Disclaimer: los personajes son de J.K. Rowlin y Stephenie Meyer.
Capítulo 07.
Al día siguiente, después de que fuesen a llevar a Harry con Lily, los cuatro hombres, pues Remus había decidido quedarse en casa de la pelirroja, se dirigieron al callejón Diagon.
Previamente, James y Regulus se habían transformado y a Alec le habían lanzado un hechizo glamur.
El único que tenía su verdadero aspecto era Sirius.
James ahora era un hombre de unos cuarenta años, alto, con el cuerpo bien formado, el pelo rubio liso hasta los hombros y los ojos grises parecidos a los de Sirius.
Alec era un adolescente alto, delgado, con el pelo castaño claro y los ojos azules grisáceos. El vampiro había tenido que ponerse lentillas.
Regulus era un hombre de treinta años, alto, algo regordete, con el pelo rubio con reflejos castaños y los ojos azules.
Se harían pasar por unos parientes franceses de Sirius.
James sería Eric Sombre, Alec se llamaría Gabin Sombre y Regulus había escogido llamarse Dominique Sombre.
Entraron al caldero chorreante con porte aristocrático. Sirius iba en cabeza guiando a sus acompañantes.
-Bienvenidos, al callejón Diagon. -Dijo Sirius cuando se abrió la entrada al pasaje.
Alec fingió asombro.
-En Fgancia, es más… ¿Cómo se dice… Ah, sí. Más elegante. -Comentó Eric.
Sirius sonrió forzadamente.
Pasearon por el callejón mirando los escaparates y comprando cosas que les llamaban la atención. También estaban alerta por si veían a Castle.
Lily les había advertido, que se dirigieran a ella por el apellido Zabini. Pues era el que utilizaba ahora.
-¿Podemos entgag ahí? -Le pidió Dominique a Sirius. -He visto un hegmoso pgesente paga mi sobgino Adam.
El mayor de los Black miró el escaparate con curiosidad y se dio cuenta de que era una joyería.
Dominique le señaló discretamente una zona.
Allí, delante de unos brazaletes de diamantes y rubíes, estaba Camille Castle con el pequeño Blaise.
-Quiego gegalagle algo pog su cumpleaños. Y las joyas son pegfectas para manteneg hechizos de pgotección. -Siguió diciendo Dominique.
-Entremos. -Accedió Sirius.
Los cuatro hombres entraron a la tienda y estuvieron curioseando por los estantes.
Habían decidido hacerse notar. Si eran ellos los que se acercaban a la mujer, sería un poco sospechoso.
Regulus había visto un hermoso colgante con un dige en forma de lobo. Era de color dorado cuyos ojos eran esmeraldas.
Se lo regalaría a Harry. Tenía pensado ponerle varios hechizos de protección y localización.
James se acercó a él y sonrió.
-Buena idea. También podgías ponegle un hechizo tgasladog pog si acaso.
Entre los dos hombres le dijeron a uno de los dependientes lo que deseaban, y añadieron hechizos propios.
Cuando el colgante estuvo listo, lo pagaron y buscaron con la mirada a los otros dos hombres.
Estaban mirando algunos anillos de compromiso.
-Sí. -Estaba diciendo Sirius. -Pero aún no tengo prometida. Ni siquiera tengo novia.
-¡pego eso es impegdonable! -Se escandalizó Gabin. -Tienes que engendgag un hegedego paga que el apellido Black no se piegda.
-¿Podemos pasar a otra cosa? Tanto anillo me abruma.
-¿Gabin te está molestando? -Preguntó Dominique. -Discúlpalo. A veces puede seg un poco dgamático.
-¡Pego tío! ¡Aún no tiene pageja!
-Ya la encontgagá. -Comentó Eric. -Segugo que hay muchas bellas damas que deseagían estag con él.
Detrás de ellos se escucharon unos tacones.
Una mujer hermosa apareció por el pasillo sujetando la mano de un niño pequeño.
*Con Camille.*
la mujer había salido con el niño al callejón Diagon como cada miércoles. No le hacía mucha gracia ir con él, porque los hombres apenas se acercaban, pero tenía que aparentar.
Le había costado bastante tiempo que el niño se comportara y dejara de quejarse.
Entró a la joyería para ver los brazaletes y un rato después, vio entrar a cuatro personas.
Se sorprendió mucho cuando vio que uno de ellos era el señor Black.
-Bien, mocoso. Ahora, pórttate correctamente. Vamos a saludar a alguien y si oigo una sola queja de tu parte, te llevaré con el señor Burke.
-Sí señora. -Susurró el pequeño.
La bella mujer se acercó a los hombres y sonrió.
Camille iba a decir algo, pero uno de los acompañantes de Sirius se adelantó.
-Miga tío Sigius. Una bella dama.
-Gabin… -Advirtió Dominique.
El adolescente le ignoró.
-Pegdone señogita…
Camille se giró.
-Mi nombge es Gabin Sombre. Estoy de visita en Inglategga. He venido a pasag unos días con mi tío Sigius.
-Discúlpelo. -Intervino Sirius. -Creo que ha tomado mucho azúcar.
La mujer sonrió.
Todos se presentaron y le besaron la mano con delicadeza.
-yo soy Camille Zabini. Y este es mi hijo Blaise.
El niño les tendió la mano con educación.
-Ahoga, deja de molestag a la señoga Zabini. -Comentó Eric.
-Pego solo quiego pgeguntagle algo. -Se quejó Gabin.
-¿Qué quieres preguntarme?
-Es que gesulta que mi tío, aún no tiene pageja. Y yo le he dicho que segugo que las señogitas estagían deseosas de seg sus esposas. ¿Tengo gazón o no?
-Sin duda. -Contestó ella. -Cualquier mujer soltera se sentiría muy afortunada de ser su esposa.
Gabin sonrió ampliamente.
El mayor de los Black se sonrojó.
-Disculpe el atrevimiento de mi sobrino. -Dijo.
-No se preocupe señor Black.
-Deje que os invite a usted y a su hijo a un helado.
-No quiero molestar. -Dijo ella alagada.
-Tonterías. Usted viene conmigo. No quiero desaprovechar la oportunidad de pasar un rato con una hermosa mujer.
-Está bien.
Sirius y Dominique se disculparon un momento y se alejaron de allí.
Cuando todos salieron, el mayor de los Black le puso algo en la mano a Camille.
La mujer miró con curiosidad y se sorprendió gratamente al ver uno de los brazaletes de diamantes y rubíes.
-No hay joya que se compare a ti, pues eres la cosa más bella que allí había. Pero he visto como mirabas esos brazaletes, y no pude evitar regalarte uno.
El animago cogió la delicada pieza y se la colocó a la mujer en la muñeca.
Después de eso, se encaminaron a la heladería.
Al joven Blaise le costaba seguir los pasos de su madre pero no emitió queja alguna.
-Si quieres, puedo decirle a Gabin que se ocupe del niño un rato. -Comentó Sirius.
Camille iba a decirle que no era necesario, pero vio la mirada de deseo que el mayor de los Black le había lanzado, y dijo:
-Si a él no le importa…
-No te preocupes. A Gabin le encantan los niños.
Los adultos y el niño se pararon y esperaron a los tres franceses que se habían quedado bastante atrás.
-Gabin encárgate del niño. Ya sabéis donde está la heladería. La señorita y yo… Vamos a… Hablar a solas.
El adolescente asintió y cogió al pequeño de la mano.
-Compórtate Blaise. -Advirtió la mujer.
-Sí mamma. -Contestó el infante.
Los franceses se alejaron con el niño y Sirius se llevó a Camille con él.
*Antes de salir de la tienda.*
Sirius y Dominique se disculparon y se alejaron de allí.
Los hermanos cambiaron los papeles. Ahora Sirius era Dominique y Regulus era Sirius.
Habían decidido antes de salir, que Regulus y Sirius cambiarían sus papeles si lograban invitar a Camille a ir con ellos.
Después, el falso Sirius le pediría a uno de ellos que se encargara del niño mientras él y Camille se quedaban a solas.
Entonces, el verdadero Sirius, James y Alec llevarían al pequeño a comer un helado y tratarían de entablar conversación con él. Además, le propondrían irse con ellos.
Sonaba a secuestro. Les había dicho Remus.
Después de eso, si lograban convencer al pequeño, Sirius se iría con el pequeño a Gryngotts para que los duendes les hiciesen una prueba de paternidad y en caso de ser positiva, conseguir que le diesen la custodia.
Los duendes no se regían por las leyes del ministerio así que con un poco de dinero, podías conseguir muchas cosas.
Si tenían suerte, hoy se llevarían a Blaise a casa.
*Con Regulus y Camille.*
Cuando se alejaron lo suficiente, Sirius agarró a la mujer por la muñeca y accionó una palanquita en la pulsera de la mujer.
Ella quedó desmayada al instante.
Regulus se desapareció con ella hasta que su hermano le avisara mediante el espejo comunicador que podían volver. Entonces, despertaría a la viuda negra.
*Con los franceses.*
los cuatro estaban disfrutando de un delicioso helado cada uno.
El chiquillo era muy callado y cada vez que le preguntaban algo, él respondía con monosílabos.
-¿Eges feliz con tu mamá? -Quiso saber Dominique.
-Sí.
-¿Te gusta el helado? -volvió a preguntar.
-Sí.
-¿Juegas con otgos niños? -Quiso saber Eric.
-Sí.
-¿Sabes cómo se llamaba tu papá? -Interrogó Gabin.
-Madre dice que no debo de hablar temas personales con desconocidos.
-Pego nosotgos no somos desconocidos. -Explicó Eric. -Nosotgos conocíamos a Angelo Zabini.
El pequeño se quedó un rato pensando.
-Pero yo no os conozco. -Contestó finalmente.
A los adultos les sorprendió que a pesar de su corta edad, el niño fuese capaz de hablar correctamente.
-Esa es una buena gespuesta. -Aprobó Sirius. -Justo el tipo de gespuesta que habgía dado Angelo.
Blaise no dijo nada. Quería saber más cosas de su padre, pero tenía miedo de preguntar. Le asustaba que esos hombres se lo contaran a la señora Camille y ella le llevara con el señor Burke.
-Tú tienes su tono de piel oscuga. -Contó Dominique. -Él era gubio y tenía los ojos castaños.
-Tus ojos en cambio, son del mismo colog que los de tu abuelo pategno. Y el pelo, es del mismo colog que el de tu otgo pgogenitog. -Intervino Eric.
-¿Qué significa esa palabra?
-Pgogenitog quiege decig padge.
Blaise se mordió el labio pensativo.
-Mi abuelo Pietro tiene los ojos marrones y el padre de mamá los tiene negros. Y mi pelo no es como el de mi madre. Ella lo tiene rubio y yo no.
-¿Sabes guagdag secgetos? -Cuestionó Gabin en tono conspirador acercándose al niño.
Blaise asintió.
-Pego si te contamos el secgeto, no puedes contágselo a nadie. ni a tu mamá, ni a tus amigos, ni siquiega a los elfos domésticos. -Habló Eric.
-yo sé guardar secretos.
-podemos haceg un tgato. -Dijo Dominique. -Nosotgos te contamos un secgeto, si tú nos cuentas uno también.
El niño se lo pensó y asintió.
-Pego lo que contemos no puede seg mentiga. Y no podemos decígselo a nadie. -Intervino Eric.
El pequeño estuvo de acuerdo.
-Camille Castle no es tu mamá. -Susurró Gabin.
El infante se quedó callado mucho tiempo y después dijo:
-Lo sabía. El retrato de papá me lo dijo un día que yo estaba muy triste. Mamma no sabe que existe. Es un secreto.
-Nosotgos sabemos quien es tu otgo padge. -Le contó Eric.
-¿Dónde está? ¿Por qué no ha venido a buscarme?
-Pogque él no sabía que existías hasta ayer. -Explicó Gabin.
-¿Si él estuviega aquí, y te pgeguntase si quieges igte con él y no volveg a veg a Camille, qué digías? -Quiso saber Dominique.
Blaise se lo pensó durante un rato.
-¿Por qué él querría a un niño como yo? Mamma y el señor Burke dicen que soy malo y no valgo para nada.
Los hombres apretaron los puños.
-Pogque eges su hijo. -Contestó Dominique. Y estoy segugo de que te queggía mucho.
-Creo que me iría con él. Pero me escaparía si me hiciera daño como la señora Camille y el señor Burque.
-Ahí va otgo secgeto. -Intervino Gabin. -No somos franceses. Somos amigos de tu padre.
Blaise les miró muy sorprendido.
-Yo soy tu otro padre. -Comentó Dominique.
El pequeño dejó caer la cuchara sobre la mesa.
-Yo tengo una pregunta. -Intervino Eric. -¿Cómo es que puedes hablar correctamente si tienes tres años?
-Es un hechizo. -Contestó Blaise. -Si la señora Camille me lo quitara, no hablaría bien.
-Vamos a pasear. -Dijo Gabin.
Todos se levantaron y abandonaron el establecimiento.
Se dirigieron a Gryngotts donde adoptaron sus verdaderas formas.
-¿Pero usted no se había ido con la señora Camille? -Se sorprendió Blaise.
-No Cachorro. Mi hermano y yo cambiamos antes de salir de la joyería.
El niño estaba cansado de tanto caminar. Sirius le cogió en brazos.
-no necesito que me lleven.
-Pero yo quiero hacerlo.
James rió por lo bajo.
Horas después, salían del banco con todos los papeles hechos.
Oficialmente, Blaise era hijo de Sirius.
La mansión Zabini quedó clausurada al igual que sus cuentas.
Solo podría tocarlas Blaise cuando cumpliera la mayoría de edad.
Avisaron a Regulus que se apareció con Camille en el callejón. La despertó y puso un semblante preocupado.
-Camille ¿estás bien? De repente te desmayaste. Iba a llevarte a San Mungo porque no reaccionabas… Menos mal que has despertado.
-Tranquilo Sirius. Estoy bien.
James, Sirius y Alec tomaron la forma de los franceses y se acercaron.
-¿La señogita está bien? -Preguntó Gabin muy exaltado. -Me he asustado mucho cuando gecibimos tu patgonus.
-Sí ya está bien. -Contestó el falso Sirius.
-Segá mejog que te vayas a casa a descansag. -Comentó Eric.
La mujer asintió.
-Vamos Blaise.
El pequeño miró a su padre.
-No me gefegía a la mansión Zabini, me gefegía a la casa Castle.
-¿Qué quiere decir?
-Pues que Blaise es hijo mío y pog tanto, usted no tiene degecho a tocag las pgopiedades Zabini ni su fogtuna. -Intervino Dominique. -Ya hemos hecho todos los papeles coggespondientes con Ggyngotts.
Mañana, saldgá la vegdad en el pgofeta. -Intervino Gabin.
La mujer sacó la varita muy enfadada.
Iba a lanzar una maldición, pero los cuatro hombres y el niño habían desaparecido.
Ella activó el hechizo de localización que había puesto en el mocoso, pero no funcionó.
-Bueno. Aún puedo conseguir otras fortunas. Y sin el mocoso se me hará más fácil. -Dijo en voz alta.
Los cinco aterrizaron sobre una superficie blanda.
Estaban fuera de la casa de Lily.
-¿Estás listo para conocer a Harry? -Preguntó Sirius.
El niño asintió.
Entraron a la casa y la pelirroja les recibió con una sonrisa.
Al día siguiente irían a la mansión Zabini a recoger las pertenencias del niño.
Sirius también se había asegurado de que los elfos supieran que Camille ya no era su ama.
Nota:
¿Os ha gustado? ¿Me ha quedado bien?
¿Queréis que Albus Dumbledore sea bueno? ¿O preferís que sea un viejo manipulador?
