Disclaimer: Lo que diré a continuación, ya deben saberlo: Ningún personaje de Marvel me pertenece. Ésta historia es un medio de entretenimiento sin fines de lucro para su creadora. Bla-bla-blá.

Advertencia: Fanfiction Angst. Puede incluir contenido sensible. Referencia a abuso sexual de menores implícita, representaciones gráficas de violencia y referencias implícitas a trastornos metales.

Cronología: Basada en el universo cinematográfico de los Vengadores. Posterior a Civil War y Homecoming.


VII: Si puedes soportar las consecuencias.


Despierta en silencio. Sin sobresaltos y sin el cabello pegado a su frente por el sudor. Su cuerpo se siente pesado contra el colchón donde parece estar hundido varios metros de profundidad. La habitación está oscura, pero eso no le dice nada. La ventana es inteligente y bloqueará cualquier haz de luz sea la hora que sea. No se apresura a preguntar a su IA la hora, saboreando unos segundos esa extraña sensación con la cual no está familiarizado. Hay una fracción de segundo, una exhalación, un parpadeo de paz antes de que todo caiga de golpe en su mente.

Peter.

Detecta el segundo exacto cuando su corazón comienza a cabalgar desenfrenado en su pecho, y la opresión arremolinándose en su garganta. Necesita trabajar. Ha desperdiciado demasiado tiempo. El tiempo es valioso ahora mismo. Él debe encontrarlo.

— ¿Friday?

La IA duda unos segundos antes de responder.

Buenos días señor.

— ¿Qué maldita hora es?

Son las 3.49 p.m., señor.

Cubre sus ojos con la palma de su mano. Durmió 7 horas y media. Dios. Habían pasado años, quizá, desde que dormía esa cantidad de tiempo. La última vez que recuerda, fue aquella noche en el complejo, luego de esa improvisada noche de películas. Era los días cálidos donde el equipo aún estaba allí. Evade los recuerdos de todo ese asunto de superhéroes que aún le provoca un vacío doloroso en su estómago. Ahora sabe que el único equipo que vale la pena defender es Rhodey y Peter. Así que se incorpora, ignorando el aturdimiento y dirigiéndose a la ducha. Necesita mantenerse en un estado físico civilizado. Pero todo su cuerpo parece pesar una tonelada y sólo Dios sabe –si es que ese bastardo siquiera existe– que puso Rhodes en ese té esa mañana.

Regresa al mundo de los vivos gracias al agua fría que usa para ducharse. Decide que necesitará un expreso doble para terminar el trabajo, así que se dirige a la cocina como una parada, antes de regresar a su cueva, en busca de su amada cafeína. Se detiene cuando la voz de Rhodes hace eco más alto que sus pensamientos.

— Sí Señor, lo entiendo perfectamente.

Lo ve a través de su posición oculta tras el muro que divide el pasillo de la estancia. Su postura parece más rígida que ésta mañana.

— Estoy consciente de las implicaciones que…

Su interlocutor parece dispuesto a interrumpirlo.

— Desconocemos su identidad y la forma en que llegó a Alemania. Ninguno de nosotros tiene información sobre su paradero.

La inquietud se instala en su estómago antes de avanzar y entrar en la estancia. Rhodes no gira a encontrarlo. Parece demasiado inquieto con la conversación.

— De acuerdo Secretario, me ocuparé de ello personalmente.

La llamada termina allí, y Rhodes suspira sonoramente sin inhibición, ignorando la presencia de Tony tras él.

— Creí que el trato era que ambos iríamos a descansar —aclaró Tony. El moreno esconde un pequeño sobresalto antes de girar hacía su amigo. Sus ojos están menos rojos ahora, pero las ojeras profundas aún no desaparecen. Ya no está en su uniforme. Lleva puesto unos deportivos y una sudadera vieja del MIT, y le es inevitable recordarlo todas las mañanas luego de regresar de correr por el campus de la universidad. Tony iría a la cama cuando él regresaba. Siempre fue una bestia nocturna.

— Cumplí mi parte.

Tony lo analiza un poco, con desconfianza y tristeza. No quiere succionar más vida de Rhodey de la que ya le arrancó.

— Ir y venir a la ciudad es más de la mitad del tiempo que yo dormí, —observa el genio —por cierto, no quiero más de tus tés en un futuro.

Rhodes dibuja una media sonrisa que sale más como una mueca tensa.

— Aún tengo algo de ropa por aquí.

Claro que la tiene, recuerda. No paso tres meses viviendo dentro del vacío complejo junto a Tony por nada. Lo hizo porque después de Siberia, decidió que era un excelente momento para retomar su alcoholismo a niveles legendarios, y su fiel amigo, cargando con su recién adquirida discapacidad a cuestas; se quedó hasta sacarlo a flote de nuevo. Tony no sabe lo que hizo para merecer un James Rhodes.

— Claro, sólo que ahora tengo que compartirte con el idiota de Ross —recuerda, mientras se dirige a activar su costosa máquina de café italiana. —Por cierto, ¿qué es lo que quiere ahora?

Hay un minuto en el cual el zumbido de su café preparándose llena la habitación. Tony no lo nota, claro, porque su mente continúa girando y girando alrededor de Peter. No es hasta que el silencio hueco vuelve a la habitación, que vuelve hacia el moreno, aún plantado en el centro de la estancia.

— Ross tiene un video. Uno nuevo. De Alemania.

Se estremece al forzar su mente a recordar ese día en el aeropuerto. Ya pensó en ello lo suficiente durante los tres meses posteriores a lo que ocurrió en Siberia. No quiere gastar un segundo más de su tiempo ni beber una gota de alcohol más por causas perdidas. Le da un primer sorbo a su café, intentando ignorar como su estómago se contrae por el rumbo que toma la conversación y despreocupar a Rhodey de su pulso acelerándose demasiado para su gusto.

— ¿Qué hay con eso?

— El vídeo es del interior de la terminal, Tony. Es de Spiderman.

Todo encaja de pronto en un segundo. Claro que recuerda Alemania, recuerda cada maldito detalle gracias a su memoria eidética. Sabe que Peter fue tras Barnes y Falcon. Él lo sabe a la perfección. No es difícil sumar dos más dos y concluir que, debido al orden de los acontecimientos, Spiderman estaba jugando para el lado de Tony.

— Quiere su identidad. Quiere que Spiderman firme los acuerdos.

La idea comienza a generar una serie de desenlaces en su mente. Todos ellos, fatídicos. Con Peter lejos, Tony no puede advertirle que se aleje de las calles. Él no sabe que todo el departamento de defensa está tras su cabeza ahora. Rhodes tiene que cumplir su palabra, e incluso él también, porque aún no han entrado en vigor las modificaciones de los Acuerdos de Sokovia, y mientras sea así, Ross puede hacer con su trasero lo que le venga en gana. Así que Peter no solo tiene que lidiar contra el crimen y las calles frías de Nueva York, también tiene a todo el maldito gobierno tras él. Debió suponerlo. Claro que debió preverlo. Pero no pensó en Peter, claro que no lo hizo. Pensó en su necesidad de crecer los números en sus filas para garantizar tener la razón y doblegar a su voluntad al estúpido Capitán. Él sirvió a Peter en bandeja de plata para Ross.

— Estará bien Tony. No tiene ninguna pista ni siquiera cercana a la identidad de Spiderman. —Sabe que Rhodey sólo intenta suavizar esto porque es demasiado jodido, justo ahora. —Además, estoy a cargo de su caso. No habrá forma que lo capturemos.

Y Tony quiere creer. De verdad quiere creer que así será, pero no puede asegurar que las cosas vayan a salir como espera al final del día. La taza de café cae sobre el piso de la cocina y se rompe en pedazos. Rhodes está a su lado dos segundos después, intentando conectar con él.

— ¿Tony?

Cubre sus ojos con su mano, intentando ignorar la creciente opresión en su pecho.

— No debí…

— No, Tony, esto no es sobre ti.

— No pensé en él, yo sólo…

Necesita salir de ahí. Necesita hacerlo. ¿Va a perder la cabeza ahora mismo, cuando debería afrontar las consecuencias de sus acciones? Sí. Porque él es Tony el gran estúpido Stark, y es lo único que sabe hacer.

— ¿Tony?

— Necesito…

No termina la oración, antes de marchar con prisa a su taller. Sabe que Rhodes lo siguió y llamó durante un rato. Pero todo se apagó cuando la puerta del taller se cerró tras él y ordenó a Friday el cierre. Da unas vueltas más por su taller, antes de decidir terminar frente a la puerta de su armario de herramienta. Allí, tras un montón de reservas de refacciones, encuentra lo que su cuerpo buscó moviéndose casi por voluntad propia. El peso de la botella le era familiar. Es como quien conoce el peso exacto del arma que lo matará. Es tan familiar y temible a la vez. Llena un vaso de líquido ámbar, y casi puede sentir como quema sus entrañas. Cómo pierde su mente de nuevo.

Estúpido Steve Rogers.


Puede que todo esté colapsando justo ahora, pero aquí estoy escribiendo fics como si nada.

Algunas respuestas:

Kagome-Black: No creo poder ser tan cruel con Peter, así que quizá las cosas se compliquen antes de mejorar. ;)

Quennie Romanov: ¡Gracias por tu review!

Julchen awesome Beilschmidt: Peter es un pan de dios, y respecto a tu pregunta, el siguiente capítulo la resolverá.

Queen-Mushroom: Muchas gracias por tus comentarios, es un gusto leerte c:

Gracias por pasarse por acá.

¡Hasta la próxima!

Bethap