Pero nadie quiso creerte. Dame una razón para no hacerte mía a la fuerza en estos momentos, Casandra -le preguntó Deífobo, a una mujer que lo miraba con una gentil sonrisa.
-Yo ya no le intereso, mi señor Apolo… -fue la respuesta de Casandra, mientras Deífobo sonreía con malicia-. Pero he de hacerle una gentil predicción, será cosa suya si creerla o no. Este poder que usted regaló a los Caballeros Dorados para desafiar a los dioses, será la llave de la victoria de Athena no solo en esta guerra, sino en todas las guerras… inclusive… en la guerra que usted liderará cuando el cielo haya sucumbido -le aseguró.
-Cuando el cielo sucumba será bajo mi propia mano, Casandra -fue la respuesta de Deífobo, quien miró a un Espectro llegar apresuradamente hasta donde la mujer-. Veré que así sea… -le aseguró el mendigo, se puso de pie, y caminó en dirección a un Templo de Apolo.
-¡Señorita Casandra! ¡No se me pierda así! -aclaró Cheshire, suspirando intranquilamente por buscar a su señorita por toda la ciudad- ¿Ya encontró el lugar, mi señorita? -preguntó Cheshire con curiosidad.
-¿Por qué preguntas? ¿Quieres ser el segundo en probar de mi cuerpo desnudo mientras soy profanada violentamente por mi amadísimo Agamenón hasta casi el desmayo? -le preguntó, ruborizando a Cheshire, quien se cubrió la entrepierna tras imaginarse el hecho- Lo siento, Cheshire. Pero solo pertenezco a los violadores, y tú eres demasiado lindo para violarme, ¿verdad? -le sonrió con ternura, ruborizando a Cheshire aún más-. Pero, a decir verdad, ya lo encontré -miró Casandra al Templo de Apolo frente a ella, y sonrió con alegría-. Me voy a portar muy mal, Cheshire… tanto, que Apolo va a arrepentirse de no haberme creído cuando le dije que su regalo, la Exclamación de Athena, sería su perdición, no en esta guerra… apuntó Casandra al cielo-. En una… más allá del fin de las guerras de honor… -finalizó, mirando a tres constelaciones, Aries, Leo y Escorpio, brillando en el firmamento.
Costas de Lesbos.
-¿Mi señor? -preguntó Idomeneo, entrando violentamente a la tienda de Poseidón, mientras los Cretenses acampaban en las lejanías de la ciudad de Lesbos, ocultos tras las montañas cercanas, cuando de pronto el cosmos de Poseidón se incineró con tal violencia, que los 7 Generales Marinos irrumpieron en su tienda- ¿Qué le molesta, mi señor? -se preocupó Idomeneo, mientras veía el mar arreciar de repente, señal de que Poseidón estaba furioso.
-No lo hagas… -escuchó Poseidón, y frente a él encontró a un dios ciego, vistiendo una armadura de bronce que no pertenecía a la Orden de Athena, de cuerpo completo, medio jorobado, de barba amplia y castaña, y la cabeza casi calva-. Nada tiene Athena que ver con esto… ese poder… tiene Apolo escrito por todos lados. Además de que Athena jamás permitiría que se usase ese poder injustamente -le aclaró el dios.
-Un dios acaba de morir… Hefestos… -le susurró Poseidón, y los Generales Marinos todos intercambiaron miradas-. La muerte de los dioses no es eterna… pero el cuerpo original, no vuelve a recuperarse. Todos los dioses que mueren… son sujetos a la reencarnación. La Atenea original falleció bajo la daga dorada que Radamanto le encajó por la espalda en la antigüedad por órdenes de los dioses, y yo morí mientras era un mortal, a manos de un dios. Pero ahora… un mortal ha asesinado a un dios… -aclaró Poseidón.
-Un dios menor -le recordó Hefestos-. Un dios menor no tiene más cosmos que un semidiós como Héracles. Además, lo hizo en condiciones justas. Poseidón, apela a la razón. ¿De verdad vas a romper tu alianza con Athena por este conocimiento? Ella jamás dio la orden, y a ese mortal no se le puede culpar por combatir con equidad. Déjalo pasar… los Caballeros Dorados no han irrespetado a los dioses -se cruzó de brazos Hefestos, y Poseidón lo miró fijamente.
-Puede que lo menciones por el desprecio que sientes por Ares y todo lo que le representa… pero en esta ocasión… me temo que tienes razón… -desistió Poseidón, y los mares regresaron a la calma-. Pero indagaré al respecto de este poder que hoy ha extinguido, aunque momentáneamente, la vida de un dios menor… y si lo que descubro no me complace… hablaré con Athena directamente, y la forzaré a prohibir esa técnica maldita… -sentenció Poseidón, se dio la vuelta, y notó a sus Generales Marinos-. ¿Nunca habían visto a un dios monologar? -se preguntó Poseidón, e Idomeneo de inmediato sacó a sus Generales de la tienda- Es verdad… sea o no sea obra de Athena… hoy sirvo a los mortales. Pero es mi deber mantener la línea bien pintada -se dijo a sí mismo, y meditó nuevamente.
El Inframundo.
-¡Aaaaaaaaaah! -resonó el grito de Deimos, mientras su alma viajaba en la forma de un cometa escarlata por el Inframundo, llamando la atención de las almas condenadas, quienes viraron al cielo inexistente del Inframundo, sorprendidas de ver al alma caer en picada, y estrellarse contra el Rio Aqueronte, donde Caronte de Acheron, la Estrella Celeste del Intervalo, hundió su remo en las aguas del rio, sacando al dios como un alma debilitada y consumida, misma que posó sobre su barca.
-¿Quién es ese condenado que merece tal trato especial que Caronte lo ha sacado del Rio Aqueronte sin pedirle óbolos? -preguntó un joven vistiendo una Armadura de Plata, y a quien Caronte miraba detenidamente.
-No posee el Octavo Sentido, como cierto Caballero de Athena que por más de un año me ha hecho compañía, si es lo que piensas -le explicó Caronte, mirando al debilitado de Deimos-. Es un dios menor que ha caído bajo un mortal, algo que pocas veces se ve. Estás de suerte, Protesilao de Orión… -miró Caronte al Caballero de Plata, quien había muerto hace ya tiempo, y quien vivía ahora en el Inframundo, con su propia carne, y sangre-. Conocerás al fin… el lugar de descanso de los dioses. Ponte cómodo, pero primero… -pidió Caronte.
-Tu paga… lo sé… -enunció Protesilao, entregando a Caronte su mano, y cuando Caronte la tomó, sus almas parecieron conectarse-. Un trato es un trato… cumpliré mi palabra, pero para cumplirla, deberás llevarme al lugar de descanso de los dioses -pidió Protesilao, subiendo a la barca, y permitiendo a Caronte guiarle.
Anatolia. Antrados. 1 Luna más tarde.
-El recuerdo del grito de terror de Deimos aún me hiela la sangre… sin afán de parecer un bromista claro -hablaba Menelao, montado en su caballo, y con Agamenón a su lado. Los ejércitos de los Espartanos y de Micenas habían recorrido gran parte de las costas de Asia Menor, siguiendo el camino de devastación de Aquiles y los Mirmidones. Como era de esperarse, Colona había estado deshabitada, y los puertos de la ciudad habían sido incinerados por completo-. Y hablando de bromistas, ¿no se acerca ya la fecha del nacimiento del primogénito de Diomedes? Estoy ansioso de saber si se tratará de un niño o una niña. Tal vez… solo tal vez… si es un varón podría casarlo con mi hija Hermione. Oh, cómo he extrañado a mi hija… pero pensar en ella me da las fuerzas de seguir adelante… en ella, en mi hijo Nicóstrato, y en Helena. Me niego a creer que ha ido a con Paris por voluntad propia, aunque sé que es egoísta siquiera pensarlo -aclaró Menelao, y Agamenón asintió a duras penas-. ¿De verdad te encuentras bien? Sé que eres de pocas palabras, pero, casi no has dicho nada en 1 Luna. ¿Tan aburrido soy? -preguntó.
-No es eso, hermano… -agregó Agamenón de forma sombría-. Es solo que… esta platica de hijas y esposas me es… no sé… -intentó decir Agamenón-. De Deimos sí me puedo burlar. De lo que hizo Néstor me puedo sorprender. Athena sabrá cómo hizo lo que hizo, pero… perdí a mi hija Ifigenia, y Clitemnestra es… -intentó conectar sus ideas.
-Solo un medio que utilizaste para hacerte con el reino de Micenas, lo sé, lo sé, no la amas, ni la extrañas. A veces pienso, inclusive, que querías casarme a mí con Clitemnestra y que solo me dejaste casarme con Helena por sentir pena por mí -agregó Menelao, y Agamenón intentó decir algo-. No respondas… sé que así fue… -aclaró Menelao-. Pero… no imagino a Agamenón pensando en el amor. Tal vez Clitemnestra y tú en verdad son el uno para el otro -se burló.
-Llevas mucho tiempo congeniando con Diomedes, se te está pegando lo idiota -agregó Agamenón, y entonces llegaron al entronque-. Antrados está a escasos tiros de flecha de aquí. ¿Quién se queda y quien va a Adramitio? -preguntó Agamenón.
-Tal vez un espada, lanza, hacha lo decida. Señor se te está pegando lo idiota de Diomedes -se burló Menelao, y Agamenón hizo una mueca de descontento, encaró a su hermano, y se preparó para golpearlo, cuando Menelao movió su caballo fuera de su camino-. Espartanos, a Adramitio, presiento que mi hermano desea descargar su ira contenida, y no pretendo ser su objetivo. Buena suerte, Agamenón -se despidió Menelao, dejando a un Agamenón iracundo atrás.
-¡Y no estoy tan viejo para no encontrar el verdadero amor! -agregó ruborizándose- ¡Y no es que lo busque! ¡Ni que me haga falta! ¡Soy el Rey Supremo! ¡Tengo cosas más importantes que hacer que pensar en esas idioteces! -agregó con coraje.
-¡Grítalo más fuerte que no te escucharon en Troya! -le respondió Menelao, y mientras se iba, Agamenón notó que la nieve comenzaba a caer a su alrededor, aunque siendo Menelao el conjurador de los hielos, no le sorprendió, y comenzó a avanzar en dirección a Antrados.
-Todavía actúa como un principito. ¡Como un rey es como debería actuar! ¡Calcas! -llamó Agamenón, y de los interiores del ejército, Calcas se apresuró a mover su caballo en dirección a un furioso Agamenón, quien lo miró con molestia- ¿Estoy feo? -preguntó.
-¿Qué clase de pregunta es esa… mi señor…? -se perturbó Calcas, mientras Agamenón se frotaba la barba preguntándose si esta lo hacía verse feo- Mi señor… -se aclaró la garganta Calcas, ganándose la atención de Agamenón-. Estamos por llegar a Antrados, la ciudad de los puertos gemelos, gobernada por el rey Podete. Le sugiero concentración… -intentó explicarle Calcas, cuando Agamenón se detuvo, y lo miró de reojo-. ¿Mi señor? -preguntó.
-Veo los puertos, Calcas, pero no se llama Antrados -apuntó Agamenón, a un letrero que daba la bienvenida a una ciudad aparentemente saqueada por un ejército muy numeroso-. ¿Edremit? Jamás había oído hablar de esta ciudad -se frotó la barbilla Agamenón.
-No lo comprendo, mi señor -sacó su mapa Calcas-. Llegando al entronque, la ciudad de Antrados debería estar frente a nosotros. Los puertos gemelos están allí, pero no es el nombre de la ciudad -enunció Calcas mirando a su mapa.
-Pues se llame como se llame, parece que los Mirmidones hicieron de las suyas con este lugar -señaló a las ruinas Agamenón, que parecían haber sido testigos de una batalla cruenta y duradera-. Además… no hay nadie a la vista. ¿Habrán Patroclo y Antíloco conquistado Antrados exitosamente y tan solo los mensajeros fueron interceptados? -se preguntó.
-Tal parece ser, mi señor… pero… -se preocupó Calcas-. Si ese fuese el caso. ¿Por qué no hay cadáveres? ¿Por qué no hay armas en el suelo? ¿Ni tesoros? -miró por todos los alrededores Calcas, preocupándose- Algo no está bien… -se viró, buscó el entronque, pero no lo encontró y en su lugar, se encontró a sí mismo, y a su ejército, en medio de la ciudad-. ¿Qué está pasando aquí? -se perturbó Calcas.
-¿Qué? -preguntó Agamenón, se viró, y descubrió que el entronque se había perdido- Por las barbas de Zeus, ¿cómo nos perdiste tan fácilmente, Calcas? -culpó Agamenón a Calcas, quien no tenía explicación a lo que acababa de ocurrir- Olvídalo… de todas formas vamos en dirección al palacio. Manténganse firmes, compañeros, no sabemos si este lugar está en verdad abandonado -ordenó, y continuaron con su camino.
Adramitio.
-Esta nevada… no es normal… -enunció Menelao, mientras sus hombres se sacudían por el frio. La nevada caía cada vez más fuerte, tanto, que comenzaba a nublar la vista de los presentes-. ¡Atentos todos! ¡Quédense a una braza del hombre frente a ustedes! -continuó Menelao, atravesando la nevada, llegando hasta la entrada de la ciudad de Adramitio, desde la cual tan solo se veía el faro cercano a la playa donde los barcos estaban congelados en sus aguas-. Esos barcos son… de Colona… -dedujo Menelao al ver los barcos, notando también que estatuas de hielo estaban en su interior-. ¡Los Mirmidones! -exclamó Menelao, y los hombres de Esparta se apresuraron a llegar hasta los barcos, a acercarse a los soldados Mirmidones congelados, y a intentar sacarlos con sus espadas- ¡Alto! -ordenó Menelao antes de que el primer Espartano pudiese golpear el hielo- Si golpean tan fuerte, destrozarán al hombre en su interior -explicó Menelao, acercándose al soldado congelado-. Aunque puede que sea demasiado tarde ya… -colocó su mano Menelao contra el hielo, y de pronto sintió un cosmos cálido y agresivo golpearlo-. ¡Fénix! -se sorprendió Menelao, y miró a los interiores de la ciudad- Que ningún Espartano toque a estos hombres… -ordenó, y comenzó a caminar por la ciudad, seguido por una escolta de Espartanos.
Menelao concentró su cosmos, y siguió la tenue fuerza cálida que sentía en el interior de la ciudad. No había soldado alguno en los alrededores, lo que no era del agrado de Menelao. Colona había estado vacía porque Cigno había llevado a sus hombres a Troya a defenderla, y la mayoría o había muerto o seguía en el ejército de Héctor. Los granjeros de Colona habían sido controlados mentalmente por Cípselo, por lo que la mayoría murió trabajando incansablemente, y los que no lo hicieron, ya eran esclavos de los Mirmidones, ahora congelados junto con los navíos de Colona. En Antrados, Menelao no sintió cosmos alguno, y podía sentir que el cosmos de su hermano Agamenón estaba muy tranquilo, lo que no tenía sentido, y con Adramitio ya serían 3 las ciudades relativamente abandonadas.
Llegados al centro de la ciudad, Menelao encontró un museo de Mirmidones congelados, todos con sus armas en mano, con expresiones fieras en sus rostros, como si hubiesen sido emboscados, y congelados al instante mientras intentaban defenderse. Al frente de todos estaban 2 Caballeros a quienes Menelao conocía bien. Aquiles era uno de ellos, con escudo y espada en mano, una rodilla al suelo como si acabara de ser derribado, y la mirada fiera y llena de molestia. Frente a él estaba Fénix, igualmente congelado, pero con su puño en alto en medio de un ataque. Menelao observó a Fénix, su ataque no estaba completo, su cosmos no estaba apagado, algo ocurría, él lo sabía, podía escuchar inclusive al cosmos ardiente en su puño rugiendo como un Ave de Fuego
-El Caballero de Plata que optó por el Bronce no continuaría rebajándose a ese nivel si no conociese secretos que para el resto nos son incomprensibles. ¿Qué quieres mostrarme, Fénix? -preguntó Menelao, acercándose al puño de Fénix- Todos alerta… presiento que esto no va a ser agradable… -acercó su frente Menelao al puño de Fénix, y sintió el cosmos del Ave de Fuego traspasarle la mente.
-¡Puño del Fantasma del Fénix! -escuchó Menelao en su mente, y esta volvió al pasado, a la ilusión de Fénix. Hacía una luna los Mirmidones se reunían con Idomeneo en Tenedos, intercambiaban obsequios y víveres, y trazaban el plan a seguir. Patroclo y Antíloco lideraban la marcha terrestre en dirección a Antrados, la ciudad de los puertos gemelos, y terminarían de despedirse de Aquiles y de Fénix quienes rodearían los puertos saqueados por Patroclo y Antíloco, para incursionar de forma marítima a Adramitio. En los puertos de Antrados sin embargo, Patroclo y Antíloco no encontraron resistencia, y los navíos de Colona a mando de Aquiles y Fénix continuaron a Adramitio, donde los barcos encallaron en contra de un iceberg que se elevó de las profundidades. Los hombres se dividieron, la mayoría se quedó en los barcos, los más fuertes siguieron a Aquiles al puerto de Adramitio sepultado en la nieve, vagaron por la ciudad con sus armas listas y sin encontrar resistencia, o así fue, hasta que fueron emboscados por soldados ocultos en la nieve vistiendo armaduras blancas de cuero. Aquiles sacó su espada, se preparó para defenderse, pero una fuerza descomunal de cosmos lo derribó, tomó su escudo, sacó su espada nuevamente, pero quien los atacó era tan rápido, que Fénix apenas y tuvo el tiempo de preparar su ataque y medio lanzarlo antes de quedar congelado por la fuerza congelante de un ser tan poderoso, que Fénix tuvo que decidir entre igualar y vencer, o dejarse atrapar por un bien mayor. Sabiendo que luchar significaría dejar morir a los Mirmidones quienes no tenían dominio en el cosmos. Fénix decidió permitirse congelar, y con su cosmos envolver a los Mirmidones alrededor de toda la ciudad, y mantenerlos vivos dentro de los Sarcófagos de Hielo en que estaban siendo atrapados.
-Así que siguen con vida… -se susurró Menelao, sabiendo gracias a Fénix que otros se ocultaban entre la nieve, y que solo dejaron a los Mirmidones congelados como distracción-. Por 2 Lunas has estado aquí congelado manteniéndolos con vida gracias a tu cosmos. ¿Qué clase de sujeto eres, Fénix? -se preguntó Menelao, sacó su lanza, y la apuntó al suelo- Tienes mi admiración. ¡Y mi gratitud! ¡Ejecución Estalagmita! -gritó Menelao, clavó la lanza al suelo, y ondulaciones cristalinas recorrieron los alrededores de la explanada donde permanecían los Mirmidones congelados, y en un instante, miles y miles de filosas estalagmitas de hielo salieron del suelo, el hielo y la nieve, perforando a los soldados ocultos bajo la misma, quienes ya con armas en mano se habían preparado para asesinar a los Espartanos en una emboscada- ¡Espartanos! -ordenó Menelao a sus hombres, mientras los soldados Adramitios que no fueron empalados por Menelao se lanzaban sobre ellos- ¡A las armas! -exclamó, y los hombres de Menelao comenzaron a defenderse.
Edremit.
-Umm… siento que el cosmos de mi hermano se ha estremecido con violencia -enunció Agamenón, mientras él y sus hombres continuaban con el recorrido por la ciudad aparentemente vacía-. Es curioso… apenas y siento una ligera sensación, como si Menelao estuviera muchísimo más lejos de lo que realmente está… -dedujo Agamenón.
-¿A qué se refiere, mi señor? -le preguntó Calcas- Yo puedo sentir el cosmos del rey Menelao perfectamente bien -le exclamó con seguridad.
-No dirías eso si conocieras la extensión completa del cosmos de Menelao… -aclaró Agamenón-. Podrías sentir su cosmos congelante, incluso a ciudades de distancia. Pero yo apenas siento una vela en medio de una tormenta. Eso significa, que algo está atacando mi cosmos y lo debilita -aseguró Menelao, y entonces sintió que algo le tomaba la mano-. ¿Quién? -preguntó sobresaltado, se arrebató lo que fuera que había tomado su mano con un movimiento violento, y terminó mirando a la nada- ¿Habrá sido mi imaginación? -preguntó.
-Menón… -escuchó Agamenón, y prestó atención-. Aga… menón… -volvió a escuchar, y Agamenón cerró sus ojos, concentrándose en las palabras que escuchaba-. Dimensión… -escuchó, y Agamenón supo lo que estaba ocurriendo.
-Te escucho, Antíloco -elevó su cosmos Agamenón, alzó su mano, y este se concentró en la Espada Dorada de Libra que se materializó sobre la misma-. Pero estoy por escucharte mejor. ¡Fisura en el Espacio! -lanzó un corte Agamenón, y frente a los hombres de Micenas, Antíloco apareció con su cuerpo estirado como si fuese víctima del abatir de un poderoso torrente marino, antes de ser lanzado por la explosión de cosmos dorado del ataque de Agamenón, que lo estrelló contra una estructura cercana-. ¡No exageres! ¡No te di con todas mis fuerzas! -se fastidió Agamenón, dirigiéndose hasta donde un débil Antíloco intentaba ponerse de pie.
-¿Qué ha sido eso, mi señor? -preguntó Calcas sorprendido, y tras mirar a los hombres de Micenas, se percató de que todos compartían la misma expresión de confusión- Antíloco… él… apareció de repente. ¿De dónde salió? -preguntó consternado.
-De la Otra Dimensión -fue la respuesta de Agamenón, quien ayudaba a Antíloco a ponerse de pie-. Antíloco es el hijo de Néstor, el maestro de las dimensiones. Por ello puede moverse a través de las dimensiones igual que su padre. Pero yo puedo cortar inclusive entre las dimensiones, incluso desde la cual Antíloco me contactó. Ahora dime lo que ha pasado aquí. ¿Qué has visto…? Oh… lo lamento… -recordó la ceguera de Antíloco.
-Estoy tan agotado como para molestarme… mi señor… -confesó Antíloco, y Agamenón se cruzó de brazos, y esperó-. Llevamos 2 Lunas… atrapados en un mundo que no existe en nuestra propia realidad. Antrados… -le explicó, y Agamenón alzó una ceja-. Mi señor… Edremit es la ciudad en la que estamos atrapados actualmente, pero Antrados… es el verdadero mundo de sombras gobernado por un Suplicio Obsidiana de un inmenso poder que movió a toda una ciudad a una dimensión portátil para apartarla de la guerra -le explicó.
-¿Un Suplicio Obsidiana? ¿Aquí? -preguntó Calcas, y Agamenón lo miró con curiosidad- Los Suplicios Obsidiana son los opuestos de los Caballeros Dorados en la Orden de Hades, y no solo eso, se alimentan del poder de sus opuestos. Y si este Suplicio Obsidiana controla las dimensiones, eso solo significa que es el opuesto de… -se preocupó Calcas.
-Así es… -respondió Antíloco-. El Suplicio Obsidiana que fue capaz de encerrar a todo el ejército de los Mirmidones en una dimensión portátil… es el Suplicio Obsidiana que es el opuesto a Géminis, el opuesto a mi padre… -aclaró Antíloco, y Agamenón prestó mucha atención a sus palabras-. La Estrella Terrestre de la Invalidez, Podete de Siamés -exclamó con seguridad.
Adramitio.
-La Estrella Terrestre de la Disimulación… Podes de Nereida… Suplicio Obsidiana del opuesto de Acuario… -confesó un soldado de Adramitio, al que Menelao le estrangulaba el cuello, antes de destrozárselo, y lanzarlo a la nieve.
-Así que un Suplicio Obsidiana… -meditó al respecto Menelao, concentrando su cosmos, y elevándolo de un movimiento veloz que levantó escudos de nieve alrededor de sus hombres, que atraparon flechas de hielo negras que habían sido lanzadas en su contra-. Tus hombres han sido derrotados, eran muy pocos y estaban débiles, seguramente por las inclemencias del clima artificial que has levantado sobre estas tierras -aseguró Menelao, pero entonces notó que más soldados Adramitios se levantaban de la nieve y atacaban a sus hombres, inclusive atravesando a algunos con sus espadas, que les salieron por el pecho-. ¿Cómo? No he sentido sus presencias -se defendió entonces Menelao, materializando su lanza, y combatiendo a al menos unos 5 soldados en armaduras blancas que lo separaron de los Espartanos.
-Con el poder que presumes, ¿cómo podría tu opuesto no poseer fortaleza superior? -escuchó Menelao, mientras más y más soldados ocultos se alzaban y comenzaban a diezmar a los Espartanos, quienes pese a ser bastante habilidosos, habían sido sorprendidos por los oponentes que desaparecían y eran uno con la nieve-. Tus ojos no pueden verlos, y tu cosmos no puede sentirlos, porque lo único que sientes es el cosmos del Suplicio Obsidiana de la Nereida -le aseguró el Suplicio Obsidiana, pero Menelao tan solo se aferró a su lanza, y comenzó a atravesar cráneos enemigos con movimientos veloces y certeros-. Descuida, Menelao, tengo soldados de sobra, y el tiempo suficiente para ver a tu ejército perecer -enunció el Espectro desde su escondite, mientras un soldado afortunado se las arreglaba para clavarle un puñal a Menelao contra su hombro, y terminaba por enfurecerlo-. Allí estás… el demonio al que deseo combatir… -se susurró a sí mismo el Suplicio Obsidiana, mientras el cosmos de Menelao se tornaba violento.
-¡Deja de esconderte! -gritó Menelao, y su cosmos estalló en la forma de lanzas de hielo que se desprendieron por todas partes, perforando a los soldados de armaduras blancas, y extendiendo una mancha roja de muerte por los alrededores. O al menos así fue, hasta que Menelao escuchó el grito de dolor de uno de sus propios hombres, al su rodilla serle destrozada por la fuerza de su cosmos- ¡Podalirio! -se sobresaltó Menelao, dirigiéndose al herido médico de los Espartanos, o mejor dicho, al médico asignado a su ejército ya que Podalirio no pertenecía al ejército Espartano, sino que era proveniente del reino de Escalia como voluntario en la guerra junto a su hermano Macaón, razón por la cual no usaba armadura Espartana.
-Estoy bien… mi señor… -fue la débil respuesta de Podalirio, quien comenzó a limpiarse la herida él mismo y a atenderse. Menelao se mordió los labios con molestia, y viró en todas direcciones buscando al Suplicio Obsidiana-. Tiene que concentrarse, mi señor -le pidió.
-Casi me encuentras, rey Menelao -le habló el Suplicio Obsidiana, a quien Menelao continuaba buscando-. De no ser por la pequeña distracción del médico herido, tal vez ya me tendrías en tus manos -insistió el Suplicio Obsidiana.
-Fanfarronea todo lo que quieras -se molestó Menelao nuevamente-. Herí a mi médico porque, diferente del resto de mis hombres, él no vestía una armadura Espartana, y en mi distracción ha salido herido. Pero no volveré a fallar -preparó su cosmos Menelao.
-Oh, estoy contando con ello… búscame, Menelao -se alzaron más soldados de Adramitio de la nieve, Menelao no tenía forma de saber cuántos más quedaban, sus ojos no podían verlos al camuflarse con la nieve, y su cosmos no podía sentirlos al poder sentir únicamente el cosmos del Suplicio Obsidiana que rodeaba a toda la ciudad, por lo que Menelao no podía hacer más que esperar a que los soldados se alzaran, para atravesarlos con su lanza, aunque ya estaba perdiendo la paciencia.
Edremit.
-Los Suplicios Obsidiana poseen el cosmos del Caballero Dorado del cual son opuestos además del propio, mi señor Agamenón -le explicaba Antíloco, mientras los médicos atendían a sus heridas-. Por esta razón evitan también la confrontación directa. Un Suplicio Obsidiana enfrentando a un Caballero Dorado que piense que puede llegar hasta el infinito, puede terminar con una batalla de 1,000 días de la cual ni uno saldría en pie… al menos eso fue lo que dijo Podete de Siamés, mientras me mantenía atrapado en su dimensión portátil -le explicó.
-De modo que se enfrentaron a Podete, ¿y me dices que 2 Caballeros Dorados no fueron suficiente? -preguntó Agamenón sorprendido. Podía creerlo de Patroclo, quien ante sus ojos era de los Caballeros Dorados más débiles e indisciplinados, pero el hijo de Néstor era un caso aparte. Agamenón sabía que su poder era de respetarse.
-Como le he mencionado, los Suplicios Obsidiana evitan la confrontación directa -fue la respuesta de Antíloco, mientras intentaba hacer memoria-. No sé hace cuánto tiempo fue, pero Patroclo lideró a las tropas de Mirmidones a los interiores de la ciudad portuaria. Como bien sabe, yo no puedo ver, pero entiendo que Patroclo lideró la incursión por en medio de los Puertos Gemelos -miró entonces Agamenón a los faros que estaban a derecha e izquierda, y dedujo que se encontraban en el punto donde Patroclo lideró la marcha-. Entonces todo se convirtió en caos. Nuestros ejércitos se dividieron a la mitad, y no estábamos más en Antrados, estábamos en Edremit, esta ciudad abandonada. De allí en fuera todo es muy confuso. En un principio sentí el cosmos de mi padre, pero de pronto el cosmos era distinto… maligno. Ese cosmos enfrentó a Patroclo en batalla, y Patroclo no tuvo posibilidad, terminó encerrado en una esfera dimensional como lo fui yo más tarde que enfrenté a Podete. Tiene un poder sorprendente… como si se enfrentase a 3 Caballeros Dorados al unísono. ¿Sabe a lo que me refiero? -preguntó.
-Sí… vi a tu padre hacer algo similar -fue la respuesta de Agamenón-. Pero… cuando Néstor terminó con Deimos, admitió ante nuestra diosa que era un poder que podía usar solo una vez. Ella se encargó de comunicárnoslo a nuestros cosmos -recordó Agamenón el terrible poder, y a Shana preocupada porque alguno de sus Caballeros Dorados volviese a desatarlo-. Si entiendo correctamente, los Suplicio Obsidiana tienen el poder idéntico al de su opuesto. Probablemente, en el momento en que ustedes lo enfrentaron, Podete aún poseía el poder que liberó Néstor. Pero ahora, si Néstor ha perdido ese poder que solía tener, también lo ha perdido su opuesto. Por eso el cobarde no sale a enfrentarme. Contra ustedes 2 tenía una clara ventaja, pero ahora, solo cuenta con el poder equivalente de Néstor y su propio poder, el cual intuyo, no es mucho, o me habría encerrado en una dimensión portátil a mí también -dedujo Agamenón.
-Lo sentí yo también -fue la respuesta de Antíloco-. De pronto podía moverme nuevamente entre las dimensiones, buscando esta. El resto de los Mirmidones y Patroclo deben seguir atrapados también, pero eso solo significa que, debilitado o no, Podete es demasiado poderoso -le aseguró Antíloco.
-Estoy por demostrarte que no es así… -habló Agamenón con seguridad, mientras preparaba la Espada Dorada de Libra-. Dices que Patroclo estaba atacando por en medio de los Puertos Gemelos, y que entonces todos fueron transportados a esta otra ciudad donde los Mirmidones fueron de uno a uno atrapados en dimensiones portátiles -resumió Agamenón, y Antíloco asintió-. Bien… eso significa que aquí está la puerta dimensional a Antrados, y la voy a cortar… porque yo soy el Caballero Dorado más poderoso de todos, y me he entrenado para destruir las dimensiones mismas -alzó la mano Agamenón, y comenzó a rodear su brazo y su espada con su cosmos-. Suplicios Obsidiana, dicen tener el mismo poder que nosotros sumado al suyo, pero nos enfrentan con tácticas cobardes. De nada sirve el poder si no se tiene el valor, y yo que tengo el valor de enfrentarlos… voy a darles muerte. ¡Fisura en el Espacio! -lanzó su ataque Agamenón, y los que podían ver, vieron la ciudad dividirse en 2, con todo y cielo incluido. En una mitad, la Luna iluminaba el cielo, en la otra mitad el Sol brillaba intenso. Del lado izquierdo estaba Edremit, la ciudad vacía en la que todos habían quedado atrapados, y del otro lado estaba Antrados, la ciudad repleta de vida, y en la cual los ciudadanos horrorizados descubrieron al ejército de Micenas muy cerca de la entrada al Palacio de Antrados-. Ya decía yo que a Edremit le faltaba un palacio -apuntó su espada entonces Agamenón a una señora que cargaba una canasta de pan-. Si no quieres que se inicie una masacre en tu ciudad, vas a solicitar audiencia con el rey Podete… dile que Agamenón y los hombres de Micenas cruzamos su muralla dimensional -le ordenó, la aterrada mujer asintió, y huyó para entregar su mensaje-. Ahora, a esperar -se cruzó de brazos Agamenón-. La paciencia apremia, hombres. Rodeados o no, si Podete es la mitad del rey que creo que es, mediará en lugar de combatir. Paciencia… -sugirió Agamenón.
Adramitio.
-¡Estoy perdiendo la paciencia, Podes! -gritó Menelao en su furia, mientras con su lanza atravesaba a un soldado de Adramitio- ¿A cuántos soldados más tengo que asesinar para que te entre en la cabeza? ¡Soy el segundo Caballero Dorado más poderoso! ¡Y los Espartanos somos el pueblo más belicoso de toda Hélade! ¿Condenarías a todo tu reino por hacerme perder mi temple? -se fastidió Menelao.
-Dime tú, Menelao, 30 reinos fueron condenados porque tú perdiste el temple -resonó la voz de Podes, y Menelao cerró sus manos en puños con fuerza-. 2 años de guerra y miles de muertos, todo porque a Menelao le fue infiel una mujer. ¿No te parecen absurdas las razones de esta guerra? Podías conseguirte a otra mujer -aseguró el Suplicio Obsidiana.
-Oh, y supongo que quedarme de brazos cruzados y esperar a que esta tragedia no me volviera a pasar o no le pasara a alguien más era más convincente -apretó sus manos contra su lanza Menelao-. ¡Despierta y sal de tu burbuja llamada ignorancia! ¡El poner la otra mejilla! ¡El esperar que las cosas buenas lleguen y que los malos reciban sus castigos con el tiempo, es una ilusión infantil y descerebrada! ¡Quien dijo que la venganza nunca es buena ni te llena lo dijo porque era un cobarde que no tenía la fortaleza ni la fuerza suficiente de hacerse respetar! ¡Yo no soy así! ¡Yo voy a hacerme respetar! ¡Y si debo convertirme en el más grande criminal de guerra de toda la historia a riesgo de que me culpen de genocida por una mujer! ¡Que así sea si eso evita que un infeliz quiera volver a pasarse de listo! ¡Las injusticias en este mundo existen por todos esos cobardes que piensan que los dioses les restituirán por ser buenos! ¡Yo no necesito complacencias de los dioses! ¡Tomaré lo que es mío y es mi derecho! -finalizó Menelao.
-Admirable, muy admirable… -fue la respuesta de Podes-. Pero eso les da el derecho a los demás de hacer lo mismo. ¿En qué momento tu derecho es más importante que el derecho de los demás, Menelao? ¿En qué momento pueden tus hombres decidir retirarse y decir: «esta no es mi empresa»? Si la verdad es que están aquí por ti -le recordó Podes.
-¡Que se larguen si es lo que quieren! ¡No necesito cobardes en mi ejército! -fue la respuesta de Menelao, quien encaró entonces a sus hombres- ¿Me han escuchado, Espartanos? ¡Tienen el permiso de su rey de retirarse si creen que mi derecho de restitución es injusto! ¡Ustedes no han prestado juramento! -les aseguró Menelao, y los hombres de Esparta intercambiaron miradas- ¿No es eso lo que quieres, Podes? Verme desarmado y solo contra tu ejército de soldados invisibles. ¿Qué más da? Los enfrentaré a todos sin importarme nada más, llegaré ante ti, y te arrancaré la cabeza. Y si muero en el intento, que así sea. Nadie, jamás, llamará a Menelao un cobarde -sentenció Menelao, tomó su lanza, y comenzó a caminar.
-Un ingenuo es lo que eres -fue la respuesta de Podes-. Has dejado a tus hombres al descubierto y sin tu protección, y vas a pagar las consecuencias. ¡Ejecución Estalagmita! -enunció Podes, sorprendiendo a Menelao, quien de inmediato corrió hasta Podalirio, lo tomó en brazos, y saltó, momentos antes de que lanzas de hielo se alzaran de la nieve y destrozaran a los Espartanos quienes habían venido a ayudar a su rey- ¿Pensabas que intentaba romper tu temple, Menelao? Es tu temple lo que uso de herramienta -se burló Podes, y Menelao enfureció mientras veía a los cadáveres frente a él-. Te has calmado demasiado, eres más prudente de lo que solías ser. Puedo sentirlo porque conozco tu cosmos. Sé el poder que se encierra en tu interior. El Menelao prudente hubiera continuado preservando la vida de sus hombres tras el accidente con tu médico, pero el imprudente, se dejaría llevar por su ideología firme, me enfrentaría como todo un valeroso guerrero, y dejaría a sus hombres a mí merced. Ahora podemos combatir -aseguró Podes, apareciendo en un torbellino de nieve negra frente a Menelao, usando una Suplice idéntica a la de Acuario, pero de color negro, Podes inclusive era físicamente parecido a Menelao, aunque con barba negra.
-Me engañaste para llegar a mis hombres… -se molestó Menelao, mirando lo que en su insolencia había ocasionado-. ¿Cuántos más deben caer ante mis decisiones incorrectas para que yo lo entienda? No cambiaría mi decisión de hacerle la guerra a Troya, pero… debo actuar con la sabiduría que se requiere, no con impertinencia… -se dijo a sí mismo, mientras colocaba a Podalirio en la nieve, y miraba a Fénix y a Aquiles aún congelados frente a él-. Muchos dependen de mis decisiones, debo estar a la altura de esta responsabilidad, es la última vez que mis emociones me nublan el juicio. Podes, ya tienes toda mi atención -le aseguró, mirando a Podes fijamente-. No he venido en actitud de negociación, pero retiraré a los Espartanos si liberas a los Mirmidones de tus Ataúdes de Hielo -aseguró Menelao.
-Tú mejor que nadie deberías saber que eso no es posible -agregó Podes, mirando a los ataúdes alrededor de toda la ciudad-. Los embosqué al igual que hice contigo y tus hombres. Pretendía que los Espartanos tuvieran el mismo destino, pero no fue posible. Fénix te advirtió a tiempo, y mis hombres estaban en muy mala posición. Habrían terminado congelados también si hubiera levantado mis Ataúdes de Hielo. Por ello tuve que recurrir a una estrategia diferente, alejarte de tus hombres, para poder ejecutar a los que no manipulan el cosmos. Así, aseguraría mi victoria -tronó sus dedos Podes, y más soldados salieron de la nieve, esta vez ni uno solo se quedó escondido, y Menelao supo que Podes había tenido esta emboscada bajo control todo el tiempo, habría al menos unas 1,000 lanzas alzadas. Si los Espartanos y los Adramitios entraban en conflicto, más de la mitad hubiese muerto en el combate, Podes tan solo salvó a cuantos pudo-. Atacaron Tracia… -les recordó Podes.
-Son aliados de Troya -refutó Menelao-. No pueden clamar neutralidad si otorgan víveres a nuestros enemigos. Y mi enemigo se negó a restituirme, así que tu reino está pagando las consecuencias del insulto a mi persona. Volveré a intentar mediar, Podes, pero esta es la última vez. Repliega a tus hombres, niega el tributo a Troya, y libera a los Mirmidones, y tus hombres vivirán. Si eres mi opuesto sabes de lo que soy capaz -le aseguró.
-Sé de lo que eres capaz, y por ello como tu Suplicio Obsidiana opuesto, yo soy capaz también… -le apuntó Podes, y Menelao lo invitó a hacerle frente con un ademán de su mano-. Esto es ridículo, si combatimos, tanto los Espartanos esperando en los barcos, como mis Adramitios, van a morir. Yo no cederé y tú tampoco vas a ceder. ¿Cómo resolver esta disputa sin que haya un derramamiento de sangre masivo? -se molestó Podes.
-Hay una forma… bajo las costumbres de Micenas -sugirió Menelao, y Podes lo miró fijamente-. Me hiciste bajar la guardia, y pagué el precio, Podes. Pero ahora tienes frente a ti a un Menelao más centrado en su deber -lo apuntó Menelao, y habló fuerte y claro-. Con Athena y Poseidón de mis testigos, yo te reto a un Combate por Conquista -enunció Menelao, y Podes miró a Menelao con determinación.
Antrados. Palacio de Antrados.
-¿Un Combate por Conquista? -tras haber descubierto a la ciudad de Adramitio escondida tras una barrera dimensional que era Edremit, Agamenón se las arregló para tener audiencia con el rey y Suplicio Obsidiana, Podete de Siames, el Suplicio Obsidiana que representaba al opuesto de Géminis, y quien era físicamente idéntico a Néstor, solo que Néstor era castaño suave, mientras que Podete tenía cabello y barba oscuros- Déjame ver si entiendo. ¿Invades mi reino, que es neutral a tu guerra injusta, y me pides que te enfrente en un juicio singular por derecho a conquista? -preguntó el rey.
-¿Te lo tengo que volver a explicar, Podete? -se molestó Agamenón, quien con Antíloco y Calcas había llegado a la audiencia- Micenas no está a tus puertas, está en medio de tu ciudad, con panaderas y granjeros de rehenes, con las órdenes de ejecutarlos a todos si no regresamos antes del anochecer, que con Antrados y Edremit partidas a la mitad por mi espada, ya confunde a mis guerreros. Te queda poco tiempo para decidir. Y antes de que empieces a victimizarte diciendo: «somos una nación neutral, su guerra es con Troya», y, «atacaron Eyón y por ello los reinos Tracios estamos en guerra contra los Aqueos», puedes irte ahorrando los discursos, yo soy el Rey Supremo de esta empresa, una empresa que nació del insulto de Paris a mi hermano Menelao, y que no fue restituido. Así que, reitero mi posición de negociación. Retira tu alianza a Troya, da suministro a los Aqueos, y libera a los Mirmidones que usas como adornos de techo… -miró Agamenón al techo, donde los soldados Mirmidones y Patroclo estaban sellados dentro de esferas dimensionales e inconscientes-. Todos felices, demuelo tu puerto para que los Cretenses naveguen a salvo, y me largo de aquí con los hombres de Micenas y los Mirmidones. O nos partimos los rostros en un Combate por Conquista, 2 combaten, muere 1, el que queda vivo es rey de las naciones que representan. Decide ya, Podete, porque cuando anochezca o amanezca dependiendo de la ciudad a la que mires, mis hombres comenzarán con una masacre, y tu intento inútil de salvar a tu llamado «reino neutral», habrá terminado en un baño de sangre del cual te aseguro, yo voy a ganar -le aseguró Agamenón.
-¡Un Combate por Conquista entre un Caballero Dorado y un Suplicio Obsidiana solo terminará desencadenando una batalla de 1,000 días! -le aseguró Podete con molestia- ¿De qué me sirve tomar esa decisión por salvar cuántas vidas pueda si por 1,000 días no habrá un ganador? -preguntó con molestia.
-La batalla de los 1,000 días es una tontería -recalcó Agamenón, y aunque Calcas intentó decir algo, Agamenón lo silenció-. La primera batalla de los 1,000 días se dio entre Heracles y Jasón cuando ambos eran Argonautas y Caballeros Dorados de Tauro y Aries respectivamente, aunque a Heracles le gustaba más combatir desnudo con la piel del León de Nemea, antes de que la convirtieran en la Armadura Dorada de Leo, pero eso no es importante. El punto es que 2 Caballeros Dorados se enfrentan por un tiempo prolongado en igualdad de condiciones, y porque lo hicieron por unos cuantos días, a algún brillante imbécil se le ocurrió decir que combatieron por 1,000 días, pero eso es físicamente imposible -aseguró Agamenón.
-Mi señor… los niveles de cosmos alcanzados por Heracles y Jasón en aquella batalla reemplazaron a todas las necesidades básicas… -intentó explicar Calcas, pero Agamenón lo miró fulminantemente-. Mi señor… apele a la razón… los cosmos de Heracles y Jasón estaban en igualdad de condiciones. Una batalla entre 2 Caballeros Dorados no desencadena siempre en una batalla de 1,000 días a menos que los 2 alcancen el infinito, y tras hacerlo… el cuerpo humano mortal solo resiste 1,000 días el ser suministrado por el cosmos. Después de eso, el cuerpo cede -le explicó Calcas.
-¿Y vas a decirme que estuviste allí en esa batalla contando los días y estos milagrosamente, y contra todo pronóstico, fueron exactamente 1,000? -recriminó Agamenón, y Calcas intentó hablar nuevamente, pero tuvo que admitir que era una tontería- ¿Cuántas de las cosas que hemos escuchado en los mitos son ciertas, Podete? ¿Cuántas son una tontería? ¿Quieres escuchar una tontería? La madre de Helena, Leda, fue violada por Zeus transformado en Cisne y puso 3 huevos, uno blanco del cual nació Helena, y 2 negros del cual nacieron los Dioscuros que nacieron enteramente adultos. Oh sí, lo dijo alguien, debe ser verdad. Que Zeus baje del cielo y me lo diga y tal vez lo crea -Calcas y Antíloco se horrorizaron por lo que decía Agamenón, y todos esperaron escuchar un relámpago en el cielo, pero nada pasó-. ¿Ya vez? Hasta Zeus piensa que es ridículo. Es simple lógica, nadie, ni un Caballero Dorado, podría desencadenar una batalla de 1,000 días, y si eso fuera posible, tendrían que estar al mismo nivel, y nadie, absolutamente nadie, está a mi nivel -aseguró Agamemón.
-Aun así… -meditó Podete al respecto-. ¿Por qué arriesgarme, cuando ya vencí a los Mirmidones? Puedo vencer a Micenas como hice con ellos, tengo ese poder -le aseguró Podete, y Agamenón tan solo movió sus hombros arriba y abajo.
-Como desees, solo debo alzar la mano, lanzar un destello de cosmos, y los panaderos y granjeros serán los primeros en morir -le aseguró Agamenón, alzando la mano, pero Podete lo detuvo con un movimiento de su mano, indicando que aún estaba meditando al respecto-. Me parece que aún necesitas convencimiento. Bien, como Caballero Dorado, pienso que la idiotez de que un Suplicio Obsidiana tiene su cosmos sumado al cosmos de su opuesto es una tontería. Pero esta es tu oportunidad de demostrarlo, ¿no lo crees? Si tienes el poder de 2 Caballeros Dorados, ¿qué te preocupa? Néstor… desencadenó por sí mismo el poder de 3. ¿No deberías tú como su opuesto poder hacer lo mismo? -preguntó Agamenón.
-Lo he hecho… -se puso de pie, y apuntó a Patroclo sellado en la esfera dimensional en el techo del palacio-. Derroté al Caballero Dorado de Leo, derroté al Caballero Dorado de Virgo… y puedo derrotar al Caballero Dorado de Capricornio. Tienes tu Combate por Conquista -aseguró.
-Bien… -sonrió Agamenón-. Solo si ganas, córtale la garganta a mi mujer, es una Harpía -aseguró Agamenón, y Podete alzó una ceja en señal de descontento-. No literalmente, digo, lo de cortarle la garganta sí, eso sí hazlo, lo de la Harpía es figurativamente, Clitemnestra no es necesariamente muy agraciada -aseguró-. Hagamos el anuncio oficial entonces, Podete, y tengamos nuestro Combate por Conquista.
Adramitio.
Los ejércitos de Esparta y Adramitio se reunieron a las afueras de la ciudad, como había sido pactado por Menelao de Acuario y Podes de Nereida. Los ejércitos de Esparta habían sufrido grandes bajas por la imprudencia de Menelao, pero aun así Podes tuvo que admitir que un Combate por Conquista era una alternativa más acertada, que el terminar enfrentando a ambos ejércitos. Al menos 5,000 lanzas acompañaban a Esparta, contra las 10,000 que pertenecían a Adramitio, la batalla podría terminar a favor de Adramitio por superar a los guerreros Espartanos, pero si las leyendas de los Espartanos eran ciertas, de poco servía esta supremacía numérica, además de que Menelao era un combatiente excepcional, Podes lo sabía, compartían un mismo cosmos.
-Cerremos este trato entonces, Podes -enunció Menelao, mientras uno de los sacerdotes de Esparta entregaba un cuenco con la sangre de una vaca recién sacrificada a Menelao, quien bebió la misma, y pasó el cuenco a Podes, quien tomó el cuenco, y bebió también-. Esta vaca, fue consagrada a Poseidón y a Athena, con esto sello mi parte del trato -lanzó el cuenco entonces Menelao a la nieve, y con la sangre delimitó una franja.
-Ahora cumplimos a Hades y a Apolo -tomó una daga Podes, cortándose la palma con ella, y pasó la daga a Menelao, quien hizo lo mismo, y ambos se dieron la mano-. La sangre y el alma del que pierda pertenecerá por la eternidad a Apolo y será castigado por Hades -aseguró.
-Cuando Tártaros haya terminado con él… -le aseguró Menelao, y de pronto el cielo se oscureció, mientras la inmensa Serpiente Oscura, Tártaros, se hacía presente-. Solo tú y yo, Podes… nadie más. Lo hemos jurado ante los dioses… -se retiró Menelao, congelándose la herida de la mano, tomando su lanza y un escudo, y esperando de su lado de la franja.
-Esto será interesante… -materializó una lanza de hielo, y un escudo de hielo negro-. Los conjuradores de los hielos se enfrentan, y el que pierda, será el aperitivo de Tártaros. ¡Ventisca Congelante! -lanzó su cosmos Podes, sin darse a la espera, y Menelao cubrió con su escudo, que quedó congelado al instante, y se vio obligado a soltar.
-No suelo usar escudos de todas formas -se quejó Menelao, tomó la lanza con ambas manos, se lanzó a Podes, y el combate de lanzas comenzó, con Menelao en la ofensiva, mientras que Podes podía cubrir con su escudo con mayor facilidad. La nieve y el hielo se arremolinaban entre ambos, y la aurora comenzó a dibujarse en el cielo, mientras la temperatura disminuía rápidamente. Podes no tardó en perder su escudo, y el combate de lanzas siguió más violentamente, o así fue, hasta que Podes usó su fuerza congelante para congelar su propia lanza junto a la de Menelao, y lanzar ambas lejos-. No necesitamos de armas, cuando con nuestros puños basta -se preparó Menelao.
-Pareces muy seguro de ti mismo, Menelao -sonrió Podes-. Voy a enseñarte entonces, la extensión de mi fuerza -nieve negra comenzó a caer en ese momento, una nieve negra que recordaba a Menelao a Cigno, el guerrero de los hielos que enfrentó a Aquiles, por lo que reconoció que no se trataba de una nieve ordinaria-. ¡Ventisca Congelante! -lanzó un torbellino de nieve Podes, del cual Menelao se burló.
-¿Esa es toda tu fuerza congelante? -posó su mano Menelao frente a los torbellinos, atrapándolos, moviendo su mano y redirigiendo los torbellinos en dirección a Podes, quien los evadió fácilmente- Me decepcionas, Podes. Pensé que serías más fuerte. Para enfrentar a un oponente tan inferior, tan solo necesito técnicas básicas -extendió sus manos Menelao, haciendo movimientos con las mismas, dibujando la constelación de Acuario, y terminando en una pose de batalla-. ¡Polvo de Diamante! -enunció Menelao tras los movimientos que dibujaban su constelación, y de su puño se soltaron fragmentos de hielo que impactaron de lleno el cuerpo de Podes, quien terminó congelado en un instante- Terminaste por ser un oponente más hablador que poderoso -finalizó Menelao, dándose la vuelta para retirarse, cuando de pronto sintió el agresivo cosmos de Podes estallar, y liberarse del hielo.
-Refrescante -se burló Podes, limpiándose los fragmentos del Polvo de Diamantes de su Suplice-. Deberías tomarme más enserio, Menelao. Porque te advierto que mientras más se extienda esta batalla, más dolorosa será tu derrota -aclaró Podes, lanzando un par de puñetazos de hielo al cielo, extendiendo la nevada oscura-. Recibe, ¡El Rayo de la Aurora! -agregó, con las manos entrelazadas, y lazando diamantes oscuros rodeados de vientos negros, que Menelao disipó de un movimiento de su mano sin que los hielos llegaran a dañarlo.
-¿En verdad es esta tu fuerza, Podes? ¿Qué estás tramando? -se susurró a sí mismo Menelao- Con el poder de congelar a todo un ejército de Mirmidones, a Aquiles, y a Fénix, ¿usas técnicas tan básicas en mi contra? Algo me dice… que debería tener cuidado contigo… -alzó su dedo Menelao, y en este se reunió una fuerza congelante, que redirigió a Podes, como si utilizara una Aguja Escarlata de Diomedes, pero hecha de hielo-. ¡Ascensión Aurora! -lanzó la lanza a los pies de Podes, que entonces estalló con la luz de la Aurora Boreal, lanzando a Podes por los alrededores de la ciudad, extendiendo aún más la nieve negra- Tus técnicas no pueden tocarme… pero resistes las mías con facilidad. ¿Por qué no usas toda tu fuerza? -preguntó Menelao, se lanzó en contra de Podes, quien se puso de pie, evadió, y clavó su rodilla en la costilla de Menelao, sorprendiendo al Caballero Dorado- ¿Se ha movido más rápido que yo? Pero si apenas está usando su cosmos… -se mostró sorprendido Menelao, lanzó una patada, Podes lo evadió, y de un pisotón congeló el suelo alrededor de ambos, creando una pista de hielo negra en la cual Podes se movía grácilmente aumentando su velocidad y patinado, pateando el rostro de Menelao- Comienzas a ser un fastidio. ¡Anillos de Hielo! -atrapó Menelao a Podes, preparó su puño, y se lanzó con este rodeado de hielos y viento- ¡Te impactaré con el puño del Polvo de Diamante directamente! -agregó Menelao, pero notó que Podes se liberaba de sus anillos, evadía, e impactaba en el pecho de Menelao con fuerza, congelándole parte de su Armadura- ¿Cómo? -se sorprendió Menelao, resbaló, y rodó por el hielo hasta quedar tendido y mirando a la nevada oscura que comenzaba a cubrirlo-. Soy el Caballero Dorado… más poderoso después de Agamenón. ¿Entonces cómo es que estoy perdiendo tan fácilmente? -comenzó a ponerse de pie Menelao, solo para encontrar a Podes frente a él, impactándole el pecho con gran violencia y velocidad, para sorpresa de Menelao, quien se sentía cada vez más débil- Esto… ya me ha pasado antes… -comenzó a recordar Menelao, a un Caballero Dorado que le perforaba el cuerpo con sus agujas, debilitándolo-. Veneno… -susurró Menelao, y Podes, tras escucharlo, reaccionó, y elevó su cosmos más que en todo el combate, arremetiendo en numerosas ocasiones contra Menelao hasta derribarlo, y dejarlo tendido y moribundo contra el hielo.
-Así que ya lo descubriste… -le pisoteó la espalda Podes a Menelao, enterrándole el rostro en la nieve-. No solo derroté a los Mirmidones por la emboscada y el truco con las armaduras blancas, Menelao. En realidad, la nieve que caía alrededor de ellos mientras se acercaban a Adramitio, era nieve negra -le explicó, mientras Menelao miraba la nieve que caía sobre él, y que comenzaba a debilitar a todo su ejército-. Nunca tuvieron posibilidad. ¿Y qué si el cosmos de Menelao es el segundo más alto de entre los Caballeros Dorados? Eso de nada sirve, la regla no aplica a conmigo, porque mi veneno te debilita y no te permite igualarme -le aseguró Podes-. Pero antes de que tengas alguna especie de revelación, voy a terminar con esto, enterrándote dentro de un Ataúd de Hielo como hice con todo el ejército de Mirmidones. Serás otro trofeo en Adramitio para toda la eternidad -le aseguró Podes, mientras elevaba su cosmos reuniendo el hielo que necesitaba para su ataque.
Antrados.
-Veo que Menelao tuvo mi misma idea… -agregó Agamenón, mientras se cortaba la palma con su espada, y sellaba los ritos con Podete-. Lo que me recuerda, no sé si lo mencioné, pero al que pierda se lo lleva el Tártaros -apuntó a la Serpiente Oscura Agamenón.
-Alguien olvidó mencionar aquel pequeño detalle -miró Podete a la inmensa serpiente, que rodeaba tanto a Antrados como a Adramitio-. Pero no cambia el hecho, de que yo seré el vencedor. ¿Estás listo, Agamenón? -preguntó Podete, y Agamenón se colocó en su lugar del campo de batalla- Hagámoslo entonces. ¡La Otra Dimensión! -enunció Podete.
-¡Excalibur! -se apresuró a decir Agamenón, quien entonces notó a Podete partirse a la mitad, pero no por su espada, sino por su poder de moverse a través de las dimensiones. Podete entonces apareció tras Agamenón, con espada en mano, y atacó al cuello de Agamenón, pero el de Capricornio bloqueó con su propio brazo, sorprendiendo a Podete- La espada que empuño no es Excalibur, Podete, es la Espada de la Armadura de Libra -elevó su cosmos alrededor de su brazo Agamenón-. ¡A Excalibur la llevo en mi brazo derecho! ¡Excalibur! -enunció, pero Podete logró distorsionarse y desaparecer- No podrás esconderte por siempre -preparó la espada de la Armadura de Libra Agamenón-. Mientras tenga esta espada, no hay dimensión en la que puedas ocultarte. ¡Fisura en el Espacio! -azotó la espada Agamenón, y Podete fue expulsado de la dimensión en la que se escondía, y lanzado por el poder de la espada.
-De modo que… -sonrió Podete, sorprendiendo a Agamenón-. El poder de la Fisura en el Espacio no es de Excalibur… sino de la Espada de la Armadura de Libra… -dedujo Podete, mirando a Agamenón fijamente-. Eso significa que tan solo debo arrebatarte esa espada y no podrás cortar entre las dimensiones -se burló.
-Si quieres pensarlo de esa forma, adelante, de todas formas, no puedes… -intentó decir Agamenón, cuando sintió un cosmos oscuro detrás de él, y se defendió con la Espada Dorada de una sombra vistiendo una Suplice-. ¡Traición! -enunció Agamenón, y los hombres de Micenas prepararon sus espadas.
-¡No es traición! ¡Es a mi sombra a quien enfrentas! -se desvaneció entre las dimensiones Podete, apareciendo a derecha de Agamenón y lanzando un corte, uno que el Rey Supremo apenas y pudo esquivar y que le hizo una herida un poco por debajo del ojo derecho- Si tus hombres se mueven, habrán irrespetado el juramento a los dioses -le explicó Podete, parado al lado de su propia sombra-. Todos los Caballeros de Géminis tienen una sombra, Agamenón, es natural que Siames, que es su opuesto, también tenga una -aseguró Podete.
-¿Una sombra? -preguntó Agamenón, mirando a ambos Suplicios Obsidiana frente a él- ¿Intentas decir que por el hecho de ser tu sombra puede combatir también? No es como que me importe mucho, pero no recuerdo que Néstor tuviera una sombra -aseguró.
-Puede ser un gemelo -aclaró Podete, y Menelao lo pensó, pero no recordaba a nadie que fuera pariente de Néstor, y si los había, todos habían sido asesinados por Heracles-. Presiento, que Néstor te oculta muchas más cosas de las que piensas, Agamenón. Pero jamás las averiguarás -materializó su espada Podete, y su sombra hizo lo mismo-. Porque vas a morir aquí y ahora. ¡La Otra Dimensión! -desaparecieron ambos, y Agamenón se concentró en sentir los cosmos. Con Excalibur bloqueó el ataque de Podete, y con la Espada de Libra el de su sombra, de pronto Agamenón estaba combatiendo a Podete y a su sombra con ambas espadas, hasta que la sombra comenzó a tornarse más agresiva y a doblegar a Agamenón. De pronto Podete ya no estaba, se había transportado entre las dimensiones, y para cuando Agamenón se dio cuenta de donde estaba, ya era muy tarde-. ¡Explosión de Cúmulo de Estrellas! -enunció Podete, y alrededor de Agamenón se alzaron cúmulos de estrellas aprisionándolo en una representación de cosmos del espacio, hasta que varios cometas se estrellaron en su cuerpo, lo lanzaron, y estrellaron contra el suelo de Antrados- Tenías razón, Agamenón -enunció Podete, mientras su sombra le quitaba su espada a Agamenón y se fusionaba con Podete nuevamente-. No existe tal cosa como una batalla de 1,000 días. Mucho menos si tengo a tu espada en mis manos -le apuntó Podete, mientras su cosmos se unía al de la espada-. ¿Cómo dices que se llama esta técnica? Oh sí. ¡Fisura en el Espacio! -liberó el poderoso ataque Podete, sorprendiendo a Agamenón, que intentó defenderse. Pero cuando lo hizo, su espada se partió a la mitad.
Adramitio.
-Aga… menón… -exclamó Menelao con debilidad, mientras comenzaba a vomitar veneno e intentaba ponerse de pie, pero Podes lo mantenía en el suelo con su cosmos listo-. ¿Cómo puede ser, que 2 individuos que manipularon la situación a su conveniencia, nos estén derrotando a nosotros, los Caballeros Dorados más poderosos? -se fastidió Menelao.
-Ustedes los Caballeros Dorados se creen la gran cosa -aseguró Podes, elevando su mano, y conjurando cristales de hielo oscuro a su alrededor-. No se dan cuenta de que realmente son una insignificancia. ¡Ataúd de Hielo! -enunció, mientras Menelao se ponía de pie, lanzaba un puñetazo, pero terminaba encerrado dentro del Ataúd de Hielo a escasos centímetros de impactar a Podes-. Es mi victoria… -finalizó Podes, mirando al ejército de Esparta-. Dieron su palabra, guerreros de Esparta, ahora son mis soldados, ya que he vencido a su campeón.
-No… no puede terminar así… -escuchó Podes, mientras miraba a Menelao, congelado dentro del bloque de hielo-. ¿Por qué? He visto a Áyax, a Aquiles, a Diomedes, incluso a Néstor, enfrentar a oponentes más fuertes y salir victoriosos. ¿Qué tienen ellos que no tengo yo? ¿Por qué en mi infinita fuerza estoy siendo ridiculizado de esta manera? -se preguntó Menelao, y recordó su combate de hace casi 3 años. Veía a Diomedes lanzarle su Aguja Escarlata, y a si mismo bloqueando con un bloque de hielo. En ese entonces, se decía que Diomedes era el Caballero Dorado más débil de todos, y Menelao deseaba la mano de Helena de quien había estado enamorado desde niños. Pero, mientras la batalla continuaba en su mente, Menelao descubría la cruel realidad. Diomedes, no era tan débil como todos pensaban, o tal vez Menelao no era tan fuerte como él mismo imaginaba-. No… definitivamente yo era más fuerte… pero entonces, ¿cómo lo consiguió? -meditó Menelao al respecto, y su cosmos comenzó a tranquilizarse- ¿Cómo lo hiciste? -volvió a preguntar.
-¡El poder no está en el cosmos, sino en cómo lo usas! -recordó Menelao las palabras de Diomedes, e inclusive lo vio dibujado en su cosmos- ¿De qué sirve tener toda la fuerza destructiva del cosmos, Menelao? -se recordó a sí mismo, en una charla con Diomedes, frente a las playas de Troya- Aún con todo nuestro cosmos, seguimos siendo humanos. No es el cosmos lo que nos hace fuertes, es nuestro corazón. Y nuestro corazón necesita una motivación. Es por eso, que comienzo a pensar que soy el Caballero Dorado más fuerte de todos -se burló Diomedes.
-¿Tú el más fuerte? No me hagas reír -le respondía Menelao-. Solo porque me sorprendiste en la batalla por la mano de Helena no te consideres el más poderoso de todos. Yo podría vencerte fácilmente -aseguró.
-No es como yo lo recuerdo -se burló Diomedes, molestando a Menelao-. Ah, pero si Anficlas se entera de que podría derrotarte por la mano de Helena, se molestaría mucho. Digo, Helena es muy bonita y todo, pero mi Anficlas tiene algo, no sé qué sea… -aseguró Diomedes.
-¡Te recuerdo que estás casado con mi discípula! -se molestó Menelao, y Diomedes le sonrió con alegría- Dime una cosa, y quiero que me contestes con toda sinceridad. ¿De verdad piensas que hubieras ganado? Si hubiéramos combatido hasta el final, ¿crees que serías tú el casado con Helena? No hay nada que yo no haría por Helena… pero en ese momento… dudé de mí mismo… -confesó Menelao.
-Por dudar… definitivamente te habría vencido… -le espetó Diomedes, molestando a Menelao-. En ese entonces… combatí por no morir… combatí por poder proteger a Shana… pero en ese entonces no era tan fuerte como soy ahora… así que, si antes no podía, o apenas podía… hoy puedo decirlo con seguridad. No hay un solo Caballero Dorado que pueda derrotarme… porque no hay Caballero Dorado que tenga la determinación que yo tengo, ni siquiera Aquiles. Él pelea por encontrar la gloria… yo peleo por Shana, por Poseidón, por Odiseo, por Menelao, por Anficlas, y por los hijos que espero algún día ella pueda darme. Yo peleo por vivir, peleo porque hay mucho que quiero ver, muchas personas a las que quiero proteger… y por eso… nadie jamás va a vencerme… porque siempre que exista alguien a quien yo desee proteger, venceré, no me importa si mi oponente es un dios. ¿Y tú Menelao? ¿Por quién peleas? Cuando entiendas las razones por las que vives, en verdad serás un ser imbatible -finalizó Diomedes, quien entonces miró a Shana a la distancia, persiguiendo a Anficlas por los campamentos pidiéndole ayuda.
-¿Por quién peleo? -el cosmos de Menelao volvió a incinerase, pero lo hizo esta vez con calidez, sorprendiendo a Podes- Es verdad, ¿de qué sirve ser el segundo Caballero Dorado más poderoso si mis motivaciones son solo personales? La venganza y la justicia son la razón de esta empresa, eso siempre lo he entendido, pero si encuentro la muerte en la búsqueda de mi propia justicia, me es indiferente. No le temo a morir, pero sé por quién podría vivir… -recordó Menelao a Helena, a su hija Hermione, a su hijo Nicóstrato, a su hermano Agamenón, a Shana, a Diomedes, a Odiseo, y a muchos otros amigos por quien Menelao deseaba vivir, y a quien Menelao deseaba proteger-. Si yo muero aquí… no viviré para ver a mis amigos regresar a casa… regresar a sus familias… ni cumpliré con mi promesa personal, de que mi rival se convierta en mi familia. Diomedes… llegará el día en que podremos caminar en este mundo como hermanos de cosmos… lo presiento. ¡Y viviré para ver esa promesa hecha realidad! -el Ataúd de Hielo se rompió, y Menelao cayó débilmente en su rodilla, pero se puso de pie, y optó una pose de batalla- ¡Mi cuerpo estará envenenado y débil, Podes! ¡Pero mi corazón jamás había sido más fuerte! -elevó su cosmos Menelao, la aurora se hizo presente, y la nieve comenzó a caer más lentamente.
Antrados.
-Excalibur… se ha roto… -se decía a sí mismo Agamenón, mientras se encontraba a sí mismo de rodillas, y atrapado entre las 2 dimensiones, en una prisión entre Antrados y Edremit, como vivir y estar muerto al mismo tiempo, la misma prisión de la que sacó a Antíloco con su Fisura en el Espacio-. Vaya Rey Supremo que resulté ser… más habladurías que nada… debo ser patético… -se dijo a sí mismo Agamenón.
-De manera que, ¿has estado entrenando para derrotarme, Agamenón? -escuchó Agamenón a Néstor, quien aparecía en su cosmos, y de pronto ambos estaban en Micenas, el mismo día en que Agamenón por primera vez logró partir las dimensiones- ¿Por qué lo haces? Eres el Caballero Dorado más poderoso. ¿A qué le teme el poderoso Agamenón? Tan solo soy un anciano que se mueve entre las dimensiones -le recordó.
-Uno muy molesto al que jamás he podido derrotar… -se cruzó de brazos Agamenón-. ¿No lo comprendes? ¡Debo ser el Caballero Dorado más poderoso para proteger a mi familia! ¡Pero por más que lo intento, y pese a que sé que soy más poderoso que tú, jamás te he derrotado! -le apuntó Agamenón con molestia.
-¿Y por eso partes las dimensiones con tu espada? Agamenón, ¿sabes por qué eres el Caballero Dorado más poderoso al menos? ¿Sabes por qué no puedes derrotarme también? -le preguntó Néstor, pero Agamenón se cruzó de brazos no queriendo decirlo, porque le apenaba- Es por tu hija Ifigenia, la amas tanto, que no te permites a ti mismo ser débil ante su presencia. Pero esa es mi misma motivación… no tu hija… mis hijos… somos hombres de familia, defendemos a los nuestros. Por eso no puedo perder contra ti, porque si yo pierdo, contra quien sea, esa persona alcanzará a mis hijos. Por eso me niego a perder contra ti, porque, aunque seas más fuerte, yo tengo más hijos -aseguró Néstor.
-Eso solía ser verdad… -lloró Agamenón-. Yo sabía las razones por las que deseaba ser fuerte… amaba a mi hija… la amaba tanto… que la protegería de los mismos dioses, pero entonces… -recordó Agamenón la muerte de Ifigenia, y su corazón destrozarse-. ¿Cómo podría seguir siendo tan fuerte… después de eso? -se preguntó Agamenón- Cuando perdí a Ifigenia, una parte de mí murió… desde entonces… no me he sentido tan fuerte… -recordó entonces Agamenón a su hermano Menelao.
-Hermione. Oh, cómo he extrañado a mi hija… pero pensar en ella me da las fuerzas de seguir adelante… en ella, en mi hijo Nicóstrato, y en Helena -recordó su conversación con Menelao Agamenón, y el rostro gentil y tranquilo de su hermano quien normalmente era violento, y lo recordó decir algo, que no enunció con sus labios, sino con su cosmos-. Algún día tal vez… encuentres a esa persona que te haga feliz… -le aseguró.
-¡Ya hay personas que me hacen inmensamente feliz, hermano! ¡Tú eres una de ellas! -recordó Agamenón, elevando su cosmos, y rompiendo las dimensiones que lo mantenían aprisionado- Es verdad que en Micenas no hay nadie a quien extrañe… ni a Clitemnestra, ni a los hijos que me ha dado a quienes ella ha educado con odio y repudio contra mí. Solo Ifigenia me era importante… solo ella me amó realmente… me dolió demasiado perderla, pero encontré a otras personas por las cuales luchar. Por ti hermano… por Shana… por Anficlas y el tarado de Diomedes… por Odiseo que ha sido mi amigo y consejero… por todos ellos que confían en mí para liderar esta empresa. ¡No los defraudaré! -hizo estallar su cosmos Agamenón, liberándose de su prisión dimensional, y con ambos brazos elevados al cielo, cada uno formando la mitad de la espada Excalibur- ¡Rompiste mi Espada, Podete! ¡Pero solo la has hecho más fuerte! ¡Toda espada puede volver a forjarse y esta, es la verdadera espada que existe en mi corazón! ¡La Verdadera Excalibur! -lanzó el corte Agamenón, y aunque Podete se dividió en su sombra tras entrar en su dominio dimensional, y la sombra cubrió con la Espada de Libra, ambos, la sombra y Podete se cortaron a la mitad por la fuerza de una Excalibur más veloz, más certera, más mortífera- ¡Esta es la espada que corta las dimensiones! ¡La Verdadera Excalibur! -finalizó Agamenón, dándole muerte a Podete, y permitiendo a Tártaros devorarle el alma.
Adramitio.
-¡La fuerza congelante que es capaz de congelar el tiempo mismo! ¡Ejecución Aurora! -enunció Menelao, lanzando el poderoso ataque, mientras el tiempo mismo se congelaba por su tremendo poder. Podes no tuvo siquiera el tiempo de comprender lo que había pasado, este se había congelado junto con él, y sin importar que Podes supiera que tenía la fuerza de encarar el cosmos de Menelao, este de nada servía, si no podía defenderse del ataque de Menelao, que lo congeló en un instante, y despedazó en miles de pedazos- Diomedes… esta es mi verdadera fuerza… la fuerza de vivir para proteger a aquellos que amo -enunció Menelao, mientras Tártaros volvía desde Antrados para devorar el alma de Podes.
Antrados.
-Néstor… está es mi verdadera fuerza… la fuerza de luchar por la vida de a quienes amo… -finalizó Agamenón, mientras Antrados regresaba a su lugar legítimo en Gea, y Patroclo y los Mirmidones se liberaban de las prisiones dimensionales.
Campamentos Aqueos. Tienda del Consejo Aqueo.
-¡Uwaaaaah! Acabo de sentir una sensación terriblemente fría golpearme la espalda… -enunció Diomedes, en la tienda del Consejo Aqueo, mientras discutía con Néstor los próximos actos a seguir en la defensa de los 3 campamentos frente a las puertas de Troya-. Es como si alguien acabara de clavarme un trozo de hielo en la espina, como recordatorio de que debo esforzarme más por vivir… -le explicó-. ¿No es eso ridículo? -preguntó mirando a Odiseo, quien movió sus hombros arriba y abajo no sabiendo qué decir.
-Lo sería… si yo no sintiera como si una espada me hubiese atravesado la columna… -aseguró Néstor, rascándose la barbilla, mientras Diomedes se tapaba con su capa escarlata queriéndose escapar del frio-. Aunque lo mío fue más como una declaración de guerra directa a mi cosmos, siento que cierta Cabra Montés está algo en descontento conmigo -se burló.
-Eso no explica por qué me siento como si mi vida peligrara -se estremeció Diomedes, y miró a Odiseo-. Prométeme que sin importar nada, jamás, jamás de los jamases, me dejes enfrentarme nuevamente a Menelao… presiento que ni uno de los 2 saldría con vida si eso llegase a pasar… -aseguró Diomedes.
-¿Por qué ibas a enfrentarte otra vez a Menelao? ¡Es más! ¡No me respondas! ¡Seguro la respuesta me fastidiaría! -se cruzó de brazos Odiseo, y le dio la espalda- Ya sé que no me has perdonado, pero… ¿cambiarme por Menelao no te parece cruel y de mal gusto? -preguntó Odiseo.
-¡Nadie te está cambiando por Menelao! ¡Tú eres mi mejor amigo y hermano juramentado! ¡Menelao es mi rival! ¡Y no me hagas ver como la victima que todavía estoy muy molesto contigo! -le recordó Diomedes, y comenzó a discutir con Odiseo, mientras Néstor tan solo sonreía divertido.
Adramitio.
-¡Llegas tarde! -habló un fastidiado Menelao, mientras Agamenón y sus hombres llegaban a Adramitio acompañados de la mitad de los ejércitos Mirmidones-. ¿Debo pensar que, porque Tártaros fue primero a Antrados, venciste a tu oponente primero que yo? -se fastidió Menelao.
-Soy el Caballero Dorado más poderoso, eso ni tú, ni Néstor, ni Diomedes lo pondrán a discusión -se defendió Agamenón, y Menelao tan solo se cruzó de brazos-. Antíloco y Patroclo están a salvo, esperan con la mitad de los Mirmidones frente a los navíos de Colona y lo que queda de tus Espartanos. ¿Qué hay de estos? -preguntó.
-¿Qué hay de estos dices? Que si los ataco con mi lanza tendremos hielo con la cara de Aquiles y de Fénix -se fastidió Menelao-. Ahora… antes de que pierda la paciencia… necesito tu ayuda para cortar estos Ataúdes de Hielo… -le pidió.
-Haberlo dicho antes. ¡Espada de Libra! -lanzó un corte Agamenón, horrorizando a Menelao, quien vio todos los Ataúdes de Hielo estallar y liberar a los soldados en su interior- ¡El más poderoso! ¡No lo olvides! -le gritó Agamenón.
-¡Pudiste haberlos matado, papanatas! ¡Lanzar un corte con una de las Armas de la Armadura de Libra puede romper el hielo de los Ataúdes de Hielo! ¡Pero si no se hace con cuidado podrías masacrarlos! -se quejó Menelao- ¿Por qué crees que te esperé para hacer esto? -le refutó con molestia.
-Porque sabes que vivo por proteger a los que vienen en esta empresa, mientras tú solo quieres a tu Helena -se quejó Agamenón, y miró a un Aquiles temblando de frio, al que cubrió con su capa morada-. Tenemos que hablar, Aquiles, tu desempeño no me parece el más favorable hasta ahora -le explicó Agamenón, mientras un furioso Aquiles se ponía de pie e intentaba encarar a Agamenón, aunque Fénix se lo impidió-. En Colona te salvan los Cretenses, en Antrados yo salvo a Patroclo y a Antíloco, y en Adramitio Menelao te salva a ti, pero tengo que venir yo a liberarte de un Ataúd de Hielo. Dime entonces, Aquiles. ¿Quieres ser el Caballero Dorado más poderoso? ¡Comienza a darme razones para confiar en ti! -le espetó.
-¡Te voy a dar una razón en el rostro! -se quejó Aquiles, pero Fénix lo tomó de los brazos y lo alejó, pese a todo su descontento- ¡Me estás subestimando, Rey Supremo! ¡Yo seré el Caballero Dorado más poderoso de todos! -le recordó.
-¡Pues tienes un largo camino que recorrer! -le gritó Agamenón a manera de reprimenda- Mientras más tiempo pasa, más fuertes nos volvemos nosotros, Aquiles. ¡No necesito debiluchos en mis líneas! ¡O aprendes a convertirte en el valeroso guerrero que pretendes ser, o regresas a Ftía sin penas ni gloria! ¡Demuestra tu valía! -lo amenazó.
-¡Todos estos imbéciles han tenido suerte! -se quejó Aquiles, empujando a Agamenón- ¿Quieres que te demuestre mi valía, Rey Supremo? ¡Pues voy a hacerlo! -enfureció Aquiles, fue a donde Trasímedes, a quien Antíloco ayudaba a calentarse, y le arrebató el mapa de las incursiones- ¡Lirnesos! -apuntó Aquiles en el mapa, mostrándoselo a Agamenón- ¡Conquistaré Lirnesos yo mismo! ¡Sin la ayuda de otro Caballero de Bronce, de Plata o de Oro! ¡Mi conquista será tan gloriosa que comenzarás a respetarme! -enunció Aquiles.
-¡Entonces hazlo! -le gritó Agamenón, y un furioso Aquiles refunfuñó, pero se retiró y empezó a dar órdenes a los Mirmidones.
-¿No estás siendo muy duro con él? -le preguntó Menelao, y Agamenón lo miró mientras se cruzaba de brazos- Aquiles es joven, tiene derecho a equivocarse. Tú no eras un guerrero valeroso e imbatible cuando joven -le recordó.
-No… -aseguró Agamenón-. Pero hay algo en Aquiles… siento que es capaz de muchas cosas, pero no tiene la motivación correcta… -le explicó Agamenón, mirando a Aquiles haciendo una rabieta frente a Patroclo y Antíloco, quienes intentaban tranquilizarlo-. Voy a exprimirlo todo lo que necesite hacerlo… voy a convertirme en la piedra en su zapato, va a odiarme seguramente… pero Aquiles… él va a encontrar su verdadero potencial, aún si necesito ser un demonio con él para conseguir que se transforme en el héroe que esta empresa necesita -lo encaró Agamenón-. Sé que puede hacer grandes cosas, pero no está listo… -aseguró Agamenón.
Crises. Templo de Apolo.
-No… no lo está… -sonrió Casandra, dentro del Templo de Apolo, y con un aterrado Cheshire mirando frente a él a Deífobo, con su cosmos inmenso rodeando el templo-. Pero no solo tú sabes que Aquiles será el héroe más grande de esta guerra… Agamenón… lo sé yo… y lo sabe Apolo… -aseguró Casandra, mirando a 3 sombras aparecer frente a Deífobo.
-Mis queridos hijos, Egleteos… -comentó Deífobo, mirando a 3 maravillosos guerreros vistiendo Glories frente a él-. Hay entre los Aqueos varios quienes se creen capaces de desafiar a los dioses. Vamos a demostrarles, que con los dioses no se juega -sonrió Apolo, y su cosmos inmenso se extendió por toda la ciudad de Crises.
