Disclaimer: Lo que diré a continuación, ya deben saberlo: Ningún personaje de Marvel me pertenece. Esta historia es un medio de entretenimiento sin fines de lucro para su creadora. Bla-bla-blá.
Advertencia: Fanfiction Angst. Puede incluir contenido sensible. Referencia a abuso sexual de menores implícita, representaciones gráficas de violencia y referencias implícitas a trastornos metales.
Cronología: Basada en el universo cinematográfico de los Vengadores. Posterior a Civil War y Homecoming.
XX: Si puedes soportar el hambre.
Se inclina de puntillas en la orilla de la banqueta, intentando ampliar su rango de visión más allá del acceso del complejo. Según la estimación de Friday, el auto no debería tardar en aparecer al menos, en los próximos tres minutos. El peso de su vieja maleta de lona tira sus brazos hacia abajo. Hace tiempo que no cargaba con ella tanto tiempo y su espalda comienza a quejarse. Toda su vida parece caber en la vieja maleta y la mochila en su espalda. Todo excepto lo poco que queda de May. Guarda con cuidado el número de la pequeña bodega que alberga lo poco que no fue capaz de vender del departamento y se convirtió en una cuota anual para asegurarles un rincón fresco y seco. Se lo debe a May. Y a Ben.
Es lo mínimo que puede hacer.
El resto de sus pertenencias y objetos de valor están con él. Son sólo un montón de baratijas: ropa demasiado vieja de segunda mano y artículos personales que parecieran salidos de una venta de cochera; pero, es todo lo que tiene y lo necesita. No importa lo ridículo que estas se vean junto a los muebles costosos del complejo. Peter vació todo a su maleta cuando Friday le solicitó esa misma mañana que empacara. Hace tres días que no sabe de Tony. Pasó todo ese tiempo embalando cada componente que Tony le señaló guardar, hasta ayer, cuando un equipo de mudanzas especializadas se llevó las dieciséis cajas que llenó. Ese fue el único contacto humano que tuvo todo este tiempo. Friday lo mantiene informado: le recuerda la hora de la comida y cuando han sido suficientes horas de trabajo.
Supone entonces, que ha llegado el momento.
El brillante e impecable Audi negro se estaciona frente a él. Peter puede reconocer la figura del Sr. Stark en la parte trasera antes de que Happy aparezca al volante cuando el cristal del conductor desciende.
— Arriba chico. —Gruñe apenas lo ve.
— También me da gusto verte, Happy —murmura, abriendo la puerta trasera. Tony está enfundado en uno de sus trajes de negocios, absorto en su tableta al otro lado del asiento. Ni siquiera lo mira cuando la puerta se abre y el frío aire entra al vehículo. Peter se acomoda con cuidado en el otro extremo, dejando su maleta de lona rota junto a los costosos zapatos de Tony.
— ¿Tienes todo contigo? —no despega sus ojos del dispositivo cuando pregunta. Es seco y luce como si cargara con el mundo sobre sus hombros. Quizá lo hace. Sus gafas oscuras no ocultan los surcos oscuros bajo sus ojos.
— Yo… eh…sí.
Tony asiente, Happy parece captar la conversación desde el frente y el auto avanza. El complejo se pierde en el horizonte gris en cinco minutos. Recorre en un incómodo silencio el tramo de la autopista que los separa de Manhattan. Los árboles aún lucen secos y esqueléticos con el clima frío persistente. El cielo es una masa gris difusa que insinúa la luz del día tras él. Peter se pregunta si habrá otra tormenta invernal más o si han tenido suficiente por esta temporada. Por su bien y su futuro, Peter ruega en silencio que así sea.
El móvil de Tony pilla, haciéndolo brincar sobre su asiento. Por un momento, el aturdimiento y cansancio permanentes que lo acompañan, se disipan con el subidón de adrenalina por la llamada. Tony toma el móvil, y Peter cree ver en su expresión en blanco un ápice de tensión. Quizá incluso terror.
— Secretario —espeta con firmeza, cómo si nombrara algo que detesta.
— Stark —una voz profunda responde del otro lado del auricular. Peter puede escuchar, claro que sí, porque a pesar de que sus sentidos arácnidos están en su peor momento, aún son superiores a los de un humano promedio. Gira su vista a la ventana, incómodo, sabiendo que está entrometiéndose en algo que es asunto del Sr. Stark solamente. Es absurdo claro, porque seguirá escuchando y Tony lo sabe. Eso lo hace sentir como un gran estorbo de nuevo. Tony necesita espacio y privacidad para sus asuntos, pero tiene que hacerse cargo de Peter.
— Eso fue rápido —corta Tony, con el familiar tono de altanería que le caracteriza. —Pensé que podrían hacerlo más tiempo sin mí.
Una risa tensa que pretende ser amigable, pero que suena mucho más como una advertencia, resuena al otro lado de la línea.
— Si hiciera bien su trabajo, tal vez…
Peter no ve a Tony tensarse, pero puede sentirlo. Sentido araña. O simple intuición humana.
— No creí que necesitáramos otra sesión de acompañamiento laboral de nuevo. —Lanza con acidez. —Le entregaré lo que tenga en cuanto esté en mis manos.
— La situación ha cambiado, ya no tenemos tiempo para esperar hasta que termine su manicura esta vez —Peter siente que hay algo demasiado mal detrás de sus palabras. Lo sabe por la forma en que su estómago está encogiéndose aún más dentro de sí. Pero no reacciona. Mantiene su vista en el cristal. —La prensa está inquietando demasiado a las personas con el tema de…
— Veo las noticias secretario, lo sé. —Corta Tony con urgencia, y Peter parece que está siendo demasiado atrevido, incluso para sus propios límites. —Así que, si tiene otra anotación más útil, puede hacerla llegar con Friday. Llame cuando me necesite con armadura.
La voz del secretario parece replicar algo que Peter no logra captar, antes de que Tony corte la llamada de golpe. Capta de reojo las manos de Happy tensándose alrededor del volante y puede sentir las oleadas de euforia de Tony. No sólo sentirlas, también puede oírlas. Su respiración dificultosa y el martillar acelerado de su corazón. El pulso de Tony se queda todo el tiempo en su audición mejorada. Pero el silencio se mantiene el resto del viaje. Cinco minutos atrás, Peter hubiese preguntado a donde se dirigían. Después de la llamada, decide averiguarlo al llegar. Tony tiene suficiente en su plato para añadir más molestias con sus preguntas curiosas. Así que se mantiene pegado al lado opuesto del auto, intentando ocupar la menor cantidad de espacio posible, hasta casi desaparecer.
Happy baja la velocidad del auto cuando abandonan la autopista y toman la 678. Peter cree reconocer la zona. Están entrando a Queens, pero a una sección que pocas veces visitó. El auto se desvía hacia una zona residencial. Es absurdo lo grande que son las casas del barrio. Con jardines impecables y fachadas mantenidas a la perfección. Recuerda haber estado aquí, hace muchos años: Ben y May pasaron en auto por aquí luego de unas vacaciones de verano. Aún recuerda la sonrisa de May señalando las enormes y costosas casas de la zona, como quien está buscando comprar alguna. Ben bromeó sobre comprarle alguna en un futuro. Un Peter de 10 años se emocionó con la idea: tendría un jardín enorme, una alberca en el patio trasero y por fin podría tener un perro. Luego se enteraría que Ben y May apenas llegaban a final de mes, y adquirir una casa de 6 millones de dólares en esa zona era solo una fantasía. Entonces, tuvo que resignarse a la idea de vivir en su pequeño departamento de dos habitaciones. Sabía que habría cosas que nunca tendría.
Vivir en Malba era una de ellas.
Eso, hasta que el pulido Audi negro se detuvo unas cuadras más al fondo del barrio. Abandonaron las manzanas del corazón residencial de Malba y se internaron en la avenida principal, llena de negocios con aparadores cuidados y calles limpias. Aquí hay algunos edificios más altos, pero ninguno de más d pisos de altura. El barrio luce brillante y colorido. No hay moteles -como el de Frank-, bares o tiendas para adultos decoradas con grafitti; solo cafeterías, tiendas de ropa, pequeños restaurantes con enormes terrazas y tiendas de abarrotes impecables. La gente parece tener el suficiente poder adquisitivo para vestir ropa pulcra y en tendencia. Un barrio de alto estatus, como esperaba cuando cruzaron el barrio residencial adjunto. Que lejos estaba ya de Bronx. El motor del auto se apagó y el carraspeo de Happy apenas logró captar la vista desinteresada de Tony. Peter se vuelve con su tutor de nuevo, desde que salieron del complejo. No parece impresionado de ninguna forma, sino que observaba el barrio con un deje de desinterés.
O eso es porque el Sr. Stark siempre vivió en lugares mejores que estos.
— Muy divertido, Rhodey —murmura para sí mismo, pero Peter logra captarlo. —Bien niño, llegamos.
Peter lo observa con expectación por un minuto, sin entender nada.
— ¿Sr. Stark? —Tony lo observa con atención, con su mirada teñida por el cristal de sus gafas. —Yo, eh…
— ¿No te lo dijo Friday? —le cuestiona, y Peter traga saliva con dificultad antes de negar en silencio. Tony le da una mirada confusa antes de que Friday responda en su auricular. Peter no escucha a la IA, pero parece despejar la confusión del rostro de Tony. —Por supuesto —dice para sí mismo. —No te lo dije antes porque quería que fuera sorpresa y luego creí dejar un recordatorio para Fri sobre esto, pero al parecer no lo he hecho y… bien, bienvenido a casa —concluye Tony, observando la propiedad que está al otro lado de la acera. Peter tiene que agacharse en su asiento para ver la propiedad atrás de Tony.
En medio de una acera llena de edificios pulcros con fachadas de ladrillo aparente y accesos de piedra, se erige un edificio que rompe con el ambiente del barrio. Es ortogonal, de seis niveles, con ventanales en toda su fachada y parece más nuevo que el resto. Luce como una propiedad donde el Sr. Stark podría vivir, aunque Peter aun la considera demasiado sencilla para el genio. Contemporánea, sofisticada y opulenta. No parece más costosa que alguna de las propiedades vecinas, pero sin duda tiene más carácter que ninguna otra. Peter se pregunta sobre la personalidad de los propietarios. Recuerda entonces, que quizá este es su último viaje junto con el Sr. Stark y gira hacia él, intentando mantenerse fuerte. De verdad pensó que el proceso duraría más, pero no tuvo esa suerte.
— Yo…gracias, Sr. Stark. —Musita por debajo, y Tony asiente. Peter espera unos segundos a la espera de una despedida que no llega, así que abre la puerta del auto para descender. Tony va tras él, llevándolo hacia adelante. Peter sube a la acera, observando con timidez el edificio. Parece salido de un catálogo de una inmobiliaria.
— Debo confesar que no soy fan de este tipo de barrios, pero confíe en el criterio de Rhodey al respecto —comenta Tony, mientras espera a Happy mientras rebusca en el maletero del auto.
— Oh…no sabía que se podía elegir…
Tony lo observa divertido.
— Claro que puedes elegir —dice Tony, como si fuera obvio. —¿Cómo crees que funcionan los bienes raíces chico?
Peter articula, sin entender el comentario.
— ¿Qué?
Tony asiente.
— Admito que es una zona difícil, hay pocas propiedades disponibles. Pero nadie se niega cuando saben para quien será —alardea caminando hacia el acceso. —Espero que el contratista haya terminado ya de instalar el…
Peter no está escuchando. Observa a Tony abrir la puerta con su huella dactilar y como desaparece en el vestíbulo. Happy pasa a su lado arrastrando con un par de maletas relucientes y pulidas, cruzando el portal. Todo se ensambla en su mente y tiene sentido cuando reconoce la familiaridad con la que acceden los dos hombres.
— ¿Niño? —Tony se asoma por la puerta, confundido. —Se supone que deberías estar subiendo, para pelear por elegir tu piso.
Peter no se mueve, sin saber que decir. El edificio es propiedad de Tony. El hombre la adquirió para… ¿para qué? Peter se irá pronto y no tiene sentido. El peso del posible costo de la propiedad cae como otra losa más sobre sus hombros. La lista crece. Dios, nunca podrá devolverle a Tony todo lo que hizo por él. No debería estar aquí, debió aceptar ir a un hogar de acogida y dejar al hombre en paz.
— Oye Parker —Tony está caminando hacia él, con gesto preocupado. —¿Ocurre algo? Juro que puedo escuchar hasta acá los engranes de tu cabeza zumbar.
Peter niega, intentando poner en orden sus ideas.
— Por un momento creí que te gustaría —confiesa Tony.
— Oh, ¡no! Yo…no…no es eso yo…el edifico es genial, pero Sr. Stark…
Su voz se pierde en un murmullo.
— ¿Sí?
Toma una bocanada de aire, antes de continuar.
— No tenía que hacerlo —confiesa, casi con culpabilidad. Cómo si fuese una molestia más. —No por mí. —Peter evita levantar su vista hacia el hombre cuando confiesa. Un silencio y un suspiro después, Tony pica su hombro, llamando su atención. Peter se encuentra con la mirada comprensiva de su mentor.
— No sé si te has enterado, pero yo soy…como multimillonario. Comprar un edificio como este en realidad no es un gran problema. —Explica el genio, encogiendo los hombros. —Es solo que deseo que estés lo más cómodo posible mientras estés conmigo, y no iba a dejar que viajaras cuatro horas diarias de ida y vuelta desde el complejo cada día para ir a la escuela. —Peter se siente un poco idiota cuando lo ve de esa manera. Aunque no lo dice, sabe que no es fácil para Tony continuar en un complejo vacío sin el equipo allí. Además, se lo dijo antes: necesita ser discreto. Aunque su idea de discreción está muy alejada de lo que Peter consideraría dentro del término. Vivir en un complejo de superhéroes es muy obvio y arriesga su identidad. —Si te hace sentir mejor, este edificio solo duplicará su costo cuando decidamos irnos de aquí. Cualquiera va a querer pagar el doble por vivir donde Tony Stark durmió. O quizá podría rentarlo y esperar que su valor aumente. Así que es una buena inversión. Los bienes raíces siempre lo son —replica, sonriendo.
Peter asiente, sólo porque parece razonable ─ y no suena a una mentira bondadosa para mejorar su humor─; así que toma de vuelta su vieja maleta de lona, mientras deja salir todo el aire que contenía por la tensión. Todo lo que alguna vez May y Ben soñaron, Peter parece estar viviéndolo hoy. Recluye en el fondo de su mente la sonrisa soñadora de May y la mirada amorosa de Ben. No es justo que nunca lograron hacerlo. Así que, durante el resto del recorrido, Peter imagina que May y Ben están tras de él.
Cuando despierta, el sol ya está bastante alto, pero no lo sabe hasta que media hora después, al abrir la ventana. Las cortinas de su nueva habitación son eficientes en ocultar cualquier rastro de luz hacia el interior. Parece que el Sr. Stark ha solicitado ciertas especificaciones al respecto. El ventanal que da hacia la calle tiene doble cristal nivel balístico con cámara de aire y cierre hermético, de forma que el aislamiento acústico y térmico está garantizado. También lo es con la puerta de la entrada que es como, de cuatro pulgadas de espesor. Es pesada y sella tan bien que no se entera siquiera de que ocurre en el resto del piso. La temperatura además está siempre perfecta para él, con el aire acondicionado instalado y el piso con calefacción. Y al igual que en el complejo, la iluminación es inteligente y cuenta con unos rangos tan suaves para escalarla con cuidado de la penumbra a la iluminación total. Es como si estuviese diseñada a la medida para sus sensibles sentidos mejorados. O lo mejorados que puedan estar ahora, luego de mantener una ingesta limitada por tanto tiempo.
Dispersa los pensamientos sobre el costo de todo el edificio -por más que Tony le repita que apenas tiene 6 pisos y no es para tanto-, la evidente remodelación para adaptarla a sus necesidades y las de Tony, los muebles y tecnología disponible. Su cabeza está zumbando en el portal de un dolor de cabeza y su cuerpo parece ser siete veces más pesado de lo que es en realidad. Pero se detiene a buscar, entre la somnolencia producto de un sueño interrumpido durante toda la noche, una razón para salir de la cama. No tiene que preocuparse por ganarse unos cuantos dólares para comer. Tampoco tendrá que lavar su ropa o pescar un empleo temporal de nuevo hoy. Todo está cubierto ─incluso hasta las cosas que no creyó necesarias─ con creces. Las tareas con las que ocupaba su mente para escapar a sus pensamientos se redujeron a cero.
La noche anterior terminó su modesta cena en la cocina vacía. La idea inicial era que Peter se alojara en uno de los pisos, solo para él, pero lo consideró innecesario. Así que pidió quedarse en el último piso junto con Tony. El piso 5 estaba ocupado por el laboratorio y el resto, amueblados de forma impersonal con todas las comodidades, quedarían vacíos. Tony desapareció ─ otra vez─ luego de la hora de comida. El zumbido de la sospecha de algo que no marcha bien remueve sus entrañas, incómodo. Sabe que es un hombre ocupado y, además de ser superhéroe de medio tiempo, trabaja con Stark Industries y es el líder de los Vengadores.
De los no están prófugos, claro está.
Se escurre fuera de su cama ridículamente grande para él, arrastrando el peso de su cuerpo a la orilla. El vértigo nubla su vista y lo marea, como un recordatorio que su cena fue insuficiente, así que espera por estabilizarse un momento antes de salir al baño. Al menos su herida parece estar sanado por fin. Y no siente tanto frío como antes. Cruza el vestidor vacío donde su maleta vieja aguarda como si fuese una baratija. Peter no ha desempacado, y aún si lo hiciera, sabe que no llenaría el lugar. El baño está lleno de artículos personales de marcas que jamás había visto en su vida y que May nunca hubiese comprado. Cada cosa a su alrededor parece luce en exceso cara e innecesaria.
— Buenos días Sr. Parker, el jefe lo espera en el comedor —La voz suave de Friday suena en los altavoces mientras se viste. El sonido es tan suave y bajo que cree que está configurado solo para su audición mejorada. Eleva la vista al plafón como si pudiese ver a la IA y asiente.
— Gra…gracias Friday.
Peter conoce a la asistente de Tony. Estaba siempre en el laboratorio y las zonas comunes del complejo. Pero tenerla en su habitación es un tanto…intimidante. Sabe por qué lo hace Tony: cuidar que no escape. No se sorprende, sino al contrario. Toma nota de ello para vigilar los alcances de la inteligencia instalada en su espacio para deducir su alcance. O podría preguntarle a Tony, de forma discreta.
Ya se las arreglaría.
Sale al vestíbulo que comunica las tres habitaciones del piso, hasta el pasillo común que lo lleva hacia el comedor. La habitación es un espacio abierto que comunica una amplia sala de estar, un comedor para ocho personas y una cocina. Porque el piso cuenta con otra cocina más, detrás de la "cocina pública". Friday le explicó que es la cocina de servicio. Peter no entiende el término porque jamás había vivido en un espacio tan caro y lujoso. Pero al parecer es la cocina para el personal ─cuando se tenga personal de cocina─, mientras que la que comunica directo al comedor es para uso de los propietarios. Todo el espacio cuenta con una vista privilegiada hacia la zona residencial de Malba, el parque de Powell y al fondo, fundido por la niebla invernal de febrero, el puente Whitestone. Encuentra a Tony sentado, absorto en su tableta, en una de las sillas del comedor. Frente a él, una humeante taza de café lo espera. Esta vez no hay un traje costoso, ni unos vaqueros llenos de grasa de motor. Viste unos deportivos flojos y luce como si llevara toda la noche despierto. Lo puede ver en los pequeños derrames en sus ojos tras sus gafas y lo desgastado que luce. Su cabello está despeinado y así de cerca, puede ver mechones de canas por allí. Peter no lo ha visto así antes, incluso después de Alemania.
— Parker, parece que disfrutaste tu nueva cama.
Su rostro se enciende en calor cuando se sonroja, y asiente con una sonrisa tímida. Tony lo escudriña con atención, antes de volver a su tableta y tomar distraídamente su taza de café.
— Gracias Sr. Stark, de verdad todo está perfecto.
Tony asiente como si no fuera nada. Quizá para él de verdad no fue nada. O quizá si lo fue, y mucho. No hay manera de saber o leer a través de su mirada. Parece preocupado frente a lo que sea que mire en su tableta. Es cuando Peter por fin lo nota: está en blanco. La pantalla es totalmente blanca. El genio manipula el dispositivo, y entiende porque lleva sus gafas a todas partes. Es una especie de mecanismo de privacidad: de esa manera, nadie además de Tony puede leerlo. Es casi surrealista observarlo absorto en una pantalla con luz blanca.
— Me alegro que te gustara —repite Tony, porque ya se lo ha dicho como diez veces la noche anterior. —Por cierto, Vanessa trajo esta mañana tus libros, están por allá.
Peter gira hacia el extremo opuesto de la mesa. Apilados, con pastas relucientes y nuevos, están todos los libros de su curso. Peter nunca había usado libros nuevos. May buscaba algunos de segunda mano con algunos padres de familia del instituto, para ahorrar un poco. Cada libro ha sido empastado con cuidado y rotulado con su nombre. Junto a ellos, encuentra una mochila nueva, aun con sus etiquetas. Luce tan cara que ni siquiera la toca.
— Sr. Stark…
Tony eleva su mano al aire.
— ¿Qué dijimos de los títulos…?
Peter reprime un quejido.
— Yo, quiero decir…To…Tony, esto, no es…
— Si vuelves a decir que algo no es necesario te juro que compraré diez más para que entonces sea cierto. —Advierte, dándole una mirada severa por encima del armazón de sus lentes.
Peter retuerce nervioso las mangas de su chaqueta, pero asiente.
— Gracias señ…digo yo… quiero decir…
— Está bien Peter —lo interrumpe Tony, sonriendo hacia él, y hay algo en su expresión que hace que el pecho de Peter se sienta cálido. Ya le ha ocurrido antes: como cuando May colocaba el árbol de Navidad en noviembre, o cuando se quedaba dormida en el sofá sin soltar el tazón de palomitas mientras veían una película. La misma sensación cuando Ben montaba un picnic en medio de la sala, con un mantel viejo y una tabla de quesos. Tony no suele llamarlo así. Es extraño, pero suena suave y afectuoso que de pronto siente que no puede evitar que su vista se empañe. Está siendo un idiota. No debería encariñarse. Esto es temporal. —¿Ocurre algo?
Peter sacude su cabeza con energía.
— Creo que será mejor que desayune algo o...
Se escurre hasta la cocina de servicio antes de que el hombre pregunte más. Sirve un tazón de cereal con manos temblorosas, y la puerta tras él se abre. Inhala tan profundo como sus pulmones oprimidos lo permiten.
— ¿Niño?
Tony aparece en el rango de su visión empañada, que se encuentra clavada en el plato de cereal seco. Intenta controlar el temblor de sus manos aferrándose a la encimera de la cocina, cuando la mano cálida y fuerte se posa sobre su hombro. Es un apretón suave, apenas invasivo. Pero puede escuchar el instante donde Tony detiene su respiración y el mundo se ralentiza. Es entonces que eleva su vista y encuentra el rostro desencajado de Stark. Hay un reconocimiento en tus ojos, la forma en que su mirada se cruza con la suya. La boca de Tony se abre un poco en un gesto de sorpresa y shock, que empujan a Peter dos pasos hacia atrás. Durante un segundo Tony no oculta su expresión. Es apenas una fracción que es cubierta con rapidez por su fachada serena. Pero lo ha notado, Peter sabe lo que ahora Tony también. Se quedan allí, mirándose a los ojos un momento que parece eterno antes de que la IA rompa el silencio.
— Su cita de las 11 ha llegado, ¿permito el acceso?
Tony parpadea, intentando recobrarse.
— Adelante Fri.
Peter tartamudea.
— Yo…lo sien…
Las arrugas de preocupación se están formado alrededor de la mirada de Tony.
— Está bien. —Lo interrumpe mientras frota el puente de su nariz con los dedos. — ¿Podemos…? Ven conmigo.
Peter asiente obedientemente, y sigue a Tony fuera de la cocina. Se detiene justo enfrente del elevador. Sus manos están guardadas en sus bolsillos y su mirada al frente, parece más lejano que hace un momento, cuando recién lo encontró en la cocina. Lo jodió, ¿verdad? Tony sabe lo que Peter está haciendo, y ahora sabe que planea volver a las calles. No importa cuantas sudaderas flojas use, no podrá ocultar más su cuerpo, y querrá alimentarlo hasta que su metabolismo vuelva a ser el mismo de antes. Casi puede sentir de nuevo el dolor sofocante del hambre partiéndole en dos. Jura que puede sentir ya a su monstruoso metabolismo arañando su estómago, pidiendo más comida. No puede volver ahí. Necesita mantener su dieta a raya. Ha sobrevivido con poca comida. Puede seguir haciéndolo.
El timbre del elevador llegando a su piso lo obliga a voltear al frente. Las puertas pulidas de acero se retraen frente a ellos. La figura amplia frente a ellos les dedica una sonrisa amplia, ignorando la tensión de por medio.
— ¿Ned?
¡Hola!
Primero que nada, espero que este último les haya gustado. Disculpen por tardar un poco, ha sido complicado seguir, pero aquí estoy.
Segundo, siento si ha sido demasiado descriptivo la parte de los lugares y edificios. Quiero darles la idea completa de los lugares que Peter visita y así poder explicar mejor los sentimientos que tiene en ese momento. En un inicio pensaba en ubicar a Peter y Tony en una casa residencial, pero luego la idea no terminó de cuadrar, siendo que Tony necesita de vez en cuando salir usando su armadura y Peter no estaría cómodo para balancearse con sus telarañas. Siento que ambos no son el tipo de persona de un barrio y aman las alturas -por más pequeño que sea el edificio-. Sin embargo, Peter sigue sin sentirse cómodo por todas las "molestias" que Tony se toma por él.
Y luego viene Ned a la fiesta. Tendremos más de Ross siendo Ross y otras complicaciones.
Veremos si cumplo mis expectativas sobre tener el siguiente pronto.
Y gracias por leer (a quien sea que siga por allí).
¡Hasta la próxima!
Bethap
