Disclaimer: Lo que diré a continuación, ya deben saberlo: Ningún personaje de Marvel me pertenece. Ésta historia es un medio de entretenimiento sin fines de lucro para su creadora. Bla-bla-blá.
Advertencia: Fanfiction Angst. Puede incluir contenido sensible. Referencia a abuso sexual de menores implícita, representaciones gráficas de violencia y referencias implícitas a trastornos metales.
Cronología: Basada en el universo cinematográfico de los Vengadores. Posterior a Civil War y Homecoming.
[ ADVERTENCIA DE CONTENIDO: Puede contener situaciones sensibles. Evítalos brincando los párrafos entre #]
XIII: Si puedes soportar tus errores.
Cierra su abrigo con sus manos, envolviendo con fuerza su cuerpo. El cierre está averiado, pero no es nada que no pueda arreglar. Las calles ya están lo suficientemente oscuras y frías, siendo el tenue halo de las lámparas de los negocios y los viejos arbotantes lo que iluminan el camino. Peter conoce bien este trayecto, lo ha recorrido tantas veces que sabe incluso, donde están las coladeras rotas y las banquetas desniveladas. En teoría, no debería estar aquí. La culpa lo carcome en el fondo de su mente. Le prometió a Frank que no saldría del hotel.
Pero él simplemente no puede quedarse allí con los brazos cruzados.
Desde el incidente de la recepción, Frank le ha pedido que deje sus tareas en el hotel. Ahora solo se limita a ayudar en las áreas donde no pueda ser visto. Asea la cocina, la estancia personal de Frank y se encarga de la lavandería. Y eso es todo. Peter no deja de sentirse culpable con ver al hombre dividirse entre la limpieza del hotel y la administración. Sabe que es mucho trabajo para una sola persona, pero Frank le sonríe y afirma que está bien. Pero la culpabilidad no se va incluso cuando Peter cocina para Frank. No es que sea un gran chef, pero puede preparar comidas funcionales decentes. El hombre agradece, le dice que no es necesario. Sabe que Peter no la está pasando bien tampoco. Entre su herida en el abdomen sanando desesperantemente lento, y la nueva magulladura en su nuca, el dolor siempre está allí. Peter termina acostumbrándose a ello, de cualquier forma. Pero no aceptará que Frank le pague ahora. Considera que ya ni siquiera hace lo suficiente para compensar la renta de su habitación. Así que, después de una larga jornada atrapado en ella, decide que volverá a la cocina del bar los fines de semana. Le ayudará a tener un ingreso por el momento. Frank ya tiene suficientes problemas por su causa.
Mientras tanto, baja de la banqueta y cruza a la acera contraria, cuando nota a un grupo de hombres apiñonados en la esquina. Maldice para sí mismo, porque ese era su camino seguro e iluminado, así que tendrá que rodear de nuevo la manzana y usar el callejón. Peter odia ese callejón: es, en el mejor de los casos, el patio trasero de bares de la zona. El sitio apesta a basura vieja y orines, pero le va a ahorrar una confrontación que, en sus condiciones actuales, quizá termine mal, así que se resigna a tomar la ruta fácil y vuelve sobre sus pasos. No es la primera vez que se interna en los oscuros rincones de Nueva York, de cualquier forma. Pero este callejón en especial, es donde ocurrió aquel intento fallido de asalto. La punzada de arrepentimiento no tarda en llegar cuando entra por el extremo donde ocurrió. La mirada de la mujer aún está grabada en su mente y la impotencia vuelve a atraparlo porque sabe que, si la situación se repitiera, no podría ser de gran ayuda.
Peter no está siendo de ayuda para nadie últimamente.
La luz azul neón de una de las puertas traseras de un bar es lo más cercano a iluminación que hay en casi todo el tramo. Gracias a su visión mejorada, puede ver con más nitidez, pero incluso con ella es complicado, así que resbala entre un paso y otro con los restos de humedad y comida acumulados en el piso. Hay gritos amortiguados provenientes de algunas ventanas arriba, de uno de los edificios de apartamentos, y aún hasta allí, escucha los alaridos del puñado de hombres ebrios a la vuelta de la esquina. Él conoce estos lugares, los recorre enfundado en spandex. Pero la sensación es diametralmente opuesta cuando lo hace siendo solo Peter.
Así que cuando el jalón provocado por una mano cálida en su brazo lo desequilibra, su mente entra en automático en pánico profundo. No intenta atacar de vuelta. Peter no pelea, ese es Spiderman.
Peter huye.
Su espalda impacta contra el muro frío y húmedo tras él, mientras se sostiene con fuerza para evitar caer. Una respiración pesada y agitada que viene junto con la figura oscura y voluminosa frente a él. El instinto de huía lo mueve a intentar empujar a la figura mientras gira a ambos extremos del callejón, calculando la salida más cercana. Pero el esfuerzo no es suficiente. Sus brazos están temblando – y quizá todo su cuerpo lo está– pero no lo logra, y es ridículo como su intento no hace la diferencia. La calidez el otro cuerpo lo agobia, y siente la exhalación de aquella persona en su rostro. El escalofrío en su espalda le dice que es peligroso.
Pero es tarde.
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Jalonea en un intento de zafar sus brazos de su agarre, pero sus muñecas son capturadas juntas por una mano regordeta, antes de que algún tipo de pañuelo húmedo cubra su nariz. El olor quema sus fosas nasales apenas inhala, y está quemando su piel. Grita y recibe de vuelta un impacto más duro de su cabeza contra el muro detrás. El golpe –o lo que sea que tenga aquel pañuelo– lo aturden, pero su vista aun es nítida. Sus reflejos se ralentizan, pero se aferra a luchar con lo que queda de ellos. Una mano cálida se filtra por su abrigo hasta debajo de su sudadera, y puede sentirla recorrer su abdomen frío y magullado. Su mente se ciega por el pánico y la desesperación; sabe que está luchando porque intenta quitársela de encima, pero no parece funcionar.
— No te hagas el difícil, cariño…
Su corazón se detiene.
Ronnie.
Pero no puede detectar nada más. Todo está ocurriendo tan rápido. Escucha a alguien sollozar. El olor a basura lo marea aún más pero no puede respirar. Simplemente no puede hacerlo. La mano recorre con furia su torso mientras su cuello se humedece por la boca que lo recorre. La oscuridad se está cerrando sobre él, y es tan débil. Le cuesta unos segundos reconocer, entonces, la luz roja y azul parpadeando rítmicamente contra el edificio de enfrente.
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Sus sollozos se detienen y el hombre también, cuando el sonido de la patrulla cercana. Peter aprovecha ese par de segundos de confusión para empujarlo lejos. Y lo escucha tropezar, pero no se detiene. Corre trastabillando en sus pasos hasta el extremo más cercano del callejón, donde la patrulla de policía se acerca. El golpe de luz amarillenta de la calle lo aturde, pero continúa su camino sin pensar demasiado a donde va. Se detiene hasta la siguiente cuadra cuando le falta el aliento, bajo la luz de otro arbotante, cuando la patrulla se estaciona a su lado. Entonces entiende que debe ser sospechoso verlo huir de la policía de esa manera. Pero él no está huyendo de la policía.
¿O sí?
— ¿Niño? —la voz de una mujer lo devuelve a la realidad y parpadea un par de veces para aclarar su mirada. Una oficial de tez oscura lo está observando con ojos entrecerrados y gesto preocupado. — ¿Todo en orden?
Peter articula, pero decide solo asentir.
— Es muy tarde para estar aquí afuera —le dice ella. — ¿Por qué huías?
— Yo… —su estómago está demasiado revuelto a este punto, y no sabe si debe explicar lo ocurrido en el callejón a sus espaldas o inventar una historia tonta y salir de la situación. No necesita que lo lleven a alguna estación ahora mismo. La policía debe tener su rostro. Lo encontrarán. Pero su cerebro está embotado y no hay una historia produciéndose. Solo sus lágrimas corriendo por su rostro y el terror que aún está cimbrando su cuerpo en un temblor incontrolable.
— Hey, está bien. —La voz de la mujer se suaviza ahora, mientras se acerca con cuidado a Peter. — ¿Estás herido? ¿Alguien te hizo daño?
No lo sabe. Honestamente, no. Reprime un sollozo más alto y solo lo niega lentamente.
— Podemos llevarte a casa si quieres.
Peter vuelve a negar, está vez más enérgicamente, asustado.
— Estoy bien yo…me queda…estoy cerca —musita, y la oficial asiente, poco segura de su afirmación.
— ¿Estarás bien? —intenta de nuevo, pero Peter levanta su rostro y dibuja una sonrisa forzada, asintiendo. Tras una pausa, donde lo evalúa con desconfianza, la oficial asiente. — ¿Tus padres saben que estás fuera?
Peter asiente de inmediato y pone su mejor cara.
— Deben estar esperándome, yo, debía comprar algo —miente, y el entrecejo de la mujer se frunce, poco convencida, pero vuelve a asentir.
— De acuerdo, toma el camino iluminado, y no hables con nadie, ¿está bien?
— Gra-gracias —la oficial le da un último vistazo, antes de volver a subir a la patrulla. El vehículo arranca con lentitud y Peter espera que se alejen lo suficiente antes de comenzar a correr.
Alrededor de las 4 de la madrugada, decide que no dormirá. No ha podido dejar de temblar, pero el vacío en su pecho lo aturde, y todo se siente tremendamente irreal. Enciende la luz fluorescente del techo, que parpadea un poco antes de encender por completo. La pequeña habitación le parece enorme ahora. Su nariz arde, y admite que el manchón rojo que crece a su alrededor es origen de una quemadura química por cloroformo y no se irá en muchos días. El hotel está tan callado ésta noche que Peter se pregunta si es que perdió su audición. El zumbido de sus oídos es demasiado fuerte. Intenta no pensar demasiado en ello.
Él es débil.
Lo sabe.
Echa su cabeza hacia atrás y la golpea un par de veces con furia contra el muro. No puede seguir dejando que las cosas simplemente ocurran. Él no debió dejar que esto sucediera. Es su culpa, Frank le advirtió. Si el Sr. Stark se enterara, estaría decepcionado de la estúpida situación en que cayó esa noche. Él es tan fuerte como el Capitán América. Joder. Está seguro que el Capitán América nunca dejo que nadie le diera una paliza. O lo acorralara en un rincón como un cachorro indefenso. Peter lo permitió. Y no puede dejar de sentirse como un idiota, un idiota sucio e inútil por ello. Amortigua con su mano un sollozo antes que salga de su boca. Entonces su vista empañada viaja hasta el plafón del extremo izquierdo de la habitación, y el llanto silencioso que corta su rostro se detiene.
Él es Spiderman.
¿Lo siento?
¡Gracias por sus reviews!
Julchen awesome Beilschmidt: Tony tiene una lista interminable de cosas para seguir odiando a Barnes, solo quería dejarlo más claro xD. Gracias por seguir la historia, créeme que tus reviews me ayudan mucho a analizar el fic c:
¡Hasta la próxima!
Bethap
