Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, en el universo de Harry Potter de J.K Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.
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"Lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla."
El arte de la guerra - Sun Tzu.
Capítulo 2: Una taza de café.
Era el décimo día de lectura de archivos. Por los últimos diez días ellos habían pasado cerca de once horas diarias leyendo la investigación de Mackinnon y Stone, a la vez que tomaban notas que intercambiarían al finalizar la lectura.
Si bien solo habían cruzado los usuales saludos que el protocolo de cordialidad dictaba, Hermione no podía más que sentirse aliviada de que Draco hubiera sido el primero en proponer una tregua.
Si bien ella podía jactarse de muchas habilidades, la de la diplomacia no parecía ser una de sus virtudes. Con los años ella había madurado y tratado de modificar muchas de sus conductas pero ser mandona era algo que aún no había aprendido a controlar. Era una suerte que Malfoy hubiese sugerido dejar de lado cualquier rencilla del pasado porque ella no hubiese sabido como proponerlo sin que sonara como una especie de orden que seguramente los llevaría a más de una nueva discusión.
- Estoy harto… ¿Café?
Hermione se había sobresaltado al oír a Draco golpear la mesa con su copia de la última carpeta de archivos, pero no dijo nada pues ella también estaba cansada y la perspectiva de tomar un delicioso café hizo que su cerebro se pusiera en piloto automático, anulando su instinto de pelea.
Para ser sincera, el café que Draco preparaba era el más perfecto que había probado en mucho tiempo. Aunque claramente no lo diría en voz alta porque aún temía que él se volviera jactancioso como en el colegio.
Ofrecerle aquel dulce elixir marrón había sido la segunda ofrenda de paz que Malfoy le había dado desde que trabajaban juntos. La primera rama de olivo había sido enseñarle la biblioteca de la sala del Tiempo, el mismo día que comenzaron la tregua.
- Por favor, si. La caligrafía de Mackinnon me está dando dolor de cabeza.
- A mí también. Él tiene incluso una caligrafía más horrenda que la mía. Y para ser sincero, esta investigación ofrece poco y nada de información.
- Creo que ellos solo se dedicaban a vagar por ahí sin ningún método comprobable de investigación.
Draco se puso de pie y dejó sus gafas de lectura sobre la mesa. Luego se colocó el chaquetón de botones azules y mantuvo la puerta abierta para que Hermione la atravesara.
Si bien Malfoy no era exactamente amistoso, ella no podía negar que él tenía unos modales exquisitos y eso era un agradable cambio comparado con su mejor amigo y su prometido. Adoraba a Ron y a Harry pero ellos jamás detendrían una puerta para que ella pasara o le ofrecerían ayuda con un objeto pesado. Sin ir más lejos, Ron había demorado varios años en notar que ella realmente era una chica.
Hermione bregaba por los derechos de las mujeres y jamás dejaba de decir que no se consideraba una dama frágil pero recibir un gesto caballeroso de vez en cuando era algo agradable.
Ambos atravesaron el octógono de las salas y caminaron en silencio hacia el área común de descanso que el departamento de misterios poseía. El área de descanso era una especie de cocina comunal y más allá de ella había habitaciones con literas, separadas por cámaras, para que los inefables pudiesen descansar cuando no podían o no querían volver a casa entre misiones. También había grandes baños mixtos y una sala exclusiva para ejercitar en un ambiente que simulaba ser el exterior. Cuando Draco le mostró aquel sector, le contó que él prefería dormir en el sofá de la oficina y usar la modesta ducha que ofrecía el baño privado que esta tenía.
Si bien ellos ya estaban trabajando en una misión, habían decidido que pernoctar en el ministerio carecía de sentido porque solo estaban dedicándose a la lectura de archivos.
Hermione había llegado cada mañana a las ocho en punto y se había encontrado sistemáticamente a Draco bebiendo una taza de café y manteniendo caliente otra con un hechizo de calefacción. A medio día ellos irían al área de descanso y tomarían cualquier cosa que los inefables de apoyo hubieran cocinado para sus compañeros.
Los inefables de apoyo solían ser aquellos que habían sufrido una lesión catastrófica en una misión o que por su edad no podían ser enviados lejos del ministerio. También las mujeres solían tomar turnos en la sala de descanso cuando estaban embarazadas y no tenían ninguna misión de oficina por realizar.
Según el manual, el sistema de apoyo se había creado porque nadie ajeno al departamento podía entrar. Ni siquiera los elfos domésticos eran permitidos allí abajo y eso implicaba que incluso las compras de víveres debían ser realizadas por algún interno con tiempo libre.
- Por Merlín, esto es delicioso. ¿Donde aprendiste a hacer así el café?
- ¿Eso es un halago, Granger?, ¿Hermione Granger está halagando a Draco Malfoy?
- En realidad estoy halagando tu café, Malfoy, pero no dejes que se te suba a la cabeza.
Draco sonrió sardónicamente y se giró hacia el lavabo para poder limpiar los implementos que había utilizado para moler el grano de café.
- Fue Melissa, la esposa de Harvey, ella me enseñó. Durante mí primer mes me rompí el tobillo en una misión y terminé haciendo rotación en las cocinas por poco más de un mes. Melissa me enseñó varias cosas en ese tiempo.
Hermione desvió su mirada hacia el café. Le hubiese encantado conocer a la tal Melissa y esperaba poder conocer en persona a Harvey. Por lo que había oído, ambos eran grandes personas. A ella realmente le gustaría poder tener esa motivación que Stone y Draco tenían para cumplir con la misión de búsqueda, y no solo estar investigando por curiosidad y bajo órdenes. Sabía que si a ella la estuviese moviendo el amor, su búsqueda sería más efectiva.
- Será mejor que volvamos a la oficina y terminemos de leer los archivos. Quiero presentarle el plan a Stone hoy, de ser posible.
- Andando tengo un par de ideas en mente sobre lo que podríamos hacer pero estoy segura de que necesitaremos autorización para todas ellas...
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Christopher caminó rápidamente hacia la sala de juntas en cuanto el memo interdepartamental color lila llegó hasta su oficina. Había estado esperando aquella reunión por diez largos días y al fin tendría novedades.
Cuando abrió la puerta encontró a Hermione y Draco con sus cabezas muy cerca mientras examinaban un pergamino y discutían algo entre ellos.
- ¿Estás diciendo que quieres asaltar un museo muggle y robarte parte de la exposición?
- No. ¡Por supuesto que no!, Quiero investigar la vestimenta de cerca y quizá hacer un par de encantamientos geminio.
- No es robar pero sigue siendo algo ilegal. ¿En serio estás dispuesta a quebrantar la ley muggle?
Hermione no tuvo tiempo de responder a eso último porque Stone se aclaró la garganta para que ellos notasen su presencia.
- ¡Comandante!
- ¿Que dijimos de los rangos, Hermione?, lamento haberlos asustado.
- Lo siento, Christopher. No hay problema. Buenas tardes.
- Buenas tardes a ti también. Hola Draco.
Draco no había levantado su mirada del pergamino. Las ideas de último minuto de Granger tenían sentido pero no estaba seguro de cómo las ejecutarían.
- Hola, Stone.
Christopher tomó asiento en el lado opuesto de la mesa y sacó de su bolsillo un pequeño anotador que colocó junto a una estilizada pluma de tinta automática. Salvo por su forma de pluma de pájaro, aquello claramente podría ser descrito como un bolígrafo muggle muy extravagante.
- El memo decía que tenían un primer borrador del plan de acción. Los escucho.
Draco y Hermione se sentaron y luego de discutir un poco entre dientes, ella le cedió la palabra. Al fin y al cabo Draco era Alférez y ella solo era un inefable raso.
- Antes de empezar, quiero decir que los archivos son un desastre. Harvey secó mí cerebro hablando del método de investigación y lo que ustedes escribieron no tiene pies ni cabeza.
Christopher se sonrojó visiblemente y suspiró antes de enfrentar la verdad.
- Tengo que confesar que Harvey y yo no teníamos ningún permiso para hacer esa investigación. Usábamos nuestras licencias para recorrer esos lugares con la piedra del tiempo y a veces demorábamos meses o años en volcar en un archivo lo que habíamos visto. Además, estando allí, no conocíamos la mayoría de los idiomas y dejarnos ver hubiera sido algo bastante complejo.
- O sea que nos envías a una búsqueda con información poco fiable y ni siquiera estás completamente seguro de dónde estaban. Si no conocían el idioma, saber fechas y ubicaciones debió ser imposible... ¿Cómo es que hacían esto si no tenían permiso?
- El mentor de Harvey descubrió la roca pero jamás consiguió el permiso para investigarla. Naturalmente nosotros tampoco.
Pequeñas motas de color bordó se estaban formando en el cuello y mejillas de Draco. Incluso Hermione podía notar como una vena comenzaba a latir en su frente, pero él seguía sin elevar su voz ni siquiera una octava. El extraño aplomo que él había ganado con los años la tenía maravillada.
- Es verdad que no sé los lugares y fechas exactos, pero no soy estúpido. La mayoría de la información es real, quizá falten detalles pero no los estoy enviando a una muerte segura. Ustedes son más inteligentes y sabrán cómo abordar esto para salir victoriosos.
- ¿Y cómo es que Macdowens permite esta búsqueda?
- La permite a cambio de que presente mí renuncia indeclinable. Esta es mi última misión como jefe. En cuanto ustedes regresen, yo me iré.
Ni Hermione no Draco supieron cómo responder a esa declaración así que él decidió omitirla y seguir exponiendo su punto.
- Hemos notado que hay datos inconsistentes y ahora somos conscientes de cuáles fueron las barreras que les impidieron realizar una investigación coherente. La barrera idiomática es nuestro primer problema en esta misión.
- Si, lo es. Nosotros fingíamos ser mudos cuando íbamos a las ciudades por comida. La mayoría del tiempo permanecimos acampando en los márgenes de las ciudades y tejiendo teorías de lo que veíamos desde lejos. Cuando la roca se activaba, simplemente juntábamos nuestras cosas e íbamos al punto siguiente.
En ese momento Draco hizo un leve gesto de que era su turno de hablar y entonces Hermione le pasó el borrador del plan a Stone. Ambos estaban bastante disgustados al saber la verdad sobre la misión pero intentaban mantenerse profesionales porque, al fin y al cabo, Christopher seguía siendo su jefe.
- Para poder investigar la fuente de la magia de cada ventana debemos mezclarnos con los magos o al menos acercarnos lo suficiente. En ese pergamino están escritos algunos de los hechizos y conjuros que necesitaremos usar. Esperamos que nos den los permisos para su uso.
Luego de entregarle el borrador al comandante, ella hizo un gesto como si estuviera pensando y los hombres presentes casi podían ver sus engranajes mentales corriendo a toda velocidad.
- También necesitaremos permiso de ejecutar el hechizo Omnilingua periódicamente. La misión principal es hallar a Mackinnon y con el hechizo de inmanencia será suficiente, pero para el resto de la investigación necesitamos más cosas, Christopher.
Christopher se colocó las gafas de montura de carey y acercó el pergamino a su rostro para leer la pequeña caligrafía de Hermione.
- Hechizo de glamour étnico, Conjuro de tiempo pendiente, poción de salud y memoria permanente. Además del Omnilingua, claramente.
El comandante comenzó a escribir la lista de hechizos y luego se detuvo.
- Entiendo el motivo para el Omnilingua, las pociones y asumo que el conjuro de tiempo pendiente es para calcular cuánto falta para que la ventana vuelva a cerrarse. Pero ¿Para qué quieren un hechizo de glamour étnico?
Si bien no levantó su voz e intento controlar su tono, todos en la sala se dieron cuenta que Draco estaba bastante irritado.
- ¿Me has visto, Stone?, ¿Cómo crees que podría pasar desapercibido midiendo un metro ochenta, teniendo ojos grises y cabello rubio?
Christopher asintió cuando comprendió los motivos pero no agregó ni una sola palabra.
- Creemos que teñir el cabello de Draco o usar pociones multijugos sería engorroso y poco viable, porque hay ventanas donde ser rubio puede darle ventajas. Lo mismo sucede en mí caso. Según algunos libros de la biblioteca, el hechizo que solicitamos haría que nos vieran según la etnia del observador y aún así podríamos distinguirnos entre nosotros.
- Muy bien, Hermione. Todos los hechizos tienen sentido. Supongo que Macdowens los aprobará. ¿Qué más necesitan?
Draco expresó un gesto similar al de un gato que se ha comido a un gordo canario.-
- Dile tú, Granger.
Hermione bufó molesta. Ellos ya habían consultado varios libros de historia para conocer las vestimentas de las distintas épocas, pero no sabían dónde encontrar una modista que no hiciera preguntas.
- En las bodegas del museo británico muggle hay ejemplares originales de las prendas de la época y copias exactas en exhibición. Si logramos hacer un geminio con las copias, tendríamos vestimentas acordes para movernos en cada ventana sin miedo a que nos descubran. El glamour solo influye en el cuerpo, no en la vestimenta.
Christopher se quitó las gafas y talló sus ojos mientras procesaba la información lentamente. Estaba cansado. Triste y cansado. Macdowens había puesto el grito en el cielo, al enterarse de toda la verdad sobre la piedra del tiempo, y la única forma que había tenido para sosegarla había sido ofreciéndole su renuncia y un informe detallado sobre el funcionamiento de la piedra.
- Bien. Me parece una buena idea también. El problema radica en que en esos sitios hay vigilancia. ¿Cómo entrarían?
Draco lanzó una carcajada sarcástica.
- ¿Es que usaste la piedra durante la guerra? ¿Acaso no te enteraste cómo Granger se paseó por el ministerio en la piel de una trabajadora y luego robó Gringotts? Un museo muggle es un juego de niños para ella.
- No sabía que tenías tantos detalles de mí biografía, Malfoy. ¿Acaso me estás halagando?
Por primera vez Draco dejó la máscara de fría calma, que parecía haberse puesto ese día, y se cruzó de brazos mientras hablaba con una de sus cejas elevada.
- No, Granger. Halago tu capacidad de allanar lugares de máxima seguridad sin ser atrapada. Si ser inefable no funciona podrías probar con ser ladrona de guante blanco.
- Draco, Hermione, por favor. Pasarán los próximos meses viajando en un tiempo y lugar al que no pertenecen. ¿En serio pretenden hacerlo mientras surgen este tipo de rencillas entre ustedes?
- Lo siento, Stone. Te garantizo que Granger y yo seremos completamente profesionales. Es solo que las viejas costumbres tardan en morir.
- Así es. Malfoy tiene razón. Le juro que la misión será exitosa independientemente de nuestra relación personal.
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Macdowens estaba eliminando cierta información sensible de su memoria cuando alguien llamó a la puerta de su oficina. Lanzó una advertencia para que el visitante esperara a que finalice el proceso y una vez que este terminó, se dirigió a la puerta.
- Lamento haberte hecho esperar Christopher. Pasa, pasa. ¿Qué novedades tienes para mí?
Macdowens abrió la puerta de par en par y le cedió el paso a Stone. El ingreso y no esperó autorización para sentarse, simplemente se arrojó a una de las sillas que enfrentaban al escritorio de la suprema inefable.
- Draco y Hermione ya han fijado el curso de acción para la misión que les he encomendado.
Ella cerró la puerta con seguro y lanzó un hechizo silenciador a la habitación.
- Me alegra. estaba segura que las aptitudes de ambos harían que formaran un buen equipo.
- Lo hacen. Juntos son extraordinarios. Sus mentes maquiavélicas trabajan de manera que apenas logro seguir pero…
- Siempre hay un pero. ¿No?
- Si. Ellos no tienen una buena relación personal. Por lo que averigüé, todo comenzó en Hogwarts.
- Lo sabía. Ambos vienen de diferentes mundos, Stone. Sus ideales entran en conflicto pero ahora son dos adultos que aprenderán a convivir.
- Eso espero Beth. Eso espero. ¿Has pensado en mí sugerencia?
- Hablas de tu reemplazo. ¿No?
- Si. ¿Considerarás a Draco para el puesto?
- No. Él es demasiado joven. Apenas alcanzó el rango de Alférez. Al menos debería tener una década más de trabajo antes de aspirar a ser un comandante. Ascenderé a Gretel Jones.
Luego de la pequeña discusión a cerca de quien lo reemplazaría una vez que la misión de Draco y Hermione terminase, Stone le habló a la suprema inefable sobre el plan que ellos estaban urdiendo. Naturalmente Macdowens había tenido cierto recelo a cerca del allanamiento al museo pero terminó por acceder.
Si bien la mayoría de la información que los inefables recababan se mantenía en secreto, había ciertos conocimientos que era importante dar a conocer al pueblo civil. Cuando esto sucedía, el departamento acudía a los llamados escritores fantasma y eran ellos los encargados de distribuir aquella información.
Si todo salía bien en la misión, estarían en condiciones de reescribir puntos importantes de la historia o de descubrir eventos que dieron forma a la sociedad mágica.
- Diles que tienen carta blanca para usar los hechizos de la lista y que están autorizados para usar el Alphwyn en cuanto estén preparados para partir.
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Hermione estaba preparando un uniforme de repuesto y algunos elementos imprescindibles para dejar en la oficina. Había vuelto a casa para despedirse de su prometido y llevar un pequeño bolso de mano que le permitiera despistar a cerca de los motivos de su viaje.
Naturalmente, ella no podría decirle a nadie sobre que estaría haciendo durante los próximos meses y desaparecer sin llevar ni siquiera los elementos básicos de higiene sería extremadamente sospechoso.
La impresión de ser la nueva compañera de Malfoy había quedado en el pasado y todos, incluyendo su prometido, habían asumido que aquello era inevitable porque eran las órdenes de los jefes. Además, eran adultos y las rencillas escolares ya no tenían razón de ser. Malfoy se había comportado de manera relativamente civilizada con ella, por lo que hacer un drama sería algo bastante tonto.
- Mamá hizo galletas y tiras de carne seca para el viaje.
Ella sonrió, beso la mejilla de Ron y tomó de sus manos el paquete que la señora Weasley le había enviado. Para todos los efectos, ella se iría de viaje por su trabajo y no podía decirles que no tomaría ningún medio de transporte convencional.
- Ron…
- ¿Si?
- Tenemos que hablar.
Mientras ella terminaba de empacar, Ron se había ido a la sala y estaba devorando las galletas sobrantes que su madre había cocinado esa tarde. Al oír la temible frase, un montón de posibilidades cruzaron por su cabeza pero extrañamente no se sintió asustado o alarmado.
- Sabes que puedes decirme lo que sea Herms.
- Esta misión puede durar hasta seis meses. No sé exactamente cuándo volveré, pero sé que no será pronto. Yo estuve pensando y…
Ron no había visto a Hermione así de nerviosa desde que ella había tenido que rendir sus "e.x.t.a.s.i.s" en Hogwarts. En cambio él se sentía tranquilo, perder a su hermano en la guerra y el correr de los años le había servido para ganar algo de madurez y aplomo.
- Si, me dijiste eso cuando te dieron la misión. ¿Qué estuviste pensando?
Hermione suspiró largamente. Durante los últimos diez días había estado meditando las palabras que Macdowens le había dicho cuando empezó a trabajar y había llegado a la conclusión de que liberar a Ron de su compromiso era lo más adecuado.
- En el peor de los escenarios, seis meses es demasiado tiempo. Yo estaré en una misión importante para mí carrera pero tú no. Estarás solo aquí y creo que no es justo para ti.
- Hermione, amor. No te sigo.
Ella tragó grueso y se quitó la sortija de su mano izquierda.
- Iré al grano. He pensado mucho y creo que lo mejor es que yo te devuelva esto. Si en estos meses conoces a alguien que te haga feliz, no quiero que pierdas tiempo y la oportunidad de serlo por estar esperando mí regreso. Te amo y si al regresar descubres que no quieres estar conmigo, quiero que sepas que estaré más que feliz por ti. No podremos estar en contacto en todo ese tiempo y quiero irme sabiendo que estarás bien.
Ron observó la sortija que ella le tendía pero no la tomó. En su lugar la envolvió en sus brazos y besó la cima de su cabeza.
- Eres la mujer más maravillosa del mundo, Hermione. Te amo desde el colegio y eso no va a cambiar durante los próximos meses. Pero si de esta forma garantizo que partas en paz, lo haré. Tendré en cuenta lo que dices. Solo no me devuelvas la sortija. La compré para ti, es tuya y me gusta pensar que estaré contigo mientras la uses.
Mientras Ron hablaba ella había escondido su rostro en el pecho de él y había comenzado a llorar en silencio. Cuando lo notó, puso una mano bajo su barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos.
- Sé que piensas que tengo la capacidad emocional de un ladrillo pero entiendo que quieres hacer con esto, Herms. Eres realmente noble por hacerlo pero debes estar tranquila, no hay lugar en mí vida para otra mujer que no seas tú.
- ¿Y si conoces una chica mientras no estoy?, Podrías perderla.
- En el hipotético caso de que eso sucediera, ella esperaría a que yo estuviera libre. No quiero que estés pensando en mí durante tu misión. Enfócate y haz que todo salga de maravillas, ¿Si?... Siempre estoy orgulloso de ti pero quiero poder decir que mi prometida es la mejor inefable que haya existido.
Luego de decirle aquello, la besó por un tiempo prolongado y el calor comenzó a crecer entre ambos. Ella aún tenía tiempo antes de marchar así que decidió aceptar el avance de Ron y hacer el amor con él, una última vez antes de irse.
Al terminar, Ronald se quedó dormido y ella aprovecho para darse una ducha, dejarle una carta de despedida junto a la sortija y marcharse temprano hacia el ministerio.
A pesar de que Ron le había jurado que esperaría por ella, Hermione no quería que lo hiciera. Si al regresar él descubría que aún sentía lo mismo por ella, retomarían su compromiso y posiblemente pondrían fecha para la boda. De lo contrario, ella sería igualmente feliz por él.
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Cuando llegó a la oficina, aún tenía los ojos rojos debido al llanto. Al irse del departamento, lo hizo con la sensación de que al regresar nada sería igual. Ella solo envió una carta a Harry y Ginny. No quería llorar nuevamente y que Malfoy se riera de ella por su sentimentalismo. Las despedidas eran demasiado duras para Hermione.
Había algo positivo en todo aquello, ella al menos no debería despedirse de sus padres porque jamás logró devolverles la memoria y ellos vivían felices e ignorantes de que su única hija planeaba hacer un viaje hacia el pasado.
- Llegas temprano, Granger. No te esperaba hasta dentro de una hora.
Hermione se sobresalto al oír la voz de Draco. Él estaba saliendo del pequeño cuarto de baño de la oficina y parecía que había tomado una ducha recientemente.
- Yo, eh… lo siento. Decidí venir antes.
Sinceramente lo traía sin cuidado lo que hubiera decidido Granger. Así que solo asintió mientras seguía con su actividad. Prendió el anteúltimo botón de su camisa, mientras se miraba al pequeño espejo que había en el muro y con un simple hechizo de aire caliente secó su cabello. Estaba por colocarse el chaquetón pero decidió que probablemente no sería buena idea si tenían que mezclarse entre muggles mas tarde.
- ¿Te has bañado aquí?, Pensé que irías a tu casa a despedirte.
- Si.
- ¿Si a qué?
- Solo hiciste una pregunta y la respuesta es si. Si, me he duchado aquí. ¿Algún problema con eso?
Ella decidió ignorarlo cuando le contestó secamente y guardó sus cosas en el armario que Draco le había asignado. Usualmente él buscaba la manera de evadir el tema cuando ella hacía notar lo sospechoso que se veía que él siempre llegara antes que ella. Incluso cuando Hermione llegaba mucho más temprano de lo acordado, solo para probar su teoría, Draco parecía haber llegado mucho antes.
Hermione no lo sabía pero lo sospechaba. Estaba bastante segura de que Draco no había vuelto a salir del ministerio desde el día que ella había comenzado a trabajar en el departamento de misterios. Según corazón de bruja, él estaba felizmente comprometido con Daphne Greengrass. Sinceramente no veía el motivo para que él se recluyera en el ministerio de aquella forma.
- El museo ha cerrado a las cinco. Creo que podríamos ir cerca de media noche que es cuando la guardia es mínima.
- Bien. Como tú digas. ¿Tienes el bolso con el hechizo de ampliación indetectable?
- Hermione le mostró el viejo bolso de cuentas que había usado durante la guerra.
- Si. Pero he pensado que para el viaje sería mejor buscar un bolso que pase más desapercibido. Creo que podemos ver qué se usaba en las diferentes épocas y buscar la manera de tener un bolso que no llame la atención en ninguna.
- Estoy de acuerdo. Stone ha dicho que nos dará el Alphwyn apenas estemos listos para partir. Creo que tener un solo bolso, donde llevarlo todo, es lo mejor. Una menor carga sería más sencilla de proteger.
Draco tomó un pergamino que había estado escribiendo antes voltear el tintero y tener que darse una ducha para quitar la tinta.
- Por lo que sabemos, Stone y Mackinnon han estado entre muggles en muchas de las ventanas, así que he escrito una lista de objetos que deberíamos conseguir. Gracias a Merlín se me ha instruido en esgrima y uso de cuchillos desde los seis años. Mi familia tiene cierta obsesión con ellos…
Instintivamente Hermione colocó una mano sobre el brazo que Bellatrix había marcado con un puñal maldito durante la guerra.
- No te sigo.
- Defensa, Granger. Entre muggles no podría usar una varita pero si una espada. Debemos buscar en ese museo muggle cuales eran armas de cada época.
- ¿Estás seguro de querer llevar armas?
- Por supuesto. ¿por qué lo mencionaría si no?
Ella lo medito por un momento y asintió. Hermione aun tenía recelos a cerca de Draco pero tenía que hacer lo posible para no confrontar con él.
- Serán armas muggles…
- Me encantaría llevar el puñal de Slytherin pero es poco probable que los curadores del ministerio me lo concedan. Las armas forjadas por los duendes son las mejores pero no creo que pasen desapercibidas en una época en la que los muggles todavía no habían descubierto el acero... Soy una sangre pura y en algún momento fui supremacista de la sangre, pero no soy estúpido Granger. No me subestimes.
- No lo hago, Malfoy. Buscaremos armas también.
Hermione se sentó en el sofá que le pertenecía y comenzó a releer su copia del plan que habían trazado para la misión. A su vez, Draco hizo un par de veces el hechizo de inmanencia y practicó los movimientos del hechizo de glamour.
- Muero de hambre. ¿Qué te parece si comemos algo antes de ir al museo?
Ella rompió el silencio cuando oyó el gruñido que el estómago de Draco había lanzado y repentinamente recordó que también tenía hambre.
- Son casi las diez. Probablemente ya no haya ningún inefable de apoyo en las cocinas.
- Tengo galletas que hizo la señora Weasley y tiras de carne seca. Yo podría compartirlas contigo si tú preparas algo de café.
Draco le sonrió por primera vez desde que habían comenzado a trabajar juntos. Quizá fuera por la perspectiva de compartir las galletas o el tono algo mendigante que ella había usado para sugerir que le hiciera un café.
- Bueno pero no iré solo hasta allí. No soy un elfo y no traeré tu café.
Era extraño. Casa mañana él solía tener una taza extra para ella y jamás había mencionado lo de ser un elfo. Hermione decidió no mencionarlo.
- Lo sigo señor Alférez Inefable Malfoy.
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Llevaban al menos veinte minutos caminando por el Londres muggle. Luego de cenar ellos decidieron caminar hasta el museo. Draco se negaba a usar los medios de transporte muggle y el autobús noctámbulo quedaba fuera de elección porque implicaría revelar una parte delicada de la misión.
- Es la primera vez que camino por este lado de Londres.
- A pesar del frío y que es de noche, este camino siempre es hermoso.
Draco siguió mirando al frente mientras observaba los autos que iban y venían por las calles a pesar de lo tarde que era.
- Es irónico haber vivido veinticuatro años aquí y apenas conocer un puñado de lugares.
Esa era la primera vez que él decía algo remotamente personal desde que se habían conocido.
- El mundo mágico es hermoso pero pequeño.
- Probablemente tengas razón…
Caminaron las últimas calles en silencio, cada uno metido en sus pensamientos. Draco pensaba en las cosas que se había perdido por culpa de creencias que limitaban su universo y Hermione pensaba en Ron y echaba en falta la sortija que había usado por tanto tiempo en su mano izquierda. Extrañamente ella no extrañaba a Ron de un modo romántico pero quizá fuera porque hacía solo un par de horas que se había separado.
Al llegar al museo, Draco pensó que los muggles no debían envidiar a los magos en cuanto a lo que arquitectura se refería. Por supuesto que él jamás mencionaría aquello en voz alta cerca de otro mago o bruja, pero en la intimidad de su mente podía creer lo que quisiera.
- Bien, ¿Y ahora?
Hermione sacó del bolsillo de su chaqueta un plano del museo y buscó puntos en la calle que le sirvieran para orientarse.
- Debemos girar hacia el oeste. Allí está la entrada de servicio. Probablemente podamos confundir al guardia de seguridad para que nos permita entrar.
- ¿Y si usamos un imperio?, bajo ese hechizo tendríamos menos inconvenientes.
- ¿No es una maldición imperdonable?
Draco se encogió de hombros.
- Dependiendo de cuál sea el uso que le demos. Solo es magia, Granger. Si te hace sentir mejor, luego podemos lanzarle un Obliviate. El muggle jamás recordará lo que sucedió.
Ella bufo mientras caminaban hacia la entrada de servicio. Tenía sus reservas a cerca de usar la maldición imperio pero sería hipócrita de su parte negarse a usarla, cuando ella y Harry la habían usado durante la guerra. Si bien las circunstancias eran distintas, Draco tenía razón. Magia era magia.
Hermione y él se escondieron en una saliente del edificio que se encontraba a unos cuantos metros de la garita donde el guardia muggle leía una revista.
Amparados en la oscuridad, ellos pudieron esperar a que el guardia se distrajera y luego Draco le lanzó la maldición ordenándole que abriera la puerta para ellos y apagara las cámaras de seguridad. El guardia así lo hizo.
- Tenemos quince minutos antes de que la central de monitoreo note las cámaras apagadas. Debemos correr hacia la muestra del antiguo Egipto.
- Te sigo, Granger. Yo buscaré armas y tú la ropa. Luego guardaremos todo en tu bolso.
- Me gusta el plan, Malfoy. Si los quince minutos se terminan, nos vemos donde nos escondimos más temprano. Aquí no hay barreras antiaparición.
- Ten.
Hermione hizo una copia del mapa del museo y se la tendió a Draco. Ellos tenían que recorrer demasiadas salas buscando objetos y si lo hacían juntos jamás llegarían a tiempo.
- Gracias.
Cada uno salió disparado en una dirección distinta y comenzó a lanzar hechizos geminio a diestra y siniestra, una vez que daba con lo que estaba buscando. Tenían una somera idea de cuáles eran las ventanas que visitarían así que dar con la época exacta era la parte sencilla del plan. Lo difícil era, al menos para Hermione, elegir el tipo adecuado de vestimenta. Ellos habían acordado llevar prendas de campesinos o gente del pueblo, para evitar que cualquier autoridad con la que se topasen les diera más de una mirada al verlos pasar. Por alguna razón estaban seguros de que Mackinnon no estaría en ninguna de las primeras ventanas que visitarían, así que irían preparados para visitarlas todas.
Intentaba decidirse por cual vestido bordado del siglo XV debía copiar, cuando alguien la tomó por la cintura, colocó una mano en su boca para que guardase silencio y habló muy despacio junto a su oído.
- Hay un guardia en la otra sala. Sé que te dije que lanzaríamos un Obliviate al guardia de la entrada pero no podrá ser. ¿estás lista para desaparecer?
Hermione asintió y Draco los hizo desaparecer rumbo a un callejón que había visto camino al museo. Cuando aparecieron, él aun la mantenía aprisionada contra su cuerpo y su mano seguía impidiéndole hablar.
- Eso estuvo cerca.
- Si, ya puedes soltarme, Malfoy…
Draco la soltó como si quemara y rápidamente extrajo de su bolsillo las armas que había logrado copiar del museo, y que había reducido para poder cargarlas con facilidad.
- No logré conseguir todas las armas que me hubiesen gustado pero al menos tengo lo indispensable. ¿tu?
- También tengo lo indispensable. Me hubiese gustado conseguir algunas cosas mas pero no pudo ser.
Debido a la oscuridad del callejón, ninguno observó el sonrojo en las mejillas del otro. Aquel había sido el primer contacto verdadero que habían tenido en sus vidas y Draco tenía que admitir que Granger no tenía el hedor que su padre siempre decía que los hijos de muggles poseían. En realidad ella olía a gardenias y sol, una combinación interesante. Hermione se apresuró a racionalizar la situación y obligarse a descartarlo como una novedad. Ellos eran compañeros de trabajo y ciertos contactos se volverían cotidianos de ahora en más. Ella no debía cohibirse o sonrojarse cada vez que Draco la tocara por algún motivo. Tenía que ser profesional.
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N.a: Fin del segundo capítulo. Gracias a todos/as por la recepción que le dieron a esta historia. Me hace mucha ilusión que les guste. En el próximo capítulo comenzará el viaje.
Suelo escribir escuchando música y cada capítulo tiende a tener un par de canciones que me ayudan a inspirarme. En este caso las canciones fueron: Believe it or not de Nickelback y Wicked ones de Dorothy.
Quiero agradecer a ShainaCobra, Malaka Black, , Wendisnice, Wendy Lizarraga, Giulianacontesso y Maryel Tonks por sus reviews y también a el/la usuaria/o anónimo. Gracias a todos. También gracias a las personas que le dieron follow y fav. Ahora sí, ¡HASTA LA PROXIMA!
