Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, en el universo de Harry Potter de J.K Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.

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"Escarbó tan profundamente en los sentimientos de ella, que buscando el interés encontró el amor, porque tratando de que ella lo quisiera terminó por quererla."

Cien años de soledad - Gabriel García Márquez.

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Capítulo 8: De guerreros y Valkirias. Parte 1

Enero de 1087 d.C. - Uppsala auðr - Escandinavia (Suecia en la actualidad).

Los últimos tres días que pasaron en Babilonia fueron los más extraños que Draco podría describir. Sobre todo teniendo en cuenta que había participado en la conquista y quema de Persépolis por orden de Alejandro Magno.

Cuando las cenizas de la ciudad comenzaron a asentarse, él fue trasladado en uno de los carros con los pocos heridos que pudieron darse el lujo de regresar con vida a Babilonia. El ejército de Alejandro seguiría su marcha rumbo a las tierras de oriente y, ya que las tropas reales se habían recuperado, el general decidió enviar a casa a los que no fueran soldados entrenados.

Tanto su Syntangmatarchos como Alejandro habían estado renuentes a dejarlo marchar, pero Draco había dicho que una vez que su brazo estuviera en condiciones se volvería a unir al ejército. Aquella había sido una enorme mentira pero ambos parecían haberla creído.

Desde la mañana en la que llegó, el comportamiento de Hermione había sido, cuánto menos, errático. Ella había pasado de mostrarse cariñosa, a falta de otro adjetivo, a distante una vez que él se pudo poner en pie. No hubo más besos y ella incluso insistió en que le enseñara a luchar con una espada sin darle razones para hacerlo.

Draco no se consideraba un buen maestro pero había hecho todo el esfuerzo posible para mostrarle lo que había aprendido en casi diez años de instrucción. Su padre había insistido que aprendiera esgrima para ser un buen duelista de magia. Granger ya era buena duelista, aprender el paso inverso no debía ser algo tan complicado. Él tenía razón.

-Ya para Hermione. Juro que ese saco de paja está lo suficientemente muerto.

Él estaba sentado junto a un fuego mágico poniéndose un poco más de ungüento cicatrizante. Ya casi no sentía dolor por las heridas de flecha pero las cicatrices necesitaban ser tratadas si no quería quedar completamente desfigurado.

Afuera nevaba con fuerza. La ventisca llevaba algunos días y salir de allí sería completamente idiota. El único problema radicaba en que la comida fresca, que habían llevado desde Babilonia, ya era historia y que no querían gastar las provisiones de emergencia aún. Pronto deberían presentarse en el langhús de la aldea y pedir permiso al jarl, o gobernador, para quedarse allí. Draco no se arriesgaría a llegar casi hasta la inanición como habían hecho Harvey y Christopher una de las veces que estuvieron allí y se les terminaron las provisiones.

El Alphwyn se había activado al amanecer del cuarto día desde su regreso. Sin decir nada ambos habían cruzado el portal y habían aparecido en medio de un conjunto de cabañas abandonadas. Al contrario de Stone y Mackinnon, que habían huido hacia el bosque, para protegerse del frío ellos habían montado la tienda en el interior de una de las cabañas abandonadas y desde ese día vivían allí.

Por culpa de la ventisca ellos no tenían idea de dónde estaban realmente. Solo sabían que debían estar cerca de alguna población nórdica y que el frío calaba los huesos. Después de dos ventanas en sitios cálidos, él había comenzado a tolerar la temperatura infernal y ahora no sabía cómo mantenerse caliente. Para colmo, su compañera no parecía estar para la labor de darse calor mutuamente.

- ¿Por qué no dejas esa espada de una vez y buscas algo más divertido para hacer?

Draco se había parado tras ella y estaba susurrando en su oído, logrando que toda su determinación se fuera a un pozo muy rápidamente. Clavó la espada en el saco de paja y se alejó de él para aclarar su mente.

-¿Qué demonios te pasa Granger?

-No sé de que hablas, Malfoy.

Prácticamente escupió la última palabra y eso hizo que él se pusiera a la defensiva. No recordaba haber dicho o hecho algo para que ella estuviera así. Salvo que manchar su vestido con sangre contase.

-al contrario de ti, yo voy a ser directo. Si hay algo que haya hecho, debes saber que las indirectas no son mí fuerte así que dime qué sucedió. No voy a devanarme los sesos pensando que te hice para que estés así. Y no asumiré que es algo relativo a tu período. Llevamos dos meses aquí y recién ahora pareces tener está especie de spm.

-Te dije ayer que no tengo nada.

-Vamos Hermione. Sabes que algo tienes, tu comportamiento es muy distinto. Y por si no me conoces lo suficiente, solo insistiré un par de veces antes de comenzar a ignorar tu existencia.

Hermione resopló. No quería que él la ignorase pero ella no estaba teniendo un buen momento ignorando su propia conciencia.

- no puedo con esto, Draco. Tú estás comprometido. No puedo hacerle esto a otra mujer.

Draco golpeó su frente con la mano del brazo herido y luego hizo una mueca de dolor. Ahora todo tenía sentido y él no estaba para nada sorprendido. Para ser sincero, era extraño que ella aún no lo hubiera mencionado. O quizá lo había hecho y él estaba delirando de fiebre por los flechazos, no lo recordaba.

-Bien, se acabó. Somos dos personas adultas y vamos a conversar como tal. No eres una adolescente como para pórtate así y yo no soy un estúpido niño tras la primera falda de su vida. Hablemos, Hermione. ¿Qué es eso que has estado hilvanado en tu mente?

Draco se sentó frente a la mesa y le indicó a ella que hiciera lo mismo. Hermione quería golpearse y debería admitir que él tenía razón pero aún no estaba lista.

-Te escucho…

Ella dudó y sin mirarlo dejó que todas sus dudas salieran.

-Estas comprometido. Vas a casarte. Cuando salgamos de aquí habrá una mujer esperando tu regreso y ambos seguiremos siendo compañeros de trabajo. ¿Cómo la miraré a los ojos sabiendo lo que tú y yo hicimos aquí?

Ella estaba siendo sincera así que él también tendría que serlo.

-Esa mujer de la que hablas es Daphne Greengrass. Es cierto. Estoy comprometido con ella y si bien hemos tenido sexo algunas veces, ambos sabemos que lo nuestro es meramente contractual. Su padre quería un esposo para ella luego de que la abandonara el tipo que la desvirgó y el mío castigarme por haber elegido ser inefable. Ella fue criada para ser una esposa sangre pura, sabe que no tengo obligación de fidelidad hacia ella y por cortesía le he dado el mismo derecho.

Hermione iba a replicar pero Draco alzó la mano para indicarle que no había terminado aún. Si él dejaba su explicación a medias ella lo tomaría como un bastardo desalmado. En realidad era un bastardo desalmado pero trataba de no herir a las mujeres. Su madre, cuando aún tenía permiso de su padre para verlo, le había inculcado hasta el hartazgo la forma de tratar a una dama.

-Sé que debe sonar horrible lo que dije pero así fuimos criados. Ella está bien con eso y yo también. Daphne no encontrará un esposo adecuado ahora que no es virgen y yo sería desheredado si no me caso con la mujer que Lucius eligió. Al salir de aquí, seguiremos con nuestra vida, Hermione. Muy probablemente te casarás con Weasley y yo seguramente me cansaré con Daphne. Seguiremos siendo compañeros de trabajo y conviviremos como los adultos que somos. El sexo no tiene por qué complicarlo todo y nadie se enterará, al igual que cualquier otra cosa que suceda en esta misión.

Hermione meditó lo que él decía. Sonaba perfectamente coherente pero aún así había algo que le daba miedo. ¿Qué tal si el sexo si complicaba todo? Sabía que los hombres eran perfectamente capaces de tener sexo sin enamorarse jamás y que otros se enamoraban sin haber tocado nunca a quienes amaban. ¿Sería ella capaz de entregarse a él y dejar de lado cualquier tipo de sentimiento?

-¿Tengo tu palabra de que jamás se lo contarás a nadie?

Draco bufó.

-te diré dos cosas. La primera es que un caballero no tiene memoria y la segunda es que también soy inefable. Si cuento algo de lo que sucedió aquí a un civil, seré despedido o algo peor.

Draco se puso de pie y le tendió la mano. Cuando ella la tomó, él la obligó a ponerse de pie y la agarró por la cintura mientras la miraba a los ojos.

-Creo que no te agradecí correctamente lo del otro día. Fueron días horribles y se sintió bien tener a alguien que no me juzgue en ese momento.

-Es lo menos que podía hacer. Estabas muy herido y físicamente exhausto.

-Yo diría que no solo físicamente pero aún no estoy listo para hablar de eso… por cierto, gracias por no preguntar.

Ambos estaban hablando tranquilamente pero él aún la tenía pegada a su cuerpo y ella había puesto sus manos sobre su pecho. La túnica de lana era bastante áspera pero se sentía cálida a través de las palmas de sus manos.

-No hay por qué.

Él sonrió y se inclinó para volver a besarla luego de casi una semana.

-Recuerdo que dijiste que si volvía en una sola pieza me darías acceso libre a tu cama.

-Yo no dije eso.

Suavemente comenzó a deslizar el vestido de lana por las piernas femeninas y sonrió de lado, pícaramente.

-No voy a discutir semántica contigo. Si no deseas la cama puede ser en la mesa, una silla e incluso sobre la nieve. Si no estuviera herido, probablemente te ofrecería cargarte.

-¿Tan desesperado estás?

-Soy un sediento en pleno desierto abrasador y tú solo te dedicas a mostrarme las maneras en que podría saciar mí sed pero sin dejarme beber.

-Eso ha sido muy poético.

Draco se movió un poco de manera tal que ella pudiese sentir su erección a través de las capas de ropas que ambos tenían debido al frío.

-Por ti, querida, puedo ser Shakespeare, Christopher Marlowe o Alexander Pope.

Ante la mención de sus escritores muggles favoritos, Hermione decidió que no se negaría más. Disfrutaría lo que sea que tenían allí y luego se preocuparía por las consecuencias.

-Entonces… - sonrió coqueta. -exijo poesía.

Draco besó su sien mientras buscaba en su mente algo que pudiera decir y que no disipara el ambiente que habían creado.

La única luz en la tienda provenía del fuego mágico que danzaba en su brasero así que ellos apenas podían verse, pero para lo que tenían en mente no era necesario.

-Una mujer desnuda y en lo oscuro…

Deslizó la túnica por su cabeza y descubrió que ella solo usaba una diminuta prenda interior moderna. No tenía sostén y sus pechos estaban descubiertos para él.

-es una vocación para las manos…

No podía creer que él realmente estuviera haciendo poesía para ella. No quería pensar en eso ahora pero era inevitable. Ron jamás habría sido capaz de hacerlo y menos mientras deslizaba sus dedos callosos sobre sus pechos y los contemplaba con devoción.

-para los labios es casi un destino…

En un movimiento que llevó una mueca de dolor a su rostro, él la sentó sobre la mesa y comenzó a repartir besos en su hombro y cuello.

-y para el corazón un despilfarro.

Suavemente la empujó para que se recostara y fue recorriendo el espacio entre sus pechos con sus labios y siguió bajando hasta detenerse su abdomen.

-una mujer desnuda es un enigma…

Hermione sentía que su centro palpitaba con anticipación. Él apenas había comenzado y ella ya no podía aguantar más la necesidad de sentirlo dentro de su ser.

-y siempre es una fiesta descifrarlo…

Cuando la despojó de la última prenda y hundió dos de sus dedos en busca de ese punto palpitante, ella chilló y se sentó nuevamente en la mesa. Ella quería verlo, besarlo y también tocarlo.

Si él pensaba que no había prenda más intrincada de quitar que el Shenti, estaba equivocado. Al menos el faldón egipcio podía levantarse y darle más libertad para moverse. El pantalón de lana basta se cerraba con un intrincado patrón de cuerda que Hermione deshizo con un hechizo. Ella también estaba descontenta con esa horrible cosa.

Al menos él no llevaba los interiores de lino, las túnicas ni la capa y mucho menos la armadura de cuero. La agradable temperatura de la tienda y el hecho de que él estaba colocándose ungüento en las heridas antes de ese momento, habían hecho que el mayor obstáculo fueran los pantalones.

Una vez que el cordón fue historia, Hermione volvió a dejar su varita sobre la mesa y se dispuso a explorarlo con la misma curiosidad con la que investigaba un nuevo hechizo. Ella ya lo había visto completamente desnudo antes y sabía de sus cicatrices pero ahora podía darse cuenta que no eran desfigurantes sino que contaban una historia, su historia.

Draco volvió a besar sus hombros y en vez de bajar hacia su pecho, tomo su mano y dejó un reguero de pequeños besos que terminó en la cicatriz que Bellatrix le había hecho aquella noche en la mansión. Él había pensado muchas veces en disculparse particularmente por eso pero no había encontrado el valor. Cuando ella tomó su rostro y lo besó, supo que su acto había sido comprendido y que ella también lo disculpaba por eso.

Hermione usó uno de sus pies para bajar los pantalones de Draco, que habían quedado a medio camino de caer, justo sobre sus rodillas, y él aprovechó para salir completamente de ellos.

-Te he dado poesía y he dejado que rompas mí ropa. Espero que eso sirva para que no me juzgues si no cubro completamente tus expectativas.

Hermione lo observó elevando una de sus cejas. Jamás había comprendido la obsesión de los hombres por el rendimiento y los tamaños. Ella no tenía gran experiencia con los hombres y mucho menos elevadas expectativas, así que no podría juzgarlo jamás.

-Si no cierras la boca y haces tú parte, juro que te hechizaré.

-Creo que ya es tarde para eso…

La acomodó mejor en el borde de la mesa y se colocó entre sus piernas para poder unirse finalmente a ella. Su interior era caliente y húmedo. Acogedor. Más de dos meses sin sexo hicieron que las sensaciones se magnificaran y si bien estaba lista para él, cuando su miembro la llenó por completo, gritó de placer. Ambos estaban completamente entregados a sus más bajos instintos y dominados por la atracción que sentían por el otro.

-¿Te hice daño?

-mmm. No.

Draco comenzó a moverse rítmicamente tratando por todos los medios de no terminar enseguida. Aunque ella le había dicho que no importaba su rendimiento él se empeñaba en no ser un fiasco. Unos minutos después, sus movimientos comenzaron a hacerse erráticos. Y las respiraciones de ambos se tornaron dificultosas. Hermione esperaba y devolvía cada embestida de Draco y sostenía el borde de la mesa como si la vida se le fuera en ello.

Él se había concentrado en el dolor de su hombro, para retrasar lo inevitable, pero ella estaba haciendo mella en su autocontrol. Sus gemidos, la forma en la que se retorcía sobre la mesa mordiéndose los labios y sus párpados levemente entornados, componían la escena más erótica que había visto en toda su miserable vida.

No pudo controlarse más y se dejó ir con una especie de gruñido ronco. Tenía la frente perlada de sudor y su cabello se pegaba a sus sienes, oscureciéndose un poco allí donde la humedad lo tocaba. Hermione tenía la espalda apoyada en la mesa y él se inclinó sobre su abdomen, descansando su frente en él, para recuperar el resuello. Su corazón latía desbocado y le costaba respirar pero cuando él prácticamente se desplomó sobre su estómago, ella comenzó a peinar su cabello con los dedos en una caricia cómplice.

-se riza en las puntas...

-¿mmm?

-Tu cabello. Ha crecido y comienza a rizarse en las puntas.

-¿Apagas tu cerebro en algún momento? Yo estoy aquí, humillado, sin recordar mí nombre y tú pensando en mí cabello.

Draco se incorporó sonriendo y la ayudó a bajar de la mesa.

-Espero que mientras teníamos sexo no hayas estado haciendo listas de tareas, eso heriría mí ego.

Se puso en puntas de pie y le dio un tórrido beso. Ambos seguían desnudos y el fuego mágico aún parpadeaba tímidamente.

-Te aseguro que mí primer pensamiento coherente en todo este tiempo fue sobre tu cabello y lo raro que es saber que se riza un poco en las puntas cuando permites que crezca.

-Te contaré un secreto. Cuando era pequeño tenía rizos como mí abuela paterna. Todos en la familia decían que me veía como niñita y por eso lo peinaba con poción fijadora en primer año. Luego descubrí que cortándolos no se notaban.

Hermione podía imaginarlo con la cabeza repleta de suaves rizos rubios y sonrió enternecida por la idea.

-Pienso que te verías bien con ellos. Sexy incluso. Quizá me niegue a cortarlo solo para verte con ellos.

Draco la atrapó entre sus brazos cuando ella se apartó para buscar la ropa, dándole la espalda, y hundió su rostro en el hueco de su hombro.

-La única que se ve sexy aquí con rizos eres tú y más aún si estás desnuda.

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El langhús era una larga casa comunal hecha de madera que pertenecía al jarl de la aldea. Allí vivían varias familias en habitaciones ubicadas a los lados de la casa. En el medio solía haber hogueras que se usaban para caldear el ambiente, cocinar y dar luz a las habitaciones que apenas brindaban un poco de privacidad a sus ocupantes a través de las pieles que se usaban como paredes.

Hermione no estaba muy convencida de presentarse ante el Jarl pero tuvo que admitir que no podían darse el lujo de gastar todas las provisiones en esa ventana, no sabían cómo sería en las siguientes.

Luego de vestirse con tantas capas de ropa de abrigo como eran capaces de usar, habían desarmado la tienda y después de un último beso, y antes de que tuvieran la necesidad de desvestirse otra vez, partieron hacia el langhús.

Al llegar allí, descubrieron rápidamente que se encontraban en la ciudad de Uppsala en el año 1087 de la era común o, según otra forma de nombrar las épocas, después de Cristo. El jarl de la ciudad era Blot-Sverker y según Hermione era uno de los últimos monarcas paganos. Es decir, para ese año, la religión nórdica ya estaba muriendo.

Ahora que sabían dónde estaban, Draco aprendió que Uppsala era una aldea pequeña y en ese momento del año no habría mercados donde ellos pudieran comprar alimentos. Si bien aquel sitio era modesto, podía convertirse en un lugar concurrido cada nueve años cuando los últimos vikingos no cristianos se congregaban allí para realizar sacrificios a sus dioses.

El gran templo de Uppsala estaba construido completamente de oro y solo los sacerdotes de Thor, Odín y Frey vivían allí de forma permanente. En el momento de máximo esplendor de la religión nórdica, cada nueve años, todos los vikingos, incluso los reyes, peregrinaban hasta allí o enviaban ofrendas votivas.

Cada nueve años, en febrero, se realizaba una fiesta de nueve días y al finalizar la misma se hacían sacrificios de nueve machos de cada especie de animal ofrendado, incluyendo humanos. La sangre de estás ofrendas era utilizada para aplacar la ira de los dioses y los cuerpos eran colgados de los árboles del bosquecillo sagrado circundante.

Si había enfermedades asolando al pueblo o hambruna que aniquilaba familias completas, se hacían sacrificios a Thor, si había guerra a Odín y si había matrimonios a Frey.

Draco respiró aliviado al saber que muy probablemente no estaría allí para el próximo Blot. Con la suerte que estaban teniendo, había grandes probabilidades de que él terminara siendo uno de los cuerpos que colgaría de un árbol mientras se desangraba para aplacar la ira de un dios que no conocía.

Llevaban algunos minutos allí cuando Sverker se presentó y les pidió que hicieran lo mismo. Ellos volvieron a presentarse como una pareja. Para todos los efectos, ellos ahora eran Einar Gerdsson e Ida Wulffdóttir.

A Draco le gustaba eso de que los apellidos fueran una composición del nombre del padre y que terminaran en son o dóttir, dependiendo de si eras hombre o mujer. Mientras inventaban sus identidades, él había jugado con su nombre pero había llegado a la conclusión de que no quedaría bien como apellido.

Ambos estuvieron muy sorprendidos al enterarse que podrían quedarse aquella noche y obtener provisiones, al día siguiente, con la única condición de que contaran buenas historias alrededor del fuego luego de la cena.

La comida había sido abundante y Draco había atacado cada platillo con desesperación. Luego de pasar un mes casi sin comer, debido a su aversión al caldo negro, y algunos días economizando recursos en la tienda, él se reencontraba con una comida que no solo sabía bien, también se veía apetitosa. El pescado ahumado, el pan de centeno y tantas otras cosas que no pudo identificar, eran deliciosos. Y la cerveza, aunque amarga, combinaba perfectamente con todo lo demás.

Hermione estaba sorprendida. En todos los libros que había leído y que mencionaban a la cultura de los vikingos se hablaba de ellos como incultos, brutos, sucios y sobre todo bárbaros. Ella no creía que fuera así. El suelo, cubierto de paja, se veía limpio. Todos los niños pequeños habían sido bañados antes de cenar y los adultos se habían turnado para limpiarse antes de sentarse a la larga mesa.

Para Draco no había pasado desapercibido el hecho de que ningún hombre estuviera completamente desarmado y relajado aunque aparentara estarlo. Incluso las mujeres tenían largos cuchillos colgando de los cinturones que usaban para ajustar sus vestidos. La mayoría de los hombres tenían espadas y hachas, él no era la excepción.

Cuando las sobras fueron llevadas al recinto de los cerdos y los utensilios organizados para ser lavados al día siguiente, el jarl Sverker ordenó que trajeran la hidromiel y que se repartiera en los vasos que estaban hechos de cuernos de animales.

Una vez que todos los adultos habían bebido la primera dosis de hidromiel, comenzaron las historias. El jarl contó la historia favorita de su hija Cecilia. La forma en la que el dios Odín perdió su ojo.

-Hace eones, cuando Midgard aún no había sido poblado y los dioses de Asgard aun eran jóvenes, el padre Odín viajó hasta la fuente de Mimer. Se cuenta que esta fuente está en las raíces del árbol de la vida y contiene toda la sabiduría y el poder del conocimiento del universo. Luego de una larga discusión, Mimer accedió a qué Odín bebiera de su manantial pero, como nada es gratis, él le pidió al dios que se quitara el ojo izquierdo como forma de pago. Odin entonces se preguntó, ¿Vale la pena perder mí ojo a cambio de conocimiento?, ¿Vale la pena adquirir sabiduría a expensas de hacer algo tan tonto como lastimarme? Odín decidió que sí, y desde ese entonces se convirtió en el dios más sabio y su ojo está en el cielo, iluminando Midgard con su brillo divino.

Cuando el jarl terminó de hablar, otros hombres comenzaron a contar historias de los dioses y los míticos héroes que poblaron esas tierras inhóspitas. Draco estaba tan maravillado por las leyendas que incluso había escogido su dios favorito. Desde su punto de vista Loki, el dios del engaño, era el mejor ya que si fuera mago seria de Slytherin.

En esa oportunidad solo Hermione usaba un hechizo de glamour, ya que Draco encajaba bastante bien en el estereotipo nórdico. Aunque no todos los vikingos eran rubios aquel era un aspecto deseable para ellos, tanto que incluso trataban sus cabellos con lejía para aclararlos. Seguramente la joven bruja se hubiera visto demasiado exótica entre ellos, así que habían acordado que usaría el glamour por seguridad.

Sentada junto al fuego, con esa extraña aura que solo él podía ver debido al glamour y una apariencia que solo él conocía a ciencia cierta en ese sitio, Hermione se veía casi tan hermosa como esa mañana mientras dormía desnuda junto a él en la tienda de campaña.

Una niña se había acercado a ella más temprano y desde ese momento no se había alejado. Freydis, como se llamaba la niña, tenía cinco años y había decidido que le gustaba "Ida" casi al primer instante de conocerla. Hermione tenía adoración por los niños pequeños así que había aceptado a su nueva amiga sin dudar y ahora la tenía sentada en sus rodillas.

Cuando llegó su momento para contar una historia, Draco le cedió el turno a Hermione. Él aun buscaba una excusa para no tener que contar un cuento delante de tanta gente. La imaginación no era el mayor de sus atributos.

Hermione contó su propia versión del Ragnarök, o apocalipsis nórdico, y mantuvo a su audiencia cautiva por casi media hora. Mientras ella contaba su cuento y movía sus manos para dar énfasis a sus palabras todos, desde el niño más joven al más anciano de los vikingos, habían oído su historia con atención. Incluso Draco se había obligado a despegar sus ojos de los sensuales labios de su compañera para que su mente, un poco embotada por el hidromiel, pudiera procesar lo que salía de su boca.

Cuando la historia terminó, el jarl se levantó anunciando que se iría a dormir y que en la mañana las mujeres limpiarían los restos de la cena. En otras palabras, él se iba a dormir y todos tendrían que hacer lo mismo. Blot-Sverker asignó personalmente la habitación en la que Ida y Einar dormirían esa noche. Aunque, en palabras de Draco, decirle habitación a ese sitio era darle demasiado crédito.

Su nueva morada consistía en una habitación separada de las demás por viejos cueros curtidos y tablones finos de madera. Adentro solo había un jergón de paja cubierto íntegramente con pieles de animales y lana de oveja. Había algunos compartimientos que supusieron eran para guardado y no mucho mas. La habitación carecía de ventanas para evitar que ingrese el frio y la única iluminación provenía de la luz que se filtraba pos las hendijas y de la cortina de lana que hacía las veces de puerta.

Cuando al fin estuvieron solos, Draco atrapó a Hermione contra sí y la besó con hambre. Ella parecía haber estado coqueteando con él, desde la distancia, durante toda la noche y eso lo había enloquecido un poco. Ambos habían bebido bastante cerveza e hidromiel durante la cena, así que las risitas tontas que compartieron luego de aquel beso tenían una explicación lógica.

- odio como se te ve el rubio. Las trenzas son bonitas, pero esta no eres tú.

Hermione había imitado el peinado de las mujeres de esa época para disimular su cabello rizado. Ella no tenía ninguna poción alisadora y peinarlo al estilo vikingo había sido el camino más sencillo. Por suerte nadie había mostrado señales de saber que ellos no eran quienes decían ser y solo una vez habían preguntado por qué Einar tenía el cabello tan corto. En esa época era usual que los hombres, que aun profesaban la religión nórdica, mantuvieran largas cabelleras plagadas de trenzas y amuletos de cuero y oro. En ese momento Draco había acudido a la explicación más sencilla que se le ocurrió. Una molesta plaga de piojos.

Draco fue el primero en acostarse una vez que pudo sacarse algunas capas de ropa de abrigo. Durante la marcha con el ejército de Alejandro Magno él había dormido en lugares más incómodos que aquel así que no se quejaría. Solo esperaba que allí no hubiera piojos de verdad.

Ella jamás había bebido tanto en su vida y realmente se sentía bien. Tenía una sonrisa boba en el rostro y sentía calor. La noche anterior ella y Draco finalmente habían tenido un momento maravilloso y aunque sabía que no era adecuado, decidió continuar con lo que habían empezado antes de que él se alejara para quitarse la ropa.

Acostado boca arriba, había cerrado sus ojos y puesto un brazo sobre ellos para evitar que la claridad le impidiera dormirse. Esperaba que en cualquier momento Hermione se le uniera. Sintió claramente como se hundía el jergón en el lado libre de aquella cama pero no se molestó en abrir los ojos. Seguramente ella se acostaría en un instante y ambos dormirían. Él no tenía pensado insinuarle hacer algo en un sitio tan público. Creía conocer a Granger y estaba seguro que ella era bastante reservada y tímida. ¿Cuán equivocado podría estar? La respuesta era, demasiado.

Cuando sintió un peso extraño sobre sus muslos, abrió los ojos y se sorprendió al ver a Hermione sentada sobre él. La escasa luz de la habitación le mostraba que, aunque estaba sonrojada, sus ojos estaban encendidos con un brillo travieso y leía perversas intenciones en ellos. Él solo se había dejado puesta una especie de túnica y un pantalón de tela suave que hacía las veces de ropa interior, en esa época. Ella en cambio vestía lo que parecía ser un feo camisón de lana pero Draco sabía lo que escondía debajo de él.

- ¿se te perdió algo?

Dijo cuando ella simplemente comenzó a tocarlo mientras se inclinaba para besar su mandíbula y cuello.

- guarda silencio, Malfoy. – susurró. - No quieres que el Jarl despierte.

Por supuesto que no quería eso. Tenía a Hermione encima de él y con claras intenciones de montarlo hasta que quedara ciego. Lo que menos quería Draco en ese instante era que alguien entrara a la habitación. Por precaución, él invocó su varita y lanzó un mufliatto al cuarto. Las manos de Hermione estaban frías cuando finalmente lograron abrir los cordones de su pantalón y comenzaron a tocarlo pero era un precio que él estaba dispuesto a pagar, ya que ella reemplazó rápidamente sus manos con una parte mucho más cálida y húmeda.

- santo Merlín. Vas a matarme.

- shh. Voy a montarte como si fueras Sleipnir y serás feliz por eso.

Draco jadeó ante la voz ronca de Hermione y sus movimientos.

- mierda. Jamás pensé que un comentario tan sabihondo podría enviarme tan al borde.

Por supuesto que él se dejaría montar como si fuera el mítico caballo de Odín. Él haría cualquier cosa que le pidiera en ese momento. Estaba ebrio y completamente embrujado por una nacida de muggles.

Ambos intentaban recuperar el aire cuando el caos se desató. Solo había pasado un minuto desde que habían terminado cuando algo comenzó a aporrear la puerta del langhús y todos comenzaron a salir de sus camas, asustados. Draco fue el primero en salir de la habitación. Él no tenía vergüenza de ser visto solo con un pantalón. Además Hermione tenía que proteger el morral, en caso de que aquel lio fuera debido a algo que los pusiera en peligro.

El recién llegado era un mensajero. Lo que quedaba de la ciudad de Birka había ardido hasta lo cimientos, el Rey cristiano Ingold la había incendiado. Él ahora estaba en Sigtuna y al parecer su próximo destino era Uppsala. Ingold jamás había aceptado la derrota que había sufrido a manos de los vikingos paganos y planeaba destruir cada una de las ciudades que estaban bajo el mando del Jarl Blot-Sverker y unificar Escandinavia bajo la religión cristiana.

- Iré contigo.

Sabiendo que había oídos curiosos allí, Draco usó el nombre que habían escogido antes de ir al langhús.

-No Ida. Irás al templo de Uppsala junto a las demás mujeres y los niños.

- y una mierda Dr…Einar. Iré contigo. No quiero volver a quedarme con la incertidumbre de si volverás.

- escúchame.- dijo tendiéndole un hacha que ella recibió con manos temblorosas. – ve con las mujeres y protege la roca. El jarl ha dicho que podríamos detener a Ingold el tiempo suficiente para que los refuerzos lleguen. Si vas conmigo no creo que pueda protegerte y es completamente seguro que no habrá un sitio donde podamos escondernos si huimos. Sabes que aun estamos a ciegas en este lugar.

Además, Draco había descubierto que unirse a la partida que detendría a Ingold era algo más noble de lo que había hecho con Alejandro e incluso con los mortífagos. Ahora, al menos, lo haría con la intención de proteger a las mujeres y niños de ese pueblo. También lo haría por Granger, para parecer valiente y heroico, por muy tonto que eso sonase.

- Jura que volverás a tiempo.

- lo haré si prometes remendar mis heridas cuando llegue.

Hermione se lanzó a sus brazos y le dio un beso desesperado. Esta vez la sensación en su estomago era mucho más terrible que la que había experimentado en Babilonia. Esta vez sentía mucho más miedo.

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Dato: el poema que Draco recita se llama "Una mujer desnuda y en lo oscuro" y es de Mario Benedetti, además de una canción de Joan Manuel Serrat, pero aquí fingimos demencia y hacemos de cuenta que salió de la imaginación de nuestro rubio.

N.a: fin del capítulo 8. Espero que les haya gustado tanto como a mí escribirlo. Empezamos con lemmon y terminamos a las puertas de un nuevo drama. Lo siento, las cosas serán así de momento. Ellos están moviéndose en tiempos violentos así que simplemente no podrán mantenerse ajenos de todo como hacían sus jefes. Gracias por cada comentario, me encanta leer sus opiniones. ¡Hasta la próxima!