Disclaimer: Lo que diré a continuación, ya deben saberlo: Ningún personaje de Marvel me pertenece. Ésta historia es un medio de entretenimiento sin fines de lucro para su creadora. Bla-bla-blá.

Advertencia: Fanfiction Angst. Puede incluir contenido sensible. Referencia a abuso sexual de menores implícita, representaciones gráficas de violencia y referencias implícitas a trastornos metales.

Cronología: Basada en el universo cinematográfico de los Vengadores. Posterior a Civil War y Homecoming.


VI: Si puedes soportar la inseguridad.


El golpeteó rítmico en la pared junto a él finalmente lo despertó. De nada sirvió cubrir sus oídos con sus manos cuando, aturdido, reconoció entre quejas y sofocos que la pareja de la habitación al lado había llegado al clímax. Se estiró perezoso y más agotado que antes de dormir. Quizá el par de horas en las que por fin concilió el sueño no fueron suficientes y el dolor de cabeza ahora instalado con firmeza era peor del que hubiese padecido jamás en el último año desde la mordedura. El ardor también en su abdomen era otra cosa. Creyó que estaría en camino a la curación, pero ahora de descubría la herida, la encontraba rojiza e inflamada, cómo si recién hubiese sido hecha. Suspiró antes de desenvolverse del capullo de manta en el que se encontraba.

Las palabras de Ronnie seguían flotando en su cabeza como un enjambre de moscas molestas.

Sé que esconden algo.

Sabe lo mucho que Frank está haciendo por él. No soportaba la idea de que un hombre se arriesgara así por un chico que apenas conoce. Sabe los problemas que le podría traer no solo eran con sus clientes, sino también lo sería con la policía. Peter no sabía mucho de leyes más allá de lo poco que llegó a leer en artículos comerciales en su última visita a la biblioteca pública. Esa área de interés era de MJ. Y lo que daría para poder consultarla ahora mismo. Realmente la extrañaba.

Enfócate.

Si bien sabía algo de la emancipación y la adopción de adolescentes, no era lo suficiente para plantearse alternativas de vida ahora mismo. Ni siquiera las implicaciones que tendría que alguien con antecedentes como Frank le cubriera la espalda. Lo último que Peter quería ahora mismo, era perjudicar más a la gente que le ayudaba. Porque cada persona que se implicaba en su vida, parecía correr la misma suerte. La cantidad de posibles escenarios en los que su anfitrión saldría perjudicado por ello y Peter metido en el sistema eran abrumadores. Sabía lo que podría venir.

Si le importara un poco a su madre o a su padre, no estaría limpiando escusados por aquí

Si le importara a alguien, no estaría allí para comenzar. ¿Por qué el tipo parecía conocer todo de Peter con solo haberle visto? Escaneó su imagen ahora mismo, frente al pequeño espejo de la habitación. Su cabello estaba opaco y desordenado, más largo que nunca antes. Su chaqueta, la mejor que tenía ahora, sufrió las inclemencias de la calle y el sobreuso. El perder peso no le preocupó nunca realmente, siempre fue un chico escuálido hasta antes de la picadura, y mientras conservara la mayoría de sus poderes, estaría al fondo de su lista de prioridades. Así que si ahora flotaba un poco dentro de su propia ropa y tenía que recorrer dos orificios de su cinturón, no importaba. En general, no parecería un sin hogar ¿cierto? Aún con sus profundas ojeras, podía incluso fingir ser un adicto, pero no un sin hogar. Él tenía esto. El hotel de vez en cuando. Un par de trabajos por allí, una rutina, incluso tenía la escuela –hasta unos meses atrás– y mudas de ropa limpia en su maleta. Era una personal funcional.

Él lo era.

Sobreviviría a la tormenta y volvería a la calle un tiempo. En otro distrito. Brooklyn, o Harlem. Él no lo sabe. Pero debía abandonar la seguridad del barrio para asegurar su sobrevivencia. En los pocos meses vagando por el distrito conoció los peligros y oportunidades del lugar. Comenzar de nuevo para perder su rastro de Ronnie, era su única opción ahora. La sola idea de saberse indefenso le revuelve el estómago. Se recuerda que él es Spiderman, pero ahora mismo suena tan estúpido e inútil que eso no le consuela. Tiene que ir lejos de Ronnie.

Habrá otros Ronnie en el futuro.

Tiene que desaparecer sin ser seguido o detectado por el Sr. Stark.

La policía tiene tu fotografía ahora.

Esconder su rostro, mantener un bajo perfil.

¿Cómo conseguirás dinero para comer?

Encontrar la manera de no rezagarse en sus estudios si siquiera aspira a una beca en la universidad estatal.

Comida o universidad. No tienes opciones ya.

Ahora era solo él y él contra el mundo. Y eso lo hace sentir tan pequeño. Tan indefenso. Aplastado con el peso del mundo en sus hombros. Tiene demasiado sobre sí mismo, y tan poca fuerza para hacerlo. Y está cansado, carajo, él está agotado de seguir luchando.

¿De verdad eres Spiderman?

Entonces, se detiene, cuando sus manos comienzan a temblar y reconoce el sabor de las lágrimas saladas en su rostro. Todo está corriendo muy rápido ahora: su corazón, su respiración, las palpitaciones en su cabeza. Parpadea un par de veces para enfocarse, pero no puede ver a través de su vista empañada y el mundo está tambaleando bajo sus pies.

Estás perdido.

Pero tiene miedo, no sabe a qué, pero lo tiene. El vello de su cuerpo está erizado y su estómago parece querer vaciarse. Así que se acurruca en el suelo y esconde su rostro entre sus piernas.

Te atraparán.

No tienes un hogar.

Y May no está. May se fue. May no estará nunca más. Ned está del otro lado de la ciudad. Porque nada está bien, nada lo estará. Y los sollozos solo no dejan de salir de su boca, pero tiene miedo, y las luces son demasiado brillantes y las voces demasiado altas. Sus oídos duelen, su cabeza va a explotar.

Para, tienes que parar.

Vamos Spiderman.

No puede respirar, el aire es denso y sofocante aquí adentro. Y de pronto está de nuevo bajo la losa pesada del estacionamiento, el hedor a humedad lo marea y su cuerpo está aprisionado entre bloques de concreto. Necesita parar. Necesita salir. Necesita correr lejos de todo. Pero no puede. Sus piernas son débiles, y el zumbido en sus oídos lo confunde. Va a volverse loco.

Por favor, para.

Hay algo en su cabeza que se apaga al segundo siguiente.

Y todo se detiene.


— ¿Chico?

Peter se incorpora tan pronto nota su posición en el suelo. Su mirada se empaña en estrellas negras bailando en sus ojos, bloqueando su rango de visión, pero no se permite esperar a que desaparezca. Ni eso, ni el mareo intenso que hace girar su cabeza apenas se pone en pie. Al otro lado de la puerta, los nudillos de Frank se estrellan insistentes contra la puerta. Gime por el dolor palpitante en la parte frontal de su cabeza, pero continua cualquier forma.

— ¿Si?

Abre la puerta con un trompicón, mientras restriega sus ojos cansados con sus puños. Siente la mirada de Frank examinarlo con desconfianza.

— ¿Todo en orden?

— ¿Hum? —Enfoca su mirada en el hombre, que ahora, dándole un segundo vistazo, parece molesto —Disculpe, quiero decir, sí, todo en orden —miente.

—Me preocupé cuando no saliste ésta mañana…

— Ésta…. ¿mañana? —mastica las palabras unos segundos, al darse cuenta que algo no parece cuadrar. Un recuerdo previo era la conversación en susurros que escuchó la noche anterior a escondidas y luego estaba…

Eso.

Oh claro, eso debía ser. —Lo siento, pero que hora…

— Las 2:30 de la tarde chico —contesta sin siquiera consultar el reloj. Claro que lo sabe, por un carajo que lo sabe. Por ello está allí.

Dios, lo siento, yo…yo no…

Frank eleva sus palmas al aire, para indicarle que se detenga.

— Acompáñame chico —musita con un aire de decepción en su voz, caminando cabizbajo de vuelta al pasillo.

Lo jodió, ¿cierto? Peter lo sigue, cargando a cuestas la inminente sensación de culpabilidad, y el extraño presentimiento de estar a punto de perderlo todo. Enciende un cigarrillo apenas cruza el portal de la cocineta del hotel. Peter reconoce las señales de su trabajo –o al menos, del que debía ser suyo – hecho: encimeras limpias, platos brillantes, pisos pulidos. No ayuda a mejorar su ánimo, de cualquier forma. Lo hace sentir desplazado. Desechado. El nudo en su estómago vacío solo se intensifica.

— Sabes chico —gruñe Frank, con un gesto que raya en el desdén —cuando te pregunté si consumías alguna mierda, quería una respuesta honesta.

El corazón de Peter se detiene unos segundos. ¿De verdad Frank creyó que estuvo drogado toda la mañana?

— Pero yo no lo hago, lo juro, yo…

—La sangre fresca en tu nariz dice lo contrario —lo interrumpe, casi con rabia. Casi como si estuviera mintiéndole —Podías haberlo dicho, créeme, no me asustaría. He visto demasiado para entender como es. No iba a juzgarte chico, sé cuan duro puede ser. Joder chico, sólo quería ayudarte y saber de paso a quien estaba metiendo en mi maldita casa.

Reconoce algo en la voz de Frank que ha escuchado antes.

"Y yo quería que fueras mejor que yo."

Entonces entiende el gesto cansado y roto en el viejo hombre que ahora lo observa como si fuese un trapo sucio e inservible. Como si fuera un caso perdido.

— Por favor, yo no…

Articula un par de veces antes de notar las gotas de humedad cruzando su rostro. Y no quiere llorar, odia hacerlo. No tiene tiempo para ello. Y la gente no tiene ganas de escuchar al pobre niño huérfano de nuevo. Pero es que no puede –o quizá sólo no debe – contarle que acaba de levantarse de una crisis por una sobrecarga sensorial detonada por la maldita angustia de ser Peter Parker y Spiderman a la vez. Y no puede explicarle que no es que esté cansado o que sea perezoso, sino que hay días que simplemente no puede cargar con el peso del mundo entero y sus mierdas junto con su propia existencia. No puede decirle que hay días que solo quiere desaparecer. Extinguirse y seguir a May. A Ben. A sus padres.

— Yo no…

Su voz sale ahogada en un sollozo vergonzoso.

— Lo siento chico.

Algo en la mirada gris de Frank le dice que ha perdido su oportunidad. Asiente casi sin sentirlo. Porque hay tanto que quiere decir ahora. Que es sólo un chico con poderes sobrehumanos pero con las mismas dudas e inseguridades que cualquier otro chico de su edad. Que está tan cansado de jugar a ser adulto y quiere parar.

Y si tan sólo pudiera decirlo.

Entonces la idea surge allí, a la par del miedo. Un suspiro tembloroso antecede su pregunta.

— ¿Puedo explicarlo?

Y se muerde la lengua de inmediato. Porque quizá el hombre frente a él no es de fiar como cree y está equivocándose. No sería la primera vez, de cualquier forma.

Pero desea tanto poder confiar en alguien.

La mirada de Frank se congela unos segundos antes de analizarlo con el entrecejo arrugado. Rasca su torcida nariz, antes de aceptar con un gesto incrédulo. Peter se arrepiente al instante, pero agradece.

— Como dije, nada que pueda asustarme.

Peter asiente y juega nervioso con las mangas desgastadas de su chaqueta. Piensa por un segundo como suenan las palabras saliendo de su boca ahora mismo, en su posición. Sabe que no le creerá. Nadie le creería ahora mismo, si les dijera que es Spiderman. Bastaba sólo verse para entender el porqué. Sin embargo, el hombre frente a él parece interesado, y arquea las cejas, apagando su cigarrillo en la mesa.

—Hay algo que debe ver… —musita casi en un susurro, cuando decide cómo hacerlo. Así que vuelve sobre sus pasos, seguido de Frank. Y tiene miedo, aunque no sabe qué tanto de sus nauseas son consecuencia de sus nervios advirtiéndole algo, y cuales son porque lleva tanto tiempo sin comer que su estómago ya no tolera sus propios jugos.

Traga con dificultad rezando en silencio por no vaciar su estómago mientras gira la perilla de su habitación, de vuelta a su piso. Ahora mismo, siente que ha abierto una puerta al rincón más íntimo de su vida, a pesar de que el hombre tras él ha estado aquí antes.

— ¿Y bien? —Peter suspira y le pide entrar con un gesto tímido. Cierra la puerta en cuanto ambos se encuentran dentro del pequeño habitáculo sin ventanas, tan pequeño que apenas les permite estar en pie sin tropezar con la cama o la mesita de noche. La habitación huele a humedad. Las capas extras de ropa sobre su cama para mantenerse caliente reciben una mirada curiosa de su anfitrión. Trepa con parsimoniosa lentitud, antes de rebuscar en la pieza de plafón falso que usa como bóveda de seguridad para dos de sus pertenencias más valiosas.

El bulto rojo-azul cae como un borrón, echo una madeja, al suelo. Peter ni siquiera gira o voltea hacia abajo de nuevo. Todo se detiene unos segundos mientras escucha como si de un fenómeno lejano se tratara, la queja confundida de Frank que queda sin respuesta. Entonces suelta todo el aire que contiene en sus pulmones de golpe, un instante antes de que su anfitrión lo reconozca.

— ¿Quién demonios…


Sigo viva.

Creo.

Bethap