Disclaimer: Lo que diré a continuación, ya deben saberlo: Ningún personaje de Marvel me pertenece. Esta historia es un medio de entretenimiento sin fines de lucro para su creadora. Bla-bla-blá.
Advertencia: Fanfiction Angst. Puede incluir contenido sensible. Referencia a abuso sexual de menores implícita, representaciones gráficas de violencia y referencias implícitas a trastornos metales.
Cronología: Basada en el universo cinematográfico de los Vengadores. Posterior a Civil War y Homecoming.
XXI: Si puedes soportar la traición.
No respondió. Visión dijo que lo encontró herido y conmocionado, congelándose en el fondo de un bunker, en Siberia. El reactor de su traje destrozado. Llevaba más de cinco horas varado en el frío. Sus labios estaban ya azules y el metal congelado. El escudo de Steve estaba junto con él. Pero nadie más. No intentó comunicarse, ni solicitó ayuda. Fue Visión quien, luego de horas localizándole por petición de Rhodes, encontró la débil señal de la armadura. Le arrastró en silencio hasta el quinjet, de vuelta a Nueva York. Tres días después de su regreso, y en contra de las recomendaciones del médico, Rhodes escapó del hospital para dirigirse de vuelta al complejo de los Vengadores. Lo encontró allí donde Visión lo dejó.
No se movió. Su vista estaba inyectada de rojo y aún estaba bañado en su propia sangre seca. Su cuerpo temblando como si no hubiese podido sacudirse el frío de Siberia. Sus ojos hundiéndose en un par de cuencas oscuras. Se empequeñeció sobre sí mismo, hecho un ovillo detrás de un sofá. Su armadura dañada y quemada descansaba en piezas a su alrededor. Friday le llamó, Visión le rogó. Pero no salió de allí. Ni siquiera cuando su IA le recordó las distintas contusiones y heridas que necesitaba atender con urgencia. Los moretones y costras comenzaron a formarse en todo su cuerpo. La inflamación llegó a cada musculo herido. La rigidez lo abrazó antes de que siquiera intentara caminar de nuevo.
No durmió. Aún luego de que Vision lo llevara a tomar una ducha y Rhodes lo acompañara a su habitación arrastrándose a sí mismo sobre su silla de ruedas. Su mirada rota y gris permaneció clavada en el oscuro paisaje fuera de la ventana de su habitación. Su respiración lenta y dolorosa, en ocasiones acelerada, era solo un rugido agónico que ocultaba algo que Rhodes nunca pudo conocer.
Los días transcurrieron silenciosos y fríos. El complejo vacío sólo se llenó del sonido de la ambulancia el día que Tony entró en shock. Al final, las heridas internas y la inanición autoprovocada lo rompieron. Recuerda la sangre brotando de su boca y tiñendo de rojo todo a su alrededor. Recuerda sentir que lo perdía, en definitiva. La piel pálida y fría. El pulso casi inexistente. Horas después, Rhodes mintió a Ross. Pepper lloró al teléfono, luego, cuando se enteró de la verdad. Tony lo maldijo al día siguiente, por salvarlo.
Estoy bien, fueron sus primeras palabras. Monótonas y roncas, luego de días de silencio. Como si su sistema se hubiese apagado por completo durante todos esos días. Como si lo ocurrido hubiese sido demasiado para procesarlo y la única manera de superarlo era apagarse, como un motor sobrecalentado. Pero no habló. No a Rhodes, Visión o Pepper. Solo balbuceó, ebrio, a sus botellas y robots, apenas se puso de pie y regresó al complejo. Desapareció del medio, rechazó tantas llamadas como Friday logró bloquear y se cerró a todos, incluso a Rhodes mismo. Las botellas aparecían por todos lados. La comida se quedaba fría y olvidada en cada rincón también.
Rhodes conocía esta parte de la historia de Tony. El hombre escondía más de lo que todas las revistas de chismes y primeras planas contaban. Rhodes lo conoció cuando aún era un adolescente asustado, siendo embriagado a la fuerza en las fiestas universitarias para diversión de los populares. Tony era el bufón, y en su ansia de encajar, de encontrar el amor y el respeto que no conoció en casa, metía a su cuerpo cualquier sustancia que le ofrecieran. Luego sólo lo hacía para olvidarse de sus problemas con Howard y las expectativas sobre sus hombros. Con el tiempo, sólo siguió haciéndolo porque albergaba un inexplicable odio a sí mismo, que le hacía perder el sentido de la autoconservación. Tony amaba autodestruirse. No importaba cuantas veces entrara y saliera de los costosos centros de rehabilitación de Howard pagaba ─no porque estuviese preocupado por la salud e integridad de su hijo, sino agobiado porque los escándalos afectaran los números de Stark Industries en la bolsa ─; ni siquiera cuantas veces lo intentó de forma genuina. Las adicciones, la falta de autocuidado y los abismos negros eran demasiado atractivos para Tony, y siempre encontraba la forma de volver a ellos. Eran su mecanismo de defensa y autodestrucción. Así era como el gran Tony Stark curaba sus heridas, y volvía a renacer: pagando el costo con su cuerpo. Como una especie de sacrificio a un dios inexistente que saciaba su hambre con el daño que Tony se infringía a sí mismo.
Así que cuando se convirtió en Iron Man, Rhodes se encontró teniendo sentimientos encontrados al respecto. Odiaba que su amigo se arriesgara de esa manera ─y pensó que solo era una nueva máscara de su propia autodestrucción ─ pero cuando descubrió sus verdaderas motivaciones y propósitos, le vio dar a su vida un giro radical, creyó en su nueva identidad y agradeció a Iron Man por alejarlo de sus demonios. Tony dejó el alcohol, el sexo desenfrenado y el lujo vacío. Se ejercitaba, entrenaba y veía lo que sus armas le hacían a la humanidad. Cambió el rumbo del gran emporio y se dedicó a la energía sustentable, a la tecnología…
A crear un mundo nuevo y mejor.
Creyó que ese capítulo estaba cerrado. Pero luego de Siberia, y con la dolorosa sensación en su pecho de la incertidumbre de lo que ocurrió en ese bunker, Rhodes vio a Tony caer en el fondo otra vez. Pero está vez era quizá distinto. No había paparazzis cerca para fotografiarlo ebrio con una prostituta cara en una fiesta pretenciosa. Los noticieros no hablaban de su irresponsable imagen y la junta de Stark Industries no llamaba colérica, intentando mantener la imagen del socio mayoritario dentro de los límites de lo políticamente correcto. Tony no reía o cantaba, ni chocaba sus coches más costosos, ni rompía botellas con el reactor de su traje. No. El silencio frío y crudo llenaba los huecos del complejo abandonado. Los medios preguntaban por su desaparición y Pepper llamaba cada día para tener noticias suyas.
Nadie más le vio. Rhodes agradece que fuera así. Tony lo odiaría si le hubiese permitido a alguien más que él verlo con la barba descuidada y la ropa andrajosa. No le perdonaría que alguien lo descubriera echo un ovillo en el suelo de su habitación, temblando de un terror desconocido que nunca supo descifrar. Quizá lo que Rhodes más odio de esto fue saber que, si bien Tony siempre encontraba la forma de joder las cosas, en esta ocasión, no era del todo su entera culpa. Entonces, cuando le vio llorar entre sueños mientras protegía su cabeza con los brazos tensos, gritando por piedad a un hombre que alguna vez creyó su amigo, el corazón de Rhodes se partió en dos.
Pero Tony no habló.
Sólo bebió hasta vomitar whisky, billis y sangre. Se perdió a sí mismo, olvidándose de quien era por un tiempo. Dejó de dormir por las noches, y destruyó la cantidad justa de propiedad hasta que se desplomó del cansancio y la falta de alimento. Y Rhodes se quedó allí. Preparó tantos sándwiches que quedaron olvidados y mohosos hasta que perdió la cuenta. Tranquilizó a Tony en todas y cada una de sus pesadillas donde gritaba de terror. Fingió ignorar cada lágrima que el genio derramó en silencio.
Entonces un día, recibió un mensaje de Friday.
Era de Peter.
Rhodes no sabía quién era, pero entendió que se trataba de alguien importante cuando vio los ojos de Tony encenderse en color al escucharlo. Algún tipo de fuerza extraña lo levantó del piso y arrastró a la ducha. Una motivación desconocida tomó las manos del genio para afeitar con cuidado su rostro y vestirse de la forma más presentable que logró en semanas. Sus ojos volvieron a llenarse de luz y su espalda se irguió, con los hombros orgullosos echados hacía atrás. Regresaron los pasos gráciles y firmes. Y allí estaba de nuevo: el mismísimo Tony Stark renaciendo, limpio y sobrio. Ningún grupo de hombres con superpoderes podrían derribarlo, y Rhodes respiró tranquilo, cuando le vio tomar el auto de vuelta a la ciudad, porque tenía una cita con un chico llamado Peter Parker.
O al menos, eso creyó.
Porque las pesadillas no se fueron, pero él ya no estuvo allí para pararlas. Tony se enfrascó en jornadas de trabajo agotadoras e inhumanas, que ocultaba disfrazándolas de una productividad ambiciosa; privándose de sueño, alimento y contacto social tanto como pudo. Tanto hasta que olvidó quienes eran los Vengadores y por qué se marcharon. Hasta que volvió a sentir que tenía el control sobre sí mismo. Hasta que Friday llamó aquella noche, avisando que el chico Parker estaba herido.
Y el juego volvió a comenzar.
Los Vengadores pasaron a ser historia y Tony volvió a ser el gran y maldito Tony Stark, buscando debajo de hasta la última piedra al chicho Parker. Su dolor se apagó cuando supo que Peter era huérfano desde hace seis meses atrás. Canalizó toda esa tensión y rabia, al dolor y vacío que dejó el chico. Rhodes sabía que debía ser muy importante para él, si estaba dispuesto a volver del fondo del Tártaro sólo para buscarlo. Así que sostuvo la esperanza de que aquel chico tímido fuera el ancla a la que Tony se aferrara. Al menos por un tiempo. Al menos mientras reencontraba más razones para seguir.
Peter Parker era la razón de Tony. Y si era así, Rhodes haría todo lo posible porque Tony firmara aquel papel.
—¿Pluma?
—Tengo una.
El entrecejo arrugado de Tony no se relajó cuando dejó la última hoja sobre el escritorio. Rhodes podría estar seguro que ya leyó al menos unas tres veces todos los documentos. La señorita Hughes le aseguró que todo estaba en orden, y aunque la solicitud de adopción era anticipada, ayudaría que el chico aceptó a Tony como su tutor temporal mientras el proceso se realizaba. Un voto de confianza que sumaba puntos ante el consejo. También mencionó media docena de ellos que no jugaban a favor de Tony, pero decidió omitirlos. Todo estaría bien mientras Peter se mantuviera a salvo y en las mejores condiciones posibles durante su tutela. Y si Tony no cometía una locura más y superaba los exámenes psicológicos a los que lo someterían.
Rhodes tragó saliva.
—¿Pasa algo cariño? —Tony ha decidido volver a revisar por cuarta ocasión la hoja de solicitud. Así que no presta atención a su semblante preocupado.
—Estás postergando demasiado…
La vista de Tony vuelve hacía él.
— …otra vez.
Tony tuerce la boca en un intento de sonrisa petulante, que no llega a cumplir su propósito. La preocupación sigue clavada en las arrugas de su frente.
—¿Crees que Peter… —comienza la pregunta, pero se detiene como si no estuviera seguro de hacerla —…que él está bien?
Rhodes toma una bocanada de aire antes de responder.
—¿Por qué no habría de estarlo Tony?
Encoge los hombros, y se incorpora de su silla, para dar una caminata lenta por su nuevo taller. Es más pequeño y compacto que el anterior, en el complejo. Es obvio que tuvo que renunciar a mucho de su equipo con la mudanza al pequeño edificio en Malba. El arsenal peligroso y la tecnología más avanzada se quedó allá. Más como una precaución que por falta de espacio. Tony pudo usar el resto del edificio, pero solo tomó una planta para su espacio de trabajo. Es obvio que la seguridad del complejo es superior y la tecnología Stark aquí podría ser robada con facilidad. Algo podría estallar de forma accidental. O ser usada por el chico genio que vivía un piso arriba. Precaución, al final de cuentas.
—No creo que él… —confiesa Tony, después de unos cuantos metros de distancia. —Que esté bien. Aquí, quiero decir. Conmigo.
Tony puede ser muy duro consigo mismo. Una contrariedad de su personalidad narcisista es la sobrada autoconfianza que contrasta con sus inseguridades más básicas. Sobre todo, si esas inseguridades vienen de su reducida competencia emocional. Él es inseguro, sobre todo cuando necesita excusarse. O escapar del compromiso. Puede encontrar la forma correcta para sabotearse y evadir sus propios conflictos. Pero Rhodey no piensa dejar que se salga con la suya esta vez.
—Llevas diez días junto a él, es muy pronto para decir algo.
Tony detiene su caminata.
—Quiero decir, ¿no te parece que luce algo…
—¿Decaído?
Tony duda. Rhodes no termina de comprender la preocupación que parece flotar por la cabeza de su amigo.
—Tony: perdió a su tía. Y ella era toda su familia, tienes que recordarlo. No sería fácil para nadie.
Tony niega, como si no fuera eso.
—No creo que… —se cubre el rostro con las manos, demasiado cansado para hilar su idea. Quizá lo está. —No luce bien, Rhodey.
—Tú tampoco —retacha Rhodey, ganándose una mirada insolente de su amigo.
—No es sobre mí.
—Eso es una novedad.
Tony se desinfla, sin encontrar la gracia en el comentario de Rhodey.
—Además, la calle no es el mejor sitio para vivir. Pasó meses allí Tony, no va a recuperarse en un par de semanas.
—¿Crees que deba llamar a Cho y…
Rhodes niega, intentando tranquilizarlo. Puede ver las olas de ansiedad tras sus palabras, golpeando los rincones de su mente hasta ahogarlo. Es como una burbuja que podría ir creciendo en la mente de Tony hasta explotar.
—Dale tiempo para recobrarse. Necesitas ganarte su confianza. Si algo malo pasa con Peter, lo sabremos.
Tony está enarcando sus cejas, incrédulo.
—¿Dónde dejaste a mi mejor amigo?
Rhodes ríe con su comentario.
—Comienzas a ser un padre helicóptero Tony —Rhodes de verdad quiere pensar que solo es un poco de preocupación fuera de lugar. Pero cree saber a lo que se refiere. No conoce a Peter antes de Alemania; ni siquiera después de eso. No hace falta de cualquier forma, notar que el chico no luce bien. Demasiado callado. Demasiado pálido. Vigilando sobre su hombro, encorvándose sobre sí mismo y sobresaltándose a la primera llamada. Le recuerda mucho a otro chico inseguro que conoció en el pasado. Tony tiene un largo camino que recorrer aún con el niño, pero sabe que la paranoia comienza a apoderarse de su mente, y con Ross tras Peter, no bajará la guardia ni un segundo. Y eso es tan desgastante para su ya agotado sistema. Rhodes vuelve a pensar en los electrocardiogramas de Tony y la expresión severa de su cardiólogo. Y las ojeras profundas bajo sus ojos no son la mejor señal de autocuidado.
Tony suspira, rendido, y arrastra sus pies de vuelta al escritorio, donde la solicitud de adopción espera su firma. Algo dentro del pecho de Rhodes se libera cuando lo ve poner la pluma sobre el papel y plasmar su nombre allí. Está hecho. Va a ser un montón de trabajo, pero Tony necesita a Peter más de lo que el chico podría imaginar. Todos necesitan un motivo, una razón para seguir. Rhodes tiene esperanza que Peter lo sea.
—Está hecho. —El dedo índice de Tony señala los papeles antes de guardarlos en una carpeta y entregárselos a Rhodes.
—¿Lo ves? No era tan difícil.
—Si tú lo dices —murmura sin ánimo, echando su cuerpo hacía atrás en su silla. Tony siempre logró verse bien, incluso cuando las primeras arrugas comenzaron a surcar su rostro. Exitoso, millonario y un playboy, convertirse en superhéroe solo fue llenar una casilla más de su expediente. Podía comprender el por qué les parecía irresistible. Rhodes lo detestaba un poco por eso. Pero justo ahora, parece haber envejecido diez años en unos cuantos segundos. Como si toda la energía de su cuerpo hubiese sido succionada de golpe.
—¿Ocurre algo?
Tony encoge los hombros, como si no fuera la gran cosa.
—Lo de siempre: Ross siendo un dolor en el trasero.
Claro que lo es, piensa Rhodes.
—Lo seguirá siendo mientras no consiga a Spiderman —añade él.
Tony asiente. Se detiene a pensar en ello por un segundo, y entonces dimensiona el problema al que se enfrentan. Es aún más presión. Tony no necesita más ahora.
—O alguno más de la lista.
—¿Cuál lista?
Tony juguetea un momento con un pequeño destornillador sobre su escritorio, como si dudara de hablar sobre ello. Jura que puede escuchar sus pensamientos gritar desesperados.
—Le gusta coleccionar a los mejores o más especiales. Tiene una lista de interés que quiere que encuentre por él —explica Tony, luego de un largo silencio. —Un neurocirujano por allí, un abogado ciego por allá…
—Dios...
—Está disfrutando de sus nuevos alcances.
Claro que lo hace. Rhodes creyó durante muchos meses en Ross y su reputación. Incluso lo defendió frente a Sam cuando cuestionó su historial e intenciones. Rhodes de verdad quiso creer en el sistema, una vez más. Pero luego de leer las modificaciones que Ross realizó a los Acuerdos, la imagen del Secretario cayó al fondo. Estaba comenzando a volverse loco por el poder. Quizá siempre lo estuvo. Pero ahora era uno de los pocos humanos sobre la tierra que podían usar a personas mejoradas ─el término superhéroe siempre fue demasiado extravagante a su gusto─, de forma legítima y bajo su criterio. Tony y él eran su propiedad desde que decidieron firmar. Estaban atados a Ross de pies y manos. Está claro que querría más. Todos los mejores, los que pudiese obtener y usar para sus propios fines, como un coleccionista de armas.
—No puedo negarme —se lamenta Tony. —Mi trasero le pertenece.
Rhodes suspira.
—Buscaremos opciones.
—Podría mantener la farsa de buscar a Spiderman durante un tiempo, pero comenzará a sospechar y entonces…
Rhodes asiente. Será obvio si comienzan a negarse. O darle pistas falsas para evitar que atrape a otras personas mejoradas. Los problemas van a alcanzarlos. Todo lo que tienen ahora es a ese tipo mutante, Charles Xavier. Pero ni siquiera es seguro que el hombre quiera cooperar abiertamente con ellos, siendo Tony quien lidereó los Acuerdos. Así que decide no mencionarlo. No quiere darle promesas rotas.
—Creo que él tenía razón…
Es un susurro, pero las palabras quedan en el aire y Rhodes espera paciente por el resto.
—¿Tony?
—¿Hum?
El silencio se instala por un momento, y Rhodes puede sentir como si se hubiese perdido algo. Algo importante. Tony se estremece antes de perder su vista en el paisaje gris a través del ventanal. Luce demasiado agotado. Fuera de sí. Perdido. Lo que sea que lo rompió en Siberia, sigue allí. Puede sentirlo.
—¿Quieres comer algo? —intenta Rhodes. —Podríamos pedirle a Peter si nos acompaña.
Silencio.
—Está con un amigo. —Murmura.
Rhodes sonríe.
—Suena hogareño.
Más silencio.
—Pensé que querrías llevar todo esto con el abogado —dice mientras empuja la carpeta con los papeles hacía él.
—Es domingo. —le recuerda Rhodes.
El entrecejo de Tony se arruga por un segundo, como si de pronto el dato lo desorientara. Puede leer en sus ojos el segundo exacto en que su mente intenta ordenar su calendario interno, pero cubre enseguida su sorpresa por un gesto despreocupado. Cómo si fuera lo más obvio del mundo.
—Claro —musita al fin, antes de volver la vista al paisaje. Y Rhodes tiene que morderse la lengua para no preguntar qué ocurre. Él ha estado mordiendo su lengua por meses. Conoce a Tony y no quiere presionarlo. Pero el hombre parece haber quedado atascado en algún punto de la pendiente en el camino arriba después del desastre con los Vengadores.
Y se pregunta si las pesadillas realmente se fueron.
Pero no puede odiar a Steve Rogers. No aún. No sin darle la oportunidad de explicarle que carajos ocurrió en Siberia. Ambos fueron testarudos. Ambos se equivocaron. Rhodes no puede eximir de la culpa a Tony, porque él mismo abanderó los Acuerdos para luego traicionar a su propia postura trayendo consigo a un chico fuera del registro a pelear por sus propias causas. Al final del día Tony solo es un hombre.
Todos lo son.
— ¿Sr. Stark?
La puerta tras de ellos se queja cuando es abierta sin ceremonias. Hay un chico corpulento de pie en el umbral. Su rostro está bañado de una ligera capa de sudor y sus ojos rasgados están llenos de pánico. Su pecho sube y baja demasiado rápido. Parece asustando, sorprendido y agobiado, todo al mismo tiempo. Tony tarda un par de segundos en reaccionar al verlo. Escucha la silla crujir cuando se incorpora de golpe y camina hasta el chico.
— ¿Ned?
El chico asiente.
—Eh…yo…algo pasa con… —señala tras de sí, nervioso. Le cuesta definir si es por la presencia de Tony o lo que sea que lo obligó a salir corriendo. —Sólo veíamos una película y él…
—¿Qué ocurre niño? —Tony está congelado en seco frente a él.
—Se cubrió los oídos, como si el ruido le lastimara y no responde… todo se apagó…Friday no funciona, ni el elevador y…
El rostro de Tony se queda en blanco. Rhodes camina hacia ellos, intentando averiguar lo que sucede. La mirada de Tony está perdida en algún punto tras de Ned.
—Creo que Peter no se siente bien —susurra Ned, y su voz tiembla.
—¿Tony?
Él niega con la cabeza. Rhodes siente que está perdiéndose algo. Algo grande.
—…sensorial —alcanza a vocalizar, con un hilo de voz, antes de volverse con Rhodey. —Configuré a Friday para apagar todo si Peter sufría una sobrecarga sensorial.
Rhodes lo observa como si le hablara en otro idioma. Quizá lo hace.
—Debo llevarlo a su habitación.
—¿Necesitas que llame una ambulancia o…
Tony niega, mientras camina con prisa hacia el cubo de escaleras.
—Solo el aislamiento le ayudará —responde.
—Tony…
El genio lo detiene en la mitad de la escalera. La determinación ha vuelto a su mirada. Su cuerpo parece energizarse con la adrenalina.
—Sé que parece que no tengo idea de lo que hago, pero la tengo solo… —gira a su alrededor, como si escaneara la zona. Como si buscara algo más. —Necesito hacerlo solo.
—¡Tones!
El escalofrío lo recorre cuando lo ve desaparecer un piso arriba. El silencio lo atrapa, clavado en el descanso de las escaleras. Evalúa si debe acompañarle o no. No sabe mucho de Peter y sus habilidades. El término "sobrecarga sensorial" suena a una máquina descalibrada. Nunca escuchó a Tony hablar sobre ello antes, pero tampoco cree que pueda ayudar demasiado. Suena delicado. Así que encuentra la respuesta a su pregunta al volver su vista hacia abajo y coincidir con la mirada angustiada de Ned. Sonríe, como si todo estuviera bajo control, lo cual está muy lejos de ser cierto.
—Entonces, tú eres Ned, ¿cierto?
¡Hola!
Este PoV de Rhodey llegó en éste momento a contextualizar un poco la historia desde el lado de Tony. Es una época complicada para ambos. Necesitaba aclarar donde se encuentra parado Tony, para que puedan comprender como esto afecta su relación con Peter.
Espero lo hayan disfrutado.
Kade16: Lo sé, Peter está chiquito :3. Lamentablemente aun comete errores muy básicos. Necesitaremos mucho trabajo de parte de ambos para desarrollar su relación. Gracias por seguir la historia :)
¡Hasta la próxima!
Bethap
