Disclaimer: Lo que diré a continuación, ya deben saberlo: Ningún personaje de Marvel me pertenece. Esta historia es un medio de entretenimiento sin fines de lucro para su creadora. Bla-bla-blá.
Advertencia: Fanfiction Angst. Puede incluir contenido sensible. Referencia a abuso sexual de menores implícita, representaciones gráficas de violencia y referencias implícitas a trastornos metales.
Cronología: Basada en el universo cinematográfico de los Vengadores. Posterior a Civil War y Homecoming.
XXVII: Si puedes soltar la exigencia.
—Lo podríamos dejar a cargo del Sr. Stark —vocifera con satisfacción desmedida Thaddeus Ross, girando hacia él en la mesa de juntas, desplegando una sonrisa triunfante.
Maldito imbécil.
Sabe que no puede negarse, así que sonríe de mala gana de vuelta.
—Ninguno de ustedes sería capaz de hacerlo mejor que yo, de cualquier forma —espeta Tony, deleitándose en como su comentario borra la sonrisa del secretario.
—No esté tan seguro de eso, Sr. Stark —devuelve él. —Sus habilidades están quedando obsoletas con el auge de los mutantes.
Tony encoge los hombros, como si fuera cualquier cosa. En el fondo solo quiere saltar sobre la mesa y golpear la cara del idiota de Ross hasta que nadie vuelva a reconocerlo más. Pero guarda la idea para después. Solo un poco más, necesita hacerle creer que está de su lado mientras enmienda los acuerdos y asesta el golpe sobre el asunto de los mutantes.
—Y, aun así, aquí estoy —concluye Tony. Ross parece cansarse del intercambio de palabras y gira de vuelta al resto de la mesa de juntas con una sonrisa diplomática.
—Bien caballeros, si no queda nada más que agregar, sería todo por hoy —declara Ross, antes de girar y dedicar una mirada significativa de amonestación a Tony.
—Si le sigues demostrando que te fastidia, lo seguirá haciendo —murmura Rhodes a su lado, mientras observan al resto del consejo de seguridad retirarse.
—Quiero ver que lo intente —masculla Tony, poniéndose de pie mientras abotona su saco con fiereza.
Rhodes niega con una sonrisa triste, antes de seguirlo. Dejan la sala de junta tras ellos hasta llegar al primer puesto de control. Recupera su móvil, reloj inteligente y auriculares. Caminan en silencio hasta el segundo puesto de control, donde son revisados de pies a cabeza por tres escáneres distintos. Rhodes recupera su arma y placa aquí, mientras recibe el saludo afectuoso de la guardia de seguridad en turno. Lo odia un poco por ello. Todos en el Pentágono parecen conocer al hombre y amarlo. Tony no lo culpa, Rhodey es una leyenda aquí y no destruye cada maldita ciudad que pisa como él. Entiende porque parece ser el favorito, el hijo ejemplar, mientras Tony es la causa perdida.
Alcanzan el ascensor aún en silencio. Hay oídos en todas partes, por supuesto, es el maldito Pentágono y el reino del terror de Ross. La sola idea taladra su cabeza, haciendo hervir su sangre, lo cual no es una buena idea por el momento. Su cabeza está palpitando en una incipiente jaqueca. El movimiento suave del ascensor lo marea, así que reposa todo su peso en una de las esquinas, intentando encontrar su equilibrio.
—¿Qué tan mal estaba? —pregunta Rhodey. Tony sabe a qué se refiere, no necesitan decir más.
—Desastroso, siendo amables —cierra los ojos un momento, esperando que el bloqueo de luz ayude a su jaqueca.
Rhodes suspira.
—Dime que no perdiste la cabeza.
Odia que lo conozca tan bien. Oh, claro que él lo hizo. Estaba demasiado cegado por la rabia que lo arruinó aún más. Porque la salud deteriorada del niño lo hizo perder un montón de puntos frente a Servicios Sociales, lo cual complicaría la adopción. Su abogado se lo dejó muy claro: padres ejemplares con historiales intachables perdían la oportunidad. Un alcohólico en rehabilitación y superhéroe de tiempo completo no era ni de cerca, un buen prospecto de padre. Añadir a eso que, frente a los ojos de Helena Hughes, parecía mantener a Peter como si fuese solo una mascota a la cual olvidó alimentar durante dos semanas, era mucho peor.
Él no lo olvidó.
Pero no quiso notarlo.
Nada de eso, evidentemente, era culpa de Peter. Era solo un niño que aun necesitaba cuidado y más atención de la que en su ingenuidad, pensó. Era su mierda ahogándole de nuevo. Aún recordaba al chico temblar sobre la plancha del escáner. Podía contar sus vértebras a través de su piel.
Eso era su culpa.
—Esperas demasiado de mí, ornitorrinco —se lamenta Tony, echando su cabeza hacia atrás. Se aferra con fuerza al descansa brazos cuando las puertas se abren con una campanada.
—Es nuestra parada —informa Rhodes.
Caminan en silencio el tramo que los lleva hasta la salida al estacionamiento. Pone toda su fuerza de voluntad en poner un pie frente al otro con firmeza. No quiere un video de él siendo acusado de estar borracho a las 2 de la tarde. Su Audi R8 se aparca son suavidad frente a ellos, un par de minutos después. Tony aborda el asiento del conductor y Rhodes sube de inmediato a su lado.
Siente que se libra de diez toneladas de peso sobre sus hombros cuando abandona el perímetro del Pentágono. Hasta entonces, Rhodes y él permanecen en silencio. Saben que no es seguro hablar hasta estar, al menos, unas 5 millas lejos de ese agujero. Sería como susurrar a los oídos del bastardo de Ross. O alguno de sus asquerosos lacayos.
El auto se detiene sin su orden, pero lo permite. Friday toma el control y lo orilla en la carretera, bajo un par de árboles allí. Ninguno réplica nada. La respiración pesada de Tony y el hilo de sangre que corre bajo su nariz son suficiente explicación. Golpea un par de veces su reloj y la lectura de su presión arterial aparece allí. Abre la guantera, como un acto instintivo y cotidiano, para alcanzar el frasco de su medicación. Traga en seco un par y suspira, deshaciéndose del cinturón e inclinando su asiento un poco.
—Ponlo en la pantalla, Friday —solicita Rhodes, con voz cansada. La pantalla en el tablero del auto marca con números enormes la presión y frecuencia cardiaca de Tony en vivo. Ambos números son escandalosamente altos. El coronel ofrece un pañuelo que consigue dentro de su chaqueta a Tony.
Lo acepta como si fuese una nimiedad.
—¿Cuántas veces te está pasando?
—Una o dos veces —susurra Tony, demasiado mareado para tener los ojos abiertos. —Si, un par de veces a la semana.
—Dios, Tony…
Sí, lo sabe. La mayoría del tiempo, pretende que estas cosas no le ocurren y que su corazón viejo está cada vez más cansado y enfermo. Cho insiste que puede crear uno nuevo para él, pero sabe que lo arruinará igual, porque lo que necesita es retirarse y dormir como se debe. Pero no puede darse el lujo de tomarse unas malditas vacaciones en las Montecarlo. No cuando Ross está encerrando niños mutantes en celdas espantosas y olfateando bajo cada piedra en busca de los huesos de Spiderman. De los frágiles y muy visibles huesos del niño.
Oh dios, él va a…
—Puerta —musita con agonía, antes que Friday abra su puerta y él pueda caer de rodillas fuera para vaciar su estómago. El esfuerzo por cada arcada lo debilita, hasta caer sobre la tierra, sosteniéndose apenas de la puerta del auto. Rhodey está a su lado cuando su cuerpo detiene el calvario, observando con interés el charco de su inmundicia.
—Parece que las píldoras se quedaron dentro —menciona con tranquilidad, agachado en cuclillas a su lado.
Tony asiente, suspirando.
—Lo averiguaremos si tengo un infarto en los próximos cinco minutos.
—Idiota —Rhodes le da una mueca triste. —Sal de ahí, yo conduzco.
—Friday lo hará —reclama Tony.
—Tonterías.
Rhodes no se apresura a llegar al aeropuerto. Conduce todo el trayecto, echando un vistazo a la pantalla del automóvil donde la frecuencia cardiaca de Tony continúa mostrándose de forma acusadora. Cada minuto reconsidera si continuar su camino o desviarse al hospital. Para cuando entran en el hangar, los números han bajado lo suficiente para dejar de ser peligrosos.
—Podemos quedarnos aquí por hoy, tomarnos una tarde libre —sugiere Rhodes.
—Deja de tentarme —murmura Tony con los ojos cerrados. —Debo regresar para la cena, si no, no tendría sentido contratar un chef personal.
—¿Lo hiciste? —indaga Rhodey con curiosidad. —¿Alguno en especial?
—El tipo español…—tararea un poco. Su mente apenas trabaja a marchas forzadas. —Berasategui, creo. Ducasse me dijo que se retiraría pronto, así que hay que conformarse con uno de 12 estrellas Michelin.
—Debe ser horrible para ustedes —bromea Rhodes. Sabe que está siendo demasiado snob al respecto. Pero cuando le dijo a Peter que le daría lo mejor que obtendría, eso era tener las mejores comidas apetitosas, nutritivas y saciantes. Cho dijo que Peter podría estar reprimiéndose y su autocontrol sería muy difícil de vencer. El niño debería comenzar a tomar dosis de bebida proteica ultra calórica para compensar su metabolismo, pero las comidas convencionales eran importantes para que recuperar una buena relación con la comida.
Helen y él tienen apenas teorías al respecto.
—Puedes venir a sufrir con nosotros si gustas, querido.
Rhodes sonríe.
—Bien, avisaré a la torre de control.
Tony asiente, y abre los ojos cuando la corriente de aire frío entra al auto cuando Rhodey baja. El mareo se ha ido, pero el dolor de cabeza queda atrapado en algún punto detrás de sus ojos. Suspira cuando escucha los motores del jet encenderse y se obliga a salir.
Duerme durante los primeros diez minutos posteriores al despegue. Imagina la cara enfadada de su cardiólogo siendo acusador al respecto, pero el cansancio está atado a sus extremidades y es difícil negarse a hacerlo. Cuando despierta, Rhodes parece preocupado sobre lo que sea que lee en su tableta. Su entrecejo está arrugado, y está negando con lentitud.
—No me gusta cuando pones esa cara —la voz de Tony sale ronca y cansada.
—El informe de Helen es horrible —se lamenta su amigo.
—Lo sé —tararea Tony, irguiéndose en su asiento. —¿Sigue pareciendo exagerado lo del chef?
Rhodey hace una mueca.
—¿Crees que ayudará?
Tony encoge los hombros.
—Está ocultado algo —confiesa Tony. —No digo que mienta solo, creo que hay algo más allí.
—Pasar unos meses en la calle con su metabolismo era una condena, Tones.
Cubre su rostro con sus manos, intentando deshacerse de la somnolencia que lo atonta.
—Su forma de alimentarse era suficiente incluso para un adolescente escuálido —explica Tony. —Pero para él, es como si te alimentaras de un par de manzanas diarias por meses. Lo estuvo haciendo aún bajo mi maldito techo. ¿Por qué?
Rhodey alza sus cejas, intrigado.
—Quizá su hambre es horrible.
—Helen tiene una teoría. Es posible que, desde la picadura, jamás haya podido saciarse como se debe —Tony sabe que eso es, quizá la peor parte de todo esto. Incluso viviendo con May, reprimía sus propias necesidades para evitar demandar demasiados recursos de su tía.
—Eso explicaría porque describe la experiencia como dolorosa.
—Su metabolismo no entiende de reservas como el de… —hace una pausa, como si calculara el daño de pronunciar la siguiente palabra. —Rogers —concluye al fin, como si el nombre le quemara la boca. —Mientras el suero del super soldado le permitía al sujeto pasar días sin comer manteniendo estable los niveles de energía y respuesta cognitiva; la picadura de araña, parecía estar enfocada para desarrollar otro tipo de guerrillero. La punzada es el problema aquí.
—La… ¿qué?
Tony se detiene a pensar en ello. Necesita un mejor nombre para ello.
—Es la forma en que llama a su sentido super desarrollado ante amenazas. Puede percibirlas con varios segundos de anticipación, le permiten tener una respuesta a tiempo ante el daño. Es un sistema de alerta 24/7. Y consume mucha energía. Rogers podía tener un banquete después de tres días de batallas, su cuerpo sabía administrar sus reservas. Su caso es distinto, gasta toda la energía disponible, incluso en reposo. Quien sea que diseño ese veneno, estaba pensando en crear un super espía, no un super soldado.
Rhodes escucha con interés.
— Podría venir de un proyecto que inició en algún punto durante la Guerra Fría.
—Touché —replica Tony. —Las guerras donde sitiaban ciudades enteras por días eran cosa del pasado. Necesitaban a alguien que entrara a hacer el trabajo sucio en un parpadeo, y saliera del país el mismo día que entró.
—Así que necesita alimentarse con frecuencia.
—Helen estima hora y media.
—¿Es en serio?
Tony ladea la cabeza un poco.
—En promedio. Es impráctico, si me lo preguntan. Me sorprende que quien diseñó esto no pensara en ello.
Rhodey mastica la idea.
—¿Probaron con los suplementos de Banner?
—Estamos probando con un suplemento que es una mezcla entre la dosis de rápida asimilación que tomaba Bruce y la demanda calórica que requería Rogers. El problema es la saturación que podría acarrear en su hígado y riñones —advierte Tony. Eso sin considerar el daño que ya tenían por el nivel de desnutrición de Peter. En una persona normal, hubiese llevado años. Pero su metabolismo también era rápido para desgastarse.
—¿Helen confirmó esto? —Rhodey señala con incredulidad la tableta en su mano.
—Con un escaneo global, sí. —Era sorprendente todo lo que podía averiguar en tan solo media hora con el equipo médico de Cho. No puede evitar sentirse peor al respecto. Si tan solo se hubiese tomado la molestia de analizar a Peter cuando llegó al complejo…
—No es tu culpa —Rhodey lo está observando ahora, con mirada severa.
—¿No fuiste tú quien me decía que estaba exagerando? —Tony se relaja sobre el asiento, aprovechando la distracción creada en base a cambiar el foco de la conversación a su amigo.
Rhodey está ahora levantando las palmas en alto, aceptado la acusación.
—Entiendo por qué crees que oculta algo. Pensé que lo mejor era dejar que fuera él quien se acercara. Supongo que estuviste allí presente el tiempo suficiente para darle la oportunidad, ¿no?
Claro que no lo hizo.
Tony estaba, de forma literal, huyendo del chico. Huir porque temía tener esa conversación. En algún rincón de su mente, albergaba la esperanza que el tiempo curaría el dolor por la partida de May. Además, tenía el tiempo contado con Ross respirando en su nuca cada maldito minuto, esperando resultados y más resultados. Solo le daría más problemas al chico. Fue un maldito imbécil al creer que, si el chico había sobrevivido casi ileso durante meses en la calle, estaría bien en un departamento bien abastecido y con todas las comodidades.
Peter era, al final del día, un niño.
—No me agradas.
—No, pero igual me amas.
—Idiota —frota sus ojos con cansancio, mientras absorbe el movimiento de una ligera turbulencia.
—¿Qué ocurre Tones? —musita con más tranquilidad Rhodey.
Tony sacude su cabeza con cansancio.
—Creo que ser un buen padre no va conmigo —confiesa en un murmuro, restregando los talones de sus manos contra sus ojos. —Considerando el ejemplo que tuve, yo…
—Tones…
—Él estaba…estaba aterrado de que lo confrontara por esto —Aterrado podría ser una descripción escueta de la actitud de Peter frente al tema. Histérico sería lo apropiado. —Y yo…
Rhodey guarda silencio, con la expresión de estar solo esperando a que las palabras salieran de su boca para que su rostro se contrajera de preocupación. Entonces toma un respiro más antes de continuar y confesar su desastre.
—Yo lo culpé por no hablarme de esto antes —murmura, girando de vuelta a la ventanilla del avión. No quiere ver la decepción surcando el rostro de su amigo. —Lancé mi mierda sobre él porque estaba demasiado cabreado para detenerme. Debí darme cuenta que algo estaba ocurriéndole. Él ni siquiera estaba usando su crédito en la cafetería. Todo el tiempo estuvo frente a mis ojos.
—¿Y es por ello que crees que no serías un buen padre? —Rhodes es tranquilo y reflexivo cuando habla. Tiene que volver a verle para comprobar que sigue allí. —No niego que lo jodiste Tony, pero tampoco es el fin del mundo.
—Si lo hubieras visto pensarías lo contrario.
—Te he visto hacer peores cosas —le recuerda Rhodes.
Tony mastica la idea un momento.
—Bien, quizá tienes un punto —acepta a regañadientes. —Pero eso no hace menos vil lo que hice.
—¿Qué quieres decir?
Tony tararea antes de suspirar.
—Él cree que es una carga…para mí, quiero decir. El niño está convencido que el hecho de darle un techo y comida es de alguna forma, abusivo de su parte. Lo cual no tiene sentido porque si mal no recuerdo soy como…billonario. —Ignora la forma en que Rhodes pone los ojos en blanco ante su última declaración. —La cosa es que, él ni siquiera quería tomar lo que necesitaba, Rhodey. Y lo jodí por no hacerlo.
—No lo sabías —adelanta Rhodey. —Estabas asustado luego de la reunión con Hughes. Te lo dije ese día.
—Lo sé.
Sí, Rhodey intento poner toda la prudencia que le fue posible dentro de su cabeza el día del chequeo médico. Una batalla perdida desde hace años para él, pero aun así lo intentó.
—Si encontrabas una razón por la cual Peter estaba en ese estado, podrías presentarlo ante Servicios Sociales y…
—Y comprobarían que ni siquiera he intentado tener una conversación con el niño desde que llegó. Quizá eso es peor. Pero así fue Rhodey. —Está seguro que nada de lo que diga podría mejorar las cosas ante el comité de Servicios Sociales. Quizá sus costosos abogados tendrían un par de ideas brillantes para resolverlo, pero le hacen sentir peor. Quizá Tony merece perder la oportunidad de quedarse con Peter.
Quizá Peter estaría mejor lejos de él.
—No Tony —Rhodey parece estar leyendo su mente y la idea de pronto, lo perturba. —Esto es nuevo para ti, incluso para Peter. Además, la situación que Peter está atravesando es inusual.
—Como digas —murmura Tony, sin entusiasmo.
—¿Soy yo o estás huyendo de Peter?
Tony gira hacia Rhodey, sin ocultar la expresión de que quizá lo acaba de atrapar.
—¿Quieres algo de beber? —Tony abandona su asiento para dirigirse al pequeño bar integrado en el Jet.
—Quiero saberlo.
Tony asiente, mientras toma una botella de agua gasificada al azar.
—Bien —acepta Tony. —Quizá lo estoy haciendo.
Ofrece otra botella de agua a Rhodey. Él declina su oferta.
—Si quieres a Peter a tu lado, huir cada vez que se complique no es la mejor idea, lo entiendes ¿no? —Lo sabe. Pero creyó que podría alargar ese momento un poco más. Es poco más que un completo desastre ahora mismo. No quiere que el niño tenga que verlo así. No es culpa suya, al final del día. Necesita arreglar su mierda si quiere que Peter tenga un hogar. Y tiene que funcionar, porque no puede perderle como ocurrió con Pepper.
—Claro.
—Así como beber agua gasificada alta en sodio luego de tener una crisis de hipertensión es una pésima idea.
Tony bufa mientras vuelve a cerrar la botella recién abierta.
—Entendido mamá.
—Idiota.
Tony sonríe.
Está perdido, y lo sabe.
—Huele bien. —La sonrisa de Rhodes se ensancha cuando las puertas del ascensor se despliegan. Luego de una parada en el complejo, Rhodey lo ha obligado a volver a casa y descansar. Como lo debería hacer un padre. O como Tony debería de hacerlo con Peter cada día.
Joder, él es un maldito desastre.
—Te lo dije —murmura por debajo, mientras sale del ascensor.
La mesa del comedor está puesta ya con la cena esperándole. Los tazones de ensalada, mariscos, los cuencos de aceitunas y el olor del aceite de olivo flotan en el aire. Su estómago se retuerce con dolor, apenas comenzando a despertar luego de varias horas con nauseas.
—Lo pasan mal, ¿no?
Tony le da una mirada severa a su amigo.
—Friday, ¿dónde está señor Parker? —pregunta de inmediato. En el fondo, preferiría bajar a enterrarse en su taller, lejos de cualquier conversación que involucre enfrentar las consecuencias de sus acciones, pero Rhodey está observándole, esperando que enfrente sus responsabilidades como debe. Preferiría cenar solo, siendo honesto. Se odia por ser un huraño, pero está demasiado cansado para más interacciones sociales hoy. Pero debe hacerlo.
Se lo debe a Peter.
Él debe luchar por el niño.
—Buenas noches jefe. Peter se encuentra en su habitación desde las 4:17 p.m. ¿Quieres que lo llame?
Tony asiente, echando un vistazo a su reloj. Son las 7:28, y cree que son demasiadas horas para estar enclaustrado en un lugar. Luego recuerda que él ha pasado más de 24 horas justo de la misma forma y decide detener su juicio hacia los hábitos del chico.
—Dile que la cena está servida. ¿Ha tomado sus batidos?
—El inventario de la nevera me confirma que lo ha hecho. Aunque no tengo registros de ello.
Rhodey le da una mirada de precaución a Tony.
—Magnífico —murmura por debajo.
—Si no lo hace, Helen lo sabrá —le susurra Rhodey, en un intento de tranquilizarle. —Tómalo con calma.
Tony asiente.
En algún punto del departamento, una puerta es azotada, y Tony cree escuchar una disculpa en un susurro. Sonríe, porque Peter es tan educado que podría estar ofreciendo una disculpa a los muebles. Quizá lo hace. Los pasos ligeros se detienen cuando la figura frágil del chico aparece en el comedor.
—He…hey… Humm… Hola Corooo…Quiero decir, Rhodey —es incómodo incluso cuando lo dice bajo la mirada acusadora de Rhodes. —Sr. Stark —musita enseguida, con seriedad.
Peter no ha parado de observarle así desde el día de su chequeo médico: como si fuese una bomba a punto de estallar. Como si Tony estuviese buscando cualquier error para ir directo a su yugular.
Tony se detesta por eso.
—¿Cómo estás Peter? —suena familiar, tan cómodo. Tony podría comenzar a odiar a Rhodey por ello, y por la forma en la que el niño parece relajarse a su alrededor.
—Genial —chilla con falso entusiasmo. Tony puede detectarlo. La sonrisa es demasiado rígida para ser genuina.
—¿Listo para la cena, señor Parker?
La mirada preocupada de Peter se posa sobre la mesa. Puede ver sus manos retorciendo las mangas de su sudadera vieja con desesperación.
—Yo em…
—Tienes que darle una oportunidad al nuevo chef —intenta Rhodes, mientras roba una aceituna del plato.
—Nuevo… ¿Chef? —murmura casi con horror Peter. —Oh…no, no era…
—Silencio —lo detiene Tony. —No eres el único que se le da pésimo la cocina.
El rostro de Peter no se relaja aun después de su justificación. Solo asiente y baja la mirada a sus manos, que siguen retorciéndose nerviosas. Algo se rompe dentro de sí al verle, demasiado pequeño y pálido.
Demasiado escuálido y temeroso.
Tony quiere detenerse un segundo y decirle que merece todo lo que pueda darle. Que jamás será demasiado. Pero Peter no vuelve a elevar su mirada y decide darle un respiro.
—Entonces, ¿qué dices? ¿Te quedas? —Rhodey traga otra aceituna con dificultad y niega lentamente.
—Lo siento Tones, estoy ocupado esta noche.
—¿Vas a rechazarme?
—Si puedo darme el lujo —Rhodey encoge los hombros antes de seguir su camino. —Ya me dirán lo terrible que son esas 12 estrellas Michellin.
Tony encoge los hombros sobre su amigo, que solo ríe de vuelta.
—Vamos Tony, dicen que la dieta mediterránea es buena para el corazón —su comentario es inofensivo, pero puede sentir la mirada de Peter ceñirse sobre él.
—Ve a ventilar tu cerebro Rhodey. He abusado demasiado de él hoy.
Rhodey niega, divertido.
—Nos vemos Peter.
Peter asiente con torpeza de vuelta.
El silencio se instala una vez que Rhodey abandona el lugar. Tony recuerda que el chico sigue ahí, y se empuja una vez más hacia adelante. Necesita hacerlo por Peter.
Cuando gira de vuelta, Peter sigue allí, como esperando cualquier orden. Es aún más tímido y temeroso que antes. Claro que debe serlo. Le recuerda a sí mismo, cuidando sus pasos alrededor de Howard. Cada vez que su padre bebía, lo cual era inusualmente común, solo podía haber dos desenlaces posibles: la felicidad y benevolencia absoluta, o la explosión de ira que terminaría en una discusión con su madre. Tony siempre esperaba con horror la siguiente explosión de ira. Estadísticamente, era más probable. Recuerda su cuerpo tenso, cuidando cada movimiento, como si el solo hecho de respirar de forma incorrecta junto a Howard fuese a desatar el caos. La similitud es tan enfermiza, que el repudio hacia sí mismo no tarda en comenzar a brotar.
Él no será ese tipo de padre.
—¿Has probado la comida española alguna vez?
Peter niega en silencio.
—Si después de esto no terminas siendo fanático del aceite de oliva en todo, te regalaré uno de mis trajes —le apuesta Tony.
—¿Lo dice en serio? —la mirada de Peter se ilumina en un segundo, y casi puede sentir que está de vuelta.
—Claro que no Parker —puede ver el momento en que la ilusión se esfuma del rostro del niño. Quizá no debería bromear con ello. —Pero te daré una portátil nueva.
—¿Y si no me gusta?
—Igual te la daré —replica Tony, mientras le señala en asiento frente a él. Ignora el gesto angustiado del niño ante la idea de recibir otro obsequio de su parte, pero entiende que necesita acostumbrarse. Peter se acerca con timidez para tomar asiento. Su mirada nerviosa salta entre los platos repletos de comida.
—Puedes probar lo que quieras.
Lo ve tomar con inseguridad el cucharón de la ensalada y servir una cantidad modesta de comida en su plato. Demasiado modesta. Ignora las manos temblorosas de Peter regresar el cucharón de vuelta al tazón.
Al niño le incomoda comer.
Cho le habló sobre esto antes. Sería más difícil si descubren que Peter ha desarrollado cierta aversión por alimentarse como debe. Si se aferra a las porciones infrahumanas a las que somete a su cuerpo, Helen sugirió que lo mejor sería una valoración psiquiátrica.
Quizá es peor de lo que imagino.
—¿Sr. Stark? —Peter lo observa con curiosidad desde su asiento. Se percata que lleva demasiado tiempo inmóvil, demasiado abrumado recordando con precisión cada sospecha de Helen.
—Yo…acabo de recordar que hice una orden para mi cena. ¿Friday? ¿Martín dejó algo especial para mí?
—La bandeja cubierta junto a los mariscos, jefe. —Puede ver que hay una bandeja cubierta que tiene una nota con su nombre, en letra manuscrita. —Dijo que las guarniciones también son aptas para tu dieta.
—Gracias querida.
Honestamente, si fuese por él, iría por un par de hot dogs, pero su corazón parece opinar distinto. Debe cooperar un poco con la situación si no quiere tener un infarto en las próximas semanas. La comida en su plato está dispuesta de forma exquisita, e incluso podría decir que estaba abriéndole el apetito de nuevo.
Frente a él, Peter continúa observando con aprensión su plato.
—¿Qué tal la escuela? —intenta de nuevo, notando que Peter vuelve a mostrarse demasiado callado.
—Yo hum…bien. —Acierta con timidez. Apenas gira a verle.
—Oí que hay una feria de ciencias pronto…
Parece que el viejo Peter, aun oculto tras las profundas ojeras y la actitud huidiza, flota en la superficie durante unos segundos ante la pregunta.
—Es en un mes —confiesa. —Ned y yo estamos planeando presentarnos.
Tony alza las cejas, interesado.
—¿Alguna idea en especial?
—Estamos analizándolo porque…bueno, todo depende de lo que podamos encontrar entre los electrodomésticos de la tienda de segunda mano y… —Peter parece detenerse a sí mismo. Tony recuerda algo de hurgar en la basura para obtener tesoros tecnológicos. Lo sabe porque se lo confesó en la primera conversación que tuvieron, cuando se conocieron, unos días antes de Alemania. —…quizá debamos cambiar los planes, nos adaptamos en el camino.
—¿Qué es lo que quieren hacer?
—Bueno…pensamos que tal vez… —la verborragia marca Parker vuelve de golpe y en uso segundos, Peter está de vuelta divagando sobre su proyecto escolar, su profesora de química y como Ned no podía salir de un contenedor de basura el día anterior. Casi puede sentirlo de vuelta. Y es tan jodidamente cotidiano, que una parte dentro de sí comienza a añorar una vida así. Algo simple: salir del trabajo, para llegar a casa y cenar con el niño, como una pequeña familia, escuchando sobre su día en la escuela mientras olvida los problemas del trabajo y lavan la vajilla de la cena. Algo cercano a lo que las personas suelen llamar vida doméstica.
Claro que puede hacer eso.
—…pero no creo que sea tan innovador, después de todo. —Concluye, encogiendo los hombros mientras revuelve su comida.
—Me parece genial, si me lo preguntas.
—Es… ¿es en serio? —Peter parece estar al borde de las lágrimas de emoción.
—Podría ser un proyecto digno de tesis en el MIT, y créeme, vi algunas cosas que tenían menos inventiva que eso.
Peter parece entusiasmado. Genuinamente entusiasmado.
—Si necesitan algo para su proyecto, solo dilo —se ofrece enseguida. Peter debe saber que puede pedirle lo que necesite sin avergonzarse por ello.
—Oh, no. Se supone que debe ser construido con materiales que cualquier adolescente pueda conseguir con facilidad —rechaza cortésmente Peter.
Tony suspira.
—Por supuesto Parker. Me refiero si necesitan componentes de electrónica básica —aclara enseguida. —No estoy diciendo que les donaré un reactor ARC. Es tecnología de grado militar. Además, estaría violando como 20 leyes federales.
Peter se sonroja, dándole un asentimiento rápido.
—Gracias Sr. Stark.
—¿Qué opinas de la comida? —lo empuja Tony, cerciorándose que el chico apenas ha probado algunos bocados.
—Es…está perfecta Sr. Stark es solo que… —puede escuchar el pie del niño rebotar ansioso bajo la mesa. —Los batidos son como…
—¿Muy saciantes? —averigua Tony. La cabeza de Peter rebota con energía. —Es la idea.
Claro que lo son. Pero apenas son una parte de todo lo que debería consumir. No pueden escalar tan rápido en su ingesta porque podrían provocarle síndrome de realimentación. Que Peter esté tan satisfecho con un par de batidos al día solo es una señal más de lo pobre que era su dieta anterior. No quiere presionarlo, pero debería ir más rápido.
Peter parece incómodo ante el tema. A nadie le haría sentir orgulloso tener que tomar suplementación alimenticia por desnutrición. Pero es algo que ambos son conscientes ahora, aunque tocar el tema es más complejo que eso.
—La Dr. Cho prometió enviar un par de nuevos sabores esta semana. Cookies'n'cream y caramelo. Por alguna razón parece que está sacando los sabores de un menú de Starbucks.
—Oh, suena bien. —No parece entusiasmado en absoluto. El viejo Peter desaparece de nuevo. Sus hombros parecen echarse hacia adelante, luciendo más pequeño y apagado que hace unos minutos.
—¿Niño?
Peter le da una mirada nerviosa y asustada, que le provoca un suspiro.
—Yo…solo quería que supieras que…el otro día en el complejo… Siento mucho lo que ocurrió. No debí poner todo este asunto en tus hombros. No es tu responsabilidad.
Peter sigue parpadeando, como si no comprendiera una sola palabra de lo que dice. Como si le estuviese hablando en francés. Quizá lo hace. Es demasido cabezadura para ofrecer una disculpa en forma. No está acostumbrado. De cualquier forma, Peter lo merece. Merece saber que no fue su culpa y dejar de mirarle como si no fuese digno de estar en su presencia.
Toma una bocanada de aire antes de continuar.
—Lo que quiero decir es que, siento mucho por gritar el otro día. Fue total y absolutamente innecesario e inmaduro de mi parte. —Confiesa Tony. De pronto la habitación es demasiado caliente y se pregunta, por la forma en que el niño lo mira, si de verdad habló en voz alta o solo estuvo pensándolo.
—Oh —es un murmullo apenas audible. Parpadea un par de veces, mientras baja su mirada, confundido. —No…creo que era justo porque de verdad…
El labio inferior de Peter está temblando y se muerde a sí mismo, intentando controlar el espasmo previo a un sollozo. Puede ver venir de nuevo las olas de desesperación y llanto.
—Peter…
—…no debí… —la voz de Peter se ahoga, mientras sus ojos vidriosos le devuelven una mirada rota y cansanda. Demasiado cansada para un chico de 16 años.
—Está bien Peter. No tienes que disculparte por ello. No ha sido tu culpa.
No parece estar de acuerdo, pero asiente una vez más. Es suficiente para él, aunque no cree que el chico deje de sentirse culpable. No aún.
—Ahora, de verdad me enojaré si no le das una oportunidad a esos mariscos.
La sonrisa tímida del chico flota en su rostro sonrojado, mientras talla sus ojos con sus puños. Luce tan pequeño y frágil. Duda cuando vuelve a tomar los cubiertos, pero logra terminar su plato y agregar una buena porción de mariscos sin rechistar. Tony guarda para sí una pequeña sonrisa de alivio. Terminan su cena en un silencio más cómodo que el inicial. Por primera vez desde hace meses, termina su propio plato con satisfacción y paz. Sigue siendo extraño, sin embargo, ver a un Peter tan parsimonioso frente a él.
—Estaba increíble Sr. Stark —declara cuando termina. Parece sincero de su parte.
—Te lo dije.
—Yo em…
—Claro, puedes ir a hacer tus cosas de adolescente araña. El servicio vendrá a limpiar la mesa, de cualquier forma. —No desea verle intentar fregar la loza en un intento de "pagar" por su comida. Él podría hacerlo, está seguro.
Peter se sonroja de nuevo, y Tony pierde la cuenta de la cantidad de rubores que ha provocado en el niño hoy.
—Gracias. Buenas noches Sr. Stark.
—Buenas noches Peter.
El chico lo observa un segundo, casi maravillado, antes de desaparecer por el pasillo.
Tony suspira aliviado.
No salió tan mal, ¿cierto? Siente que se ha quitado toneladas de culpa de encima, y por un instante breve, se siente capaz de hacerlo. Claro que sí, él es el maldito Tony Stark. ¿Armas? Puede construirlas. ¿Tecnología? La domina a la perfección ¿Paternidad? Su siguiente logro.
Está inmerso en su autocomplacencia que no nota los ligeros pasos volver hasta la cocina. Necesita que el niño aclare su garganta junto a él para notarle.
—¿Sr. Stark?
—¿Hum?
—Solo…quería saber…
—Escúpelo.
—La cosa es que…hay algo así como una fiesta el sábado y…
Fiestas. Adolescentes. Algo por fin de normalidad en Peter. El chico la ha pasado enclaustrado en su habitación desde que está con él. No sale más allá de lo necesario, y Tony comenzaba a sentir que era anormal para un chico de su edad. No sabe mucho de la vida social de Peter antes de Alemania, pero lucía como un chico que le gustaba, por lo menos, pasarla con su mejor amigo y meterse en problemas de vez en cuando.
Como cualquier otro adolescente.
—…entonces yo pensaba que quizá podría ir….
—No soy la persona con la mejor moral sobre fiestas, así que solo voy a confiar en que serás mejor que yo en ello. Tú sabes, nada de hacer declaraciones políticas ni explotar sandias con el traje.
—Explotar sandias con… ¿qué?
Tony lo observa un segundo.
—Sólo, no dejes sola tu bebida y asegúrate de detenerte antes que comiences a perder el equilibrio.
—Oh, ¡no! Claro que no. No puedo beber.
Tony lo observa con curiosidad.
—¿Es por lo de la picadura?
Peter bufa, como si fuera demasiado obvio.
—Tengo como 16.
—Claro, por supuesto. —Corrige de inmediato— No tengo nada más que preocuparme entonces.
Peter sonríe.
—Gracias Sr. Stark.
Lo observa caminar con entusiasmo de vuelta a su habitación, y lo encuentra satisfactorio. Nada mal. No es el fin del mundo. Es solo una fiesta, y él iba a algunas antes. Claro que debería estar bien. Mientras no hubiese polvos mágicos o píldoras felices. O cualquier cosa que pudiera alterar los sentidos sensibles del niño.
Mierda.
—Friday, investiga los perfiles de los compañeros de grado del señor Parker.
—Enseguida jefe.
¡Hola de nuevo!
Bien, este último tardó en llegar. Incluso cuando estaba por publicarlo ayer, me he sentido mal y no ha podido ser. Las cosas están…estancadas. Y quizá puede que me sienta peor que antes, pero ya no lo sé, no tengo suficiente objetividad para decirlo. Solo que me cuesta un montón tener iniciativa para escribir o hacer cualquier cosa.
Así que siento mucho si el confort en este capítulo no fue como esperaban.
Lo único que puedo decir, es que si que estoy entusiasmada con el siguiente -viene una sorpresa para el próximo-, y si bien Tony y Peter van a estarla pasando mal aun, mientras todo se pone en su lugar, puedo decirles que van a obtener la ayuda que necesitan mutuamente.
Muchas gracias por sus reviews:
Julchen awesome Beilschmidt: ¿Te digo una curiosidad? Cuando vi el tráiler de NWH vi una situación que Peter pasará también por acá, y dije: ya quiero llegar ahí. Gracias por seguir la historia y disfrutarla.
ShirayGaunt: ¡Lo sé, lo sé! Y lo siento. Creo que es muy común que, cuando intentas ayudar a alguien y no sabes como hacerlo, puede que lo empeores o hagas sentir peor a esa persona en el proceso. Tony no es un idiota intencional, lo juro.
¡Hasta la próxima!
Bethap
