Disclaimer: Lo que diré a continuación, ya deben saberlo: Ningún personaje de Marvel me pertenece. Esta historia es un medio de entretenimiento sin fines de lucro para su creadora. Bla-bla-blá.

Advertencia: Fanfiction Angst. Puede incluir contenido sensible. Referencia a abuso sexual de menores implícita, representaciones gráficas de violencia y referencias implícitas a trastornos metales.

Cronología: Basada en el universo cinematográfico de los Vengadores. Posterior a Civil War y Homecoming.


XXIII: Si puedes soportar las mentiras.


—¿Sr. Stark?

Se congela como un ciervo ante el golpe de luz sobre sus ojos. El sudor frío provocado por el dolor aún está filtrándose por debajo de su playera deportiva. Deben pasar de las dos de la madrugada, quizá. La última vez que le echó un vistazo al reloj fue cuando salió del complejo, hace más de hora y media. Sus músculos doloridos aún palpitan y el golpe en su mejilla está demasiado hinchado para que le chico lo vea. No tendría que estar aquí, para comenzar. Debió recordarse mantener una reserva de hielo ahí abajo, porque estas misiones violentas y desgastantes cada vez son más comunes, y su hombro está demasiado viejo para resistir una lesión más.

Pero Ross ama enviarlo a ellas.

Es porque lo odia ─claro que lo hace─ y lo envía a operativos infructíferos para encontrar a los Vengadores prófugos. Aunque él sepa de antemano donde están y tenga que fingir que está dispuesto a encontrarles en ubicaciones absurdas. Y claro, tiene que cubrir la falta de elementos. La lucha cuerpo a cuerpo era trabajo de Thor, Hulk y Cap. Luego estaba el ataque estratégico y espionaje, especialidad de Nat y Clint. Ninguno de ellos disponible, por razones distintas. Él es el guardián en los aires y el que explota cosas. No es un dios, ni un gigante verde indestructible ni mucho menos un soldado mejorado. Solo es un hombre acercándose demasiado rápido a su quinta década, con huesos frágiles y articulaciones blandas. No es un espía entrenado, solo tiene tecnología de punta que debe dividirse para cubrir todas las tareas de investigación que solo, no podría realizar. Su cuerpo duele y grita después de cada batalla.

Hoy es un día de esos.

Pero también es viernes por la noche ─¿o sábado por la madrugada? ─ y no ha vuelto a Malba desde el lunes, y se supone que Peter debería estar en su cama. O jugando videojuegos. O en una fiesta. Cualquier cosa que este chico haga en sus tiempos libres. No frente a una taza humeante, flotando dentro de su pijama y con los ojos hundidos en manchas oscuras. El chico parpadea un par de veces, con la mirada cansada, como si creyera que es una visión. Claro que debe ser. Desapareció toda la semana, y antes de eso también. Agradece que tuvo a Friday con Peter, pero no es hasta ahora que supone qué, en realidad, solo él es capaz de sobrevivir sin contacto humano y no puede forzar a los demás a vivir a su manera.

—Niño —lo dice más como un descubrimiento que como un saludo. Pero su hombro está matándolo y necesita los analgésicos más fuertes que pueda encontrar. Decide que la mirada de Peter observándole con preocupación lo incomoda demasiado y gira mientras busca un vaso de agua y analgésicos. —¿Problemas para dormir?

—Yo… —Peter no responde. Él no lo hace. Guarda silencio hasta que Tony olvida lo que preguntó y vuelve hacía él. Su mirada está perdida en el contenido de su taza. Observa que la cuerda y etiqueta de la bolsita de té sobresale mientras se pregunta por qué un adolescente con un metabolismo mejorado y superpoderes necesitaría una taza de té de menta a las dos de la madrugada.

—¿Todo en orden? —su voz sale con más pánico del que le gustaría. Honestamente no quería preguntar. Él está horrorizado en este punto. Si el chico está enfermo, sabe que no podría cuidarlo. No sabe cómo hacerlo. Ni siquiera sabe cómo cuidar de sí mismo. ¿No se suponía que los adolescentes no necesitaban ayuda médica porque eran como, invencibles?

Peter suelta un suspiro, y asiente. Tony suspira aliviado, pero no puede dejar de ver sus finos y pálidos dedos aferrarse a la taza como si fuera su salvación. Algo le dice, algo le grita que está ocurriendo alguna cosa que no debería, pero Tony no puede verla. Tampoco quiere hacerlo, siendo honesto. O quizá está exagerando y siendo un padre helicóptero como dice Rhodey, ¿verdad? Solo es una mala noche. Para todos, honestamente.

Peter se vuelve con él, y está observándole desde el otro lado de la isla de la cocina.

—¿Sr. Stark?

—Creí que habíamos dejado lo de señor atrás, chico.

Él asiente demasiado despacio, pero su entrecejo sigue arrugado.

—Yo creo…usted está…está sangrado. —Tony tiene que procesar sus palabras hasta que suenan coherentes. Peter señala su propio cuello y Tony lleva su mano al suyo. Su mano vuelve en rojo.

—Mierda. —Murmura por debajo, mientras toma la franela de la cocina para limpiarse. Debe haber una herida demasiado escandalosa en su cuero cabelludo. Sabe que no es nada serio, pero luce demasiado dramático como todas las heridas en el cráneo lo son.

—¿Está bien Sr…yo, quiero decir…To-tony? —Tony asiente mientras enjuaga la franela y la vuelve a colocar en su cabeza.

—Gajes del oficio —alega intentando sonar despreocupado. —Entonces, ¿qué tal Midtown High?

Recuerda que no ha visto al chico desde su sobrecarga sensorial. Eso fue como, ¿dos semanas atrás? Después de eso solo lo ha seguido con ayuda de Friday y de sus geo localizadores colocados en su móvil y mochila. Quizá también intervino las cámaras de Midtown High y algunas más de vigilancia urbana. Nada es demasiado si considera que el chico es bueno para desaparecer del mapa. No se siente como un largo tiempo, de una manera extraña. Gira de vuelta, mientras traga sus píldoras con un poco de agua. Peter no ha respondido, está congelado y apenas reacciona cuando lo ve.

—Bien. —Murmura, cabizbajo. —Lo de siempre.

El cosquilleo de la duda sube por su cabeza. No suena a Peter. El Peter de antes estuviera soltando en un vómito verbal lo horrible que fue la primera semana, pero lo mucho que ama volver al equipo del decatlón. O sobre Ned saboteando toda la red local escolar por diversión. No suena a su Peter.

Quizá solo está cansado, sí. Debe ser eso.

—¿Todo está bien con el pago de la matrícula y…

—¡Sí! Quiero decir, no… no hay problema —Peter parece demasiado dispuesto a mencionar cuan innecesario es que Tony pague otra cosa más por él. Tony no termina de entender del todo la insistencia de Peter en pretender que no necesita nada más. Aun cuando incluso su pijama es demasiado vieja y desteñida como el resto de su ropa, y lo mucho que Tony realmente quiera darle todo al chico. No debería negarse a recibir lo que necesita.

—Bien. —Atina a decir, mareado por el dolor, mientras regresa a buscar los hielos en la nevera. Su hombro cruje de forma sonora cuando se inclina en el cajón de la nevera. El dolor lo golpea como una descarga eléctrica y tiene que reprimir un gemido de dolor.

—Señor… —Peter está dos segundos después a su lado, en cuclillas, observándole con preocupación.

—No señor.

—Yo em… ¿está bien?

Tony asiente mientras se reincorpora y su vista se nubla. Quizá Friday tenía razón con eso de la contusión. Peter toma los hielos, entregándolos de forma ceremonial. El frío en su hombro parece una delicia cuando comienza a calmar el dolor. Suspira cuando pierde toda la sensación en el área. Peter continua de pie a su lado, esperando cualquier tipo de orden de su parte.

—Puedes ir a dormir niño, estoy perfectamente. —Le asegura.

El niño retuerce sus manos, nervioso, y asiente.

—¿Pasa algo? —Peter no se mueve un solo centímetro de su lugar. Articula algo, antes de cerrar su boca de inmediato y morder su labio, como si estuviese reteniéndose. —¿Parker?

—Podría…cree que… ¿podría tener de vuelta el tra-traje? —Termina con prisa. Tony juraría que el chico ha palidecido más. No duda que él mismo también lo esté. Su corazón se oprime dentro de su pecho, y se recuerda continuar respirando. Sabía que esto ocurriría. Incluso cree que, siendo honesto, tardó demasiado. Él tuvo demasiado tiempo para prepararse para esa conversación. Pero no creyó que llegaría justo cuando está mareado y débil por el dolor. No con Peter luciendo tan frágil. No espera que comprenda, y no quiere arrebatarle ahora mismo la inocencia al chico que aun siente que ser un héroe es lo mejor que le haya pasado. Porque sí que lo es, pero Tony se encargó de que se volviera un tema de Estado, y que el maldito Pentágono necesitara su identidad antes de continuar siendo solo Spiderman.

Estúpido Steve Rogers.

El miedo está comiendo su racionalidad a bocanadas y jura que puede sentir temblar sus piernas. No es justo, maldita sea, no para el dulce y pequeño Peter Parker.

—Chico… —hace una pausa demasiado grande y Peter no deja, ni un segundo, de observarlo con ese par de ojos marrones enormes y expectantes. —Creo que necesitamos darle un descanso al amigable vecino por un momento.

Mierda. Mierda. Mierda. Mierda.

Los ojos de Peter están apagándose conforme continúa hablando y no puede hacer esto. No, no puede hacérselo a él.

—¿Hasta cuándo? —murmura Peter.

Esto es todo lo tengo.

Tony cree que ha escuchado esto antes. Claro que sí. Después del incidente del Ferry, y aun sin el traje Peter no se detuvo y colapso un avión lleno de tecnología valiosa antes de ser robada por el Buitre. Sabe que negarle el traje no impedirá nada. Realmente teme que no lo impida. Pero no justifica ni un segundo, que tenga que confesarle que Ross está tras él y cargarle ese peso. Es demasiado para el niño.

—Hagamos algo —Dios, se va a arrepentir de esto, lo sabe. —Podemos esperar unas semanas más, mientras todo el asunto con Servicios Sociales se resuelve y te recuperas un poco. Sé que esto es complicado para ti, y no me gustaría darte más de lo que puedes resolver por ahora. —Eso último es una confesión, más que una excusa. Pero suena menos aterrador hablar de Servicios Sociales que del Departamento de defensa.

Mentiroso.

Peter no parece entusiasmado con la idea.

—Puedo manejarlo —objeta de inmediato Peter. —Quiero decir…patrullar y todo esto. Estoy bien, de verdad —y suena como si Tony no fuera el único que está mintiendo.

Tony siente que el corazón de Peter se rompe cuando se obliga a negarlo.

—Por favor…

—Lo siento niño.

Tiene que volver a dejar su vaso de agua en la tarja como excusa para apartar su vista de los grandes ojos marrones suplicantes. Puede sentirlo observarlo en silencio unos segundos más. Suplicar en silencio un momento más. Cómo si eso fuese a cambiar las cosas, como si así pudiera borrar de la faz de la tierra la mirada de Ross tras Peter. Tony desearía que así fuera, pero no es tan fácil. Cuando vuelve hacia él, sus ojos marrones están apagados, observando algún punto vacío al fondo de su taza.

—Sólo unas semanas —promete. Mentiroso. —¿De acuerdo?

Los hombros de Peter se desploman un poco y asiente sin mucho ánimo. Él está provocándole esto al niño. La idea le quema el pecho.

—Ahora vuelve a la cama o Friday apagará el wifi hasta nuevo aviso.

El chico arrastra sus pasos fuera de la cocina, como si no quedara un ápice de energía en él.

Quizá en verdad no la tiene.

—Buenas noches Sr. Stark —murmura antes de desaparecer al girar al pasillo.

—Buenas noches niño. —Puede sentir que algo ocurre, algo muy malo está pasándole a Peter frente a sus ojos, pero no puede, no logra identificar que es. Es como tener todas las piezas del rompecabezas, pero no poderlas hacer embonar. Sigue repitiéndose las palabras de Rhodey en su mente como un mantra: necesita tiempo. Pero algo dentro de aquello no se siente correcto. Huye de vuelta a su taller con la sensación en el pecho de estar perdiendo algo enorme.


—Friday, abre el expediente "Cuna de araña".

Abriendo expediente Cuna de araña, con última actualización, dos semanas atrás. Jefe, su próxima toma de medicación está programada dentro de 4 horas con 28 minutos. Su cardiólogo recomienda dormir al menos 6 horas para mejorar su eficacia.

—Lo tengo querida, gracias. —Musita, reacomodándose en su silla. Él realmente no va a dormir hoy. Lo sabe. La mirada gris y rota de Peter sigue tatuada en sus parpados. En su mano sigue clavada, como un montón de alfileres, la sensación de su hombro anguloso y demasiado delgado. Y no puede parar de preguntarse una y otra vez que mierda está mal. La angustiante duda se retuerce en su pecho dolorido, insistente. Su cuerpo sigue dolorido y cansado, pero eso no es suficiente para conseguir un sueño profundo. Los problemas se siguen acumulando en sus hombros sin que pueda siquiera pararlos. Evitar pensar en ellos no los va a hacer desaparecer, y apenas regresan a su mente, sus pulmones se comprimen sangrando en angustia.

¿Cómo se supone que hará esto?

Sus dedos recorren la pantalla de su móvil, pero son las dos de la madrugada y no puede solo marcar el número de Rhodey o Pepper cada vez que siente que todo se cierra a su alrededor. Es un maldito abusador que ni siquiera ha tenido la decencia de preguntarle a Pepper como está o de acompañar a Rhodey a sus últimas sesiones de rehabilitación, pero desea que estén allí cuando toda la mierda que es su responsabilidad lo supera. Demasiado egoísta. Necesita arreglar su mierda solo.

Y Ross sigue siendo un dolor en el trasero, los Acuerdos su penitencia personal y la prensa su verdugo. No va a parar. Quizá incluso si lograra resolverlo, rehacer los acuerdos, limpiar su imagen y enviar a Ross al carajo, sabe que esto lo seguirá por el resto de sus vidas. Cada vida que fue arruinada por sus decisiones.

Su abogado desea concertar una cita con usted, jefe. —La voz de Friday lo saca de sus pensamientos mientras regresa la vista a la pantalla donde están todos los archivos de Peter. Las grabaciones son repetitivas y monótonas. El chico va a la escuela cada mañana como un reloj, y regresa al atardecer. Nada inusual. Parece una rutina aprendida con el paso de los años. Peter vuelve y pasa el resto de la tarde en su habitación. ¿Está perdiendo algo?

—Y yo como un mes libre en Ibiza, pero no siempre tenemos lo que queremos—se lamenta, cuando procesa la solicitud de su IA sacando su mente del fondo de las grabaciones.

Es sobre la tutela legar del Sr. Parker y su solicitud de adopción. —Se detiene luego de escuchar a Friday. El nerviosismo se acumula en la base de su estómago vacío.

—Bien, encuentra un espacio la próxima semana.

La señorita Hughes solicita una cita también.

—Encuentra un espacio también para ella la próxima de la próxima semana —murmura, distraído, mientras pasa de las grabaciones a revisar páginas y páginas de directrices de adopción.

Me temo que solo tiene un espacio disponible—advierte Friday. —¿Su abogado o la señorita Hughes?

Tony levanta la cabeza hacia el plafón, como si pudiera dirigirle una mirada de reprimenda a su IA.

—¿Ninguno? —Friday no parece tomar su comentario con humor. —Bien, la semana que sigue, o cuando sea que tenga tiempo.

Está llena, jefe.

Presiona sus ojos con los talones de sus manos.

—¿Qué necesita Hughes ahora?

Hay una pausa, como si la IA deseara que Tony buscara dentro de su propia memoria el dato. Su cabeza está tan embotada por el cansancio que no encuentra pista alguna de la solicitud.

Seguimiento del tutorado, jefe.

—Mierda —murmura. Claro que es importante. Todo lo es últimamente, en realidad. Pero esto de ser calificado es demasiado para él. Que lo califiquen como empresario, inventor, carajo, incluso como héroe. Él hará toda esa mierda bien y mucho más. Pero como tutor. Padre. No sabe. No lo está haciendo bien, ¿cómo carajo puede estar bien el chico ahora? Ni siquiera sabe que ocurre. —Bien, ¿a la señorita Hughes le gustará la comida libanesa?

Sus comidas y cenas de la semana son de trabajo también, están llenas —recuerda Friday, casi como si lo lamentara. —Las que no se han pospuesto por misiones para el Secretario Ross.

—¿Desayuno?

Jefe… —dice Friday con tono de advertencia. —No ha desayunado en 6 semanas.

Tony parpadea, confuso. Si bueno, de alguna parte debía venir esas 3 pulgadas de sobra en sus pantalones. No es que sobraran, pero tampoco está tan mal, siendo honesto.

—Error —musita. —Rhodey me obligó a hacerlo hace como tres semanas.

Lo registré como una cena tardía jefe. Lo cambiaré para usted y estadísticas futuras.

Tony asiente.

—Desayuno con Hughes será, querida. —Decide por fin. —¿Algo más que deba saber con urgencia? ¿Una bomba atómica dirigiéndose a Nueva York de nuevo?

La señorita Potts actualizó su reunión de la semana, tendrá un nuevo invitado.

Tony tararea sin ánimo. La última vez que vio a Pepper fue quizá, mucho antes de encontrar a Peter. Todo lo demás han sido una tonelada de correos corporativos y nada más. Esto era lo más cercano a una cita que tendrían en meses. Hay una duda picando en su interior.

Ella va a encontrar a alguien mejor.

Detiene su respiración un segundo antes de continuar.

—¿Quién es el invitado, Fri?

El Sr. Charles Xavier, jefe.


Hey.

Estoy muy cansada, aparentemente de todo.

Antes, esto, acá, ayudaba…

No sé si haya alguien ahí, de cualquier forma.

Bethap