Disclaimer: los personajes aquí nombrado no me pertenecen, yo los tomo solo para mera diversión.
sin más, disfruten.
EL BAÑO
Se maldecir por décima vez en esa mañana, mientras estaba en el baño de esa empresa. Se repitió incansablemente que ese trabajo no era para ella ¿Por qué decidió estudiar turismo y comercio? Era estúpido, puesto que su familia, especialmente su padre esperaba que terminara estudiando algo relacionado con medicina o algo por el estilo, pero decidió estudiar algo para atreverse a conocer el mundo. Un gruñido escapó de sus labios mientras aún seguía limpiando la camisa blanca manchada de café.
— Maldita bruja...– farfullo, realmente molesta, puesto que Akane no era de soltar ese tipo de groserías. – Ojalá se seque cual pasa como su abuela.
No pudo hacer más que soltar los botones de la camisa, teniendo la puesta no resolvería nada en cambio iba a humedecer más la prenda. Quedando rezagada sobre los lavamanos, se miró al espejo y su lamentable aspecto, el cabello estaba todo desordenado y su mirada colérica hasta le asustaba, trató de tomar aire para tranquilizarse, mientras las lágrimas se aglomeraban en sus ojos amenazantes. Maldita sea, ¿Será qué no podría tener un buen día, al menos una vez? Había un dios en ese universo que le odiaba.
— Dioses, si no me quieren más en este mundo llevenme ya...– murmuró mirando al techo, para volver la vista a la desdichada camisa manchada y volver a pasarle una pequeña toalla húmeda. Y siguió murmurando maldiciones a su existencia.
Aún rememoraba como la cara de la compañía, la genial modelo, la que todas le tenían envidia por su exótica belleza le tiró el café encima por accidente, un comportamiento demasiado infantil a su parecer, y eso es lo que más molestia le daba. No podía creer lo que la fama le podía hacer algunos hasta el punto de huecarles el cerebro. Akane soltó otro insulto hacía la mujer que le había arruinado la mañana y todo por esa foto que había salido en una revista de farandula esa mañana.
Iba a matar al hombre en cuanto lo viera, de eso no había duda. Lo peor de todo esto es que desde que se vieron en el restaurante donde trabajaba no de habían visto, pero alguien, y deseaba que ese alguien lo atropellara un camión por lo que le hizo, les tomó una fotografía justo ese día mientras ella miraba al empresario como una idiota enamoradiza, y el le sonreía galante. Una fotografía que dejaba en juicio el contexto de la misma, luego de salir hasta en las putas páginas de facebook, ignoro completamente las llamadas de sus familiares, solo Nabiki estaba insistente seguro para saber cómo fue posible hacer ese milagro.
Claro que ella no había hecho nada, todos, maldita sea, todos le miraban como un bicho raro desde que llegó esa mañana a la compañía, no había entendido hasta que su compañera le mostró una sonrisa con una sonrisa de oreja a oreja y las palabras "ahora eres famosa"...y estaba más que claro que ella no quería serlo, maldijo otra vez olvidándose cuántas veces ya lo había hecho. Todo por culpa del joven con la trenza y ojos azules.
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— No, no, no, no...– El pelinegro cerró la puerta aguitado, su lujosa corbata estaba desordenada y se apoyó en la misma luego de pasar el candado, esperaba que allí la loca de Kodashi Kuno no le consiguiera. Hasta varias hebras de su trenza se soltaron dejandole en un estado desastroso para el hijo y socio del dueño de la compañía. Nada podría ir peor.
Le pedía a cualquier dios que se apiadará de su pobre alma en desgracia y lo auxiliará en ese aspecto, para quitarle a locas desquiciadas, chicas, japonesas y extranjeras de encima, todo por culpa de aquel anuncio estúpido en la revista "¿Será una nueva conquista para el joven empresario?" Recordó las palabras del encabezado, volviendo a la persecución, estaba cansado de que muchas le persiguieran como si fuera un trozo de carne, eso sí, un trozo de carne con más dinero del que deseaba y peor aún molestas por lo escrito en ese papel. Cómo deseaba estar en una montaña alejado de todo, como cuando estaba adolescente, estando en paz consigo y con su alma, pero la vida a veces era cruel y sin duda alguna le divertía hacerlo sufrir.
— Ellas necesitan tera-...– Sus palabras fueron cortadas por lo que estaba frente a sus ojos, los cuales se pasearon por la figura un par de veces, mientras que la misma parecía petrificada, mirandoles fijamente.
Un jadeo escapó de los labios de Akane, antes de caer en cuenta quien era el que estaba allí, viéndole de una forma que le ponía incómoda. Aún así no se atrevió a mover un solo músculo por unos segundos pensando que tal vez era un espejismo, pero al pasar los segundos notó que no era así, y sin más, gritó lo más alto que le permitían sus cuerdas vocales, corriendo en dirección a uno de los cubículos.
— Maldito pervertido, ¡Es el baño de mujeres! – gritó desde adentro sintiendo su cuerpo temblar y apretó la humeda camisa sobre su pecho para cubrirlo un poco.
Ranma se quedó, al igual que ella, procesando la situación, rememorando el brasier de encaje color rosa pastel que realzaba los senos de la mujer, sobretodo lo estrecha que era su cintura y como no olvidar aquellas grandes caderas que se reflejaban, sin duda verle sin ninguna prenda quizás fuera un sueño para cualquier persona.
— ¡¿Ya se fue?! – la voz lo saco de su ensueño y agitó la cabeza aturdido ¿Que hacía la chica Candy Crush en ese lugar? Y lo más importante ¿Que hacía sin la prenda superior? Esas preguntas solo danzaban en su cabeza como una vieja película. Fue cuando la fémina asomó su rostro por una pequeña abertura de la puerta del cubículo. – ¡Ah, tremenda mierda!
La joven yendo volvió a cerrar la puerta con fuerza excesiva, mientras buscaba algún plan para salir de esta y extremadamente molesta por como le había pasado, por absolutamente todo, luego de una semana de huirle de una forma literalmente, salía corriendo cada que le veía en sus trabajos de pasantía más ahora con aquel anuncio el cual sin duda le perjudicaba, pero parecía que el universo, dioses o astros solo se burlaban de ella de una forma cruel y despiadada. Eran más de la una de la tarde y por décima novena vez se maldijo hasta la muerte.
— Pe-perdón, no me di cuenta que era el baño de chicas...– con esas palabras escuchó un fuerte portazo y ahí, Akane, pudo respirar con más calma. Su corazón parecía martillar con fuerza su pecho hasta el punto de sentirlo en sus oídos y unas cuantas lágrimas de frustración se escaparon de sus ojos.
Sin contar que esa semana había sido un infierno con respecto a su familia, ahora su vida laboral solo iba de mal en peor, se hizo una pregunta a la cual no obtendría respuesta, por lo menos no por ahora ¿Cuánto más habría que soportar de una pésima suerte? Si. Duda odiaba absolutamente todo.
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Al salir del baño soltó una maldición y con ello por la frustración se revolvió los cabellos, el moreno arrugó la nariz, de todas las situaciones que se imaginó que le iban a pasar ese día, lo más seguro que esa era la peor. No porque haya visto el mismo demonio en persona. Sino que era ella precisamente quien había estado allí en aquella condiciones, sin duda una mala suerte para su persona.
El sonido se su celular lo despertó de momento y busco entre los bolsillos del pantalón aquel aparato, cuando vio el mensaje en la pantalla pudo respirar tranquilo, por lo menos la loca de Kodashi ya no estaba en ese edificio, agradecía a los dioses por aquel milagro, aún tenía mucho trabajo por delante e ir a su casa en ese momento no era una opción. De nuevo la imagen de la joven que estaba en el baño llegó a su mente y tuvo que agitar la cabeza para alejar los pensamientos obscenos.
No era momento para pensar en algo así, de nuevo maldijo su suerte, si ya de por sí la chica había estado huyendo de él toda la semana , ahora que la había visto...sería aún peor. Cuando se enteró que ella trabajaba en ese compañía sonrió como un idiota, los clichés de la vida solo demostraban que todo o estaba planeado, o había alguien más allá que conspiraba en su contra, pero como ya había demostrado; La chica Akane era una anticliches.
Pero, siempre el maldito pero saltaba sin contemplación, estaba metido en la farándula y por su culpa ahora Akane estaba involucrada, recordó que el primero en llamarlo fue su padre, quién le dijo que "no eres un maldito Playboy o esas mierdas que dicen los jóvenes, resuelve esto" y el como buen hijo abnegado, lo mando a la mierda de buenas a primera y con un "no te metas en vida" colgó el celular, luego de eso las llamadas a su secretaria aumentaron de revistas y las odiosas que estaban detrás de él para reclamarles como si estuviera con alguna de ellas.
Odiaba esa vida de tener que darle explicaciones a los demás de lo que hacía, mejor dicho, le molestaba que pidieran explicaciones que el no se iba a molestar en contestar. Mientras abordaba el ascensor busco su celular y gracias a la soledad del mismo comenzó a jugar para distraerse, el sonido característico le lleno los oídos y suspiró, era un día largo, por lo menos no era más que una estupidez, estaba seguro que iba a solucionarlo.
Al llegar a la entrada de su oficina guardando su celular se dirigió a su secretaria con una escasa sonrisa.
— Akari...quiero que canceles todo lo que tengo programado para esta tarde...– la mencionada sonrió, asintiendo, teniendo a un lado aquel cerdo que le miraba de manera rara, poniéndole los pelos de punta. En esta vida existían rarezas de rarezas. – y además...
Al entrar a su oficina quedó satisfecho, soltó ligeramente su corbata y se quitó aquel saco que sentía que le ahogaba dejándolo en el mullido sillón, por lo menos esa tarde podía concretar sus planes de una vez por todas, solo esperaba que Akane Tendo no se moleste por su osado atrevimiento.
Akane salió del baño, queriendo ir a casa de una vez por todas y quedarse allí lo que resta del día, hasta que revisando su celular le llegó una extraña notificación de mensaje de un número desconocido
Te espero en el estacionamiento. Voy a explicarlo todo.
Extrañada, y más que nada confundida hizo caso omiso aquello, tal vez alguien había anotado un dígito equivocado, ella iba a ir a su casa, ya habiéndole notificado a su jefe que se encontraba indispuesta y este condescendiente aceptó permitiéndole salir para que descansará. Y eso iba hacer, no le importaba nada de lo demás o lo que ocurriera a su alrededor, que mal que para cuando llegara casa no se iba a encontrar con una imagen favorable.
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Dicho y hecho, al llegar a dónde viva un carro negro de vidrios oscuros estaba estacionado en toda la entrada, estaba dispuesta a ignorar aquello hasta que la puerta de atrás de abrió saliendo de allí la desgracia, la causa de sus problemas de ese día, con su estúpida trenza y sus ojos azules puesto en ella con un maldito acosador, luego de la sorpresa inicial su ceño se unió un brillo se posó en sus ojos.
— A-Akane, de verdad sien...– las palabras cayaron cuando el Saotome sintió un puñetazo en su mandíbula, haciendo que su rostro se girara solo un poco. Se quedó un momento en esa posición sorprendido mientras llevaba una mano a su mejilla y pestañeo varias veces antes de ver a la fémina.
Akane se sostuvo la mano un momento, aquello era por supuesto llevado por la ira, no pudo controlarse y fue impulsada apretando con fuerza el puño hasta impactarlo en el más alto. Lo que incluso fue peor es que sus labios se abrieron, para soltar palabra si dejar al otro contestar.
— Es un grandísimo imbécil ¡¿Cómo se le ocurre permitir esto?! – gritó colérica, con las manos hechas puños hasta el punto de clavar sus uñas sobre la piel. – ¡Aparte de imbécil, pervertido! Ni crea que me olvidé de lo que pasó en el baño ¡Es que no tiene consideración! ¡Es la última persona que me gustaría ver en este momento! ¡Le agradecería que se largar o me veré en la obliga...!
— ¡Espera! – Ranma la detuvo poniéndole las manos en los labios para que no siguiera gritando llamando a los pocos que estaban caminando por ella calle. – solo quiero disculparme llevándose a almorzar
La joven habló sin apartar la mira del joven o siquiera relajar el ceño, pero sus palabras no fueron entendía puesto que aún tenía las manos del joven sobre los labios la cual comenzó a sentir su corazón querer salirse de su pecho, lo atribuyó a la inmensa irá que sentía en ese momento.
— No quiero nada con usted, mejor larguese...– dijo de nuevo cuando él libero sus labios y caminó dando la vuelta para entrar en la recidencia. – Como le dice la primera vez, no me va a impresionar, señor Saotome, ya me ha causado bastante problemas, además de que me está acosando en mi propia casa, podría ser allanamiento ¿Lo sabe? – se volteó en la puerta para mirarle con algo parecido al desprecio. – sin contar que me está acosando, no necesito sus disculpas, muchas gracias por nada.
Con eso entro a su hogar dando un portazo, subiendo a toda velocidad las escaleras hasta la puerta que le tocaba y al entrar se recostó en la puerta hasta llegar a sentarse en el piso con las piernas en su pecho, todo iba de mal en peor.
Mientras tanto Saotome, miró la puerta un momento antes suspirar y volver al auto, saco su celular, por lo menos no se había equivocado, ahora sabía donde vivía la chica. Luego de ver qué ella lo llegaba al estacionamiento tuvo que insistirle a su amigo y socio de la compañía que le ayudará a darle la dirección de Tendo Akane, puesto que estaba ya desesperado, más con los pensamientos martillandole por eso había decidido ir hasta donde vivía esta chica, por más que desconfiara del lugar sobretodo porqué este no contaba con una buena reputación.
— Vamos, Gosunkugi – el hombre de apariencia espectral le miró por el retrovisor, asintiendo y comenzó a mover el carro, se preguntó cómo hacía el joven Saotome para tener tanta féminas hermosas a su alrededor, era tan extraño.
Saotome por su parte comenzó a teclear, era ora de dar paso al plan B. Por lo menos esperaba que este si funcionará.
¡HOLAAAAAA!
Ha pasado tiempo ¿cierto? Ya estamos es el 2023, que maravilla...jejejeje...en un año entero muchas cosas pueden pasar, como bien saben, lo bueno es que estamos aquí, hoy con vida, porque hasta la salud nos falla a veces. bueno...
En fiiiinnn... esperó que este capítulo les haya gustado, yo me divertí mucho al escribirlo. sin más nos vemos en el próximo cap.
Espero sus comentarios con un cafecito, bye bye.
