Disclaimer: Lo que diré a continuación, ya deben saberlo: Ningún personaje de Marvel me pertenece. Esta historia es un medio de entretenimiento sin fines de lucro para su creadora. Bla-bla-blá.

Advertencia: Fanfiction Angst. Puede incluir contenido sensible. Referencia a abuso sexual de menores implícita, representaciones gráficas de violencia y referencias implícitas a trastornos metales.

Cronología: Basada en el universo cinematográfico de los Vengadores. Posterior a Civil War y Homecoming.


XXVIII: Si puedes soltar el rechazo.


El sello aislante de la puerta liberándose con un soplo apenas perceptible le avisa primero. Claro que su audición mejorada puede detectarlo. Dos segundos después, unos nudillos golpetean con suavidad su puerta.

—¿Sí?

—Tu hada madrina llegó —avisa la voz de Tony al otro lado de su puerta. Contiene su respiración un segundo, porque apenas comienza a procesar la idea del Sr. Stark rondando en el departamento un sábado por la tarde.

Peter solo dio por hecho que seguía solo en el departamento, como esa mañana.

Su cabello está escurriendo todavía, mojando con pequeñas gotas su remera de ciencia desgastada y translucida. Es la mejor que tiene, siendo honesto. Tardó media hora en encontrarla y otra media decidiendo cuál de sus pantalones lucían menos rotos y viejos. No está orgulloso del resultado, de cualquier forma. Incluso se siente avergonzado de su aspecto y una pequeña voz detrás de su cabeza comenzó a susurrarle que quizá sería mejor quedarse en su habitación el resto de la noche. Ni siquiera cuando May compraba ropa de segunda mano lucía así. Debe comenzar a admitir que ya no puede mantener ese aspecto más. El reflejo en el espejo le devolvió la imagen de un chico escuálido, de aspecto enfermizo, con sus brazos finos y huesudos cayendo a sus costados, flotando en su ropa vieja. Parecía salido de un hogar de acogida.

Tal cual es, en realidad.

Así que, aun está decidiendo si lo hará. Ned le rogó toda una semana por ello. No son el tipo de chicos que son invitados a fiestas con frecuencia. Su invitación fue más bien un accidente, cuando Betty Brant hablaba demasiado alto con una de sus amigas y Ned interrumpió su conversación. La invitación salió en forma de desafío, pero igual la tomaron. O más bien, igual Ned decidió que sería una genial oportunidad para que todos olvidaran el incidente de la clase de gimnasia. Peter no cree que eso vaya a suceder, pero no tuvo corazón para declinar la oferta.

No puede abandonar a Ned. Se lo debe luego de desaparecer y ocultarle lo de May. Ha sido un pésimo amigo y no puede seguir arruinándolo. Así que trastabilla un poco antes de llegar a la puerta para abrirla.

—¿O padrino mágico? —divaga Tony. —Como sea, ¿aún no estabas listo?

—Yo… —Peter baja su mirada a su atuendo. Cuando regresa a Tony, puede notar la mirada gris y helada dándole un escaneo rápido de pies a cabeza. Por un segundo, la parte primitiva de su cerebro espera un ataque. Una reprimenda. Algo que no hizo como debería. Sabe que la sonrisa que se esfuma del rostro del hombre no es por su ropa. La apariencia de sus brazos aun es bastante alarmante. Una semana de batidos de proteína no van a recuperar meses de hambruna. Al menos su vista no se oscurece con frecuencia, piensa.

—Me agrada tu sentido de humor nerd —dice enseguida Tony, recuperando su expresión animada. Peter libera su respiración cuando detecta el buen humor regresando en el tono de voz de Tony. —Pero creo que necesitas un cambio de imagen urgente —declara, entrando a su habitación. El genio está cargando con una bolsa de viaje para trajes en su espalda, el cual sostiene desde el gancho que cuelga sobre su hombro. Bajo su otro brazo hay una caja blanca brillante y pulida. Traga saliva pensando en el costo del conjunto.

—Es solo una fiesta llena de adolescentes con pésimo gusto y…. —Tony le está dando una mirada incrédula con su ceja elevada en un juicio silencioso. Deja caer la funda del traje sobre la cama y acomoda ceremonialmente la caja de zapatos junto a él.

—Niño, la ocasión no hace al caballero —reza con seriedad, abriendo la funda. Peter se acerca con timidez para investigar, sabiendo que no puede negarse a recibir nada.

Un saco gris Oxford se revela cuando Tony baja el cierre. También hay unos pantalones de vestir negros. La caja a su lado contiene un par de zapatillas blancas impolutas. Por último, bajo el saco, encuentra una remera informal de manga larga. Parece que Tony no ha olvidado el afán de Peter de cubrir sus brazos por el momento. Sabe que quizá, a ninguno de los dos les gustaría que Peter evidenciara su estado físico. No le parece mal, de cualquier forma. No es algo de lo que se enorgullece, y no quiere llamar demasiado la atención, aunque vestir así no era lo más discreto. El conjunto no es precisamente formal, pero tampoco algo que un adolescente llevaría a una fiesta de preparatoria. Todo está visiblemente nuevo. Puede percibir el aroma de ropa recién salida de la tienda. No necesita ver las etiquetas para saber que todo aquello es excesivamente costoso. Peter traga saliva con dificultad cuando termina de mirar.

—¿Qué dices?

—Yo… —articula un poco, pero su mente está en blanco. No sería él mismo dentro de esa ropa. Peter es más un nerd que un chico popular con estilo. Sabe que no hay forma en la cual se sienta cómodo llevando esa ropa, pero no puede rechazar la oferta de Tony. No luego de todo lo que le ha hecho pasar. —Es como… genial —atina a decir apenas, luego de divagar un segundo.

Tony está observándole con incredulidad.

—Dejemos el buen vestir fuera de nuestros gustos en común —concluye Tony. —De cualquier forma, no permitiré que vayas así a una fiesta. No bajo mi techo.

Peter asiente con resignación.

—Pruébalo y dime si necesitas algún ajuste. Puedo traer al sastre en veinte minutos si lo necesitas —le informa Tony, mientras da media vuelta y recarga su peso contra el marco de la puerta.

—Oh no… Yo…lo resolveré si es necesario —escupe con torpeza, ganándose una mirada incrédula de Tony.

—No lo tomes a mal, pero no creo que las habilidades de costura estén entre tus talentos Parker.

Peter suspira.

—Bien.

—Estaré abajo si necesitas algo. Recuerda llamar a Javier para...

—Pero Sr. Stark…

Tony le da una mirada dura. Esa mirada que comenzó a utilizar cada vez que Peter está a punto de rechazar una oferta proveniente de Tony. No es que Peter se avergüence de ser llevado en coche hasta la fiesta o a la puerta de la escuela, sin importar el esfuerzo que Tony puso para conseguir el modelo de auto más modesto que podía permitirse para pasar inadvertido. Simplemente no puede concebir que el Sr. Stark pague el sueldo de una persona que va a pasar su día esperando que Peter salga para hacer el viaje de regreso a casa.

El metro es más normal para él.

No le molesta en absoluto.

Sin embargo, lo jodió lo suficiente para que su opinión y preferencias importen de algo frente al criterio de cuidados de Tony. Él está a cargo ahora. Es tan nuevo y ajeno para él que apenas comienza a asimilar el hecho de que el super héroe pasó de ser su mentor ocasional a su tutor y responsable de su bienestar. La idea sigue sin embonar en su mente: un chico común de Queens bajo los cuidados de uno de los hombres más poderosos e influyentes del planeta. Y la idea es tan extraña que de pronto puede comenzar a sentirse asfixiado en la nueva dinámica con su mentor. No es un niño pequeño. Pero parece que Tony ha pasado de la total y absoluta libertad inicial a los cuidados estrictos y sobreprotectores. Ninguno de ambos le sientan bien, al final. A veces se pregunta cómo es que May se las arregló para no volverse sobreprotectora y, sin embargo, siempre hacerlo sentir amado y protegido.

Oh May…

—… y luego pase por ti, ¿de acuerdo? —Tony acaba de decir algo que no entra en su cabeza demasiado absorta en sus recuerdos.

Peter asiente, más como un acto instintivo que como una acción consciente en respuesta a lo dicho por Tony.

—Perfecto —concluye Tony.

—¿Sr. Stark? —el hombre se detiene justo antes de cerrar la puerta tras de sí. La preocupación cruza de inmediato como un rayo.

—¿Sí?

—Gracias —murmura Peter con sinceridad, arrancándole una media sonrisa de autosuficiencia a Tony.

Con un asentimiento, como si no fuera nada, Tony le deja solo de nuevo en su habitación.


Estúpido.

Era justo como sentía y se veía. No era él. Una versión pretensiosa y estirada de él, quizá, pero no él que solía ser. Un impostor, era la definición más realista. Peter solo era un chico pobre y huérfano de Queens y nada más; pero el espejo no reflejaba eso. Peter aborrecía su imagen. Si lo que buscaba era pasar desapercibido, su atuendo no ayudaría.

Gimió de impotencia.

Deseo tener un par de prendas salidas del área de rebajas en ese momento. Sus opciones eran ridículamente opuestas: su ropa desgastada hasta lucir translúcida que comenzaba a avergonzarle, o el atuendo absurdamente caro que lo hacía lucir como un chico mimado de Manhattan. Aceptando el hecho de que Tony esperaría verle bien vestido, decidió que debía seguir adelante y esperar permanecer oculto en la lavandería el resto de la noche.

Se lo debía a Ned.

A Tony también.

Decidido a enfrentar su destino, sea cual fuere. Abandonó su habitación para dirigirse a hacerle una visita al Sr. Stark antes de marcharse, sólo para asegurarle que no era necesario llamar al sastre. A dos pasos de atravesar el umbral hacia las escaleras, las puertas de la alacena de la cocina siendo azotadas una y otra vez sin cuidado lo obligaron a volver sobre sus pasos. Quizá, sería más fácil para el Sr. Stark tragarse la excusa de que tenía demasiado frío dentro de ese atuendo como para usarlo, si estaba demasiado ocupado moliendo café.

— Sr. Stark, yo…

Muerde su lengua en cuanto le ve. Ambos se congelan cuando se percatan de la presencia del otro. Se detienen a observarse un segundo, como si buscaran reconocerse. Los audífonos de diadema enormes que surcan las suaves ondas de su cabello rubio explicarían el porqué parece sorprendido. Puede escuchar la música estridente rebotando en los auriculares. Es un par de pulgadas más alto que Peter, muy seguramente. Un poco más fornido que él, también. Cualquiera lo sería siendo honestos, dada su condición. Quizá tienen la misma edad, o quizá él aparenta más grande. No lo sabe. Lleva oculto su torso con una sudadera roja enorme que luce ser más nueva que cualquier prenda en su armario. Sus hombros erguidos y cuadrados hacia el frente, le recuerdan un poco a la postura orgullosa de Tony. La forma en que enarca su ceja y su mentón se eleva un poco, como una copia al carbón del genio. Su mirada se encuentra con los ojos azules cuando terminan de analizarse, y él mantiene su gesto en blanco.

Inmutable.

Y de pronto se siente aún más estúpido vestido como lo está.

— ¿Keener? —los pasos de Tony se detienen a unos metros de Peter, al otro lado de la barra. —¿Qué diablos… —corta la pregunta cuando gira y encuentra a Peter plantado justo enfrente del otro chico. Articula un poco, visiblemente confundido, volviendo su mirada entre cada chico presente, como si hubiese sido sorprendido en un mal momento. —¿Qué…qué haces aquí?

El chico rueda los ojos.

—¿Nacionales de Innovación te dice algo? —el tono de voz con el que responde el chico es más como quien le hablara a un amigo.

La cara de Tony se fragmenta entre la sorpresa e incredulidad.

—¿Era esta semana?

El chico ni siquiera se molesta en girar a ver al hombre, mientras continúa hurgando con despreocupación la alacena.

—Te deje como ochocientos mensajes con Friday desde hace un mes.

—Falso. —Niega Tony.

Todas las notificaciones fueron postergadas a su bandeja de pendientes por no clasificar dentro de su nueva categoría de "urgencias muy urgentes" —aclara Friday con amabilidad.

—Mierda —masculla Tony por debajo. —¿Cómo llegaste hasta aquí?

—Avión. Tú pagaste el vuelo, ¿recuerdas eso? —lanza el chico Keener de vuelta. —Supongo que no, como tampoco recordaste avisarme de tu nueva dirección.

—¿Tú madre sabe que éstas aquí?

Keener gira de nuevo de vuelta hacía Tony, y le lanza una mirada de desaprobación.

—Ella me llevó al aeropuerto, así que quizá lo sabe —responde el rubio, como si fuera lo más obvio del mundo.

—Perfecto —murmura con sarcasmo Tony, que de pronto recuerda que Peter sigue ahí, observando en silencio la escena.

—Dios… no planeaba que se conocieran de esta forma, pero en vista de las circunstancias…—Tony se vuelve con Peter. —Peter, él es Harley Keener de Tennessee —el chico alza la cabeza en reconocimiento hacía Peter. —Y Harley, él es Peter Parker de…

—El hombre araña de Queens, ¿no?

Mierda.

¿Cómo diablos…?

—¿Qué? —chilla Peter y Tony girando de vuelta hacia el chico.

Harley encoge los hombros.

—Tienes su expediente nombrado como "Cuna de araña". Los planos del traje están allí junto con su documentación personal. No es necesario deducir nada —dice como si no fuera nada, mientras sigue sacando envases de comida de la alacena. —¿Qué tiene que hacer alguien aquí para conseguir un par de pop-tars?

Peter se vuelve con Tony, en una solicitud silenciosa por una explicación, pero el hombre está algo lívido, aún anonadado observando a Harley.

—Creí que había quedado claro que no quería tu nariz metida en mi servidor de nuevo —lanza Tony de inmediato.

—Hey, relájate hombre. No hackee nada está vez —se defiende Harley. —Lo dejaste abierto en tu computadora ésta mañana. Necesitas guardar mejor tus cosas viejo.

Peter ni siquiera puede procesar la escena. Su cuerpo está frío y su boca pastosa cuando nota que este chico que recién acaba de conocer, sabe su identidad secreta porque Tony dejó todos sus datos a la vista.

Y luego se detiene en otra idea: Tony tiene un expediente completo de él.

—Tengo una nueva regla: nadie toca mi computadora si no estoy allí —dice Tony, mientras masajea sus cienes.

—Sólo fui a buscarte, ni siquiera tuve que tocar…

—Nadie —lo corta Tony de nuevo.

Harley eleva sus manos al aire, como si estuviera rindiéndose.

—No diré nada, de cualquier forma.

—Lo prometerás con tu firma en un acuerdo de…

—Estás loco Stark —lo corta Harley, volviéndose de nuevo hacia la alacena. —¿Y por qué demonios ahora toda tu comida es como "super fitness"?

—Keener…

Peter no escucha más. Tony y Harley discuten un par de cosas frente a él que no logra registrar. Sus oídos zumban y su mente se lanza hacía cientos de pensamientos simultáneos que comienzan a abrumarle. Su estómago comienza a revolcarse con dolor cuando comienza a detenerse en cada pensamiento.

Alguien más sabe su identidad.

¿Por qué Tony tendría un expediente con su información?

¿Por qué Tony conoce a la madre de Harley?

Eso quiere decir que Harley es su…

El aire es demasiado caliente y espeso ahí dentro. Ni siquiera nota el momento en que comenzó a correr hacía las escaleras. Alguien grito su nombre a sus espaldas. No lo sabe. Solo está sofocándose aquí dentro y no puede respirar.

Y solo quiere respirar.

Solo quiere desaparecer.

Corre con desesperación hasta que el aire entra y sale tantas veces de sus pulmones que queman. Hasta que sus piernas comienzan a doler y su vista a nublarse. Hasta que su espalda cargada contra un muro es lo único que lo sostiene. Parpadea unos segundos, esperando que los destellos en su vista desaparezcan y el zumbido en sus oídos se aclare, para reconocer su alrededor. Está justo en la entrada del metro. Aún en pánico, su mente lo movió de forma primitiva hacia la estación donde solía tomar el metro para ir a la escuela desde que vive en Malba. Dejó de venir aquí hace unas semanas, cuando comenzó a ser llevado por el chófer contratado por Tony.

Oh no.

Él debió llamar al chofer para ir a la fiesta. Tony lo matará por esto. Busca su móvil para cerciorarse de la hora. Es demasiado tarde para volver y esperar allí al auto. Peter realmente no quiere regresar al departamento por el momento. Hay algo, en el descubrimiento de la existencia de ese chico, que incomoda a Peter. Su mente está demasiado saturada para unir los puntos. Su móvil vibra y encuentra dos mensajes sin leer.

Uno de Ned.

Otro de Friday.

Claro. Friday, ni siquiera Tony. No iba a molestarse por esto. Está bien. Ignora el mensaje de la IA y abre el de Ned.

"Amigo, ¿estás bien? ¿te espero?"

"Lo siento, surgió algo, te veo allá."

"¿Cosas de araña?"

Peter sonríe, porque la frase le recuerda un poco a Frank.

"Algo así."

Suspira, antes de bajar por la estación. No quiere responder las preguntas de Ned sobre por qué no pasaría por él en auto como acordaron. Su mente está dando vueltas y el par de ojos azules recorriéndole como si tuviesen vista de rayos X le provoca un escalofrío. Los gestos de Tony grabados en cada movimiento del chico. Todo apunta a una dirección en la que Peter acaba de descubrir, le es muy incómoda.

Peter creía saber todo sobre Tony Stark.

Al final del día, el hombre era una figura pública, y había suficiente de él en internet como para no creer conocerlo. Tony jamás ocultó su pasado, el alcohol, los excesos, escándalos mediáticos y, sobre todo, las mujeres. May y Ben se esforzaron unos años por ocultarlo, y claro que comprendía porqué insistieron en sacarle a Ironman de la cabeza cuando comenzó a obsesionarse siendo tan pequeño. Tony Stark no era un santo, ni una figura a seguir para un niño. Su pasado lo seguía y acosaba. Aún podría encontrar vídeos de sus escándalos sexuales por allí, los que Friday aún no alcanzaba a eliminar. En cuanto tuvo edad de comprenderlo, Peter conoció a la perfección quien era Tony antes de convertirse en el héroe que era actualmente.

Pero él ya no era así, ¿verdad?

Y sin embargo es tan ingenuo no pensar que, entre todas las mujeres y amoríos que hubo, uno de ellos no haya resultado en…

En eso.

Su hombro siendo golpeado cuando alguien pasa con prisa a su lado lo devuelve a la realidad. El vagón casi vacío del metro tiene las puertas abiertas frente a él. Las luces viejas parpadean un poco dentro, y los rostros cansados de los neoyorkinos volviendo a casa lo observan. Es aquí donde pertenece. Nunca debió salir de allí. Él es uno más de esos rostros rotos y desteñidos por las adversidades. No es ese chico que le devuelve su reflejo en el cristal de la ventana sucia del metro. No es el protegido de un millonario en un barrio acomodado de Queens. La ropa pulida que porta lo hace ver como un extraño. Suspira antes de decidir pasar al vagón, que rechina sus puertas al cerrarlas tras de él.

Vuelve a su móvil, buscando la ubicación que Ned le envío hace unos minutos, ignorando activamente la notificación de Friday. Es un poco más lejos de lo que pensó, y tendrá que caminar un trecho bastante largo en un barrio residencial alejado de la estación del metro donde pensaba bajar. Maldice en silencio mientras echa un vistazo a la hora.

Era hora de correr.


—¡Woooha! Amigo, estás como…

—Lo sé, lo sé —se lamenta Peter, tomando un poco de aire. Su maratón desde la estación le ha robado el aliento. Las familiares estrellas negras bloquean su visión y maldice en silencio su salud de mierda. Por un momento, había olvidado por completo su atuendo. No sería raro tampoco, que olvidara tomar su dosis de proteína ultra calórica. Pero ahora Ned está mirándole como si fuese Tony Stark en persona. Y Peter ha visto a Ned mirar a Tony a la cara y babear de forma poco decorosa. Los ojos de su amigo lo recorren de arriba abajo hasta que comienza a incomodarlo.

—¿Dónde es?

Ned alza las cejas, de pronto, recordando la razón por la que él y Peter están parados en medio de la noche en aquel barrio; antes de señalar una de las casas que está casi por terminar la manzana.

—Debes estar bromeando.

Ned fuerza una sonrisa nerviosa.

—¡Amigo! No es como el fin del mundo…

—¡Es la casa de Flash! —se queja Peter, señalando la residencia cruzando la calle. —Es como si invitaras a un par de cerditos a una fiesta en el matadero mientras les dices que se divertirán. Es como…

—Bien, lo entiendo, pero amigo...

—No.

—Es nuestra oportunidad…

—Para nada.

—…de demostrarles que…

—De ninguna manera.

—¿Y si encontramos algo vergonzoso dentro de su habitación? —intenta Ned. —¿Sabes lo que daría Flash para que no revelemos algo así?

—¿Tu idea de fiesta es extorsionar?

Ned encoge los hombros.

—¿Quizá…?

Peter niega con fuerza.

—¡Oh, vamos! No puedes irte. Menos cuando luces como el pequeño hijo adoptivo de Tony Stark con esa…

—No —lo corta Peter con seriedad. —Ni lo digas. —La idea de pronto se gesta en su cabeza, y la imagen de Harley Keener vuelve a él. Peter no es la clase de chico que sería el hijo de alguien como Tony. Él jamás podría verse como ese chico de Tennessee. Es solo un huérfano de Queens. Pronto volvería a las calles y se olvidaría de ese capítulo extraño de su vida en el que vivió junto a uno de los hombres más ricos del planeta. Su destino no era ese y lo sabe.

—¡Vamos Peter! —insiste Ned. —Solo una vez.

Los ojos suplicantes de Ned le recuerdan que, de hecho, él le debe mucho a su mejor amigo últimamente. Además, ya es suficiente arrastrarse por medio distrito vestido de esa forma para echarse atrás de último momento.

Y Malba no es una buena idea justo ahora. La sola idea le revuelve el estómago.

—Sólo si prometes que podemos ir a tu casa de vuelta.

—¿Por qué no…

—¿Hecho?

Ned titubea.

—Como digas.

—Bien, hagámoslo. —Acepta con resignación, empujado por la necesidad de sacar la imagen de Keener y Tony de su cabeza.

—¡Eres el mejor! —grita emocionado Ned, apresurándose a su lado.

Peter había visto la casa de Flash algunas veces antes. No porque haya sido invitado, sino porque era el punto de reunión favorito entre los círculos más populares de chicos de Midtown High para celebrar fiestas. Flash solía codearse de chicos de varios grados arriba, no por que fuera especialmente carismático o realmente apreciado por ellos; más bien, era porque les permitía usar su casa y posesiones para su diversión. Así que todo el tiempo estaba en las historias y publicaciones de Instagram de todo Midtown High, y la había visto en tantas ocasiones que estaba seguro de conocerla bien incluso, sin nunca haber puesto un pie dentro. La aparente ausencia constante de los padres de Flash y el nulo interés en su hijo se lo permitían. Peter estaba seguro que en el fondo, Flash sabía que su popularidad se basaba en los dígitos de su cuenta bancaria, pero pretendía que no era así. Eso no hacía que necesariamente que Peter se sintiera más cómodo de entrar. Las fiestas en casa de Flash eran más reservadas para lo más selecto de Midtown High, y tanto Ned como Peter estaban a años luz de serlo.

La residencia de los Thompson era, por decir poco, enorme. Estaba seguro que su antiguo departamento podía ocupar con facilidad la extensión del jardín frontal. Era otra más de las ostentosas casonas del barrio, que parecía tener una competencia silenciosa por ver en cual, de todas aquellas, sus dueños habían invertido más. Peter reprimió para si una sonrisa al pensar que ninguna de ellas llegaría si quiera a la opulencia que podía permitirse el Sr. Stark.

El acceso elevado en un camino de varios eslabones que se intercalaban entre sí en un patrón caprichoso, como si intentaran abarcar todo el espacio disponible en el jardín. Las luces bañaban la fachada principal parecían celebrar el bloque enorme de granito que componía el acabado de todo el acceso. Ned se detiene unos segundos y se vuelve con él, arrugando la frente con preocupación, antes de asentir y tocar el timbre con timidez. Pueden escuchar las voces y risas en la lejanía. La música es más baja de lo que imaginó, pero aun así hace temblar el piso con la potencia del woofer. Nadie abre después de la primera vez. Tampoco lo hacen luego de la segunda.

—Entonces, ¿eso era no? —murmura Ned, desplomando sus hombros.

Peter duda un segundo mientras lo observa. Puede que, mientras ambos esperan a que alguien atienda, Flash y compañía estén disfrutando el espectáculo desde el monitor de vigilancia. Algo dentro de él se enciende como una chispa de rabia.

No sería hoy.

En un acto de estupidez, Peter se adelanta y vuelve a tocar el timbre de forma frenética. Un par de segundos después, una chica rubia, con el ceño arrugado y un vaso de cristal en su mano abre la puerta, observando de arriba abajo a Ned.

—¿Qué?

Ned titubea, así que Peter se adelanta.

—Betty Bra…brant ella…eh…nos invitó.

La chica, se vuelve con Peter, escaneándole de la misma manera que hizo con Ned. Su ceño se relaja y una sonrisa aparece cuando termina de observarlo. De pronto, está sonriéndole.

—No sabía que esa perra tuviera amigos tan apuestos —dice, arrastrando sus palabras. Peter enseguida detecta el olor a alcohol en su aliento y ella se aparta a un lado para dejarles pasar sin dejar de sonreír.

—Yo…eh…gracias. —Alcanza a decir Peter mientras se cuela dentro tras Ned.

—Si necesitas algo, házmelo saber —ofrece ella, mientras acaricia su hombro, antes de desaparecer por el pasillo.

—Stark sabe lo que les gusta. —Declara Ned, anonadado, cuando la chica ha desaparecido por completo. —Oh dios, no puedo creer que estemos aquí.

—Ni yo —murmura Peter, elevando su vista sobre la triple altura que está sobre sus cabezas, por donde una luminaria colgante enorme baja con suavidad. Peter odia admitirlo, pero la familia de Flash realmente está podrida en dinero. Es más ostentoso y pretensioso que las propiedades que conoce del Sr. Stark. Sus gustos son diametralmente opuestos: es como si intentaran, ante todo, gritar que su cartera está reventando en billetes. Por otro lado, Tony prefiere los espacios amplios, limpios y con poca decoración. La austeridad es elegante. No necesita gritar que es costoso porque la amplitud del espacio lo dice en silencio.

Aunque ahora entiende porque Flash heredo el gusto por divulgar su nivel socioeconómico. Parece algo de lo que están demasiado orgullosos.

—¡Oh por dios! Ustedes realmente lo hicieron —la voz de Betty Brant rompe el vestíbulo. Su expresión se balancea entre el asombro y el horror. Por un momento Peter cree que va a echarlos. No hace falta adentrarse más para saber que no es el tipo de fiesta que ellos imaginan. Betty lleva un vestido de cocktail a la rodilla, como si estuviese preparada para asistir a una fiesta elegante, de esas que Peter imagina, Tony asiste todo el tiempo. Y agradece, por un segundo, no estar de pie en medio del vestíbulo vestido con un par de vaqueros rotos y una remera desgastada de ciencia. De pronto comienza a creer que su atuendo es el indicado para no volver a hacer el ridículo.

A su lado, Ned parece retorcerse incomodo dentro de su remera negra que simula la pechera de Darth Vader.

—No fue tan difícil —intenta regodearse Ned.

Betty Brant asiente, aun pasmada, recorriendo a Ned con la mirada.

—Esta es la parte sencilla, de cualquier forma—aclara ella. Se vuelve con Peter, y la expresión de horror se transforma en incredulidad. —Aunque parece que alguien lo entendió perfectamente.

Peter cuadra sus hombros, sintiéndose más cómodo aún.

—Veamos que opinan —murmura ella, girándose y regresando por donde vino. Ned le da una mirada confundida y avanza tras ella con prisa.

Es un grupo más pequeño del que imaginan. Peter alcanza a contar apenas unas veinte personas, que es muchísimo menor a la capacidad de todo el espacio. La sala de estar de Flash es monstruosa. Hay pequeños conjuntos de sofás apartados, cercanos al ventanal que tiene vista a la alberca, y luego está la enorme sala al centro, hundida cuatro escalones abajo. Una chimenea desciende justo al centro, como un aire ceremonial. Todos, sin excepción, están vestidos de cocktail. Puede identificar a algunos de los deportistas de 12° grado, la mayoría de las chicas populares con las que Peter jamás ha cruzado siquiera una mirada, y en medio de todo, está Flash, fumando un puro y sosteniendo un vaso de líquido ámbar en la otra. La música ni siquiera está al nivel que Peter esperaría en una fiesta adolescente.

Todo aquello no parecía una fiesta adolescente para nada.

Era más como ver a las personas más prominentes de la secundaria regodearse en sus trajes y actuando como magnates. Peter esperaba algo más "fiesta en la caza de Liz", con gente lanzándose a la alberca desnuda y vasos desechables abandonados por todos lados. Betty Brant toma un sorbo de su copa a su lado, y Peter traga saliva cuando le devuelve una mirada curiosa al medir su reacción.

—Se los dije —murmura ella con cuidado, antes de alejarse aparentemente satisfecha de su travesura.

—Esto no es lo que…

—…esperaba. —Termina Peter.

—¿Qué demonios es esto? —pregunta Ned. —¿Un evento de beneficencia?

Peter ahoga una carcajada por debajo.

—Es el ego de Flash teniendo un banquete —tararea Peter. —¿Sigues creyendo que era una buena idea?

Ned suspira.

—Mientras no nos note creo que estaremos…

—¿Parker? —La voz de Flash identificándole desde la sala de estar detiene las conversaciones de todos los chicos presentes. Peter intenta ocultarse, pero ahora todos están girando hacia él. —¿De verdad eres tú?

—Yo... em…

Son dos segundos, en los cuales la expresión de Flash es ilegible. Su corazón está golpeando sus costillas con fuerza y jura que todos pueden escucharlos. Dos segundos después, Flash está dándole una sonrisa que lo confunde. Una sonrisa que jamás ha recibido de él: le sonríe como si fueran viejos amigos. Hay algo en ese acto sencillo, mientras observa a Flash levantarse y abrir sus brazos como si estuviese recibiendo a un amigo que no ve desde hace años, que le hela la sangre. Puede sentirlo, no por la punzada. Es un instinto más viejo que hace tiempo que no escucha.

Intuición.

Peter dejó de escucharla hace tiempo, porque su punzada es más práctica y rápida. No tiene que leer entre líneas. Simplemente llega y le avisa donde está el peligro. Su punzada no está diciendo nada en absoluto justo ahora, y sin embargo siente que debe volver sobre sus pasos y alejarse de allí lo más pronto posible.

—¿Por qué no lo habíamos invitado antes? —pregunta al resto de los asistentes, que solo se observan entre sí como respuesta. —Parece que siempre has estado preparado para nosotros, Parker.

Flash se acerca a él y lo toma por el hombro como el Sr. Stark haría, apartando a un lado a Ned, al cual ni siquiera le dedica un vistazo.

—Ni yo lo sabía. —Murmura él. Flash suelta una risa ligera y lo arrastra hasta el sofá.

—Quizá deberíamos considerar hacerte miembro, ¿no? —murmura Flash. —¡Sólo vean a este hombre, por favor! —exclama casi como si realmente estuviera sorprendido. O quizá en verdad lo está.

Varios chicos de 12° parecen verse entre sí con una mirada de complicidad. Y Peter está deseando que su punzada le grite al oído, pero no hay nada. Quizá solo está imaginando cosas, ¿no? Seguro Flash cree que está al nivel del grupo solo por su atuendo. Debe creer que Peter lo ha elegido.

Si, debe ser eso.

—Creo que tendríamos que hablarlo primero con el consejo. —Sugiere uno de los chicos de 12°. Todos asienten en conformidad.

Flash asiente con seriedad.

—Creo que antes, debemos agradecer a la señorita Brant por la aportación.

Peter intenta buscar a Betty entre el grupo apiñonado en la esquina, junto al ventanal. Solo hay cuchicheos como respuesta.

—Lo decidiremos más tarde —confirma otro chico corpulento junto a Flash, que Peter alcanza a recordar como uno de los deportistas.

—¡Está hecho! —anuncia Flash con un falso tono de seriedad que le provoca náuseas. —Ahora, ¿porqué no vas a buscar algo de beber Peter?

Peter asiente solo por instinto, y acepta la invitación para alejarse lo más pronto del centro de las miradas. Ned sigue plantado en el mismo sitio cuando vuelve a perderse entre las personas y el ritmo de las conversaciones retoma su curso.

—¿Qué mierda fue eso? —masculla Ned.

—¿Me lo preguntas a mí? Tú fuiste quien escuchaba a Betty a escondidas —le murmura Peter. —¿Qué clase de fiesta secreta es ésta?

Ned encoge los hombros.

—Una a la cual no va cualquiera, al parecer. ¿Podrías decirle a Tony que me asesore para elegir mi atuendo la próxima vez?

Peter le da un codazo a Ned.

—Bien, bien. No hablamos del señor de hierro. —Acepta de mala gana Ned.

—¿Nada de esto te da como… —se vuelve a ver al grupo charlar por debajo al centro de la sala de estar. —…mala espina?

La sonrisa divertida de Ned no se borra de su rostro.

—Ya sabíamos que Flash estaba un poco… —Ned señala la cien de su cabeza con su índice y lo hace girar. —Lo está llevando solo un poco más allá.

Peter no cree del todo en la teoría de su amigo, pero asiente, intentando tranquilizarse a sí mismo. Solo es un adolescente mimado que le gusta jugar y ostentar con las posesiones de su familia.

—Pero esto es…

—¡Parker! —una voz entusiasta lo llama a sus espaldas. Cuando gira, tiene que elevar su mirada unos centímetros para encontrarse con un rostro conocido. Seymour O'Reilly está a su lado, enfundado en su esmoquin entallado y luciendo su peinado perfecto. Peter odia un poco como su espalda ancha se cuadra y lo hace lucir tan fuerte. Claro que también lo detesta porque junto con Flash, suele acosarlo en la escuela. Realmente luce como todo un luchador.

Carajo, Peter es Spiderman y luce como un maldito desahuciado.

—He-hey…em… ¿qué tal? —responde con un hilo de voz, tragando saliva. Nunca ha cruzado una conversación con el tipo. Usualmente son solo burlas unidireccionales hacia Peter y nada más.

Seymour alza su cabeza como un saludo despreocupado.

—No creí que Flash probara contigo.

—¿Disculpa?

Seymour suelta una carcajada ligera.

—No lo tomes a mal, pero no pareces tener el perfil, ¿sabes a lo que me refiero?

—En realidad Betty Brant nos invitó —agrega Ned, colocándose a su derecha. Seymour apenas repara en Ned y se vuelve con Peter. Parece que, el hecho de no vestir adecuadamente ahí dentro te hace invisible.

—Bueno, eso explica bastante —murmura, mientras se gira hacia la barra del bar atrás de ellos. —¿Quieres tomar algo?

Peter sacude su cabeza con fuerza.

—Yo en realidad no…

Seymour sonríe y está seguro que viene una invitación forzosa a aceptar un trago. Sin embargo, el chico no parece el mismo Seymour que asiste a Midtown High.

—Se preparar algunos tragos vírgenes. Mi padre es un alcohólico sin remedio, pero me enseñó a preparar algunos tragos desde los 7. Aunque no me permitió probar nada con alcohol hasta los 13.

Peter parpadea, de pronto sintiéndose incómodo ante la declaración de un dato tan íntimo de su vida.

—Que buen padre —añade Ned, salvando el momento, a su lado. Peter asiente y Seymour sonríe.

—Lo sé, quizá algún día pueda llegar a ser la mitad de lo que él es —confiesa, como si estuviese hablando del maldito premio Nobel y no de un hombre con una adicción al alcohol. Peter no se atreve a contradecirlo, de cualquier forma. —Entonces, ¿alguna petición?

Peter niega de inmediato. Siendo honesto, Peter jamás ha bebido nada más allá de algún ponche de frutas. No lo hizo antes de Spiderman, no lo haría tampoco ahora.

—Lo que sea, mientras sea virgen, está bien para mí.

Seymour le da una mirada pícara antes de rodear la barra para darse a la tarea de preparar unos tragos. Intercambia una mirada nerviosa con Ned mientras el chico remueve botellas, mide ingredientes y agita la mezcla. Unos minutos más tarde tienen un par de tragos con un tinte azulado que se degrada hasta desaparecer. Se tomó la molestia de añadir decoración y Peter tiene que admitir que lucen profesionales.

O elegantes.

Peter jamás ha visto algo así, para ser franco.

—Que los disfruten —les desea, mientras empuja las bebidas hacia ellos.

—Oh…son como…genial. Gracias —musita Peter.

Ned asiente, dando un gran sorbo a su trago, sin detenerse a agradecer. Peter observa unos segundos, con reserva, hasta que Ned baja el vaso y levanta el pulgar con entusiasmo. Le toma unos segundos más animarse a probar, y cuando lo hace, le cuesta creer que sea un trago preparado por un adolescente. Suspira aliviado cuando no detecta una gota de alcohol en su paladar super desarrollado, pero lo golpea una mezcla de sabores equilibrados entre sí que encuentra fascinante. Se recuerda tomarlo con calma, ya que es solo una porción pequeña.

Cuando termina de saborearlo, no puede evitar sonreír. Seymour lo nota y sonríe con él.

—Debes admitir que tengo talento —alardea.

Peter asiente, entusiasmado.

—¿Alguna vez has pensado trabajar de esto?

El ceño de Seymour se arruga.

—¿Para qué?

Peter se muerde la lengua de inmediato. Claro que Seymour O'Reilly no tiene necesidad de trabajar. Su familia está tan bien acomodada como quizá la de Flash. Es absurdo siquiera proponerlo. No todos cuentan centavos como él y May solían hacer.

—Claro —atina a decir con torpeza.

—¿Se divierten? —Betty Brant está de regreso y Peter agradece al cielo o al dios que sea que haya enviado a la chica en ese preciso momento.

—Seguro —responde Ned, que gira de inmediato con la chica. Betty repara un segundo en él y se vuelve con Seymour.

—Oye O'Reilly, Flash está buscándote.

La mirada de Seymour se oscurece y luego asiente con seriedad.

—Bueno Parker, fue un placer —se despide el chico. —Tengo que ir a ver dónde se atoraron las pelotas de Thompson esta vez.

—Dios, O'Reilly —masculla Betty avergonzada, ahogando su queja en un sorbo a su copa.

Seymour suelta una risa ligera mientras se aleja tarareando una canción que es desconocida para Peter. Puede ver su ancha espalda fundida en su saco ajustado de vestir colarse por el vestíbulo y desaparecer. Por un segundo desea poder enfocar su audición mejorada en seguir los pasos del chico. Es su instinto, no su punzada, quien parece empujarlo a vigilar cualquier movimiento sospechoso.

—…¿quieren verlo? —alcanza a captar Peter. —¿Sigues aquí Parker? —Betty lo está observando como si fuese una especie en exhibición en un zoológico. Ned parpadea nervioso, dándole un asentimiento forzado.

—Yo em…

—Seguro —responde Ned. —¿Verdad Pete? A ambos nos encantan los autos clásicos.

Betty asiente con lentitud, deteniéndose en el forzado entusiasmo de Ned.

—Bien, es por aquí —dice ella. —No le digan a Flash que se los mostré.


Peter tenía que admitir que no estaba tan sorprendido como podría ser. Quizá, un par de años antes, su quijada se hubiese estrellado contra el suelo cuando Betty Brant encendió las luces del garaje de los Thompson. Tenía que admitir que sí, Flash era demasiado afortunado. Los vehículos ahí aparcados eran una muestra de ello. Odiaba tener que reconocer porque Flash se regodeaba tanto de su estatus. Pero tampoco es como si Peter fuese dejarse impresionar. El estacionamiento privado de Tony Stark era cincuenta veces más impactante que ello.

Es gracioso, sin embargo, que los bienes materiales no le impresionen de la misma forma que a Ned, pero aún seguía suspirando por diez minutos de calefacción o una ducha caliente. Hay cosas más importantes y lo sabe. Así que permanece pretendiendo estar impresionado, tras los pasos de Ned parloteando datos sobre el modelo de los autos que poseía el padre de Flash. No necesita ser un genio para notar que Ned estaba sobreactuando también. No porque no estuviese emocionado, sino porque insistía en parecer complacido con el tour que Betty Brant le brindaba.

Es evidente al final, que todos parecen presumir de ser amigos de Flash y su grupo. Es como si de esa forma, las riquezas de sus amigos se transfirieran a ellos.

Una estupidez, de cualquier forma.

—Juraría que los asientos son los originales —parlotea Ned junto a Betty, que de pronto parece interesada en lo acabados interiores del Jaguar frente a ellos.

Peter no está seguro, las costuras son demasiado sofisticadas para la época y apostaría que no lo son. Decide callar sus objeciones para no interrumpir el discurso de su amigo. Betty comienza a parecer impresionada por el conocimiento de Ned en el tema.

—¡Claro que estarían aquí! —Seymour parlotea desde la puerta del garaje.

—Aquí vamos de nuevo… —masculla Betty de tal forma que la piel de Peter se pone de gallina. Seymour no parece molesto, de cualquier forma. Está usando una sonrisa demasiado amplia y estirada para su gusto, pero nada de que alarmarse.

Ned se remueve, molesto por perder la atención de Betty.

—¿Vinieron a una fiesta o a un maldito museo? —escupe Seymour. —Debes dejar esto para los ancianos Brant.

Betty susurra una maldición por debajo.

—De cualquier forma, necesito robar a Parker. —Informa él. —Sólo un segundo.

Peter observa la escena con curiosidad, mientras Seymour intercambia una mirada significativa con Brant. Esa voz en su cabeza que hace llamar intuición parece comenzar a susurrarle un par de cosas que Peter prefiere ignorar. Está bien, igual no quería estorbar a Ned ahora que luce que él y Betty comienzan a llevarse bien.

—Voy con ustedes —añade Ned enseguida. La sonrisa de Seymour se borra cuando de pronto parece notar a Ned.

—Hey…lo siento. Invitación para uno —lo detiene Seymour. Peter traga saliva, pero le da una sonrisa despreocupada a Ned antes de seguirlo.

—Vuelvo enseguida —le promete.

Ned no parece convencido de la idea, hasta que parece recordar que lo dejará solo con Betty. Abandona el garaje con un último vistazo de ambos rodeando el auto que veían juntos unos segundos antes.

De vuelta al interior, Peter nota como la estancia se encuentra más vacía de cuando la abandonó. Hay un pequeño grupo de chicas de 12vo que reconoce, pero el resto del grupo parece haber desaparecido. La pequeña voz en su cabeza comienza a volverse más incómoda conforme sigue a Seymour a través del comedor y bajan por una escalera que supone, va al sótano.

—Hey, ¿qué era…lo que Flash…

Seymour está tarareando ahora y lo ignora por completo. Algo cambió en la dinámica de la conversación. Es como si ni siquiera se molestara en mirar a Peter más que para asegurarse que aún lo sigue. Las escaleras bajan y se abren en un pequeño vestíbulo iluminado con apenas luz indirecta y algunos proyectores que bañan un par de pinturas en los muros. Enfoca entonces su audición mejorada y puede detectar risas ahogadas al fondo. Hay cuchicheos bajos y lucha por enfocarse en alguno, pero su concentración se ha ido al carajo por sus nervios, que todo parece ser una maraña de susurros sin sentido para él.

Entonces Seymour abre de golpe un par de puertas frente a él y Peter descubre al resto de invitados. Es una estancia de entretenimiento. Puede ver una sala de estar y la pantalla gigante frente a él. En el espacio al costado, otro pequeño bar y una mesa de billar llenan el espacio. Peter no puede apreciar nada más. Todos están allí, de pie, rodeando la mesa de billar en formación y observándole con interés, en silencio. La suave música de jazz electrónico llena el hueco que dejan los murmullos. Ni siquiera tiene tiempo de comenzar a procesar las náuseas que se forman ante la escena. Dos segundos de silencio después, Flash rompe la fila que rodea la mesa con una sonrisa pedante. El viejo Flash, arrogante y burlesco está de vuelta.

El estremecimiento llega tarde.

La punzada ya no es siquiera necesaria cuando lo asalta.

—Oh Penis, acabas de llegar a la verdadera fiesta —ronronea, divertido.

Peter busca en los rostros del resto de los presentes algún indicio de lo que ocurre. Intenta calmar su respiración entrecortada frente a ellos, pero fracasa. Girar demasiado rápido de pronto lo marea y desorienta.

—De verdad creíste que formarías parte ¿no? —se lamenta Flash con condescendencia fingida. —Eres la mejor parte ahora, Parker —escupe al final. Da un paso hacia un lado y es entonces que Peter lo nota.

No hay bolas de billar sobre la mesa.

Le toma un par de segundos identificar la montaña de comida apilada y revuelta de forma grotesca entre sí.

Le toma dos segundos más, notar que los dos chicos más fornidos presentes están tomando sus brazos tras su espalda como si fuera una camisa de fuerza.

Ni siquiera termina de comprender cuando el primer proyectil de comida impacta en su rostro.

Su vista se empaña entre el queso amarillo y la crema batida, y jura que no puede oír nada a través del aullido eufórico en el que estallan los presentes. Intenta zafar uno de sus brazos, pero sus rodillas son golpeadas por detrás obligándole a caer sobre ellas de inmediato.

—¡Vamos Penis, sabemos que tienes hambre! —Flash está gritando entre el aullido y las risas, pero no logra identificar su ubicación. —¿Cuántos meses más van a quedarse sin comer tu tía y tú para pagarte eso? —se burla Flash, provocando un aullido colectivo más. Hay manos sosteniendo su cabeza e intentando abrir con rudeza su boca, mientras la comida revuelta sigue impactando en su rostro. Logra saborear un poco de chocolate mezclado con aderezo ranch. Puede oler el chilli, las papas fritas y la comida china mientras empuja su peso hacia el suelo, buscando escapar.

Su mente está ahogándose en el pánico y el horror.

El olor agrio de la comida putrefacta está revolviendo su estómago, mientras parte de la mezcla entra en sus fosas nasales, asfixiándolo. En un reflejo de sobrevivencia abre la boca para tomar aire y entonces alguien aprovecha para empujar la masa de alimento al fondo de su garganta. La mezcla de sabores es asquerosa en su boca. Las arcadas no tardan en llegar. Puede saborear su propio vómito. Parece que el espasmo aleja a un par me personas de él. No lo sabe. Su vista está empañada y no poder respirar adecuadamente lo marea.

O quizá está hiperventilando.

No lo sabe.

Todo está ocurriendo al mismo tiempo y Peter no sabe si escupir, respirar o tirar hacia un lado. Intenta escapar y en medio de su desesperación olvida medir su fuerza. El impulso es más cercano a la fuerza de Spiderman que de Peter. Incluso con su desgastado estado físico, sigue siendo bastante fuerte. Escucha el impacto sordo de un cuerpo golpeando contra algo a su derecha. Luego hay un gruñido de dolor. Sus brazos son liberados de inmediato y su primer instinto es limpiar sus ojos para ver lo ocurrido.

Todo se detiene un segundo.

—¿Qué mierda Parker? —grita alguien.

Mierda.

Mierda. Mierda. Mierda. Mierda.

—Yo… —musita apenas en un murmullo, antes de que un par de brazos lo jalen sin ceremonias hacia arriba y un puño impacte en su mejilla. El ardor estalla en un latigazo, antes de sentir un burbujeo caliente comenzar a cruzar su rostro hacia abajo.

—¡Hey! —es Flash quien grita ahora y Peter se gira hacia él.

La sonrisa pedante ha desaparecido. El terror está plasmado en su rostro y todos le observan, confundidos.

—¿Lo vas a dejar hacerlo? —lo reta el chico que lo golpeó a Flash.

Flash parece dudar un segundo.

—No iba a ser así —murmura Flash tan bajo que Peter tiene que sostener su respiración para escucharlo.

—Vete al carajo Thompson —escupe el chico de vuelta, antes de girarse y alejarse.

Flash está observando a Peter con horror. La herida de su mejilla debe estar sangrado lo suficiente para haber robado todo el color del rostro moreno de Flash. Ni siquiera nota la debilidad y las náuseas volver a su cuerpo mientras tropieza dando un par de pasos hacia atrás. Solo ruega porque sus ojos paren de empañarse y las lágrimas vuelvan a ellos.

Nadie se atreve a detenerlo.

Entonces Peter no se detiene hasta que ha puesto tras su espalda la puerta de acceso de la residencia de los Thompson.

"Sal de allí"

"No te detengas y sal de allí."

"¿Qué?"

"¿Dónde estás?"

Peter no responde.

Espera los siguientes cinco minutos, oculto tras la cerca de la casa vecina, hasta que ve la figura de Ned aparecer en el acceso. Betty está con él aún. Ambos lucen intactos. Giran alrededor buscando a Peter.

Suspira.

"Lo siento"


Lo sé.

Ha pasado un tiempo.

Realmente estaba muy entusiasmada con este capítulo, quería llegar a él -por obvias razones- pero cuando llegué, no he podido continuar como por, mucho tiempo.

Las cosas siempre pueden ir peor y solo debo decir que, comencé muy entusiasmada y no sé si quedó como imaginaba. Me ha sido muy difícil siquiera motivarme a abrir el documento para continuar y últimamente las cosas están empeorando.

Y solo estoy cansada.

Muy cansada de todo.

Este año va peor que el pasado.

Siempre se puede estar más solo.

Siempre se puede estar peor.

Siento mucho si el fic no parece mejorar como debería. No sé como escribir algo con dos gramos de positividad ahora mismo.

Lo siento.

Bethap